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Salió del conclave, siendo elegido inesperadamente
para Papa un nombre poco usado desde hace siglos,
Juan.
Pronto descubrimos su sonrisa, que no era sólo un signo de bondad,
sino un acercamiento hacia todos.
El Papa Juan sonreía como quien nos hace un obsequio
que lleva oculto detrás a la espalda,
pero nos damos cuenta de su particular sonrisa.
Para Angelo Giuseppe Roncalli
el protocolo no tenía un valor absoluto.
Le daba mayor importancia a su sencillez.
En los primeros días del pontificado, el Papa Juan confesó:
"Tenía razón nuestro José cuando le dijo a su hermano Papa:
'Usted es un prisionero de lujo
que no puede hacer todo aquello que quiera.'"
Inmediatamente comenzó a salir del Vaticano sin escolta
para visitar en un barrio popular a un amigo enfermo.
La gente enseguida le toma confianza
sin suponer ningún estorbo.
Se presentaba a la muchedumbre con el saludo biblico.
"Soy vuestro hermano".
Era como si entrara en cada casa, dirigiéndose a todos y cada uno,
tratando las alegrías y temores del hombre,
en la vida del hombre, en la casa del hombre,
no descendiendo desde lo alto, sino caminando a nuestro lado
por la vía directa de la simpatía.
"Así pues, aquí estamos", dijo el Papa Juan a sus carceleros.
"He puesto mis ojos en los vuestros,
he puesto mi corazón al lado del vuestro.
Cuando escribáis a casa, decidle a vuestras madres,
a vuestras hermanas, a vuestras esposas, que el Papa ha salido a vuestro encuentro
y que reza por todos nosotros.
Cada día, en el rosario, Papa Juan reza por los niños.
"No nace un niño", decía,
"sin que inmediatamente reciba una plegaria del Papa".
Crecen alrededor suyo una serie de anécdotas que han hecho brotar una leyenda,
como las flores alrededor de San Francisco.
Un niño desde su cama le preguntó:
"- ¿Cómo te llamas? - Cuando tenía tu edad, me llamaba Angel."
"Yo me llamo Arcángel", dijo el niño.
"¿Ves? Eres más importante que yo."
En su diario se lee:
Esta mañana me han hecho Papa.
¡Oh, papá, oh, mamá! ¿Habriáis imaginado
que vuestro Ángel llegaría a ser el sucesor de San Pedro?
En una tarde memorable, dijo:
"Cuando volváis a casa, acariciad a vuestros niños
y decidle después que es la caricia del Papa.
Quizá encontréis alguna lágrima que secar.
Di una buena palabra. El Papa está con vosotros".
Una vieja locomotora se pone en movimiento
y revela a muchos que en el Vaticano existe una estación ferroviaria.
Cien años han pasado desde la última vez
que un Papa dejó Roma para emprender un viaje.
El viaje del Papa Juan dura desde el alba hasta el atardecer,
pero la salida y el regreso tienen colores heroicos
como los senderos de la fantasía.
Abre las puertas del Vaticano a todos, a todos.
A los hermanos de cualquier credo, de cualquier nación.
Ortodoxos, protestantes, hebreos, anglicanos, budistas,...
estrechan su mano, acogen su sonrisa.
Después de 400 años, el Arzobispo de Canterbury se encuentra con el Papa.
"Su gran virtud", dirá después, "era su amistad.
Todos nosotros somos sus amigos y deudores".
(CANTO "JUBILATE DEO OMNIS TERRA")
En un tiempo como el nuestro, los amargos enemigos y grandes temores,
en su vida como Pontifice
concluyen con un prodigio de intuición y buena voluntad:
el Concilio.
Así pues, de este Papa todos conocen todo.
Las grandes empresas, las encíclicas, los discursos, los anécdotas, la sonrisa,
su inimitable simpatía humana.
¿Pero quién era este hombre venido en el nombre del Señor?
¿De dónde ha salido?
¿Qué caminos ha transitado?
Esta película ha surgido a raíz de estas preguntas.
Uno de nosotros salió de la gran cantidad de amigos del Papa Juan
para ir a Sotto il Monte, su pueblo natal,
para descubrir datos inéditos de su vida.
Desde la infancia hasta el día antes del Pontificado.
El actor Rod Steiger.
Por el amor y el respeto que sentimos por el Papa Juan,
habría sido absurdo intentar evocar su figura
maquillando a nuestro actor
tratando hacerlo parecido en su fisonomía y vestuario.
Rod Steiger seguirá siendo él mismo durante toda la duración de la película,
sin cambiar de hábito.
Sea cuando al principio es espectador de la historia de la infancia,
sea cuando, más adelante,
encarnará al personaje de Angelo Giuseppe Roncalli
y repetirá las palabras auténticas y hasta los gestos y acciones.
¡Entra!
¿Qué le parece?
Son pequeñitos, pero tienen tantas ganas de estar en el mundo
que son más fuertes que uno grande.
¿Qué dice el médico?
Dice que no hay peligro.
¡Seguro!
En cualquier caso, estaría bien bautizarlo,
que siempre es una cosa bien hecha.
Ah, claro.
