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Ojo con eso.
¿Todo bien?
Hola. Tienes que ir a ver la 30.
El topógrafo dice que uno de los pilares está desalineado
- y podría notarse. - ¿Cómo de desalineado?
Quince centímetros, un fallo del plano.
Yann, esto, al contenedor.
Christophe, ¿dónde tienes el casco? Es la tercera vez ya.
- Bueno, ¿qué hacemos? - Diles que lo repitan de cero.
Jean-François, acaba de llegar David. Pongo el altavoz.
¿Por qué no habéis desencofrado aún?
Porque ha habido tormentas y la humedad ha ralentizado el fraguado,
no me puedo arriesgar.
No es arriesgarse, David, es adaptarse.
Para ti, igual sí, pero, para mí, es arriesgarse.
- Hola, jefe. - Hola.
A ver.
Acabo de decírselo a Jean-François, y lo repito ahora.
Ese rollo de las tormentas no es mi problema,
y no sé qué hacemos hablando de ello.
Disculpe, pero usted ha preguntado por qué llevamos dos días de retraso.
¿Y bien?
El tiempo no ha ayudado
y tenemos un edificio complicado a nivel estructural,
con voladizos difíciles de construir,
y claro, como la silueta es irregular, cada nueva zona es un caso particular.
Quiero insistir en que todos están rindiendo al máximo.
Los obreros están a tope
y Dominique y yo hacemos jornadas de 16 y 18 horas.
Habrá que hacer más horas.
No es cuestión de hacer más horas.
Y sabe de sobra que el plazo se ha reducido en cuatro meses.
Si las cosas ya son complicadas de por sí...
¿Qué tiene que ver?
Hay un contrato y un plazo que hay que respetar, punto.
- Solo quiero recordarle... - Me da igual.
Me da igual que estén hasta el gorro y que hagan horas extra.
Yo también estoy hasta la coronilla, también hago horas extra
y también tengo ganas de acabar esta puta obra.
No espero que arregle usted el problema ni que cambie lo que se haya decidido.
Solo le explico por qué vamos con retraso.
¿Usted es arquitecto?
¿Es promotor?
¿No?
Entonces, no necesito que me explique usted nada.
Solo necesito que usted y su equipo hagan lo que se comprometieron a hacer
y por lo que, por cierto, les pago.
Es decir, acabar lo más rápido posible esa torre.
¿Está claro?
¿Sí o no, David?
David.
- ¿Adónde va, David? David.
¿En serio se ha largado?
¿Sí, Jean-François?
¿Estás loco? ¿Te has largado en mitad de una llamada con Garrel?
No estoy loco, no soporto que me hablen así, lo siento.
Es el cliente, David, no puedes dejar plantado al cliente.
Y menos si no tienes razón.
- ¿Cómo que no tengo razón? - No tienes razón.
No tenemos razón. Porque vamos con retraso.
Desde el principio y tú sabes por qué.
Arregla ahora mismo esta cagada.
Llama a Garrel, dale una explicación y discúlpate con él.
Espera, ahora te llamo.
Estoy en el coche, pero voy tardísimo, dime.
Pero ¿dónde estás?
De camino al centro comercial, a por la pantera.
¿Julia está bien?
Sí, pero está agotada.
¿No ibas a pedir que te enviaran la pantera al trabajo?
No he tenido tiempo.
Además, he visto que les queda una en stock.
Hostia, no puede ser.
Disculpe.
Hola, busco una pantera negra,
he visto en internet que tienen una en stock y ahora no...
Si no está aquí, estará en el almacén. Pásese el fin de semana.
¿Cómo?
Es que el agua ha hecho estragos y ahora está todo un poco patas arriba.
Y estamos a punto de cerrar.
No puede ser, la necesito hoy, que es el cumpleaños de mi hija,
¿puede comprobarlo, por favor?
¿Me espera aquí?
Gracias.
- ¿Se la envuelvo para regalo? - No hace falta, gracias.
¿Quiere tique?
Sí, por favor.
Joder. Gracias.
Dime.
¿Hola?
Hola, ¿me oyes?
¿Hola?
¿Hola?
Hay poca cobertura.
- Ahora sí te oigo. - ¿Me oyes?
¿Hola? Sí, te oigo.
Ahora, Jean-François, que se había cortado, lo siento.
- Nada. - Tenemos que vernos,
yo no puedo seguir así en la obra, ¿eh?
- ¿Cuándo vuelves a París? - El viernes que viene.
No puedo esperar una semana, tenemos que hablar ya.
¿Y qué estamos haciendo? Si no, ven tú a Bruselas.
Vale, pues voy yo a Bruselas.
- ¿Cuándo podemos vernos? - Y yo qué sé, llama a mi ayudante.
Vale. Miro trenes y te llamo.
Atención, les informamos...
Mierda.
Disculpe. ¿Hay alguien ahí?
Caballero.
Disculpe, no habrá visto un peluche negro grande que había ahí.
No, lo siento.
Lo he dejado ahí.
Soy imbécil, joder.
Señor.
Habría sido una pena que se lo hubieran robado.
Gracias.
Es para mi hija, que hoy es su cumpleaños.
Efectivamente, habría sido una pena enorme,
he hecho bien.
¿Qué edad tiene su hija?
Diez años.
No sé cómo agradecérselo. Muchas gracias.
Pues tenga.
Si quiere enviarme flores.
VICEPRESIDENTA DE RECURSOS HUMANOS GLOBALES
Es broma.
Llámeme si se pasa por Bruselas y me invita a un café.
O una cerveza.
Bueno. Pues adiós.
Soy yo.
¿Dónde estáis?
Está dormida.
Anda. ¿Y eso?
Pues porque es tarde ya. Te he dicho que estaba agotada.
- No es verdad. - Sí, es verdad.
Joder.
No han parado quietos y ha llegado a casa frita.
No se habrá disgustado, ¿verdad?
Pues sí, un poco, sí.
Pero le he dicho que estos días estás muy liado
y que os veríais mañana por la mañana.
Lo siento.
Eso díselo a ella.
¿Te quedas a cenar?
No, me voy ya.
Venga, solo una copa.
Vale, una copa.
Y ya.
Gracias.
- Salud. - Salud.
Voy a dejar la obra.
¿En serio?
Sí.
Pero ¿cómo? ¿Vas a dejarlos plantados?
No los dejo plantados.
Dominique puede tomar el relevo mientras buscan a alguien.
Por favor. Sabes que Dominique, si te vas, se va contigo.
- No tiene por qué, necesita el dinero. - ¿Y tú no?
Sí, pero construir un edificio como ese para gente como esa
es justo lo que no quería hacer.
Pero eso ya lo sabías,
ni que esta fuera la primera vez que lo hablamos.
- Ya lo sé. - ¿Y de qué vas a vivir?
No sé, ya pensaré algo.
Les pediré que me den cosas más pequeñas y,
a las malas, puedo volver al estudio a diseñar, ¿no?
Bueno, me voy.
Ya pasaré a recoger las cajas. Te lo prometo.
Bueno.
- Que descanses. - Gracias, tú también.
