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(jadeos)
(suena "Haciéndote el amor" de Los locos del ritmo)
(música continúa)
Theresa:
¡Guau, qué gran juego!
¡Deberían hacer mixtos dobles!
¿Y? ¿Otra partida?
No. No, yo creo que otra partida,
fácil, me da un ataque cardíaco.
Pero mejor en otro momento.
vamos a desayunar.
Lo siento, yo no puedo, tengo una consulta.
Pero si tus consultas no inician antes de las 10.
Lo sé, pero tuve que poner una consulta en la mañana.
El señor Del Río sigue mal con todo lo de la presión.
Yo tengo cosas que hacer para la boda,
entonces, no.
No puedo. Pero gracias.
Theresa:
- Buen juego. - Sí, igualmente.
(música suave)
Te quiero.
(música de inicio)
Este teléfono solamente para las llamadas del negocio.
Y este otro teléfono solamente
para las llamadas normales, las de la casa, ¿sí?
Es que, si doy mi número, es como si diera mi identidad.
De esta manera es lo más seguro.
Es un aparato muy sofisticado
y no se lo venden a cualquiera, ¿eh?
Con decirte que está hecho,
pues para el placer, el placer femenino.
- Imagínate... - ¿Cómo es posible
que pueda existir un aparato capaz de hacer sentir cosas
prohibidas?
Olguita, es solo un rumor.
Y dicen que lo están vendiendo en la colonia.
A mí no me consta, ¿eh?
Y por supuesto que yo también estoy muy preocupada.
¿Y quién es el degenerado que los está vendiendo?
Eh...
(aspiradora)
(motor al apagar)
¿Y sí servirá?
Ya le marqué tres veces del teléfono negro
al teléfono rojo y sí funciona.
Y, ¿sí darías bien el número de teléfono?
(teléfono suena)
Buenos días.
Está usted hablando con Carmelita Ventura.
¿Con qué puedo servirle?
Así es,
los batidores de huevo vibran.
No, no como taladro.
Carmelita Ventura.
Con estos batidores de huevo va a probar
los mejores pasteles que haya hecho.
Carmelita Ventura.
No, el batidor de huevo no es caro.
Es un producto traído desde Europa.
¿En qué le puedo asistir?
Sí, se lo mandamos directo a domicilio
y tienen instrucciones de que llegue directamente a usted.
Si usted no está satisfecha, le regresamos su dinero.
Sí, mañana lo recibe.
(teléfono suena)
Carmelita Ventura.
No, de ninguna manera puede venir a probarlo.
Pues úselo cuando todos estén dormidos.
Permítame, señora.
¿Crees que me iré al infierno
si le vendo un batidor a una abuelita?
Consuelo: Claro que sí, ahí mismo
en la Oficina de Correos puede dejar su depósito.
Cualquier pregunta, me marca.
¿Sí?
Gracias, que tengas un buen día.
Hasta luego. Gracias.
Hasta luego.
¿Y ese teléfono?
Este teléfono es solamente para el negocio.
Y solamente Matilde y yo lo vamos a contestar.
Nada mal la venta de batidoras de huevo, ¿eh?
No.
¿Con eso ya podemos regresar a nuestro colegio?
Primero la hipoteca, hijo, luego vemos.
Como hombre de la casa,
yo debería administrar ese dinero.
Lo voy a administrar yo, mi vida.
Y tal vez hasta cuando regrese tu papá.
Ve a hacer tu tarea, por favor.
¡Hija!
(teléfono suena)
¿Sí? Carmelita Ventura. ¿Con qué le puedo asistir?
(música suave)
Martha: ¿Han visto mis revistas "Panchi..."?
¿Qué haces?
¡No, no, no, no, no!
¡No lo hiciste! ¡Cecilia, eres...!
Mi mamá me dijo que ocupara
lo que necesitara para hacer mi tarea.
Ah, ¿sí?
No me importa, ya acabé.
¡No! ¡No, Martha! ¿Qué haces? ¡No!
¡Son mías, no!
¡Basta! ¿Qué hacen?
¡Ella destruyó mis revistas!
¡Ella arruinó mis patines!
¡No me importa, paren de pelearse!
