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Original subtitles

Esta historia no se refiere precisamente al M�xico de hoy, ni ha sido nuestra intenci�n

situarla dentro de �l. Aspira a simbolizar el drama de un pueblo,

que como todos los grandes pueblos del mundo, ha surgido de un destino de sangre

y est� en marcha hacia superiores y gloriosas realizaciones.

R�O ESCONDIDO

S�,..

yo soy la campana que llam� a la libertad a tu pueblo.

Soy la campana de Dolores.

Sueno una vez al a�o, la noche del 15 de septiembre,

y en mi voz late la eternidad de M�xico.

Yo soy el patio mayor del palacio de Cort�s y de Ju�rez,

el patio los presidentes de M�xico, y el coraz�n de tu patria.

Si sientes que te anonadadas con el peso de mi grandeza,

es porque soy la historia.

S� a lo que vienes, y la emoci�n que te embarga.

Vas a ver al presidente de la rep�blica.

All� arriba est� su despacho,

sube por esa escalera.

Esta es la historia de tu pueblo,

la historia del pueblo de M�xico.

Volcanes extintos que remedan altares, y una vieja raza cobriza

que encontr� el secreto de la vida

en los ritmos de la tierra, la danza y las estrellas.

La raza que hizo de la flor un culto,

y levant� pir�mides a Huichilobos y a Quetzalcoatl.

He aqu� nuestros or�genes:

sangre y lumbre,

genio de Espa�a y genio de Cuauht�mocin.

Una boda que por cruel,

parece expresar la fatalidad que toda vida nueva requiere

para afincar ra�ces de patria.

He aqu� a los inspirados de nuestra independencia:

Hidalgo, Morelos, Mina, Guerrero, Iturbide.

1847.

En Chapultepec, los ni�os h�roes escriben una p�gina de oro

defendiendo el suelo mexicano,

ante la invasi�n norteamericana.

1862

M�xico vuelve a regar con sangre sus campos de batalla,

contra la invasi�n francesa.

Despu�s,

como una culminaci�n de tanta pasi�n de pueblo,

los hombres de la reforma:

Ju�rez, uno de los hombres m�s ilustres del mundo,

que ha sido, y seguir� siendo a trav�s de los tiempos,

ejemplo de fe y patriotismo.

El �mpetu de la reforma se convierta en paz.

M�xico logra su primera suma, Porfirio D�az.

Despu�s, como para abrir otra vez con sangre otra p�gina de esperanza,

el hurac�n de la revoluci�n:

Madero, Carranza, sangre de M�xico.

Un pueblo se levanta, y el reloj de la historia

marca una hora distinta.

M�xico se suma al dolor del mundo

en un mar de confusiones la patria se desgarra

y sufre en la sangrienta lucha de la revoluci�n social por la dignidad humana,

por la verdad que est� en sus campos,

en sus f�bricas y en sus hijos.

Semillas tiernas que siembran las manos de los maestros

en los surcos fecundos de la escuela,

para germinar en hombres fuertes del ma�ana.

Almas limpias que han de forjar el futuro glorioso de la patria.

Pero corre, corre que llegas tarde a tu cita.

No tengas temor,

sigue adelante.

Siempre adelante.

�ste es el sal�n de recepci�n.

Es bello, �verdad?

Pero no te coh�bas,

que aunque aqu� han estado las m�s grandes personalidades de todo el mundo,

ninguna ha sido mejor que t�.

Y �ste es el sal�n de embajadores.

S�, �ste es Ju�rez.

Aqu�l pastorcito indio y m�s tarde presidente,

que luch� contra los invasores y se enfrent� a Europa,

y que consagr� su vida al servicio de su pueblo.

Y �ste, es Hidalgo.

El cura anciano que rompi� cadenas y toc� campanas,

y que dio a tu pueblo su primer bandera.

Es un honor para los maestros que nos haya llamado el se�or presidente.

Bueno, el se�or presidente ha escogido

a los que sabe que hemos hecho algo en el campo.

Ahora s� hay algo importante que hacer.

Tengo una cita con el se�or presidente.

Precisamente acaban de salir los maestros.

La cita era a las 11, se�orita Salazar.

Se me hizo un poco tarde,

como vengo de tan lejos...

Perm�tame un momento.

Pase usted, se�orita Salazar.

Tengan la amabilidad de esperar un instante, se�ores doctores.

El se�or presidente los recibir� enseguida.

A ustedes los recibir� despu�s, se�ores secretarios.

Primero quiere terminar con el asunto de los maestros y los doctores.

El se�or presidente le espera, se�orita.

Tome asiento, se�orita Salazar.

En esta lista de maestros rurales

que se han distinguido en el servicio de la patria, figura su nombre.

Por eso me permit� llamarlos,

para solicitar de ustedes una colaboraci�n tan importante y delicada,

que rebasa los t�rminos de su deber profesional.

Como usted sabe acabo de inaugurar mi gobierno,

y estoy absolutamente resuelto a enfrentarme

a los graves problemas que pesan sobre M�xico.

La pura decisi�n de un hombre.

As� sea el presidente de la rep�blica,

nada puede frente a problemas tan arduos y arraigados.

Por eso he convocado a todos los mexicanos

sin diferencia de partidos ni banderas,

para que me presten su ayuda.

Nuestros campos, que deber�an producir lo que el pa�s consume,

est�n improductivos.

El terror implantado en muchos rincones de la rep�blica por pol�ticos inmorales,

es una de las causas del abatimiento de nuestra econom�a.

