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Zulu
"Amado mío,
te prometo que seré la mejor esposa..."
Martha Patricia: ¡Devuélvemelo, escuincla!
-¡Ceci, Ceci! -¿Lo quieres? ¿Lo quieres?
Matilde: Dale eso a tu hermana.
¿Qué es esto, mamá?
(música de tensión)
(sonido de vibraciones)
Consuelo: Cien por ciento modernas,
la tecnología de las nuevas batidoras de huevo.
Es un producto que trajo su tía Ingrid
y yo lo voy a vender aquí en México.
No puede ser, no bate bien.
Ahí vas muy bien, mi amor. Eso.
Voy a ser la peor esposa del mundo.
No puedo ni batir un huevo.
¡No, mi amor, ey!
¡Martha Patricia!
(música cómica)
(sonido de vibraciones)
¿Alguien más quiere intentar?
(campanita)
(música termina)
Matilde: Ya está listo el desayuno.
Pero Marthita no quiere desayunar.
Dice que no tiene hambre.
Está bien azotada.
Le voy a hacer un té.
¿Y cómo no va a estar afectada mi hermana?
Si no hay dinero,
no hay boda.
Y aquí en el estudio
no veo que esté escondido un tesoro.
Sí va a haber boda, mi amor.
¿Ah, sí?
Dime.
¿Cómo piensas pagarla, mamá?
¿Vendiendo tus batidoras de huevo?
Exactamente.
¿No que te caía mal la tía Ingrid?
Eso no importa, mi amorcito.
Ahorita lo único que importa
es que, desde que se fue su papá,
yo soy la cabeza de esta casa.
Y yo voy a hacer lo que sea para sacarnos adelante.
¿Te ha llamado papá?
No.
Pero a los hombres hay que darles su tiempo.
(suspira)
(exclama) ¡Ahora sí, ahora sí!
¡Ay, bien! ¡Muy bien, mi a...! ¡Ey!
Bueno, ustedes nada más preocúpense por la escuela,
yo me preocupo por lo demás.
Solo que va a haber...
unos ligeros cambios.
(música animada)
(niños jugando)
No, ma.
¡Esto es una escuela pública!
¿Qué van a decir mis amigos? Voy a ser la burla de todos.
Mira, ya lo eres.
¡Ey!
Nadie tiene por qué enterarse.
Es nuestro secreto.
(niños jugando)
Vamos a decirles que están...
tomando un curso privado en la casa, con tutores.
Ay, mamá,
con lo chismosas que son en la colonia,
ya seguro todos saben.
¡Ya!
No vamos a hacer caso a rumores ni chismes.
-¿Entendido? - Entendido.
-¿Entendido? - Entendido.
- Muy bien. -¡Ya!
Vámonos.
(niños jugando)
directora: Ay, buen día.
Buen día.
directora: Andrés y Cecilia, ¿verdad?
Bienvenidos.
Les estoy permitiendo entrar a la mitad del año
porque vienen muy recomendados por Matilde,
a quien yo aprecio mucho.
Bueno, a ella y a su panque de plátano.
De hecho, le manda estos.
Y la saluda con mucho amor.
(se emociona)
Van a tener que ponerse al día
con todos los trabajos y todas las tareas
de todas las materias, ¿está bien?
Sí, porque mis hijos
son muy buenos estudiantes, ¿verdad?
Ay, pues me alegro mucho de escuchar eso.
Vengan, acompáñenme.
(música cómica)
(Consuelo susurra) Ya. Sonríe.
¿Y las instalaciones deportivas?
Ah, pues esta es nuestra cancha de fútbol.
¿Fútbol?
¿Quién juega fútbol?
¿Y las canchas de basquetbol, voleibol?
¿Y la pista de atletismo?
Bueno, pues, esta es nuestra cancha multiusos.
Se adapta a todas nuestras necesidades.
¿Quieres un pedacito?
Yo necesito espacios deportivos decentes,
no esto.
Mi amor, todos tenemos que hacer sacrificios.
Y a ti te toca cuidar a tu hermana.
Así que, vas, por favor. Vas.
Andrés: ¡Cecilia, espera!
Tienes que cuidarte de esta gente.
Son muy diferentes a nosotros.
Así que, cualquier cosa, me llamas.
Sí, ya sé.
Ok, ¿entendiste?
Sí.
(música termina)
¡Hola, vecina!
