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Zulu
Olga, por favor.
No cometas una locura.
Lety: Piensa en tus hijos.
Consuelo: Valora tu vida, por favor, Olga.
Porque todo puede cambiar, todo.
No lo hagas, por favor.
[música]
Tranquila, no lo...
[música termina]
No lo hagas.
Mentira.
[música tensa]
Hazlo.
Ándale.
Tómate un sorbito.
[susurra] No vas a sentir nada.
La vida no tiene arreglo
y no se va a poner mejor la cosa.
Y tú,
pues no hay nada qué hacer, cero, nada.
Tómatelo.
Tómatelo.
No quiero.
[quejidos]
¡Suéltame!
¿Qué estás haciendo?
¡Te dije que [inaudible]!
¿Qué haces? Tómatelo.
[gritos]
Tómatelo.
¡Suéltame!
¡No!
Olga, no lo hagas.
Hay mucho desorden en la casa.
Debo hacer muchas cosas.
Joaquín dejó muchos pendientes.
Lo que acabas de vivir...
no es fácil.
[Consuelo murmura]
[piano]
[Olga suspira]
Olga: Nunca terminas de conocer a la gente.
Ni siquiera al hombre
con el que viviste más de 25 años.
[Olga solloza]
[inhala]
Me dejó en la calle.
[esnifa] ¡Le dejó todo a su madre, a esa bruja!
Y ahora yo no tengo nada,
no tengo a nadie, estoy sola en el mundo.
[esnifa]
Muchas gracias por venir.
Claro.
¿Quieren un té?
¿Un café?
No. No me no tardo, [inaudible].
No la podemos dejar sola.
No. No, llévatela a tu casa.
¿Qué? No, no, no, no.
Sergio no me lo permitiría.
Ya, ¿y qué estás esperando que haga yo?
[música]
¡Ah, no!
Sí. No.
Sí. ¡No!
[música]
[música]
Martha: Aries, en la vida hay que ser...
¿Atento?
Observador, y medirse.
[teclas de máquina de escribir]
Así que, ponte tus anteojos
antes de que te rompas un diente.
[timbre de máquina de escribir]
[música]
[Olga y Carlos Julio gritan]
Carlos Julio: Pero ¿qué hace aquí? ¡Tápese!
Olga: ¿Cómo que qué hago aquí? ¡No me vea!
¿Qué pasó?
Olga: ¡Nunca había visto un hombre en pijamas
que no fuera el difunto Joaquín!
¡No me vea! ¿Me da un minuto, por favor?
Necesito tener una conversación con mi mujer.
Ven, ven, ven, ven.
¡No me veas!
¡No me veas!
Olga: Señor, perdón por lo que mis ojos han visto.
Pero ¿qué está haciendo?
[susurra] No tenía opción.
La encontré apunto de tomarse una botella de veneno.
Se quería matar.
¿Qué?
¿Y qué tal que quiera matarse aquí?
¡Ay, no digas tonterías, Carlos Julio!
No se va a querer matar aquí.
Lo único que necesita ahorita es estar en familia,
aunque sea la mía.
Está bien.
Lo acepto. Perfecto.
Pero vamos a tener que hacer unos ajustes.
Ah, tú...
tú lo que quieres es estar...
Sí.
Consuelo: Primero me tomo la botella de veneno yo.
Si no quieres que se entere,
levántate más temprano.
[portazo]
[ríe]
[campanadas de reloj]
[Olga murmura]
[campanadas de reloj]
Consuelo: La pastelería es todo un éxito.
No nos han parado de llegar pedidos.
¿Tú autorizaste esto, papá?
Carlos Julio: Como hombre de esta casa, he tomado
una decisión...
de que puede quedarse.
El pasado quedó atrás.
Somos una familia solidaria,
y tenemos amor para compartir.
Y con tanto amor familiar,
¿cómo es que no estás durmiendo con mamá?
[Consuelo ríe nerviosa]
Siempre sale con unas cosas.
Lo que pasa es que...
papá está estresado por el tema del negocio,
y cuando papá se estresa, ronca.
[ríe] Sí ronca, muchísimo.
Como un oso.
[música]
Ya te acostumbrarás.
Son como mosquitos.
Molestan, pero no matan.
A veces la gente habla de lo que no sabe.
Bueno, tú entiendes eso, ¿no?
Muchas gracias por haberme hospedado
anoche en tu casa, Consuelo.
Es que yo no le daría la espalda a una amiga.
Mucho menos si está en problemas.
Tú te puedes quedar con nosotros
el tiempo que tú quieras.
