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Original subtitles

REY DE REYES

Está escrito

que en el año 63 antes de Cristo,

las legiones romanas invadieron oriente

como una plaga,

tomando la tierra de Canaán y el Reino de Judea.

El ejército imperial coronó las colinas,

y en tres meses hizo caer las murallas de Jerusalén.

El paso de los legionarios mezcló el polvo y la sangre

en una última batalla.

La Ciudad Santa cayó bajo el dominio del General Pompeyo.

Como una nueva espiga de trigo

para Roma.

Mientras, Pompeyo, triunfante, osó tomar

el último lugar sagrado.

El corazón aún vivo dela ciudad,

el templo.

Allí, en el más sagrado lugar

de todo Jerusalén, el caballo de Pompeyo

se abrió paso.

En ese lugar jamás inmolado por un pagano, entre los sacerdotes,

la irreverencia de Pompeyo se alzó soberbia.

Por fin

había llegado la hora del botín de la guerra.

Decían que allí estaba el tesoro de Jehová,

estatuas de oro, brillantes

como esta antigua tierra.

Pompeyo, soñando acariciar

el precioso metal, entró

en el santuario.

Pero una vez dentro,

sólo encontró un rollo de pergamino.

La promesa del dios único,

transmitida por Moisés y venerada durante siglos.

Durante más de 50 años después de la invasión,

la Historia de Judea

pudo leerse a la luz de los pueblos en llamas.

No había oro que llevarse,

pero si trigo y un pueblo que poder cosechar.

Las legiones de César Augusto robaron las cosechas.

Como los corderos de sus

verdes campos,

los judíos fueron al matadero.

Labraron la piedra para construir los Arcos de Triunfo romanos.

César no halló a ningún judío dispuesto a imponer la ley romana

en esa tierra conquistada.

Así que nombró a Herodes el Grande,

un beduino, como el nuevo, falso,

y malvado rey de los Judíos.

Pero el polvo de los pies de Herodes,

fue semilla de judíos rebeldes.

Y Herodes, en respuesta, plantó terribles viveros,

que formaron bosques de cruces romanas

y cubrieron las colinas de Jerusalén.

Y Herodes, complacido,

siguió multiplicando los bosques mortales.

A pesar de esta oscuridad, los judíos sobrevivían

gracias a aquella promesa:

Dios enviaría al Mesías Redentor.

Está escrito. En aquellos días,

César Augusto publicó un decreto ordenando el empadronamiento.

Todos hubieron de marchar a sus ciudades a inscribirse.

Así, José, pobre carpintero,

marchó desde Galilea a Belén

acompañado de su esposa María, que llevaba

en el seno al hijo de Dios.

José encontró la ciudad de Belén corrompida por los romanos.

¿Eres el posadero?

No quedan habitaciones, ni una sola.

No hay sitio.

Es para mi esposa, que va a tener un hijo.

En la calle hay sitio.

Seguramente lo tendrá esta noche.

Puedo darte un pesebre del establo.

Pasaremos la noche en el establo.

Cuando el hijo de Dios nació en Belén,

tres magos llegaron desde Oriente.

Se llamaban Melchor, Gaspar

y Baltasar.

Venían de Persia, Mesopotamia y Etiopía.

¿El Rey de Judea nacido en un establo?

¿Qué clase de burla es esta?

Herodes es el único rey de Judea.

¿Quién es ese impostor?

¿Las escrituras dicen que el Mesías

nacerá ahora?

Los falsos Mesías nacen constantemente,

majestad.

¿Qué hacemos, hijo mío?

Tú eres mi rey, padre.

Lo que tú mandes.

Lucio,

que todos los recién nacidos en esa ciudad

sean degollados.

Esa es mi orden, Lucio.

Soy un soldado romano.

No un asesino de niños.

Estás a mi servicio por mandato del César.

¿Te atreves a desobedecer al César?

María.

María.

He oído una voz en sueños que decía:

Llévate al niño y a su madre,

huye a Egipto y quédate allí hasta que se te ordene regresar".

Entonces, vámonos.

Así, mientras José

y María huían a Egipto,

los hombres de Herodes, buscaron a los primogénitos,

y degollaron a los inocentes de Belén.

¡Ayuda!

No...

No puedo respirar.

Ayúdame a subirá mi trono.

Un rey que no puede llegar a su trono,

ya no es un rey, padre.

Siéntame en mi trono.

No quiero morir arrodillado.

Así, Herodes el Grande, condenado por sus propios asesinatos,

murió auto asesinado.

Y Herodes Antipas

Se coronó con un crimen.

Así fue, como a la muerte de Herodes,

José salió con su familia de Egipto y la llevó

a Nazaret,

donde pasaron los años, hasta un total de 12.

-¿Eres José, el carpintero? -Sí.

Mi litera está rota.

La miraré.

-La paz sea contigo. -Y contigo.

-Refrésquese. -Gracias.

¿Es su hijo?

Si.

¿Le gusta ser carpintero?

Si, le gusta.

Fuera de aquí, el mundo es grande, ¿no quiere

que lo vea?

Tiempo tendrá de verlo.

Déjele venir conmigo. Le pagaré bien.

Necesito ayuda

con la caravana.

No.

Algún día se irá.

-Pero será otro quien le llame. -¿Quién?

Mi hijo lo reconocerá.

Mañana estará lista.

Bien.

No temáis.

Estamos revisando el padrón.

A ver, tú eres…

José.

-Y vives con tu mujer, María. -Así es.

-¿Quién es el chico? -Mi hijo, Jesús.

No consta. ¿Cuándo nació?

Hace doce años.

-¿Dónde? -En Belén.

Belén.

Ve a la siguiente casa.

Censen al chico antes de que acabe el año.

Y así, la familia de José fue olvidada de nuevo.

Pasaron 20 años.

