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¿Cuánto queda?

- Una hora. - ¿Todavía?

¡Giulio! ¡Sveva! ¿Qué hacéis ahí?

Entrad, que hace frío.

¿Vamos?

Me llamo Giulio Ristuccia.

En 1982, yo tenía 16 años.

¡Gente, lo están quemando todo! ¡Hay bronca! ¡Vamos!

¡Están quemando coches! ¡Vamos a verlo!

¡Quédate aquí!

¡Vamos, gente! ¡Vamos!

¡Vamos!

¡Abrid! ¡Abrid!

¡Abrid!

¡Volved a las cloacas! ¡Fascistas! ¡Canallas!

¡Yo no tengo nada que ver! ¡No tengo nada que ver!

¡No tengo na...!

¡Fascistas! ¡Canallas!

¡Volved a las cloacas! ¡Fascistas! ¡Canallas!

- ¿Qué coño has hecho? - ¡Está sangrando!

- ¡Ayuda! - ¡Socorro!

¡Cógelo, cógelo!

¡Allí!

¡Ayuda!

- Hay que llevarle a un hospital. - ¡Llevadme al hospital!

¿Le han pegado un tiro? ¡Pues espabilad o se muere!

¡Abre la puerta, corre!

¡Adentro!

Dobla las piernas.

¡Rápido, rápido!

¿Cómo te llamas?

- ¿Recuerdas cómo te llamas? - ¿Cómo?

- Ri... Riccardo. - Riccardo.

Se llama Riccardo. ¡Riccardo, no te mueras!

¡No te mueras!

Abre los ojos. No te vayas.

Despierta. Aguanta.

- ¿Cuánto queda? - Ya casi estamos.

¡Riccardo, despierta! ¡Abre los ojos!

Pero ¿qué os ha pasado?

- Le han disparado. - ¿A quién?

Se llama Riccardo.

¿Es amigo vuestro?

NUESTROS MEJORES AÑOS

¡Corred!

Riccardo se salvó. Lo bautizamos como "el Superviviente".

Y luego, "el Super".

Si sobreviví a aquello, en la vida sobreviviría a todo.

¡Super! ¡Está aquí tu madre con el chocho al aire!

Mamá, ¿qué haces? ¡Que están mis colegas!

¡Qué más dará, hijo!

¡Si lo tenemos todas! ¡Da igual!

Los padres de Riccardo eran muy distintos a los míos.

Nos invitaron a pasar el verano con ellos. Eran majos, aunque comunistas.

¡Riccardo, toma!

Hicimos un palomar porque me gustaban las palomas.

- Me gustaban todos los animales. - Fue el mejor verano de mi vida.

Toma, Super.

Mirad.

Esta será su casa para siempre.

- ¿Se quedarán aquí para siempre? - Sí.

Os tengo que contar una idea, pero tenéis que ayudarme.

- ¿Ayudarte? - Es una idea brutal.

No se la he contado a nadie, pero llevo meses dándole vueltas.

¿A qué?

Hacedme caso. Yo lo arreglo. A los 18, nos vamos.

- ¿Adónde? - Nos vamos de aquí.

- Lo más lejos posible. - ¿Cuál es?

- Ese. Mira qué chulo. - Ostras.

¿Y arranca?

Tú tranquilo. Imaginaos. Los tres dentro.

- Podríamos ir a Barcelona. - Barcelona mola.

- ¿Y cómo lo arreglamos? - Paolo, no toques los huevos.

- Si se me mete algo en la cabeza, lo hago. - Entérate, Paolo.

Eso, entérate. Vamos.

Son solo 500 000 liras.

Este coche es un chollo. Le bajas la capota y es una maravilla.

- No tenemos tanto dinero. - Pues os largáis.

- Medio millón es mucho. - ¡Pues largaos!

Este coche nos lo llevamos, sea como sea.

¿Y cómo lo hacemos?

- ¿He mentido alguna vez? - No.

Pues eso.

Es un préstamo. Os lo devolveré. No os pediré nada más.

Pero, ¿para qué?

No suelta prenda.

¿Os habéis metido en algún lío?

¡Riccardo!

Si de verdad quieres algo, acabas consiguiéndolo.

Basta con quererlo de verdad.

- ¿Qué dices, papá? - Que te pongas la antitetánica.

- Mala señal. - ¿Cuánto habéis pagado?

- Medio millón. - Lerdos.

Sin bomba de agua, ni de gasolina, ni delco, ni aspirador.

A ver si lo querías nuevo por medio millón.

Dime, al mover el volante ¿gira?

- Claro que gira. No soy tonto. - ¡Qué va a girar!

¡No tiene dirección! ¡A la primera curva os estampáis!

Devuélvelo y pide el dinero.

Ya busco yo los recambios. Solo te pido dejarlo en el garaje.

Haz lo que te dé la gana. A ver si así aprendes a trabajar.

¿No podía tocarme un hijo listo?

Giulio, ¿qué hacemos?

Arreglarlo, Super.

Otra diferencia fundamental entre los pájaros y nosotros:

nosotros tenemos el esternón plano

y los pájaros lo tienen en V. Aquí lo veis.

Sus pectorales, que son proporcionalmente mucho más potentes que los nuestros,

se enganchan al esternón y así aguantan el peso del aire. ¿A que sí, Lucy?

¡Hola!

¿Cómo te sigue siempre?

La he alimentado desde pequeña. Se ha criado conmigo.

- Anda. - Sí.

Cree que soy su madre.

Un aplauso para Incoronato

por esta lección sobre el vuelo de los pájaros.

Muchas gracias. Hasta la semana que viene.

Bueno... nos vemos, ¿eh?

Sí. ¿Cómo te llamas?

- Gemma. - Yo Paolo.

- Encantada. - Adiós.

Un segundo.

Se llamaba Gemma.

No sabía que existiera un nombre tan bonito.

Quiero una tía, joder.

No puedo más.

Me follo a la primera que pase, aunque sea un callo.

Debe de ser lo mejor del mundo.

Follarse a un tía, digo.

¿Tú no piensas en eso, Paolo?

¡Eh!

¡Que estoy currando abajo!

Vámonos.

¡Uy!

- ¡Casi! - Perdona.

- ¿Y el papagayo? - A estas horas está en casa.

¿Qué bebes?

- ¡Dios! ¿Qué es? - No lo sé.

- ¡Pero no pongas ese bodrio! - ¡Que sí, venga!

¡No seáis abuelos, hombre!

Mira, las manitas aquí. Así.

Qué bobo es.

Ya lo veo.

¿Te apetece?

¡Diez, nueve, ocho, siete,

seis, cinco, cuatro,

tres, dos, uno!

- ¡Feliz año! - Feliz año, Giulio.

¡Feliz año!

- ¡Super! - Feliz año.

Feliz año.

Feliz año.

Feliz año.

¡Feliz año!

- ¿Y tu padre? - A mi padre ni me lo mentes.

Se fue de casa cuando yo tenía un año,

y mi madre me rompió todas sus fotos.

No sé ni qué cara tiene, fíjate.

¿Y no sabes dónde está?

Mi madre me dijo que se había matado en un accidente de moto.

- Mi padre también murió. - ¿En serio?

Sí, pero lo suyo fue un infarto. Yo tenía seis años.

Si tenías seis años, aún te acordarás de él.

¿Le preguntarías algo?

Le preguntaría muchas cosas.

Bueno, yo ya he llegado.

Vivimos muy cerca.

- ¿Sí? - Sí.

Feliz año.

Espera.

¡Qué susto me ha dado!

Bueno, nos vemos, ¿eh?

- Vale. - ¿Vale?

Vale.

Feliz año. Adiós.

- Adiós. - Adiós.

- Gemma. - Hola, tía.

- ¿Dónde estabas? - Con unos amigos.

Hola, mamá.

Hola.

Feliz año.

¡Prueba ahora, Super!

No arranca.

¡Otra vez!

¡Te digo que no arranca!

¡Venga!

Tu padre tenía razón, tío.

Una mierda tenía razón. Levanta. ¡Levanta!

¡Que eres un inútil, hombre!

¡Arranca!

¡Por favor, arranca!

¡Venga, arranca! ¡Arranca!

¡Arranca, me cago en tu vida!

¡Por favor!

¡Eres un genio! ¡Eres un genio!

¡Soy un puto genio, joder!

¡Cómo mola, joder!

¡Déjame probarlo!

Para y déjame probarlo.

Vamos.

¡No corras!

¡Frena!

¡No corras! ¡No corras tanto!

¡Frena, coño! ¡Frena!

¡Frena!

¡Esto es la hostia!

¿Soy o no soy el Capitán Garfio?

Cuando os llame

dejad lo que estéis haciendo y corred porque, al que llegue tarde, lo rajo.

¡Señor!

¿Nos saca una foto?

¿A vosotros?

No, a la que me cuelga. A nosotros, sí.

Uno, dos...

¡y tres!

- Venga, ¡salud! - Gracias.

¡Tíos, brindemos por lo que nos hace sentir bien!

¡Por lo que nos hace sentir bien!

¡Paolo! ¿Has terminado?

¡Eh! ¿Nos vamos?

- Ya voy. - Vale.

Adiós, cariño.

- Hasta mañana. - Adiós.

¡Adiós! Déjala respirar, pobrecilla. ¡Parece que estáis pegados con cola!

Que me he enamorado, tíos.