Y me imagino que...
que vas a querer un cambio de ropa.
Puedes entrar a mi clóset, puedes agarrar lo que quieras.
¿Te refieres a tu vestuario personal?
[ríe] Es solamente mientras se arregla
este malentendido.
Nadie tiene por qué saber.
Le puedes decir a Matilde que le haga
algún tipo de arreglo, lo que tú quieras.
No, mira, muchas gracias, pero la verdad, paso.
Tengo muchas amigas
que me han ofrecido sus casas.
¿Ah, sí? ¿Como cuáles?
Carolina de la Rosa.
Bueno, muchas las del club.
Ya.
Bueno, mientras te pongas de acuerdo
con todas esas amigas...
te puedes quedar en mi casa.
[piano]
Sería un honor tenerte como mi invitada.
¿Por qué lo haces, Consuelo?
Es un plan, ¿verdad?
Un plan para humillarme.
Creo que las circunstancias
te llevan a hacer cosas
que jamás te creíste capaz.
Y eso nos pasó a ambas.
[esnifa]
Te dejo porque
tengo que ir a hablar con Carolina.
[voz entrecortada] La cosa es que me está esperando.
Ahí me saludas a la de La Rosas.
[continúa piano]
Carlos Julio: De Luisa para Andrés, con amor.
Cecilia: ¿Quién te escribió?
Carlos Julio: Hijita.
Son cuentas por pagar.
Cecilia: Pero como ya tienes mucho dinero,
vas a poder pagarlas muy rápido, ¿no?
Por supuesto.
Cecilia: Por cierto, papi,
hay unas llantas especiales para mis patines...
Hijita linda, ven.
En el coche platicamos de eso.
Raúl: "Como todo un Leo,
revuélvete esa melena
y sal a demostrar con un rugido que eres el rey".
Yo soy Leo.
¿Tienes algún problema con mi peinado?
[titubea]
Es bueno, es original.
No como los de Ariel,
que lo que le escribía a Acuario en enero
le terminaba saliendo a Piscis en diciembre.
Mientras más escribas, más vas a encontrar tu propia voz.
[titubea] Muchas gracias.
¿Qué opina tu marido de que trabajes con nosotros?
[música]
[ríe] Está encantado, sí.
Él también es Leo, por cierto.
Sí, claro que sí.
Tenemos suficiente producto, sí.
Si usted requiere, nosotros podríamos...
¿Quién es?
[susurra] Es Rosenthal.
¡Rosenthal! No, pásamelo.
¿Qué? Ándale, pásamelo.
¿Qué haces? ¡No, no, pasa...!
Carlos Julio: ¡Pásamelo!
Claro que sí, señor.
Sí, señor Rosenthal,
mañana tendrá el producto a esa hora.
Muchas gracias.
[teléfono]
¿Y a ti qué te pasa?
¿Cómo que qué me pasa?
Si soy yo el que tengo que hablar con él.
Entre hombres nos entendemos.
Ay,
pues qué raro porque yo con él
me acabo de entender perfectamente.
Carlos Julio: No, mi vida, no es por ti.
Las mujeres son pésimas negociando.
[Consuelo resopla] Se dejan intimidar.
Les falta pantalones.
Y qué raro,
porque en esta falda acabo de vender 400 cajas.
Cuatroci...
400 cajas es imposible. Y no me digas "mi vida".
No le creo.
Si yo...
[música]
¿Saben cuántos orgasmos van a ocurrir
gracias a todos estos masajeadores?
[ríe]
Y los que faltan.
¿Que Carlitos no debería de estar ayudando?
Carlos Julio no nos va a ayudar en nada.
Ni con las cajas ni con los orgasmos.
Lucrecia: Yo necesito que me expliques
cómo hiciste para aguantarte
a este tipo todos estos años.
Pues, la verdad,
no sabía que podía vivir sin él, hasta que...
Olga: Cómo le va, joven, ¿se encuentra la dueña?
Lucrecia: ¿Olga? Olga: Ay, por Dios,
estos eclaires en nada no se parecen a [inaudible].
Yo la distraigo, ustedes sigan.
Olga.
[titubea] Yo me encargo.
Gracias, gracias, Carmenza.
¿Cómo te fue con Carolina?
Se va para Europa.
Por supuesto que me invitó,
pero, yo con tantos pendientes, ni modo.
[Consuelo ríe]
Consuelo,
sabes que lo he estado pensando
y creo que te voy a tomar la palabra.
Va a ser muy conveniente para ti,
para limpiar el nombre de tu familia,
todas esas cosas.
[música]
¿Tienes hambre?