Váyanse a su cuarto
y no bajen hasta que la comida esté lista.
¡Y sí, son frijoles otra vez!
Ay, luego me salió un cayo en la oreja.
¿Quién hubiera dicho que íbamos a tener tantas clientas?
Ay, por cierto,
ahorita hay que hacer el inventario.
Ya tengo...
los pedidos,
lo que se ha vendido
y lo que falta de entregar.
Ah, bueno.
(timbre de la puerta)
¿A esta ahora?
¿Quién era?
Un cliente.
¿Por qué tienes esa cara?
Es un hombre.
¿Qué?
- Buenas noches. - Buenas noches.
Me comentan que está buscando usted un batidor de huevo.
Solo que en este domicilio no aceptamos pedidos.
Siento el inconveniente, señora,
pero ya que estoy aquí y traigo el dinero,
¿no podríamos hacer una excepción?
Bueno.
Hagamos algo,
yo le marco al número
y le explico a su esposa cómo usarlo.
La verdad es que no es para mi esposa.
No estoy casado.
Entonces, ¿para quién es?
Es para mí.
¿Para usted?
Pero ¿qué le pasa? ¡Esta es una casa decente!
¡Hay niños en esta casa! ¡Más respeto!
¡Qué le pasa! ¡Bárbaro! ¿De verdad?
(Cecilia grita)
¡El monstruo de la laguna verde!
Dame las páginas que arrancaste de mi diario.
Yo no las tengo.
¿Qué?
¡Ay, no, no!
(tono de línea)
Cecilia: Se les olvidó colgar el teléfono de las ventas.
Ay, mi amor, yo lo descolgué.
Es que no paran de llamar.
Pero es que yo ya tenía que desayunar.
Oye, ¿tu hermana? Se le va a hacer tarde.
Ay, se fue a casa de Pedrito.
Que tiene un asunto que resolver.
¿Con permiso de quién?
¡No, no, no, no, no! No, no, no. ¡Señor!
¡Señor!
No. No.
Pedro: ¿Amor?
¿Por qué estás...?
Prométeme que si te llega una carta misteriosa,
la rompes o la quemas o me la entregas a mí.
¿Me puedes explicar qué pasa?
Mi hermana es una tonta
y me robó unos escritos y creo que te los envió a ti.
¿Y de qué son esos escritos?
Martha piensa: "Según mi prometido,
las mujeres no pensamos en eso,
pero yo me la paso pensando en
cómo será nuestra primera vez en la noche de bodas".
Mis votos matrimoniales.
Si el novio los lee antes de la boda,
es de mala suerte.
Y yo quiero que tú y yo tengamos
un matrimonio perfecto.
Chiquita, todo está bien.
Promesa de novio.
Si es tan importante para ti,
no los leo.
Ya cuando nos casemos
no vas a guardarme secretitos, ¿eh?
Consuelo.
Perdón.
Yo no creo que sea tan buena idea
que nos sigamos evitando.
A mí me parece maravillosa idea.
Lo que pasó el otro día en el consultorio...
No va a volver a pasar nunca.
No. No, porque yo...
Tú eres un hombre casado.
Y yo, una mujer casada, claro.
- No va a volver a pasar. - No va a volver a pasar.
(jadea)
(gime)
Fernando: Tenemos un trato.
Un placer, un gusto.
Eso.
Estimadas señoras,
vecinas, amigas.
Las he convocado urgentemente
por la amenaza que ha llegado a nuestra comunidad.
Alguien está vendiendo un producto
que invita a la lujuria.
Un aparato
que aleja de Dios
y acerca al diablo.
Bueno, pero no hay que preocuparnos aún.
Es un rumor, la gente habla mucho.
Un rumor que circula por todos lados.
Ay, sí.
Dicen que el aparato
pretende reemplazar a nuestros maridos.
¡Ah, no, no!
Por favor.
¿Alguien ha visto ese producto? ¿Sabe cómo es?
- No, no. - Theresa: No, ¿cómo es?
Olga: Es por eso que las reuní,
porque juntas
tenemos que averiguar quién es ese demonio.
Yo creo que es mejor que dejes de...
- Sí. - Esta es una colonia decente.