Abrid paso, que ya hemos llegado...

¿Qué?

¿Qué ha pasado?

Gemma...

Tu madre ha muerto.

¿Qué dices?

¿Qué dices?

¿Mamá?

¿Di... diga?

Dime, Paolo...

Tu prima no te quiere.

O te vienes a Nápoles conmigo, o te vas al orfanato.

¡No quiero irme a Nápoles! ¿Cómo tengo que decírtelo?

¡Gemma, es la ley! ¡No lo decido yo!

Si no vienes a casa, me haces un favor. No sabría dónde meterte.

¿Quieres ir a un orfanato? Basta con que lo digas.

¿Quién es?

- No, Gemma no se puede poner. - Trae un momento.

¿Quién es?

Paolo, dime.

Dice que o me voy con ella a Nápoles, o me manda a un orfanato.

- Gemma. - Un momento.

- ¡Gemma, tenemos que hablar! - ¡Un momento, tía!

¡Gemma!

Te llamo luego, ¿vale?

¡Gemma!

¡Que me dejes! ¡Que no puedo ni hablar por teléfono!

¡Joder!

¡Paolo!

¡Paolo! ¡Paolo!

¡Ven, corre! ¡Tenemos un problema!

¡Que abras la puerta!

¡Que abras la puta puerta!

¿Me has oído?

¡Abre o la echo abajo! ¡Me lo cargo todo!

¡Que abras la puerta, me cago en la puta!

Me estás tocando los huevos.

¡Me estás tocando los huevos!

¿Qué quieres?

¿Qué quieres?

- El coche era nuestro. - Fuera de aquí.

¿A quién se lo has vendido?

- ¿Quién lo tiene? - ¿Tú quién eres?

- ¿Qué dices? - ¡Eh!

O nos dices dónde está, o nos chivamos.

¿De qué?

De los chanchullos que te traes aquí. De lo que robas y revendes de noche.

Me estáis tocando los cojones los tres.

Te voy a denunciar.

Te vamos a denunciar en serio.

¿Tú quién te has creído que eres?

¿Vas a denunciarme? ¿Vas a mandarme al trullo?

¿Y de qué coño vas a vivir?

¿De qué vas a vivir, muerto de hambre?

¿Quieres el dinero? Toma el dinero. Todo tuyo.

Esto me lo quedo por la comisión,

esto por la matriculación,

y esto porque me da la gana. Toma.

Tu dinero, ricura. ¡Y ahora, vete a la mierda!

Yo lo cojo, mamá.

¿Diga?

¿Diga?

¿Diga?

Viene mi tía a buscarme.

¿Para qué?

- Para llevarme a Nápoles. - ¿Ahora?

No.

No, te puedes marchar así.

No puedo negarme.

No puedo negarme.

¿Y yo? ¿Yo qué hago?

¡No puedo estar sin ti!

Ven aquí.

Quiero hacerlo ya. No quiero esperar más.

¿Has cerrado la puerta?

¿Has cerrado?

Prométeme que vendrás a verme.

Sí.

Iré a verte.

Prométeme que no me olvidarás nunca.

- Nunca, nunca, nunca. - Nunca.

No, nunca.

Nunca.

¡Paolo!

¿Qué, mamá?

¡Preguntan por Gemma!

¡Ya va!

Ven conmigo.

Vámonos juntos.

¿Cómo quieres que lo haga?

Encontraremos una solución. Te lo prometo.

Ya sabes que no puede ser.

No puede ser.

Paolo,

yo me tengo que ir ya.

Pero...

Pero no olvides nunca que te quiero mucho. Muchísimo.

Vale.

Me tengo que ir.

Adiós, mi amor.

¡Adiós!

¡Gemma!

¡Te quiero!

Adiós.

¡Lucy!

¡Lucy!

¡Lucy!

¡No! ¡No! ¡No!

Cambiar de ciudad y de amigos fue un shock.

Mi tía era una imbécil.

Y mis primas, unas bordes envidiosas.

¡Hola, rubia! ¿Dónde vas?

Eres guapísima.

¿Habéis terminado ya?

¿Qué culpa tenemos de que sea tan guapa?

¡Fíjate!

- ¿Te ayudamos, rubia? - ¿Te subimos algo?

Gemma, ni caso.

Venga, adiós.

Todos los tíos se volvieron locos por mí.

Enséñanos lo que has aprendido.

Repite conmigo. "Eres guapo como un sol".

- Eres guapo como un sol. - ¿Me lo dices a mí?

- Sí. - Tú sí que eres guapa.

Qué guapa eres.

Me daba igual que me llamaran fresca.

A mí me bastaba con que el tiempo pasara rápido.

"Querida Gemma:

Soy yo otra vez.

Aunque ya no contestes a mis cartas,

sigo pensando en volver a vernos.

Te quiero.

Te quiero.

Si quieres, puedo ir a Nápoles.

Contéstame, por favor.

Paolo".

"Querido Paolo:

Ha pasado mucho tiempo.

Han cambiado muchas cosas.

Desde que cumplí los 18, ya no vivo con mi tía.

Tengo novio. Se llama Nunzio.

Ahora vivo con él.

Te lo digo porque te quiero y no quiero hacerte daño.

La vida nos ha llevado a perdernos mutuamente.

Pero te quise de verdad.

Recuérdalo siempre.

Espero que seas feliz

para siempre.

Adiós.

Gemma".

El 9 de noviembre de 1989 cambió la historia.

Todos creíamos que nada volvería a ser como antes.

Aquel mismo día, me licencié.

La profesión de abogado

garantiza el principio de igualdad. Como decía Calamandrei:

"'La ley es igual para todos' es un lema que anima al pobre

cuando la ve escrita junto a los jueces.

Pero cuando se da cuenta de que, para defenderse en igualdad,

se necesita un patrimonio que él no tiene,

la misma frase se convierte en una burla hacia su miseria".

Señores, perdonen. Les pido un favor.

Denle un aplauso a este chico, a nuestro amigo Giulio,

¡que se ha licenciado hoy!

- Gracias. - ¡Y que pronto será un gran abogado!

- ¡Bravo! - La madre que os...

Luego me tocó a mí.

Me licencié en Letras y enseguida oposité

a profesor de Latín y Literatura Italiana.

¡Bravo!

¡Bravo!

¡Ay, qué emoción!

La idea de transmitir cultura, arte y mi manera de ver la vida

a las nuevas generaciones me apasionaba.

Chicos.

Chicos, perdonad.

Yo estoy aquí, intentando cumplir con mi deber.

Transmitiéndoos lo que me apasiona,

lo que creo que os puede ser útil en la vida.

Seguramente sea culpa mía, y hago algo mal.

Pero no dejéis que os defina el mundo.

- ¡Sed vosotros quienes lo defináis! - Que sí, profe.

Mientras yo me iniciaba como profesor precario

y Giulio se iniciaba como abogado de oficio,

Riccardo probaba suerte en el cine.

- ¡A Barrabás! - ¡A Barrabás!

¡Libera a Barrabás!

- ¿Hace mucho que te dedicas a esto? - ¿A hacer de extra? Un poco.

Yo lo hago como afición, cuando saco tiempo.

Escribo para una revista de cine, Zapruder.

Como el tío que grabó el asesinato de Kennedy, ¿sabes?

No.

- ¿Sabes cuál es mi gran sueño? - ¡Ser actriz!

Con esa cara, no puedes soñarlo, ¡tienes el deber moral de ser actriz!

Me parto contigo.

Me equivoqué de oficio, debería ser cómico.

En la vida hace falta suerte. Siempre ayuda.

- Ya. - ¿O no ayuda la suerte en el amor?

Claro. Sin suerte, ¿qué nos queda?

En Nápoles, Nunzio conocía a todo el mundo y todo el mundo conocía a Nunzio.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco para ti.

Uno, dos y tres, para ti y para ti.

Fueron unos años muy raros, la verdad.

- ¿Cómo está, Nunzio? - ¡Dale, Gemma!

- ¡No estoy llorando! - ¡Ven aquí! ¿A que te doy?

Pide perdón.

¡Perdón!

Desde fuera choca, lo sé.

Pero a mí, desde dentro, mi vida con él me parecía normal.

¿Qué iba a saber yo lo que era el amor?

Enseguida, señora.

Paolo, lleva esto a la dos.

¡Gemma!

¡Gemma!

Paolo.

¡Hola!

¿Qué tal?

¿Has vuelto a Roma?

No, sigo en Nápoles.

Este es Nunzio, mi novio.

- Este es Paolo. - Encantado. Soy Nunzio.

¿Tienes fuego?

Sí.

Estoy en el... en el bar de mi madre, ayudándola.

- ¿Os quedáis muchos días? - Nos vamos esta noche.

Encantado, pero tenemos que irnos.

Nos quedan muchas cosas por ver.

Ya.

Me alegro mucho de verte.

Pero mucho.

¡Voy!

Adiós.

¡Gemma!

¿Quién es ese imbécil?

Un amigo.

Paolo.

- ¿Qué te pasa? - ¿Eh? Nada, nada...

Gemma.

- ¿En qué piensas? - En nada.

- ¿Estás contenta? - Sí.

Y así decidí huir de Nápoles.

¡Guapa! ¿Dónde vas?

Id tirando, que os sigo.

¡Venga!

¡Venga!

¡No!

¡No!

- ¡Paolo! - Me cago en...