Adiós.
Adiós.
¿Dónde estabas?
Trabajando, lo siento, he acabado muy tarde.
¿Se ha ido ya mamá?
Sí. Me ha dicho que te dé un beso.
Mañana por la mañana te doy tu regalo.
Vale.
Buenas noches.
Felicidades.
Descansa.
Hostia, es que se va a ir todo para allí.
Si se levanta viento, adiós a todo.
HOLA, VICTORIA, MAÑANA POR LA MAÑANA TENGO UNA REUNION DE TRABAJO EN BRUSELAS
¿LE INVITO A UN CAFÉ DESPUÉS? EL SEÑOR DE LA PANTERA (DAVID).
Hola, jefe.
A la 30.
Vale.
LLAMADA ENTRANTE
¿Hola?
Acabo de leer su mensaje. ¿A qué hora llega mañana por la mañana?
Pues llego esta noche, porque mañana ya no había trenes y...
Tengo tiempo después de la reunión de mañana.
¿Y no prefiere que cenemos juntos esta noche?
Sí, ¿por qué no?
Tampoco quiero forzarlo, ¿eh?
No, no me está forzando.
- ¿En qué barrio va a estar? - El hotel está cerca de Saint-Gilles.
Allí hay un restaurante chino genial. ¿A las 20:30 le parece bien?
Sí.
Genial, pues reservo y le envío un mensaje con la dirección.
Hasta luego.
Hasta luego, sí.
Hemos llegado a Bruselas, fin del trayecto.
Por favor, comprueben que no se dejan ningún equipaje a bordo
antes de bajar del tren.
Gracias por viajar con Thalys. Feliz estancia y hasta pronto.
¿Es usted el señor Pantera?
Sí.
Sígame.
- Gracias. - No hay de qué.
Hola.
Hola.
- ¿Quiere probar el cerdo Dongpo? - Sí.
Lo habla superbién.
Voy bastante a China así que he tenido que ponerme un poco las pilas.
¿Y por qué quiere usted dimitir si no es indiscreción?
Quiero dimitir porque hace tiempo que siento que no estoy en mi lugar.
Y porque en una obra tan complicada esa sensación es todavía mayor.
¿Qué clase de obra es?
Una gran torre de oficinas, un poco a la antigua.
¿Y por qué es tan complicada?
Buena pregunta.
Es una obra que arrancó hace unos diez años
y que se ha parado varias veces.
Estuvieron a punto de abandonar el proyecto y tirarlo todo.
Pero llego un nuevo promotor y quiso salvar la torre.
Así que hay que acabarla.
Supongo que les costaría formar equipos.
Sí, había poca gente interesada.
Pero usted aceptó.
Porque necesitaba dinero.
Pero yo soy arquitecto.
¿Y su jefe lo sabe?
¿El qué? ¿Que soy arquitecto o que necesitaba dinero?
Que viene para dimitir.
No. Sabe que vengo, pero no para eso.
A ver si no me equivoco.
Abrió un estudio solo o con un compañero al salir de la facultad de arquitectura.
Después de mucho esfuerzo, ganó decenas de concursos,
pero sin red es complicado, vivía al día.
Y como no tenía un sueldo y había que pagar el alquiler,
la cosa se puso muy fea.
Tuvo que empezar a hacer proyectos a diestro y siniestro
que le robaban tiempo para hacer los suyos propios.
Y siguió así hasta el momento
en que no fue capaz de gestionarlo todo y necesitaba dinero.
Y entonces le ofrecieron el puesto de jefe de obra.
¿Y qué opina su mujer?
¿De qué?
De todo esto, la obra, la arquitectura, su dimisión.
No lo sé, estoy separado.
Y usted, ¿qué?
Vicepresidenta de Global Human Resources,
¿en qué consiste?
Consiste en ocuparse de la política de recursos humanos del grupo.
En resumen, intento poner a cada persona en el puesto adecuado.
Y me aseguro de que esa persona esté bien en ese puesto
y no tenga ganas de irse a otro sitio.
Y si eso acaba sucediendo,
le propongo otro puesto con más responsabilidad, más sueldo.
Supongo que es lo que le propondrá su jefe mañana,
si de verdad lo necesita,
más responsabilidades, más dinero.
¿Usted cree?
Bueno, es lo que haría yo.
Y también le haría una pregunta. ¿Cómo se llama usted?
¿Me haría esa pregunta?
No. ¿Cómo se llama usted, cuál es su apellido?
Kolski.
Señor Kolski, ¿conoce las cuatro zonas?
¿Las cuatro...?
No sé, conozco las zonas inundables, las zonas habitables...
Faltan dos.
No. La zona de confort, la zona de miedo,
la zona de aprendizaje y la zona de grandeza,
¿en cuál diría que se encuentra, así, sin reflexionar?
Gracias.
- Buen provecho. - Buen provecho.
- Bueno, gracias por la cena. - Ha sido un placer.
Vaya.
Tenía derecho a coche de empresa y elegí el más grande.
¿Qué coche tiene usted?
Un Saab 900. ¿Sabe cuál es?
Es el coche preferido de los arquitectos.
- No sabía, ¿por qué? - Porque es bonito.
¿Qué año?
Noventa.
Es tarde y tengo que estar fresco mañana.
¿Quiere que le acerque en coche?
Iré andando, el hotel está aquí al lado.
Termine esa obra,
todo el mundo sabrá que ha sido gracias a usted.
Le lloverán oportunidades y, entonces, podrá elegir.
Y le escucharán.
Y será libre para volver a la arquitectura si quiere.
- Hola, Jean-François. - ¿Qué tal?
- ¿Quieres un café? - Estoy bien, gracias.
Siéntate, por favor.
Arriba está el despacho de Garrel, luego subimos si quieres.
Ayer cené con él y con el director general
y se vienen proyectos muy chulos.
Te escucho.
Anoche estuve reflexionando qué decirte, bueno, o cómo decírtelo.
Y después empecé a pensar
en todas las cosas que hay que solucionar,
el retraso...
Y, como no podía dormir, me levanté y me puse a trabajar.
Conozco la torre de memoria.
Puedo dibujártela con los ojos cerrados, darte los códigos de cualquier tabique
o decirte el color de los lavabos de la planta 45.
Es que ese es tu trabajo, David.
Ya sé que es mi trabajo.
Pero quiero que quede bien claro que esta obra depende de mí.
Si renuncio, os dejo en la mierda en el minuto uno.
Quieres un aumento, ¿no?
No.
Entonces, ¿qué quieres?
Respeto.
Que no vuelvas a hablarme como me hablaste por teléfono.
Y que Garrel no vuelva a hablarme como en la reunión.
Garrel es el cliente, sabes de sobra cómo funciona esto.
Me la suda. No soy ni su perro ni su esclavo.
Soy arquitecto y jefe de obra y, hasta que no se demuestre lo contrario,
él me necesita a mí para construir esa torre, no al revés.
¿Has venido hasta Bruselas para decirme eso?
Sí.
Vale. Pues nada...
Me disculpo, sinceramente, en mi nombre y en nombre del señor Garrel.
