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[música intensa]
[Fernando gruñe]
[Consuelo gruñe]
[música animada]
[Consuelo bufa]
[Fernando gruñe]
[Consuelo gruñe]
[Fernando bufa]
[Consuelo bufa]
[Fernando gruñe]
[música continúa]
[Fernando bufa]
[Consuelo gruñe]
[Fernando gruñe]
[Consuelo gruñe]
[música se distorsiona]
[música de intro]
[intro termina]
¿Se ve muy mal?
No, no, no, no tanto.
Mira, ven, ponte esto.
Sí, y haz la cabeza para arriba. Eso.
[Sandra se queja]
Consuelo: Perdón, ¿eh?
Sandra: No te preocupes. Consuelo: Fue un accidente.
Un accidente...
Eso fue a propósito.
¿Por qué a propósito?
Ni que fuera celosa.
[música cómica]
A ver, Consuelo, por favor.
Una cosa es que no aceptes
que te gustaría que estuviéramos juntos,
y otra cosa, es que me mientas.
No me levantes falsos.
¡Carlos Julio, vámonos!
Adiós. Carlos Julio: Que te mejores.
[música termina]
Fernando: ¿Cómo sigues?
Esto no terminó para nada como yo esperaba.
Yo solo quería caerle bien, ¿sabes?
Y creo que me odia.
Pero ¿por qué dices eso?
Pues porque está muy seria conmigo
y esto parece personal.
¿Qué le hice? No...
Pues, nada, no. A ver.
Consuelo: ¿Hubo algún problema con el pedido pasado o...?
Todo muy bien.
De hecho, en solo dos semanas,
vendimos todo el producto.
Necesito hacerle otro pedido.
Cuatrocientas cajas.
[música animada]
Necesito que lleguen a Acapulco
mañana antes de las cinco de la tarde.
[susurra] Cuatrocientas cajas...
¿Hay algún problema?
No, cuatrocientas cajas.
Yo se las hago llegar mañana a Acapulco
antes de las cinco de la tarde. Sí, señor.
Perfecto.
[música continúa]
Perdón, yo sé que mis pastelitos son muy ricos,
pero me quedé pensando,
¿por qué no me marcó?
No se tenía que molestar viniendo hasta acá.
No quería que me contestara su socio.
La que sabe del negocio es usted,
prefiero tratar directamente con usted.
Aunque sea algo inusual.
Sí.
Pedro: ¿Cómo vas con el bordado?
Martha: Bien.
Esta semana hicimos un mantel muy bonito.
Oye, ¿Carlota ya?
Martha: ¿Cómo se embarazó tan rápido?
Oye, panquecito,
sería buena idea que le llamaras
y le pidas consejos para embarazarte, ¿no?
Carlos Julio: ¿Todo bien, mi vida?
Te noté un poco tensa en el club.
Todo bien.
Y ahórrate el "mi vida."
Sandra llega más tarde,
se fue a atender el consultorio del doctor Palomares.
No tengo tiempo de pensar en Sandra ni en Fer...
Ni en el doctor Palomares.
Tenemos el tiempo un poco encima.
¿Algo más que quieras contarme, socia?
Consuelo: Vino Rosenthal personalmente,
a pedir cuatrocientas cajas más.
Y lo bueno es que nos alcanza
justo con el último envío que nos hizo Ingrid,
pero tenemos que armar los paquetes.
Bueno, ¿qué está pasando, Consuelo?
Primero me cortas el acceso al dinero y ahora esto.
Pensé que éramos socios.
Somos socios en las ganancias,
que es lo único que te importa, ¿no?
Pues te recuerdo que este negocio
es lo que es gracias a mí.
Y si no me necesitan, pues, bueno,
yo feliz de quedarme en casa recibiendo
las ganancias de lo que yo construí.
No, no, tienes razón.
No, tú quieres estar involucrado
más a fondo en el negocio, ¿sí?