Y Poncio Pilatos, nuevo gobernador de Judea,

llegó con más ejércitos.

Pero, en los montes,

se escondían diez mil judíos rebeldes.

Su cabecilla, Barrabás,

buscado por criminal y asesino, cebaba sus trampas

para los lobos romanos.

Son demasiados, Barrabás.

Los dividiremos.

-Allí hay indicios de agua. -Compruébalo.

Hay agua cerca.

-¿Doy descanso a la tropa? -No muy largo.

Llévese a una columna a la poza.

Columna uno, síganme.

Columna,

descansen.

Dame vino.

¿Cuánto queda para Jerusalén?

Un día más.

Deberías beber agua, esposo. El vino sólo da más sed.

Me gusta.

Judea.

Bonito regalo de bodas de tu padre.

Querido Poncio,

dicen que quien gobierne Jerusalén pude gobernar donde sea.

Incluso en Roma.

¿Crees que Tiberio piensa en mí cómo su sucesor?

Si conociera el pensamiento de mi padre

tan bien como la ambición de mi marido...

Herodes Antipas salió al encuentro de Poncio Pilatos

para acompañarle a Jerusalén.

Otro alborotador. ¿Quién es?

Se llama Juan el Bautista.

Pide el arrepentimiento antes dela llegada del Mesías.

Os bautizo con agua,

pero después de mí vendrá uno más poderoso

y os bautizará con él Espíritu Santo y con fuego.

Otro Mesías que llega.

¿No se cansarán de inventar redentores?

He oído hablar de Juan el Bautista.

Dicen que habla mal de mí allá donde vaya.

Deberían arrancarle el corazón.

Herodías, tu hija cada día

se parece más a su madre.

¿No te gusto?

Mi hijastra me gusta mucho, Salomé.

Lucio, vigila a ese hombre.

Un día tendrás que detenerle.

-¿Por qué? -Porque yo lo ordene.

Sólo recibiré órdenes del Gobernador romano.

Dime, Lucio.

¿Qué clase de hombre es Poncio Pilatos?

¿Cómo debo tratarle?

¿Cuál es su punto débil?

El de cualquiera, la vanidad.

¡Llama a las armas!

¡A las armas!

¡Barrabás!

¡Barrabás, Barrabás!

¿Quiénes son, bandidos?

-Se hacen llamar patriotas. -Un tal Barrabás

los dirige.

¿Le habéis cogido?

Esta tierra está llena de cuevas, haría falta medio ejército

para encontrarle.

Le quiero encadenado antes de final de año.

Encadenarlo sería fácil,

pero apresarle

es lo difícil.

Te bautizo con agua,

pero llegará uno más poderoso que yo

y os bautizará con el Espíritu Santo

y con el fuego.

¿Eres Elías?

No, no lo soy.

¿Eres el Mesías?

No, no lo soy.

Soy el que clama en el desierto.

El Mesías llegará después de mí.

Bienvenido.

La paz reine en esta casa.

¿Qué quieres de mí?

Busco a tu hijo.

Mi hijo se ha ido al desierto.

¿Por qué vino a río?

Para que le bautizaras.

No ha pecado.

¿Cómo podía bautizarle?

Yo predico en el desierto,

y la palabra de Dios debe llegar a Jerusalén.

Y sé que no soy yo quien la predicará.

Sólo él puede.

Cuando llegue su hora,

allí estará.

Lo dices con tristeza.

Y con alegría.

Ya bautizado, Jesús

volvió del Jordán y fue al desierto.

Y con el bautismo,

vino a él el Espíritu Santo y una voz le dijo:

Este es mi querido hijo,

que tiene toda mi complacencia.

Jesús conoció el desierto.

El calor de sus días,

el frío y la soledad de sus noches.

Se quedó allí para estar en comunión con Dios

y fortalecerse para el futuro.

Ayunó

y pasó hambre.

Pero llevó su alma a la luz,

para aprender a conocerse.

Estuvo 40 días en los que fue tentado

por el demonio.

¡Escúchame!

Aquí estoy.

Ven, te lo ordeno.

¡Ven!

Quiero probarte, conocer tu imperfección.

Si eres el hijo de Dios, haz que estas piedras

se conviertan en pan.

No sólo de pan vive el hombre.

Sino de todas las palabras de Dios.

¡Mira!

Te muestro todos los reinos terrenales

desde esta altura.

Te daré todo esto y su gloria.

Si me adoras, será todo tuyo.

¡Escúchame!

Sube hasta aquí.

Si eres el hijo de Dios,

tírate desde aquí.

¿Acaso no te salvarán sus ángeles

de una muerte segura?

Sube hasta aquí.

¡Vete!

Adorarás

al Señor tu Dios

y sólo a El servirás.

¡Ven!

Ven si quieres,

pero no llamaré al Señor mi Dios para detenerte.

No me forzarás a poner a prueba a mi Señor.

Y Satanás, vencido en todas sus tentaciones,

se marchó.

Jesús salió del desierto

y fue visto por los hombres.

Este es tu nuevo Rabi.

Es el cordero de Dios.

Jesús llamó a los elegidos.

Dos de ellos fueron Juan y Andrés,

que siguieron tras él.

Llegaron al mar de Galilea

y allí llamó a su tercer apóstol

para que se acercara a tierra.

¡Simón!

¡Simón, has sido elegido!

Eres Simón.

Te llamarás Pedro.

La piedra sobre

la que construiré.

¿Qué puedo hacer yo, Rabi?

Soy un pescador.

Ven conmigo

y te haré pescador de hombres.

¡En pie!

Acabo de ver la ciudad.

No hay ni estatuas, ni estandartes,

ni ningún emblema del César por ninguna parte.

¿Dónde están?

Los judíos sólo tienen un Dios.

Su ley prohíbe cualquier imagen.

¿Dónde están mis cofres?

Abre uno.