Vecina, ¿qué tal? ¿Cómo estás?
Hoy no fueron tus niños a la escuela.
No, porque decidimos meterlos en clases privadas.
¿Y eso?
No les estaba gustando la escuela.
Y ya sabes, no hay nada mejor que tutores europeos.
¿De dónde?
De Alemania.
Bueno, yo ya me tengo que ir, vecina,
luego nos vemos.
Hasta luego.
Matilde: Sí, se ve horrible.
Martha: No voy a tener boda. No voy a tener boda.
Ay, ¿ya la viste?
Martha: No voy a tener boda.
-¡Vela bien! - Consuelo: Pues...
No ha salido de su cuarto.
Ni siquiera le contesta las llamadas al niño Pedro.
(se espantan)
Hija.
Por Dios, báñate, por favor.
Ya, nos tenemos que ir.
No quiero.
Consuelo: Ya sé que no quieres,
pero te tienes que arreglar. Por Dios.
(susurra) Ayúdale, ándale. Ayúdale.
Matilde: Marthita...
Martha: Déjame, Matilde.
Marthita, de a poquito a poquito, mi amor.
Poquito. Ah, la cabecita.
Uy, uy, uy. Saca la pata, ya.
(Martha queja)
¿No tienes nada mejor que hacer
que andar de pegoste?
Te estoy cuidando.
Este lugar no es seguro.
¿Quién fue el idiota que aventó esto?
estudiante: Yo, ¿por qué?
Ten más cuidado, hay niñas presentes.
¿Por qué en lugar de jugar al héroe
no vas a ver si la marrana ya puso sus puerquitos?
(música cómica)
(música termina)
Theresa: Y ya sé, que si no te traigo tu lunch,
te olvidas de comer.
Y esta noche no te demores en llegar.
Porque estamos en esos días
en que podría visitarnos la cigüeña.
(ríen)
- Consuelo, ¿qué haces por aquí? - ¡Theresa!
¿Todo bien, darling?
Sí, perfecto.
Traje a Martha Patricia, es mi hija,
la más grande de los tres.
(ríen)
Se estaba sintiendo un poco mal.
(susurra) Está flaquita y no come.
Yo creo que son los nervios de la boda.
Theresa: Me imagino.
¿Y si vienen a las cuatro a tomar el té?
Voy a preparar...
Ay, qué rico.
No podemos.
Tenemos muchas cosas que hacer con la boda.
El florista y...
Entiendo, otro día será.
Otro día.
Señora Consuelo de Portillo, siga, por favor.
Gracias. Con permiso.
Respira hondo.
Exhala.
Otra vez.
Exhala.
(música romántica)
Exhala.
(voz mitigada) La verdad es que te escuchas perfectamente.
(música romántica incrementa)
Con respecto a la falta de apetito,
¿te has sentido bien del estómago?
(música romántica incrementa)
¿Has sentido inflamación?
(voz al fondo) Consuelo.
Consuelo.
Consuelo.
(música se para abruptamente)
(exhala) Ay, es que hace mucho calor acá adentro.
Hace mucho.
Le decía que no veo ningún problema,
no hay de qué preocuparse.
Te lo dije, mamá.
doctor: Bueno, como sea,
le voy a recetar unas vitaminas que, además,
le van a ayudar con los nervios.
Perfecto. Ha estado muy nerviosa por la boda.
Me imagino.
Pues no tienes de qué preocuparte, muchachita.
Todo va a estar bien.
Y, por cierto, muchas felicidades.
Gracias.
Listo.
Aquí está. Si persisten las molestias,
este, por favor, avíseme.
Igual, también si le llega a doler algo más,
la cabeza...
O llega a tener otra molestia, por favor, también...
no duden en avisarme.
Sí. Sí, doctor.
A ver cuándo nos echamos otra partida de tenis.
(ríe)
Gracias.
Martha Patricia.
¿Para qué me trajiste?
Solo querías exponerme, ¿verdad?
Mi amor, estoy preocupada
porque no estás comiendo.
Todos me preguntan cosas de la boda y yo...
Yo ya no sé ni qué decir, mamá.
Tranquila, vas a tener una boda.
Tal vez un poco más sencilla, pero una boda al fin.
¿Cómo que más sencilla?
¿Qué van a decir, mamá?
Ay, ya, por favor, tranquilízate.
¡Vete a tu curso! Yo me encargo.
¿Quién se va a rifar de delantero el siguiente partido?