Cuando un hombre vive, especialmente si es un gran hombre,
todos creen conocerlo bien, saberlo todo.
Cómo piensa, cómo vive, qué es lo que le interesa.
Es una lástima que cuando nos deje, nos demos cuenta de que no sabíamos nada.
Su vida y su muerte, se vuelve un misterio.
Y ahora nos viene el deseo, la inquietud por revolver los cajones,
desenterrar documentos, cuadernos de escuela, correspondencia,
a la búsqueda de saber más y mejor.
Entiendo bien que de un Papa se quiera conocer todo,
y todo puede servir a la historia,
pero mi alma, como más de uno ha escrito siento que me pertenece,
está en estas hojas.
Le recomiendo que no coja frío.
Esta toquilla es mejor dejarla, total no se ve.
Molesta y nada más.
¡Qué lástima!
Pobre niño.
Su primera fiesta.
Yo bautizo en el nombre del Padre,
del Hijo, y del Espíritu Santo, amén.
Estas mismas cosas, en estos mismos lugares,
sucedieron hace muchos años, el 25 de noviembre de 1.881,
cuando fue bautizado Angelo Giuseppe Roncalli.
Bien.
Los auténticos protagonistas de esta historia
han desaparecido casi todos.
Se conservan como testimonio las cosas: objetos, paredes, esta iglesia,
esta pila bautismal.
Las calles, las casas viejas, los patios, la habitación donde nació,
el retrato de los padres y del querido tío Saverio, el patrón de la casa.
Hoy recorreremos los momentos más significativos
de la vida de Angelo Roncalli.
El paisaje, los ambientes serán, hasta donde sea posible,
los mismos de ahora.
Aunque los personajes que encontraremos en esta historia verdadera,
Angelino, la madre de Angelino, el padre Bautista,
el viejo tío Saverio, todos, los hemos tomado
del mismo entorno en el cual ellos vivieron
y no nos regiremos por las convenciones propias del espectáculo
sino que simplemente los usaremos como mediadores.
Sin maquillaje ni disfraces.
... sicut era in principio et nunc et semper et in secula seculorum.
Amén.
En el tercer misterio gozoso,
la natividad del niño Jesús, en el pajar de Belén.
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy
y perdonanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en la tentación más libranos del mal.
Ave María, llena eres de gracia, bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, perdona nuestros pecados
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Ave María, llena eres de gracia, bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, perdona nuestros pecados
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
"Justo después de la aflicción de aquellos días
el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar,
las estrellas caerán del firmamento, las potencias del cielo serán alteradas.
Comparecerá ahora en el cielo el signo del Hijo del hombre
y todas las razas de la tierra se golpearán el pecho
y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo,
con gran potencia y gloria.
Y enviará a sus ángeles
que, con ruidosas trompetas
reunirán a sus elegidos a los cuatro vientos,
de un extremo a otro del cielo".
¡Deja, me toca a mí el incensiario!
Si eres el más pequeño, coge la vela, así.
Adelante, todos juntos...
Atentos a los mayores.
Vale, ahora os arrodilláis todos juntos.
Os ruego que no os volváis. Es preciso dar una buena imagen.
¡He encontrado la calabaza!
- ¿Dónde la has cogido? - Detrás de la iglesia.
- También los otros. - ¿Otros, quiénes?
- Los otros niños. - ¿Os la ha dado el dueño?
- No. - Entonces, no la quiero en casa. ¿Entendido?
Se la devuelves al propietario.
Venga, ve, ya estás tardando.
¡Va, niños, comed!
- ¿Qué haces? - Mi tío me ha dicho que la devuelva.
- ¿Quién es tu tío? - Saverio.
- ¿Te han bautizado? -Sí. - ¡Ah!
¿Hay alguien?
No, se han ido a Ponte San Pietro.
¿Serás capaz de decirle a tu tío que ha estado aquí Mateo el de las calabazas?
- Repítemelo. - Ha estado aquí Mateo el de las calabazas.
- Y me ha dicho que te diga... - Y me ha dicho que te diga...
...que eres un caballero.
...que eres un caballero.
¿Te acordarás, eh?
¡Me acordaré!
Sería una verdadera lástima que no estudiase.
Lo sé, costará sacrificios.
- Sobre todo, a vosotros. - Si hay calidad y buena voluntad,
será bueno cualquier sacrificio.
Si ésta es su vocación.
Mientras tanto, podríamos mandarlo al parroco de Carvico...
para cualquier noción de latín.
Don Pedro estará más que dispuesto.
''Ro...''
''Rosa, rosa...
... e.
Ro...
... sa".
¡Rosae!
Antes que nada, necesitas conocer bien el análisis lógico.
Sujeto, predicado, objeto directo.
''Qua de causa Helvetii. Quoque reIiquos Gallos.
Virtute praecedunt''.
- ¡Venga, sujeto! - Gall...
¡No!
¡Su-je-to!
Sujeto.
Su-je-to
Su-je-to
El sistema de Don Pedro, a menudo, era duro y riguroso.
Pero algunos meses de ejercicio escolástico
permitieron a aquel niñito de tan sólo 9 años
superar fácilmente los exámenes de admisión
a la tercera etapa de la enseñanza secundaria.