Se parece mucho a Tiberio, ¿verdad?

No se opondrán a la imagen del Emperador.

Puede que sí.

Su religión es su ley.

Ponlos sobre las columnas del templo.

¡Mirad, el emblema del pagano!

Así como Dios destruyó Sodoma y Gomorra,

mandará a sus huestes a acabar con los idólatras.

Llega el día en que la espada acabará con sus legiones,

en que sus reyes y príncipes más poderosos.

En que sus tesoros robados pierdan su valor.

Sus ciudades quedarán reducidas a cenizas.

Alzaremos nuestra voz

y se nos oirá.

¡Quitad esos escudos!

Cuando llegue,

limpiará el trillo

y recogerá el grano en sus silos.

Pero la paja

la quemará con fuego insaciable.

Los pastores que extravían sus rebaños,

será echado.

Y los altos caerán.

Hazle callar.

Y los caídos se levantarán.

Corred las cortinas.

Qué voz más extraña, ¿Quién es?

Otro profeta más.

Es un agitador.

¿Tiene que agitar bajo tus ventanas?

-Échale. -La arenga va dirigida contra ti.

Por haber colocado imágenes en su templo.

-Lo de Cesaria es un mal presagio. -No quitaré las imágenes.

Que caigan los malvados.

Haz algo.

Es inofensivo.

Da a la gente lo que quiere.

No sería prudente

perturbarle.

Mi marido teme a ese loco.

Cree que es un santón.

Un santón que habla de traición.

Caifás, eres el Sumo Sacerdote en su templo,

¿no le condenas?

La condena no apagará su ardor,

más bien aumentará su ira.

Es más sabio ignorar los delirios de estos falsos profetas

que perseguirlos.

Ese hombre busca ser mártir.

-Mañana acabaré con él. -¿Mañana?

¡Siempre dices lo mismo!

Es mi palabra.

La palabra de una marioneta.

Los hombres gimen

y las almas…

¡Aléjate, hombre vil!

Hija del adulterio.

Sólo hay uno que puede salvarte.

Ve a buscarle,

arrodíllate y pide perdón

por los pecados de tu madre.

Ese hombre no es un profeta, viste como un mendigo.

-Será mejor despreciarlo. -¿Despreciarlo?

Sólo hay una forma de tratar a un mendigo.

¡Tú, orador!

Adelántate.

¡Ya tienes tu limosna, vete!

Trae a ese mendigo.

Cuando vuestras legiones nos invadieron,

asesinaron a todos los sacerdotes.

Desde entonces, los sacerdotes los nombra Roma.

La gente no respeta a los nombrados por tu emperador.

El ladrón sale de noche

y en la oscuridad cava bajo la casa.

Quieto. ¿Qué haces?

Ven conmigo.

Llévame.

Pero no podrás detener al que llegará.

Nos encargaremos de ello cuando suceda, ven, insensato.

Dime,

¿a qué te dedicas?

Hago lo que me pide mi Dios.

Juzgando por tu aspecto,

tu Dios debe pagar mal a sus fieles servidores.

No busco mi recompensa en vuestro mundo.

Pero la encontrarás.

Sí.

Nuestro mundo es perverso.

Me asustas, hombre colérico.

¡Salomé, vuelve!

Esta bestia me divierte.

Hazle bailar

sobre un lecho de brasas.

Mejor arrancarle la lengua

de cuajo.

Mujer.

¿Es que tus abominaciones no tienen fin?

¿Cómo te atreves?

¡Arrodíllate y pídeme perdón!

¿A ti, mujer?

Que te has entregado a los capitanes asirios

y a los jóvenes egipcios.

Que abandonaste el lecho de tu marido

para vivir en pecado con su hermano.

¿Qué corre por tus venas,

sangre o veneno?

Lucio,

córtale con tu espada,

quiero comprobarlo.

Nuestra cena se enfría.

¿No vas a hacer nada?

Herodes, Pilatos te ha hecho una pregunta.

Lucio.

Enciérralo en la mazmorra.

¿Querrás que te visite en tu casa?

Eres la semilla del mal,

hija dela corrupción.

Abandona esta casa.

Busca la luz ahora que aún estás a tiempo.

Unos fueron encarcelados en este día,

pero otros fueron liberados de sus enfermedades.

Llegaba la era de los milagros.

Jesús extendió su mano

y limpió a los poseídos por el mal.

Pues él purificaba

y curó a todos.

Me moría de hambre.

¿Por qué tardabas?

Un nuevo profeta

ha llegado a Jerusalén, se llama igual que tú:

Jesús.

Necesito más soldados y menos profetas,

excepto Juan el Bautista.

Si tuviera a ese hombre de mi parte,

despertaría al pueblo y echaríamos a Antipas.

Y a los romanos.

Es más importante que el Bautista.

¿En qué sentido?

He hablado con sus discípulos.

Ese Jesús

ha sido proclamado por el Bautista

como le hombre que esperaba.

Necesito un profeta para levantar al pueblo.

¿Podemos convencerle?

Dicen que sólo habla de paz.

¡Paz!

No habrá paz

más que por la espada.

Corres peligro en la calle.

Debo hablar con él.

¿Qué provecho saca un hombre si gana

el mundo,

pero pierde su alma?

¿Nos explicas la parábola del sembrador?

El que siembra la buena simiente, es el hijo del hombre.

Y el campo es el mundo.

Somos forasteros,

buscamos al Bautista.

¿Dónde podemos encontrarle?

¡Es mala! ¡Lapidadla, lapidadla!

¡Es mala!

¡Lapidadla!

Lapidadla, debe morir.

¿Qué ha hecho esta mujer?

Es una adúltera, la ley manda lapidarla.

Debe morir.

Hay que lapidarla.

-Lapidadla. -Debe morir.

El que esté limpio de pecado, que tire la primera piedra.

¿Dónde están los que te condenaban?