¡Paolo, es para ti!

¡No estoy para nadie!

Me da a mí que sí que estás.

- ¡Anda! - ¿Quién coño es?

¡Diga!

He huido.

¡He vuelto!

Mamá, por favor, déjala dormir lo que quiera.

¿Hasta cuándo?

Lo que quiera, te digo.

¿Y hasta cuándo se queda?

¡Hasta cuando quiera, mamá! ¿Te hago un croquis?

¿Qué soy para ti?

¿Qué eres para mí?

Lo eres todo.

Eres el cielo,

las nubes,

- el arcoíris... - ¿El arcoíris?

- El mar... - El mar, vale.

Eres mi único amor.

No dejes que me vaya nunca.

Porque te quiero.

En cierto sentido,

todos somos como Giacomo Leopardi. Buscamos la aprobación paterna.

Por eso no es casualidad que, en los momentos de miedo,

de crisis social, económica y demás,

el pueblo elija al dictador de turno, al hombre fuerte,

cuya imposición autoritaria de la ley tranquilice temporalmente

a las masas, que buscan en él al padre perdido.

Y por eso...

Adelante.

Disculpe, profesor. Cuando acabe la clase, ¿puede pasar por Dirección?

Sí.

Bueno, chicos, creo que esta va a ser nuestra última clase.

¿Por qué?

Porque si me llaman de Dirección, es porque vuelve el profesor titular

y que, por tanto... se acabó.

Mi época de suplencias parecía no terminar nunca.

Todos teníamos sueños.

Los tenía yo, los tenían mis alumnos,

y ella también los tenía.

¿Qué pasa?

¿Por qué me hablas así por teléfono?

Estoy harta de vivir con tu madre.

- Estoy esperando a tener un sueldo fijo. - ¿Un sueldo fijo?

¡Un fortunón, seguro! ¡Espabila!

O me sacas de ahí, o me voy yo, aunque sea al culo del mundo.

¿Sabes qué?

Que tienes razón. El lunes buscamos casa.

Una casa solo para nosotros. ¿Vale?

- Lo dices para que me calle. - No.

Ven aquí.

¡Paolo!

¡Paolo!

Acompáñame...

¿Qué pasa, mamá?

Dime.

- Tengo que ir al baño. - Vamos.

Ni tres semanas después, a su madre le dio una isquemia.

Cuidado.

Date la vuelta.

¿Qué iba a hacer?

¿Dejarla sola?

Volviendo a mi historia, un día de verano, Anna y yo juramos estar siempre juntos,

en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.

Estábamos felices y enamorados.

El amor es lo más bonito del mundo.

- Y querer a Riccardo, también. - Tesoro...

Tengo mucha suerte de haberte conocido. Espero que tú pienses lo mismo de mí.

- No sé yo... - ¡Oye!

Que sí, mi amor.

Aguantar juntos toda la vida,

como han conseguido hacerlo nuestros padres,

es una meta difícil.

Pero nosotros... ¡lo conseguiremos!

- ¡Bien dicho! - ¡Viva los novios!

Y pese a todos los tópicos del matrimonio,

y a los "el que se casa, la caga",

os vamos a demostrar que tener un matrimonio feliz...

¡es posible!

¡Que se besen! ¡Que se besen!

¡Más, más!

¡Que se besen! ¡Que se besen!

Bueno, Giulio...

- ¿Qué tal tu vida de abogado? - Abogado de oficio.

Conoces a gente que lo ha perdido todo. ¿Quién ayuda a los olvidados?

Cuando consigo ayudarles, siento... que yo también me salvo un poco.

Ya.

Se nota que te gusta.

Sí, me gusta mucho.

Es verdad.

¡Por el Superviviente!

¡También sobreviviré al matrimonio!

Pocos días después, Gemma y yo empezamos a vernos a escondidas.

Yo ya no era feliz con Paolo.

Cuando estás así, basta una mínima piedra para tropezar.

Tendría que haber parado, lo sé.

Lo que le estamos haciendo es horrible.

Si él se enamorara de mi mujer...

yo creo que lo entendería.

Tú no estás enamorado de mí.

¿Estás enamorado de mí?

¿Tanto se me nota?

¡Hombre, Giulio! ¡Tú por aquí!

Hola, Paolo.

- ¿Qué pasa? - ¿Por?

- Traes una cara... - No, es que quería hablar contigo...

en persona, mirándote a los ojos.

¿Qué he hecho?

Tú y yo hemos compartido muchas cosas.

- Giulio, ¿estás bien? - Déjame acabar.

- Sabes que hemos compartido muchas cosas. - Ya. ¿Y?

Gemma y yo nos vemos...

desde hace un tiempo.

¿En qué... en qué sentido?

¿Qué significa que...

que "os veis"?

- Creo que me encuentro mal. - ¿Qué te pasa?

No lo sé, creo que me está dando un ataque de ansiedad.

Respira.

Paolo, respira.

Ya pasó. No es nada. Respira.

¿Qué has querido decir? ¿Cómo que "os veis"?

¿Para qué os veis, Giulio?

Giulio, contesta.

Ahí está Gemma.

- Ahí está Gemma. - ¿Estás mejor?

Gemma también ha venido.

Gemma...

¿Qué está pasando?

Gemma...

No entiendo lo que está pasando. Explícamelo.

Que no queremos seguir mintiéndote.

Mira, Paolo,

yo quiero que nuestra amistad siga igual. Sé que esto está muy feo,

y no tendría que haber pasado, pero...

El huevo se ha roto. La tortilla ya está hecha.

Pero quiero que sepas que para mí nada importa más que nuestra amistad.

Nuestra amistad es sagrada y está por encima de todo.

Si te pasara a ti algo parecido, yo creo que lo entendería.

A mí también me lo ha dicho.

¿Lo enten...? ¿Lo entenderías?

Intenta pensar más allá.

Intenta pensar más allá, Paolo.

Perdonad, pero...

Hay una cosa que no entiendo.

Vosotros dos...

¿cuánto tiempo hace que... que "os veis", como dices tú?

No quiero saber nada.

No quiero saber nada.

No quiero saber nada. Marchaos.

Marchaos. Quiero estar solo.

Quiero estar solo. ¡Marchaos! ¡Quiero estar solo!

Tengo que pensar más allá.

¿No, Giulio?

¿Está bien así?

Tengo que...

Tengo que pensar más allá.

Pensar más allá.

¿Pensar más allá?

¡Yo siempre te he apreciado! ¡Siempre te he apreciado!

¿Por qué me has hecho algo así?

- ¿Por qué? - Lo siento, Paolo.

Lo siento de verdad.

Yo es que...

Yo es que os quiero a los dos. ¿Qué hago?

Gemma... ¡Gemma!

Con los dos no puedes estar.

No puedes. ¿Lo entiendes?

Con los dos no puedes estar.

Dame la mano. Con los dos no puedes estar.

¿No íbamos a casarnos?

Dijiste que nos casaríamos, ¿no? Cuando consiga la plaza de titular.

No me puedes dejar. No puedes volver a dejarme.

Me muero. ¿Me has oído? ¡Me muero!

No quería hacerte esto.

Perdóname. Perdóname, de verdad. Siempre te he apreciado.

- No puedes hacerme esto. - Siempre te he querido.

Y ahora no sé qué ha pasado.

Vámonos, Giulio.

Estaré ahí siempre que quieras. ¿Entendido?

La pregunta es, y perdóneme, pero esto hay que entenderlo...

En 1993,

un conjunto de magistrados hizo caer una trama de corrupción.

Una bocanada de aire para el país que nadie esperaba. Aires de cambio.

Nada volvería a ser como antes.

En aquel clima, me citó a una reunión el abogado Nobili,

un letrado de gran prestigio.

Aunque solo sea abogado de oficio, se ha hecho usted notar

por su capacidad de defender multitud de casos complicadísimos, ¡y ganarlos!

Eso demuestra pasión, pero también talento.

Aspiro a ofrecer mi profesión a quien no puede permitírselo.

Es usted joven, y a su edad

siempre se es así de idealista.

Con el tiempo, pam, pam, pam, pam, van entrando todos en vereda.

Si quiere trabajar conmigo, le ofrezco desde ya un sueldo

de ocho millones al mes, bonus aparte.

En su tiempo libre, podrá seguir defendiendo a los indigentes que quiera.

¿Qué hago?

¿Cómo que qué haces? Pues aceptar.

No quiero dejar tirada a la gente que me necesita.

Tendrías que ver el despacho. Parece un ministerio.

No vas a dejar tirado a nadie.

Estoy yo aquí contigo. Yo te ayudo.

Eres el mejor, Giulio Ristuccia.

¡Me cago en todo!

¿Sabes lo que significa este "menos"?

¡Que no tenemos dinero! ¡Nos echan de casa! ¿Lo entiendes?

Claro que lo entiendo.

- ¿Y qué? - ¡Que estoy pensando!

- ¿Pensando? - Sí, y tengo una idea.

- ¿Sí? ¿Cuál? - ¡Una idea! Tú confía en mí, ¿vale?

¿Cómo quieres que confíe en ti? ¿Cómo?

Estoy buscando trabajo de periodista, o de crítico, pero no es fácil.

Y esperando, esperando... se acaba el dinero.

¿Qué te pide el casero?

- Mucho dinero. - ¿Cuánto le debes?

Cuatro meses.