Por otra parte,

mientras los grandes n�cleos humanos no salgan de las tinieblas del analfabetismo,

no podremos levantarnos de este letargo de siglos.

Tenemos que llevar va nuestras costas,

y a nuestros pueblos de la meseta, la salubridad.

M�xico carece de agua.

Agua,

carreteras,

caminos vecinales,

alfabeto y moralidad oficial,

esos son los primeros apremios de la empresa que me he propuesto acometer,

contando, como s� que cuento,

con el concurso fervorosos de los buenos mexicanos.

S�, se�or presidente.

Yo se bien lo que significa

para usted el bien p�blico, Srta. Salazar,

y la invito a que hagamos juntos un esfuerzo

para salvar a nuestro pueblo.

Se espera tanto de nosotros, y tenemos tanto que hacer,

que solamente haci�ndonos la decisi�n de ir hasta el sacrificio

podremos cumplir con M�xico.

y con nuestro coraz�n.

Ir� usted

a Rio escondido.

S�, se�or presidente.

Su misi�n es dura, Srta. Salazar,

pero usted es fuerte y tiene el br�o necesario para acometerla.

Deposito en usted toda mi confianza,

y le ruego que me escriba tan pronto como tenga soluciones concretas que ofrecerme.

Por m�s grandes y dolorosos que sean los obst�culos que le salgan al paso,

tenga la seguridad de que no estar� sola.

M�xico y yo estaremos con usted.

Gracias por esta oportunidad

que me da usted

de servir en algo a M�xico,

se�or presidente.

Gracias por tanto fervor a nombre de M�xico, Srta. Salazar.

Se�ores doctores, �tienen la bondad?

Felipe, no se ponga nervioso y ay�deme a levantarla a la se�orita.

Perdone usted, se�orita.

- Maestro Monroy. - �Muchacha! �Qu� haces t� aqu�?

El Sr. presidente me mand� llamar.

Soy maestra rural.

Eso no puede ser, y t� lo sabes muy bien.

Yo ya estoy bien, maestro,

ya me cur�.

- M�reme. - T� sabes que eso no es verdad.

No se le vaya a decir, por lo que m�s quiera.

D�jeme ir a cumplir la misi�n que me confi�.

Esta es la oportunidad que yo so�aba, maestro,

y tengo algo muy grande que hacer.

Ya me voy, maestro.

Con su permiso, se�or.

Esa muchacha era mi disc�pula.

Hubiera llegado a ser una gran bacteri�loga,

si yo no le hubiera prohibido que siguiera estudiando hace tres a�os.

La pobre est� emplazada con esas lesi�n card�aca.

El d�a menos pensado acabar�...

Parece mentira que tras una apariencia tan fuerte y maravillosa,

puede esconderse la muerte,

�verdad?

�Se�ores?

TREN A CIUDAD JU�REZ

- Muchas gracias. - �Ad�nde va?

A r�o Escondido. Soy maestra rural.

Usted no est� en condiciones de ir all�,...

ni all� ni a ninguna parte.

Ya ve lo que le pas�.

Est� usted muy delicada, usted lo sabe muy bien,

- y tiene que atenderse. - No tengo nada,

yo creo que fue la insolaci�n. Tengo que llegar a Rio Escondido.

�Le repito que no est� en condiciones de ir a ninguna parte! ��Entendi�!?

�Y qui�n es usted para impedirme que vaya a d�nde se me antoje?

Soy m�dico, y por eso se lo proh�bo.

�Qu� m�dico va a ser usted?

Si lo fuera sabr�a que no tengo nada.

Tengo que ir a donde me mando el Sr. presidente.

Tambi�n a m� me mando el Sr. presidente, pero yo estoy sano.

�Tambi�n yo estoy sana y tengo que llegar a Rio Escondido!

Rio Escondido...

Yo voy m�s all� de Rio Escondido, a Santiago de la Sierra,

y mire nom�s el caballo con que cuento...

si es que eso se le puede llamar caballo.

Se necesitar�a estar loco para creer que puede con los dos.

�Y qui�n est� diciendo que me lleve? Yo puedo llegar sola.

�Su�lteme, sino quiere que lo cachetee! �Atrevido!

�Bueno, pues v�yase y mu�rase por ah�!

�Mal agradecida!

Ah� tiene a R�o Escondido.

Si algo se le ofrece, ya sabe d�nde me tiene a sus �rdenes.

De aqu� a Santiago de la Sierra hay cuatro horas a caballo.

Ten�a usted raz�n,

no soy m�dico todav�a.

Precisamente voy a hacer mi servicio social.

- Gracias por todo, y adi�s, doctor. - Adi�s, Srta. Rosaura.

Y ll�meme si necesita de mi servicio.

�Qu� le parece el cuaco?

No hay m�s Dios que mi jefe, don Regino Sandoval.

�Qu� tal se ve uno en un animalito como �se, Rengo?

Palabra que nom�s de verlo montado en ese cuaco, se le enchina a uno el cuerpo.

Parec�a usted una estatua, jefe.

Lo que es que esa foto la ponemos en la sala de cabildos,

para que el que entre diga: "�se es el mero don Regino Sandoval,

m�s macho de todos los machos".

Me lo cuidas como se merece, Br�gido, sino, all� te lo haya.

Y por eso no miro para el norte, ni me he casado,

para atender los caballos de mi jefe.

Fuera un crimen que ese cuaco estuviera en manos del gachupin de la sabana.

Yo se lo advert�:

"A mi jefe le gusta el chasco, y ya sabe c�mo es mi jefe.