Yo tampoco te condeno.

Ve y no peques más.

Si buscáis a Juan el Bautista,

está en el calabozo de palacio.

-¿Cuál fue su crimen? -Decir la verdad.

Quizá sea

el que esperábamos.

Debo hablar con él.

Barrabás, tan cerca de Jesús,

tuvo que huir de los soldados romanos.

Dejaba atrás a un hombre en busca de respuestas.

¿Ir con Barrabás, el Mesías dela guerra,

o con Jesús,

el nuevo Mesías de la paz?

¿Qué ocurre?

Otra visita para el Bautista.

Échalo.

No se irá.

A este no sé cómo echarle.

Hazle pasar.

No se puede visitar al prisionero.

Para mandarle un mensaje, dáselo al guardia.

Quiero verle.

¿Para qué?

Para darle la libertad.

¿Y cómo piensas liberarle de su celda?

Le daré la libertad dentro del calabozo.

¿La libertad?

¿Libertad entre muros de piedra?

Tú puedes entrar y salir cuando quieras.

Pero eres un prisionero, porque sólo tienes fe en tu espada.

¿Quién eres?

¿De dónde vienes?

Me llamo Jesús, vengo de Nazaret.

¿Nazaret?

Hace años que no voy por allí,

pero me suena tú cara.

Una vez hablaste con mi madre.

¿La casa del carpintero?

Por alguna razón desconocida, ya le hice un favor a tú madre.

Te dejaré ver al prisionero.

Pero recuerda.

Tú tienes tu deber para con tu Dios,

yo para con mi emperador.

Si rompes la ley del César,

seré el hombre más despiadado que conozcas.

¡Aschebius!

Llévalo a ver al Bautista.

Juan.

Dame tu bendición.

El nombre de Jesús se extendió

y otros se unieron a él.

Eran Felipe y Bartolomé.

Uno más se les unió cerca dela ciudad.

Llévame contigo, Rabi.

Ven.

¿Cómo te llamas?

Judas.

-¿Y tú? -Juan.

¡Está loco!

¡Es un lunático!

¿Eres su madre?

Sí, ¿quién te envía?

Vengo desde Jerusalén solo para ver dónde vive.

Entra, luego verás a mí hijo.

Estoy sola, compartiremos mi comida.

Soy una pecadora.

Ven compartirás mi comida.

He hecho mucho mal.

Dios sabe que el mal y el bien existen.

Así como la luz y la oscuridad.

El mal existe para que

podamos ser mejores.

¿Hablarás con tu hijo de mí?

Intercede por mí.

Mi hijo ha dicho:

Si un hombre que tiene cien ovejas

pierde una,

¿no deja las otras 99 en el desierto

y va en busca de la que se ha perdido?

Cuando la encuentra, se la echa a los hombros,

lleno de alegría.

Y cuando vuelve a casa,

reúne a sus amigos y vecinos

y les dice:

Alegraos,

pues he encontrado la oveja

descarriada.

No habrías venido aquí si Dios no te lo hubiera pedido.

Ven.

Siéntate a mi mesa.

Noble Pilatos.

El día anterior a los idus de abril,

Jesús salió de Jerusalén acompañado por cinco discípulos.

Eran Pedro, Andrés,

Juan, Felipe y Nathaniel.

En las afueras dela ciudad

se les unió un sexto discípulo,

un hombre llamado Judas Iscariote.

Fueron hacia el norte.

A cuatro días de las nonas de mayo, él y sus discípulos

entraron en Cafarnaúm.

Jesús posó su mano sobre un loco y expulsó al demonio de él.

Esa misma tarde, Jesús sanó a un niño moribundo.

¡Dos milagros en un día!

Pero Lucio...

Esas cosas...

¿Serán verdad?

No lo sé, señora.

Nunca he visto un milagro.

Los milagros no existen.

Sólo existen crédulos.

¡Sigue!

El día siguiente alas nonas de junio,

en la encrucijada de Tabga,

un recaudador de impuestos llamado Mateo vio pasar a Jesús

y abandonó su deber de recaudador

para unirse al él, siendo el séptimo discípulo.

Una... cortesana de Jerusalén llamada Magdalena,

suele recibir en su misma casa.

¡Recaudadores y cortesanas!

La víspera de las nonas de julio,

el llamado Jesús habló a más de 5.000 personas

al pie del monte Tabor, junto al mar de Galilea.

Según testigos de hecho solo, con dos panes

y cinco peces que se hallaban en un cesto,

Jesús dio de comer a toda

aquella multitud.

¡Jamás había oído tales

disparates!

Después de los idus de julio,

anduvo sobre las aguas del mar de Galilea.

¡Ridículo!

Esa tarde, una tormenta azotó el mar,

amenazando a los pescadores.

Jesús alzó la mano… .

¿Lucio se burla de mí?

...y la tormenta cesó.

Ese es el informe.

Entonces Lucio, pensando en Nazaret,

años atrás,

en la madre, su hijo y los milagros,

fue a ver

a Juan el Bautista.

Me has tratado bien,

sólo pido un favor más.

Pide.

Antes de dejar este mundo,

quiero mandar un mensaje a Jesús.

¿Qué mensaje es?

Pregúntale, con estas palabras:

¿Eres tú aquél que ha de venir

o debemos esperar a otro?

¿Dudas de él?

No.

No dudo de él,

pero quisiera oírlo

de sus labios.

¡No le quitas los ojos!

Estás enferma de celos.

Baila para mí, Salomé.

¡Salomé!

Bebe vino.

Pruébalo,

yo apuraré la copa.

No tengo sed.

Siéntate junto a mí,

te daré el trono de tu madre.

No eres un rey, el hombre

que insultó a mi madre está en un calabozo

en vez de muerto.

¿Por qué le dejas vivir?

He hablado con él.

-Juan es un gran profeta. -¡Es un loco!