Otra cosa.
El calendario de la obra no es asumible
porque, de nuevo, lo habéis hecho con los comerciales
y no con los equipos de obra. ¿O no es verdad?
Sí, es verdad.
Traslada eso también a Garrel.
De acuerdo.
Gracias.
- ¿Seguro que no quieres un café? - Me tengo que ir.
Vamos a hablar de trabajo aunque sea dos minutos, ¿no?
Es lo que acabamos de hacer.
LE HE HECHO CASO
¡LOS RAJADOS NUNCA GANAN, LOS GANADORES NUNCA SE RAJAN!
¿LE AVISO CUANDO ME PASE POR PARÍS?
- Jean-François, ya ha llegado David. - Ya estoy aquí.
Muy bien.
- Es este de aquí. - ¿Este?
¿Empezamos o qué?
- ¿Hola? - Perdona, ya estoy, te escucho.
- ¿Estás bien? - Sí.
A ver, después de nuestra reunión,
retrasé la fecha de fin de obra al 20 de junio.
Y estaba genial,
había tiempo de barrer, de darse una ducha...
Y podíamos irnos de vacaciones tranquilos.
Y ahora me envías un correo diciendo que quieres retrasar la obra dos meses.
¿Cómo le vendo yo eso a Garrel?
¿Sois conscientes de las penalizaciones que le cobrarán los kuwaitíes
si entregamos con dos meses de retraso?
Como ya te he dicho,
el problema es que es muy fácil anticipar científicamente
- la cadencia de construcción. - ¿Sí?
Pero es imposible mantenerla cuando hay azares e inclemencias climáticas,
como es el caso.
Aun así, haremos todo lo posible por terminar en una fecha razonable.
¿Qué es una fecha razonable?
Podríamos terminar alrededor del 30 de julio,
siempre que no surjan nuevas dificultades.
Es demasiado tarde, joder,
no puedo decirle a Garrel que acabaremos la obra
alrededor del 30 de julio
cuando firmamos que la acabaríamos el 20 de junio, David.
Jean-François, soy Dominique.
Estoy de acuerdo con David,
creo que el 30 de julio es una fecha realista
que podemos cumplir.
Vale, escuchadme bien.
Quiero la obra terminada para el 20 de julio, no el 30.
¿Está claro?
Vale, el 20.
Pues ya está.
Genial, muchas gracias.
- ¿Hola? - David.
Hola, soy Victoria.
- ¿Todo bien? - Sí, tranquilo.
¿El 20 de julio? Hostia. ¿Tienes una solución?
- No, pero la encontraremos. - La encontraremos, claro.
Nos apañaremos.
No tendrás el número de una canguro.
- ¿De una canguro? - Sí.
Sí, abajo.
Pues dámelo.
- Buenas noches. - Buenas noches.
Ya casi estoy preparada, ¿quiere esperar dentro?
Sí, claro.
¿Por dónde?
¿Quiere beber algo?
No, estoy bien, gracias.
He reservado en un italiano cerca de L’Étoile, ¿le parece bien?
Sí.
Lo encuentro muy guapo.
Yo también la encuentro muy guapa.
Lo siento, creo que no puedo.
¿Te puedo preguntar algo?
Dime.
¿Sueles tener encuentros como este?
¿Qué quieres decir?
No sé, acostarte con alguien que conoces tan poco.
¿Si suelo tener encuentros como este
o si suelo acostarme con alguien que conozco tan poco?
Las dos.
Yo no creo que nos conozcamos poco, en absoluto.
Y no, no suelo hacerlo, ¿tú sí?
No.
- ¿Qué te parece el champán? - Muy bueno.
No me has dicho a qué has venido a París.
A una reunión con mis sindicatos, tenemos una filial que no va muy bien,
así que vamos a ver qué podemos hacer y qué no, claro.
Si pudiéramos, nos deslocalizaríamos, pero imagínate qué odisea.
En fin, mañana hablaremos de competitividad, horas extras y,
sobre todo, de objetivos a corto, medio y largo plazo.
Ya lo sabe todo, caballero.
Tiene gracia lo que cuentas,
porque justo antes de que me llamaras esta tarde,
he tenido una reunión en la obra
que más bien ha sido una reunión de crisis
en la que me he comprometido a disminuir un retraso,
que sé que no solo será indisminuible, sino que se agravará.
¿Eso qué tiene que ver con lo que he dicho yo?
Es evidente.
Vosotros, los poderosos, os habéis dado cuenta
de algo maravilloso.
"Vosotros, los poderosos". Empiezas bien.
Pues sí.
Fijáis objetivos desmesurados sabiendo que algún pobre intentará cumplirlos.
Y que, en la mayoría de los casos, hará todo lo posible por alcanzarlos.
Aunque le cueste la salud, el sueño, la familia, la vida personal...
¿Y ese pobre eres tú?
Los no poderosos sois tontos por aceptar cosas como esas.
De hecho, yo creo que os excita
poder realizar lo imposible y convertiros en héroes.
- ¿Puedo comerme la última gamba? - Por supuesto.
Bueno, jefes de equipo, ya sé lo que pensáis
y pienso prácticamente lo mismo.
Entregar el 20 en vez del 30, en realidad, no cambia nada.
Porque para nosotros el 20
no es solo una cruz en un calendario o en un archivo Excel.
Porque nosotros no nos pasamos el día sentados delante del ordenador.
pensando a dónde vamos a ir a comer.
Porque es nuestro sudor, es nuestra sangre, es nuestro trabajo.
Así que vale, haremos horas extra, fines de semana.
Veremos menos a la familia, a los amigos...
Lo daremos todo como no lo hemos dado nunca.
Pero ¿sabéis qué?
El 20, cuando entreguemos, pues es lo que piden,
les diremos: "¿Hemos entregado a tiempo o no?
Tan preocupados que estaban".
Y luego subiremos todos juntos a plantar la puta bandera
y a descorchar una caja de champán.
Eso es lo que haremos.
Y dentro de 40 años, amigos,
cuando paséis por la A-13 con el coche,
con vuestros hijos en los asientos de atrás,
y veáis esta torre, les podréis decir:
"¿Veis esa torre? Yo la construí.
Sí, nos costó la hostia,
fue duro, hizo frío, hizo calor, pero todos unidos lo conseguimos".
Y podréis decirles: "Qué bonita torre, ¿eh?
¡Qué bonita que es...
nuestra torre!"
¡Sí!
Gracias, equipo.
Señor Kolski. Hay alguien que quiere hablar con usted.
Siéntese, por favor.
Disculpe, pero no sé quién es.
No creo que mi nombre le diga gran cosa.
En fin, parece que está dedicando una energía considerable
a que las obras de cierta torre se acaben en tiempo y hora.
Está claro que no lo conseguirá, porque lleva ya seis semanas de retraso.
Y, aun así, sigue dando el máximo, ¿no?
Hago mi trabajo, sí.
Es normal.
Le ofrezco 300.000 euros para que continúe haciéndolo,
asegurándose de que la torre mantenga su pequeño retraso.
Bueno, pequeño...
Depende de para quién.