[música animada]
Toma, nos falta llenar como 200 más.
[música termina]
Carlos Julio.
Buenos días, ¿estás bien?
Sí, estoy bien.
Cosas del negocio, pero nada más.
Si quieres algo dulce, aquí tenemos de todo, digo,
para que no se te amargue el día haciendo corajes.
¿Lo dice la que metió a mi mujer a la cárcel
y que está vendiendo ahora lo que antes decía era inmoral
y además se viste como ella?
No, no, no, no, no, un momento.
Eso no te lo voy a permitir, Carlos Julio.
Yo aclaré con Consuelo,
que solamente trabajaría en la pastelería,
no en esa parte del negocio.
Porque, para mí, estos aparatos son,
y seguirán siendo obra del maligno.
[música animada]
Olga: ¿Estás bien? ¿Dije algo que no debía?
Es que...
¿Carlos Julio?
Olga, si supieras tantas cosas...
si tuvieras un minuto,
pero sé que estás ocupada.
Está bien, te contaría todo.
No, pero sabes que...
yo creo que no hay inconveniente
con que abra la pastelería un poco más tarde.
[música termina]
Raúl: "Acuario, más vale un Sagitario en mano,
que 100 tauros volando..."
Dime una cosa, Martha,
¿sobre qué tema te apasionaría escribir?
Bueno, yo estoy contenta escribiendo los horóscopos.
Raúl: No...
Mira allá afuera, dime qué ves...
Martha: Periodistas trabajando.
Raúl: Bueno, ¿y cuántos de esos periodistas
son mujeres jóvenes como tú?
Ninguno. ¿Y sabes por qué?
Porque las que aspiran a serlo,
no se dan la posibilidad de soñar.
De aventarse por sus sueños.
Tú tienes algo que decir, Martha,
algo más que...
que consejos para acuarios y para sagitarios.
Allá afuera hay gente que escribe
para cobrar un cheque a fin de mes.
Pero hay otros que lo hacen
para cambiar el mundo.
Una frase a la vez.
¿Cuál es tu propósito para escribir, Martha?
¿Qué quieres que se encuentren
las mujeres que leen tus escritos?
¿Qué de este mundo te parece una mierda?
[música inspiradora]
Que no quiero la vida que siempre creí que quería.
Odio que estemos obligadas a cumplir
lo que nuestros maridos nos dicen
que tenemos que hacer para ser más felices.
Yo quiero decidir mi felicidad.
Eso, eso es lo que diría una periodista.
[música incrementa]
[música se distorsiona]
Perdón, eh, yo, me tengo que ir y...
Raúl: Sí, yo tengo que revisar la edición de mañana.
Martha, ¿puedo pedirte un texto
sobre lo que acabas de decir?
Tienes algo especial, Martha Patricia.
[música inspiradora]
[música termina]
Carlos Julio: Te traje aquí,
frente a la imagen de nuestro Señor porque...
para que delante de él me jures que vas a ayudarme.
Olga, no sé qué hacer con Consuelo.
Su estado mental es un problema,
yo quería dejar de vender esos aparatos
y dedicarme a la pastelería, vivir de eso.
Pero ella insiste,
la carcome el pecado.
[música tensa]
Tenemos que hacer algo para que abra los ojos.
¿Y yo cómo puedo ayudarte?
Necesito que investigues
adónde y cuándo salen esos cargamentos.
Yo me encargo de detenerlo, como sea,
y así,
ella va a quedar mal con su proveedor
y no le van a volver a comprar nada.
Con eso, vamos a romper esas cadenas del pecado.
Y acabar con ese negocio de una buena vez.
Es por el bien de Consuelo.
[música cómica]
Y por el bien de mi familia.
Carlos Julio,
cuentas conmigo.
Eso, gracias.
Olga: Yo te voy a ayudar, pero primero,
vamos a orar por el alma de Consuelo.
A orar por el alma de Consuelo.