¡Aquí hay niños! ¡Por Dios, por favor!
Sí, claro, sí.
Garantizados.
Ay, permítame un segundo.
¿Bueno?
Sí, un momento, por favor.
¡Martha, te hablan!
Cuando guste volver a llamarnos, aquí estamos.
- Martha: Ya voy. - Sí, estamos a sus órdenes.
- Fuera de aquí. - Oblígame.
¡Fuera!
¿Bueno?
Sí. Sí, soy yo.
No entiendo.
¿Cómo que de la revista "Panchita"?
Yo no he mandando ningún escrito.
Tal vez se trata de un error,
fíjese que hay muchos bromistas hoy en día que...
¿Cómo que Panchita quiere conocerme?
No puede ser.
Claro que sí.
Son mis escritos, claro.
¿Mañana?
Sí, sí, mañana está bien. A la hora que quieran.
Voy a conocer a Panchita.
- Pero... - ¡Voy a conocer a Panchita!
- ¡Gracias, gracias, gracias! - Bájame.
Pues lo único que yo sé,
es que es un aparato que trajeron de Europa
y que solo se lo venden a mujeres.
Y dicen que la que los vende
es una mujer
y que ya hay algunas señoras de la colonia que han comprado.
- Nombres. - ¿Cómo?
Quiero nombres.
Nadie ha querido dar nombres.
Pero
lo único que sé
es que la que los vende se llama Carmelita Ventura.
Señora Olga,
dicen que el aparato funciona
y que hace sentir como, como placer. Ay, no sé.
El demonio se está apoderando de nuestra colonia.
(asiente)
Tenemos que hacer algo.
Theresa:
Un poco más a la izquierda
Ya.
- Fernando: ¿Ahí? - Ajá.
Y estamos en buen día del mes.
- ¿Qué? - No, espera.
Necesitamos más inclinación.
La cadera más arriba. ¿Sí?
¿Puedes pasarme una almohada...?
Fernando: A ver, hazte más para acá.
¿Ahí?
Ahí.
No, es que ya, es que ya me apagué, ya.
No, ya.
Es por, es por nuestro bebé.
(chicharra suena)
chica: Bolita, bolita, por favor.
Gracias.
¿Quieres jugar? Les falta uno.
¿Yo?
- Andrés: Vamos. - Obvio tú. Ándale.
- Y este, ¿qué te parece? - Ay, mi amor.
Es la percha, no el vestido.
No quiero parecer ni muy elegante
porque no es un evento elegante.
Es más del día a día.
Pero en "Panchita" hay un artículo que dice que
la elegancia es un hábito de una mujer, no una excepción.
Pero a la vez, en otro artículo,
habla sobre los colores indicados
para un evento social del día y...
Ojalá papá estuviera aquí.
Siempre sabía que decirme.
Igual tu opinión importa, mamá.
(música de piano)
Hagamos algo, la próxima vez que lo ves,
le preguntas.
Hoy voy a conocer a Panchita, mamá.
Hoy es un día muy especial para mí.
Panchita es la mujer más importante de mi vida,
de la que he aprendido todo lo que sé.
La segunda mujer más importante de mi vida.
Ay, es tardísimo.
La impuntualidad deja pésima impresión.
Eso también lo leí en un artículo
sobre los 12 hábitos que tiene que seguir una...
Martha Patricia.
Mi amor.
Tranquila.
Empieza a este lado, y yo atrás.
(suena "Negra consentida" de Bill Haley)
(música continúa)
Hola, buen día.
¿Estas son las oficinas de la revista "Panchita"?
Soy Martha Patricia Portillo.
La señora Panchita me está esperando.
(música continúa)
Pásale, mija.
Tú debes ser Martha Patricia.
Me alegra que proyectes
la imagen ideal de nuestra revista.
¡Guapa y fina!
Siéntate.
¿Es mudita o qué?
Creo que se trata de un malentendido.
Yo vengo a entrevistarme con Panchita
y su equipo de redactoras.
Estás frente a los escritores de la revista "Panchita".
Nadie mejor que nosotros sabe
lo que una mujer como tú necesita.
Por ejemplo, pásame, Panchito.