¡Burro!
Si esta es su vocación,
Reglas de vida al servicio de la juventud
para hacerles hombres de provecho,en la vida, en la misericordia y los estudios.
Cada día, al menos, se reza mentalmente un cuarto de hora,
rápidamente se hace la cama por la mañana.
Escuchar, o mejor, servir en la Santa Misa.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Antes de meterse en la cama por la noche
hay que hacer un examen general de conciencia
con el acto de contricción
y preparar todos los puntos para la meditación del día siguiente.
Acostumbráos a elevar la mente a Dios
con breves, pero fervientes oraciones.
Tratar sentados o paseando con uno o más compañeros
de cosas buenas o espirituales.
A la mesa, no me mostraré glotón o con apetito desenfrenado,
y en cuanto a beber vino, seré más que moderado.
Haré un acopio de modestia cuando tenga ganas de pasear por la ciudad
u otros lugares llenos de gente, sin fijarme en ningún cartel
ilustración, o negocio en el que pudiera haber algo indecente.
Ante todo ponerme en guardia sobre mí mismo,
para que no germine en mí ni una pizca de soberbia.
¿Hasta qué punto estoy sobre el camino de la virtud?
¡Ah, pobre de mí!
Hago un examen general de mis acciones del día anterior
y he encontrado algo de qué avergonzarme y humillarme.
O sea, he encontrado que en todas mis acciones
siempre falta algo para llegar a la perfección.
Me he dado cuenta de que no he hecho muy bien la meditación,
no he atendido bien la Santa Misa,
porque me he distraido,
No he visitado con todo el fervor que sentía antes
el Santísimo Sacramento.
Me he dado cuenta de que me he dejado llevar por la desgana
propia del bochorno.
En una palabra, me he dado cuenta
de que aún estoy al principio del viaje que he de emprender.
¡Ay de mí, qué confusión!
Durante las vacaciones, el clérigo Roncalli regresa a Sotto il Monte
y participa con los demás en los preparativos de la fiesta del pueblo.
Cuando se acabe habrá estado bien.
Sí, pero todo está por terminar.
- Meditación, lecciones espirituales. - No te preocupes.
Has contribuido también a que todo salga bien en la fiesta de la vírgen,
No has desperdiciado tu tiempo.
El primer deber de un sacerdote es el cuidado de las almas
de aquellos que se encomiendan.
Y se tendrá en cuenta sobre todo el bien que haya podido hacer.
No hay nada más que enseñarte.
Con todo lo que has estudiado, sabes más que yo.
Déjame que te diga una cosa.
Tras las flores del altar, la reliquia ocupa el primer lugar.
En nuestro pobre pueblecito, donde la gente trabaja de sol a sol,
la fiesta de la Asunción es un día de alegría para todos.
¡Así, pues, comencemos!
Con sólo 18 años, el clérigo Roncalli
asistía al segundo curso de Teología.
Iban por delante, de hecho, las normas del Derecho Canónico,
impediendo el acceso al sacerdocio hasta los 24 años.
Tenía que haber esperado, pero en ese mismo año
se reabrieron las becas de estudio
para el ingreso de algunos alumnos al Seminario del Pontificio Romano.
Y, tras las primeras eleciones, el clérigo Angelo Roncalli.
Para perturbar mi calma, esta tarde,
un incidente por sí solo
me ha causado una profunda y dolorosa impresión.
Mi madre, visiblemente compulgida por algo que había dicho
para aliviar su curiosidad,
se ofendió mucho
y me dijo algo que nunca habría esperado de mi madre,
a la cual, después de los asuntos del cielo
deseo el mayor bien del que es capaz de infundir mi corazón.
Oh, madre mía, si tú supieras
cuánto te quiero y deseo verte feliz,
no, no podrías contener tanta alegría.
Así pues, finalmente, este amor ha vencido
y estoy contigo, oh mi maestro, amigo, padre.
Enséñame tu verdad, el camino que debo tomar.
Cuántos pensamientos para la mente,...
cuántos ideales de estudio y de trabajo para la gloria de Cristo,
por el bien de la sociedad.
Grandes hermosas cosas, tras las cuales, a menudo,
se inmiscuye el amor propio.
Y bien, ¿y si falleciera el clérigo?
¿Empezaría mi vida sacerdotal?
Este pensamiento me parece un contrasentido.
Que Dios, parece haber prodigado en mí sus atenciones más delicadas,
despojándome de muchas dificultades,
llenándome de gracia, la cual me ha conducido hasta aquí, a Roma,
por algún designio singular.
¡Qué confusión para mi alma!
Hoy, con mi escasa experiencia, me veo capaz de decir,
que algunas de las metas del hombre, en algún momento de su vida,
hacen que nos parezca un animal.
¿Y los sacerdotes?
Dios mío, tiemblo, pensando cómo y no son pocos, entre ellos también
estropean su santo carácter.
Hoy nada me extraña.
Ciertas historias ya no me impresionan, todo está dicho.