[música termina]
[Matilde se queja]
Cuatrocientas cajas, ya me duelen los dedos.
No es por eso.
Consuelo: Pues según el señor Rosenthal,
los contactos de Lucrecia en Acapulco
nos están ayudando a vender un montón.
Digamos que hay ciertos artistas del Jet set
que conocen gente, que conoce gente
que no se parecen a las señoras de esta colonia.
Olga: Buenos días.
[Lucrecia se queja]
Olga, ¿cómo te has estado adaptando a la pastelería?
Bueno, la labor manual
empacando los pasteles es un poco áspera,
para manos más rudas, como las de Matilde,
que está acostumbrada,
pero del resto todo muy bien.
Yo que tú le echaba ganas,
si no, nunca vas a llegar a ser socia.
¿Tú eres socia?
Lucrecia: ¿No sabías?
Mira. Hay cosas que pasan en esta colonia
de las que no te enteras.
Pocas, pero las hay.
[risas]
Un gran pedido, muchas pecadoras, por lo visto.
Pero tú tranquila,
porque estas van a otra colonia,
donde otras pecadoras las va a poder disfrutar.
Una colonia muy muy lejos.
Cuatrocientas cajas que se van a Acapulco mañana.
Nadie que conozcas tú se va a ir al infierno.
Bueno, no por esto.
[risas]
Permiso.
[música tensa]
Perfecto, gracias.
Que Dios nos ayude.
Andrés: Mamá, ¿me llegó carta?
Luisa no me escribe.
¡No me escribe!
Si fuera tú,
le escribiría una carta de despedida,
antes de que recibas la de ella.
Piénsalo.
[música animada]
Consuelo: ¿Tenías que llegar tan temprano, Olga?
No abrimos la pastelería hasta las diez.
Olga: Con tantas cosas que hay que cargar
van a necesitar muchas manos.
Incluso, manos delicadas como las mías.
Matilde: Ay, ahora sí, qué trabajadora...
Lucrecia: Irreconocible.
¡Ya llegó el transporte!
[teléfono]
[música continúa]
Residencia Portillo.
¿Olga?
¿Ya está listo el camión?
Perfecto.
Niños, vamos, que tenemos prisa.
Pa, ¿puedes mandar esta carta por correo?
Depende, ¿es para tu noviecita?
Pues hasta el momento en que la abra
sigue siendo mi novia.
Ya después no lo será.
Yo me encargo de enviarla. Gracias, pa.
[música continúa]
¿Usted sabe qué hacer? Suerte. Sí.
[música termina]
Lucrecia: No puedo creer que el holgazán de Carlos Julio
no se haya presentado
ni siquiera a ayudar a cargar.
Casi que prefiero que no haya venido.
Así no me acuerdo que así, sin hacer nada,
está ganando dinero.
Lucrecia: Pues si estos pedidos se vuelven usuales,
deberíamos pensar cómo hacer crecer el equipo.
[resopla] Querida, si estos pedidos se vuelven usuales,
hay que pensar no solamente en hacer crecer el equipo,
sino darle un segundo piso a la pastelería.
Podríamos comprar ya nuestros propios camiones...
Ay, y darnos uno que otro gustito.
Sí. Ay, sí. Nos lo merecemos.
¿Qué creen que pasó?
La exsuegra de la chismosita
de Olga, acaba de llegar.
No...
Consuelo: No.
Herminda: Voy a dar una cena en mi nueva casa,
y quería comprar un postre.
[música tensa]
Pero es que además, verte así,
es un placer añadido.
Siempre supe que te ibas a rebajar
por unos pocos pesos,
porque eres una mujer ordinaria.
Es que, nomás mírate.
Mi hijo nunca lo quiso creer,
pero siempre supe que eras una sanguijuela.
[música continúa]
Consuelo: Olga, Olga,
nos confirmaron el pedido para el Palacio de Gobierno.
