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Y uno, y dos, y tres y cuatro.
Y uno, y dos, y tres y cuatro.
Y uno, y dos, y tres y cuatro.
Y descanso.
Bien, señoritas. Descansemos
mientras preparo un batido de spirulina y clorofila Jim Júpiter.
Mira cómo le cae el sudor por los brazos a Jim Júpiter.
Venga, chato, que mamá necesita sal.
No me importaría ser la primera mujer en Júpiter.
Steve tampoco es cosa de risa.
¿No te parece raro?
Es decir, Al y Steve no se parecen en nada a Jim
y los tres entran en la categoría de "hombre".
No nos precipitemos.
Los hombres como Jim Júpiter pueden no ser para tanto.
Si les quitas los bíceps, los tríceps, los cuádriceps y la tableta de chocolate,
¿qué les queda?
Paso de comer más tacos.
Peg, ¿puedes escurrir esta camisa? Tengo que ponérmela mañana.
- ¿Hay comida? - Sí, en la nevera hay cerveza.
Me gustaría algo para acompañarla.
¿Por qué no haces esta gallina al horno?
Perdona, Marce. No ha sido un error deliberado.
No me sudes encima.
En los cuatro años que lo conozco, nunca lo he visto seco.
Eso es que no te acuestas con él.
Mira, Jim se ha dado aceite.
¿Quién es el mariquita ése?
Jim Júpiter, el hombre más sano de Chicago.
¿Sí? ¿Saca él tanta bola como yo?
Baja los brazos, Al, que vas a matar las plantas.
Jim va a hablar.
Señoritas, creo que ya saben qué toca hacer ahora.
¿Irte a un concierto de Judy Garland?
Anunciar la ganadora del entrenamiento gratis con Jim Júpiter.
Sí, Jim va a pasar dos semanas sanísimas con una afortunada.
- ¡Que me toque a mí! - ¡A mí, a mí!
A ver qué afortunada va a pasar dos semanas
con Jim Júpiter, el hombre más sano de Chicago.
La ganadora es...
¡La Sra. Peggy Bundy!
¡No me lo puedo creer! ¡No me lo puedo creer!
Nunca he ganado nada. Nunca he ganado nada.
Por fin puedo compartir mi vida con alguien especial.
Peg, ya sé que no me pediste permiso
para casarnos ni para concebir a los niños,
pero si crees que ese sarasa va a dormir en mi casa...
Marcy, Marcy,
Voy a ver a Jim Júpiter haciendo flexiones durante dos semanas en mi casa.
¿No te parece increíble?
Ya ves.
Ni falta que me hace. Yo ya tengo un hombre de verdad en casa.
Un juglar errante Harapiento y andrajoso
Marce, ¿quieres ver Mikado esta noche?
Pues va a casarse Yum-Yum, Yum-Yum
Déjame verlo hacer flexiones. Aunque sea una vez, por favor.
Está bien. Pero nada de tocar.
Tengo que comprarme leotardos nuevos. Quiero que Jim me vea guapa.
Ni hablar. No va a venir. No, señora, ni de coña y no se hable más.
Peg, lo siento, pero esta vez tengo que decir...
Que he hablado.
¿Quieres ver Mikado esta noche?
¿Contra quién pelea?
¡No me lo puedo creer!
Voy a ver a Jim Júpiter haciendo flexiones en la intimidad de mi casa.
Mamá, ¿debo compartir cuarto con Kelly mientras esté aquí el gimnasta ése?
Es que no voy a pegar ojo con tanto tío diciendo:
"Deprisa, que tengo que volver al barco".
Yo también voy a tener fácil lo de dormir
mientras le susurras "te quiero" a tu mano.
A ver, niños,
¿queréis olvidaros de vuestra vacía vida y pensar en la mía?
Jim Júpiter está al caer. ¿Qué tal estoy?
- Buena. - Desesperada.
Mejor, no quería enviar señales contradictorias.
¡Huy, ya está aquí, ya está aquí!
A ver, actuad con normalidad y no digáis ninguna estupidez.
Ven con mamá.
Ya sé, ya sé.
Soy Jim Júpiter, el hombre más sano de Chicago.
Hola, soy Bud Bundy, el hombre más machote de la Tierra.
Yo soy Kelly Bundy. Es un placer conocerte, Jim.
Es mío.
¡Hola! Soy Peggy Bundy.
No te dejes engañar por la alianza. Para mí no es nada.
Jim.
Bud Bundy. Nos hemos conocido hace un momento.
Tengo una pregunta para ti.
¿Cómo puedo muscularme de cintura para arriba?
¿Poniéndote peso en los brazos cuando te explotes los granos?
- ¡Rellénate el sostén! - ¡Sácate los mocos!
Niños, Jim acaba de llegar y seguro que le apetece desnudar...
Digo, descansar y relajarse.
Así que largo. La cena, dentro de dos semanas.
La mejor forma de coger las cosas es flexionando las rodillas.
Qué pena.
Tanto cuerpo y tan poco cerebro.