Aquello que no sé explicar mejor que Tú, purísimo Jesús,
saber soportar tanta sandez, incluso entre tus ministros,
dignándote a dejarlos ir de tu mano, sin castigarlos al instante.
Jesús, señor mío, tiemblo también por mí.
Acabo enseguida.
¡Ah Hermano Tomasso, Hermano Tomasso! ¡Cuántas cosas me enseñas!
¿Cuántos pobres hermanos laicos, cuántos religiosos desconocidos,
resplandecerán de gloria, un día, en el Reino de Dios?
Queridísimos padres y tío, cuando leáis
esta carta que todavía os escribo desde Roma,
estaréis todos santificados por la Santa Misión que estáis emprendiendo.
Es esto lo que más me angustia, lo sabéis.
Porque yo nunca he deseado para mi familia
los bienes del mundo, riquezas, placeres, prosperidad,
más bien, al contrario, que todos estéis en paz como buenos cristianos.
El Señor quiere que sea clérigo, por eso me ha colmado de tanta gracia
hasta conseguir que me manden aquí, a Roma.
Pero no me hago clérigo para recibir cumplidos,
para encontrar honores, placeres... ¡Que los problemas acudan a mí!
Mas bien solo, para que de cualquier modo haga el bien
a la gente humilde.
Y por eso me gustaría que los primeros en conocer este propósito fueráis vosotros,
que tanto habéis hecho por mí.
Reverendísimo Padre, la Santa Madre Iglesia Católica,
solicita que ordenéis sacerdotes y diáconos a los aquí presentes.
- ¿Os reconocéis dignos? - En virtud a la fragilidad humana,
que me permite saber, soy y os declaro dignos.
"Del mismo modo que el capitán del barco y los pasajeros
tienen idénticos motivos de preocupación o seguridad,
así deben comportarse aquellos
que luchan por una causa común.
Por eso, no fue injustificado, aquello que establecieron los Papas,
y es el hábito de hacer particípe al pueblo
de las elecciones de aquellos que son elevados al servicio del altar.
Así pues, si hay alguien que tenga algo que declarar en contra,
puede acercarse y decirlo libremente por el honor y el amor de Dios.
Considerando en todo momento su fragilidad".
(COMO FONDO SUENA ''JUBILATE DEO OMNIS TERRA'')
En la última cena, Jesús instituyó el sacerdocio
y ahora, reclama mi miserable persona
para formar parte de este alto Ministerio.
Ahora me requiere a su servicio con una muy solemne abnegación
y una promesa indisoluble de fidelidad exclusiva
separándome totalmente de las criaturas del mundo.
Abandono la patria, parientes, todo.
El nuevo obispo de Bérgamo, Monseñor Radini Tedeschi,...
precisa un secretario y se ha dirigido a nosotros.
Había pensado en un joven sacerdote de Bérgamo.
Carozzi.
- Carozzi o Roncalli. - ¿Usted qué sugiere?
Ambos tienen buenas cualidades.
Puede que Roncalli sea más bondadoso, aunque Carozzi es muy reservado.
Habría que decir, que para no despreciar a ninguno,
iremos por orden alfabético, así que decidimos Carozzi.
Se lo agradezco Profesor, pero fíjese,
estas botas de montaña no están hechas para caminar sobre las alfombras.
Van bien para los senderos del monte.
El nuevo obispo comenzó enseguida su visita pastoral
subiendo y bajando los valles por todas las parroquias de la diócesis bergamasca.
Tener siempre muy presente mis propósitos.
Aunque sólo sea porque quiero habituarme un poco más
al espíritu de sacrificio cristiano.
Prometo contenerme especialmente con la comida.
Comer menos me sentará bien.
(Diezmarán mis prociones y habitualmente beberé menos vino.)
Esto, lo mezclo con agua.
Pensándolo bien, tengo la impresión de que prometo demasiado.
Confío, pese a ello, que el Señor me ayudará
a mantenerme fiel a los propósitos hechos
y me brindará una plácida ejecución.
Cuando en 1909, estalló la huelga de Ranica,
el Obispo fue tras los primeros y generosos abajofirmantes
por el pan de los obreros que estaban cruzados de brazos.
Se gritó desde alguna parte del bullicio.
Informaciones en tono muy poco amable fueron enviadas al Vaticano.
Nosotros no apoyamos ni mucho menos ninguna huelga.
Pero cuando no existe otro medio de alcanzar la paz,
y habiéndose violado abiertamente la justicia,
o alguno de los sagrados derechos de la conciencia cristiana,
al menos reivindicamos nuestro derecho a decir la verdad a todos.
Y de proclamar legal la huelga
y de ayudar a quien lucha por reinstaurar el orden social
del que nos beneficiamos todos, ricos y pobres,
patrones y obreros.
Por lo demás, habría sido muy doloroso
si se hubiera pensado hacer de otra forma.
Si Jesús no hubiera venido y no hubiese mandado a sus apóstoles
para evangelizar, especialmente a los pobres.
Si la Iglesia enseñase a sus Obispos
a abolir la causa de quienes oprimen, como ocurre con los ricos y poderosos,
y a no omitir y rendirse a las necesidades
de los desheredados, los débiles, los oprimidos.