La primera dama está fascinada.
Gracias a tu amistad con doña María Izaguirre,
este negocio va a crecer mucho más rápido
de lo que nosotros imaginamos.
Gracias, socia, gracias.
Ay, señora, una disculpa, no la vi.
¿Le podemos ayudar con algo en especial?
Vengo por un pastel de chocolate,
pero quiero que ella me lo empaque.
Señora Olga, no, no se preocupe,
las dueñas no pueden estar haciendo estas cosas,
para qué, yo lo hago.
[música animada]
Lucrecia: ¿Este está bien? ¿Sí?
Consuelo: Perfecto.
Gracias.
Muchas gracias por visitarnos.
Que tenga buen día. Sí, gracias.
Y no se le olvide visitar
nuestra próxima sucursal en París.
Pase, pase. Buen día.
[música termina]
Olga, ¿qué pasa? Ya se fue.
Es que me dio sentimiento.
Ay.
[Olga llora]
Ustedes son...
mucho mejores personas que yo.
Nunca hubiera hecho algo así por ustedes.
En cambio, yo hice cosas a sus espaldas.
[música tensa]
¿Exactamente qué quieres decir con "cosas a sus espaldas"?
¿Carlos Julio? ¿Es en serio?
¿En qué momento pensaste alinearte con él?
¡Perdón!
Perdón, lo hice pensando en ti, Consuelo.
¿En mí? ¿En qué estabas pensando?
En tu condena eterna,
en que no quería que siguieras vendiendo esos...
...aparatos.
Son masajeadores vaginales,
llámalos por su nombre.
Sí, ya lo sé,
pero no puedo dejar de pensar
en que son obra del maligno.
¿Es el número de la Policía Federal de Caminos?
[música tensa]
Sí, llamo para reportar un camión de transporte
que lleva mercancía ilegal.
Me lleva el tren, yo no puedo quedar mal con ese señor.
Vamos a alcanzar ese camión
antes que lo alcance la policía,
yo me encargo, sujétense.
[motor acelera]
[música animada]
[claxon]
[música continúa]
Ya lo teníamos que haber alcanzado, no entiendo,
¿y si se fueron por otro camino?
Esta es la única carretera
que va directo a Acapulco, no hay otra.
Ahí, ahí. ¡Ahí está!
[música continúa]
Ay, chingados, llegamos tarde.
No importa, oríllate, oríllate.
Ok.
Voy a hablar con el oficial.
Sonríe, todo está bien.
Sonríe.
[música termina]
Consuelo: ¡Oficial!
oficial: Me reportan que este transporte
trae mercancía ilegal.
No, oficial, yo no sé nada de eso.
Bájate.
Yo solo manejo.
Consuelo: Buenas tardes, ¿cómo está?
¿Algún problema?
Me presento, yo soy la dueña de la mercancía.
Es... [titubea] Pasteles.
Nosotras tenemos una pastelería,
bizcochitos, todo eso rico.
Y lo que pasa es que si se quedan afuera mucho tiempo,
pues, ya sabrá usted.
Ah, caray.
¿Qué hace usted aquí?
A poco siempre acompaña
a los camiones que hacen sus entregas.
Es un encargo personal.
oficial: No tendrá inconveniente
en que revise la parte de atrás
para mirar la mercancía.
Oficial, ¿cómo está? Me presento.
Soy Olga Pontón de Acevedo.
Mi esposo es diputado.
Yo doy fe de que lo que la señora está diciendo
es completamente cierto.
Así es que creo que no vale la pena llevar esto a mayores.
No, señora.
El que decide lo que pasa aquí soy yo.
Ábrele.
Ábrele.
[música tensa]
Lucrecia: ¿Qué haces? Córrele.
¡Vamos!
¡Oficial! Usted parece que seguramente...
O sea, es que, usted tiene cara de que le gusta el chocolate.
