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Hogar, dulce infierno.
¡Eh, Bundy! ¿A casa a cenar?
No te rindes, ¿eh?
¡Bundy! ¡Esta noche he cenado una chuleta! ¿Qué vas a cenar tú?
¡Si fuera el cartero, me cenaría a tu mujer!
No te preocupes por mí, Dully. Ya cenaré algo.
Será mejor que cene.
¡Peg! ¿Dónde está mi cena?
Ay, Dios. Ese idiota pronto llegará a casa.
¡Hola, idiota!
En la intimidad del hogar, ¿podrías llamarme Sr. Idiota?
Peg, esta noche no me vas a fastidiar, ¿sabes por qué?
Sé que me has cocinado algo, ¿a que sí?
¿Postre?
Ah, cariño, ¿qué quieres de mí?
Te pasas en el trabajo diez horas al día.
¿No puedes encontrar algo para comer en todo ese tiempo?
¡Dios! Esto es una casa, no un restaurante.
Ya lo sé, Peg. Si fuera un restaurante, tendríamos un baño limpio.
¿No puedes ser como los demás maridos?
Venir a casa, ir al piso de arriba
y quedarte ahí hasta el día siguiente.
Perdona un momento, Peg.
¿Qué es esto? ¿Un guisado? ¿Lo has hecho todo tú?
¡Pero qué esposa tengo!
Peg, me muero de hambre, no puedo vivir así.
En serio, Peg, quiero que pongas algo en el horno,
bien comida o bien mi cabeza.
Que los vecinos huelan que se está cocinando algo.
Peg, hablo en serio, no es broma.
Quiero comida y la quiero ya, ¿entendido?
¿Qué dices, Al? Lo siento. No estaba escuchando.
No lo sé,
algo sobre mi hombría. No era importante.
Hola, mamá. Hola, papá.
Me alegro de que estéis en casa, porque estoy haciendo una encuesta.
¿Que estás subiendo una cuesta?
Ahí te pondría yo,
pero cuesta abajo y sin frenos.
Gracias. Déjame ponerme un piercing en la nariz
y te hago todas las encuestas que quieras.
Peg, ¿estás segura de que no tuviste una noche loca con Abbott y Costello?
No. Soy mujer de un solo cómico.
- Muy bien, votemos. - ¿Dónde está esa cuesta?
Los que estéis a favor de que cocine vuestra madre...
Tres. ¿En contra?
Ninguno.
Ya está, Peg. Vas a cocinar.
Desayuno, almuerzo o cena, pero que sea caliente.
Te diré algo más.
Lo quiero en plato.
¡Vaya! Si hubiera sabido que sería así...
¡Peg, los vecinos se ríen de mí!
Y todos en el colegio también, papá.
De ahora en adelante, esta familia será como cualquier otra familia americana.
¡Comeremos algún día de este mes!
- ¡Muy bien! - ¡Sí! ¡Comida!
Vale, prepararé una comida.
¡Pero no me saldrá bien!
Es todo lo que pedimos.
Mamá, una cosa más.
Me estáis agudizando el síndrome premenstrual.
Es la enfermera del colegio.
Ha dicho que tenemos que pasar la revisión anual del dentista.
Vale. Pediré cita.
¡Adelante!
- ¿Qué haces? - Revisar los dientes de los niños.
Excelente, Bud, como siempre.
Fenomenal, Kelly. Buena chica.
Vale, niños, subid y mañana falsificaremos vuestros informes.
No ha estado tan mal.
Sí. Gracias a Dios no necesitamos la antitetánica.
Odio esa agujita.
Perdón, pero ¿no sabes que esto es ilegal?
También disfrazar a una gallina y tratarla como si fuera tu esposa.
¡No soy una gallina!
¿Por qué me llama siempre gallina?
Marcy, no agites las plumas.
Mirad, chicos, no os lo toméis a mal, pero tenemos que dibujar unas radiografías.
Qué pena.
¿No lo entiendes? Estás privando a tus hijos
de una de las mejores experiencias vitales.
Me encanta ir al dentista.
Un hombre de blanco inclinándose sobre mí y yo indefensa atrapada en una silla.
Me limpia. Me pasa la seda dental. Su instrumento está vivo en mi boca.
Y cuando creo que no puedo más,
me dice: "Buena chica, Marcy.
"Ya puedes escupir".
Al, quiero ir al dentista.
¡Pues deberías! Todos deberíamos ir al dentista por lo menos dos veces al mes.
Al año, quiero decir.
¿Y sabes? No he tenido ni una caries desde los diez años.
Pues vaya.
Yo no he tenido caries en mi vida
y nunca he ido al dentista.
Aun así, tienes un aliento divino.
¿Cómo sabes que no has tenido caries?
Historia. Tradición.
Los hombres Bundy eran famosos por una cosa.
¿Por los nudillos peludos?
¿Por el impulso sexual de una ameba?
Bueno, de hecho nos conocían por dos cosas.
Una, siempre teníamos el don de encontrar a la mujer adecuada.
Y los dientes. Dientes grandes y fuertes.
Marcy, echa un vistazo. Vamos.
