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La semana pasada en Married With Children,
Steve dejó a Marcy, así que Peggy decidió que deberían ir a algún sitio para olvidar.
¡Las Vegas!
No me des un cuatro porque mi marido venda zapatos.
Siete.
Para pagar sus vacaciones, Peggy tuvo que vender algo de Al.
¿Qué diablos le pasa al mando a distancia?
Bueno, papá, no soy electricista, pero diría que falta la tele.
Ah, por cierto, también falta mamá.
Esperad un momento. No pasemos por alto el problema con la tele.
Las chicas perdieron todo el dinero.
¿NECESITA DINERO? ACEPTAMOS TARJETAS
Pero Peggy encontró la forma de conseguir más.
Cuando Al se enteró, se tomó las noticias con su aplomo habitual.
Chicos, coged una muda de ropa y un bate de béisbol,
¡porque nos vamos a Las Vegas!
Y ahora seguimos con Married With Children .
Cinco mil dólares. No me lo puedo creer.
Hemos perdido 5.000 dólares por cabeza
en 22 minutos.
¿Qué vamos a hacer ahora?
Y bien, chicas,
¿quién quiere montar en el Elmo salvaje?
Y bien, chicas, ¿quién quiere montar en el Elmo salvaje?
Una jugada inteligente, Marcy. Podría habernos invitado a un par de copas.
Podríamos haberle llevado al baño y haberle golpeado.
¿Tu madre no te enseñó nada?
Debe haber otra forma de ganar dinero y no perder la dignidad.
Muchas gracias, damas y caballeros.
Haremos una pausa, pero volveremos para continuar con nuestro tributo especial:
"Tony Orlando, ¿genio o loco?"
¡Nueva York!
Gracias.
Gracias, damas y caballeros.
Ahora, démosle un aplauso a la señorita del piano.
Vamos, chicos. Su marido acaba de dejarla. ¿Qué os parece eso, eh?
Eh, reconozco un aplauso de compasión cuando lo oigo.
Cállate, Marcy. Estás enfriando al público.
Y es un gran público.
- Porque tienen... - ¿El aspecto de un grupo de linchadores?
No.
¡Personalidad!
Y bien, ¿cuántos de vosotros no sois de aquí, eh?
Vaya.
Las Vegas. La ciudad que nunca duerme.
La ciudad de viva. La ciudad de la lujuria, la avaricia y los excesos.
Mi ciudad. Las Bud.
Sí, bueno, sobre las rocosas,
eras el señor "Abrázame, papá. Vamos a volar hacia el sol".
Chicos, ya sabéis a lo que hemos venido.
Primero, para recuperar el televisor. Segundo, para recuperar mis 5.000 dólares.
Y...
¿Qué era lo otro?
- ¿Encontrar a mamá? - No, había algo antes de eso.
Ah, ya. Rayar el coche de Wayne Newton.
Ahora quiero que os disperséis. Y si encontráis a mamá o
algo que sea más del agrado de papá,
dad el grito Bundy.
- ¿ "Quiero morir"? - Ese mismo.
Bueno.
Nena caliente.
Nena caliente.
Nena caliente.
Nena caliente.
Ducha fría.
Mira, tío, ya te lo he dicho.
Son 100 pavos la hora y tienen que ser fotos artísticas.
Hola, Al.
- Mira, Marcy. Es Al. - Estoy ocupada.
- Peg... - Espera, sé lo que vas a decir.
Cariño, me equivoqué al vender la tele
y alcanzar el límite de las tarjetas de crédito y perder los 5.000 dólares.
Y créeme, nunca he estado tan arrepentida.
¿Tienes algo de dinero?
No.
Pues lárgate.
- ¿Conseguiste algo? - Tres dólares.
Pagan una miseria a estos agentes federales.
Al, tú eres el hombre. ¿Qué vamos a hacer?
Peg, si eso fuera cierto, me habría casado con la tele y te habría dejado en Sears.
Estamos a miles de kilómetros de casa y no tenemos un céntimo.
Déjame que piense un minuto.
¿Y tú, Al Bundy, tomas a esta mujer legítimamente como esposa?
¿Tan tonto parezco?
Ay, Dios mío.
- Hola, Kelly. - ¿Has tenido suerte en tu búsqueda?
Bueno, estoy extendiendo mis redes por todas partes.
- ¿Qué estás haciendo? - Deambular por aquí.
¿Por qué ninguno de los que miran a la bola apuesta al número 14?
Bueno, Kelly, probablemente porque
- las probabilidades son de 38-1 para el no... - ¡Catorce!
Gana el 14.
Eso no volverá a pasar nunca. Fue pura casualidad.
- Treinta y dos. - Sí, claro, Kel.
¿Ves a esa señora gorda de ahí?
Si sale el número 32, iré y la besaré en...
