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Despierta.
Cariño. Cielo, ya es hora de ir al instituto.
¡Kelly Bundy!
¡No copiaba sus apuntes, lo juro!
- Oh. Hola, mamá. - Tienes que ir al instituto.
Aún no puedo ir.
He de hacer un trabajo de actualidad
y estoy esperando a que Bud me traiga un periódico.
Aquí lo tienes, Kel. Estaba en la cara de un vagabundo.
¿El Investigador Nacional?
Sí, bueno, todos usarán los periódicos normales,
y yo he decidido que nuestra Kelly use la prensa amarilla.
Bien, Kelly, ¿cuál de éstos te interesa?
A ver. "Vidente predice que alguien verá a Elvis Presley."
O: "Michael Jackson le dice que no a Kim Basinger".
Bueno, prefiero ése.
Alguien conocerá a Michael Jackson.
Eh, mirad esto.
"En Nueva Jersey una ama de casa gana 8,7 millones de dólares en la lotería."
Y los gana frotándole la barriga a su amuleto de la buena suerte, Tubro,
el gordo dios panameño del dinero.
Necesito un amuleto para frotar.
¿Qué tal Kelly? Todos los chicos que la frotan tienen suerte.
Búscate una cara.
Y déjame hacer los deberes en paz.
"Michael..."
¿Qué os parece? Mi pequeña está leyendo.
Papá, me has hecho perder el punto. Tendré que empezar de nuevo.
"Michael..."
Mirad cómo lo hace.
Una Bundy quiere alcanzar las estrellas esta mañana. Que sean dos.
Peg, prepárame el desayuno. Casca un huevo para papá.
¿Dónde voy a conseguir un huevo a esta hora del día?
Eres un idiota.
Por cierto, Al, cariño, quiero que me toque la lotería.
¿Puedes darme 195 dólares para comprar a Tubro, el gordo dios panameño del dinero?
Peg, ¿sabes lo que significan 195 dólares para esta familia?
Significan comida, un refugio. Y la universidad para los chicos.
¿Qué palabra es ésta?
"Uno."
Oh, como el número.
Gracias por vigilarme la tienda, chicas.
Hola, Al. Hoy he salido del trabajo un poco antes. ¿Qué haces?
Intento matar otros 60 años para que algún día me exhiban en la tele.
¿Sabes, Al? Tu problema es
que no te tomas tiempo para apreciar las cosas buenas de la vida.
Ven conmigo a un museo, a un concierto, a una ópera.
Nunca se es demasiado mayor para... ¡Tetas a la vista!
Señorita. Por favor, deje que la ayude.
Pase y siéntese. Le traeré unos...
¿Qué es lo que vendo yo? Zapatos. Sí, zapatos.
- ¿Le apetece uno? - Déjame hacerlo a mí, Al.
¿Qué le parece algo de un hombre que le dará todo lo que tiene?
Bueno, de eso ya tengo un par.
Lo que necesito ahora son unos zapatos de tacón alto, negros, número treinta y seis.
Yo no voy.
Yo tampoco.
De acuerdo. Iremos los dos juntos.
Uno, dos...
- ¡Dame eso! - ¡Yo lo cojo!
- ¡Déjame salir! - ¡Déjame sitio!
¡Déjame pasar!
Tú primero, Steve.
Oh, Steve. Deja que te ayude.
Aquí se los traigo.
Yo he ayudado.
- Bien, ya está. - ¿Le importa que camine un poco con ellos?
Yo preferiría que bailara con ellos, pero no es obligatorio.
Son muy simpáticos.
Steve, yo la he visto antes. Pero no recuerdo dónde.
¡Ya lo sé! Steve, es una Playmate.
Del Playboy. Miss Octubre 1987.
No es posible.
No sabré el color de los ojos de mi mujer
ni el cumpleaños de mis hijos.
Pero sé...
Sé que es Brandi Brandt, nacida en 1968,
y que tiene un lunar diminuto en la rodilla izquierda.
Su película favorita es El autobús atómico.
Ya verás. Te lo demostraré.
¿Señorita? Disculpe.
¿No es usted Brandi Brandt, Miss Octubre 1987?
Pues sí.
Siempre he admirado su trabajo.
Sí, hay que trabajar mucho.
Para la foto en la que aparecía reclinada sobre un camión estuvimos cinco horas.
Sé cómo se siente.
De pequeño hicieron una foto de la clase en un camión de bomberos.
Era muy grande y me dejaron tocar la campana.
Pero cuando la hicieron estaba de espaldas
y no se me reconocía.
Pero me obligaron a comprarla.
¿Puedo sentarme en su regazo?