¿No quieres un pedacito de pastel?
¿No tendrás de chocolate?
Consuelo: Sí. Olga: Sin fresas.
Detesto las fresas.
[continúa música]
Chocolate con cereza.
No, ¿sabes qué?
Dámelo así, me lo voy comiendo de camino.
¿No quieres un cafecito?
No, así está bien.
[Olga ríe] Nos vemos en la casa.
[música]
Caballeros,
díganle al señor Melvin que aquí le traigo
parte de lo que le debo.
Lo otro se lo entrego a final de mes.
Tranquilos.
[música de tensión]
[tráfico de autos]
¿Ya está listo el pedido de Rosenthal?
Y antes de tiempo.
Las cajas no se empacaron solas, ¿dónde estabas?
[titubea] Estaba ocupado.
Cosas de, de negocios, tú sabes.
Sí.
A ver, a trabajar, vamos. [golpe en auto]
[Consuelo suspira]
Matilde: Ay.
Ahí va nuestro primer pedido. ¡Sí!
Sí, nuestro primer pedido, socio.
Yo me tomaría una champaña para celebrar.
Ay, sí. ¿O varias?
Sí. [ríen]
[carraspea] Conmigo no... conmigo no cuenten.
Tal vez en otra oportunidad.
Tengo cosas más importantes que hacer,
como, por ejemplo, no sé, trabajar, ¿no?
[música cómica]
Pues te decía,
está en la ruina la pobre,
y ella, sin su dinero...
no vale nada.
Dicen que hasta su ropa se la llevaron.
Ay, no ha de tener ni qué ponerse la pobre.
Olga es insoportable.
Yo no creo que otro hombre la aguante, ¿eh?
Aparte joven ya no es.
[murmullos]
mujer: ¡Olga!
Querida, qué gusto verte.
¡Par de arpías hipócritas!
Estoy revisando las cuentas de las nuevas ventas
y, no, no, no me cuadran.
¿Cómo que no te cuadran?
Sí.
Falta dinero.
Te dije que Matilde no era la persona indicada
para administrar.
¿A quién se le ocurre pensar que una...?
Cállate.
Que a quién se le ocurre pensar que una mujer
pueda administrar un negocio, eso quiero decir.
Ya, nada más para tenerlo claro,
¿tú estás insinuando que nuestra socia
es la culpable de que tus cuentas no cuadren?
No, no, no es eso,
solo que falta dinero.
Como Matilde tiene dos trabajos,
pues seguramente se complicó
y no está haciendo bien ninguno de los dos, solo digo.
Bueno, yo solo digo
que cuando tú no estabas,
nosotras podríamos hacer las dos cosas perfectamente.
Porque, seguramente,
no revisaste a fondo la contabilidad.
Yo chequeé la contabilidad perfectamente.
La de la casa y la del negocio.
Algo que debería estar haciendo el hombre de la casa,
pero que no lo estaba haciendo
y lo tenía que hacer yo,
y eso, y pagar tus deudas.
Checo con ella esos números
que, según tú, no cuadran.
Pero sí que te quede algo muy claro, Carlos Julio.
En esta casa jamás se ha perdido un peso.
[filo de cuchillo]
Muy bien, voy a buscar nuevos clientes.
Esos masajeadores femeninos no se van a vender solos.
Te dejo esto, amor.
[música]
[portazo]
Consume mucho tiempo, claro.
Hola.
¿Cómo está, suegra?
Meche: Hola, Marthita.
Pedro: Amor,
mi mamá vino a traernos un regalo,
pero, [carraspea] como la comida aún está en proceso,
se ofreció a ayudarnos.
Meche: Solo es llevar esto al horno y listo.
¡No, no, no!
Digo, no, señora, ¿cómo se le ocurre?
Qué vergüenza. No, no, no, tranquila.
Permítame atenderla, ¡por favor!
Está bien, como gustes.
Tu casa, tus reglas.
Les traje esto, es de buena suerte.
Para mi nieto.
Pedro: Mira, amor, una sonaja. [sonaja tintinea]
Meche: Estamos ansiosos porque llegue.
Espero se estén dando prisa.
Como Dios manda, mamá.
[ríe]
Carlos Julio: ¿Y ahora qué te pasó, hijo?
Seguro es por la muchachita esa que se fue.
¡Por supuesto que no!
[suspira]
Dijo que iba a escribirme en cuanto llegara a Estados Unidos.
Y no he recibido ni una sola carta.
Carlos Julio: Vete acostumbrando, hijo.
Así nos pagan las mujeres.