Bueno, Jim. Ponme como tú quieras.
Qué actitud tan sana tienes hacia el ejercicio.
Podemos empezar con calentamientos. Ponte a cuatro patas.
Hola, Peg.
¿Qué tal tu día?
Mejorando. Al, te presento a Jim.
Soy Jim Júpiter, el hombre más sano de Chicago.
Entonces te curarás rápido cuando te saque el espinazo por la boca.
Calma, chicos. No es preciso pelearse.
Todos somos adultos y creo que podemos ponernos de acuerdo.
Pero os lo advierto,
si no lográis poneros de acuerdo,
me temo que el que se va eres tú, Al.
- Peg, ¿podemos hablar un momento? - Claro, cielo.
A ver, Peg, como sabes, yo soy el hombre, y la casa de un hombre es su ataúd.
¿No lo entiendes? Sólo quiero lo que toda casada,
vivir con alguien más que su marido.
¿Qué crees que voy a hacer con él?
¿Chuparlo de arriba abajo?
¿Frotar mi cabeza contra su rizado y palpitante pecho?
¿Darle besitos por su brillante...?
Vale, es inocente.
Pero sigo sin ver para qué lo necesitas. ¿Quieres inclinarte? Quita el polvo.
¿Quieres estirar los brazos? Barre.
¿Quieres sexo? Avísame cuando acabes y vuelvo a casa.
Peg, sólo voy a decírtelo una vez.
Quiero que él se vaya
y te quiero a ti en la cocina haciéndome la cena ahora mismo.
Muy bien, Jim. Al cena fuera.
En lugar de salir a cenar, Sr. Bundy,
¿por qué no entrena con nosotros?
Es decir, ¿de qué sirve tener una esposa guapa, joven y sexy
con esa pinta que se gasta usted?
Escúchame, ricura.
No te dejes engañar por las cicatrices de mis muñecas.
Estoy muy en forma. Fui muy deportista en el instituto.
Y yo. Fui gimnasta.
Los gimnastas no son deportistas, son nenazas.
He venido a pediros spirulina.
¡Jim Júpiter!
Cariño, es Jim Júpiter. Qué sorpresa.
Seguro que ha venido en la furgoneta que hay fuera y que pone: "Jim Júpiter".
Calla. Hola, soy Marcy. Éste es mi marido, Flacucho.
Digo, Steve.
Hola, soy Jim Júpiter. Encantado, Steve.
Das la mano con mucho brío.
Ya, es que tocaba la tuba en el instituto.
¿Ibais a hacer ejercicio? No me gusta interrumpir.
Sí, Jim y yo estábamos empezando...
Mejor, mejor. Yo ya he calentado.
Echémonos al suelo y al lío.
¿Te puedes creer que deseen a ése? ¿Sabes qué hacía en el instituto?
Era gimnasta.
Al Fútbol y la banda.
A eso se dedicaban los hombres de nuestra quinta, ¿eh, colega?
- ¿Nos vamos a por una pizza, Steve? - Sí, a comer hasta vomitar.
Como los hombres de verdad.
Pues nos vamos a comer ¡yum-yum, yum-yum!
Empecemos corriendo en parado para quemar la tensión.
Menudo morro tienes.
¿Fui yo a tu casa cuando te tocó el premio de la Banca a la Mujer?
Pues sí. Y me robaste un pollo entero.
Ya, pero yo al menos no te lo restregué en las narices cuando lo hice.
Síganme, señoritas.
Marcy, tienes razón.
Tenemos Jim de sobra. No olvidemos que somos amigas.
- ¿De acuerdo? - De acuerdo.
Tres, cuatro y a descansar.
- ¿Qué le ha pasado a Marcy? - Ha dejado de interesarle.
¡Déjame entrar, guarra!
Jim, estoy agotada.
Voy a sentarme aquí mientras me arrullas con tus músculos.
Eso no va así, Sra. Bundy.
¿Y cómo va, Jim?
Y uno, y dos, y tres, y cuatro,
y cinco, y seis y siete.
12, 13, 14, 15, 16, 17...
45, 46, 47, 48, 49...
57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64,
65, 66, 67...
Y 197, y 198,
y 199 y 200.
Muy bien.
Creo que ya ha calentado. Empecemos.
- Bombón. - De bombón nada.
A ver, Jim.
Aclaremos unos cuantos malentendidos.
Hay dos cosas que Peggy Bundy no hace.
La primera: cocinar, limpiar, coser, pasar la aspiradora, planchar y educar.
Y la segunda: ejercicio.
A Jim Júpiter le encantan los retos.
Bombón.
He venido a cambiarle la vida, Peggy Bundy.
¡Bombón!
Sra. Bundy, usted es fuerte, pero yo soy el hombre más sano de Chicago.
Veo que esta semana va a ser todo un pulso.
Seis días después
Bombón.
- Mi preferido es el de fresa, ¿el tuyo no? - El mío es el de moca...
¡El programa de Oprah!
Peggy, estás fantástica. Has sacado provecho a la temporada con Jim.