-¡Y tú le tienes miedo! -Yo no temo a nadie.

Salomé.

Baila para mí.

¡Te ordeno

que bailes!

No bailaré.

No puedes negarte.

Salomé bailará para nosotros.

Si que me niego.

Salomé, te lo ruego.

Te daré lo que quieras.

-¿Lo que sea? -Hasta la mitad de mi reino.

¿Lo juras?

Por mi vida, por mi corona.

Ante el Gobernador.

Quieras lo que quieras, te lo daré.

Incluso el trono de tu madre.

Has dado tu palabra.

Soy esclavo de mi palabra.

Y mi palabra es la de un rey.

¿Lo que quiera?

A ver, Salomé, ¿qué quieres por tu danza?

Quiero

una bandeja de plata...

¿Con qué, diamantes, rubíes, perlas?

Con la cabeza de Juan el Bautista.

¿Te has vuelto loca?

¿Para qué quieres la cabeza de un hombre?

Para mirarla.

Salomé, escúchame.

Tengo joyas escondidas.

Joyas que ni tu madre ha visto.

Joyas maravillosas de ver.

Topacios gigantes,

ópalos que arden con fuego frío como el hielo.

Dame la cabeza de Juan el Bautista,

o todos sabrán

que la palabra del rey no tiene valor.

¡Dadle lo que pide!

Juan el Bautista ha mandado preguntarme:

¿Eres tú el que ha de venir

o debemos esperar a otro?

Mi respuesta es vuestro testimonio.

¡Lo que habéis presenciado!

Cómo los ciegos ven,

cómo los cojos andan.

Los leprosos limpios y los sordos que oyen.

Yo le digo a Juan: ¿Qué esperabas ver

cuando fuiste al desierto?

¿Una caña temblando al viento?

No, no esperabas ver eso.

¿Sería un hombre vestido lujosamente?

No, hay que buscar en los palacios para encontrar a hombres

que viven en el lujo.

¿Por qué fue entonces?

¿Para ver a un profeta?

Yo le digo al Bautista:

"Bendito aquél que mantiene su fe" .

Y os digo a todos vosotros:

No hay entre los nacidos de mujer profeta más grande

que Juan el Bautista.

Los discípulos de Jesús convocan una reunión

para oírle hablar.

Este nuevo profeta, Jesús, habla como Juan el Bautista.

¿Cómo sabemos que no es el mismo?

Quizá Juan haya resucitado.

¿Por qué lo hice?

Yo no soy malvado.

¿Por qué lo hice?

Debiste hacerlo cuando le apresaste.

Es Juan el Bautista. Ha resucitado como

-Jesús. -Supersticiones, convencedle.

Conocí al Bautista y he visto a Jesús.

No son el mismo.

Detenedlo.

Llama a tus soldados, detenle.

Roma sólo quiere paz y tributos.

No quiero pasar mis días en este miserable país.

¿Dónde será la reunión?

En un monte de Galilea.

¿Alguna sugerencia?

No hasta haberle oído.

Ve a esa reunión.

Déjale hablar.

Escúchale.

Si dice algo que traicione a Roma,

tendrás que actuar.

¡Os digo que es el Bautista resucitado!

Tal era la fama de Jesús,

que la gente

se reunió como rebaños en el monte.

Llegaron muchedumbres de toda Judea y Jerusalén,

y de las costas de Tiro y Sidón

para escucharle

y ser curados.

Señora.

La mujer de Pilatos no está segura aquí.

Tengo que escucharle.

¿Me harás compañía, Lucio?

Están reunidos

y esperan tu palabra.

Bienaventurados los pobres,

porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,

porque heredarán la tierra.

Bienaventurados los que tienen sed y hambre de justicia,

porque serán saciados.

Bienaventurados los compasivos, porque recibirán compasión.

Y bienaventurados los que lloran,

porque serán consolados.

Bienaventurados los puros de corazón,

porque verán a Dios.

Y Bienaventurados los pacíficos,

pues se os llamará hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por la justicia,

de ellos es el Reino de los cielos.

Danos una señal

-del cielo. -Demuestra quién eres.

Dichosos

seréis cuando los hombres os maldijesen

os persiguiesen,

y dijeren con mentira

toda suerte de mal contra vosotros.

por causa del hijo del hombre.

¿Cuándo llegará el Reino de Dios?

Por mucho que miréis, no lo veréis llegar.

Nadie dirá: aquí está o " allí está" ,

pues el Reino de Dios está en vosotros.

Rabi.

¿Cómo conseguir la vida eterna?

Cumpliendo la ley:

Amarás a Dios con todo tu corazón,

con toda tu alma,

tu fuerza y tu mente.

Y amarás al prójimo como a ti mismo.

Haced eso, y viviréis eternamente.

Soy camellero, ¿quién es mi prójimo?

Aquél con quien tengas piedad y compasión,

le conozcas o no.

¿Eres el Mesías?

Soy el buen pastor.

El que da su vida por su rebaño.

¿Hablas contra la ley de los profetas?

No vengo a destruir las leyes de los profetas,

sino a cumplirlas.

Os digo:

Amad a vuestros enemigos,

a quienes os maldicen,

y rezad por quienes

os odian y persiguen.

Pues si sólo amáis a quienes os aman,

¿qué recompensa tendréis?

Si eres un hombre Santo,

¿por qué vas con pecadores

y recaudadores?

Los sanos no necesitan médico,

los enfermos sí.

No he venido a llamar a los justos,

sino a los pecadores a que se arrepientan.

Soy recaudador.

Rezo cada día, pero aun así, me odian.

¿Qué puedo hacer?

Nadie puede servir a dos amos.

Bien odia a uno y ama al otro

o se adhiere a uno y desprecia al otro.

No puedes servir a Dios

y al diablo.

Os digo:

No temáis por vuestras vidas,

ni por vuestro alimento,

ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis.