- Es mucho dinero. - ¿Cuánto son cuatro meses?

Un millón ochocientas mil.

- Me da vergüenza... - Oye.

¿Vergüenza conmigo?

- Ya me lo devolverás. - Por supuesto. Faltaría más.

Oye, ¿cómo es eso de esperar un hijo?

Da mucho miedo.

Pero te da ganas de luchar.

He escrito a conocidos y a desconocidos.

Me falta enviarle el currículo a Dios. ¡Coño, alguien me contestará!

- Eres Riccardo Morozzi. - ¡Eso! ¡Lo pone en mi carné!

Salud.

¡Venga, otra vez! ¡Otra vez!

Y así nació Arturo.

Su nacimiento me pareció el auténtico milagro de la vida.

Un instante antes no estaba,

y de repente era como si hubiera estado siempre ahí.

¡Riccardo, mira aquí! ¡Sonríe!

Qué guapo es. Qué guapo.

Cariño mío,

- ¿quieres que te coja tu padrino? - No, no...

- Me da miedo que se me caiga. - ¡Anda ya!

- ¡Que es muy pequeño, que no puedo! - Ya, y tú muy grande.

- Ay, ay, cuidado... - Ya está.

¡Qué guapo eres!

¡Eres una maravilla, Arturo!

¿Se puede?

¡Padrazo!

Enhorabuena.

Yo me voy.

Adiós, Paolo. Gracias.

Adiós.

Adiós, Riccardo.

- Enhorabuena, Anna. - Me alegro por vosotros.

Hola, Paolo. ¿Qué tal?

¡Madre mía, qué grande estás ya!

Ay, no quiere...

¿Has visto el artículo de Riccardo para Il Messaggero?

- Dámelo, que llora. - Toma. Solo es un articulillo.

- No es tan poca cosa, cariño. - "Renace el cine italiano".

"Aprobado el nuevo decreto ley que financiará el cine nacional".

- El director está muy contento. - Dice que me va a contratar. Dice.

- Cariño, ten un poco de paciencia. - Esperemos.

¿Tú qué crees? ¿Contratarán a papá, sí o no?

¿Sí o no? ¿Contratarán a papá?

¿A quién le doy el hijo de este parado?

Esperemos que por poco tiempo.

...en la solidaridad, hija de la justicia y la libertad.

Si he decidido entrar en política con un nuevo partido,

y si les pido a ustedes que también se impliquen...

¡Mira cómo cae!

Despacho Nobili, dígame.

Disculpen. El letrado llegará tarde al despacho.

Con esta nevada en Roma, normal.

Según los datos de la Asociación de Politransfusionados, entre 1982 y 1992

hubo 2000 víctimas de transfusiones con plasma contagiado.

¿Y es culpa mía si todos esos eran maricas o drogatas?

Papá, por favor.

Se le acusa de que las sandoglobulinas para el tratamiento de la hemofilia

no fueron objeto de análisis por parte de su ministerio, el de Sanidad,

para detectar virus letales, como el del sida.

¿Quiere dejarse de florituras? ¿Hay que pagar?

¡Pues se paga! ¿Dónde está el problema?

¡Todo el mundo tiene un precio!

¿Lo entienden o no?

Son las tres y media.

- ¿No vas a dormir un poco? - Tengo que acabar esto.

Tienes que acordarte de comer,

- dormir, hacer el amor de vez en... - Necesito concentrarme.

Esto ha matado a más gente que el KGB.

Ya.

- Pero no has cenado nada. - No tengo hambre.

Ya llega, ¡ya llega!

¡Señor exministro!

Señor Angelucci, ¿qué espera de esta última sesión?

- Exministro... - Una pregunta, por favor.

- Letrado, ya estamos aquí. - Llego en cinco minutos.

- Le esperamos. - Hasta ahora.

Desde hace unos minutos circula la noticia

de que el abogado del Sr. Angelucci ha sufrido un accidente...

Acaban de llamar a declarar al exministro de Sanidad, al Sr. Angelucci.

Esta es la última sesión de un proceso que corre el riesgo de prescribir.

El acusado tiene a su defensor, el letrado Ristuccia,

que sustituye al letrado Nobili.

- No hay motivos para aplazar la sesión. - Disculpe, señoría.

¿Le parece que puedo ponerme en manos de un becario?

Puede renunciar al letrado Ristuccia,

y se designará a un abogado de oficio.

¿Qué prefiere?

LA LEY ES IGUAL PARA TODOS

Señoría, me apellido Ristuccia.

Con "i".

No renunció.

Mi joven abogado

se sacó de la manga un contraargumento radical

para todas las acusaciones, ¡y los dejó mudos a todos!

Y su Señoría lee la sentencia:

"Según el artículo tal, de la ley tal, epígrafe tal,

se absuelve al Sr. Sergio Angelucci

de todas las acusaciones".

¡Bravo, papá!

¡Ven aquí!

¡Bravo por el letrado! ¡Por el letrado!

¡Por el letrado!

Bueno, ¿qué tal?

- Bien. - Nadie esperaba que esto acabara así.

Hemos tenido algo de suerte.

No se subestime, letrado. Le ha echado cojones.

Perdone mi vocabulario. Soy muy directa. Digo lo que pienso.

¿Nos tuteamos?

Como quieras.

A ver, mi padre tiene muchos defectos.

Ha hecho cosas un poco feas. Cree que no le juzgo en silencio.

Pero soy su hija. No puedo decir nada.

Desde que murió mi madre, no se separa de mí. Le soy útil.

¡Margherita! ¡Letrado!

¿Qué hacéis ahí?

¡Venid, que os perdéis la tarta!

Es un delincuente.

El sistema se cambia desde dentro.

¿Vas a cambiar tú el sistema?

¿Eso crees, Giulio?

Sí.

Creo en un mundo mejor.

Creo que el mundo puede cambiar. Eres tú la que se resigna

a que las cosas son así.

Por eso te conformas con servir mesas.

¿Sí?

Quería darte la bienvenida personalmente.

¿Te gusta tu nuevo despacho?

Sí.

Es muy bonito.

Te queda bien esa corbata borgoña.

¿O es burdeos?

¿Tienes con quien celebrarlo hoy?

Sí, sí que tengo a alguien...

pero esta noche trabaja.

¿Dónde me llevas?

De haber sido por mi padre, no habría acabado ni la secundaria.

No era un modelo a seguir, precisamente.

Y yo tampoco quería ser como él.

¿Cómo era él?

Él era él.

Eres un gran abogado,

un hombre fascinante y con las cosas claras.

Si tu padre te hubiera animado, no serías el hombre que eres hoy, ¿no?

Hace siete años me enamoré locamente

de un hombre guapo, culto, fascinante, ¡y rico!

Mi padre estaba como loco.

Normal. Lo tenía todo.

- Pero se tiró a mi hermana. - ¿Tu hermana?

- Y lo pasé mal, ¿eh? Fatal. - No lo dudo.

¿Sabes cómo acabó ella?

Desterrada de la familia.

Ay, Giulio, ¿por qué te cuento todas estas cosas?

Son cosas personales. No se las había contado a nadie.

Perdona.

- ¿Qué pasa? - He vuelto un poco tarde.

Vamos a la cama.

¿Ves? Hicks es así.

Siempre representa a las mujeres con un contraste de emociones.

Parece ingenua, pero a la vez se la ve intrépida.

Mírala.

¿No ves también algo de miedo?

El miedo mueve muchas cosas en la vida.

- Chao, Mario. - Hasta mañana, guapa.

- Chao, Lorenzo. - Chao.

- ¡Hola, Giulio! - Hola.

- Hola. - Qué sorpresa.

¿Has visto?

Hola.

¿Cómo estás? ¿Estás cansada?

Un poco.

Vamos a casa.

¿No querrías un trabajo que te llenara más?

¿Yo?

- ¿De qué tipo? - No sé, un bar que fuera tuyo.

Sería incapaz. Ya lo sabes. No sabría ni por dónde empezar.

Te ayudaría yo.

¿Qué tienes que decirme, Giulio?

Sé que te pasa algo.

Hace semanas que lo noto.

Cuéntamelo.

Pero no me mientas. No me lo merezco.

No me lo merezco.

Venga. Di lo que me tengas que decir.

He conocido a otra persona.

"He conocido a otra persona".

Me podría haber ahorrado la pregunta.

Ahora no me apetece hablarlo.

Vamos a casa. Estoy cansada. Llevo levantada desde las seis.

Ya lo hablamos mañana con la cabeza fresca.

Arranca el coche y tira.

Que arranques el coche y tires, joder.

¿Te vas a la cama?

Tengo sueño.

Te digo que me he enamorado de otra, ¿y te echas a dormir?

¿Te has enamorado?

¿Seguro?

Gemma, hace tres años que apenas nos miramos.

¿Quién es? ¿La conozco?

No, no la conoces.

Pero tendrá nombre, ¿no?

Margherita.

- ¿Margherita? - Sí.

Margherita... ¿qué más?

Angelucci.

Qué decepción, Giulio.

Querías cambiar el mundo,

- y el que has cambiado has sido tú. - ¿Cómo?

- ¿Cómo? - Sí, ¿cómo?

¿Sabes lo que eres?

Sigues siendo el hijo de un mecánico que, al olor del dinero,

- ha renegado de todo. - El dinero no...