- ¿Te encuentras mejor? - Desde luego.
Y Jim dice que si sigo mi programa,
viviré feliz durante mucho tiempo.
Ya sale.
¡Ahora, señoras, en directo desde Chicago, el programa de Jim Júpiter!
Hola. Soy Jim Júpiter.
El hombre más sano de Chicago.
Acabemos ya con el rollo éste del ejercicio, ¿vale?
Y uno.
Ha engordado, ¿no?
Es que está hinchado.
¿La papada también?
No te preocupes por él. Sabe lo que se hace.
Es el hombre más sano de Chicago.
¡Ay, no!
¡Está muerto!
¡Mi novio ha muerto!
¿Tu novio? ¡Es mi novio!
- No, mío. - Mío.
- ¡Mío! - ¡Es mío!
- ¡Mi pelo! - ¡Zorra!
No me lo puedo creer, con lo sano que parecía aquí.
¿Qué le habrá pasado?
EL HOMBRE MÁS SANO DE CHICAGO CAE MUERTO
La palma en pleno programa
"Azúcar en la sangre como para matar tres caballos,
"colesterol como para taponar el río Mississippi."
¡Así se escribe!
La culpa es mía. Fui yo. Yo maté al hombre más sano de Chicago.
A mí también me matas y te tiene sin cuidado.
Contigo es distinto. Tú ya llevas años como muerto.
Pero ¿y a nuestros hijos? ¿Los mata nuestra forma de vida?
¿Nos preocupamos por ellos lo que toca como padres?
- ¿Dónde están los niños? - ¿A mí qué me cuentas?
¡Hamburguesas! A ver, ¿quién ha pedido la grasienta?
Se acabaron las hamburguesas en esta casa.
¿Y de dónde sacaremos las vitaminas y las piedras?
Se dice minerales, Kel.
Eso.
¿No lo entendéis? ¿Ha muerto Jim Júpiter en vano?
Jim me enseñó que gozar de la comida lleva directo a la muerte.
Y yo no quiero ser responsable de la muerte ni del gozo
de ningún miembro de la familia.
Así pues, por una vez, los Bundy vamos a aprender de nuestros errores.
Bud, tú no serás vendedor de zapatos.
Y a partir de ahora vamos a comer bien.
¿Te refieres a con tenedor?
Pretendo mostrar amor por la familia, así que u os calláis u os largáis.
Hala, vámonos.
¡Volved!
A ver. Voy a hacer el primer sacrificio.
Mis bombones.
¡Perdona, Buck!
Y ahora, a cenar.
Vaya vida. Mamá se carga a un fulano y nos toca sufrir a nosotros.
Ya, pero ¿por qué no nos tocó usar tenedor cuando tía Pearlie mató a tío Dave?
Porque fue un accidente.
Se le escapó el punzón para el hielo.
¿Trece veces?
Papá, como vuelva a comer germen de trigo, me vuelvo loca.
Papá, tú crees que eres el que manda. Haz algo.
No puedo, Bud.
Verás, tu madre nunca había matado a un hombre físicamente.
Así que me temo que tendré que aguantarla unos días más.
Venga, familia. ¡Cocina casera!
¿Qué hay esta noche, mamá? ¿Baba de abeja?
Pasta de girasol.
Voy a untarla sobre poliestireno.
Es una torta de arroz, Bud.
¿A que está rico? Cuánto me alegro de que comamos sano.
Nos estamos limpiando, y yo me siento diez años más joven.
¡Quiero vivir, pero así no!
Venga, reunión familiar.
Peg, sé que te crees responsable de la muerte de Jim.
Y que no sientes culpa alguna por matarme a mí poco a poco, pero ése no es el tema.
Lo que quiero decir es que tú no mataste a Jim.
Le mató la salud.
Verás, se purificó el cuerpo hasta tal punto
que no pudo con la grasa, el azúcar y las toxinas de nuestra comida.
Él mismo se puso en extinción.
La gente sana es como los dinosaurios. No son aptos para sobrevivir.
Jim no pudo con las hamburguesas, los bombones
y la fritanga como los americanos de verdad.
Los fuertes de verdad somos nosotros, Peg.
- ¿De verdad lo crees, Al? - Por supuesto.
¿Ves esa cucaracha?
- ¿Ésa? - No, la otra.
Bueno, cualquiera.
No llevan un tarro de germen de trigo, ¿a que no?
Se pronuncia "germen", papá.
Gracias, cariño.
Sigamos pues el ejemplo de nuestra amiga la cucaracha.
Ya estaban antes del hombre y estarán después. ¿Sabes por qué?
Comen mierda.
Y yo digo que lo que es bueno para las cucarachas
es bueno para mi familia.
- Al, sí que te preocupas. - Claro que sí.
No sé vosotros, pero yo comería hasta obstruirme el colon.
¡Hamburguesas grasientas para todos! ¿Qué os parece?
- ¡Grasa, grasa! - Con mayonesa a montones.
Episodio dedicado a nuestra poderosa hermana la cucaracha.
Sigamos su ejemplo.
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