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Buenos días, cielo.
Caray, esta noche has estado increíble, Al.
Has roncado Vaya con Dios
mientras los pelos de la nariz se te mecían al compás.
Tú también, Peg. Has marcado tu silueta en las sábanas con sudor.
Cielo, esta noche hagamos algo especial.
Ya sabes, como antes.
¿Como cuando dije que no quería casarme y reservaste el salón de banquetes?
Estaba pensando en buscar un sitio romántico
y meternos mano a oscuras.
Dudo que yo encuentre nada a oscuras.
Las partes importantes ya no están donde estaban antes.
El caso es que no las encontrarías ni con luz.
Camélame lo que quieras, Peg, pero esta noche tengo bolos.
No puedo estar contigo. Voy a pasarlo bien.
Pues mejor.
Yo voy a acabar agotada de pasarme el día en el salón de belleza.
Pues nada, no lo pospongamos más, que los dos tenemos mucho que hacer.
¿Qué quieres desayunar, cielo? ¿Beicon con huevos?
Estaría bien.
Estupendo, pues ya que estás, hazme a mí también.
A ver, a ver esto.
¿Por cuánto lo haríais
con Garry Shandling?
Por diez millones.
¡Si quiere hablar, veinte!
¿Y con el marido de Sonya?
Enseguida estamos con usted, Sra. Rhoades.
Estoy nerviosa.
No me gusta que me haga el pelo alguien nuevo.
¿Por qué tuvo que liarse a tortas el Sr. Maurice con Julio?
Tranquila, Marcy. Quedarás muy bien.
Aquí son famosos por personalizar cada peinado.
¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste, Peggy?
¿Hacerlo sin más o hacerlo bien?
Teñida.
De silicona.
¡Bien cuidada!
Feliz.
Ya estamos a punto, Sra. Rhoades,
y vamos a dejarla guapísima.
¿Venden seguros como en los aeropuertos?
¿Qué les pasa a nuestros maridos?
Nos desvivimos por estar guapas para ellos
y sólo nos utilizan para encender cerillas.
Ya.
Al sólo me mira cuando quiere abrirse una cerveza.
¡Como si no tuviera los dientes tan bien como yo!
Yo, si lograra meter en casa al repartidor de periódicos para tomar chocolate,
me desharía de mi marido sin dudarlo.
¡Maridos!
El caso es que los maridos son una maravilla
siempre y cuando no sean los propios.
Agradecen el caso que les hagas, por poco que sea,
y están salidísimos.
¿Y lo mejor?
Que ya están doblegados.
¿No es doblegarlos parte de la gracia?
No, la gracia está en los pisitos, los coches y el sexo todas las noches.
Créeme, las mejores cosas de la vida
son las de los demás.
¿Y cuándo quedas con él?
Es decir, ¿cuándo salen los maridos?
Pueden parecer tontos,
pero suelen encontrar excusas para escaparse.
La más normal, los bolos.
Ésa es la que pone el que tengo ahora. Está casado con una arpía.
No le cocina, no le limpia...
Es facilísimo complacer a un marido que no tiene nada.
Le haces una hamburguesa y te regala un Sony de 24 pulgadas.
¿Lista para el tinte, cielo?
Sí. Procura que no quede rojo.
Dice que ese color le da ganas de vomitar.
¡Escuchad, Al le pone los cuernos a Peggy!
Marcy, deja de quejarte.
¡Estás guapísima!
Marcy, me tiene muy preocupada lo del Al y esa mujer.
¿Qué más me dan tus insignificantes problemas?
¡Tengo la cabeza de casco!
¡Mira, es el Papa!
¡Anda y que te zurzan!
Tranquilo. Haz lo que te he dicho
y tu novia jamás se enterará de que le pones los cuernos.
Hazme caso. Soy una experta.
Bien. Quedamos esta noche bajo las gradas.
Ah, y esta vez no te traigas la cámara.
Kelly, quiero comentarte una cosa.
Soy buena, mamá.
Le he dicho que nada de cámara.
Me da igual lo que tú hagas. Se trata de mí.
Bud, piérdete.
Oye, cielo.
Está claro que has sido la otra
desde que aprendiste a abrirte los pañales por los lados.
Pero dime, ¿cómo es posible que sus novias no se enteren?
Verás, la gente dice "fresca" muy a la ligera,
pero no entiende la documentación y preparación necesarias.
Ningún tío me deja sin saberse el arte del encubrimiento.
Y el número de la clínica gratuita.
Ve a mirarte al espejo a ver si te da algo.
Lo primero que les enseño
es que una mujer puede notar el olor que deja otra en su hombre.
Para quitárselo, le hago frotarse las manos en la hierba.
¿Te pide que te apartes o se las arregla encima?
¿No lo acepta ningún criadero de perros?