El dinero no tiene nada que ver. ¿No ves que todo lo arreglas así?

Ni me escuchas. Mi vida te importa una mierda.

Jamás te he visto leer un periódico o abrir un puto libro.

- Yo necesito hablar, ¿vale? - ¡Pues habla!

- ¿Que hable? - ¡Habla!

¡Para eso necesito a alguien que me escuche de vez en cuando!

¡Necesito a alguien que me escuche y a quien le interese algo! ¿Entendido?

¡Necesito comunicación, hablar de cosas con sentido,

no solo de qué coño cenamos hoy o de adónde me llevas el domingo!

¿No te bastaba con mi cariño? ¿No te bastaba yo?

¿Qué cariño quieres que te tenga yo?

¿Cuánto tiempo hace que te digo que te busques algo que te apasione?

¿Tendrás algún día una ambición en la vida o no?

- Vete a la mierda. - Oye...

¡Que te vayas a la mierda,

con tu ambición de los cojones y la comida de los domingos!

La hija de Angelucci.

La que sale en las revistas de cotilleo.

No quiero volver a verte, Giulio. ¿Te queda claro?

Yo me mudo en cuanto encuentre otro sitio. Ahora, te levantas y te vas.

Vete a casa de la hija de Angelucci.

Con su padre.

Y su hermana.

Vete a la mierda, capullo.

¿Quién coño es?

¡Gemma! ¿Qué ha pasado?

- ¿Adónde va? - ¿Ristuccia?

- ¡No puede entrar! - ¡Giulio!

- Caballero... - ¡Letrado Ristuccia!

- Deténgase. - Busco al letrado Ristuccia.

Es amigo mío. Es el Sr. Morozzi.

- Soy amigo suyo. - ¿Qué pasa, Riccardo?

¿Qué pasa?

¿No te daba tanto asco la mafia? ¿No querías cambiar el país?

No grites.

¿No bastaba con ahorrarle la cárcel? ¿Ahora te tiras a su hija?

¿Y qué?

- ¿Qué más te da? - ¿A mí? De pequeños hicimos un pacto.

- Ayudarnos siempre. ¿Te acuerdas? - Siempre te he ayudado,

sin pedirte nada a cambio. ¿Y cuál era el pacto, perdona?

¿"Ayudarnos en la pobreza"?

La gente cambia. La gente trabaja y evoluciona.

Yo no tenía una casa en el lago, Super. Nadie me ha regalado nada.

Tú no has sabido lo que es pasar hambre.

No me toques los huevos.

¿Quién eres?

Ya no te reconozco.

¿Sabes qué?

Que es mejor pasar hambre que engañar y traicionar a tus amigos.

¿Cómo que "engañar"? ¿Qué dices?

- Mejor me voy. - Sí, mejor será, tienes razón.

Que sepas que te apreciaba de verdad.

Si aún sabes lo que es eso,

gilipollas.

El 14 de abril de 1997, Margherita y yo nos casamos.

Estaba bien.

Estábamos bien, en todos los sentidos.

Lo que se llama bienestar.

"En referencia a su solicitud,

le confirmamos su incorporación,

con contrato de trabajo a tiempo completo e indefinido,

en el instituto público Ennio Quirino Visconti,

en calidad de profesor de Literatura Italiana, Latín y Griego".

¿Has visto, mamá? Me han contratado.

- ¿Estás contenta? - Muy bien, hijo mío.

Lo has hecho muy bien.

- ¿Os acordáis de cuando pisábamos uva? - ¡Cómo no!

El vino parecía vinagre, pero a nosotros nos encantaba.

A mamá le encantaba.

A mamá le encantaba.

Salud, Giuseppe.

- Por mamá. - Por mamá.

Riccardo, este palomar habría que arreglarlo.

Venga.

¿Reconstruimos el palomar o qué?

Ojo, que la madera se rompe.

¡Estate quieto!

¡Venga!

¡Menuda plancha!

- Hola, Antonio. Hola, Luciana. - Por fin apareces.

- He ido a ver a mi padre. - Siéntate. Tenemos que hablar.

- ¿Los cuatro? - Sí, los cuatro.

¿Y esas maletas?

Me voy.

¿Cómo que te vas?

Acabo de vender una entrevista a Primissima.

¿Y cuánto te pagan? ¿70 000 liras, como hace 20 días?

- ¿No sabes buscar un trabajo de verdad? - ¿Creéis que mi trabajo es fácil?

¿Qué trabajo? ¡Nadie entiende de qué trabajas!

Llevamos dos años saliendo adelante con el dinero de mis padres.

- Mi padre no está bien. - Es inútil hablar de eso.

Si no, se lo habría pedido a él.

Hemos venido a llevarnos a nuestra hija a casa.

- No... - Lo habéis intentado

- y no ha funcionado. - Antonio...

- Vamos, Anna. - No...

- Renunció a ser actriz por estar contigo. - Pero Luciana, no...

Cariño...

¿Verdad que no te vas a ir?

- No... - Me voy con mis padres.

Déjame en paz.

¿Dónde vas? ¿A qué juegas?

Anna, mira, esta escena de irte con el rabo entre las piernas

- la meto en la novela. - Seguro.

La misma que ya escribías antes de conocerme. ¡Menos lobos!

¡Pues Arturo se queda conmigo!

¿Te enteras?

¡Para! ¡Para!

¿Dónde está Arturo?

¿Lo ves?

Arturo lleva dos días sin dormir en casa, y ni te has dado cuenta.

Debería darte vergüenza. Papá, arranca.

- No, Antonio. - ¡Arranca!

¡Antonio, para!

Para cuando te das cuenta de tu error, ya te toca morirte.

¡Paso a la juventud! ¡Que ocupe nuestro lugar!

¡Pues no!

No. La vida entera está por inventar. Aún puede pasar cualquier cosa.

Vámonos de aquí.

Invitas tú.

¿Sabes qué?

Que soy libre. Se acabó el preocuparse del dinero.

Si me va mal, me meto a agricultor.

¿Te parece mala idea?

Me meto a cultivar tomates, patatas, calabacines...

Haría algo útil para la comunidad.

La gente pobre tendrá que comer, ¿no? Pues yo les daré de comer.

- Llámame tonto. - Chao, Mario. Hasta mañana.

Esa es Gemma.

¡Es Gemma!

¡Quieto! ¡No quiero verla!

¿Qué dices? Suelta. ¡Gemma!

- ¡Que no quiero verla! - ¡Gemma!

- ¡Gemma! - ¡Riccardo!

¡Eres tú!

- ¡Riccardo! - ¿Cómo estás, guapa?

- Bien, ¿y tú? - Bien.

- ¡Super! - Está también Paolo.

- ¡Paolo, ven! - No os despegáis nunca, ¿eh?

Te busqué, pero te habías mudado. Me preocupé y todo. No te encontraba.

- ¿Qué tal? - Bien, ¿y tú?

Bien. Trabajo aquí, en el restaurante portugués.

Justo te he visto al salir.

- Y vosotros, ¿qué os contáis? - ¿Que qué nos contamos?

Él está de profe en el Visconti.

- Literatura Italiana, Latín y Griego. - Anda.

- ¿Griego también? - Ya ves.

Lo conseguiste.

Lo consiguió, sí. Ya tocaba.

¿Cómo que "ya tocaba"?

Paolo, que es broma.

Ya tocaba, sí. Relájate, hombre. Que estamos entre amigos. ¡Que es Gemma!

¿Y Giulio?

Giulio...

- A Giulio no le vemos desde hace tiempo. - Quién sabe por qué misterioso motivo.

- ¡No seas pelma! - Vale. Hagamos como que no ha pasado nada.

Eso, hagamos como que no ha pasado nada. Todos nos equivocamos.

Que levante la mano el que no.

- ¿Quién la levanta? Nadie. ¿Lo ves? - Nadie. Exacto.

Solo el que no vive no se equivoca.

Intenta superarlo un poquito tú también. Va.

¿Adónde ibas sola a estas horas?

- A coger el bus. - ¿El bus? ¿Qué dices?

Te llevamos. Hemos aparcado aquí al lado.

Tranquilo. Encantada de veros.

¿Qué dices? No, no, ¡insisto!

- Somos tu escolta. Vamos. - El coche está en la otra dirección.

- Bueno, damos un rodeo. - Prefiero ir en bus.

¡No te vamos a soltar ahora que te hemos encontrado!

Madre mía, Gemma.

¿Cómo estás tú? ¿Y Anna?

- Si te lo cuento, no me crees. - ¿Qué pasa?

Me ha dejado y se ha llevado a mi hijo.

- ¿Qué dices? ¿A Arturo? - Sí, a Arturo.

Se ha llevado a Arturo, se lo ha llevado todo.

Caray, Super. Lo siento.

- Ya. - Qué palo.

Bueno, basta de hablar de nosotros.

¡Hablemos un poco de nosotros! ¿No, Gemma?

- ¿Qué, Super? - ¿Qué quieres que te diga?

Te veo guapísima. Dejémonos de hablar de tonterías.

Hablemos de Gemma, la mujer más guapa de todas.

- ¿Cuánto ha bebido? - ¿Que cuánto he bebido? ¡Anda ya!

¡No me acordaba de lo loco que estabas!

Vamos, Paolo.

Ríe ella, ríe él. Y yo les sigo. ¿Qué hago siguiéndoles?