- Yo digo que Chepe o Ramón... -¡Hola!
¿A quién de ustedes le gusta el polo?
Se están muriendo por saber que están enfrente
del capitán del Chapultepec Polo Club.
- Por favor. -¡Oigan, esperen!
¿Saben qué es esto?
chica: Un dólar.
¿Y saben qué es esto?
Un pendejo.
(ríen)
Y si eres hija del Huracán Ramírez,
¿por qué no te apellidas Ramírez?
Pues porque ese no es su nombre real,
es su nombre artístico.
¿Nos enseñas una de sus llaves?
Pon tu mano aquí.
Aquí.
¡Aquí!
(se queja)
¡No, suéltame, ya!
(grita)
(música cómica)
Olga: ¡Ay! Listo, ya.
Querida.
Me voy.
Mi marido me invitó a comer al Prendes.
Ay, disfruta mucho, querida.
Ay, gracias.
Luci: Hasta luego, señora Olga.
Ay, qué presumida, no sé cómo la soportas.
Olga es buena amiga.
Te decía de Margarita Cortina.
¿Puedes creer que tuvo que correr a la sirvienta
porque se puso su ropa?
Pues hizo bien en correrla.
Y luego la pobre Graciela
que tuvo que casar a la hija
porque se comió la torta.
Sí, ese ya me la habían contado.
Ya sabes que luego la gente habla mucho.
(asiente)
¿De las demás? ¿Nada?
Ay, Dinorah.
La pobre viene todos los días a cambiar de peinado.
Pero ni aunque se ponga un perico en la cabeza,
su marido le hace caso.
Ay, ¿y eso por qué?
Porque el hombre viaja mucho.
Ella cree que anda con otra,
porque en la intimidad
ya no le cumple como hombre,
¿sí me entiendes?
Está lindo el color.
(música animada)
¿Problemas con tu marido?
Yo tengo la solución.
(música animada continúa)
Yo te entiendo, querida.
Pero hay otra alternativa al cariño de un hombre.
¿Cómo que cariño de un hombre? ¿Qué es eso?
¿Qué es eso? No digas eso.
(exhala)
¿Te puedo dar un consejo?
¿De mujer a mujer?
Eso está bien, "mujer a mujer" me gusta.
(música animada continúa)
Matilde: Te busca la señora Dinorah.
Gracias.
(gime)
Está buenísimo este panque.
Tienes que darme la receta.
Ay, lo siento, no puedo.
Es mi secreto mejor guardado.
Qué malvada. (ríen)
Te agradezco tanto que me hayas invitado.
No soy de muchas amigas como tú y Olga.
Mira, no tienes nada que agradecer.
Tenía tiempo queriéndolo hacer,
solo no se había dado la ocasión.
Ahora que Carlos Julio está viajando tanto...
Mi marido también está de viaje.
Ay...
Aunque, bueno, eso ya no es una novedad.
¿Viaja mucho?
Pues cada vez pasa menos tiempo en casa.
(carraspea) Pero ya sabes,
eso es cosa de hombres, los negocios y...
Sí, no, no sabes como te entiendo, perfectamente.
De hecho, ahorita mi esposo está en uno de esos viajes largos.
Matilde: ¿Quiere más panquecitos?
Pues sí, gracias.
(ríen)
(gime)
Muy bien, mis queridas.
Vamos a repasar las reglas de la esposa amada.
Vivi.
-¿Cuál es la primera? - Vivi: ¿Sí?
La primera regla, maestra,
es siempre tener la cena lista
para cuando nuestro esposo llegue del trabajo.
La dos, Marthita.
(titubea)
Martha.
No hables de temas de hombres que...
(titubea) No, esa es la seis.
La tres es...
es algo con la cena o con el orden del hogar.
¿Estás bien?
Te noto muy distraída.
Sí, sí, todo bien.
Hoy vamos a repasar la regla número cuatro
que es muy importante:
nunca jamás quejarse.
Siempre deben recibir a su amado esposo arregladas...
y con una sonrisa.
Marthita...
Yo creo que él tiene una amante
porque hace mucho que él y yo no...
Y mira que él tiene sangre tropical.
Y, bueno, aquí donde me ves...
soy fogosa.
En el buen sentido marital.
- ¿Sí me entiendes? - Ah, sí.
