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Hola, ma.
Oye, chicos.
Creo que no le hacemos mucho caso a Lucky últimamente.
¿Quién es Lucky?
Cualquier chico que salga con Kelly.
¡Uy!
¿No tenéis la sensación de que está un poco deprimido?
¿Qué te hace pensar eso?
- Despacio. - Ya voy.
- Cuidado. - Nos lo vamos a pasar
muy bien con esto, Bud.
FUTBOLÍN DELUXE
¡Ten cuidado! Vas a romper la caja.
Nunca meteréis esa cosa enorme y estúpida aquí.
Eso dije yo cuando te cogí en brazos al cruzar la puerta de casa.
Hola, vecinos.
Mirad, os hemos traído algo para picar.
- Oye. - ¡Mucho ojo! Te mataría por esto.
Te dije que era mejor dárselo con un palo.
Que lo disfrutéis.
Y todavía hay muchas más cosas.
Lo único que tenéis que hacer es quedaros en casa el fin de semana.
¿Por qué?
Mi prima Mandy viene de visita y ¿cómo te lo diría?...
No quiero que la espantéis de asco.
No es que seáis asquerosos.
No hay más que decir.
Pero veréis, hace años que no veo a Mandy
y teníamos una relación muy estrecha. De hecho, somos idénticas.
¿Es tan repulsiva como tú?
Primas idénticas. Eso no existe.
Claro que sí.
Samantha y Serena, Patty y Cathy.
Exacto.
Caminamos igual, hablamos igual A veces incluso... lo que sea igual
Entonces, ¿hay otra exactamente igual que tú por ahí?
Bueno, no exactamente igual. Yo soy más guapa.
Si ella es la guapa, imagínate cómo es la prima.
¿Es que no ves que estoy comiendo?
Cuidado.
Finta, chuta y ¡gol! ¡Vuelvo a ganar!
Calma, papá. Solo es un futbolín.
¿Solo un futbolín, hijo?
Es el mejor invento del mundo.
Edward Foos era un chico con un sueño:
Inventar un juego que todos pudiesen disfrutar, sin importar
lo fofo o borracho que estuvieses.
El chico no está bien, Peg.
Lo supe el día que lo tiramos de cabeza y no gritó.
- Hola, soy Man... - Bonita peluca, Marce.
Mira, Peg, el quinto Beatle.
No soy Marcy. Soy Mandy, su prima.
¡Vaya!
Marcy y tú sí que os parecéis.
¿De verdad? Bueno, no es que sea modelo,
pero tampoco pensé que pareciese un pollo.
Me cae bien.
Marcy y Jefferson han ido a recogerte al aeropuerto.
Mi vuelo llegó pronto, así que cogí un taxi.
- ¿Os importa que espere aquí? - No, claro que no.
Aunque, aquí en la ciudad del viento, es costumbre dar propina
a quien te acoge en casa.
Tú debes de ser Al.
Por desgracia, sí.
Un futbolín. ¿Se te da bien?
¿Tu prima está plana?
¡Gol! Voy ganando.
¡Suerte! ¡Has tenido suerte!
¿Puedo jugar?
- Ahora no, Peg. - ¡Gol! Gané.
Mi prima no estaba en...
- ¡Mandy! - ¡Marcy!
Estás genial.
Tú también.
¿Qué haces aquí?
Bueno... No salimos. Entró ella.
Lo cual me recuerda que no queda salsa de cebolla.
Mandy, este es mi Jefferson.
¿No te encantaría tener uno igual?
¿Te refieres a que también hay otro como él?
Vaya, eres incluso más guapo de lo que había dicho Marcy.
Lo mismo digo.
Cariño, ¿por qué dijiste que tú eras la guapa?
Venga, estamos a mitad del juego.
Marcy...
Si sois idénticas, ¿cómo es que ella tiene...?
Implantes.
¿De verdad?
No es que me gusten los pechos grandes y voluminosos.
Siempre están en medio.
Las pastillas del veterinario le han subido el ánimo a Lucky.
¿No te parece que está hiperactivo?
Qué va. Está bien.
Mira, está enterrando un hueso.
Oye, creo que deberíamos darle pastillas de esas a mamá.
Ya le di. ¿Cómo crees que se ha levantado del sofá?
- Hola. - Hola, Peggy.
Te he traído bombones.
Adivina.
Hoy le voy a preparar a Jefferson su cena favorita.
- ¿Por qué? - Porque si no lo hace su mujer,
podría venir otra cualquiera y robártelo.
Incluso alguien de quien nunca te los esperarías, como una prima.
Que les gustaba a todos los chicos porque era muy divertida.
Chicos como Jimmy Miller, que le enseñaba a Mandy sus cartas de béisbol
y jugaba a lanzar la camiseta de la pequeña Marcy.
Marcy, estoy muy preocupada.
Quizá Mandy no debería haber pasado el día con Al y Jefferson.
Vaya, Peggy Bundy.
Si no te conociese, pensaría que estás celosa.
¡Menudo partido!
- ¿Cómo quedó al final? - Treinta y siete a catorce.