¡Paolo, a esta hora no hay ni un alma! ¿Tú lo sabías?

Ven, Gemma. Ven.

¡Fíjate!

No me digas que no es espectacular.

Sí, solo falta Mastroianni.

Pero estamos nosotros, Paolo. ¡Con eso nos basta!

¿Dónde vas? ¿Qué haces? ¡Sal, que nos detienen!

¡Que no seas pelma, tío! ¡Te has vuelto un abuelo!

¿Se le ha subido a la cabeza tanto Latín, profesor?

¿Sabes lo que te digo?

- Que tiene razón Super. - ¿Dónde vas?

¿Dónde vas?

¡Hay que probarlo todo una vez en la vida!

¡Paolo, ven tú también! ¡No te quedes ahí!

- ¡Venga! - ¡Ahora o nunca, Paolo!

¿Sabéis qué? Que sois los dos un par de imbéciles. Yo me voy.

Me voy a casa, que mañana trabajo. No como vosotros.

Hasta dentro de otros 10 años, Gemma.

¿Dónde vas?

Pásatelo bien. A Giulio y a mí ya nos tiene vistos.

¡La tía no tiene filtro!

Perdónale.

¡Paolo! ¡Eh, Paolo!

¡Paolo! ¿Dónde vas?

Mira, Super, vete tú también a tomar por culo.

¡Para uno que parecía normal!

¡Riccardo!

¿Dónde se ha metido?

Ha cogido un taxi y se ha ido.

¡Era solo para distraernos un poco! ¿Qué tiene de malo?

No tiene nada de malo.

- Pues eso digo yo. - Toma.

Cógela y pide un deseo, corre.

Te presento

a un viejo amigo mío.

Mi recuerdo

para siempre,

hasta el fin de los tiempos.

En esta despedida

me enamoraré de ti...

¡Para, para!

- Que vivo aquí. - ¡Ah!

Se me había olvidado.

- ¿Ahora vives aquí? - Sí, desde hace tres años.

¿Y qué es de ti? ¿Cómo estás?

Di vueltas y más vueltas sin saber por dónde tirar.

Y aún me quedan muchas cosas por superar.

Busco la felicidad. Tarde o temprano la encontraré y ya no la soltaré.

Gemma...

Si necesitas lo que sea, me llamas.

Ya tienes mi número. De verdad.

Gracias por traerme.

- Te quiero. - Y yo a ti.

No...

¡Feliz año, cariño! ¡Feliz año!

¡Feliz año 2000!

Yo no os debe de quedar mucho.

Tres meses. Para finales de marzo.

¿Niño o niña?

Por la forma, parece niña.

- ¡Dime que lo he adivinado! - ¿Ya tenéis pensado el nombre?

- Sveva. - ¡No!

¡Como la Angiolillo!

- ¿Como quién? - ¡La Angiolillo!

Yo propongo un brindis por el futuro padre.

Me han hablado muy bien de ti, Giulio.

¡Todas te envidian al marido!

Feliz año, Giulio.

Feliz año.

¿Quién era esa?

No lo sé. Primera vez que la veo.

Oye, ¿por qué no nos vamos de viaje,

cuando nazca Sveva, y nos tomamos un descanso?

Cariño, yo ya estoy cansada.

Cuando nazca la niña, quiero cuidarme un poco.

Tú trabaja, que es lo que mejor se te da.

Disfrutemos un poco de todo lo que tenemos.

- No seas un insatisfecho. - No lo soy.

Giulio.

Hay niños que mueren de cáncer.

Somos unos afortunados.

¿Diga?

Soy yo. ¿Está Arturo?

¡Arturo, ven, que es para ti! ¡Es tu padre!

¡Papá!

Hola, cielo. ¿Cómo estás?

Bien.

Solo quería saber cómo estabas y qué hacías.

- ¿Te lo estás pasando bien? - Estoy jugando con un amigo.

¿Y cómo se llama?

Luca.

Bueno, pues te dejo jugar, cielo.

- Te llamo mañana. - Vale.

- Adiós, hijo. - Adiós.

- Adiós. - Riccardo.

Dime.

Hace tres meses que no llega la pensión.

En cuanto pueda.

No me obligues a ir a juicio.

No hará falta, tranquila.

Ya, seguro.

Señoría, lo siento, yo no quería llegar a este punto.

Pero le he dado mil oportunidades y nunca ha respetado los acuerdos.

Ha sido siempre un padre ausente

y sin interés por los problemas y necesidades de nuestro hijo.

El juez me condenó a pagar 450 000 liras al mes, arruinándome para siempre.

Papá...

- He vuelto. - ¿Sabes lo que creo?

Que eres un tipo incoherente,

frágil y mediocre, incapaz de forjar una relación con una mujer.

¿Te vas a pasar la vida huyendo?

Contesta, haz el favor.

El 11 de septiembre solo habría querido a una persona a mi lado.

Ella ya había llegado a nuestra vida.

¡Aúpa!

La primera mujer a la que quise de verdad en mi vida.

Vamos con el panda. ¿Dónde está? ¡Allí!

¡Dale! ¡Directa! ¡Gancho!

Margherita se encargó de cuidarse.

¡No podemos romper los acuerdos que firmó mi padre hace 60 años!

- ¿Lo entiendes o no? - No lo entiendes tú.

Y yo, de la empresa familiar.

O te modernizas, o mueres.

Además, el presidente de la empresa soy yo.

Sí, eres tú porque te nombré yo. ¡En mal día!

Y porque estoy mal de salud. Si no, una mierda te iba a nombrar.

¿Estamos?

¿Queréis dejar de discutir?

Nos vamos. Dale un beso al abuelo.

- Chao, abuelo. - Chao, guapa. ¿Vas a montar a caballo?

- Sí. - Y a tu padre.

- Chao, papá. ¿Cuándo vienes a verme? - La semana que viene me la cojo libre.

- Prometido. - Vale.

- Vamos. - Adiós.

Yo también me tengo que ir.

Seguimos luego. Adiós.

Adiós.

Hemos recorrido toda Italia, y en todas partes es un desastre.

Los que nos precedieron, han dejado al país postrado de rodillas.

¡Nuestros hijos no tienen futuro!

De repente, en el país estalló

una reivindicación de cambio.

He visto con mis propios ojos a familias italianas

yendo a los comedores sociales.

No hablo de inmigrantes.

Hablo de italianos como yo, como vosotros,

con la cabeza bajada y muertos de vergüenza.

Una vergüenza que no nos merecíamos.

¡Una vergüenza que no nos merecemos!

El Movimiento por el Cambio era el movimiento

del pueblo que, por fin, se rebelaba,

donde yo también podía cambiar las cosas.

Ya tenemos los resultados definitivos del octavo distrito de Roma.

Veámoslos en pantalla.

Victoria por sorpresa de Boria, candidato del centroderecha,

al que los sondeos a pie de urna daban un 35% del voto.

Morozzi, del Movimiento por el Cambio,

que partía como favorito, se queda a solamente un punto.

Lo siento Riccardo. Has tenido mala suerte.

Vamos con los resultados de...

Te han jodido, Riccardo. Te han jodido pero bien.

...con Zannelli al 45%.

Bueno, chicos. Ya no queda nada.

Dentro de unos días... la selectividad.

Yo estoy muy tranquilo. Sé que lo haréis bien.

Pero sé

que lo haréis bien por vosotros mismos,

no buscando la aprobación ni el reconocimiento ajeno.

El esclavo del reconocimiento ajeno vive en un chantaje. Es un victimista.

Tarde o temprano, llegará un momento en que el reconocimiento ajeno

se acabe.

Y entonces, lo más cómodo será enfadarse con todo y con todos,

porque no nos dan el reconocimiento que sabemos que merecemos.

Bueno, hacedme el favor de mirar

hacia el futuro sin lamentaciones.

Estáis listos para levantar el vuelo.

- ¡Bien! - ¡Muy bien!

Ya no nos unía el matrimonio,

pero sí el amor a nuestra hija.

- Dime. - Yo otra vez.

Es la tercera vez que llamas. No quiere hablar contigo.

Mañana cojo el tren y voy. Quiero celebrarlo con él.

No es buena idea. No te precipites. Si nunca te has implicado...

¡Porque te lo llevaste a otra ciudad!

Se acabó.

Anna.

¡Morozzi, llegas 20 minutos tarde! ¡Hoy te lo descuento!

¡A ver si te levantas a tu hora!

¡Súbete al toro ya, hombre! ¡Que vamos tarde!

Es el cumpleaños de mi hijo. Hace tres años que no lo veo.

- ¿Y qué quieres? - Un día libre.

¿Un día libre? Ahí hay cinco camiones que tienen que cargarse.

Va, no me cabrees. Vuelve al trabajo, haz el favor.

¡Vuelve al trabajo, por Dios!

Morozzi, ¿dónde vas? ¡Vuelve aquí!

¡Morozzi, vete a la mierda! ¡No vuelvas!

¿Sabes cómo se dice "adiós" en italiano?

- Arrivederci. - Arrivederci.

¿Y sabes cómo se dice "buenos días"?

- Buongiorno. - Buongiorno.

¡Arturo! ¡Arturo, soy yo!

Feliz cumpleaños, hijo. Madre mía, qué alto estás.

Para un momento. Quiero hablar contigo.

Hace tres años que no celebramos tu cumpleaños. He venido expresamente.

¡Espera!

Hijo...