¿Acaso no es más grande la vida que la comida

y vuestro cuerpo que las vestiduras?

Mirad a los pájaros del cielo.

No siembran

ni siegan,

ni almacenan su cosecha.

Nuestro Padre celestial los alimenta.

¿Sois vosotros más que ellos?

Pensad en los lirios del campo y en cómo crecen.

No labran, ni hilan.

¿Puede alguno de vosotros

añadir un solo instante a su vida?

Mi mujer y yo creemos en ti, pero somos pobres.

No tenemos nada que dar.

¿Cómo podemos probar nuestra fe?

Diciendo eso, lo has hecho.

Venid a mí

Los que andáis agobiados con trabajos,

que yo os aliviaré.

Rabi.

Creo que eres el Mesías. ¿Cómo puedo servirte?

El hijo del hombre llega a servir, no a ser servido.

Quien de vosotros quisiera

llegar a ser grande,

debe ser un criado.

Y quien quiera ser el primero,

debe ser el esclavo de todos.

Ya hemos oído a falsos Mesías antes.

¿Cómo sabemos que no te manda Satán?

Si un reino se enfrenta así mismo,

no puede sostenerse.

Si Satán se enfrenta así mismo,

¿cómo sostiene su reino?

¿Cómo puede Satán echar a Satán?

Ante mí veo carne y hueso.

Sólo eres un hombre.

¿Por qué te llamas el hijo de Dios?

Si no hago las obras de mi padre, no me creáis.

Pero si las hago

y aún así no creéis en mí,

creed en mis obras.

Si haces milagros, haz que Dios envíe ejércitos

para liberar a nuestro pueblo.

No debes tentar a tu Dios.

Los romanos son conquistadores.

Conquistarlos no te haría distinto a ellos.

Rabi, ¿qué es la fe?

Si tienes una fe,

no mayor que un grano de mostaza,

podrías decirle a la montaña: Muévete.

La montaña obedecería.

Nada es imposible.

¿Cómo juzgarías a un criminal?

No juzgues, y no serás juzgado.

Ya que con la misma medida que midas, serás medido.

¿Por qué ves la paja en el ojo ajeno

y no ves la viga en el propio?

Hipócritas,

primero sacad la viga de vuestro ojo

y podréis ver bien

para sacarla paja en ojo ajeno.

No entreguéis lo sagrado a los perros,

ni deis perlas a los cerdos,

porque pueden pisotearlas

y luego destrozaros.

Pedid,

y recibiréis.

Buscad, y hallaréis.

Llamad y se os abrirá la puerta.

Pues quien pide,

recibe.

Y quien busca halla.

Y a todos aquellos que llaman,

se les abre la puerta.

¿Alguno de vosotros

le daría una piedra a su hijo si pidiese pan?

¿O una serpiente al pedir pescado?

Entonces,

si los que sois malos

sabéis dar a vuestros hijos lo bueno,

pensad en cómo el Padre celestial

dará cosas buenas a quien se lo pida.

Por tanto,

tratad a los demás como queréis que os traten.

Esta es la ley

de los profetas.

Enséñanos a rezar.

Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea Tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

Danos el pan nuestro de cada día

y perdona nuestras deudas

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

No nos dejes caer en la tentación

más libranos del mal,

pues tuyo

es el reino

y el poder

y la gloria

por los siglos.

Amén

¡Palabras!

El Rabi te llama.

Tu amigo es uno de los que no ha comprendido.

¿Qué ha dicho?

Habló

de paz,

de amor

y de hermandad.

¿ Y nada más?

Nada más.

¿Qué te ocurre?

La cara de Lucio.

El viaje es largo, estará cansado.

Está algo más que cansado.

Buenas noches, Caifás.

-¿Crees en él? -Sí.

Los salvadores autoproclamados

pueden alzar al pueblo contra los romanos.

-Es un buen hombre. -Eres un insensato.

Bueno o malo, es una amenaza.

Si Pilatos usara a Jesús como excusa,

podría correr la sangre.

¿Qué piensas hacer?

Por ahora,

nada más que esperar.

Entonces Jesús llamó a sus discípulos, los 12 elegidos,

a quienes llamaba apóstoles y fue con ellos al desierto.

Estos eran Simón, llamado Pedro, Andrés,

Santiago y Juan, hijos de Zebedeo,

Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás.

Y Jaime, hijo de Alfeo.

Tadeo,

Simón el Cananeo.

Y, por último,

Judas Iscariote.

Ninguno de los elegidos eran hombres doctos.

Ninguno era un maestro de sabiduría.

No eran ricos y poderosos, pero conocían las aguas de Galilea

y sus orillas y campos.

Aún así, eran los más nobles,

pues eran puros de corazón

y sólo necesitaban aprender.

Jesús veía a sus discípulos dudar de él.

Asombrados por sus milagros, le eran fieles,

pero se preguntaban por qué el Mesías no levantaba ejércitos

para liberar a Judea.

¿Podían el amor y la hermandad servir de armas contra Roma?

Los discípulos, como la muchedumbre,

se sentían inquietos por el sermón dela montaña.

Habían esperado terremotos y huracanes,

una palabra de Jesús que abriera los cielos

hiciera caer espadas de fuego en sus manos,

y ahogara los carros del César.

Esta era pues, la labor de Jesús.

Alejar a sus discípulos dela duda delas ciudades

y darles una nueva sabiduría con la que limpiarse,

como si fuera agua, para ser hombres de Dios.

Les enseñó paz y amor en muchas lenguas.

Pasaron los días y la enseñanza llegó a su fin.

¿Cómo nos pagarán nuestra ayuda?

Daréis lo que habéis recibido.

No llevéis oro, ni plata,

ni cobre en vuestros bolsillos.

Ni alforjas.

Nos mandas como corderos a los lobos.

