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Peg, he intentado usar la tarjeta de crédito.
La he metido
y me la ha escupido.
Y se ha reído de mí.
¿Te suena de algo?
¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Métela por el lado correcto.
Y pulsar las teclas correctas también ayudaría.
Deja de gastarte todo nuestro dinero.
No me lo gasto. Lo invierto.
Claro, no hay nada que se revalorice más
que estos platos de Una pandilla de pillos en La última cena.
¿A que Alfalfa es un Judas encantador?
No los venden en ninguna tienda.
Pero esa comida que a veces aparece en el plato, sí.
Perdónale, Buckwheat. No sabe lo que hace.
Eso de comprar desde casa tiene que acabar.
Está bien, Al.
¿A dónde vas?
A Compradores Compulsivos Anónimos.
- Bien. - Pero antes necesito un vestido nuevo.
Hola.
Papi, necesito 100 pavos para algo muy, muy importante.
Muñequita, no irás a comprar otro puente, ¿verdad?
¿Qué voy a hacer con seis puentes?
No, es para mi carrera.
Voy a hacer un curso de improvisación.
¿Sabes? Improvisación, lo de inventarte cosas.
Pues inventa los 100 pavos.
Vale, gracias.
Un momento. ¿Cómo me invento dinero que no tengo?
Tu madre lo hace.
Traigo buenas noticias.
Ya es oficial.
¿Illinois ha reconocido la sagrada unión entre tú y tu mano?
La misma que hay entre tú y cualquier tío con un centavo.
Le he conseguido un anuncio a uno de mis nuevos clientes.
Oye, ¿eso significa que vas a conseguir dinero?
Pero no en una copistería, como tú.
Habría funcionado si hubiera hecho las copias en color.
Da igual, voy a ganar dinero.
Hijo, si ganas dinero, puedes pagar un alquiler.
¿Alquiler?
Antes no porque estabas en la escuela,
aunque nunca me ha parecido bien.
¿Por qué yo?
¿Por qué no se lo cobras a Kelly? ¿O a mamá?
Hijo, hace años que Kelly no duerme aquí.
Y si empiezo a cobrárselo a tu madre, me pediría... cosas.
No pienso pagar alquiler por esa basura.
Pues ya sabes lo que toca, Bud.
El mejor carrito de la compra es el de Foodtown.
Oye, papi.
Tengo que hacer deberes de improvisación.
Dime una situación.
Papá está viendo el partido de béisbol.
Vale.
Ahora papá corta el césped.
Maldito césped. Maldito niño. Maldita mujer.
Que no, Peg, nada de sexo esta noche.
Vale, cielo. Menos mal.
¿El curso de improvisación?
Sí, el mejor dinero que he gastado nunca, sin ofender
a la bandeja de la Trinidad de My three sons.
¡Maldito cacharro!
Hijo, ¿dónde has estado?
He dormido en la caseta de Lucky.
No sabes lo que es dormir con alguien
que no para de jadear, lamerte y menear la cola en tu cara.
Bienvenido a mi mundo.
No es justo, papá.
No pagaba nada cuando vivía arriba.
Porque esa ubicación no era tan deseada.
Estaba cerca de tu madre.
Vale, está bien. ¿Qué cuota te parece justa?
Ya he pensado en todo eso.
Todo se basa en una fórmula muy complicada
en la que he trabajado desde que naciste.
Mira, es el diario de bebé de Bud.
No sabía que teníais uno de mí.
Claro que sí.
Mira esto: "El primer gasto del bebé".
Sí, un condón roto.
Mira, Bud, tu primer chupete.
¿Un calcetín?
Creo que si se los hubiéramos dado de goma
ahora no saldría con muñecas de goma.
Mira, Bud, tus primeras palabras.
"Bud necesita comida".
"Bud quiere comida".
¿"Au"?
Nadie quiere un niño quejica, Bud.
¿Por qué no hay ninguna foto mía?
La verdad es que eras un bebé feísimo.
Yo te veía guapísimo.
Anda ya, Peg, si le tapabas la cara con pañales.
Eso era porque tenía cólicos.
Bueno, hijo, todo está aquí.
Cada momento especial y cada centavo que me has costado
desde que naciste.
Un refresco, 65 centavos.
- ¿Sigues apuntándotelo todo? - No. Eso está superado.
Menuda locura.
Vale. Vale, muy bien.
Te pagaré 200 al mes,
pero que sea legal. Ten, un cheque y un contrato.
