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(música instrumental)
(continúa música instrumental)
(continúa música instrumental)
(jadeos de sorpresa)
(continúa música instrumental)
Luci: Parece que doña Olga va a tirar la casa por la ventana, ¿verdad?
¿Y con eso que hoy todas sacaron cita?
Dicen que hasta Silvia Pinal va a ir.
Bienvenida, señora Olga.
(secadoras encendidas)
¿Será que me metes un ratito más a la secadora?
Luci: Pero se va a quemar el sombrero.
Ahorita me lo quitas.
(música)
Las rosas ahí encima, por favor.
Más copas, Ana.
Pero ¿y esto qué es?
Yo no dije globos amarillos,
yo dije globos dorados.
No estamos celebrando la llegada de la primavera.
Estamos celebrando mi cumpleaños.
Joaquín: ¿Qué pasó? ¿Por qué tanto grito?
Porque esos no son los globos que yo pedí.
Los dorados eran importados y no alcanzaban a llegar.
Pues no me gustan, son horribles.
Quítenlos.
Olga: Si no son dorados, que sean...
blancos.
¿A quién le importa el color de unos globos?
Todo tiene que estar perfecto.
(abren puerta)
Matilde: A ver.
Fue el más barato que conseguí en La Merced.
Está medio...
Huele un poquito a detergente.
Está perfecto.
Oye.
¿Por qué quieres ir a la fiesta de esa...
señora?
Porque sería peor no ir.
Y, aparte, a mí no me van a sacar de ese círculo social.
No nos conviene.
Consuelo: Uy, huele fuerte.
(murmura) Bueno, a ver.
Mira, como nuevo.
(música)
¿Mmm?
(timbre) ¿Me compras un tamal?
¿Con qué dinero, genio?
(risas)
Ya, camina.
¿Qué demonios les pasa? (resopla)
Hola, buen día.
Quién me vuelva a hacer esto, lo mando a su casa, ¿entendido?
Váyanse a su salón.
Luisa.
Ven, por favor.
¿Yo?
Los demás a su salón, por favor.
Luisa: Obviamente, no fui yo.
Pudo haber sido cualquiera.
Nadie lo soporta.
Directora: Mira, Luisa, a ti tus compañeros te respetan.
Hacen exactamente lo que tú les dices que hagan.
Por eso necesito que me ayudes para que Andrés Portillo se integre a la escuela.
- Luisa: ¿Yo? - Sí.
No, no, a mí póngame a hacer otra cosa, a lavar los baños,
a barrer, limpiar ventanas, lo que quiera, pero eso no.
Casualmente, tengo aquí la lista de asistencias.
Mjm.
Sí sabes que a las tres faltas te vas extraordinario, ¿verdad?
Eso se llama chantaje, señora directora.
No, no, no, se llama: "Tú me ayudas y yo te ayudo".
Piénsatelo.
Consuelo: Ay, ya no quiero hacer esto.
Pero otra vez estoy en ceros.
Matilde: El dinero que te presté.
Consuelo: Ya me lo gasté.
¿Cómo voy a vender todo esto?
Con lo Dinorah ni siquiera voy a poder estarlo ofreciendo así nada más.
Buenas tardes.
- ¿Qué tal, vecina? - Consuelo: Hola, vecina.
Estamos renovando la casa.
(vecina exclama) ¿No es maravilloso estrenar?
- Claro. - Consuelo: Sí.
(música)
Ey. (silba)
(susurra) Apúrense, por favor. La última caja.
¡Balón!
Andrés: Ni creas que me voy a dejar patear, ¿eh?
Así seas mujer, deberías de respetarme con mayor razón.
Pues si le pegas a una mujer, seguramente te expulsan.
Pues me harían un favor.
No quiero estar en una escuela donde me odian solo por ser rico.
No te odiamos por ser rico.
Te odiamos por pendejo y por sangrón.
Si de verdad es que ni tú te aguantas los aires de grandeza que traes.
Andrés: No es que sea sangrón, solo pertenezco a otra clase social.
¿Ves?
Es que ese es tú problema, que te sientes superior a los demás.
Claro que no.
Luisa: Aquí no nos importa
ni tu dinero, ni tu clase social ni tus viajes.
Aquí eso no te hace especial.
Entonces, ¿qué hago?
Podrías...
volver a nacer.
O algo mucho mejor.
Dejar de comportarte como un idiota
y dejar de tratar como inferiores a los demás.
La misión de las esposas
es hacer sentir bien a sus maridos
en todo momento y en todo lugar.
Esa es la clave de la armonía del hogar
y de poder tener una familia feliz.