Reg�leselo el d�a de su santo, y se quita de zozobras."

No me hizo caso, y Dios lo castig�.

- Dicen que te van a procesar en M�xico por esa muerte, Rengo. - Para m�...

Para m� no hay m�s ley que la de mi jefe.

Pues sino acu�rdese de todos los dem�s.

Don Regino, �por qu� no se toma otro?

Bueno, me voy a tomar otro.

Voy a arrancar el cuaco y se lo rallo aqu� mero, m�s me aguanta.

No tenga miedo aunque vea que me lo voy encima.

A ver si me sale como aqu�l retrato tan chulo de mi general Pancho Villa,

cuando entr� a Torre�n.

- �Listo? - Listo, don Regino.

- �Qu� tiene? - �Qu� le duele?

Lo tir� el caballo, jefe.

�No me tir�, me ca� con �l que no es lo mismo, baboso! �Su�lteme!

�No sea cobarde! �No le pegue a ese pobre caballo!

No le pegue a una mujer, don Regino...

Mejor vete, Marcelino,

y no vuelvas a poner nunca los pies en R�o Escondido.

Por m� lo echaron del pueblo.

No, ni�a,...

yo ya me iba de todos modos.

El d�a en que naci� ese hombre,

Dios nuestro se�or conden� a R�o Escondido.

Don Regino no es un cristiano, ni�a,

es una fiera.

Peor que los animales da�eros del monte.

A mi hijo...

me lo mat� hace un a�o.

Vino el pobrecito a hacer su servicio social para recibirse de doctor,

no le pudo curar un caballo que ten�a muermo, y...

aqu� est� enterrado,

junto a su mamacita.

Todos �ramos...

como ra�ces.

Ra�ces de R�o Escondido que crecimos juntas,

y s�lo a hachazos...

nos pudieron separar.

V�yase de aqu�, ni�a.

No eche ra�ces en R�o Escondido,

para que ma�ana...

no tenga que llorar

lo que yo...

lloro.

ESCUELA

Esta es la escuela, �verdad?

C�mo no, all� arriba lo dice con tama�as letras.

Aqu� nom�s est�n los caballos de Regino.

- �Entonces d�nde est� la escuela? - En este pueblo ya no hay escuela.

- �Qu� se le ofrece? - Quiero ver al presidente municipal.

- No est�. - �Entonces en d�nde est�?

All� en la cantina.

- �Y ahora qu� se trae? - Quiero ver al presidente municipal.

Jefe, a esta es a la que le son� en el z�calo.

Dice que quiere verlo, �qu� le digo?

Dile que se largue si no quiere que la eche de aqu� a patadas.

Ya oy�,

que se largue sino quiere que la eche a patadas.

D�gale que soy la maestra, y que me manda el presidente de la rep�blica.

Aqu� no hay m�s presidente que yo.

Y �chala ya, Br�gido, que no la quiero volver a ver.

�Ya oy�, que se vaya!

V�yase y no me comprometa porque sino mi jefe es capaz de quebrarnos a los dos.

��No oy�!? �Que se vaya!

�Mira qu� mujer m�s terca, hombre! ��ndele!

�L�rguese, hombre!

Yo no quiero que se muera mi mam�.

�Y por qu� ha de morirse tu mam�?

Yo no quiero que se muera mi mam�.

Son viruelas.

Le voy a traer al doctor.

Ven conmigo.

Su mam� est� enferma, no pueden entrar.

Esp�renme aqu�, voy por el doctor.

No hay doctor en el pueblo.

�Se�or!

�Se�or!

�Qu� le cuesta pasar por Santiago de la Sierra?

Perd�nenme ni�a, pero no llevo ese camino.

Yo quiero irme muy lejos de aqu�, en d�nde no vuelva a o�r hablar de esta tierra.

Tr�igame al doctor.

D�gale que hay viruelas en el pueblo, y que lo necesito.

�Qu� le traiga al doctor para que lo mate don Regino, como mat� a mi hijo?

No, ni�a.

H�galo por esa pobre mujer, por favor.

Est� bien, ni�a.

D�se cuenta de que usted se est� muriendo, se�ora.

- D�jeme salvar a su hijo. - No.

- Entienda que tiene que entreg�rmelo. - No. - Usted se est� muriendo.

Hay que enterrarla inmediatamente,

y quemar esta casa.

Salga con esa criatura.

Por supuesto que est� usted vacunada, �verdad?

Le orden� que se largar� de R�o Escondido. �Qu� no entendi�?

�Usted qu� hace aqu�?

Acaba de morir de viruelas esta mujer.

Hay que enterrarla inmediatamente, para evitar el contagio

Adem�s hay que quemar esta casa.

�Qu� qu�?

Esta casa es m�a, lo mismo que todas las dem�s de la calle.

Usted me la quema, y yo lo cuelgo de un mezquite. �Oy�?

Este cuerpo lo entierran ustedes dos, y luego, luego.

= Sergio, �chale una red a esta vieja,

y a cabeza de silla ll�vatela hasta el pante�n.

Y ustedes vean que la entierren,

no quiero pestes en R�o Escondido.

�V�monos!

No salga usted, se�or cura, no se comprometa.

Vienen por nosotros.

Enc�rguese usted del ni�o, se�or cura.

Vamos, Felipe.

�No!

Son ustedes los que deben encargarse de ella. D�jenme salir a m�.

No tengan miedo, que no venimos a hacerles nada.

Qu� bueno que no se ha ido, doctor.