Trato hecho.
Genial. Y ahora que te pago, ya puedes hacer las reparaciones.
¿Qué reparaciones?
Conozco mis derechos.
Como inquilino legal, puedo denunciarte a Vivienda.
Y como padre legal, puedo cruzarte la cara.
El sótano está totalmente en condiciones.
Este sótano está en ruinas.
¿Bajo qué criterio?
Para empezar, estoy encima de aguas residuales.
Señora, su incontinencia no me incumbe.
¿Qué hay de las ratas?
¿Cómo han podido entrar?
Lo que intentan es salir.
El cableado es claramente mediocre.
Eso sí que es imposible. Lo hice yo mismo.
Señor Bundy, tiene un mes para adecentar este sitio.
Usted ha tenido toda la vida y no está declarada en ruinas.
Ya basta.
Su propiedad es un tugurio. Por el poder que me ha otorgado
el Departamento de Vivienda,
lo confino a este sótano hasta que acepte repararlo.
¿Qué? ¿Y si hay un incendio?
¡El cableado es mediocre!
¿Qué narices está haciendo?
Es un limitador de movilidad electrónico.
Evitará que incumpla el acuerdo.
Como sus caderas ante una valla.
Si está a medio metro del aparato o se aleja más de tres metros,
lo electrocutará.
Ya, claro. Como si me asustara.
Un collar no me mantendrá en este cuchitril.
¡Cógeme! ¡Vamos!
POSIBLE HERRAMIENTA
Es fascinante.
Tras tres horas de respuesta negativa,
el sujeto continúa yendo a por la comida.
Hijo de puta.
Menudo idiota.
¿Sabes? Creo que papá necesita hacer ejercicio.
No. No pienso dejarlo salir.
No, no. Estaba pensando en comprarle
una de esas ruedas de hámster gigantes.
Para que no pare de correr.
¿De dónde piensas sacar eso?
Pues de la tienda de hámsters gigantes.
Nota en el diario sobre el sujeto a largo plazo.
El CI sigue cayendo en picado.
No se divisa el final.
Papá, ¿vas a hacer las reparaciones?
No, ingrato degenerado.
Eh, eh.
Puede que aceptara ese lenguaje cuando era pequeño...
...pero ahora que pago alquiler, quiero que me trates como a un adulto.
¿Un adulto?
Sigues en mi casa.
- Y tú en el centro comercial. - Ya, pues escucha,
me han ascendido a subgerente.
Si es que consigo salir.
Podrás salir cuando lo repares.
¡No! Tengo principios.
Quizás con un soborno. ¿Qué te parece... cien pavos?
Es dinero falso. Olvídalo.
Vale, 200.
- 300. - Ni hablar.
¿Te crees que son gratis? Cada billete de 100 cuesta 8 centavos.
- ¿Dónde está el original? - Me lo he dejado en la... ¡fotocopiadora!
Queda claro que la idiotez es hereditaria.
En mujeres.
Al, me prometiste sacar la basura.
Jo, lo siento, Peg, me encantaría.
Pero una descarga más y mi hígado se resentirá.
¿Y quién me hará los masajes ahora?
Lo siento, Peg, pero la ley es la ley.
He cometido un crimen y debo pagar por ello.
Al.
Hola.
¡Jefferson!
Estoy encallado.
Pues divórciate. Yo me encargo.
He venido a rescatarte, pero...
...hay una araña enorme y se me está acercando.
Estar encerrado aquí es lo mejor que me ha pasado nunca.
¿De qué hablas, Al? Es una cárcel.
No es una cárcel. Lo de arriba lo es. Lo paso mal.
El alcaide me amenaza con la sala de torturas.
Vale, a ver si lo entiendo.
Al está encerrado aquí.
Y puedo torturarlo.
Ten, cien más.
Que lo disfrutes. Recuerda que tienes hasta las dos.
Te sorprendería cuánta gente quiere probar.
No me sorprende.
Papá...
...¿seguro que te diviertes?
Sí.
En ese caso, juguemos a La ruleta de la tortura.
Nuestra primera concursante es la vecina.
Es banquera, apasionada del golf y chillona en la cama.
Vivís al lado, se oye todo.
¿Y qué va a hacer, Bud? ¿Arrancarme los ojos?
¿Sentarse encima de mí?
Al...
...¿te he contado alguna vez cómo me hice feminista?
Todo empezó cuando leí La mística de la feminidad
y tiré a la basura mi rasuradora.