¡Treinta y dos!
Perdóname.
Dime cómo lo has hecho.
Bueno, sólo dejé la mente en blanco.
¿Cómo que la dejaste? ¿Puedes pararlo?
Lo siento. Lo siento, Kel. ¿Dejaste la mente blanco y después qué?
Se me viene a la cabeza un número como, por ejemplo, siete.
¡Siete!
Eh, la chica estúpida sabe los números.
Soy rico. Kelly, te quiero.
Hablo en serio. Siento algo muy especial aquí.
Kelly, cásate conmigo. ¡Al cuerno la ley!
Peggy, lleva sin moverse una hora.
A lo mejor se imagina que está practicando sexo.
Si lo estuviera, acabarías de entrar y arruinarlo todo.
Vale, ya lo tengo, la única forma de recuperar el dinero
es que yo misma lo recupere.
Así que dame todo lo que tengas.
Vale, ocho pavos y
¿algo de confeti?
Es tu tarjeta de crédito.
Parece que el cajero la rechaza.
Me la quedaré como símbolo de nuestro amor.
Está bien, con ocho pavos es suficiente. Porque convertiré esto en una fortuna.
Ganemos algo de pasta.
Ahora sé que todo va a ir bien.
Porque el hombre que rebusca comida en mi basura
va a hacerse rico en Las Vegas.
¿Vas a jugar o tragaremos el humo de tu tubo de escape hasta que nos desmayemos?
No puedes jugar sin más. Tengo que sentirlo.
Un momento. Un momento.
No, no es ahí.
Ésta es. Es la buena.
Es mi mesa de la suerte.
Aquí es donde tengo que jugar.
¿Le gustaría probar suerte
- Señor... - Bundy. Al Bundy.
- Eso creía. - ¿Y tú cómo te llamas, cariño?
Rica de Día.
Apostaría a que también eres rica de noche.
¿No se acuerda de mí?
¿Aquella noche en Mónaco?
Claro, Rica, no te había reconocido seca.
Perdone, señor, ¿puedo traerle una copa?
Cerveza. Agitada, no mezclada.
Lo sé, lo sé.
Eh, nena. Dame un beso.
- Me está haciendo daño. - Me gusta hacer daño a las mujeres.
- Discúlpese con la dama. - Lo siento.
- Gracias, señor Bundy. - No es nada, señorita.
Siempre estoy listo para socorrer a una dama en apuros.
Y a dos, y a tres...
Tráeme esa cerveza, por favor.
Ah, y una guía de programación .
Para después.
Me gustan los hombres que están por encima de las cosas.
Y a mí las cosas de encima de las mujeres.
¿Le apetece hacer una apuesta, señor?
¿Señor?
Señor. ¡Eh, usted!
- ¿Quiere hacer una apuesta o no? - ¿Qué se apuesta a que apuesto?
La apuesta mínima es de 20 dólares, señor.
- ¿Quién era ese hombre? - Un auténtico fracasado.
Papá, mamá.
Amorcito.
Te he buscado por todas partes, papá. Necesito que hagas una apuesta.
Yo soy menor de edad. Vamos, no podemos perder.
- Treinta y cinco. - Treinta y cinco. Sí.
- Treinta y cinco. - ¡Treinta y cinco! Gané.
¿Has visto, papá? Kelly puede acertar los números de la ruleta.
- Ha acertado 20 seguidos. - ¿Lo ves, Al?
Y no la querías.
Rápido, cariño, apuesta al número que diga.
Como si no supiera lo que va a pasar...
En cuento apueste, elegirá el número incorrecto.
Apuesta ya, estúpido.
¿Cuál es el número, Kel?
- Dos. - Apuesta, Al.
No puedo hacerlo. Ya conoces mi suerte.
No hay forma de que se detenga en el...
Dos.
Eh, papá, el tío del sombrero de vaquero
me quiere llevar a Montecarlo. Si prometo que me acostaré a las 10:00, ¿podré ir?
No. Ahora, escucha con atención.
Todo lo que los Bundys tendrán nunca depende de ti. Ahora, concéntrate.
Dile a papá el número.
- ¿Treinta y tres? - ¿Estás segura?
- Está segura. Apuesta, papá. - ¡Rápido! ¡Date prisa!
Ocho pavos al 33.
Y el ganador es...
Cinco.
¿Qué ha pasado, Kel?
Papá me puso nerviosa y no pude dejar la mente en blanco.
- Buen trabajo, Al. - ¡Eres odioso!
Horrible.
- Siete. - ¡Siete!
- Veintitrés. - ¡Veintitrés!
- Bueno, Al, ¿que vamos a hacer ahora? - Echemos el resto.
Tengamos un par de hijos más por error y mudémonos con tu madre.
SOBREVIVA TRES MINUTOS CON UNA LUCHADORA Y GANE 10.000 $
Eh, Al.