(piano)
Maestra.
¿Y es posible,
es solo un ejemplo,
es posible que aunque la esposa haya hecho todo bien
y haya hecho sentir bien a su marido, la...?
¿La deje?
Martha: Sí.
Jum.
Los hombres siempre van a querer irse, cariño.
Es nuestra labor como esposas
darles motivos para quedarse.
Que lo hagan depende de nosotras.
Ay, todos estos vestidos ya me los conocen.
Ay, ¿y qué?
Nadie se va a dar cuenta.
Claro que se van a dar cuenta.
Y ahora gracias a Olga,
todas están enteradas sobre mi situación,
y las que no, se van a enterar ahorita.
Ay, pues sí, pero si va a haber tantas mujeres,
puedes encontrar futuras clientas, ¿no?
O mis futuras verdugos.
(suspira)
No es fácil, Matilde.
Ignorar la idea de que sé
que todos están hablando mal de mí.
Podemos combinarlos.
¿Qué?
Los vestidos.
Matilde: Mira, le ponemos la falda de este
que tiene muy buena caída, ¿mmm?
Y este...
queda bien para arriba.
Perdón, pero es la peor pronunciación
que he escuchado en toda mi vida.
Pues, puede que yo no sepa hablar inglés,
pero por lo menos sé hacer cómo me respeten.
Así que, ¿a quién crees que le va a ir peor en la vida, a ti o a mí?
Andrés: Luisa, espera.
Yo estudié varios veranos en Canadá.
Si no fuera por eso y mi escuela bilingüe,
seguro hablaría como tú.
¿Ya te diste cuenta?
Esto es una escuela pública,
no una de paga donde puedes exigir.
Así que te acoplas a lo que hay.
Andrés: Bueno, está bien.
Entonces yo podría enseñarte.
Soy lo que hay.
Así tú tratas que no me rompan la madre
y yo que algo se te entienda en inglés.
Eres un tarado, Balón.
Pero un tarado que habla inglés.
(música)
Consuelo: A ver.
Amor, ¿sabes lo que estaba pensando?
¿Por qué no me acompañas a la fiesta de Olga?
Ya es momento de que te integres con las señoras de la colonia.
Al fin y al cabo, estás a punto de convertirte en una de nosotras.
(titubea) Me encantaría, pero...
no puedo.
Quedé de ver a Pedro y tengo que practicar lo que aprendimos en el curso de hoy.
¿Van a practicar a ser esposos?
Martha: Bueno, voy a practicar a ser una esposa perfecta,
que es diferente.
O sea una esposa tonta.
- ¡Ven acá, escuincla! - ¡No le digas así!
- ¿Por qué siempre se pelean...? - Martha: Ven acá.
¿Me lucí o qué?
Muchísimo. (timbre)
Matilde: Tocan.
(música animada)
¿Quién era?
El banco.
¿Qué quieren?
(jadea)
¡Ay, lo va a romper!
¡Cuidado con eso, por favor!
- Vecina. - Vecina.
Lo bueno de hacer remodelaciones es que
puedes agarrar lo que ya no usas
y donarlo para los pobres.
Claro. Nos vemos en la iglesia.
Siempre, vecina.
Martha: Ya me voy a mi...
Qué lindo vestido.
No te lo había visto, ¿es nuevo?
Hoy ameritaba estrenar, mi amor.
Parece que las batidoras no son tan mal negocio.
Bueno, ya me voy.
Eh, Martha Patricia.
Antes de las 10.
Ni un minuto más.
- Sí. - Consuelo: Mi amor.
Cuida que Ceci no incendie la casa, por favor.
Sí.
Matilde: Eso es mucha responsabilidad para la niña.
(ríe) Ni siquiera yo te lo puedo prometer.
(ríe)
(Matilde suspira)
Ya tienes tu vestido.
Ya tienes el regalo.
¿Y esa cara?
Es la primera vez que voy a una fiesta sin Carlos Julio.
(música melancólica)
Pero te ves muy bonita.
Ándale.
(choque de copas) Consuelo: Gracias.
Olga: ¡Consuelo!
- Ay, pero mira. - Ay.
Qué emoción que hayas podido venir.
No me lo hubiera perdido por nada en el mundo.
Toma.
Ay.
Gracias, pero no era necesario.
Para qué te pusiste en esto.
Con tu presencia era más que suficiente.
Lo acabo de traer de Francia.
¡Ay, no! ¡Qué hace esto aquí!
Ay.
Qué delicia, déjame ver.