En fin, el dinero se ingresará en la cuenta de una SCI
en cuyo capital entrará usted por la suma que le he indicado.
¿Esto va en serio?
Puede reflexionar, no necesito que me responda ahora.
Hasta pronto, señor Kolski.
- ¿Sí? - Están aquí los kuwaitíes.
No me jodas, se me había olvidado. ¿Dónde están?
Abajo, con Caroline.
- ¿Me encargo yo? - Te lo agradecería.
Diles que he tenido una urgencia y que paso a saludar después.
Caroline, la visita la hago yo, que David no puede.
Llego en dos minutos. Necesito un café.
- Vale, Dominique. Recibido. - Sírvete.
¿Has visto las estadísticas que ha sacado Caro?
Son una locura.
Levantamos una planta cada cuatro días,
un ritmo que yo no había visto nunca.
Ya he visto.
Me ocultas algo.
¿Qué?
No lo sé, pero estás muy raro. Me ocultas algo.
Ah, ¿sí? Pues no, te juro que está todo bien.
Vale, pues nos vemos luego.
Sí, ¿puedo pedirte un favor?
- Dominique. - Dime.
¿Puede dormir Julia hoy en tu casa?
Es que he quedado con un viejo amigo para tomar algo y...
Así ve a sus primos, que le hará ilusión.
- ¿Qué? ¿Vienes? - Ya voy.
¿Has ligado?
Me lo puedes contar, ¿eh?
Sí, ya lo sé, pero ya te he dicho que he quedado con un amigo.
¿Qué quieres que le diga a Julia?
Lo que te he dicho, que he quedado con un viejo para tomar algo.
Vale.
- Perdón, discúlpame. - No pasa nada.
Tengo un regalo para ti.
Gracias.
Qué bonito.
Es una casa cinética.
Está construida sobre un rail enterrado en el suelo
y se mueve con las estaciones.
Y, además, todas las casas vecinas se mueven a la vez.
Y todo gira alrededor de un parque ajardinado
con parcelas que son diferentes las unas de las otras.
De esta manera, puedes estar frente a un bosque en abril
y delante de un río tres meses más tarde.
Y sin tener que mudarte.
Es el primer concurso que gané, pero no llegó a construirse.
Disculpa un segundo.
Tranquila.
¿Por qué?
¿Por qué no se llegó a construir?
Porque el alcalde se hizo ministro
y el proyecto se acabó perdiendo en alguna parte.
Qué pena.
¿Y no te lo quieres quedar?
Es un regalo, es para ti.
Gracias.
Me emociona mucho, de verdad.
- Su mesa está preparada. - Gracias.
¿Sabes qué? Tu casa me recuerda a una en la que viví de pequeña.
Pero más bonita.
Ojalá hubiera girado con las estaciones.
¿Y tú nunca has querido tener hijos?
Gracias.
¿Quién te ha dicho que no los tengo?
Pues tú.
No.
No me lo habías dicho.
No me lo habías preguntado.
No de manera explícita, pero porque parecía evidente.
¿Qué parecía evidente, que no tenía hijos?
Sí.
Evidente para ti.
¿Tienes hijos?
Sí. Tengo dos hijas.
- ¿Me estás vacilando? - No.
- ¿Qué edad tienen? - 20 y 22.
¿Y el padre es...?
Mi marido.
¿Tu exmarido?
Mi marido.
¿No estáis divorciados?
No.
Pero al menos estaréis separados.
¿No estáis separados?
Y...
¿Dónde está? ¿Dónde vive?
Aquí, en París.
¿En París?
- No, me estás vacilando. - Que no.
Y... ¿Dónde soléis veros? ¿En su casa?
En nuestra casa, tenemos un piso cerca del jardín botánico.
¿Tenéis un piso en París?
O sea, es tu piso, es tu casa.
Sí.
¿Y tu marido sabe que estás en París esta noche?
No, por supuesto que no.
- Tengo que coger, perdona. - Claro.
Ya.
¿A qué se dedica tu marido?
Tiene un fondo de inversiones.
¿Tiene un fondo de inversiones? ¿Es suyo?
Lo creó él, sí.
Soy libre, David, hago lo que quiero.
INVERSIONES WINTER
PRESIDENTE FUNDADOR
¡Bravo, chicos!
¡Bravo a todos!
Podéis estar orgullosos, esos aplausos ahí, hale.
Bueno, como manda la tradición.
No os lo bebáis todo, ¿eh?
Por vosotros y el fin de la obra.
Bravo a todos, bravo a todas.
De verdad, gracias.
Os dije que se acabaría a tiempo y se ha acabado a tiempo.
Bueno, hay algo que Dominique todavía no os ha dicho
y es que tenemos diez días para poner las paredes y terminar todo.
- Diez semanas. - Diez semanas.
- Es que diez días... - No, son diez días.
Ya le vale. Diez días.
Nos han dado un día.
No, nos dan diez semanas para poner las paredes y terminar todo.
Así que nada, seguimos así, que vamos bien.
Y ya está, a vuestra salud y gracias otra vez.
- Yo quiero un aumento. - Ya, claro.
- ¿Qué? - Un aumento.
¿Hola?
- ¿Te pillo mal? - No, no.
- No puedo hablar mucho, estoy reunido. - Ah, perdón.
Aunque parece más una celebración que una reunión, ¿no?
Es que acabamos de terminar el edificio.
Ah, ¿sí? Enhorabuena.
Qué bien que hayas acabado ya tu torre.
No está acabada, solo está construida.
Bueno, pero no deja de ser todo un hito, ¿no?
- Sí. - Te invito a cenar.
¿David?
Sí, estoy aquí.
Te invito a cenar.
Victoria, creo que tenemos que dejarlo. Por el bien de los dos.
¿Seguro que es un buen momento para tomar esta decisión?
Creo que es lo mejor para mí.
Y yo creo que te equivocas, David. Ya hablaremos.
¿Hola?
¿Hola?
¿Cómo se te ocurre aceptar una entrega sin comprobar el albarán?
No sé, llámale y ya veremos mañana.
No, mañana, que ahora no puedo.
Lo siento, hija.
¿Qué?
- ¿Cuántos hay? - ¿Diez? ¿Once?
Siempre estás al teléfono.
Es por trabajo, cuando no estoy yo, no dejan de hacer tonterías.
¿Qué clase de tonterías?
Pues les acaban de entregar las baldosas que no eran
y me he enfadado un poco.
Pero no lo habrán hecho a propósito, ¿no?
- ¿Qué te apetece cenar hoy? - No sé, ¿pasta?
Además, los insectos son una fuente de alimento
para muchos animales como aves, peces y pequeños mamíferos.
Su ausencia podría alterar las cadenas alimentarias
y causar un desequilibrio
en las poblaciones de otras especies animales.
La preservación de sus hábitats naturales
- debe ser una prioridad. - Ahora vengo.
Por ejemplo, mediante iniciativas que ayuden a restaurar
los ecosistemas dañados.
...cuanto pueda, gracias.
Hola, Victoria, soy yo,
solo quería saber si has visto mi mensaje.