Cierta gente no ha entendido todavía, y difícilmente comprenderá,
que la Iglesia, atenta al respeto y al verdadero amor de todos los hombres,
no quiere ser la sierva de ningún partido,
de ningún prejuicio.
¿Monseñor?
Más desgarrador que el dolor dulce y resignado de mi Obispo
es el clamor de la guerra que en estos días asolaba toda Europa.
¿Monseñor?
¡Coraje, Monseñor! ¿Por qué se avergüenza?
¿No estamos siempre en manos de Dios?
Que da fuerza a la vida.
Me avergüenza la sola idea de mis responsabilidades.
Soy un Obispo.
El Señor será un juez muy severo con el que he contraído grandes obligaciones.
Piensa en todo el trabajo que has hecho por la Iglesia,
por todas sus almas.
¿Qué habría podido hacer sino?
Y después, ¿cuanto amor propio envuelve siempre todas nuestras buenas obras?
¿Y no disminuye su mérito y valor?
Y ahora piense que ha sufrido en el cumplimiento de su misión
y de sus deberes.
Esto, sí.
Este es un pensamiento que verdaderamente me consuela en este momento.
El haber sufrido
y sufrir aún por su causa
es algo que beneficia mi alma.
Su calma, su paz, su dicha interior,
me decían a mí, nos decían a todos,
cómo es verdad que, más alla de los estratos de la naturaleza,
hay alguien que nos atiende,
que cuenta nuestra obras una a una y nos reserva el premio.
Es cierto que el reposo, alegría idónea del alma
están en él y en nadie más que en él
y vale la pena trabajar y sacrificarse aquí abajo
para acudir al encuentro, de este juez bueno y padre,
en la última hora.
Corpus Domini nostri Jesu Christi, custodiat animam...
Oh, Jesús mío crucificado,
te ofrezco voluntariamente el sacrificio de mi vida
como expiación de los pecados míos y de mi pueblo,
por la Iglesia, mis sacerdotes, por mi ciudad.
Por todos aquellos que sufren, que bien me quieren.
Incluso para quien me ha deseado mal.
Por la patria, por...
Por la paz.
¡La paz!
Finalizada la guerra, Don Angelo Roncalli
fue reclamado en Roma para un asunto importante
por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.
Ha sido el mismo Papa quien ha escogido entre los señalados.
Lo conocí bien
cuando era secretario de Monseñor Radini Tedeschi,
de quien era muy amigo Benedicto XV,
y había apreciado también la biografía
que el joven cura de Bérgamo había escrito de su Obispo.
Y cuando vuelvo de Roma, todos los pueblos notaron inmediatamente
el color nuevo de su hábito.
Había sido nombrado por el Papa su Prelado Personal.
Nunca diré una palabra, ni haré ninguna acción,
ni tendre ninguna idea de, que de algún modo
esté supeditada a que mis superiores me otorguen puestos de mayor prestigio.
La experiencia me enseña a temer las responsabilidades,
que son gravísimas para quien las asume por obediencia,
llegando a ser impresionables para quien debe resolverlas por sí mismo.
El lugar del Clero está aquí.
Dejadnos la santa libertad de nuestro pacífico ministerio.
Dejadnos nuestros altares
y no nos pidáis otra cosa.
19 de marzo de 1.925.
La Iglesia quiere que sea Obispo para mandarme a Bulgaria
a acometer como visitante apostólico una misión de paz.
Quizá encontraré muchas dificultades que me aguardan,
pero con la ayuda de Dios llegaré a todo.
Pondré en mi escudo de armas las palabras: ''Oboedentia et Pax''.
Estas palabras son un poco la historia de mi vida.
Estas serán la gloria de mi pobre nombre a lo largo de los siglos.
Los católicos en Bulgaria éramos pocos, estábamos esparcidos por todo el País.
Pero el primer viaje apostólico de Monseñor Roncalli
empezó pronto, el 19 de mayo de ese mismo año.
Para llegar a algunos pueblecitos
lindantes con la frontera entre Grecia y Turquía
en las zonas montañosas entre Svilengrad y Pocrovan,
tuvimos que dejar el automóvil,
atravesar el río Arda, y continuar a caballo.
Las pequeñas iglesias se tenían en cuenta,
aunque sólo de tarde en tarde se veía comparecer algún sacerdote.
En el nombre del Padre, del Hijo, y el Espíritu Santo. Amén.
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en el cielo como en la tierra.
El pan nuestro de cada día, danosle hoy,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores
Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Amén.
Sobre la calle di Pocrovan,
encontramos una patrulla de soldados de frontera.
Decían que el río bajaba caudaloso y no se podía atravesar.
Era conveniente volver a subir la vertiente opuesta y llegar a Armatruc,
donde, quizá, se podría haber encontrado un coche.
Mientras tanto, habríamos pasado la noche en el puesto fronterizo.
Queridos padres, no quiero terminar este día,
que es el primero de mis 50 años, sin pronunciaros una palabra especial,
a vosotros, a quienes debo mi vida.
Esta mañana, en la oración, os he recordado de un modo especial.