Y no es que uno quiera todo el tiempo a toda hora,
pero es que, si no llevo mal las cuentas,
hace un año, siete meses y...
cuatro días que Octavio y yo nada de nada.
Te entiendo.
Sí, yo también con los viajes de mi esposo,
también pasamos por temporadas de sequía.
- (susurra) Igual. - Sí.
Pero ¿te puedo dar un consejo?
Digo, de mujer a mujer.
Por supuesto.
(música)
¿Es eso lo que creo que es?
(tintineo)
¿Es uno de esos masajeadores femeninos íntimos
que venden en Europa?
Los tengo a la venta.
¡Cómo te atreves a ofrecerme cosas del demonio!
¿Qué clase de mujer crees que soy?
¿Una cualquiera? Pues no.
Ya veo que tú sí lo eres.
-¡No! -¡Eres una pervertida!
- ¡Degenerada! -¡No, no!
¡Este un malentendido! ¡Yo nunca quise...!
- Déjame explicarte. - No, mira, ¿sabes qué?
Esto se lo voy a decir al padre Genaro.
Somos una colonia decente,
no Sodoma y Gomorra.
Pe...
(puertazo)
¿Fuiste a la pelea de tu papá?
Sí, yo voy a todas sus peleas.
A ver, ¿contra quién luchó?
- Fue, fue con el... - Hola, soy Andrés,
hermano de Ceci.
¿A poco son del mismo papá?
Claro, yo soy igualito a él.
¿Qué te pasa?
¿Qué les pasa a todos?
Te pusieron de apodo "El Balón".
¿Por qué?
Porque es al que todo mundo patea.
(niños ríen)
Matilde: Pues ya, dime.
Me tienes con el Jesús en la boca.
Matilde, yo...
Matilde: Tú...
(titubea)
(suspira)
Los batidores de huevo
no son batidores de huevo.
Entonces, ¿qué son?
Consuelo: ¿No quieres uno?
Matilde: Es muy temprano.
Consuelo: No, yo sí quiero uno.
(susurra) ¿De qué le ves cara?
¡No, Consuelo!
¡Ay, Consuelo!
(música)
(ríe)
¿Y funciona?
¡Ese no es el punto!
El punto es que Dinorah, la señora que se acaba de ir...
Le ofrecí uno y no le gustó,
no le pareció y ahora le quiere decir a todo el mundo,
le quiere decir al padre,
le quiere decir a todas las mujeres
y me quiere hundir.
Pero ¿qué te van a hacer?
(resopla) Me puedo imaginar.
El punto es que ella sabe mi secreto.
Y se lo quiere decir a todo el mundo.
Y yo puedo no tener un peso,
pero sí tengo reputación.
A ver, vamos a pensar.
Tú tienes tu secreto.
Yo tengo mis secretos.
Todas tenemos algo que ocultar.
Si descubrimos qué es lo que oculta ella,
(susurra) ella se va a quedar calladita.
(música de intriga)
Matilde: ¡Chayo, Chayo!
- Hola. - Hola.
-¿Tú eres la amiga de...? - Eufrosina.
Necesito un favor, pago con panques.
¿Qué quieres?
Necesito que me cuentes
algún trapito sucio de tu patrona.
Ay, vamos a ver...
Que yo sepa, un trapito sucio,
un secretito, un resbalón...
No, nada.
Ay, todos tenemos algo que ocultar.
Le apestan los pies.
Y se pone postizos en el pelo
porque tiene el pelo muy ralo.
¿Te sirve?
La que debe estar pasando muy mal es tu patrona.
Justo vine a dejar el sobrecito
con el dinero de su colecta.
¿Cuál colecta?
Pues la de tu familia.
Pero no te ves nada enferma, amor.
Martha: Ya estoy mejor.
(exclama)
¿Estás bien?
Martha: No es nada.
Déjame ver.
Ay.
(suspira)
Mi amor.
Escuché unos rumores en el club
y quiero saber si son ciertos.
¿Tu papá se fue?
No.
Claro que no.
¿Y por qué estás triste, entonces?
Se fue.
(música)
Nos dejó.
Y entiendo perfecto
que ya no te quieras casar conmigo.
(música romántica)
¿Cómo no me voy a querer casar contigo?
Si el que se fue es tu papá, no tú.
(susurra) Yo te amo, panquecito.
¿No me vas a dejar?
Claro que no.
Mis padres están dispuestos
a absorber los gastos de la boda.
Ya lo hablamos.
Así que no te preocupes.