No te creas todo lo que diga tu madre.

- A mamá ni mentarla. - ¡Eh!

- ¿Qué haces tú aquí? - Oye...

No montemos una escenita.

Te dije que no vinieras. ¿No te quedó claro?

- Llevas diez años mangoneándome. ¡Basta! - ¡Vuélvete a Roma!

¡Llamas a un taxi y a la estación ya!

Arturo...

¡Fuera!

¿Vivís aquí? Qué bonito.

- Métete en casa, Arturo. - Arturo...

Pasa.

Escúchame.

Si de verdad le quieres,

déjale celebrar en paz el cumpleaños que le he montado.

Tres años sin dejarme verle. Con excusas. ¿Llevo "idiota" escrito aquí?

¿Has pensado en mí?

Si no tienes nada que hacer en la vida,

al menos no vengas aquí a envenenar la nuestra.

¡Y como intentes entrar, llamo a la policía!

¿Entendido?

¡Me quedaré hasta que hables conmigo!

¿Me has oído, Arturo?

¿Te lo has pasado bien, cariño?

Arturo, ¿dónde vas?

¿Qué haces aquí todavía?

Se te llevaron de mi lado con cuatro años.

¿Qué iba a hacer? ¿Mudarme aquí también?

Vale, no he estado muy presente.

Y podría haber estado más cerca, aunque viviéramos tan lejos.

Y te pido perdón, de verdad, por todas las veces que no he estado ahí.

Ni llamar en Navidad.

Me daba vergüenza.

Me daba vergüenza no saber hacer de padre.

Algún día entenderás lo fácil que es cometer errores.

Bueno, de hecho, espero que no lo entiendas nunca.

Hagamos tabula rasa y empecemos de nuevo.

Por favor, Arturo. No me olvido de ti. ¿Qué me dices?

Dice tu madre que no tienes que estar aquí si no te apetece.

- Solo estamos hablando. - Y es tarde. Vete a casa.

¿Te apetece ir a cenar? ¿Conmigo? ¿Ahora?

- Mira, déjalo... - La pregunta es para mi hijo.

Que conteste él.

Mejor vete.

Mejor para todos.

- Adiós. - Adiós.

¡Te quiero, Arturo!

¡Te quiero muchísimo!

¿Vale? Si no, dime algo.

Sí, llámame esta noche. Estaré trabajando hasta tarde.

De acuerdo. Hasta luego.

¿Giulio? ¡Giulio!

- Soy yo. - Riccardo. ¿Eres tú?

Sí.

¿Qué tal?

- ¿Venías en este tren? - Sí. ¿De dónde vienes?

He ido a celebrar

- el cumpleaños de mi hijo. Dieciséis. - ¿Dieciséis tiene Arturo?

- ¿Te acuerdas de cómo se llama? - ¡Pues claro!

Anna y yo llevamos muchos años separados.

Vive en Piacenza y tiene otra pareja.

Le va bastante bien. Me alegro por Arturo, al menos.

¿Qué se dice en estos casos?

"Quien no se muere se reencuentra".

"Esto antes no pasaba".

"Los negros llevan el ritmo en la sangre".

¿Qué es de ti? ¿Cuánto hace que no nos vemos?

- ¿Qué tal la familia? - Bien. Yo también tengo una hija.

- ¿Sí? - Se llama Sveva.

- ¿Qué edad tiene? - Nueve años.

¿Nueve años?

- ¿Nueve años? - Cómo pasa el tiempo, ¿eh?

¿Qué hacemos, salimos o vamos a Nápoles a comer pizza?

Vamos.

- Oye, ¿sabes algo de Paolo? - Sí, sí...

- Nos vemos muy a menudo. - ¿Qué es de él?

- Es profesor. En el Visconti. - ¿El Visconti? ¡Bien por él!

- Lo consiguió. - Sí.

Oye, ¿y si quedamos los tres un día? ¿Qué te parece?

¿Por qué no?

A Paolo también le haría ilusión. Jamás lo admitirá, pero le conozco.

- ¿Te llevo a algún sitio? - No, tengo el coche aquí mismo.

- Pero sí, quedemos. - Apunta mi teléfono.

- 347-646-957. - ¡Espera! ¿O no me lo quieres dar?

Con calma. 347...

- 646. - 646.

- 957. - 957.

Te hago una perdida y tienes el mío.

Hecho.

Te voy a guardar como "Super".

- Bueno, te guardo luego. - Vale.

- Cuídate, Riccardo. - Igualmente.

- Me alegro de verte. - Y yo a ti.

Yo me voy por aquí.

Monto yo la quedada, ¿eh? La monto yo.

- ¡No te olvides! - ¡Tú tampoco! Adiós.

¿Vamos a casa, jefe?

Sí, vamos a casa.

Sveva, dime.

¿Y Sveva?

- En su cuarto. - Gracias.

Soy yo.

Cariño... ¿Qué te pasa?

Mamá sigue con el otro. No le ha dejado.

- ¿Cómo lo sabes? - Le he leído los mensajes.

¿Cómo era?

- "Corre, corre, frena, frena". - Pero al final ha quedado segundo.

Ojalá ser Bob.

Ojalá ser un superhéroe.

¡Paolo!

- Hola. - Hola.

¿Qué tal?

- Bien, ¿y tú? - Bien.

Este es Leonardo.

Este es Paolo, un amigo.

- Encantado. - Igualmente.

Caray... qué casualidad.

He oído tu voz y...

Tu madre y yo nos conocemos casi desde que teníamos tu edad.

¿Tienes hijos?

¿Te has casado? ¿Qué es de tu vida?

No, no tengo hijos ni me he casado.

- Tengo a mis alumnos. - Bueno, ellos también...

importan.

Yo solo tengo uno. ¿Eh, Leonardo?

La semana que viene se va con su padre.

Será su primer viaje solo a la playa.

¿Dónde?

A Favignana, en Sicilia.

Te encantará, ya verás.

¿Sabes qué?

Ahora llevo el bar del Teatro de la Ópera.

Lo llevo yo solita.

Hace tres años ya.

Es una gran noticia.

No lo sé. Todo el mundo me felicita,

me dice que lo valgo... pero en fin.

- Te veo bien. - ¿Sí?

Gracias.

Cuando quieras venir a ver un ballet o un espectáculo, allí estoy.

Me pasaré.

¡Gemma!

¿Dónde vas?

Cuéntale a tu padre qué tal en clase.

Nunca le cuentas nada.

Sveva.

Nada que contar.

¿Por qué haces eso?

¿Me has oído?

¿Qué quieres que te diga?

¿Que llevo toda la vida con unos padres que van de la familia perfecta?

Vuestra vida me da arcadas.

Ya os he dicho cómo me siento.

¿Contentos?

¡Pásala!

- Señora. - ¿Sí?

Perdone.

Viví en esta casa hasta 1986.

¿Me permite enseñársela a mi hija?

- Papá, por favor, no sé cómo pedírtelo. - Espérate.

- ¿Va en serio? - Sí, me crie aquí.

- Venga, adelante. Pasen. - Gracias. Ven.

- Con permiso. - Cómo no.

Encantado.

- Ristuccia. - Adelmi.

¿Has oído, Carletto? Este señor vivía aquí antes que nosotros.

- Encantado. - Encantado, Carletto. Yo soy Giulio.

- Esta es mi hija Sveva. - Encantada.

- Nosotros vivimos aquí desde el 93. - Sí, el año que murió mi padre.

- Entonces, ¿me deja enseñársela? - Eso ni se pregunta. Adelante.

¡Ojo, no se pierdan!

Esto es la cocina,

que también era la sala de estar.

Este era el cuarto de mis padres, y ahí... estaba el baño.

Aquí dormía mi padre.

Aquí encontramos a mi madre una mañana.

Murió mientras dormía.

Y esto fue mi cama hasta que cumplí los 18.

- Ahora aquí duermo yo. - ¿Duermes tú?

Pues que sepas que esta cama trae suerte.

- Vale. - ¿Entendido?

- Sí. - ¿Seguro?

Sí.

- Chao, Carletto. - Chao.

Muchas gracias, señora. Perdone la molestia.

No ha sido nada.

- Que pasen un buen día. - Igualmente. Adiós.

- Adiós, Carletto. - Adiós.

¿Sabes por qué te he traído?

Porque crees que soy una malcriada.

Porque yo vengo de aquí.

Y es justo que sepas cómo era yo a tu edad.

Para mí, cada rincón de este patio es un recuerdo.

Prefería pasar las tardes sentado en este murete.

En mi casa, las cosas se arreglaban a correazos.

Mi madre también tenía miedo.

No hagas concesiones, Sveva. Con nada ni con nadie.

Haz lo que quieras tú,

no lo que quieran los demás.

Tú tienes esa oportunidad.

Eres mucho más afortunada de lo que crees. ¿Lo entiendes?

"SUPER"

- Adiós, papá. - Adiós, cielo.

Sí, sí...

Se acaba de ir.

Sí, yo estaré en casa.

¡Salud!

No me habéis dado plantón.

Creí que solo me presentaría yo.

Pues aquí estamos los dos. ¡Qué alegría que hayas venido!

- Hola, Riccardo. - Hola, Giulio.

Hola, Paolo.

- ¿Qué? - Te veo bien.

Yo también te veo en forma.

Fíjate. Si va como un pincel.