- Me gustan los zapatos. ¿Cuánto valen? - Regalo de la casa.
Gracias a usted, Steve y yo hemos hecho el amor con nuestras esposas.
¿Es cierto que tienes el Playboy de Brandi?
Los tengo todos, Steve.
He coleccionado el Playboy toda mi vida.
Mi padre me aficionó a ese pasatiempo. Fue al cumplir los 12 años.
Estábamos viendo un programa de televisión que ya nadie recuerda.
Luego bajamos al sótano. Allí estaban, tras la caja de herramientas.
Oh, los pechos que vimos esa noche.
Y cuando papá murió, me las dejó todas a mí.
Volveré enseguida. Quédate aquí. Aparenta estar tranquilo.
Vamos a ver a Brandi. Vamos a ver a Brandi.
No están, Steve.
Mis Playboys. Mi estabilidad. Mis mujeres. Mi vida.
¿Qué les puede haber pasado?
Hola, Al. Mira, cariño. Ya tengo mi propio Tubro.
Qué felicidad.
Peg, ¿puedes atenderme un momento?
Peg, ¿de dónde has sacado el dinero para comprar ese Tubro?
Vendí tus Playboys.
¿Los guardabas para algo?
Al, llevas dos horas sin decir nada. ¿Y si sonríes un poco?
Cariño, ¿qué importancia tiene?
¿Cómo iba yo a saber que los querías?
Estaban en una caja en el sótano,
en orden cronológico y envueltos por separado.
¿Acaso soy adivina?
Vamos, Al. Frota a Tubro. Te hará sentir mejor.
¡Al! Quítale las manos de encima.
¿Sabes lo que puede significar para esta familia?
Dinero, prosperidad, felicidad.
Oh, Tubro. Podrás ser el hombre de la casa.
Peg, Tubro nunca será el hombre de la casa, porque no puede llorar.
Peg, ¿cómo has podido vender los Playboys de la familia?
Al, le das mucha importancia
a algo que no le importa a nadie más que a ti.
¿Por qué siempre son mis cosas?
¿Es que los chicos no tienen nada de valor que puedas vender?
No puedo robarle a mis hijos.
Cierran con pestillo sus habitaciones.
Al Bundy, usted, señor, es un maldito gusano.
Si un hombre pudiera tener dos esposas.
¿Qué ha hecho ahora?
Steve y yo estábamos teniendo un maravilloso encuentro íntimo.
Como siempre, yo tarareaba El himno de batalla de la República.
Y, de pronto, me cayó una chincheta en la cabeza.
Miré hacia arriba y me encontré a Miss Octubre
colgando de la cabecera de mi cama marital.
Ha encontrado el número.
Después de interrogarlo,
un Steve inmundo y lloroso admitió que todo era una idea pervertida de Al.
¿Pero qué les pasa a los hombres?
Tienen una esposa perfecta en casa,
y aun así tienen que mirar a mujeres como ésas.
A veces, a un tipo que conduce un utilitario
le gusta cerrar los ojos e imaginarse que conduce un deportivo.
Sí, pero ¿qué diferencia hay para ti?
No sabes conducir.
Desde este momento, no te dejo que vuelvas a jugar con Steve.
Y no quiero volver a ver una de éstas nunca más.
- Bueno, entonces dámela. - Por supuesto.
Que la disfrutes.
Al, ¿alguna vez piensas en otras mujeres cuando lo hacemos?
No.
Peg, ¿esto es una nariz, un pecho, o qué?
En realidad no lo sabes, ¿verdad?
Muy bien, ya sé que te pondrás de mal humor,
pero hasta que no pienses discutirlo razonablemente,
estaré en la cocina, ganando a la lotería con Tubro.
¿En qué estaba pensando cuando dije: "Sí, quiero"?
Ya me había acostado con ella. No había que hacerlo más.
Bien. Vamos, muchacho. Dame un buen número.
Que alguien me ayude.
Debe de haber alguien ahí arriba que haya sufrido tanto como yo.
Me alegra que mi padre no viviera para ver mi vergüenza.
Papá, creía que estabas muerto.
Y yo creía que tú estabas vivo.
Oye, papá, la última vez que te vi fue en tu funeral.
Estás genial.
Nos hacen correr.
- ¿Cómo van las cosas? - Bien.
- ¿Y los chicos? - Bien.
¿Y cómo están mis Playboys?
- Lo sabes, ¿verdad? - No, sólo quiero vuestro bienestar.
¿Cómo has dejado que esa mujer vendiera nuestros Playboys?
No pude evitarlo.
¿Sabes que todos los de allí arriba se ríen de ti?
