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[Gabriela] ¡No, Miranda! [jadea] ¡No!
[llorando] ¡Miranda, no! ¡No, no!
¡No me la quiten! ¡No, no!
¡No! ¡Miranda!
¡Miranda, no!
[Miranda lloriquea]
[hombrea lo lejos] ¡No estoy loco!
Voy a ver cómo está.
[titubea] No… No me quiso abandonar. Es como…
Es como si me hubiesen sacado de sus brazos.
Como si me hubiesen robado.
[conversaciones indistintas]
[suena música intrigante]
[Javier al teléfono] ¿Cómo estás? Soy el ladrón de tu maleta.
No supe más de ti y ahora estaría necesitando mi ropa
porque solo puedo estar un rato en paños menores
antes de meterme en problemas de nuevo. [ríe]
Llámame. Soy Javier Lara Castillo.
[la música se intensifica]
[tintineo de llaves]
[Gerardo, en forma arrogante] Bonita colección, ¿no?
¿Es tuya?
¿De quién crees, güey?
Si fuera de mi papá o de mi abuelo, habría pura carcacha.
[ríe suavemente]
Mm…
Escoge el que quieras. Nos vamos de fiesta.
[resopla] No tengo tiempo.
[ríe] No mames. ¿Qué otra cosa tienes que hacer?
Así conoces el México de peda al lado del mejor. [chasquea los labios]
¿O te da miedo?
[madre de Miranda al teléfono] Hija, ¿cómo te fue?
Mandame un mensaje cuando puedas, por favor.
¿No va a contestar?
No, no quiero hablar con ella ahora.
[Leonardo] A veces, viene bien hablar.
En las FES, teníamos un consejero
que nos recomendaba… [inhala] sacar lo que sentíamos, hablar.
Claro.
Algo que solés hacer mucho hoy en día.
Las palabras no son mi fuerte.
[risita] Buen chiste.
[chillido de frenos]
[Diego] Ey…
[Sara] Hola.
-Pásenle, pásenle. -[Sara] Qué carita.
-Hola. [besa] -[besa] Hola.
-Están por cenar. -Sí.
Sí, también hay para ustedes.
No, no, ¿cómo crees? Solamente venimos a dejarte el coche.
La señorita puede hablar por ella misma.
[ríe]
[Diego] Ándale.
Gracias.
Vente, Miranda.
-[Sara] Ándale. -Como la señorita diga.
-¡Eso! Aquí estás. -[Sara ríe]
-[Sara] Salud. -[Miranda] Salud.
[suena música bailable de fondo]
[sube el volumen de la música]
[sorbe por la nariz]
[conversaciones indistintas]
[aumenta el ritmo de la música]
-[Gerardo] Ya, güey. -Un segundo, un segundo.
Deja eso.
-Va, ya va. -Guárdalo.
Ya está. ¿Estás viendo todo lo que hay?
Hay que disfrutar, hermano.
-No todo en la vida son negocios. -Ya.
[risas]
Salud, primo.
Salud.
Mm. Oye, güey, pero…
-no te emociones. -¿Por?
¿Cómo "por"?
-Yo también lo tengo. De mi papá era. -Ya.
Por eso te voltean a ver.
-¿Ah, sí? -Sí.
Porque todos saben que eres un Lara.
¿Y eso qué tiene que ver?
¿Cómo "qué tiene que ver"? Somos los putos dueños. [ríe suave]
¿Ah, sí?
Yo no estaría tan seguro. Vamos a comprobarlo.
¿Qué onda? ¿Todo bien?
-[chica] Hola. ¿Todo bien? -Pues sí.
[la música se desvanece]
Está bueno, ¿no?
Mm. Increíble.
Oye, Miranda, ¿y qué tal ha estado tu viaje?
¿Has podido averiguar algo?
[chasquea la lengua] Sí. Eh… Algunas respuestas.
Todavía tengo que seguir buscando.
Bueno, de eso se trata la vida, ¿no?
De buscar.