- Mira a Super, qué contento. - Sí que estoy contento, sí.

Contento de reencontrarnos los tres. ¿Qué quieres, que llore?

Bueno...

- ¿Nos sentamos? - Sentémonos, sí. ¡Enzo!

- Enzo, trae una botella de vino del bueno. - ¿Tenéis algún Sassicaia?

- ¿O un Brunello di Montalcino? - No te pongas finolis.

- Ya me encargo yo del vino. - Ya se encarga él.

- Bueno... - Pues aquí estamos.

Vosotros no habíais dejado de veros.

Bueno, últimamente nos veíamos menos.

Super, en cuarenta años es normal

perderse un poco de vista una semana.

Parece que fue ayer cuando estábamos juntos.

Inseparables todo el día.

- Por lo que nos hace sentir... - ...bien.

- Eso. - Por lo que nos hace sentir bien.

- Pero ¿qué dices? - ¡Que sí!

¿Qué dices?

- Es muy fácil. - ¿El qué?

¿Tú lo has entendido? Yo no.

La esperanza de vida es mayor. Somos falsos cincuentones.

¡Porque nuestra generación renegó de sus responsabilidades!

- ¡Que somos como niños! - Pero nuestra generación

también se vio en el centro

de una metamorfosis sociocultural sin precedentes.

Es verdad. ¡Piensa en internet!

O en las energías alternativas.

Nuestra generación va a dejar una mierda de legado.

¿Qué heredarán nuestros hijos?

¡Y dale con la matraca nihilista que no lleva a ninguna parte!

¿Qué le dejo a mi hija? ¿La cultura del postureo, de las redes sociales?

A ver, las redes sociales han ayudado...

- ¿A qué? - ...a que gente sin voz dé su opinión.

Pero ¿qué opinión, Riccardo?

¡Mi hija ya no me habla, ni me mira! ¡Me manda caritas!

Menos lloros. Eso te pasa por comprarle un móvil con 10 o 12 años.

Tiene 19.

- ¿Y cuándo le compraste el primer móvil? - A los 12.

Se lo regaló mi mujer. ¿Qué hago? ¿La aíslo del mundo?

- No digo eso. - ¿Entonces?

A ver, estás tú para quejarte, perdona. Que has vivido como has querido.

No, he vivido una vida que no he tenido el valor de abandonar.

¡Una vida de millonario! ¡Yo, en tu lugar,

tampoco habría tenido el valor de librarme de ese sufrimiento!

- ¡Por favor! - ¡Anda ya!

Plinio, hace dos mil años,

ya decía que los jóvenes no tenían futuro, y lo veía todo negro.

Si Plinio hubiera tenido razón, la humanidad ya se habría extinguido.

Los viejos siempre se han quejado y han criticado a la juventud.

Y la juventud, obviamente, pues... Es un ciclo. Ha criticado a los viejos.

Esa es la realidad.

Si lo dice Plinio...

Yo me niego a ser pesimista, Giulio. Me niego.

No me cuesta tanto. Soy feliz.

- Te creo. - Me alegro por ti.

Mirad,

las cicatrices demuestran que se ha sufrido.

La sonrisa demuestra que se ha salido adelante.

- La sonrisa. - ¿De qué peli es eso?

- De ninguna. - ¿Entonces?

De la Madre Teresa de Calcuta.

¡Bueno, la Madre Teresa!

¡Por la Madre Teresa!

- No queda. ¡Enzo! - ¡Enzo!

¿Te has dormido?

- Por favor, trae otro litro. - Que nosotros nos lo bebemos.

Y luego replicaremos:

"¿Y bien? ¿Y bien? ¿Qué pasa?".

Nos gustan el pollo, el cordero y las gallinas,

porque no tienen espinas, no como el bacalao.

Somos la banda de los golfos,

la banda de la juventud, y nos gusta...

- ¿Qué? - Comer y beber.

Y no nos gusta trabajar.

Bajad la voz.

- Os guardo una sorpresa. - ¿Cuál?

- Si lo dice no es sorpresa. - Pero ¿cuál?

No me tires de la lengua. He jurado no decírtelo.

- ¿Qué es? - No te lo puedo decir.

Con permiso.

¡Entonces era verdad! ¡Los tres otra vez juntos!

¡Qué maravilla!

Giulio.

- Hola. - Hola.

¿Qué tal?

¿Todo bien? ¡Cuánto tiempo!

Eres el único por el que no pasan los años.

Él ya era viejo a los 20 años. Luego solo se ha estabilizado.

Tengo la cafetera en el fuego. Venid, que he preparado cosas.

Gracias.

Vamos a cumplir tres años de casados.

- Solo tardó 20 años. - Pasan rápido si no los cuentas.

¡Tráenos de beber, mujer!

¿A mí no me das un besito?

Bueno, Giulio...

¿Qué es de tu vida?

Madre mía. Mírate.

¡Cuánto tiempo!

¿Qué has hecho estos años?

Perdona. El azucarero. Ya está.

¿Qué he hecho?

Pensar mucho en ti.

Me he pasado años arrepintiéndome de haberte dejado.

Ya.

Pero es que...

yo siempre quise a Paolo.

Le quería desde antes de saber que le quería.

Y luego, pues... la cosa ha ido así.

Y aquí estamos.

¡Casados!

¿Vamos a emborracharnos?

Chicos, como no sé leer ni escribir, os he preparado un par de cositas.

Chupitos y café.

- ¡Giulio! - ¡Giulio, no andarás robando!

Toma.

¿Qué hacéis en Nochevieja? ¿Vemos los fuegos desde la azotea?

- No te lo vas a beber, ¿no? - ¿Por qué no? ¡Si me gusta!

Podemos beber otra cosa.

- Ven, cariño. - ¡Buenas!

- Hola, Leo. - Este es mi hijo Leonardo.

- Encantado. Giulio. - Un placer.

Por fin conozco al gran Giulio. Es el de la foto, ¿no?

- Sí, es él. - ¿Qué foto?

La leche.

Nos comíamos la vida a bocados.

Voy a enseñarle a Giulio...

otra cosa que no sabe: que he montado un palomar nuevo.

¡No!

En una casita que hemos comprado en Santa Severa.

Desde la habitación solo se ve mar.

- Uy. - ¿Ves?

- Se ha hecho un poco tarde. - ¿Tienes sueño?

- ¿Nos vamos? - Sí, ¿no?

- Buenas noches. - Buenas noches.

- Nos vemos en Nochevieja. - Chao, Gemma.

- Te esperamos. - Gracias. Gracias otra vez.

- Adiós. - Adiós, chicos.

Buenas noches.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Bueno...

¿Cómo estás?

Ha estado bien.

- ¿Vienes por aquí? - Sí, tengo el coche...

- ¿Te llevo? - No, tranquilo. Iré a pie.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Te quiero, Giulio.

Y yo a ti, Super.

Adiós.

Déjala en la mesa. Vamos.

Ya casi estamos.

Ve a abrir, cielo.

- Hola, Leo. - Bienvenido. ¿Qué tal?

- Bien, ¿y tú? - Bien.

- Este es mi hijo Arturo. - Encantado. Por fin te conozco.

- Aquí tienes. Aceite Morozzi. - Como de costumbre.

Mamá, Paolo, mirad lo que trae Riccardo.

- ¡Aceite Morozzi! - Y sobre todo he traído...

- ¡Arturo! - ...a Arturino.

Hola.

Gemma, mira.

Qué guapo estás.

Me salió bien, ¿eh?

Lleva toda la vida hablándome de vosotros. Por fin os conozco.

A nosotros también nos tiene fritos: "Arturo tal, Arturo cual...".

- En fin. - Sois clavados, ¿eh?

¿A que sí?

- ¿Todo bien, Monseñor? - Sí.

¿Te gusta, papá? ¿Y Giulio? ¿Dónde está mi marido?

- Fuera, con su hija. - Gracias.

¡Giulio! ¡Sveva! ¿Qué hacéis ahí?

Entrad, que hace frío.

¿Vamos?

¡Diez, nueve, ocho, siete,

seis, cinco, cuatro,

tres, dos, uno!

- ¡Feliz año! - ¡Feliz año, Arturo!

¡Feliz año nuevo!

Feliz año, Paolo.

¡Arturo, los petardos! Ven.

¡Riccardino!

- Paolo mío. Feliz año, guapos. - Feliz año, Super.

¡Ya está!

¡Atrás, atrás!

- ¡Qué bonitos! - ¡Preciosos!

La rabia es así.

Tal y como viene, se va.

Te quiero, papá.

Mucho.

Yo también te quiero mucho, Arturo.

¿Os falta vino?

Mira.

- ¡Feliz año! - Feliz año.

- Menuda entrada en escena. - No te lo esperabas, ¿eh?

- ¡Te habíamos dado por desaparecido! - ¡Si solo son y media!

- Feliz año. - Esta es mi hija Sveva.

- Hola a todos. - Yo soy Riccardo.

- Yo soy Paolo. Y esta es Gemma. - Hola. ¡Qué guapa!

A estos no los conozco. ¡Feliz año!

- Ese es Leonardo. - Descorchemos el néctar.

- Y Arturo. - ¡Arturo! ¿Qué tal?

- Encantada. Soy Sveva. - Yo Leonardo. Bienvenida.

Gracias.

¿Por qué brindamos?

Pues no sé...

¡Por lo que nos hace sentir bien!

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