Bud, por favor. Los dos sabemos que tu hermana no es una zorra.
Simplemente es popular.
A ver. Se acaba la cita y se quita tu olor. ¿Y luego qué?
Asegurarse de que tienen coartada.
Un lugar al que hayan ido.
La biblioteca, la agencia de la condicional, el calabozo.
¿La bolera?
Eso vale para tíos más mayores.
Tu padre se va a la bolera esta noche.
Vaya... Me refería a más mayores que papá.
¿Hay?
Mamá, ¿crees que papá te pone los cuernos?
¡Claro que no!
Menos mal. Es que no queremos que os separéis.
Somos casi una familia.
Deberíais estar juntos toda la vida.
No obstante,
si veis que no podéis, te sugiero al Sr. Rudnick, el carnicero.
Con él se vive bien. Siempre tendríamos carne fresca en la mesa
y abono de temporada de los Cubs.
"Bud Rudnick" no es que me vuelva loco.
Pero visto lo que hay, es mejor padre.
Espera, no te precipites, Bud.
Yo me he estado fijando en el Sr. Fletcher, el tintorero.
Tiene un Porsche, tele por cable
y está mal del corazón.
- Rudnick. - Fletcher.
- ¡Rudnick! - ¡Fletcher!
¡Niños!
Vuestro padre y yo nos queremos mucho.
Y voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que sigamos juntos.
¿Para qué nos haces ilusionarnos?
¿Es otra broma cruel de las tuyas?
Eso. ¿Qué somos, juguetes para que te diviertas?
Eso me recuerda que llego tarde a mi cita.
Hola, Kelly.
¡Oye! ¿Para qué me tiras hierba?
¡Porque no quiero ser una Rudnick!
Hola, Al.
¿Qué tal
los bolos?
Pues verás, Peg,
bien.
Estupendo.
¿Y ahora qué, Peg? ¿Salimos a la calle, buscamos un poste y levantamos una pata?
Quería ver si los olores están donde toca.
Y sí, ahí están.
¿Te huele el aliento a hamburguesa?
No, Peg, a nuestra tarta de boda. Fue la última vez que comí.
¿Qué pasa aquí?
¡Yo puedo preguntarte lo mismo, don Sony de 24 pulgadas!
¡A mí no me llames televisor en mi casa! ¡Televisor, tú!
¡Papá, es para ti!
¡Es una mujer!
Diga.
Sí.
Ah, sí, creo que sí puedo. Bien. Sí. Adiós.
Era la mujer de Jim Bower. Por lo visto tiene gripe de estómago.
Me va a tocar sustituirlo en la tienda lo que queda de semana.
¿Hay algo para cenar?
¡Te odio, Al!
¡Tostadora!
Voy a demostrarle a ésa que no es la única que sabe hacer hamburguesas.
O sea, ¿que se gira?
Se llama "darle la vuelta".
Así se hace por ambos lados.
Caray, me pregunto si vale también para las tortitas.
Ay, Marcy, me parece increíble.
Le he quitado los mejores años de la vida a Al y mira cómo me lo agradece.
Peggy, yo no creo que te esté poniendo los cuernos.
He improvisado un sondeo con todas mis conocidas,
y en cuanto a atractivo,
Al ha quedado por debajo de ALF.
Es decir, prefieren hacer el amor con un trozo de trapo con una mano metida
antes que con tu marido.
- Y si me está poniendo los cuernos, ¿qué? - Ponte a su lado.
En el juzgado.
Quédatelo todo y búscate otro.
Un hombre de verdad.
Yo no quiero uno de verdad.
Quiero a Al.
¿Por qué?
Pues no lo sé.
Es como lo de los zapatos viejos a los que se les tiene cariño.
Sin gracia, feos y apestosos.
Pero son tuyos.
Están gastados y rotos, pero cuando te los pones,
parece que no lleves nada.
Mi Al es así.
¡He perdido a mi apestoso Al!
Aún no. Ya te he dicho que anoche disfracé a Steve
y le hice seguir a Al.
No tiene otra cosa que hacer
porque con este pelo ni se me acerca.
Hola, Peggy.
Hortera.
¿Qué has averiguado de Al?
Que tiene la vida más penosa
que cualquier ser del planeta
y que lleva el pelo mejor que mi mujer.
Mi informe.
"Anoche el sujeto llegó al trabajo a las 19:00.
"Lloró hasta las 19:30
"y encendió las luces.
"Inventario hasta las 20:30.
"En el baño hasta las 22:00.
"A las 22:07 cenó condimentos envasados que robó en Barney Dog.
"A las 22:31, el segurata del centro comercial se me acercó,
"me dio con la porra en la cabeza y me quitó el reloj."
A partir de aquí ya no sé a qué hora pasa cada cosa.