Pero escúchame bien,
ninguna vale la pena como para que te arrastres
o ensucies el apellido.
Ve y te cambias, vienes conmigo.
Si vas a sufrir por una mujer,
pues que sea como un hombre.
[música]
[conversaciones indistintas]
[continúa música jazz]
Aprende algo, hijo.
En la vida no puedes creer
ni en promesas de borrachos
ni en caricias de ninguna de estas.
¿Vienes muy seguido?
No, claro que no.
Pero te llamaron por tu nombre.
[titubea] Sí,
estuve una vez en una despedida de un socio,
dejamos buena propina, por eso es.
¿Hace cuánto?
A ver, hijo, escoge.
Hoy tienes permiso para hacer lo que quieras.
Siéntate.
[continúa música jazz]
[termina música]
Quiero invitarlo a mi casa
para presentarle a mi hija Juana.
Ella es una mujer maravillosa.
Doña Carmen, es usted muy amable.
Pero le voy a ser sincero.
La verdad es que me partieron el corazón,
y no creo que vuelva a enamorarme.
Permiso. Propio.
Hola.
No sabía que tenías cita.
Sandra: Tuve que esperar a tus 12 pacientes.
Todas mujeres, por cierto.
Pero yo sí vengo por una consulta médica, ¿eh?
[música]
Andrés: Y llegué a su casa.
Y le entregué un balón,
para que nunca se olvidara de mí.
Es que no hay nadie como ella.
Como mi Luisa, yo la amo.
[mujeres se enternecen]
[risas de hombres]
[mujeres murmuran]
Pues yo creo que con el tobillo así
a lo mejor ya estamos nivelados para un match.
[Fernando ríe]
Tranquila, no te preocupes.
Ni siquiera llega a ser un esguince.
Te voy a recetar unos analgésicos,
un par de días de descanso,
y estás lista para regresar a las canchas.
Pues, muchas gracias, doctor.
[Sandra ríe]
¿Esos regalos son porque es tu cumpleaños?
[Fernando ríe]
No. [titubea]
Son de varias señoras y señoritas que he atendido.
Ah, entonces te debo uno.
Digo.
[música]
Bueno, yo lo que tengo es una pregunta.
Pero no es médica.
Claro, dime.
¿Es cierto eso que le dijiste
a la señora que se acaba de ir, de que...
no te vas a volver a enamorar?
[timbre de teléfono]
No, no, no, ya conté,
ya volví a contar, ya reconté y sí, hace falta dinero.
[timbre de teléfono]
Pero a mí nunca me salen las cuentas mal.
¿Bueno?
¿20 cajas más?
Claro que sí, señor Rosenthal.
Sí, cuenta con nosotros, se las hacemos entregar.
¿Dónde está Carlos Julio?
Ay, no sé, se fue,
yo creo que aquí cerca porque no se llevó el coche.
Bueno, necesitamos entregar 20 cajas más,
y no solamente son las cajas,
es la confianza del cliente, no le podemos hacer quedar mal.
No, y ni modo que las llevemos cargando.
No, obviamente no se puede llevar cargando, tenemos...
Pero es que... Olga: Tal vez...
yo puedo ayudar.
[música]
¿Tú sabes manejar un coche?
Desde que alcancé los pedales, mi papá me enseñó.
Decía que en un caso de emergencia,
eso me podía salvar.
Esto es una emergencia.
Necesito que me ayudes a mandar estas 20 cajas de...
Pasteles, pasteles. Pasteles, pastel de... pasteles,
es una fiesta muy grande.
¿Pasteles o masajeadores femeninos?
[música]
Consuelo, sé perfectamente
que sigues con tu negocio inmoral.
Te escuché discutiendo con tu marido sobre estos aparatos.
¿Y qué vas a hacer?
¿Me vas a denunciar con la policía otra vez?
Olga: No estoy de acuerdo con tu negocio.
Pero entendí que a veces la vida nos lleva...
a hacer cosas inimaginables.
Lo siento, tomé esto.
¡Uy, es el dinero que me faltaba!
¡No solo eres una metiche,
eres una ladrona!
Pues no soy una ladrona
porque lo estoy devolviendo, y lo que hace falta,
lo tomé por una emergencia femenina.
Y pienso devolverlo tan pronto
como consiga un trabajo.
Ay, bueno, pues te lo voy anotando, Olguita, ¿eh?
Pa' que no se te olvide.
¿Y qué pasa si te digo que acabas de conseguir uno?
Matilde: ¡Ay, no! Sí.
¿Sí? Sí.
[música]
[tráfico de autos]
No me vas a decir que no.