Dios sabe cuánto buscábamos Sarita y yo esta nena.
Hasta que por fin se nos hizo el milagro.
Tienen mucha suerte.
Alguien más con suerte, aquí a mis ojos, ¿eh?
-[ríe] ¿Por qué? -Muchísima suerte
de que no lo agarraran con las manos en la masa.
Cuéntale de cuando perdiste la fusca.
[ríen]
[Miranda] ¿Qué es la fusca?
No le hagan caso, ya está borracho.
[Sara] La fusca es una pistola.
Pues resulta que el muy… güey, pues, perdió la pistola.
Y, al final, resultó que estaba en la casa de cierto comandante del ejército…
[Sara ríe]
Pues la dejó ahí cuando pasó a visitar a su señora. [ríe]
-[ríe] O sea, la señora. [ríe] -[Diego asiente]
No le crea, no le crea.
Ya, quítale eso.
[Sara ríe]
[freno de mano]
Llegamos.
¿No se la pasó bien?
Sí. Sí, sí, la pasé increíble.
[Leonardo] Con el tiempo, se va a ir sintiendo mejor.
Necesito conocer a Emiliano Lara.
Él podría ser mi papá.
No se va a ir de México sin saber la verdad.
Nos vemos mañana.
[puerta se cierra]
Si prefiere, se la puedo entregar yo.
Es un Lara Castillo. Quiero conocerlo.
No tiene mucha conexión con su familia mexicana.
Javier está en Chile desde que era pequeño.
Lo quiero conocer igual. Esperame acá, ¿sí?
Ahora te veo.
Hola.
[mujer] ¿Qué tal? Buen día.
¿Qué tal? Eh… ¿Javier Lara?
Ah. Al fondo a la derecha.
Muchas gracias.
Hola.
Hola.
[Miranda] Miranda.
Eh… Yo soy Javier.
-Encantada. -Mucho gusto. Encantado, igual.
-Gracias. -Siéntate.
Llegaste tarde. [exhala]
Eh, perdón. Y perdón por ayer.
Eh, fue un día complicado.
Gracias por venir igual.
Así te lo agradezco. ¿Quieres tomar algo?
No, no, estoy bien. Muchas gracias. Me tengo que ir rápido.
Bueno, vamos. Mira, acá está tu maleta.
Solamente la abrí, o sea, está todo en orden.
La abrí para ver tus datos. Está todo en su sitio, ni la toqué.
Yo… abrí la tuya pensando que era la mía y le rompí, eh, la cerradura sin querer.
Disculpame.
No pasa nada, tranqui. O sea que ya sabes todo sobre mí.
¿Cómo?
Viste mi ropa interior. [ríe]
-Obvio que no. -[Javier riendo] ¿Segura?
Sí, segura.
Porque yo tengo una teoría.
Con solamente mirar la ropa interior de una persona,
puedes saber cómo es. Me la juego contigo. ¿Te digo?
-A ver. -[Javier ríe]
Eres genuina…
una chica curiosa, visceral, honesta…
pero que no viniste a México a salir de fiesta,
ni tampoco a conocer chicos.
¿O me equivoco?
Corrígeme, si estoy equivocado.
No. Es interesante, lo que estás diciendo, la verdad.
Yo no lo encuentro tan interesante
porque justo hoy te iba a hacer una propuesta.
Hay un lugar rezarpado, boluda,
al que te quiero invitar.
[ríe]
[Miranda] Eh…
Tu teoría esa de la ropa y todo eso es interesante porque justamente no…
no vine a eso. Ni a salir ni nada por el estilo.
Pero igual gracias.
Qué lástima.
Bueno, si cambias de opinión, el sitio se llama El Ángel.
Yo voy a estar en el VIP.
Es de mi familia, así que, bueno, tengo ciertos privilegios. [ríe]
Te espero. Me encantaría verte de nuevo.
Bueno, lo voy a pensar.
-Muchas gracias, Javier. -No, gracias a ti.
-Chau. -Chau.
[Miranda] ¿Gutiérrez?