Supongo que estarás muy ocupada o igual estás fuera,
pero llámame o escríbeme.
Un beso.
- ¿Sí? - ¿Has ido a ver a Lamberti?
- No he tenido tiempo. - Tienes que ir.
Y en el R-38 hay un problema con la escalera de servicio.
¿Qué tipo de problema?
Un escalón corto, no sé cómo ha podido pasar.
Pero ¿es peligroso?
- Pues que lo repitan, no hay elección. - Vale.
Joder.
- ¿Qué quieres que haga? - Cerrarlo.
No puedo, David, no hay la distancia reglamentaria.
¿Y para qué me preguntas?
Te he dicho que lo cierres, sabes que no hay ningún riesgo.
Mañana a las 8:00 viene el de los tabiques
y no quiero hacerle esperar.
Como quieras, pero déjalo por escrito.
- ¿Que deje por escrito qué? - Eso, que tengo que cerrarlo.
Pero ¿qué dices? ¿Quién te ha mandado cerrarlo?
Tú, me lo acabas de decir.
¿Yo te he pedido que lo cierres? ¿Me estás vacilando?
David, déjate de juegos, ¿eh?
Déjate de juegos tú.
Me da igual quién te lo haya pedido, ciérralo y punto.
Y no me vengas con que hay diez centímetros de más
- entre el puto techo y los conductos. - No, espera, no voy a cerrar nada
si no me firmas un papel antes.
Te cuento.
Tengo una subcontrata que pasa de mí,
otra que está en suspensión de pagos y otra que solo hace tonterías.
He perdido todo el tiempo que había conseguido recuperar.
Cada día que pasa, sumo medio día de retraso.
Así que no me rayes con los conductos, ¿vale?
Ciérralo y se acabó, no necesitas ninguna firma.
Si no te ha quedado claro, hablo con contabilidad
y que te paguen a 60 en vez de a 30 días.
¿Qué te parece?
Menudo hijo de puta eres.
¿Qué has dicho? Repítelo.
Ya me has oído.
Si no estás contento, pírate.
Cada día, me llaman diez empresas como la tuya.
Joder.
Hostia.
- Hasta mañana, David. - Hasta mañana.
Hola, ahora no estoy disponible, pero puede dejarme un mensaje
y le llamo en cuanto pueda, gracias.
¿Me está siguiendo?
¿Sabe que no es legal? Podría denunciarle.
Buenas noches. ¿Todo bien?
¿Ha valorado nuestra propuesta?
Sí, la he valorado y no voy a ralentizar, sino a acelerar.
Voy a acabar a tiempo.
Ah, ¿sí?
¿Y cómo va a conseguirlo? Si no es indiscreción.
No es indiscreción, pero ya le he dicho que acelerando.
¿Y si son 400.000?
Podría montar un estudio, tener su despacho.
Un equipo.
Empezar de cero.
Adiós.
- ¿Así está bien? - Sí.
- Demasiado negro, ¿no? - Podemos añadir...
- ¿Blanco? - Para aclarar.
¿Así está bien?
LLAMADA ENTRANTE
- ¿Hola? - Soy yo, ¿qué tal?
Bien. ¿Dónde estás?
¿Has vuelto a Bruselas?
No, estoy debajo de tu casa.
¿Bajas?
Ahora voy.
Voy a hacer un recado, pero no tardo, ¿vale?
Tengo que subir. Que tengo a mi hija sola en casa.
¿Julia?
¿Julia?
¿Julia?
- No lo entiendo, ¿qué ha pasado? - ¿Que qué ha pasado?
Me ha llamado la vecina.
Julia no sabía dónde estabas y ha ido a su casa.
¿Qué cojones hacías?
- ¿No puedo confiar en ti? - Solo he salido a hacer un recado.
Mira, vete a buscar a Julia y ya hablaremos luego.
Qué elegante.
Hay cámaras por todas partes, ¿un café?
Sí, por favor.
Sigo sin saber por qué estoy aquí.
- ¿Quieres azúcar? - Sí.
Gracias.
El grupo lanza una licitación
para su nueva sede social.
- ¿Y quieres que la redacte yo? - No. Quiero que participes.
Gracias por pensar en mí, pero ya no tengo empresa, estoy solo.
Y llevo diez años sin diseñar un proyecto.
En realidad, más que una licitación, es un concurso de ideas.
De momento, no quieren ni presupuestos ni viabilidad.
Ni siquiera hace falta presentar un estudio,
solo quieren ideas.
No me conoce nadie, no he construido nunca nada.
Solo quieren ideas, David.
Eres un arquitecto excelente, si no estuviera convencida,
no habría luchado para conseguirte esta reunión.
- Hola, Margaret, ¿qué tal? - Hola, Victoria. Estoy bien, gracias.
- Le presento a David Kolski. - Hola. Encantado.
Por favor, siéntese. Bueno, David, no sé mucho sobre...
Le has gustado a Margaret.
Ah, ¿sí?
Un arquitecto francés que habla inglés con acento,
todo lo que le gusta.
¿Crees que tengo alguna posibilidad?
Sí. Sobre todo, si acabas la torre a tiempo.
Vaya, no tengo hielo.
No pasa nada.
Y ¿hace mucho que vives en este piso?
Un año.
Te parece que está un poco vacío, ¿no?
Un poco, sí.
¿Puedo investigar?
Al principio, pensé:
"Voy a comprar muebles, pintarlo y decorarlo",
pero no he tenido tiempo y me he acabado acostumbrando.
Eso sí que lo has colgado, ¿eh?
Pues sí.
¿Por qué? ¿Qué quieres que cuelgue, fotos de mis hijas?
Por ejemplo.
Están en una caja con las de mi marido, ¿quieres verlas?
No hace falta.
- ¿A qué hora sale tu tren? - En hora y media.
Pues voy a darme una ducha.
La idea principal es que ningún trabajador
esté a más de 30 segundos de un espacio exterior.
De hecho, hay que concebir el edificio,
o sea, el edificio está concebido como un ecosistema
que alberga vida, biodiversidad, que captura CO2.
Un edificio de energía positiva.
Es increíble, bravo.
"El más bello edificio ecológico es el que no se construye", guau.
Me encanta.
No soy yo quien decide, pero...
- ¿Cuándo entregas? - Esta semana.
Faltan unas modificaciones a nivel de fachada y ya estaría.
Me han ofrecido 300.000 euros si acabo la obra seis semanas tarde.
- ¿Quiénes? - Los kuwaitíes.
Como aún no tienen a quién alquilarle 30 plantas,
si acabamos a tiempo, están en la mierda,
porque tendrán que pagar el edificio y no lo tendrán alquilado entero.
Pero, si se retrasa, evidentemente,
se atrasa el pago y pueden cobrarle una penalización a Garrel.
¿Cuánto es la penalización?
200.000 por día y 300.000 a partir de la cuarta semana.
Si te lo ofrecieran a ti, ¿aceptarías?
Sí, ¿tú no?
No lo sé. Es una cuestión moral, ¿no?
No te han pedido sabotear un ascensor o poner una bomba en un sótano, ¿no?
Tú sí que eres una bomba.