Yo voy a tratar de adivinar
cuál es su sabor favorito de chocolate, a ver, ¡fresa!
Aquí, aquí.
oficial: Ábrele.
No lo presione, se pone nervioso, no se preocupe.
Voy a ver algo rapidísimo,
con su permiso, oficial.
Un segundo, ahorita regreso.
oficial: ¿Qué pasa con la llave?
Lucrecia: Súbete, súbete, súbete.
Consuelo: [susurra] ¿Qué están haciendo?
Yo no sé manejar camión.
¿Cuántas llaves tienes para eso?
Ábrelo. Ya, ya, ya.
Ábrelo! Ya, señor.
Consuelo: Que sí sabes.
Es lo mismo que un coche, nada más que más grande.
¡Arranca, arranca, arranca!
[gritos indistintos]
oficial: Señora, deténgase, deténgase.
[motor]
¡Acelera, acelera, acelera!
[música animada]
[sirena de policía]
Ay, yo no quiero regresar a la cárcel.
Ni yo conocerla.
Eso no va a pasar mientras yo esté al volante.
¡Olga! Agárrense.
[gritos]
[sirena de policía]
¿Qué tan rápido puede ir esta cosa?
[música continúa]
Nos agarraron. ¡Ya, nos agarraron!
Vamos, vamos, muévete.
Vamos, vamos.
Si nos agarran, yo soy la responsable.
Claro que no, estamos todas en esto.
[sirena de policía]
[música continúa]
No me falles, no me falles.
[claxon]
[música continúa]
¡Se paró!
¿Sí?
No sé, mira.
Es que una, pues, aprende sus mañas, ¿verdad?
Matilde. Sí.
[música termina]
Está horrible, ¿verdad?
Lo escribí anoche, entre dormida y despierta,
y no sé qué puse en la mitad del artículo.
"Por un lado, se nos exige a las mujeres ser femeninas
a la par que interesantes.
Pero, por el otro,
debemos cumplir las labores del hogar sin quejarnos.
¿Cuándo ha sido interesante la obediencia?".
Tienes que confiar más en ti, dejarte llevar.
La duda es la muerte de la creatividad.
Créetelo, porque es bueno.
Tiene alma, ímpetu.
La verdad es que sí,
es mucho más gratificante que...
Bueno, ya no sabía qué decirle a los sagitario.
[música romántica]
Eh, bueno, yo tenía que...
Tengo una entrevista con uno de los diputados que quedaron,
no quiero que se me escape.
¿Te parece si...?
¿Si seguimos revisando tu texto mientras llega la hora?
Sí.
[música termina]
Consuelo: Dígale, por favor, al señor Rosenthal
que tuvimos un contratiempo ahí en la carretera,
pero que toda su mercancía está aquí.
Gracias, gracias.
¿Olga, fumando? ¿Tú?
Después de todo lo que hemos vivido
ya nada debería sorprenderte.
Exacto.
Matilde: ¿Qué creen que les traje?
Consuelo: ¡Ay, qué rico!
¡Ay, que bien! Uy, sí.
¡Gracias!
[música animada]
¿Qué es?
Pulque.
No, pues, sí traía sed, ¿verdad?
Consuelo: Salud. Lucrecia: Salud.
Bueno, el título está muy bien.
¿Sí? Sí, está bien.
También me gustó cuando...
cuando comparas a la revista Panchita
con un club de caballeros,
pero qué tal si buscamos otros adjetivos.
¿Cómo cuál?
No sé, algo más contundente,
que no sea arcaico.
¿Obsoletos?
Obsoletos, obsoletos.
Obsoletos.
[música romántica]
Bien, y cuando hablas de la labor del periodista
como algo fascinante,
podría ser algo como...
¿Estimulante?
Estimulante.
¿Sugerente?
Sí, mejor.
[música incrementa]
Perdón, yo tengo que irme, no...
Perdón.
Martha.
Martha: ¿Sí?