Ay, Dios mío, huele como en un vertedero.
Adelante, mírame los dientes, ¿quieres?
Bueno, el verde tiene buena pinta.
Y a algunos les podría molestar el negro.
Pero el que está sangrando podría darte problemas.
- ¡Al, debes ir al dentista! - Nada de eso.
Si no me duelen los dientes, no les pasa nada.
Y no me duelen.
¡Ahora sí que me duelen!
¡Sr. Bundy!
- Soy Bill. - Hola, Bill. Soy Al Bundy. El padre de Kelly.
Vaya tiempo, ¿eh, Bill?
Qué curioso, es casi la una de la mañana
y estabas besando a mi hija.
Mierda, Bill. Es tan tarde que pensaba que estaría abierto. Eso es.
- Tenemos un auténtico problema, Kelly. - Lo sé, papá.
Estábamos haciendo los deberes. Soy una buena chica.
¿Qué importa eso?
Es la boca que me está matando.
Estaba bien hasta que la maldita Marcy me hizo vudú.
Ahora me duele tanto que no me deja dormir.
Cariño, ¿te importa mirar cómo tengo los dientes?
Bien... Espera un poco, voy a apartar esto.
Yo creo que están bien.
Excepto ése que está al rojo vivo.
Papá, ¿por qué no vas al dentista?
Nada de dentistas.
Sólo necesito una cerveza bien fría.
Qué fría.
Esto es lo que necesito.
Nada mejor que una cerveza fresca en una noche calurosa.
- Eso está bien. - ¿Tienes miedo al dentista, papá?
Kelly, soy un hombre adulto.
Así que, sí, claro, me da un miedo de muerte.
No debes avergonzarte de tener miedo, papá.
Te voy a contar una pequeña historia.
Una vez tuve miedo.
Fue hace dos años, así que tenía ocho años.
Perdí el autobús del colegio y tuve que volver andando a casa.
Estaba oscureciendo.
¡Casi he bebido cerveza!
El caso es que atajé por un callejón y oí un ruido.
Me giré y ahí estaban.
- ¿Quiénes? - Todas mis amigas del colegio.
Así que fuimos a casa de Janie y celebramos una fiesta.
Ay, Dios, estuvo genial.
Bailamos el limbo con una escoba.
Luego comimos pastel, nos pintamos las uñas
y a dormir. Fue muy divertido.
Cariño, a papá no le queda mucho tiempo de vida.
Vuelve a lo del miedo.
A ver. ¿Tenía miedo por mi vestido?
¿Qué demonios llevaba?
No pasa nada, cielo.
Cariño, ha sido una gran historia.
Ahora papá está tan atontado que se dormirá, cielo.
- Buenas noches, cariño. - Buenas noches, papá.
- Papá, ya lo recuerdo. - ¿El qué?
Llevaba el vestido rosa con brillantina en el cuello
y me daba miedo que no pegara con el color de las uñas.
Pero sí pegaba.
Gracias de nuevo, cariño.
- ¿Para qué están las hijas? - No lo sé.
¡Me voy a dormir!
- ¿Ya se ha ido tu padre? - Sí.
Genial. Hasta mañana.
Maldito sea tu padre por obligarme a alimentarle.
¡Esto es un lío!
¿Qué comen los hombres?
Si tomamos a Bud como ejemplo, insectos.
Mamá, Kelly estuvo aquí con un chico anoche.
¿Ah, sí? Bueno, Bud estuvo con una chica.
Sí, como que me lo voy a creer.
No te inventes cuentos.
Eh, espera un poco. Podría haber estado con una chica.
Seguro que sí, cielo.
¿Qué tal tenía la boca papá esta mañana?
No lo sé. Se ha pasado la noche gritando.
Al final, le puse una almohada en la cara para que me dejara descansar.
Vaya, tendrá que ir al dentista.
Menudo día.
Nota el frescor de la mañana.
Al, ve al dentista, por favor.
Ya no es necesario, Peg. Anoche ocurrió un milagro.
¡Hoy me he levantado genial!
¿Ah, sí?
- Cómete este hielo. - No, Peg.
Pónmelo en una bolsa. Me lo comeré de camino al trabajo.
- Cómetelo ahora, Al. - Muy bien.
¡Mis dientes! ¡Ay, Dios, qué tortura!
¡Qué dolor! ¡No puedo resistirlo!
¿Lo ves? Ningún problema.
Al, tienes una cita a las 14:30 con el dentista de Marcy.
Ésta es la dirección,
y si necesitas que alguien te lleve,
éste es el horario de autobuses.
Dr. Plierson.
Ésta me la paga.
¿Papá?
Papá, anoche estuve aquí con una chica.
Bud, no tengo tiempo de bobadas. Estos dientes me están matando.
"BOCA DEL MES"
¡Usted es el siguiente, Sr. Bundy!
Estoy algo nervioso.
Está bien.
Vamos. Siéntese.
¿Me da el patito?
Hay un niño fuera que lo necesita.
¡Qué lástima!
Vamos. No tiene de qué preocuparse.
- No sentirá nada. - ¿Para qué es esto?