Eres el mejor hombre del mundo.
Prometo que voy a ser una esposa maravillosa.
Voy a seguir las diez reglas de la esposa amorosa.
O las veinte o las treinta.
Pero tienes que convencer a tu mamá
para que le pida que regrese.
Se vería muy mal que no estuviera presente
el día de la boda de su hija.
La gente puede hablar muchas cosas
si ve algo así.
¿Sabes?
(timbre)
(música termina)
¡Ay, Theresa!
Sé que me dijiste que estabas muy ocupada,
pero me quedó tan delicioso
que no puedes dejar de probarlo.
Bueno. Gracias.
Ay, qué linda casa.
Así me la imaginé.
Tienes que darme unos tips.
No quiero que mi casa sea...
(ríe)
De hecho, tienes que venir a cenar a la mía.
Ay, sí. Ay.
Hola, Matilde.
Consuelo: ¿Te puedo dejar un segundo?
-¿Sí? Gracias. - Sí.
- Buenas tardes. - Hola.
(susurra) Oye, ¿qué hace la gringa acá?
(susurra) No te preocupes por la gringa esa.
Cuéntame, ¿qué es lo que averiguaste?
Este...
¡No, perdón!
Nada.
Es que parece que la Dinorah
es más transparente que un charal.
¡Tú me dijiste!
¡Tú dijiste que iba...!
Me van a quemar viva.
Ya me imagino la cara de Olga cuando se entere.
Va a ser peor que con Lucrecia.
Y más con lo de su colecta esa.
¿Qué?
Este...
las señoras del patronato de la iglesia
están haciendo una colecta
para la familia Portillo.
(música cómica)
Así igualito pasó con Lucrecia.
Ya.
¡Ya sé! Tienes que ir con el padrecito a confesarte.
Si tú vas y te confiesas,
la charala ya no puede ir con el chisme.
Y como es secreto de confesión, no puede decir nada.
Eso voy a hacer. Eso voy a hacer ahorita mismo.
Theresa...
Qué linda, pero yo me tengo que ir.
Tengo que hacer unas cosas
de la boda de Martha Patricia.
- Sí, gracias. - Disfrútala.
Gracias.
Chao, sí. Gracias.
Ay, qué linda.
Cuídate. Nos vemos.
Martha Theresa: Mamá, ¿podemos hablar?
Pedro ya sabe la verdad
y se portó como un caballero.
Su familia quiere pagar la boda.
Pero tienes que convencer a mi papá de que regrese.
(se asombra)
Búscalo, haz lo que quieras, pero que regrese.
Por favor, te lo ruego.
Mi amor, ahorita regreso, es muy importante.
¿Por qué no mejor pruebas eso?
Luego hablamos.
Gracias. Te amo, mi amor.
(música cómica termina)
Dinorah.
Ey, Dino, ¿por qué corres? ¡Dinorah!
Ahora mismo voy a decirle al padre
qué clase de mujer eres.
Esto no puede ocurrir en una colonia decente.
Ni te atrevas, Dinorah,
porque yo sé tu secreto.
¡Y tengo pruebas!
Solo fue una vez.
No le digas a nadie.
(música)
Cada quien tiene su secreto, Dinorah.
Tú tienes el tuyo, yo tengo el mío.
Tú no dices el mío y yo no digo el tuyo.
Pacto de damas.
Pacto de damas.
(música continúa)
Ay, muchas gracias.
Fue un gran logro.
mujer: Más allá de lo que haya hecho,
Qué maravilla.
mujer: hay que pensar en los niño s.
mujer 2: Es que está sola sin su marido.
Consuelo: Olga. Querida.
Vine a traer el dinero para la colecta que están haciendo.
Gracias.
(susurra) ¿Para quién es?
(titubea)
Es para ti.
Para tu familia.
¿Para mí? No.
Debe de haber un malentendido,
nosotros no necesitamos ese dinero.
Pero, hagamos algo, ya que lo tenemos...
donémoslo para el orfanato de las hermanas de la caridad.
(música de mambo)
Excelente idea.
Consuelo: ¿Sí?
Qué bueno que te gusto.
Bueno, luego nos vemos.
(beso)
(suena: "Qué rico mambo")
(continúa: "Qué rico mambo")
(continúa: "Qué rico mambo")
(termina: "Qué rico mambo")
(suena logo The Mediapro Studio)
(suena logo de VIX)
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