¿Vos podrías saber cómo es una persona…
mirándole solamente su ropa?
[se mofa] Por supuesto que no.
¿Y con la mujer del comandante cómo hiciste?
[risita] Bueno, a ella nunca la vi con ropa.
Pero, ahora que lo dice, creo que sí hay una manera de saber cómo es una mujer.
Por su mirada.
[suena música suave]
[con voz suave] ¿Mis ojos qué dicen?
Que esta noche salimos.
¿Cómo?
El Ángel… Javier Lara.
Tienen una discoteca, un boliche.
Seguramente, ahí pueda encontrar información,
saber algo más, no sé.
¿Está segura que se quiere seguir mezclando con esa familia?
Yo estoy mezclada con esa familia.
Los Lara son peligrosos.
A mí tampoco me hace feliz…
pero siento que es la única manera.
Y para eso estás, para cuidarme.
Y una cosa más.
No me digas más "usted".
Okey.
Como tú mandes.
[Santiago] El Alas Rotas.
En ese lugar, empezó todo.
A mi hijo, le avergüenza.
Se le olvida que, gracias a ese viejo cabaret,
tiene la vida que tiene.
Que lo venda. [ríe irónicamente]
¿Has escuchado que la información es poder?
Bueno. Ese es nuestro negocio.
Ni los hoteles, [inhala] ni los antros, [inhala] ni las obras públicas.
Lo valioso es lo que la gente importante no quiere que se sepa.
Eso tu papá nunca lo entendió…
Sin ofender, ¿eh?
No, no me ofende.
Y estoy seguro de que a él tampoco le ofendería.
Tu tío Emiliano sí. Pero Rafael… [se mofa]
Lo eduqué como un gallo de pelea y se escapó a Santiago de Chile. [se mofa]
Donde me crie. Y crecí.
Tenía muchas ganas de conocerte, abuelo.
Aunque sé que a mi papá nunca lo quisiste.
[chasquea la lengua]
[Javier] Buenas.
[Manuel] El tiempo escasea, Javier.
Me piden que asigne la obra de la autopista
antes de que cierre el trimestre.
Bueno, siempre es una opción asignársela a mi familia, ¿no?
Yo se la voy a asignar a quien yo decida.
Pero… ¿tu tío se va a comportar, si yo hago eso?
Yo soy un tipo de palabra.
Me vale verga tu palabra, cabrón.
Lo que necesito son esas imágenes que tiene tu familia.
Necesito que las encuentres ya.
[pasos alejándose]
[conversaciones indistintas]
[suena música electrónica de fondo]
[vítores, silbidos]
[silbidos]
[Miranda] Gracias.
[vítores]
¿Querés?
Estás muy lindo.
[bullicio]
Tú también te ves muy linda.
[conversaciones indistintas]
[gritos]
-Disculpá. -[muchacho] ¿Qué?
Eh… Por casualidad, ¿sabés dónde está el vip?
[muchacho] Sí, claro. Al fondo.
Pero no entra cualquiera, ¿eh?
Oh, dale.
Vamos.
[continúa la música electrónica]
-[hombre] Pásale. -[Miranda] Gracias.
Tú no puedes pasar.
-Tengo que acompañar a la señorita. -La invitación es personal.
[suspira]
Qué bien te ves. ¿Eres nueva?
Estoy buscando a un amigo.
¿A quién? Conozco a todo el mundo.
Javier Lara.
Vente, yo te llevo. Por acá.
Ya llegó la fiesta.
[sorbe por la nariz]
Estoy buscando a Javier Lara.
Es que… aquí todas las moras de El Ángel…
vienen con un Lara.
No me toques.
No pasa nada.
-Relájate. -[alza la voz] No me toques.
-¡Relájate! -¡Pero no me toques!
-[Javier] ¡Ey, ey, ey, que deje! -[hombre] ¿Y tú quién eres, pendejo?
El que pone las reglas aquí.
Ey, espérame.
No sabíamos quién eras, perdón.