Ese marcador no parece de béisbol.
No lo es.
Son las cervezas y perritos que tomamos antes de quitarle el pantalón a Jefferson.
Qué cachondos.
Por suerte, era el día de las toallas de recuerdo en el estadio.
Marce, te he traído una camiseta.
- ¡A lanzarla! - ¡Que no la coja Marcy!
¡Mandy!
- ¡Mandy! - ¡Mandy!
¡Qué inmaduros sois!
¡Devuélvemela o me chivo!
Mira lo que me ha dado Jefferson. Pilló una bola que se salió.
En realidad fue una bola de home-run, pero no importa.
Lleva años intentando pillar una de esas.
Disculpad.
Al, trato nuevo.
¿Te gustaría cenar un estofado de carne jugoso?
- ¿Con patatitas? - Y galletas y salsa.
¿Qué tengo que hacer?
Mantener a Mandy alejada de Jefferson hasta que se vaya.
Puedo hacerlo. Mandy, ¿te quedas hoy a cenar?
Jefferson y yo queremos estar solos. Vamos, cielo.
Creo que me quedaré a pasar el rato con Mandy.
O mejor me voy ya.
Oye, Peg.
¿Te gustaría cenar estofado de carne con todo el acompañamiento?
- ¿Adónde vamos? - A la cocina.
No pienso cocinar.
Yo lo haré. Me encanta cocinar.
¿Por qué no te pareces un poco a Mandy? Le gusta el futbolín y el béisbol.
Le gusta cocinar. Es como una esposa, pero divertida.
¡Pues cásate con ella!
¿Qué me dices, Mandy?
Tú y yo en Las Vegas. Una luna de miel en un campo de fútbol Fantasy.
- Suena bien, Al, pero estoy pillada. - ¿Sí?
- ¿Quién es el afortunado? - Barbara.
¿Barbara?
Eso suena a que el tipo pierde un poco de aceite.
Nada de aceite. De hecho, la tipa se dedica a la construcción.
- ¿Tipa? - Sí, Al. Soy gay.
¿Gay?
Veo que te has quedado impresionado.
¿Por qué crees que te acompañé a la Sala del Meneo?
Pensé que eras una tía guay.
¿Por qué crees que les tiraba besos a todas las bailarinas?
Pensé que me los tirabas a mí.
¿Alguna te devolvió el beso?
Pero Lola no, ¿eh?
Claro que no. Lola es un chico.
¿Qué?
- Cálmate, Al. - No es posible.
¿Cómo te ha podido pasar esto?
¿Te dejaron plantada en el baile de graduación o fuiste a la cárcel?
Ah, fue en un campamento de verano, ¿verdad?
Te dio un tirón mientras te bañabas desnuda y la monitora rubia bombón...
Llamémosla Betty.
...te llevó a su cabaña y te dio un masaje.
Y sin saber cómo, te convertiste en una esclava sexual
en una secta de sexo femenina.
Sí, eso fue lo que pasó.
Lo has visto en un vídeo, ¿a que sí, Al?
Sí. Mi favorito.
El mío también.
Entonces, ¿no te importa que dos mujeres estén juntas?
No.
Siempre que haya un tipo mirando.
Se lo he dicho a toda la familia, menos a Marcy.
- ¿Cómo crees que se lo tomará? - ¿Estás loca?
Ha hecho cosas sexuales más raras.
No me sorprende. Solía pagarle a los chicos para que la besaran.
Sigue haciéndolo.
Al, ¿ya se ha ido tu amiguita a casa
o quieres que se quede a dormir?
Peg, no tienes que preocuparte por Mandy.
¿Por qué? ¿Porque solo tienes ojos para mí?
No.
No, Peg.
Mandy es gay.
- Ah, ¿sí? - Sí, Peg.
Me sorprende que no te hayas dado cuenta. Yo siempre pillo esas cosas.
¡Gaydar!
Menos mal que el veterinario le quitó esa droga a Lucky.
Ayer iba persiguiendo a los coches y los adelantaba.
El veterinario dice que las pastillas solo ocultaban el dolor.
Creo que está deprimido porque está solo. Así que le he preparado una cita.
Kelly, solo un idiota prepararía una cita para un perro.
Soy Bud. Seré su camarero esta noche.
Hola, Elaine. Hola, Frisky.
Frisky, este es Lucky y este es un pringado.
- Hola, Kelly. - Hola.
Adiós, Kelly.
Bueno, Frisky y Lucky.
Esperemos que los dueños también congenien.
Es increíble cuántas molestias os habéis tomado.
Me encanta que adores tanto a tu perro.
Sí, haremos lo que podamos para que nuestros amiguitos peludos se junten.
Y lo llamaron amor de cachorros
Supongo que nunca sabrán
Lo que siente un corazón joven
Lo siento. Tendré más cuidado.
No he sido yo. Yo hago ese ruido más tarde.
Lucky, sé bueno. Ha venido a verte.
A tu perro no le interesa mucho mi perra.
Claro que sí. Se está haciendo el duro.