Mi jefe lo necesita urgentemente,

le ha entrado la viruela. Dice que usted tiene que curarlo.

�V�monos!

�Fuera de la casa de Dios!

�Ya se convenci� que no se trata de ninguna trampa?

Yo me estoy muriendo,

y usted tiene que salvarme si no quiere que me lo lleve por delante.

Pues ya que me habla usted como hombre,

y no como enfermo,

le voy a contestar tambi�n como hombre,

y no como m�dico.

Gu�rdese sus amenazas y oiga bien lo que voy a decirle.

Lo voy a atender,

no porque le tenga miedo,

porque al fin y al cabo todos nos tenemos que morir,

lo voy a atender por inter�s.

Usted me ha puesto condiciones, y yo tambi�n tengo mis condiciones.

Y tiene que aceptarlas si quiere que lo cure.

�Y cu�les son sus condiciones?

Son nada m�s dos.

La primera,

que tiene usted que entregarle la escuela a la maestra.

Sacar los caballos y mandarla arreglar.

Est� bien.

Br�gido,

que saquen los caballos de la escuela y que la arreglen.

Est� bien, jefe.

�Cu�l es la segunda condici�n?

La segunda,

pues...

Usted est� enfermo,

pero usted es un solo individuo,

y yo tengo que salvar del contagio a todo el pueblo.

Hay que vacunar a hombres y a mujeres,

a grandes y chicos.

Ordene usted que se formen todos en la plaza,

y mande traer toda la vacuna que tengo en Santiago de la Sierra.

Rengo,

que se forman todos en la plaza.

Que te acompa�en dos o tres,

- no sea que se alboroten los indios. - S�, jefe.

Ahora c�reme.

Primero mande usted traer la vacuna.

�Qu� esperan que no van por la vacuna?

Agarren mis mejores caballos,

- y ya est�n de vuelta aunque los revienten. - S�, jefe.

�Fuera, vamos pronto a los caballos!

�Que hay que ir a Santiago de la Sierra a por las =afueras= del doctor!

�Pronto, que se nos muere el jefe!

�Yo me adelanto para que me releven en el llano!

�Ll�venlas a la plaza para que las vacunen! �La que no quiera ir, qu�menla!

�Dalenl� para la plaza, atajo de indios desgraciados!

��ndele!

�Mu�vanse!

�Qu� forma es esta de tratar al pueblo?

�Vamos!

�Pero no se da cuenta de lo que est� pasando?

- Haga algo, por favor. - Yo... �pero qu� puedo hacer yo, hija?

Pues v�lgase de la campana. Intervenga para que se dejen vacunar.

�A rezar!

�Fuerte! �Fuerte!

�Vamos!

El doctor los est� esperando en la plaza.

V�yanse para all� en orden,

y Dios los bendiga.

No, no, primero vayan a que los vacunen.

D�jense de besuqueos, y cumplan con su deber.

Muchas gracias, padre.

Yo creo que no han de tardar los muchachos con la vacuna para los indios, jefe.

Ah� fuera est� formado todo R�o Escondido.

�Si viera nom�s que cola!

Por cierto que todos los d�as aprende uno algo nuevo.

�Por qu� dices eso?

Pues por lo que acaba de pasar.

No grites tanto.

Ac�rcate.

Es que estos malditos indios,

no le hacen el menor caso a la autoridad.

Hasta balas les echamos.

Fig�rese que yo me doble tres o cuatro,

y no conseguimos nada.

Ya no hall�bamos qu� hacer,

cuando de repente se present� la maestra,

y se fue derechito a la iglesia,

y oblig� al cura a que sonara la campana.

Y ah� los tiene a todos corriendo a formarse como borreguitos.

Oiga, jefe,

�por qu� le har�an tanto caso a la campana?

T� lo has dicho,

como borregos.

Ah, pues s�.

�se es el cencerro, �verdad?

Lev�ntese la manga del brazo izquierdo.

�Lev�ntense la manga del brazo izquierdo!

Que se levanten la manga del brazo izquierdo.

Que se levanten la manga del brazo izquierdo.

El que sigue.

Doctor,

La cola est� muy larga,y,... �me permite recordarle a la ni�a Merceditas

�Qu� Merceditas?

Pues la que era maestra de escuela hace dos a�os.

Le gust� a a mi jefe, y se la guard� para �l y le puso casa.

Ni�a Merceditas.

Lev�ntese la manga.

Rosaura.

Tetelqui, Ponciano.

Presente.

=Lauhanzi=, C�ndido.

Presente.

Velarde�a, Gregorio.

Presente.

Velarde�a, Raquel.

Presente.

Sastre, Ambrosio.

Presente.

Zontle, Isidra.

Presente.

Zontle, Macrina.

Presente.

ESTO SE ACAB�

Este es nuestro primer d�a de clases,

y tenemos que ser muy buenos amigos,

para hacer m�s liviano

el cumplimiento del deber de cada uno.

Vengo a ense�arles

lo poco que s�,

para que ma�ana sean hombres y mujeres �tiles,

y puedan luchar por la regeneraci�n de R�o Escondido,

de M�xico

y del mundo.

Cada letra,

y cada n�mero que aprendan,

ser� un escal�n en el camino que habr� de llevarlos a la verdadera libertad.

La libertad del miedo,

de la miseria,

y la extorsi�n.

En R�o Escondido,

y en todos los pueblos de M�xico,

hay fuerzas oscuras que mantienen hundido al de abajo en un sue�o de esclavo.