"Me fui a casa."
Miré a la klingon dormida que antes era mi mujer...
Venga, piojoso,
¿me está poniendo los cuernos o no?
Para nada.
Eres un mentiroso. Los hombres os protegéis unos a otros.
¡Eso!
Seguro que ni has vigilado a Al.
¿Dónde has estado?
Me has pillado.
Una antigua novia mía, Kathleen Turner, estaba por aquí,
así que me rebocé de mugre y piojos
y nos dimos un achuchón en un contenedor.
Si tanto asco te da mi pelo, seguro que lo harías, ¿a que sí?
Pues
sí.
¡Pues a ver si Kathleen Turner te hace bolitas de melón!
Perdona.
¡Perdona!
Hola, Peg.
Acabo de ver a Steve y Marcy. Madre mía, Marcy está ridícula.
Hola, Al. Mira, cielo.
Mira, mira. Te he hecho una hamburguesa,
por los dos lados y todo.
No tengo hambre, Peg. En la tienda me he inflado a ketchup y mostaza.
Además, me voy a la bolera.
¡De eso nada!
¡Sé lo que te traes entre manos!
¡Le das al bolo con una putilla rubia!
Ah, ¿es eso?
¿Piensas que te pongo los cuernos?
¿Qué otra cosa voy a pensar?
Te vas a trabajar y vuelves a casa. ¡No estoy ciega!
Peg, siéntate.
Cariño,
eres imbécil.
¿Crees que porque no te diga que te quiero,
no quiera hacer nada contigo
y el sonido de tu voz me horrorice,
deseo a otra mujer?
Tú eres la única para mí.
- ¿Lo dices en serio? - Pues claro. ¿Qué digo yo siempre?
"¿Para qué salir a comprar leche si tengo la vaca en casa?"
¡Ay, cariño!
¡Sí que me quieres!
Subamos a hacer el amor ahora mismo.
Cariño, ya sabes lo que digo siempre.
"No."
Oye, Peg, tengo que subir a quitarme el olor a pies de las manos.
¡Sé que me pones los cuernos!
¡Y me voy a enterar! ¡Mira lo que te digo!
¡Voy a recuperarte!
Y cuando te recupere,
¡mejor haz las maletas, porque te vas a la calle!
Miradla ahí sentada, toda rubia y guapa.
¡Seguro que Al sí se quita los calcetines con ella!
El mío no se quita ni el puro de la boca.
El mío sí.
Me lo deja en la frente.
¿Qué le ve a ésa?
Ya sabes cómo me gusta. Iguala las puntas, pero nada más.
Le gusta largo. Es lo que le pone.
¿Sí, Al?
Marcy, ¿puedes distraer sutilmente a la peluquera?
¿A la que me hizo el peinado?
Lo intentaré.
Recuerda, sólo las puntas. Déjalo largo.
Como le gusta a él.
Bueno, ¿y cuántos maridos has robado?
Unos 10 ó 12.
Pero aún queda mucho año.
Y lo mejor es que nunca me han pillado.
Supongo que eres muy lista para ellas, ¿eh?
Incluso me he acostado con ellos en el lecho conyugal
mientras ellas estaban de compras.
Tú sigue leyendo, cielo,
que enseguida vuelvo y empezamos.
Hola, Al. ¿Qué te trae por aquí?
Pues dado el estado de mi bola de bolos, he pensado que podías estar...
Que podías estar de mal humor.
Oye, qué narices. He estado pensando que estamos casados
y que te mereces un achuchón de vez en cuando.
He mirado la guía de la tele y el sábado por la noche no hay nada.
¿Qué tal si quedamos entre las 20:00 y las 20:30,
mientras hacen Mr Belvedere?
A lo mejor estamos más rato si me pongo esto.
Me da igual lo que te pongas. Yo voy a estar pendiente del reloj.
Ven, que quiero presentarte a alguien.
Bien.
- Hola. - Hola.
- ¿Quién es ésta? - ¿Quién es éste?
¿Quieres decir que no te acuestas con él?
¡Por favor! ¡Hasta yo tengo límites!
Entonces estabas celosa de verdad, ¿eh?
Tampoco se te puede reprochar.
Un semental como yo sólo toca una vez al año.
Una vez al año exactamente.
Sí. Supongo que ha sido una tontería pensar que me ponías los cuernos.
¡Qué estupidez!
¿Quién más va a hacérselo contigo?
Me siento tonta de remate.
Si eres un vendedor de zapatos cuarentón.
Ya habría que estar desesperada como para...
Basta, Peg. Ya te has disculpado de sobra.
Buenas noches.
- Al... - Déjame en paz.
En fin.
Al menos es bueno saber que soy la única con la que no lo haces.
Buenas noches, cielo.
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