[Javier] Cuando vuelva, los quiero fuera. ¿Vale?
Ey, ¿estás bien?
[respira temblorosa]
¿Te hicieron algo? Respóndeme.
[respira temblorosa]
Ven. Ven conmigo, ven.
Vamos a un lugar seguro. Ven.
[habla indistintamente]
Dame un vaso de agua, porfa. Gracias.
[tintineo de vasos]
Tranquila.
Ya pasó. [suspira]
¿No te explicaron las reglas?
No puedes meter putas aquí.
[tono de llamada]
Si yo no puedo meter viejas, tú menos.
Un poco más de respeto, ¿no?
¿Acaso no vieron lo que le acaban de hacer?
-Si me preocupara por cada cosa que veo… -[teléfono celular vibra]
Las cámaras están para vigilar a los que sí importan.
[conversaciones indistintas a lo lejos]
Me voy.
-Espera. -No, no, ¿adónde?
No.
Yo te acompaño, guapa.
Ubícate, ¿vale? Viene conmigo.
[suena música electrónica a lo lejos]
[motocicleta arranca]
Dale. Es que me siento responsable por ti.
O sea, yo te invité, imagínate, y salió así, todo mal.
Javier, ya está. Ya me pediste perdón.
La realidad es que yo tengo muy poco que ver con ellos.
Imagínate que me fui de aquí cuando era así.
Y ahora resulta
que soy muy chileno para México y muy mexicano para Chile.
[suena música suave]
Yo también nací acá, en México.
Y es la primera vez que estoy en la ciudad.
¿Puedo intentar un segundo chance de cita?
¿Qué fue una cita? ¿Lo de recién?
O sea, sí, digo… [ríen]
Lo puedo hacer mejor.
Me… Ahora, en mi casa, me están organizando una bienvenida
y me van a celebrar que estoy acá.
Me gustaría que vinieras.
Va a haber gente que ya conoces y otros peores, como mi abuelo y mi tío.
¿Qué dices?
¿Vienes?
[Miranda] Buenas noches.
Ay, me asustaste.
¿Qué hacés acá?
La vengo siguiendo desde que salió con Lara de El Ángel.
No me di cuenta.
No te pedí que me siguieras.
[Leonardo] Es mi trabajo.
Y sería mucho más fácil de hacer si usted no se perdiera de vista.
Necesitaba distraerse, ¿no?
No todo puede ser su búsqueda.
¿Vos me estás juzgando?
Tenés razón.
Solamente estás acá para cuidarme. Nada más.
[Silvana] Podemos hablar tranquilas. Ana está en la escuela.
[suspira] ¿Cómo estás?
Más o menos.
La tuvieron que sedar, el otro día.
Y siento que fue por mi culpa.
Pero los médicos me dicen que le siga hablando, que ella escucha,
que ella siente todo y que… y que, en algún punto, conecta.
Se me hace un poco difícil. No sé.
[Silvana] Bueno. Vamos a tener
-que ser pacientes porque… -[golpes a la puerta]
Hay alguien que te quiere conocer.
Le dije que ibas a venir hoy. Espero que no te moleste.
No. Está bien.
[puerta se abre]
[Silvana susurra] Ahí está.
Miranda, ella es Elena.
Soy la mamá de Gabriela…
tu abuela.
Jamás me imaginé…
Tenía las esperanzas perdidas.
No sé qué decir.
[voz temblorosa] ¿Te puedo abrazar?
[Elena respira temblorosa]
[Elena llora]
[Elena llora, sorbe por la nariz]
[ríe mientras llora] Ay, Miranda.
[chasquea la lengua]
[Elena] ¿Ya conociste a la esposa de tu novio, hija?
¿Ya conoces a sus hijos, Gabriela?
Mamá, por favor.
Señora.
Si me permite…
Necesito que sepa
que nunca he querido a nadie como quiero a su hija.
Yo la voy a cuidar y le voy a dar el lugar que ella se merece.
[tintineo de cubiertos]
[se mofa] ¿Sabes qué? Es mucho.