Pues sed astutos como serpientes.

E inofensivos como palomas.

Y, en el momento acordado,

nos reuniremos en Jerusalén.

Los bendijo y los envió de dos en dos por todas

partes para curar a los enfermos y predicar el reino de Dios.

Y para enfrentarse al mal.

Si, es herrumbre. Y el agua sale caliente.

Sólo puede ser una cosa.

Están forjando armas.

Los herreros sólo pueden trabajar en el oeste.

Esta agua viene de una cueva subterránea

del lado este.

¿Puedes encontrarlo?

El lado este está lleno de cuevas,

no daríamos con ella.

Has hecho mal en matarlo, le hubiéramos interrogado.

Vamos.

Haz más armas para matar a más gente.

-Eso hago. -Mientras se enfría, piensa.

-Viste a Jesús, le oíste hablar. -Sólo habla de paz.

Yo soy fuego y él es agua.

¿Cómo nos entenderíamos?

Después del próximo Sabbath,

vendrá a reunirse con sus discípulos.

-¿Aquí, a Jerusalén? -A Jerusalén.

¡Predicará en el mayor templo del país!

Habrá tal multitud, que los romanos no osarán tocarle.

Ese será el momento, Barrabás.

Pon a tus hombres junto a Jesús, pero que no saquen sus espadas.

Que tu fuerza se vea, pero sin violencia.

Deja hablar a Jesús

y cuando su mensaje de paz recorra la ciudad,

deja que la gente le proclame rey de Judea.

No podrá negarse.

Si puede liberarnos sin derramar sangre,

merece esa corona.

La haré yo mismo

y se la pondré.

¿Estarás a su lado en el templo?

¿Le dejarás hablar?

Sí.

¡Será un día para recordar!

-Será recordado. -¡Barrabás!

Judas sueña.

Los soñadores están locos. Es el momento que esperábamos.

¡Si!

Jesús viene al templo, dejadle.

Nos trae el público.

Nos lo prestará.

Haremos que corran por las calles hasta el fuerte.

Por aquí, y por aquí.

Seth, tu gente tirará abajo las puertas.

-La tuya, el muro norte. -¡Bien!

Yo escalaré el muro por el sur.

Será rápido y devolveremos las masas a Jesús.

-¿Os parece justo, o no? -¡Es justo!

Sólo Barrabás podría hacerla.

Hablas de Barrabás con respeto.

Siempre respeto al enemigo.

Hombres como Lucio

unen el imperio.

Tu servicio en Jerusalén acabó hace años.

-¿Por qué sigues aquí? -¿A Dónde voy a ir?

Roma es magnífica.

Sirvo para las batallas pequeñas.

La política y la sociedad me destruirían.

Nuestros dioses te parecen demasiado crueles.

¿También esperas la llegada del Mesías?

Para creer en el Mesías hay que creer en Dios.

Lo que he visto

aquí es prueba suficiente de que Dios no existe.

¿Cuántos le apoyan?

¿A Dios, a Jesús, o a Barrabás?

A Barrabás.

¿Cuántos judíos descontentos hay en Jerusalén?

¿Crees posible que Jesús y Barrabás

unan sus fuerzas?

Sí.

¿Dónde sería?

Como estamos aquí,

sería aquí.

Durante muchos meses, Jesús predicó por Judea,

enfadando a escribas y fariseos que pensaban en cómo matarle,

y contaban sus días.

Sabiendo esto,

Jesús fue a ver a su madre.

-Bendita sea esta casa. -Bienvenido, Pedro.

Juan.

Hemos hecho lo que nos pediste, es hora de ir a Jerusalén.

La silla tendrá que esperar a que regrese.

La silla nunca se arreglará.

Iré con vosotros.

La Pascua judía estaba cercana

y mucha gente iba a Jerusalén

a purificarse

con la santidad de la fiesta.

¡Ya llega!

Y Jesús,

llegado de Betania y el monte de los olivos, entró en Jerusalén

para predicar en el templo,

pues el templo era toda Judea.

Sus palabras, expresadas allí,

llegarían a Tiberia, Samaria y Cesaria.

Desde allí podía hablar al mundo, si éste escuchara,

hasta las olas pararían.

Mientras la ciudad se preparaba para la Pascua matando corderos,

los hombres de Barrabás planeaban otras celebraciones,

preparando sacrificios más terribles.

Jesús entró en el templo

y las puertas se cerraron

acallando a la multitud, dentro había paz.

Mientras, fuera había un mar indomable.

cuya palabra no era la paz, sino la espada.

¡Viva Judea!

¡Judea!

Vamos.

¡Atrás!

¡Ahora!

¡Adelante!

Jamás nos volveremos a alzar.

La gloria de Judea ha muerto.

Nos esperaban, no tuvimos ninguna oportunidad.

Tantos muertos para nada.

Huyamos al desierto y escondámonos.

Tú le dijiste a Barrabás que el nuevo Rabi nos

mostraría el camino.

Sólo reza en el templo.

El Rabi nos ayudará.

¿Cómo?

Puede hacer milagros.

Sólo para curar a los enfermos.

Puede convocar ejércitos

que destruyan a Pilatos.

Predica la paz.

Con una mirada puede hundir los cimientos

del palacio de Herodes.

Y los muros caerán sobre el tirano.

No lo ha hecho nunca. ¿Por qué iba a hacerlo ahora?

-Le obligaré a ello. -No cuentes con nosotros.

Yo le obligaré.

Cuando sienta una espada romana en su garganta,

los destruirá con el gesto de una mano.

Llegaron los días del pan ácimo.

Y Jesús,

sabiendo que llegaba su última hora,

preparó una cena de Pascua.

Y allí estuvo,

por última vez, con sus discípulos.

Los reunió a todos.

A los doce.

Bendito seas, Señor,

rey del universo,

que creaste estas hierbas amargas.