Señora. Señor.
- Hola, Maxime. - Hola.
Hola, Victoria.
Anda...
Hola.
Laurent, un viejo amigo.
David Kolski, un arquitecto con el que trabajo.
Hola.
¿Cenas aquí?
Eso parece, sí.
No te hacía en París.
Y ¿En qué está trabajando? Por curiosidad.
Un concurso para una futura sede social.
Llámame.
- ¿Quién es? - Laurent.
- Ya, pero ¿quién es? - Ya te lo he dicho, un amigo.
¿Y sabe lo nuestro?
No. ¿Por qué?
No sé. Se ha dirigido a mí de forma rara.
No me lo ha parecido.
Habéis tenido algún rollo, ¿es eso?
Da igual, eso no es importante.
Si no es importante, ¿por qué no me lo dices?
¿Es con quien quedaste la noche que te conocí?
Sí.
Entonces, es muy reciente. Fue justo antes de mí.
No sé, yo lo siento lejano, en realidad.
¿Ese no es tu marido?
Paso a verte después.
Tu examante cena con tu marido. Se conocen.
Sí, son amigos.
Lo siento, no sabía que habían quedado hoy.
¿Y por qué Laurent no te ha dicho que cenaban juntos?
Podría haberte avisado.
¿Avisarme de qué?
Le he dicho que lo nuestro era una cena de trabajo.
Se ha dado cuenta de que es mentira.
Tienes que ir con ellos, es muy raro, si no.
Al contrario, sería peor.
Y hace un rato que tu teléfono no para de vibrar.
¿Sabe tu marido que tuvisteis un rollo?
No.
Yo alucino. ¿Qué pinto yo en esto?
- ¿Qué quieres decir? - ¿Qué soy yo exactamente?
Eres tú, aquí, ahora, en esta mesa conmigo, y yo contigo,
¿qué es lo que no comprendes?
No sé, deberías estar avergonzada y con ganas de echar a correr,
y no, el que está estresado soy yo.
Lo estoy, simplemente intento disimularlo.
Ya, pero yo no tengo ni tu sangre fría ni tu experiencia.
Es increíble, ¿eh? Estamos en tu sistema.
Donde hay un control total, un dominio.
Donde todo es fácil.
Sin barreras, sin tabúes.
Donde siempre caes de pie.
Un poco sórdido, ¿no?
¿Sórdido? Yo no soy sórdida, David.
Yo no he dicho que seas sórdida.
He dicho que tu sistema es sórdido.
Pero ¿qué sistema? ¿De qué hablas?
A ti también te gusta verme y beber champán en mi habitación,
tú también das órdenes a lo largo del día
y gritas a todo el mundo,
así que cálmate y deja de sermonearme.
¿Qué haces?
Invito yo.
Levántate y dame la mano.
- ¿Qué tal? ¿Ya habéis acabado? - Sí.
- Buenas noches, caballero. - Buenas noches, gracias.
¿Saben cómo le llamo yo a eso?
Una mentira. Una puta mentira.
Un mes y medio de retraso, ¿se puede saber qué hostias ha pasado?
Y no me vengan con que han sido las subcontratas.
Espabilen, que aquí algo no funciona.
Me lo estoy jugando todo con esto, hostia puta.
Miren, voy a serles muy sincero.
Me da igual cómo lo hagan.
PIENSO EN TI. ¿TODO BIEN? BESOS
Machaquen a las subcontratas, trabajen a tres turnos,
contraten a más personal, pónganles pañales, hagan lo que sea.
Pero el 30 de septiembre por la mañana
me tomo un té con los kuwaitíes, les entrego las llaves
y me largo de aquí. ¿Está claro?
Si siguen así, te aseguro que tendrán un accidente.
¿Has visto qué caras? Están fritos.
Lo sé, pero hay que llegar como sea.
¿Llegar adónde? ¿Qué pretendes hacer en un mes y medio?
- No lo sé, Dom, ya se verá. - ¿Ya se verá? ¿Qué se verá?
No lo sé, ya se verá, no hay elección.
Anoche me llamó Gabrielle, que no daba contigo.
Ya, es que tenía que ir a buscar a Julia.
Pero tuve que venir aquí a arreglar un asunto
y se me fue completamente.
No me tomes por tonto.
Te llamé, me saltó el buzón, llamé aquí y no había nadie.
Estabas otra vez con tu viejo amigo, ¿no?
- Sí. - ¿Y tiene nombre?
Sí. Se llama Victoria.
¿Y a qué se dedica?
A recursos humanos, en una empresa de logística.
Schenkel, ¿la conoces?
- Qué bien, ¿no? - Sí.
Además, me ha metido en el concurso de su nueva sede social.
Estuve con la directora general
y me contó un poco.
Quieren construir algo ecológico,
pero creo que les propondré una renovación,
algo cien por cien neutro.
Está muy bien. Pero ¿vas a hacerlo solo?
- ¿Qué quieres decir? - Pues hombre...
¿Tenías pensado comentármelo?
Lo acabo de hacer, ¿no?
Porque te lo he preguntado yo, no me tomes por tonto.
No, a ver, tengo que hacer primero el diseño.
Es un concurso de ideas.
Y, si gano, ya entras tú, ¿qué te parece?
No lo sé.
- ¿Perdona? - Sí.
- Oye, ¿y qué le dijiste a Gabrielle? - ¿Cómo?
Cuando te llamó.
Pues le dije que habíamos tenido una reunión con Caroline
para discutir la fase final
y que después viniste a la oficina a resolver un asunto.
Bien.
No me gusta mentir, David. Y menos a mi hermana.
Esto sigue igual.
Joder.
¿Qué hacemos?
Menuda panda de inútiles, joder.
ÚLTIMA HORA HUELGAS CHINAS EN PEKÍN
Qué bonitas.
- ¿Puedo servirme una copa? - Claro.
- ¿Tú quieres algo? - No, gracias.
Por cierto, ayer le envié el dosier a Margaret.
¿No te ha dicho nada?
Pues no. ¿Por qué iba a decirme nada?
¿Pusiste a su ayudante en copia?
Pues ya está. Ahora toca esperar.
¿Y cuánto puede tardar?
No sé. ¿Un mes?
A que no sabes qué soñé anoche.
Era una habitación un poco como esta, pero diferente,
y estábamos haciendo el amor.
Entonces, se abría la puerta...
Y estaba todo el equipo observando.
Y yo les gritaba:
"¿No tenéis otra cosa que hacer, no tenéis trabajo?"
Y uno de ellos se acercaba, Philippe, un electricista muy majo.
Se acercaba a mí y me decía...
"Es que no sé qué más hacer. Ya no hay trabajo y..."
"¿Cómo que no hay trabajo?"
"Ya está acabada".
Y yo... "¿El qué?"
"La torre estaba acabada".
Y me desperté.
- ¿Cómo te fue con él? - ¿Con quién?
- Con Laurent. - ¿Por qué me preguntas por él?
Porque no me cuentas nada.
¿Qué quieres saber?
No lo sé, qué hacíais, dónde quedabais.
En qué hotel, en qué restaurante.