[suena música de tensión]
[Gabriela] Mamá.
[suspira]
[Gabriela] ¿Adónde vas?
¿Por qué me haces esto?
¿Por qué no puedes estar contenta por mí?
[susurrando] Ay, hija.
Si ese hombre te quisiera como dice…
dejaría que te fueras conmigo.
[pasos alejándose]
[Elena] Nunca estuve para mi hija cuando más lo necesitaba.
Y dejé que Emiliano Lara le arruinara la vida.
[Silvana] Bueno, pero ahora estás para tu nieta.
Traje algo para ti.
Esto era de Gabriela.
Y me gustaría que te quedaras con ella.
¿Mm? [sorbe por la nariz]
[respira suavemente]
[le da cuerda]
[suena música de caja musical]
[ríe suave] Esa canción le encantaba a tu mamá.
[Miranda] Yo también amo la música.
Me emociona mucho tener algo de mamá.
[marcador cae]
[le da cuerda]
[suena música de caja musical]
[Gabriela tararea al son de la música]
[Leonardo] ¿Está bien?
Voy a ir con Javier.
Va a haber una fiesta en la casa de Emiliano.
Necesito…
mirarlo a los ojos. Necesito…
saber si es mi papá.
¿Cree que…?
Si me vas a decir que es gente peligrosa, jodida, ya lo sé.
Pero necesito saber qué fue lo que le hizo a mi mamá,
por qué… por qué está así.
No iba a decir eso.
Está bien. Entiendo, si necesita ir.
No me trates más de "usted".
Déjame acompañarte.
No vas a poder.
Voy a llamar mucho la atención con un… guardaespaldas.
Yo voy a encontrar la manera.
[Diego] Si Sara ve que me estás metiendo en estos pedos…
la va a agarrar más conmigo que contigo.
Esta es la compañía de seguridad que suelen contratar los Lara Castillo.
Grandes ligas. Expolicías. Soldados…
Y, con un clic…
ya estás en la nómina.
¿Ya ves qué fácil es conseguir trabajo?
Mi problema no es conseguirlo.
Es mantenerlo.
Ahorita te muevo aquí.
[teclea]
Y estás en la cuadrilla de los Lara.
Eso sí.
Si te agarran, tú no me conoces.
[teléfono celular vibra]
Miranda, estaba preocupada. ¿Por qué no me devolvías las llamadas?
La encontré, mamá.
[Miranda al teléfono] Está viva.
Y no me quería dar en adopción. La obligaron.
[Miranda al teléfono] ¿Vos sabías algo de todo esto?
¿Qué? [titubea] Obvio que no sé nada.
[Miranda] ¿Qué sabés del trámite de la adopción?
[madre de Miranda al teléfono] Bueno, no sé mucho.
Tu papá viajó a México y volvió con vos…
[al teléfono] …con los papeles que te di. [suspira]
No sé, todo normal.
¿"Todo normal"?
¿"Todo normal"? No entiendo qué le ves de normal.
[al teléfono] Porque yo no le veo nada de normal, a todo esto.
No. No sé qué decirte, mi amor.
Nunca sabés qué decir. Dejá, mamá, está bien.
[hombre] Buenas noches.
Gracias.
[puerta se abre]
¿Vino Leo?
[Diego] Sí.
Anda distraído.
¿Todo bien?
Pues, ya sabes cómo le encanta meterse en pedos que no son suyos.
[Sara] Si se mete en pedos, es porque le gusta.
Y no lo culpo, ¿eh?
Yo creo que le haría bien a Leo. Se ven bien juntos.
[ríe suave] No.
Bien nos vemos tú y yo juntos.
[ríen]
-Y tú más con esa panzota. -[Sara] Me vas a llenar de aceite.
Ay, espérate a que esta morrita ande conmigo en el taller.
Ahí sí los tres vamos a andar de cochinitos.
[ríen]
[conversaciones indistintas]
Hola.
Hola. Qué bueno que viniste.