A ver, tú has sido un amor conmigo.
Primero, los medicamentos
y ahora me traes hasta el trabajo.
Bueno, eso es para que la próxima vez
que juguemos tenis y te gane,
no le eches la culpa a tu tobillo maltrecho.
Bueno, pero me vas a tener que dejar
invitarte a cenar.
¡Y no voy a aceptar un no por respuesta!
Está bien.
Aquí está la dirección, entregas y te vas.
Perfecto. Consuelo: Bueno.
Y ni creas que te voy a decir "jefa".
[motor de auto]
No.
¿Estás segura de esto? [resopla]
No.
Es ahí.
[música de radio]
¿Trabajas aquí?
[música tensa]
¿Qué hace aquí?
Matilde: Los voy a dejar solos.
¿Cómo? ¿Qué?
Si me viene a buscar, que me encuentre.
Oye, ¿me acompañas?
Solo necesito checar unas cosas y ya.
[titubea] De verdad, no, no...
Ay, porfis, por favor.
Prometo que no nos demoramos.
Sandra: Me tardo un segundito.
¡Hola, ya regresé!
Voy a checar que queden
los pasteles y regreso.
[murmura] No me tardo.
[música romántica]
Consuelo, yo...
Consuelo: No hay necesidad de dar explicaciones.
De verdad.
De hecho, te felicito.
Te felicito de lo rápido que te has repuesto
de tu divorcio y de todo lo demás.
No es lo que te imaginas. Consuelo: ¿No?
La acompañaste al tenis,
la acompañaste ahorita al trabajo.
Cualquiera podría suponer qué es lo que sigue, ¿no?
No te culpo, aparte porque es linda.
Que estén muy felices los dos.
Tú eres la mujer que amo.
Eres lo mejor y lo más difícil que me ha pasado.
¿Y Sandra es...?
Fernando: A ver, solamente estoy tratando
de seguir adelante con mi vida, ¿eh?
Tú fuiste la que me pidió que me apartara, ¿te acuerdas?
Consuelo: Sí.
Fernando: Hay cosas que cambian.
Y cosas que no.
Y lo que siento por ti no va a cambiar.
Muchas gracias por hacerle compañía al doctor.
¿Necesitas algo más? Consuelo: No.
Sandra: Okay. Adiós.
Que se vayan felices.
Qué lindo tu vestido.
Gracias.
¿Listo? Sí.
Vamos.
[música melancólica]
[tráfico de autos]
[cierra puerta]
¿Qué haces despierta a esta hora?
¿Qué haces llegando a esta hora?
¿Estás celosa?
[susurra] ¿Celosa?
No.
Preocupada.
De que sigas malgastando nuestro dinero.
Consuelo, no estarás diciendo que yo...
Ahórrate todas las explicaciones
que estás a punto de darme.
Yo ya no quiero seguirme peleando contigo, Carlos Julio.
Así que encontré una solución.
De ahora en adelante,
todo el dinero que recaudemos del negocio
se va a meter una caja fuerte,
donde Matilde y yo
seamos las únicas que tengan la combinación.
No puedo creer que después
de tantos años de matrimonio desconfíes de mí.
Yo aprendí algo nuevo
en cada uno de esos años,
pero en particular en el último.
Carlos Julio: Pues quiero recordarte
que sin mí este negocio no sería lo mismo.
Estarías perdida.
Consuelo: Tan perdida
que he vendido cientos masajeadores,
y en la tarde me pidieron 20 cajas más,
¿y tú dónde estabas?
Carlos Julio: Baja la voz.
Baja la voz que Olga se va a enterar.
[susurra] Olga es quien entregó.
¿Por qué hiciste eso, Consuelo?
Te dejé ahí tu cobijita
y tu almohadita
para que ni siquiera tengas que subir.
Está muy rico tu whisky.
[música]
[motor de auto]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[timbre de teléfono]
[música melancólica]
[teléfono en espera]
[timbre de teléfono]
[música melancólica]
[comienza "Tu Falta de Querer"]
Hoy volví
A dormir en nuestra cama
Y todo sigue igual
El aire y nuestros gatos
Nada cambiará
Difícil olvidarte
Estando aquí
Oh, oh, oh
Te quiero ver
Aún te amo y creo
Que hasta más que ayer
La hiedra venenosa
No te deja ver
Me siento mutilada
Y tan pequeña
Oh, oh, oh
Ven
Y cuéntame la verdad
Ten piedad
Y dime por qué
¡No, no, no!
¿Cómo fue que me dejaste de amar?
["Tu Falta de Querer" termina]
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