Pero la m�s fuerte,

la m�s decisiva de todas esas fuerzas

es la de la ignorancia que pesa sobre ustedes,

y les ponen en los ojos y el coraz�n

una venda impenetrable.

Vamos a arrancar esa venda de los ojos de M�xico,

para que pueda levantarse y enfrentarse a su destino.

No es imposible la lucha contra las fuerzas b�rbaras de M�xico,

ni es una quimera su regeneraci�n.

�sta.

�sta es la mejor prueba de que M�xico puede levantarse,

y alcanzar la m�s alta luz.

�Pero qu� estoy diciendo?

Tenemos que empezar...

por d�nde hay que empezar.

Por d�nde empez� Ju�rez.

Esta es la primer letra del alfabeto.

Se llama "A".

Repitan conmigo

- A. - A.

Qu� bueno que ya san�, �verdad, jefe?

A veces los fuere�os sirven de algo, �verdad, jefe?

Ya ve la nueva maestra,

ense�� a todos los ni�os a silabear.

Usted no se ha fijado bien en la nueva maestra, �verdad, jefe?

A esa no se la mand� el presidente de la rep�blica,

como ya dije,

sino Mar�a Sant�sima por vi de Dios.

En un descuido,

y si usted se fija bien,

hasta desbanca ala ni�a Merceditas.

Perdone, jefe.

Ya me voy a ver a los caballos.

Les prometieron hablarles un gran mexicano,

uno de los m�s grandes mexicanos,

y uno de los hombres m�s ilustres del mundo,

que ha sido y seguir� siendo a trav�s de los tiempos

ejemplo de fe y patriotismo.

Ese hombre se llam� Benito Ju�rez,

y era indio como ustedes.

Naci� en un pueblo tan apartado de la civilizaci�n,

como R�o Escondido.

y hasta los 12 a�os no aprendi� a leer ni escribir

Este hombre, este indio,

lleg� a ser presidente de la rep�blica.

Defendi� a su patria de los invasores,

y luch� hasta su muerte por la regeneraci�n de los de abajo,

los pobres, los analfabetas,

los oprimidos,

enfrent�ndose a los malos mexicanos

que los ten�an convertidos en esclavos.

�Han entendido todos los que acabo de decir?

S�, se�orita.

A ver, Goyo,

t� que siempre est�s tan distra�do, deja de pintar monitos y resp�ndeme.

�Qu� fue lo que les dije

Que ese se�or, don Benito Ju�rez, era un indio como nosotros,

se�orita,

y que aprendi� a leer y a escribir hasta los 12 a�os,

y que lleg� a ser presidente de la Rep�blica

- y pele� contra los malos mexicanos - Muy bien.

�Pero por qu� pele� contra los malos mexicanos?

Pues,... como dijo usted, se�orita,

que hay que pelear contador malos mexicanos.

S�, pero hay que hacerlos reconocer siempre su error

y tratar de que se conviertan en buenos mexicanos.

�Y si no se quieren convertir en buenos mexicanos, se�orita?

Pues se les quiebra, �verdad, se�orita? Y as� se acaba la rabia.

La soluci�n de =Poyano= Tetelqui.

es un poco b�rbara,

pero a veces...

pues se hace necesario.

Y sobre todo no se les olvide lo que acabo de recomendarles.

Hiervan siempre el agua, y as� no se enfermar�n.

Pero si es muy poquita la que sale de la fuente, se�or doctor.

Si la ponemos a hervir, pues se acaba y no queda nada.

- �Pero qu� esto es toda el agua que hay en R�o Escondido? - S�, doctor,

y la del aljibe de don Regino,

pero eso es nom�s para sus caballos y para su casa.

Dicen que por debajo de la tierra pasa un r�o con harta agua,

que se oye junto al altar de la parroquia.

Por eso se llama el pueblo R�o Escondido.

Fig�rese doctor, que aqu� nunca cae agua.

El cielo, como usted ve, siempre est� lleno de nubes,

pero nunca cae agua. �Verdad, mam�?

Diosito no quiere que caiga aqu�, pues qui�n sabe porqu� ser�.

Pues de todos modos es preferible que el agua sea poca

a que est� contaminada.

El agua tiene unos animalitos muy chiquitos,

que no se ven a simple vista y que se llaman microbios.

cuando uno se toma el agua y se traga estos animalitos,

crecen dentro de uno, se vuelven unas fieras.

Se comen el est�mago, las tripas, todo.

Por eso es preferible hervir el agua y acabar con ellos,

porque de lo contrario ellos nos matan a nosotros.

�S�? Pues nosotros tenemos unos aqu�, as� de grandes...

y cabezones.

Se llaman Ajolotes

Pues por eso mismo hay que meterle m�s le�a

para que hierva m�s el agua y se mueran m�s pronto.

Buenos d�as, doctor.

Buenos d�as, don Regino.

Quiero hablar con usted. Lo ver� al rato.

Rompan...

filas.

Estuviste muy aplicado Panchito.

T� tambi�n, Ponciano.

No, la mano no se le besa a nadie, Panchito.

V�yanse a su casa y p�rtense bien, �eh?

- Buenos d�as, se�orita Rosaura. - Buenos d�as, Sr. Presidente Municipal.

Vengo nada m�s a despedirme, Rosaura.

- �Se va, Felipe? - S�, Rosaura.

Don regino ya est� bien,

el brote de viruela ya no existe,

y la escuela est� funcionando.

Ya no me queda nada que hacer aqu�.

Pero ya sabe d�nde me tiene a sus �rdenes, para todo lo que se le ofrezca...

tr�tese de lo que se trate.