Hay una forma de ganar 10.000 $.
¿Qué debo hacer, Peg? ¿Vender todo lo que tengo 20.000 veces?
No.
Todo lo que tienes que hacer es batirte con una luchadora durante tres minutos.
¿Qué tipo de luchadora?
- ¿A qué hora es tu combate? - No lo sé.
Sólo espero que no me toque otro vendedor de coches. Muerden.
Deberías sentirte afortunada. Los abogados dejan manchas grasientas.
¿Dices que lo que tengo que hacer es rodar por el suelo
durante tres minutos con una de ellas?
No seas tan arrogante, Al.
No me has durado tres minutos en años.
¡Eh, nunca me ofreces 10 de los grandes!
¿Dónde hay que firmar?
10.000 $ DESAFÍO DE LUCHA
Y ahora entra en el cuadrilátero nuestro aspirante
Al "El zapatero hambriento" Bundy.
Y ahora conozcamos a tu oponente.
¡Oh! Mi vida corre grave peligro, ¿verdad?
Sí, porque tu oponente es nuestra
¡Mamá malvada!
Dejádmelo a mí.
Son 10.000 dólares, Al.
¡Eso es un dólar por kilo, Peg!
Entra ahí, blandengue.
- Hazlo por mí. - ¡No!
- Hazlo por los niños. - ¡No!
Al, hazlo por la tele.
Vamos, Bundy.
Ahora, repasemos las reglas.
No se permite arrancar los ojos ni usar objetos extraños.
Y, Mamá malvada, no se permiten golpes por debajo de la cintura.
- Lo intentaré. - Es todo lo que podemos pedir.
Comencemos.
Luchad.
¡Ayuda! ¡Ayudadme! ¡Ayudadme! ¡Ayuda!
Mamá malvada le ha agarrado en una llave de cabeza.
Vaya. Lucha con más fuerza que en nuestra luna de miel.
¡Dios mío! Le está frotando los ojos contra las cuerdas.
Vamos, Al. ¡Puedes hacerlo, cariño!
Sólo quedan dos minutos y 48 segundos.
Dios mío, qué blandengue.
¡No!
¡Ayudadme! ¡Ayudadme! ¡Ayudadme!
Eso no es juego limpio. Le está golpeando por debajo de la cintura.
¿Por qué no se está defendiendo?
Oh, no es culpa suya. Está acostumbrado a perder.
¡Vamos, Al! La tienes donde quieres.
Mamá. ¡Mamá, ayúdame!
¡Mamá, ayúdame!
¡Eh, mamá! ¿Crees que le está haciendo daño de verdad?
Oh, no. Todo el mundo sabe que es mentira.
¡Peg! ¡Peg! ¡Peg!
¡Cariño!
¡Peg! ¡Peg! ¡Peg!
Vaya.
Vale, nena. Ya veo por donde vas.
Luchemos.
Al, estoy muy decepcionada contigo.
Tus hijos te están viendo.
Lo sé, Peg. Por eso estoy evitando sangrar.
Mamá, tengo miedo.
¿Va a vender zapatos con la cabeza colgando así?
...siete, ocho,
nueve, 10...
...96, 97, 98,
99, ¡100!
Peggy, creo que va a matar a Al.
No, él sabe lo que hace.
Es una estrategia para agotarla.
Quedan veinte segundos. ¡Aguanta, Bundy!
Lo hice. Sobreviví.
- ¡Oh, oh! - ¿Qué? ¿Qué?
Mamá malvada está subiendo a las cuerdas.
Y todos sabéis lo que eso significa.
¿Qué? ¿Qué?
¡Sal del cuadrilátero, Al! ¡Corre! ¡Corre!
No puedo mover las piernas. ¡Que alguien me dispare!
Se está preparando para el Gran Sunami. Pero más le vale que se dé prisa.
Tres segundos, dos, uno.
Se acabó. Lo ha conseguido. Ha aguantado tres minutos.
Pero no creo que eso le importe a Mamá malvada.
Una vez que empieza, ya no hay quien la pare.
Buenas noches.
Vamos, Al. Es hora de volver a casa. ¿Siempre tienes que quedarte atrás?
Papá. Papá.
¿Te apetecería tomar un poco más de crema de guisantes?
Tenías razón, Peggy.
Necesitaba unas vacaciones. Me siento renovada.
¿Sabes qué? No necesito a ningún hombre. Sólo son exceso de equipaje.
Dímelo a mí.
¿Sabes, Marcy?
es una pena irse de Las Vegas con todo este dinero.
Juguemos un poco más. Vayamos a un espectáculo.
Después de todo, no contábamos con él.
¿Y qué pasa con papá?
Oh, lo dejaremos ahí para que vea las luces.
Se entretiene con nada.
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