Cuando me fui de casa, en torno a los 10 años de edad,
he leído muchos libros y he aprendido muchas cosas
que vosotros no podiáis enseñarme.
Pero aquellas pocas cosas que he aprendido de vosotros, en casa,
son aún las más preciosas e importantes.
Deseo de todo corazón que toda nuestra familia
permanezca siempre fiel a las enseñanzas de los mayores
y, si con esto no llega a obtener la riqueza del dinero,
será siempre rica en aquellos tesoros espirituales
que son la auténtica gloria de una casa, también del rostro del mundo.
Se lee en el Evangelio que Dios perdona todos los pecados,
pero, sin embargo, un pecado no será perdonado
ni en la tierra ni en el cielo. ¿Cuál es este pecado?
¿No será quizá el pecado de la escisión de la Iglesia?
Reorganizar la vida religiosa de los católicos bulgaros,
estudiar tantas cuestiones, pero sobre todo
respetar siempre sus costumbres, sus ritos, su lengua.
Necesita hombres nuevos, destacados de la política y del nacionalismo.
Existe la necesidad de obras de asistencia, de estudio, y sobre todo
un seminario para la formación de un Clero búlgaro.
Como era fácil prever,
mi ministerio debía encargarme tribulaciones, pero la cuestión singular
es que éstas no procedían de los búlgaros, para quienes trabajaba,
sino de las organizaciones centrales de la administración eclesiástica.
Es una forma de mortificar y humillar que no entendía.
Mucha discreción e indulgencia para juzgar hombres y situaciones
y rogar, especialmente por aquellos que tuvieran motivo de sufrimiento.
Por hacer triunfar la caridad a toda costa, me dejaré pisotear.
Pero quiero ser bueno y paciente hasta el heroísmo.
Sólo entonces seré digno de ser llamado Obispo.
1.935.
Faltaban pocos días para Navidad
y Monseñor Roncalli se prepara para irse.
Ha sido nombrado delegado apostólico de Turquía y Grecia
con residencia estable en Estambul.
Después de 10 años, dejaba definitivamente Bulgaria.
Pero vosotros, igualmente, queridos hermanos que yo bendigo,
acordaros de mí, que seré siempre, contra viento y marea,
el amigo ferviente de Bulgaria.
Siguiendo la antigua y bella tradición de la Irlanda Católica,
el día de Nochebuena, víspera de Navidad,
todas las casas ponen sobre sus alféizares de la ventana una vela encendida
para guiar a San José y a la Vírgen María,
que buscan refugio en la noche santa,
que en el interior, alrededor del fuego, una familia los atiende.
Donde quiera que esté,
aunque fuese en el extremo del mundo,
si un búlgaro desarraigado pasará delante de mi casa,
encontraría en mi ventana una vela encendida.
Llamará a mi puerta y se le abrirá.
Seáis católicos u ortodoxos. "Hermano de Bulgaria",
este título me basta.
Puede entrar y encontrar en mi casa
la más cálida y afectuosa hospitalidad.
En aquellos años, Turquía estaba en plena transformación.
La nueva república, después de desembarazarse de los sultanes,
se estaba encaminando hacia un tipo de organización europea.
importantes reformas se pusieron en acción en todo el País.
Una nueva ley constitucional
proclamaba el absoluto laicismo del Estado,
y esto causaba numerosas dificultades e incertidumbres
a todas las organizaciones religiosas.
A cada uno su cruz.
Y cada cruz tiene su propia forma.
La mía personal tiene toda ella un estilo novecento.
Otra grave dificultad es la del hábito.
El Gobierno no quería en público ningún signo ni vestimenta de tipo religioso.
Los mismos turcos fueron obligados a abandonar también el fez.
El embajador francés ha presentado una protesta oficial.
Estas revoluciones y cambios traían consigo algún que otro problema.
No son éstos los problemas. Y después, deja cualquier ventaja.
Por ejemplo, la abolición del viernes como día de oración musulmana
para hacer del domingo el día de descanso.
Sólo esto trae una ventaja similar a la vida religiosa
que sobradamente compensa incluso la renuncia del hábito.
Sin embargo, esto que necesariamente precisa encontrarse,
son los puntos de contacto entre la Iglesia y el País.
La Iglesia debe expresar también su universalidad en estas cosas.
¿Por qué ciertas oraciones sólo deben recitarse en italiano?
¿Por qué no se empieza diciendo "Dios sea bendecido" en turco?
Porque es difícil... Porque es difícil encontrar el sentido.
No entiendo.
Mire, por ejemplo, ¿cómo traduce Dios?
En turco, Dios se dice "Allah". ¿Sea bendecido Allah?
También teológicamente no me parece impecable.
¿Y no hay ninguna otra palabra?
- ''Tangré''. - ¿Cómo?
Tangré, que también significa Dios.
Sería preciso probarlo.
- En resumen, cualquier cosa debe probarse. - Probemos.
Lo importante es descubrir cómo salir de nuestro aislamiento,
egoísta, dañino.
Observo todas las tardes, los ensambles de barcas en el Bósforo.
Asomando decenas, centenas, del Cuerno de Oro.