Le traigo esto para que lo guarde como un recuerdo.

No lo abra ahora, por favor.

Adi�s, Rosaura.

Adi�s, Felipe.

Adi�s, don Regino.

Adi�s, doctor.

Br�gido,

Ordene, jefe.

Ensilla a los caballos y acompa�a al doctor hasta Santiago de la sierra

No, don Regino,

vine a pie y me voy a pie.

Tenga la seguridad de que llegar� a Santiago de la Sierra.

Qu� sorpresa se lleva uno, �verdad?

Tan joven y tan buen doctor,

y es macho.

Parece mentira que siendo un letrado, sea tan hombre.

Tambi�n ese otro letrado lo era.

Creo que era licenciado el se�or Ju�rez, �verdad?

S�,

creo que era licenciado.

Bueno, ya me voy se�orita Rosaura.

Ya sabe que me tiene a sus �rdenes para lo que se le ofrezca.

Quiero que la escuela camine como es debido, que no le falte nada

Yo s� lo que esto significa para usted, y quisiera poder ayudarla

en todo lo que necesite.

Adem�s, le tengo una sorpresa.

Ah� ma�ana la sabr�.

Con su permiso, Srta. Rosaura.

Ese asunto me lo despachan hoy mismo,

porque quiero tener la casa lista para ma�ana.

D�ganle que la van a poner en un tren de M�xico, y s�quenla del pueblo.

S�, jefe.

Una vez lejos, all� por La Amarillera,

pues ya saben lo que tienen que hacer.

S�, jefe.

Dicen que en boca cerrada no entran moscas, �no?

S�, jefe.

Y adem�s el despecho es muy capaz de todo,

hasta de ir a hacerme un esc�ndalo a M�xico.

Lo mejor es cortar de ra�z,

no vaya a ser que de veras las cosas hayan cambiado mucho

all� con el nuevo gobierno, y...

- se vaya a perjudicarme. - Con permiso, jefe.

Eh, chihuahua,=

para l�os no gana uno.

Cuando ustedes quieran.

Yo ya estoy lista.

Ll�vale esta petaca a tu esposa, Rengo.

As� que yo voy a Mexico,...

�verdad?

All� me comprar� ropa.

�sta otra

ll�vasela a mi ahijadita,

y dile que le mando un beso por haber ocupado el segundo lugar en la escuela

con la nueva maestra.

Ni�a Merceditas,

usted ha sido muy gente con nosotros,

para qu� es m�s que la verdad,

mi jefe...

Mira, Br�gido,

mejor d�selo t� que eres su compadre.

Ya s� lo que les ordenaron,

y no les reprocho nada.

No queden mal con su jefe, Br�gido.

S�, comadrita,

nos ordenaron.

Y cr�ame que desde que traemos el encargo,

haga de cuenta que nos corre lumbre por las tripas.

�C�mo vamos a hacer eso con usted?

Mayormente que ha sido tan buena con mi chamaca, desde que se qued� hu�rfana.

V�yase.

Y no hable.

�Y no vuelva, por lo que m�s quiera!

Y perdone que la dejemos a pie,

pero tenemos que regresar con su caballo.

El tren pasa a media hora de aqu�, ni�a Merceditas.

V�yase, comadrita,

y que Dios la bendiga.

All� est� la Presidencia Municipal, que es d�nde yo vivo.

Y aqu�, pues aqu�...

Esa es la sorpresa de que le habl� ayer, se�orita Rosaura.

El cuarto en que usted vive en la escuela est� muy mal acondicionado,

y yo pens� que en esta casa estar�a usted mejor.

�Por qu� no pasa y la ve, Srta. Rosaura?

Pase, por favor.

FRANC�S

FRANC�S

CANCI�N EN FRANC�S

Esta no es de su m�sica mexicana corriente.

Creo que est� en franc�s, �verdad?

Qu� linda cunita, y qu� a gusto dormir�a aqu� el ni�o...

�l es qui�n m�s me preocupa.

Ha sufrido tanto, y est� tan desvalido...

Aqu� no le faltar� el agua nunca, se�orita Rosaura.

��Qu� pasa con el agua!?

Como habr� usted visto en este pueblo pues hay poca agua,

sobre todo en estos meses de secas.

Pero a m� nunca me falta porque tengo el aljibe en casa.

�Una cama con colch�n!

Qu� blandito, �verdad?

Y mire usted, se�orita,

este es de los sarapes que hacen aqu� mis indios con lanas de mis borregos.

Claro que hemos tenido que variar el dibujo para los turistas,

porque pues hay que darles gusto a los americanos.

Ese soy yo.

Y ah� est� una cartita para usted, se�orita.

- �No le gust� la casa, o qu�, Srta Rosaura? - �Su�ltame!

Se�orita,

primero d�game.

�Oiga!

�Srta. Rosaura!

�Qu� le pasa, se�orita Rosaura?

Han pisoteado ustedes todas las virtudes que eran la fuerza de M�xico,

y s�lo les faltaba esto.

pisotear el respeto que se debe a una mujer.

Ahora una mujer no significa nada,

y un cualquiera puede humillarla ofreci�ndole ponerle casa.

Qu� bajo hemos ca�do

cuando hasta un funcionario como usted

l�stima as� a una mujer,

que deber�a merecerle respeto

como mujer y como maestra,

y la hace sufrir la humillaci�n m�s grande de su vida.

�Qu� poco hombre es usted,

y cu�n desdichada me ha hecho!