Para secar la sangre.
Enfermera, este dentista es muy bueno, ¿verdad?
¡No se preocupe, Sr. Bundy!
¡El médico es maravilloso!
- Fíjese en esto. - Oh, vaya.
Bonitos, blancos, firmes. Sí.
Le durarán toda la vida.
- Me los cepillo a diario. - Yo también lo haría si fueran míos.
Muy bien, el siguiente.
El hombre del patito.
Gracias, enfermera. Ya me encargo yo.
¡Bueno! Muy bien. Vamos, Bundy.
- A ver qué tenemos aquí. Abra. - No.
Vamos, Bundy. Soy un profesional.
He visto de todo. He hecho de todo. Vamos, abra.
¡Santo cielo!
- ¿Es grave? - No, no mucho.
¡T.C.!
¿Sí?
Trae un babero de los grandes
y un trapo para el suelo.
Eh, doctor, lo he estado pensando.
No como y no tengo motivos para sonreír.
Dejemos que se caigan de forma natural. Se los enviaré.
Los pasa por el torno, los empasta y me los devuelve.
Escuche, Bundy.
Puede que sea optimista,
pero creo que podemos salvar un par de ellos.
¿Qué dice? Le anestesio,
luego me tomo un par de tragos, y ninguno de los dos sentirá nada.
Eso es.
Ahora tome una foto de la cabeza
para que sepan que es una boca humana.
¿Eh, doctor? Dijo que no sería nada, ¿verdad?
He hecho miles de éstos.
Sólo que nunca en la misma boca.
- ¿Ya está dormido? - Sí. ¿Usted?
Bueno, casi.
Ay, cariño.
- Menudo doctor es usted. - Lo siento.
Es igual, doctor.
Iré a casa y me pondré algo más cómodo.
- ¿Quieres que lleve algún video? - Sí.
Trae...
Algo suave. Enseguida estaré bañado en sangre.
Vale.
Tengo la sensación de que se me olvida algo.
¿He desconectado la plancha?
¿Me he tomado la píldora?
¿Dónde está el maldito dentista?
¡Eso es lo que se me olvidaba!
¡La Sra. Higginbottoms escupe dientes como una máquina de hacer palomitas!
Vale, dale una revista y dile que ahora voy.
De acuerdo.
¡Que se pudra!
Mujeres. No hay peor criatura.
- ¿Está casado, Bundy? - Míreme a los ojos.
Yo acabo de divorciarme.
Me ha sacado un millón y medio de dólares.
Pero no estoy resentido.
No. Se lo merecía.
Abandonó una prometedora carrera de camarera
para convertirse en mi esposa durante unos seis meses.
Casi medio año.
¡Un millón y medio!
Muy bien, tranquilo, doctor. Tranquilo.
En esta vida no se puede vivir del pasado.
O del presente o el futuro, pero
puede quedarse un momento en un kiosco leyendo revistas porno.
Sí. No pueden quitarte un ejemplar de Heinie, ¿verdad?
Bundy, es usted un tío majo. Le diré qué voy a hacer.
Intentaré no taladrar muy profundo. No sentirá nada.
Gracias, doctor.
Doctor, el abogado de su ex mujer por la línea uno.
¡Genial!
Por cierto, he comprado esto con tu tarjeta, doctor.
¿Le parece bien?
Sí, mucho mejor que el que compraste ayer.
Y más caro.
Zorra aprovechada...
¿Qué quieres? ¡Tengo a un hombre muriéndose en la silla!
¡No! ¡Desde luego que no!
¡No!
Ah, ella... Ya lo tiene.
Si, ya los tiene también.
¿La colección de cromos de béisbol?
Oh, no. No, no, no. Le daré los 150 pavos que vale.
¿Quiere los cromos? ¿Por qué?
Porque sabe que me gustan.
Muy bien. Muy bien, escuche.
¡Dígale que se los lleve y que se los meta por donde le quepan!
¡Me encantan esos cromos!
¡Me he pasado la vida coleccionándolos!
Eh, doctor, creo que se me está yendo la anestesia...
¡Cállese, Bundy!
¡Cállese!
¡Dios, estoy tan furioso que hasta me dan temblores!
Quizá será mejor que espere a calmarse.
Por favor. ¡Oh, Dios!
Menudo recuerdo.
Si Bud no siguiera teniendo espinillas, pensaría que es un sueño.
Sí, bueno, no vengáis por aquí hambrientos el día de Acción de Gracias.
Porque a partir de hoy mamá cuelga el delantal.
¡Al, aquí tienes tu puñetera comida! ¡Espero que estés feliz!
¡Oh, Peg!
¿Para qué has cocinado? ¡Sabes que no puedo comer!
Mira toda esa comida.
Deja de balbucear, Al. No te entiendo nada.
¿Entiendes esto?
¡Quiero otra comida cuando sea capaz de comer!
- Pásame el puré de patata. - Dame el maíz.
¡Esto es intolerable! ¡Soy el hombre de la casa!
Esperad un poco, niños. Vuestro padre tiene razón. Es muy injusto.
No podemos disfrutar de mi comida estando él así.
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