Se reducen a un lugar pactado y después se encienden,
algunas más vivamente, otras menos,
formando una fantasmagoria impresionante de luces y colores.
Creía que era una fiesta sobre el mar por el Vairam
que acontece en estos días,
sin embargo, es la pesca organizada del bonito,
grandes peces que se dice vienen de puntos muy lejanos del Mar Negro.
Estas luces duran toda la noche
y se escuchan las voces jubilosas de los pescadores.
La otra noche, hacia la una, llovía a cántaros,
pero los pescadores permanecían allí, impávidos, concentrados en su labor fatigosa.
¡Ah, qué confusión la mía, la de nuestros sacerdotes, pescadores de almas,
frente a este ejemplo!
El sentimiento de amor patrio, que es legítimo,
puede ser santo, pero no debe degenerar en nacionalismo.
Hoy el mundo está infectado por un nacionalismo malsano
tomando como base la raza y la sangre, en contradicción con el Evangelio.
Jesús murió por todos, sin distinción alguna.
Si yo pretendo, si cualquiera pretende, que Dios deba preservar
tal o cualquier otra nación, o dar a ellas la invulnerabilidad
o la victoria, en vista de los justos que habitan en ella
y del bien que infunden.
Se olvida que si Dios ha hecho de algún modo las naciones
ha dejado pues, la constitución a los Estados,
a la libre disposición de los hombres.
Ha dictado indistintamente a todos las leyes de la convivencia civil
y el Evangelio es su Código.
A medida que esta ley es violada,
se aplican automáticamente las sanciones,
que son terribles e inexorables.
Ningún Estado huye. A cada uno le llega su hora.
Turquía eludió la guerra,
pero Grecia fue invadida enseguida.
Los ingleses infligieron un bloqueo naval en torno al País
que no dejaba pasar abastecimientos
de los que el ejército invasor habría podido beneficiarse.
En todo el país, miseria y hambre.
Hoy me encontraré con Monseñor Galavassy,
Patriarca de los católicos del rito griego.
Estoy seguro de que el encuentro me proporcionará una colaboración.
Sólo existe una posibilidad de salvar este pueblo.
Son muchas las dificultades, más se podría probarlo mismo,
con vuestro apoyo, y sobre todo con el del Vaticano.
Se debe intentar, Monseñor.
El Gobierno griego tiene un buen depósito de capital en el exterior.
Es preciso bloquearlo
y por esto se confía la mediación por parte del Vaticano.
Desgraciadamente, el Gobierno griego se encuentra actualmente en Londres
y la autoridad local tiene poderes solamente administrativos;
la intervención del Vaticano podría ser malinterpretada.
Entiendo. Los acontecimientos de esta guerra son tan inmensos
que frente a ellas las tragedias sufridas por el pueblo griego carecen de importancia.
No, Monseñor.
Pero no desaparecen tampoco las dificultades que se deben afrontar
y hay que superarlas sin provocar otras.
El jefe del partido permanece en Grecia y el Virrey
nos harán llegar un requerimiento formal escrito
que presentaremos inmediatamente en Roma.
La dificultad más seria será, pues, la de pasar los víveres
a través del bloqueo naval de los Aliados.
Por lo demás, ¿cómo podemos eliminar la duda
que el abastecimiento querría reservar a la población?
y todavía más:
¿cómo podremos salir y obtener esta garantía
de parte de los comandos de
Iré directamente a Roma
El Papa mismo se ocupó de la delicadísima cuestión
y tomó rápidamente contacto con los Aliados, mientras Monseñor Roncalli
trataba con los ministros italianos y alemanes plenipotenciarios.
Muy apreciada fue la colaboración
del embajador alemán en Estambul.
(Quedan pocos días para la Pascua de 1.942
y los barcos ingleses dejaron finalmente pasar alguna mercancia
con víveres para la población griega.
El delegado apostólico regresa a Estambul).
He contenido mi deber sagrado volviendo allí, donde más se sufre,
y yo os pido, fieles, os pongáis en duelo por los niños hambrientos de Grecia.
Yo mismo no prometo gran cosa desde esta nuestra pequeña comunidad,
pero sé que sobre todo os pido en este duelo
sentimientos de paz, sin prejuicios,
derribar barreras, tener un acercamienton de corazón.
(1.944.
Comienza la retirada trágica del ejército alemán.
El embajador alemán en Estambul fue reclamado en Berlín.)
Excelencia, permita que le dé las gracias aunque sea una vez
por sus continuos favores, pacientes y múltiples
otorgados a la delegación apostólica en estos años,
con una mención especial de mi ministerio como Delegado en Grecia.
Pasada la tempestad que todo lo agita, volveremos a los días tranquilos.
Y confío que nos volveremos a ver
y nos consolaremos juntos de los frutos maduros de la presente aflicción.
Yo quisiera que mi humilde nombre lo considerase como el de un amigo
que no desmerecerá la pureza de su sentimiento,
como cualquiera de un Obispo de la Iglesia de Dios,
cuya oración y bendición serán siempre elevadas
a su persona, a su afectuosa familia,
y sobre todo lo que esté cercano a su espíritu.