Ya s� que no le queda una sombra de verg�enza,

y que est� acostumbrado a dejar todo lo que es limpio en la vida,

pero oiga bien lo que voy a decirle,

�que nunca se le ocurra volverme a hablar,

ni poner los pies en la escuela que es mi casa,

y el santuario donde est� la fe de M�xico!

- Acosil, Demetrio. - Presente

Acualazti, Jos� Mar�a.

- Acualazti, Jos� Mar�a. = - No ha llegado todav�a, se�orita.

�Qu� se le ofrece?

Ya le dije que no deber�a poner los pies en la escuela.

Rosaura, por favor, necesito hablar con usted.

�Qu� se dice cuando entra a la escuela el Sr. Presidente Municipal,

con el sombrero puesto?

Buenos d�as, Sr. Presidente Municipal.

Necesito hablar con usted.

Es necesario que me oiga,

no puedo esperar m�s.

Quiero que pongan mucha atenci�n a lo que voy a decirles,

y les pido que me perdonen.

Un presidente municipal

es un hombre que representa al pueblo.

Un hombre que deber�a dar ejemplo a los dem�s,

y sacrificarse por el bien com�n.

Desgraciadamente este se�or,

que es el presidente municipal de R�o Escondido

como tantas otras autoridades de M�xico,

no se preocupa m�s que de satisfacer sus m�s mezquinas ambiciones,

y sus m�s bestiales instintos.

�Saben ustedes qu� pretende?

Llevarme a m�,

la maestra de ustedes,

a vivir con �l...

como si fuera la m�s baja de todas las mujeres.

Sin embargo este se�or,

como todos sus compa�eros b�rbaros de la rep�blica,

se equivocaron esta vez.

Y si tuvieran un poco de verg�enza,

comprender�an que su hora ha terminado.

Ha terminado porque tenemos al frente del gobierno de M�xico

un presidente que est� resuelto a que su pueblo se regenere.

Un presidente que aspira acabar con el terror implantado por gentes como esta,

y que quiere que los mexicanos lo ayudemos a hacer una patria tan grande y limpia,

que sea orgullo de todos,

y sacramento gozoso de todos.

Nada tenemos que hablar.

H�game el favor de retirarse...

si no quiere que lo eche.

Se acab�...

la �ltima gota de agua.

Yo s� cu�n dura es esta nueva prueba que tienen que afrontar,

y los desesperados que deben estar para venir a sacar al crucificado,

y pedirle a Dios Nuestro Se�or,

el agua que les niega ac� abajo su verdugo.

Pero quiero decirles que sobran ruegos y procesiones,

y que tenemos que enfrentarnos y reclamar lo que es de todos ustedes.

Ya s� a lo que han venido.

Si quieren el Santo ag�rrenlo y ll�venselo, y hagan con �l lo que quieran.

�Pero sepan s� una cosa,

el agua del aljibe es m�a!

�Y el que se meta a rob�rmela, me lo quiebro!

Quiero hablar con usted.

S�, amigo,

vengo borracho.

Y de aqu� en adelante voy a ser otra vez yo,

yo =

S�pase que no me quito el sombrero ni aqu� ni en ninguna parte.

Vengo a verlo para que me ayude.

Quiero a esa mujer con todo el alma

y dar�a todo lo que soy porque no me hubiera humillado

como acaba de humillarme.

Ella se cree muy grande,

y algo debe tener porque desde que lleg� cambi� todo R�o Escondido.

Hasta usted que no era ya m�s que un desgraciado borracho,

lo hizo otro,

y a m� tambi�n me =embriag�.=

Pero la quiero y necesito que usted me ayude, �entendi�?

Y de ustedes creen todos.

�Tiene que hablarle!

D�gale que no la quiero para diversi�n,

que estoy dispuesto a casarme con ella cuando quiera.

Don Regino,

si antes fui todo eso que usted ha dicho fue por culpa de usted,

y me averg�enzo,

pero ahora s� cu�l es mi deber.

�Usted le va a hablar ahora mismo, o lo quiebro!

A esa mujer no la insultar�a yo as�.

�Qu� pasa, se�or cura? �Qu� quieren?

Agua.

La de la fuente ya se sec�.

Est�n tan desesperados que no me hicieron caso y sacaron la cruz.

�Don Regino, �verdad?

V�yase de aqu�, Rosaura,

no hay nada que hacer.

Contra estas fuerzas nada podemos ni usted ni yo.

- V�yanse y sigan leyendo. toma. - S�, se�orita.

Est� enloquecido.

Dice que quiere casarse con usted.

Siento mucho lo que le ha pasado por mi culpa, se�or cura,

pero yo no me voy.

Aqu� est� mi deber,

con la gente de este pueblo.

Poncianito.

�Qu� te pasa? �Qu� tienes?

Yo creo que est� enfermo, �verdad?

No,

est� borracho.

�Qu� quiere usted? No hay agua y tienen que beber pulque.

Con raz�n Goyo no pod�a llevar agua a la casa.

�Se�orita, se�orita!

�Goyo se fue a robar agua al aljibe de don Regino!

�Lo van a matar!

Goyito.

Goyito.

�Bestia!

�Infame!

- �Qu� horas son? - Ya pas� medianoche, jefe.

Ya no aguanto esa maldita campana.

Voy a hacer que entierren a su desgraciado muertito ahora mismo.

S�ganme.

Mi Goyito.

Mi Goyito.

No llores.

Muy temprano te toc� sufrir pruebas muy grandes,

pero yo te prometo que tu esfuerzo no ser� en vano.

de esa santa sangre derramada.