¿De verdad quieres hablar de eso?
Sí.
Si insistes...
Nos citábamos en algún lugar.
En la calle, en un jardín, en un parking...
Y yo tenía que reconocerlo.
- ¿Reconocerlo? - Le encanta disfrazarse.
Y se le da tan bien el arte del disfraz que a veces era muy difícil.
Después, íbamos a un hotel de por allí que él había fichado o reservado,
siempre a la habitación más barata, cosa suya.
Hacíamos el amor y hasta otra.
¿De qué se disfrazaba? Dame un ejemplo.
No sé, de todo, la verdad.
Nada espectacular, solo se convertía en alguien diferente.
Una vez, paré a un tipo y le tiré fuerte del pelo
pensando que era una peluca.
Ponerse una peluca para echar un polvo en un Fórmula 1...
No se me habría ocurrido.
Será mi lado provinciano.
Y tema tríos, clubs de swingers, ¿has probado?
Sí.
- ¿Sí qué? - Sí, una vez probé a hacer un trío.
¿Y quién era la tercera persona? ¿Un hombre?
No.
¿La elegiste tú o la eligió Laurent?
No fue con Laurent, si tanto te interesa.
- Ah, ¿no? - No.
¿Y fue bien?
Fue una experiencia, pero, por lo que recuerdo, sí, fue bien.
¿Ya has acabado con el interrogatorio?
Depende.
¿Ocultas algo más?
No oculto nada, tú preguntas y yo respondo.
No me has respondido a lo del club de swingers.
¿Has ido? ¿Con Laurent o con otro?
No.
- ¿Por qué? - Porque no he querido.
¿No has querido con ellos o en general?
¿Y conmigo querrías?
¿Eso qué quiere decir?
Quiere decir que no lo sé. ¿Por qué no?
Dígame.
- Buenos días. - Buenos días.
Quería reservar para dos personas la noche del viernes.
¿Reservar? ¿Reservar qué?
No sé muy bien cómo funciona esto, pero me gustaría ir con alguien.
¿Cómo funciona? ¿Ha venido alguna vez?
No.
Pues tendrá que venir y verlo usted mismo.
- Hola. - Hola.
Siento el retraso.
- ¿Está todo bien? - Sí.
La última vez, había un problema de pintura
en la escalera entre el R8 y el R20.
¿Han conseguido resolver el problema?
Sí, claro. Se ha vuelto a pintar.
- Vale, ¿podemos comprobarlo? - ¿Comprobar qué?
Que se ha pintado en el color correcto.
Pero si ya le estoy diciendo yo que sí.
Le creo, pero lo comprobaremos igualmente.
¿Qué pasa?
¿Qué?
No hacen el mismo sonido.
- No es nada. - ¿No es nada? Es un defecto.
Un defecto. ¿Está de broma?
No estoy de broma, señor Kolski, es un defecto.
Y voy a señalarlo.
- Kevin, ¿tienes un segundo? - Claro.
La R25 o no es la baldosa correcta o está defectuosa.
Vale.
¿Son los kuwaitíes quienes le han ordenado hacer esto así?
¿A qué se refiere?
A esto. A poner notas en todas partes.
Yo solo estoy haciendo mi trabajo y no tengo ni idea de qué está hablando.
Lo siento, pero arreglar todo esto
nos va a llevar un millón de horas.
¿Y?
Lo siento, pero una baldosa que suena raro no es un defecto.
Es solo...
Es una tontería, joder, una minucia.
¿Una minucia?
No en un edificio de 500 millones. Ya lo sabe usted.
Señor Kolski, preguntan por usted en recepción.
¿Quién es?
No se ha presentado, pero dice que le conoce.
Pero ¿quién es? ¿Un hombre, una mujer?
Una mujer.
- ¿Qué haces aquí? - Quería verte.
¿Le ha pasado algo a Julia?
No, tranquilo. ¿Tienes cinco minutos?
Ni uno más, lo siento,
estoy pasando una revisión con una psicópata.
- Julia no quiere volver a tu casa. - ¿Qué?
Que no quiere volver a tu casa.
No estás.
Va a tu casa, pero no te ve, no estás nunca,
así que no tiene ningún sentido.
No, no, ¿eso lo dice ella o lo dices tú?
Ella.
¿Cuándo acabas la obra?
En tres semanas.
Pues Julia se va a quedar conmigo hasta que la acabes
y luego ya hablaremos tú y yo sobre la custodia.
Adiós.
Hostia puta.
- Tenga. Gracias. - A usted.
Dos fallos consecutivos. Los nervios, señores, importantísimos.
Delantero centro, para él va ese balón.
Ha caído. Parecía que iba a entrar, pero no.
- Gracias, buenas noches. - A usted, adiós.
Adiós.
¿Llevas mucho aquí?
No.
¿Qué tal?
Bien.
Mañana me voy para tres semanas.
Ah, ¿sí? ¿Y adónde?
A China. Hay un problema con una fábrica.
No sé si estaré localizable.
- ¿Cuándo vuelves? - El 30.
El 30 acabo yo la torre.
Nada más aterrizar, iré a buscarte,
me pondrás un casco y un chaleco fluorescente
y subiremos a la azotea a beber champán, ¿cómo lo ves?
Genial.
Para entonces ya estará el resultado del concurso.
¿Qué quieres hacer?
- Voy a por una copa. ¿Quieres algo? - No, gracias.
¿No te quedarás dormida?
- Puedo quedarme contigo si quieres. - Tranquilo.
No hagas tonterías.
A ver si un chino te va a convencer para comer pulpo vivo.
Hasta dentro de tres semanas en lo alto de tu torre.
¿Qué?
Una mierda, David.
Tengo a la mitad del equipo arreglando defectos,
ha detectado mil por planta la tía esa.
Solo con los falsos techos, hay para dos días. Es un desastre.
Se contrata a más gente.
- ¿Y cómo vas a pagarles? - No lo sé, pero ya se verá.
- ¿De la escalera no ha dicho nada? - No.
- Voy a cogerme 15 días libres. - ¿Qué dices?
Que me cojo 15 días de descanso. Me voy.
- ¿Es broma? - No.
Acabas de decirme que estamos en la mierda con los putos defectos.
Y te vas. ¿Me estás vacilando?
- ¿Adónde te vas? - A la campiña.
¿A la campiña? ¿Qué coño vas a hacer a la campiña?
Descansar, dormir...
¿Dormir?
No puedo más.
¿Tú nos has visto las caras?
Pero ¿qué de cojones hablas? Tenemos que acabar esta puta torre.
Ya lo sé. Pero necesito una pausa.
Hostia.
¡Eh, Dominique!
¿Cuánto te han soltado?
- ¿Qué? - Los kuwaitíes, ¿cuánto te han soltado?
- Pero ¿qué dices? - No me vaciles, ¿cuánto te han soltado?
¿Cuánto? Hostia.
- Ha sido todo muy rápido, quería... - ¡Que cuánto!
- Cien. - ¿Cien mil?
- Abre los ojos, esto no puede... - Cállate, por favor. Y lárgate de aquí.