Gracias.
Consuelo: Bueno, a ver, yo propongo un brindis,
porque le ganamos al cretino de Carlos Julio.
¡Salud!
Olga, ya dinos la verdad,
¿usaste o no usaste los masajeadores?
♪ Momento de confesiones Momento de confesiones ♪
Yo les juro,
por el alma de mi santísima madre,
[susurra] que en paz descanse,
que nunca los toqué.
Se nota.
Pero, Matilde,
oído, escuchar,
el diablo sí me tentó, me habló al oído...
Matilde: Dijo: "Olga, úsame, úsame".
Bueno, ya que estamos en confesiones,
yo fui la que dejé a mi marido
cuándo me fui de la colonia,
no fue él.
Así la versión oficial que dio él
haya sido otra y ustedes se la hayan creído.
A mí los novios no me duran más de dos meses.
Ni eso, no mientas.
Es que los hombres son tan aburridos.
Sí, sí, sí.
Consuelo: Está bien, me toca a mí, ya vi.
Yo confieso que...
odio a Carlos Julio.
Matilde: Ah, yo también.
Esa no es información nueva, querida.
Todas lo odiamos.
¿Qué más tienes por ahí?
Estoy enamorada de Fernando,
pero no puedo hacer nada
ni puede pasar nada,
porque yo no puedo meterme en otro escándalo
y arruinar la vida de mis hijos.
¿Qué Fernando?
Palomares.
¿No es casado?
Pero no castrado.
Bueno, pero no pasó nada
mientras que estaba con Theresa.
Ah, pero, entonces después sí pasó.
Pues, eres una pecadora.
Ay.
Pero mal gusto no tienes
porque está bien guapo.
¡Qué cosa! Qué guapo está.
Lucrecia: Pues, ¿te digo una cosa?
Si hay algo que aprendí después de que me sacaron
de su selecto grupo,
es que la vida es muy corta
para no hacer todo lo que me hace feliz.
Salud por eso. ¡Salud! ¡Salud!
¡Salud! ¡Olga!
Olga.
Consuelo: ¿Estás bien?
Lucrecia: Esperen.
¿El coche de Carlos Julio?
Lo dejamos en la carretera.
¿Y ahora cómo nos vamos a regresar?
La única que sabe manejar es esa, y mira.
[música termina]
¿No ha llegado mamá?
No.
No, hijita, no ha llegado.
No sé dónde está.
Yo sé que mi mamá nunca nos abandonaría,
pero se siente feo que se vayan sin avisar, ¿verdad?
[música]
¿Estás segura?
Completamente.
Matilde: ¡Adiós!
[música continúa]
hombre: ¡Dejen dormir!
Fernando: ¡Voy!
Consuelo, ¿qué haces aquí?
Qué rápido se te olvidó todo.
Yo completamente enamorada de ti y tú...
Así te fuiste con la panadera esa.
Yo pensé que tú eras diferente,
pero eres igual a todos los demás.
Entre Sandra y yo no hay nada.
Lo intenté para seguir con mi vida, para...
para tratar de olvidarte, Consuelo,
pero no puedo.
No puedo y no quiero.
[música romántica]
[música termina]
[comienza "Tu Falta de Querer"]
Hoy volví
A dormir en nuestra cama
Y todo sigue igual
El aire y nuestros gatos
Nada cambiará
Difícil olvidarte
Estando aquí
Oh, oh, oh
Te quiero ver
Aún te amo y creo
Que hasta más que ayer
La hiedra venenosa
No te deja ver
Me siento mutilada
Y tan pequeña
Oh, oh, oh
Ven
Y cuéntame la verdad
Ten piedad
Y dime por qué
¡No, no, no!
¿Cómo fue
Que me dejaste de amar?
Yo aún podía soportar
Tú tanta falta de querer
Hace un mes
Solía escucharte
Y ser tu cómplice
["Tu Falta de Querer" termina]
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