Como la de tantos otros m�rtires

pertenece ya va M�xico.

Y un d�a sabr�s que fue necesario para fertilizar su destino.

No llores ya.

Vamos a que descanses.

Srta. Rosaura, ah� est� don Regino.

�l quiere que esta misma noche lo enterremos a Goyo.

�Asesino!

Entierran inmediatamente a ese muerto y usted se me larga del pueblo,

o no respondo de m�.

A su v�ctima

la velaremos toda la noche,

y le daremos sepultura ma�ana al amanecer.

Y a m� s�lo muerta me echar� de R�o Escondido,

�entendi�?

Jefe, mejor v�monos.

Yo s� lo que le digo, nom�s voltee para atr�s.

V�monos, jefe.

Ya han aprendido

que a un pueblo unido no hay injusticia que se le pueda imponer.

Desde que lleg� esa mujer, me lati� que nos tra�a la =sal=.

Por Dios Santo que aqu� lo sent�.

Pero ahora vamos a ver a c�mo nos toca,

y como dice el dicho: "A los grandes males, grandes remedios".

Ahorita voy a la escuela a demostrarle que de m� no se burla,

y despu�s entran ustedes y hacen lo mismo uno por uno.

Ya ver�n como despu�s viene de rodillas a pedirme que la agarre de ca�da,

y entonces la voy a echar a patadas del pueblo,

delante de toda su maldita indiada.

Ah� me esperan ustedes fuera de la escuela.

Su�lteme.

�Su�lteme!

�Canalla!

�Su�lteme le digo, maldito!

Bestia infame.

�Bestia infame!

�Su�lteme!

�Su�lteme le digo!

�Maldito!

�Su�lteme!

�Est� muy grave, doctor?

�Usted cree que se salvar�?

No durar�

m�s que...

unos cuantos d�as.

Primero

perder� la vista,

y luego pues...

unos cuantos minutos m�s,

y vendr� la muerte.

�No!

�No me quiero morir!

�El ni�o!

�Tengo que cuidarlo!

�Tengo que salvarlo, no lo puedo dejar solo!

�Este ni�o es M�xico, y tengo que salvarlo!

�Tengo que salvarlo!

Acu�stese,

tiene que descansar.

Me estoy muriendo.

Yo s� que me estoy muriendo.

All�, Felipe, en el vel�s est� la inyecci�n.

Iny�cteme, por favor.

- Ya le inyect�, Rosaura. - No quiero morirme.

�No quiero morirme!

Tengo que escribir una carta, Felipe.

Descansa, Rosaura,

tiene que aliviarse.

No, tengo que escribir una carta les digo.

Despu�s escribir� todas las cartas que quiera.

- Ahora acu�stese... - �Tengo que escribir una carta!

Tengo que escribirla, Felipe.

Est� bien, Rosaura,

yo se la escribir�.

�Para qui�n es la carta, Rosaura?

Se�or Presidente de la Rep�blica:

usted me confi� generosamente

una misi�n en R�o Escondido...

El doctor nos est� matando.

Ya al�viese, se�orita, para que nos de la clase.

Perd�neme, Rosaura,

cre� que podr�a improvisarme maestro.

pero hasta ahora me doy cuenta de que para ser maestro

hay que tener madera de santo.

El doctor no quiso hacerte llorar.

Ya v�yanse y salgan en orden.

Ya pronto volver� a estar buena,

ver�s.

S�, se�orita.

�Verdad

que ya pronto estar� bien, Felipe?

S�, Rosaura,

pronto estar� bien.

No,

no.

Yo s� que nunca me levantar�,

que estoy herida de muerte.

Que me quedan muy pocos d�as de vida

Que hoy mismo,

- tal vez... - No, Rosaura.

S�, Felipe,

este es el fin.

Si viera, Felipe,

cu�n claramente se siente

cuando se va la vida...

Rosaura,

te aliviar�s

y muy pronto podr�s levantarte.

No es verdad.

T� sabes que no es verdad.

Te lo juro.

No jures,

t� sabes que no es verdad.

Te lo juro

por qui�n quiero m�s que a mi vida,

te lo juro por ti, Rosaura.

�Sabes, Felipe?

Ya no te veo.

Ya no veo nada.

Carta para la profesora, doctor.

La se�orita profesora est� enferma y no puede recibirla personalmente,

- pero yo se la entregar�. - Est� bien, doctor.

Es la contestaci�n del Sr. Presidente de la Rep�blica.

"Se�orita profesora Rosaura Salazar:

por mi conducto

la patria agradece a usted sus desvelos,

y la felicita por el �xito obtenido en su dif�cil misi�n.

Yo s� cu�n grandes y dolorosos han sido los obst�culos

que han tenido que afrontar,

pero s� tambi�n

que s�lo el desinter�s y la abnegaci�n de mexicanos como usted,

har�n factible la regeneraci�n de nuestro pueblo.

Hoy m�s que nunca

debe tener la seguridad de que M�xico y yo estamos con usted,

y de que su sacrificio se traducir�n en un futuro inmediato

para la regi�n en la cual opera en mi representaci�n.

Ha correspondido usted con creces a mi confianza,

y ya doy las �rdenes para iniciar inmediatamente la obra de rehabilitaci�n

de R�o Escondido".

Rosaura.

Rosaura Salazar, maestra,

muri� por la patria.

Reposa aqu� en su escuela

por deseo expreso del pueblo de R�o Escondido.

FIN

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