(suspira)
Olga: Es una delicia. (ríe)
Olga: Ay, bueno,
te dejo porque, bueno,
ya sabes cómo es esto de ser anfitriona.
- Consuelo: Sí, claro. - Joaquín: Olga.
Es de Consuelo.
Algo tiene que haber vendido porque esto es costosísimo.
(música de fonógrafo)
(en inglés) ¡Consuelo! Mírate.
(ríe)
(Theresa en inglés) Me encanta.
- ¿Cómo estás? - Theresa: Bien.
Consuelo: ¡Ay, amigas!
Hola.
¿Cómo están?
mujer: ¿Ya se enteraron?
Dicen que Silvia Pinal va a venir.
mujer: Ay, espero que llegue antes de que me vaya,
no alcanzo al pastel.
Sergio tiene que preparar
un curso de ventas que va a dar en estos días
y en mi casa.
Tengo que organizarlo todo.
Ya saben, un montón de hombres
hablando de cómo hacer para vender más.
- Qué aburrido. - mujer: Sí.
¿Sergio da un curso de ventas?
mujer: Sí, es para las aspiradoras.
El negocio de su familia.
¿Qué enseñan en esos cursos?
Como si a uno el marido le contara de sus negocios.
(todas ríen)
Sí.
Voy por un Martini.
Sí, ah, ¿me traes uno?
- Claro. Claro. - Gracias.
Sí... (Theresa ríe)
(murmullos)
Olga: No, no, no, no, no, no, no.
Discúlpame, Consuelo,
pero aquí están reunidos los hombres.
Entenderás que con tu nueva...
situación,
no es conveniente.
Ya sabes que la gente es muy malpensada.
(puerta cierra)
(ríe entre dientes)
(conversaciones indistintas)
Olga: Es que lo de Lucrecia fue terrible
porque imagínese,
era una de nosotras.
mujer 2: Y dicen que ahora es peor
porque ahora ella se quedó
a pescar otro marido que la mantenga.
A mí me parece
que el vestido verde...
¿De quién hablan?
Parece que de una mujer.
Le dicen, ¿la nueva Lucrecia?
¿Te gustó el perfume?
Demasiado.
mujer 2: Por supuesto que sí.
Olga: ¿Qué le parece?
Está tentando a todos los maridos.
(solloza)
(música)
Theresa: Consuelo, ¿estás bien?
Soy yo, Theresa.
Déjame entrar.
(continúa música)
Ningún matrimonio es perfecto.
Ni el de ellos lo es,
ni el mío tampoco.
Yo también tengo problemas.
Pero no se lo he contado a nadie.
Pero tengo miedo
que Fernando me abandone.
Porque lo hemos intentado durante meses y...
Y una mujer que no puede ser mamá
no es buena esposa.
Ay.
(suena "Las Mañanitas" en mariachi)
(suena rock soul)
¿Y esa mirada, querida?
Es que no puedo creer la suerte que tengo.
De que se haya fijado en mí el hombre más bueno,
el más fuerte, el más guapo e inteligente.
Además, estoy muy agradecida de que no te haya importado
lo que pasó con mi familia,
y nuestro amor siga siendo el más especial.
Eh, sí.
(carraspea) Hablando de eso,
¿pudiste hablar con tu mamá?
¿Pudo localizar a tu papá?
Mi mamá ha estado preguntando mucho y...
tu papá tiene que estar el día de la boda.
Porque si no, ¿quién te va a entregar?
(ríe) Este,
todo eso no te preocupes.
Mi mamá ha estado hablando con él y parece que va a volver pronto.
Nuestra boda va a ser perfecta.
(suspira) Está bien.
Voy por unos refrescos, ¿mm?
Martha: Sí.
(puerta cierra)
(suena The Platters)
"Hacer sentir bien a mi marido".
hombre: Y el marinero dijo:
"Entre la ciega, la sorda y la muda, me quedo con la muda.
Es la única que no me va a decir nada
si le miro las nalgas a las otras dos".
(hombres ríen)
Si uno no tiene la fortuna de estar casado con una muda,
hay que hacer como hizo Carlos Julio,
quién sabe qué le hizo su mujer
- para aburrirlo así. - hombre 2: Envejecer.
(ambos ríen)
Con permiso.
(música en el fondo)
(Consuelo tose)
Fernando: El aire de la fiesta está muy denso y
créeme, no es por los puros.
Se pone peor, créeme.
¿Así de pesados son?
(resopla)
A veces necesitas que la vida te agite un poco
para que te des cuenta, pero...
son mis amigos.
Y mis pacientes.
(suspira)
- ¿Quieres? - No, gracias.