¿Qué quieres decir con que todos se ríen de mí?
¿Abe Lincoln se ríe de mí?
Abe.
Sócrates.
Gabi, Miliki, Milikito.
¿Los Payasos de la Tele se ríen de mí?
¿Y Marilyn Monroe? ¿Marilyn también se ríe?
Ni siquiera sabe que existes.
Oye, papá, estás rodeado de hombres muy sabios allí arriba.
¿Alguno sabe algo de las mujeres?
Ni uno.
Bueno, Platón tenía unas cuantas teorías,
pero ahora normalmente se lleva a los chicos de camping.
Mira, chico.
La verdad es que no hay nadie que entienda a las mujeres, ni lo habrá.
Pero lo que es cierto
es que son el mayor problema al que se enfrenta el mundo hoy en día.
Hay que pararlas. Tienes que hacer algo.
Contamos contigo, hijo.
¿Todos en el cielo cuentan conmigo?
Sí. Nos escondimos de las mujeres y mantuvimos una reunión.
Decidimos que tienes que hacer que te devuelva tus Playboys.
La dignidad de todos los hombres depende de ti.
Mírala, papá. Ni siquiera consigo que me dé un pedazo de queso.
John Wayne cree que podrás hacerlo.
¿El Duque? ¿El Duque quiere que lo haga?
Ha apostado por ti cinco pavos.
Peg. Mujer.
Peregrina.
Escúchame con atención. Levántate, ve fuera y tráeme mis revistas.
- Pero, Al... - ¡Ahora!
- ¿Cómo voy a conseguirlas? - No me importa.
¡Queremos nuestros Playboys!
¿Queremos? ¿Quiénes?
Los demás y yo.
Todos menos Platón.
De acuerdo.
Ha estado bien. He notado al Duque en mí.
¡Chicos, bajad aquí enseguida!
- ¿Qué ocurre, papá? - Quiero que laves el coche, inmediatamente.
Y tú, chica, me vas a hacer la cena.
- ¿Qué le pasa? - Está viejo y confuso.
¿Alguien más quiere un Tángwich?
No nos gusta cómo los haces, papá.
Nos gusta cómo los hace mamá.
Ella dobla los lados para que el polvo de naranja no se caiga.
Estupendo. Más para mí.
- ¿Cuándo volverá mamá a casa? - Cuando termine su trabajo. ¿Por qué?
Porque cuando hay un problema, se lo consultamos.
¿Qué pasa? ¿No podéis aprender de mí?
No hay nada que le podáis consultar a vuestra madre y a mí no.
Vamos. Disparad.
De acuerdo. Verás, estoy ovulando,
y cuando me pasa, me dan unos pequeños calambres.
¿Qué puedo hacer?
Caminar mucho.
Y recuerda, la próxima vez, estira antes de ovular.
Bud.
Yo no tengo ningún problema, papá.
Eso está bien. Ahora, seguiré haciendo de padre.
Es tarde. Quiero que os vayáis a la cama enseguida.
De acuerdo, papá.
No te estarás riendo de mí ahora, ¿verdad?
¡Mis Playboys! ¡Mis chicas! ¿Cómo las has recuperado?
Pues se lo debo todo a Tubro.
Verás, íbamos en tu coche, cuando de repente...
Un momento, Peg. ¿Qué hacías en mi coche?
A Tubro le pareció mejor.
Como te decía, íbamos en tu coche,
y no sabía cómo conseguir el dinero para recuperar tus revistas.
Así que empecé a frotarle la barriga a Tubro y, de repente, me dio.
- ¿Supiste cómo conseguirlo? - No, me dio un Mercedes.
¿Un Mercedes chocó contra mi coche?
Sí. Pero no te preocupes. No me hice nada.
De modo que, en vez de avisar al seguro,
el tipo del coche me dio el dinero para recuperar tus revistas.
- ¿Estás orgulloso de mí? - Espera, Peg.
¿Le ha hecho mucho daño a mi coche?
Muchísimo.
Pero estoy segura de que aún podrás conducirlo.
Aunque creo que mañana tendrás que salir antes,
porque no gira a la izquierda.
Pero no creo que quieras hacerlo,
porque no hay puerta en ese lado.
- Ya, pero tú estás bien, ¿verdad? - Sí.
¿Qué importa eso y que sólo pueda conducir hacia la derecha?
No me importa, porque vuelvo a tenerlas.
Mira, Peg. Brandi Brandt. ¿No es genial?
No le veo nada de particular.
Ya se lo verás cuando la pegue en la cabecera.
¡Arriba! ¡Ahora!
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