Contigo o sin ti, entrego en tres semanas.
Que te largues ya de aquí, hostia.
¡En serio, que te largues!
- ¿Sí? - Hola. Cathy Vernon, de Sofelec,
pregunta si sería posible pedir una semana más,
se ve que tiene un problema personal.
Pues no, es su problema, no el mío, que se apañe.
Ya, David, se lo he dicho ya dos veces, pero no para de llamarme.
No pienso mover el calendario
porque ella no sepa controlar a sus equipos,
que les pague más y punto, hostia.
Abdel, ¿tienes un segundo?
No puedo pagaros las horas extra.
Ni tengo el dinero ni lo tendré.
Y no puedo contratar a nuevos trabajadores.
Bakary, ¿puedes venir?
Estoy en la mierda, hasta el cuello, y vosotros conmigo.
Porque sé que os estáis retrasando con otras obras
y eso os cuesta dinero.
¿Y qué propones, jefe?
No propongo nada. Hay que acabar y punto.
O sea que no nos ofreces nada a cambio de que trabajemos más, ¿no?
¿Por qué iba a aceptar?
Todo el día jodiendo y ni las putas gracias dais.
Lo sé, lo sé.
Si tuviera el dinero,
os pagaría las horas extra de mi propio bolsillo.
Pero ya te digo que estoy sin blanca. Es imposible.
Pero ese no es mi problema.
¿Y qué puedo hacer? ¿Quieres que me arrodille ante ti?
Pues me arrodillo, me arrodillo ante ti.
David...
Algo se podrá hacer.
Muchas gracias.
Sí, David, soy yo.
Sí, va todo bien, solo quería decirte que esto marcha,
pero mañana necesitamos el material para acabar los tabiques.
Sí, ya lo sé, tranquilo, no te preocupes.
El sábado entra el comando limpieza. ¿Por qué?
Porque a partir de la semana que viene no habrá contenedor en la zona de carga
porque ya estará la definitiva.
Todo esto ya os lo explicaré con calma y lo repetiré si hace falta.
Pero a partir del lunes,
no quiero que me vengáis con problemas de entregas.
Ni que vengáis a llorarme o pedirme ayuda, ¿vale?
Avisad al resto.
A ver, os explico...
Teníamos el punto número uno, que eran los contendedores,
y ahora el acceso a la calle pasará a ser el acceso principal.
Hola, ahora no estoy disponible, pero puede dejarme un mensaje
y le llamo en cuanto pueda, gracias.
Hola, soy yo.
Son las 2:00 en China, estarás dormida.
Te quiero.
Hola, ahora no estoy disponible, pero puede dejarme un mensaje
y le llamo en cuanto pueda, gracias.
Ya está. Lo has conseguido. ¿No estás contento?
Gracias.
Sí. Gracias a ti.
Ya lo sé.
Pero las cosas no deberían hacerse así.
Se harán mejor la próxima vez.
Si es que hay una próxima vez.
Caroline, Caroline.
¿Dónde está Caroline?
Caroline, ¿puedes poner en marcha eso, por favor?
El señor Garrel no está aquí hoy, pero nos ha enviado un mensaje,
así que pido un poco de atención, por favor, nos acercamos todos.
Muchas gracias. Vamos a escucharlo. Cuando quieras.
Ya está, ¿no?
Damas y caballeros, intentaré ser breve,
que no quiero monopolizar la palabra en este día tan especial.
Es evidente que es un buen día,
un buen día para mí, un buen día para ustedes,
un buen día para la profesión de los constructores,
que es lo que somos.
Tengo que decir que soy el único que quería esta torre.
Soy el único al que no le parecía fea, soy el único que no quería derribarla.
Además, saben tan bien como yo que, hoy en día,
no se puede sacar una grúa o una excavadora
sin que te digan que las torres son cosa del pasado,
que no son ecológicas, y que el teletrabajo es el futuro.
Pero yo les digo que mientras haya
tipos trajeados en oficinas delante de un ordenador,
con otros tipos trajeados al lado, alrededor, por todas partes,
mientras eso siga así, seguirá habiendo torres de oficinas.
Y mientras haya torres, yo seguiré construyendo las mías,
guste o no guste, ¿vale?
Hoy hay una torre más que alcanza el cielo de París.
Y esa torre es la mía.
Y creo que ya he hablado bastante. Tómense una copa a mi salud. Adiós.
Bravo.
Bravo, bravo a todos.
Como ha dicho el señor Garrel,
tomaos una copa a su salud y otra a la mía.
¿Qué?
Ha valido la pena el esfuerzo, ¿no?
Totalmente.
¿Verdad que sí?
Me alegro mucho por ti, en serio.
Ahora no va a parar de sonarte el teléfono.
Por cierto, es confidencial,
pero los kuwaitíes ya han conseguido arrendatarios.
Una gran empresa de logística y flete,
creo que se quedan 30 plantas para su sede social.
Schenkel. ¿La conoces?
No.
Como sabían que los kuwaitíes estaban desesperados,
han conseguido negociar un precio bajísimo.
Pero bueno...
Así es el juego, ¿no?
Sí.
Hola, ahora no estoy disponible, pero puede dejarme un mensaje
y le llamo en cuanto pueda, gracias.
Victoria, no entiendo qué está pasando. ¿Dónde estás?
Llámame, por favor.
¡Victoria!
- ¿Diga? - Sí, ¿David Kolski?
- Sí. Hola. - Hola, me llamo Alexandra Meyer.
Soy consultora de arquitectura en Berlín.
Espero no molestarle. ¿Tiene cinco minutos?
Sí.
Verá, el año pasado formé parte del jurado del concurso de Schenkel,
por eso tengo su número.
Por supuesto, vi su proyecto de torre verde
- y me pareció excelente, brillante. - Gracias.
De hecho, lo habría defendido si no se hubiera cancelado el concurso.
Pero no le llamo por eso.
Le llamo porque trabajo para una promotora inmobiliaria
que ha sido elegida por el ayuntamiento de Berlín
para construir un barrio ecológico,
compuesto por viviendas cinéticas de bajas emisiones.
Y me he acordado de que usted había tratado el tema,
de que tenía un proyecto bastante notable
de una casa sobre raíles.
En el dossier, había un dibujo original precioso.
Una casa con acuarela.
¿Hola?
¿Victoria?
¿Perdón?
- ¿Hola? - ¿Le ha dicho Victoria que me llame?
Disculpe, no le entiendo.
Si le ha dicho Victoria Winter que me llame.
Ah, no, en absoluto. No conozco a esa persona. ¿Debería?
No, disculpe.
¿Una urbanización cinética dice?
Sí, eso es.
En primer lugar, una promoción piloto de unas 30 casas
sobre raíles o cremalleras.
Y, si funciona, se pasaría a algo más grande.
Si le interesa, nos gustaría contar con usted.
Disculpe un segundo, tengo otra llamada.
Perdón, ya está.
La semana que viene, estaré dos días en París.
¿Podríamos vernos?
Sí.
Tengo que reflexionar.
Muy bien. Ya le volveré a llamar.
Hasta pronto.
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