¿No?
Eh...
¿Sí?
Consuelo: A ver, dame uno.
(tose)
¿Estás bien?
(tose)
¿Sí?
(ríe) Nunca había fumado.
A mi marido no le gustaba que las mujeres fumaran.
(tose)
Pero, bueno, ya no está aquí para regañarme.
Fernando: ¿Te puedo dar un consejo?
En vez de dar la bocanada de golpe,
hazla un poquito más suave.
OK.
Eso.
(ríe) Gracias.
Ay, ya no parezco una idiota tosiendo.
(carraspea)
Ahora soy una idiota por otras cosas, como por lo de mi marido.
La verdad es que no conozco a tu marido, pero...
pensaría que si no sabe apreciar una mujer como tú...
el idiota es él.
(titubea) Yo ya me tengo que ir.
Mi hija se fue, salió con su prometido
y no quiero que la casa esté sola cuando ella llegue.
Oh.
No, no, yo (titubea) puedo caminar, está aquí a unas cuadras mi casa.
No, no, no.
De ninguna manera te vas a ir sola.
Nosotros te llevamos.
Con todo gusto.
Bueno.
Gracias. (en inglés) Vamos.
- ¿Fumas? - Theresa: Oh, no.
No, no, no. No hace bien a los bebés.
- Consuelo: ¿No? - Theresa: No, no, no.
(música)
(continúa música en radio)
(jadea) Espera.
Todavía no eres mi marido.
(titubea) Yo no...
Ya falta poco para nuestra noche de bodas.
Entre más esperemos, más especial será.
(suspira)
Lo que pasa es que... entiéndeme.
Soy hombre, tenemos impulsos.
Para ti es más fácil porque...
pues, ustedes las mujeres no andan pensando en eso.
(continúa música de radio)
¿Nos vamos ya para la casa?
Mi mamá dijo que hasta las 9.
(susurra) Bueno.
(motor enciende)
- Gracias por traerme. - Con cuidado.
(ambos se sobresaltan)
(música)
¿Estás bien, darling?
- Sí. - ¿Sí, sí, está bien?
Sí, gracias, sí, sí todo bien.
Gracias por traerme.
Con mucho cuidado.
- Muchas gracias. - Theresa: Bye.
(Fernando carraspea)
(música)
Bueno.
(suena "Chica alborotada" de Los Locos del Ritmo)
Es mi chica alborotada
Es un poquito alocada
Y si acaso tú la buscas
Te dirá que tú le gustas
Martha: "Según mi prometido, las mujeres no pensamos en eso.
Pero yo me la paso pensando en cómo será nuestra primera vez
en la noche de bodas".
Te pones a temblar Falda a la rodilla
¡Qué pantorrila!
Martha: "El momento indicado será cuando nuestras miradas se encuentren
y el mundo desaparezca.
Nuestro cuerpo soltará a la mente.
Y le entregará la magia que hay entre los dos".
Es mi chica alborotada
Y nunca cambiará
(vibraciones)
- Con cuidado que está un poco... - Sí, está un poco... ¡Ay!
(continúa "Chica alborotada")
Si la miras caminar
Te pones a temblar
Falda a la rodilla
¡Qué pantorrillas!
Si la llevas a bailar
Baila a todo dar
Baila el rock and roll Te baila a ti también
- Esa chica alborotada - El coche.
Es un poquito alocada
Es mi chica alborotada
Mejor.
Y nunca cambiará
Esa chica alborotada
Es un poquito alocada
Martha: "El ritmo de nuestros corazones comenzará a acelerarse
y nos uniremos hasta ser solo uno".
(continúa "Chica alborotada")
No seas
No, no, no seas
Tan coqueta
Es mi chica alborotada
(gime)
Y nunca cambiará
Es mi chica alborotada
Mi chica alborotada
(timbre de teléfono)
(timbre de teléfono)
(timbre de teléfono)
¿Bueno?
(respiración)
¿Bueno?
(respiración)
Ya mudito, contéstame.
(continúa respiración)
¿Eres tú, papá?
(suena "Tu falta de querer" de Mon Laferte)
Hoy volví a dormir en nuestra cama
Y todo sigue igual
El aire y nuestros gatos, nada cambiará
Difícil olvidarte estando aquí
Te quiero ver
Aún te amo y, creo que hasta más que ayer
La hiedra venenosa no te deja ver
Me siento mutilada y tan pequeña
Ven
Y cuéntame la verdad
Ten piedad
Y dime por qué
No, no, no
¿Cómo fue que me dejaste de amar?
(termina "Tu falta de querer")
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