Ahora estamos escribiendo un artículo sobre cómo
cuidar un cuerpo perfecto.
hombre 1: La idea de este artículo
es dejar bien claro que una mujer debe ser bonita
para gustar,
para atender a su marido
y para procrear.
¿Qué sería del mundo si estuviera lleno
de mujeres feas?
Pues no habría humanidad.
Queremos que tú nos des ideas.
Y luego, pues un hombre del equipo
escribirá el artículo, ¿no?
Y dime, Martita,
¿ya tienes marido?
Creo que no es propio que
una dama como yo esté reunida con dos caballeros,
a quienes no conozco, y menos recibiendo consejos
de cómo ser mujer. Por lo que... Permiso.
Espérate tantito.
¿Cuántas revistas "Panchita" has leído, mija?
- Pues... - hombre 1: "Pues...".
¿Y cuántos consejos de los que nosotros hemos escrito
has seguido al pie de la letra, ah?
Mira, Panchito,
parece que sí es mudita.
Habla con las damas de la Vela Perpetua
para que estén atentas.
Sí, es que es muy grave que alguien esté atentando
contra nuestra moral vendiendo ese tipo de cosas.
Sí, es un peligro.
Debemos entregarla a las autoridades.
Ajá.
Sí, claro.
No, no he logrado averiguar nada más,
solamente que se hace llamar Carmelita Ventura.
Consuelo: ¿Sí sirve?
Nadie nos va a llamar. No después de la junta con Olga.
Ya, se nos acabó el negocio.
¿Será?
Nadie se va a arriesgar a que la linchen
por comprar uno de nuestros batidores de huevo.
Ay, finalmente estábamos empezando a hacer dinero.
Yo creo que hay que esperar a que,
pues se les olvide.
Este tipo de cosas no se les van a olvidar.
No, ya no vamos a volver a vender.
Roguemos que ninguno de nuestros clientes nos delate,
porque si se enteran que fui yo, o que fuiste,
bueno, fuimos nosotras,
ahí sí, ahí sí se nos va a armar.
Alerta, vecina.
Cuidado con esto.
Martita, qué bueno que te veo,
¿cómo estás?
No sé si tu mamá ya tuvo oportunidad de comentarte
sobre un peligro que acecha nuestra colonia.
No, no me ha dicho nada.
Alguien está vendiendo aquí mismo
un aparato que es obra del maligno.
Un aparato que las mujeres usan
para el pecado y la lujuria,
para darse placer, ¿sí?
¿Sabes de lo que te hablo?
Claro. Gracias, doña Olga.
No, pero espera.
Si alguien te llega a ofrecer esto,
nos tienes que avisar.
Andrés: Mamá,
- ya llegamos. - Consuelo: Estoy acá.
Lávense las manos, por favor,
y le piden a Matilde que les haga algo de comer.
¿Cómo pudiste engañarnos así?
Eres una indecente. Una pecadora.
Perdón, ¿por qué me estás hablando así? ¿De qué hablas?
Es el batidor de huevos.
¡Ah!
¿Masajeador femenino?
¿Y qué se van a masajear?
Martha: ¿Cómo pudiste?
Es inmoral, es ilegal. Es...
¡Con razón mi papá te abandonó!
Cecilia: ¿Qué es un masajeador femenino?
Martha: Nada, vete a tu cuarto.
Te vas a ir al infierno
y nos vas a llevar contigo.
¡A ver! ¡No tienes idea de lo que estás hablando!
¡Lo hice por el bien de ustedes,
lo hice por el bien de nosotros!
Vámonos.
- ¡Martha Patricia! Déjame... - No, ni te atrevas.
No puedo creerlo, mamá.
(música inicia)
Hoy volví
A dormir en nuestra cama
Y todo sigue igual
El aire y nuestros gatos
Nada cambiará
Difícil olvidarte
Estando aquí
Oh, oh, oh
Te quiero ver
Aún te amo y creo
Que hasta más que ayer
La hiedra venenosa
No te deja ver
Me siento mutilada
Y tan pequeña
Oh, oh, oh
Ven
Y cuéntame la verdad
Ten piedad
Y dime por qué
No, no, no
Cómo fue
Que me dejaste de amar
(música se desvanece)
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