Monseñor Angelo Giuseppe Roncalli
sucede al Monseñor Valerio Valeri a la Mensajería de París.
Es un momento especialmente difícil
después del gobierno de Petain y Vichy, para un representante de la Santa Sede.
También quisiera recordar mi disciplina interior
el verso que creo que era de Marilyn kokai,
"Donde no hay caballos, hay asnos",
no puedo negar que el salto es serio,
tanto es así que nunca habría tenido el coraje,
ni lo habría deseado ni imaginado.
Me pregunto quién puede haber tenido una idea semejante.
Él.
- ¿El Papa? - El papa.
Aquí estoy de Estambul a París.
Y así, superadas las primeras dificultades, me siento feliz.
Me lo he tomado con calma, un paso detrás de otro.
Asuntos, visitas, palabras, silencios y luego paciencia,
atención tranquila y sobre todo transmitiendo un espíritu sereno, benévolo,
y un poco sonriente.
Dejo a los demás el exceso de la picardía
y de la llamada destreza diplomática.
Y continúo sintiéndome satisfecho de mi bondad y simplicidad.
Las conclusiones, infinitas, se vuelven siempre ventajosas para quien se mantiene fiel
a la doctrina y las enseñanzas del Señor.
¡La simplicidad del evangelio!
Todos los sabios de los siglos, y listos de la tierra,
tambien aquellos de la diplomacia vaticana,
qué mezquina figura hacen, frente a la luz de la simplicidad
que surge de las enseñanzas fundamentales de Jesús.
Cada vez que salgo de casa, encuentro monumentos,
que recuerdan las alteraciones de la fortuna de los hombres
en esta multiforme metrópolis.
La gracia del Señor me ayuda a no olvidarme nunca de mi lugar natal,
de los campos donde los míos trabajan con simplicidad y fe,
mirando al sol, que es el resplandor de Dios.
Los días de la cólera, de las calamidades, del dolor universal,
han pasado sobre nuestras cabezas,
pero Dios ha humillado a los orgullosos que querían dominar el mundo,
ha golpeado a los responsables y a sus formidables armamentos.
Aquí y ahora, horizontes nuevos se abren delante de nosotros
las nuevas orientaciones diseñadas hacia una mejoría
y el progreso del orden social.
La paz es un don incomparable de Dios.
Pero es, entre otras, una aspiración suprema del hombre.
Ésa es indivisible.
La situación internacional normal de esta posguerra
ha creado como dos bloques, con todas sus incomodidades.
No es un estado de guerra, tampoco de paz.
La paz verdadera.
La paz es una casa.
La casa de todos.
Es un honor para mí ejercitar el tradicional privilegio
del Jefe de los estados franceses
imponer a Vuestra Eminencia, nombrado Cardenal
y destinado al glorioso patriarcado de Venecia,
el birrete púrpura que simboliza la nueva dignidad
de quien ha sido llamado.
Tengo siempre delante de los ojos
la imagen de la góndola de la muerte
que encrespaba el agua de la laguna
llevando el hábito de mi predecesor.
Mirando a vuestro patriarca,
buscad al sacerdote, al pastor, pequeño hombre,
humilde párroco, pero sobre todo pastor.
Veré cómo contacto con vosotros.
Pero sencillamente, no de forma solemne.
A paso ligero y sigiloso, Este es el estilo del pastor.
Contaré sus correrías una a una.
Intervenir, inmediatamente.
A los ojos del mundo, los errores de un sacerdote
significan un descrédito para todo el Clero.
Se les impide dar misa, absolutamente.
Cada descortesía contra quien quiera que sea,
sobre todo contra los niños, los pobres, los enfermos,
cada crítica feroz e irreflexión
me produce pena y un íntimo sufrimniento.
Estos colaboradores míos son buenos eclesiásticos,
aprecio sus excelentes cualidades.
Pero a veces sufro una desazón interior de mi espíritu
en mi relación con ellos.
¿Ves que alta misión se nos ha encomendado?
El Cardenalicio no es sacramento ni sacramental.
Es, pues, como mirar de soslayo al resto
y después darse cuenta de que la Providencia os prepara las responsabilidades
que saldan cuentas pendientes que pagar.
Habemus Papam!
Dicen que sea un Papa de transición, de compromiso.
Guapo no es, pero aspecto de bueno sí tiene.
Todo el mundo es mi familia.
Las obligaciones sublimes, del santo y divino Papa, de los obispos,
es predicar el Evangelio con la precaución de luchar
para que ningún asunto terrenal
impida, ralentice o moleste este primer ministerio.
Por encima de todas las opiniones y partidos
con los que agitamos y trabajamos la sociedad, la humanidad entera,
es el Evangelio el que se alza.
Ofrezco mi vida a la Iglesia,
el Concilio Ecuménico, la paz mundial, la únión de los cristianos.
En esta hora extrema estoy tranquilo.
Mi jornada en la tierra acaba,
pero Cristo que vive en la Iglesia continúa su misión.
Las almas, las almas.
Ut unum sint.
Somos una sola cosa.
Éste es el misterio de mi vida.
No buscamos otras explicaciones.
Tu voluntad, ¡Oh Señor!, y nuestra paz.
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