Ya van dos errores.
¿Te has fijado alguna vez
que parece que los pezones de ese póster te sigan por la habitación?
Es tan denigrante para la mujer.
En fin...
Mi verdadero despertar ocurrió cuando decidí ocuparme de mis orgasmos.
Así es como mi feminidad floreció, Al.
Dios mío, se me revuelve el estómago.
No podría haberlo hecho sin la ayuda del grupo de mujeres.
Un día, nos sentamos en círculo...
...desnudas, pero sin prejuicios.
Las seis sacamos nuestros espejos de mano.
¿Adivinas qué pasó?
¿Tuviste 42 años de mala suerte?
Aquel día inspiró un poema épico.
"Creía que nunca debía ver...
...cómo me sonreía mi punto G".
Tiene mérito, hombretón.
Es increíble que sigas cuerdo.
Olvidas con quién me casé. Tortura es mi segundo nombre.
Demos la bienvenida a otra concursante.
Es una actriz en potencia, una hermana insoportable
y acaba de dominar el alfabeto.
¡Kelly Bundy, ven aquí!
"Jao", papi.
Kelly improvisará la historia de los Estados Unidos.
Que disfrutes.
¿John Smith ser tu nombre real?
Yo pensar tú olvidar de mí.
Perdón, jefe Calzones Ruidosos.
Qué día tan glorioso para nuestro nuevo país.
Hemos vencido a los británicos y tengo un precioso bebé.
Lo llamaré Bob Dole.
General Sherman,
no solo has prendido fuego a Atlanta.
A Dios pongo por testigo,
que nunca más volveré a ponerme cachonda.
Houston... tenemos un problema.
Estoy viendo Ur-ano.
Parece que tenemos un colgajo de asteroides.
¡Oye! ¿Está encendido?
Sigue negándose a repararlo.
Qué cabezota.
Como cuando le toca bañarse.
Me he esforzado al máximo con la tortura china de la hija.
Tenemos que encontrar la tortura perfecta para papá.
¿Hay algo que le resulte repulsivo e inaguantable?
¿Por qué me miráis?
Pues sí que se acumula en un par de años.
No se está tan mal.
Podría vivir un colega cambiando algo.
¿Quién anda ahí?
Al...
...es la hora del vis a vis conyugal.
¡Bud, ayúdame!
Cierra la boca, Al. Ahora eres mi putita.
El horror...
El horror...
No, Peg. No puedo, no...
Me duelen las rodillas y tengo moratones. Hasta una uña clavada en el culo.
Tranquilo, papá.
Ah, hijo, gracias a Dios.
Sácame de aquí antes de que esa cosa vuelva.
¿Me prometes repararlo?
Vale, hijo, tú ganas. Tú ganas.
Caray, papá.
Mamá te ha dejado marcas por todo el cuello.
No, he sido yo. He intentado cortarme la yugular.
Puta coagulación.
Está bien. Te dejaré salir, pero tienes que prometerme...
- ...que no me harás daño. - Claro, hijo. ¿Qué creías?
¿Que iba a cazarte y a matarte como a un perro?
Un padre normal lo haría, pero somos los Bundy.
¿Qué significa eso? ¿Vas a comerme?
No, Bud, quiero...
Quiero felicitarte. Mira, hijo...
Creía que no habías sacado nada de mí
y que parecías más un Wanker que un Bundy.
¿Por qué?
Bueno, por la pereza, la frente inclinada y porque...
...sabes cazar moscas con la lengua.
- ¿Así es como me felicitas? - No, hijo, no.
Te has enfadado, como haría todo el mundo, pero te has enfadado y te has vengado.
¿Lo ves?
Eso te hace formar parte de la gran tradición Bundy.
Nunca olvidaré a mi viejo. Un gran hombre.
Vendió mi bicicleta por un cóctel.
Me enfadé tanto que lo alisté en el ejército.
Cuando volvió de Corea estaba tan enfadado...
Suerte que iba en silla de ruedas.
Muy bonito, papá.
La cosa es que en el fondo mi padre estaba orgulloso.
¿Eso te dijo?
No con esas palabras, pero dos guiños eran un "sí".
Entonces, ¿estás orgulloso de mí por haberte torturado?
Eso es, Bud.
He aprendido del mejor.
Hijo...
Papá...
Oye, colega, ¿qué te parece si arreglamos esto juntos?
- Pero antes vamos a por hamburguesas. - Sí.
- ¡Yo pago! - Vale.
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