-Estás muy linda. -Gracias.
Bueno, bienvenida a la casa familiar.
Mira, esos dinosaurios que están ahí a tu derecha
son de la junta directiva del Grupo Lara Castillo.
¿Y el señor, el que está ahí sentado? ¿Quién es?
No, ese no. Es mi abuelo, Santiago.
Da un poco de miedo.
[ríe] Qué mala. ¿Un poco?
Uno aquí en México, el que tiene mala fama,
al que todo el mundo le teme, supuestamente, es mi tío Emiliano.
Y Emiliano al único que respeta es a mi abuelo.
-Gracias. -[Miranda] Gracias.
O sea que imagínate. Ambos son pesos pesados.
¿Y Emiliano? ¿Dónde está?
No sé. Desde que llegué, he querido hablar con él
y creo que va a ser más fácil
que el papa me dé una audiencia antes que él.
-[Miranda ríe] -Salud.
[choque de copas]
Mira, hablando del rey de Roma.
Ahí está. El que está hablando por teléfono.
-¿Todo bien? -[Miranda] Sí.
-¿Tienes frío? -No, no, estoy bien.
Ah, perfecto.
¿Vos?
No, yo estoy mejor que nunca.
Qué elegante, primo.
[Javier] Gracias.
¿Y tú? Qué rápido diste el salto de El Ángel para acá.
¿Ella quién es?
Porque Javier me estaba presentando a la gente importante, pero no te nombró.
[Victoria] Mm.
Mi prima. Mi querida prima, Victoria Lara Castillo.
Ah, okey. Qué tonta, pensé que era empleada de El Ángel.
Te vi con las computadoras y… Pero, bueno. Miranda, encantada, un gusto.
Qué simpática. [risita suave]
Ojalá y Javier no se aburra rápido de ti.
Bienvenida a mi casa.
Guau. Eso fue bestial.
[Miranda] Qué prima.
Hablando de primos.
El que viene a vigilarte, su hermano. Tal para cual.
Otro encanto.
[Javier] Oye, pero no te preocupes en lo más mínimo por lo que dijo.
De momento, es imposible que me aburra de ti.
¿Me ves preocupada?
Bueno, puede que sí,
pero también hay altas probabilidades de que no me aburra.
O sea que ya veremos.
[guardia] Don Emiliano quiere verlo.
Parece que es mi noche de suerte. Y sí voy a ver al papa. [ríe.]
[Miranda ríe]
¿Me puedes prometer algo?
¿Que no te vas a mover de aquí?
No, me quedo acá.
[beso] Ya vengo.
Ahora te veo.
Mm.
Si la quieres pasar bien con un Lara, [risita] habemos unos más divertidos, ¿eh?
[Javier] Me la estás haciendo difícil porque fui primero con el abuelo.
Quise ir primero por respeto a la línea de sangre.
No te quise saltar, no te me ofendas.
Déjame adivinar.
"La sangre es más espesa que el agua" y todo eso.
No creo que tanto.
O, si no, alguno de ustedes hubiese asistido al entierro de mi papá.
Rafael nos sacó de su vida cuando se largó. Nadie lo echó.
[Javier] Corrección. Lo dejaron morir solo y en exilio.
[suena música tensa]
Es lo único que voy a decir con respecto a mi papá.
El pasado ya fue, ya no cuento con eso.
Lo único que me interesa ahora es el futuro.
Buen pitch.
¿Te enseñaron eso en la escuela de negocios
de Santiago de Chile?
[Javier] No. Hice mi MBA en España.
Con un amigo que tenemos en común, de hecho.
Manuel Alcaraz. ¿Te suena?
Hace poco me pidió que interviniera en unos asuntos con ustedes.
¿Es cierto lo que dice?
No sé. ¿Qué dice?
Que tú y el abuelo tienen una bóveda con fotos y videos
para extorsionar a medio México.
Pero te mandaron a espiarnos, a conseguir información.
Me mandaron a buscar una solución que nos deje felices a todos.