Vale, no es tu tipo.
Pero ¿no puedes cerrar los ojos y fingir que es Lassie?
A mí me funciona.
- Qué malas pulgas tiene tu perro. - Y que lo digas. Haré que lo sacrifiquen.
Jugaremos con tu perra.
Tengo una idea mejor. ¿Por qué no juegas tú solo?
- ¡Al! ¡Abre la puerta! - A eso voy, Peg.
- Así me agradece que sea sincera. - ¿Te ha echado?
No enseguida.
Primero gritó y farfulló algo de una camiseta.
Odio pedírtelo, pero ¿puedo dormir en el sofá?
Depende. ¿Se volverá gay?
- No creo, Al. - Solo preguntaba.
Bueno, me voy arriba.
Confío en que serás una dama y no silbarás al mirarme el culito
mientras subo.
- Al, ya te he dicho que soy gay. - Puede ser.
Pero hay ciertas cosas que una mujer no puede evitar.
Oye, Mandy. Tengo una pregunta. ¿Solo te gustan algunas mujeres?
¿O te acostarías con cualquier mujer antes de hacerlo con un hombre?
Eso depende. Dame un ejemplo.
Por ejemplo:
estás en una isla desierta.
¿Preferirías estar conmigo o con Cindy Crawford?
Cindy.
¿Conmigo...
- ...o con Phyllis Diller? - Phyllis.
¿Conmigo...
...o con Marge Schott?
Contigo.
Pero mientras lo hacemos, pensaría en Phyllis Diller.
- ¡Al! Abre la puerta! - ¡Sí, mi reina!
- Jefferson, ¿qué demonios quieres? - Un sitio para dormir.
Un momento. ¿Qué?
¿Qué estáis haciendo los dos aquí en pijama?
Pensé que eras gay.
Lo soy.
- ¿Peggy sabe esto? - Me ha mandado que baje.
Estáis desquiciados.
Pues sí, Jefferson.
Tan desquiciados como para convertir tu cabeza en una salsera
si no te largas de aquí.
No me puedo ir.
Marcy se ha enfadado conmigo solo porque nombré a Mandy en la cama.
Perdonad.
Para ser lesbiana, pasas mucho tiempo con hombres.
¿Qué haces aquí en pijama?
Lo siento, Peggy.
Marcy me ha echado y tiró nuestra bola.
Al Bundy, todo es por tu culpa.
- ¿Por qué es culpa mía? - Porque sí. Levanta.
Ve a casa de Marcy y pídele que se lleve a sus parientes.
Qué buena idea, Peg.
Cuando vea a Marcy en pijama me dará un ataque.
Y de camino al hospital, entre el escándalo de las sirenas
y los médicos gritando "¡apartaos!", quizá pueda dormir algo.
Odio a Mandy. La odio.
¡Marcy!
- ¿Qué haces tú aquí? - Ya me conoces.
Me atraen los dormitorios de las mujeres gritonas.
- Vete a casa. - Me encantaría.
Pero mi salón está lleno de mujeres, hombres y tu prima.
¿Por qué, Marcy?
Porque odio a Mandy y no quiero volver a hablar con ella.
Te entiendo. Nadie debería tener que hablar con la familia.
Si fuese rey, impondría esa ley.
Pero aquí la feminista y ecologista eres tú.
¿Qué más te da que sea gay?
No la odio porque sea gay.
¡Sino porque a todos les cae mejor que yo!
Desde siempre, Mandy era la que tenía talento, la popular.
¿Y la guapa?
Me robó todos los novios y ahora me entero
de que ni siquiera los quería.
¿Por qué a todos les cae mejor que yo?
Para empezar, porque no se limpia los mocos en mi pijama.
Sé que no soy perfecta, pero tengo mis cosas buenas.
Claro, si tú lo dices.
- ¿Por ejemplo? - Caray, no sé.
Tienes un certificado del instituto
y nunca te has dejado crecer las cejas hasta que se junten.
Podrías ser un enano de jardín.
Un momento. Lo tengo. Seguro que tú eres la más razonable.
- ¿Yo? - Sí.
Eres lo suficientemente adulta como para sentarte con Mandy aquí
y aclarar las cosas.
Sí, tienes razón, Al. Soy la más razonable.
- ¿Al? - ¿Sí?
¿Estamos solos abrazándonos en mi dormitorio
en mitad de la noche?
Ajá.
Nos vemos en el partido de All-Star.
¿Echamos otro futbolín?
Me encantaría, Al, pero Marcy me va a llevar al aeropuerto.
Ah, sí. Y no queremos que Mandy pierda el avión.
Peg, siento que no hayamos podido
conocernos mejor.
Creo que te conozco lo suficiente.
Bueno, hay una cosa que quizá no sepas.
- ¿En serio? - Sí.
Eres preciosa.
¿En serio?
Seguimos en contacto.
Recuerda que primero es amiga mía.
Sí, vale.
Adivina. Lucky ya no está deprimido.
Conoció a un amiguito en el parque.
Se llama Spike y están enamorados.
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