¿Qué si te digo que te puedo conseguir esa licitación
antes de que termine el trimestre
y sin que queme las naves del partido?
¿Qué te parece?
[conversaciones indistintas]
[Leonardo] Miranda.
¿Qué hacés acá? ¿Cómo hiciste para entrar?
Te dije que me las iba a arreglar.
¿Cómo vas? ¿Estás bien?
Sí.
Todavía no hablé con Emiliano, pero lo vi de lejos.
Está ahora hablando con… con Javier.
[Leonardo] ¿Miranda?
A Javier no le gustaría verte coqueteando con el servicio.
Fui yo quien se acercó a la señorita.
Pensé que necesitaba algo.
Qué servicial.
Estoy bien. Gracias.
A ti no te había visto.
¿Hace cuánto trabajas aquí?
[Leonardo] Hace poco que me contrató a la empresa.
Ya.
A ver.
Ah… Leonardo Gutiérrez.
-[Emiliano] ¿Senador? -[Javier] Miranda.
[Emiliano] Yo creo que lo logró.
-[Javier] Aquí estás. -Hola.
[Javier] Buenas noches.
Tío, ¿me permites un segundo?
[Emiliano] Sí, claro. Permiso.
Te quiero presentar a alguien muy pero muy importante.
Ella es…
Miranda. Encantada, un gusto.
Emiliano Lara Castillo. Un gusto.
¿Y ese acento?
Argentina. Eh… Soy de Buenos Aires.
Mira.
Ella está recién llegada y fascinada con México.
¿No?
[riendo] Sí. Eh… Estuve mirando el piano toda la noche.
Eh… ¿Tocás?
¿Yo?
[Miranda] Sí.
Bueno, tocar es mucho decir. Tomé algunas clases. ¿Tú?
Soy concertista, sí.
[Emiliano] Ah, mira, qué bien.
¿Por qué no nos deleitas con tu talento esta noche?
Seguro toda la gente acá está feliz de escucharte.
No, no quiero incomodar.
No, no, no incomodes. Vas a tocar.
Vamos.
[Emiliano] Adelante.
Gracias.
[suena música de piano]
[música de piano concluye]
[aplausos]
[aplausos y vítores]
[disparo]
[vasos se rompen]
[gritos desesperados]
[gritos desesperados]
¡Miranda! ¡Miranda!
-¡Miranda, tienes que irte de aquí! -Gutiérrez.
Mira, me voy a tener que quedar. Esto se va a poner feo.
¡No!
Pero tú vete con Diego y con Sara. Ellos te van a cuidar. ¡Ven!
[motor arranca]
[conversaciones indistintas]
[sacudón a la puerta metálica]
[ruido metálico]
[susurra] Diego.
Diego.
Mandaste a asesinar a mi tío. Eso no era parte del trato.
Te dije que yo lo iba a convencer.
[Manuel al teléfono] Ahora solo te tienes que encargar de recuperar lo mío.
Ya te hice el trabajo sucio.
Mandaste a un inútil, y lo atraparon. Y Emiliano sigue vivo.
[gruñe, tose]
[guardia] A ver, cabrón.
¿Quién te envió, eh?
[Manuel al teléfono] Ocúpate de que ese perro no ladre.
¿Qué?
[Manuel al teléfono] Sí. Te vio la cara, pendejo.
Si habla, estamos muertos.
-[golpe] -[gruñe]
¡Diego! Escuché algo.
[golpes a la puerta metálica]
Tú quédate aquí. No te muevas.
[tipea en el teléfono celular]
[puerta se abre]
[suena música de suspenso]
Diego, espérate.
Sara, quédate aquí.
[carga el arma]
Disculpá, ¿a cuánto estamos?
[conductora] Ya estamos cerca, señorita.
Gracias.
[disparos]
[gruñe]
[la música se intensifica]
[Sara grita]
[diálogo inaudible]
[diálogo inaudible]
[Sara] ¡No! ¡Suéltame!
¡Diego, no!
[suena cortina musical]
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