Uno de vosotros me traicionará.

Haz rápido lo que debes hacer.

Estaré poco tiempo con vosotros.

¿Dónde vas?

Donde no podéis ir, pero ya me seguiréis.

Te seguiremos hasta el fin.

Esta noche todos tendréis miedo y me abandonaréis.

-¡Imposible! -Nunca te abandonaría.

Iría a prisión por ti, moriría por ti.

Créeme, antes de que el gallo cante dos veces,

me negarás tres veces.

¡Jamás!

¡Jamás, no te abandonaremos!

¡Jamás!

Mi último deseo

es que os améis como yo os he amado.

El mayor regalo que se puede hacer es dar la vida por un amigo.

Cuando me vaya, estaréis tristes,

pero vuestra tristeza será alegría.

Una mujer de parto siente dolor, pero cuando su hijo nace,

no recuerda el dolor.

Pues ha traído un niño al mundo.

Un día, nos volveremos a ver. Ese día,

vuestra alegría será tal

que nadie os la podrá quitar.

Porque tenéis fe

y creéis en mí y en El, el que me envió.

Bendito seas, Señor,

rey del universo,

que creaste el pan de la tierra.

Tomad.

Comed.

Este es mi cuerpo.

Haced esto en memoria mía.

Bendito seas, Señor,

rey del universo,

que creaste la vid y el vino.

Bebed,

esta es mi sangre

que derramo por vosotros.

Y por muchos otros.

Para la remisión de los pecados.

Quiero ver a Caifás.

-Es tarde. -¡Me recibirá!

Así que Judas Iscariote traicionó a Jesús

al Sumo Sacerdote y a los capitanes,

diciendo que Jesús y Barrabás eran la mano izquierda y derecha

del mismo cuerpo.

Así creyó que probaría para siempre

el poder divino del Mesías.

Jesús fue al monte de los olivos,

al huerto de Getsemaní

para esperar la noche oscura

y pensar en los días que la seguirían.

Para prepararse para su juicio y su muerte.

Esperad y rezad.

¿Qué esperamos?

¿Qué puedo decir?

¿Padre sálvame en esta hora?

No, para esta hora he venido al mundo.

Padre.

Padre,

tú que todo lo puedes,

¡aparta de mí este cáliz!

Aún así

hágase tu voluntad

y no la mía.

Tú ibas con Jesús.

Te equivocas.

No conozco a ese Jesús.

¿No eres uno de los rebeldes?

No, no lo soy.

-¿Cuánto tiempo estará ahí dentro? -No lo sé.

¡Eres uno de ellos, te vi en el huerto!

No lo soy, no estaba en el huerto.

Juraría que sí.

No sé de qué hablas.

No soy un seguidor de ese hombre.

Te ha interrogado Caifás.

Te encuentra culpable de dos delitos: blasfemia y sedición.

Este tribunal no juzga tu blasfemia,

pero la sedición es un delito grave.

Prevalecen las leyes romanas.

Yo, Poncio Pilatos, Gobernador de Judea por gracia

del Divino Tiberio, juzgaré tu caso.

No importa lo que hayas hecho ni de qué se te acusa,

sólo yo tengo autoridad para condenarte

a ser crucificado o azotado, o a liberarte.

Lo que hagas aquí y ahora, sellará tu destino, ¿comprendes?

Te ofrezco la oportunidad de defenderte.

El silencio sólo puede hacerte daño.

Te doy una segunda oportunidad.

Visto el obstinado silencio del acusado,

se nombra a Lucio Cataneo como abogado defensor, que conste

que el acusado no está desasistido.

No puedo asumir tu defensa a menos que confíes en mí.

¿Desea el acusado hablar con su abogado?

Comencemos.

En beneficio del acusado,

para que comprenda la gravedad del caso,

solicito que se repitan los cargos.

Se le acusa de decir que es el Mesías enviado

para liberar al pueblo judío.

No ha desafiado la jurisdicción romana ni de palabra ni de hecho.

En los últimos 3 años ha hecho manifestaciones y discursos,

molestado, condenado el pago de tributos,

se ha proclamado rey

y ha dicho que su reino tiene prioridad sobre

la ley de Roma.

Sólo ha hablado del reino de Dios.

No discutía la jurisdicción romana sobre Judea.

Es lo mismo, no puede haber una división dela autoridad.

-Un pueblo sólo puede tener un amo. -Repito, señor.

Habla de una misión divina en la tierra,

no desafía la autoridad de Roma.

Y los milagros

no son competencia de este tribunal.

No se le acusa de hacer milagros,

sino de proclamar un reino.

Limite su defensa a este punto.

El delito no es terrenal.

Roma se comprometió con Judea a no interferir en asuntos religiosos.

El tribunal es consciente de ello.

También lo es dela reunión ilegal que el acusado

creó al dar su sermón

-En la montaña. -Yo estuve presente.

Y he informado al tribunal delo dicho allí.

No dijo una sola palabra que incitara a la violencia.

Al contrario,

sólo habló de paz.

El tribunal ha leído el informe.

Dijo que abandonaran sus bienes y le siguieran.

¿Así cómo podríamos recaudar impuestos?

Pues acusadle de delito tributario.

La acusación no se modifica.

¿Eres un rey?

Eres tú el que me llama rey.

Mi reino es el Reino de Dios.

Entonces, eres un rey.

Vine al mundo para dar testimonio dela verdad.

Quien crea en la verdad, me escuchará.

¿Qué es la verdad?

El que quiera saberla verdad, que me escuche.

La gente tiene sentimientos diferentes.

¿No habrá más de una verdad?

Sólo hay una verdad y está escrita en los Mandamientos.

Ser fiel a Dios.

El tribunal se aparta del asunto, no se juzga la verdad,

sino a Jesús de Nazaret.

¿Nazaret, eres de Galilea?

Entonces, Herodes tiene jurisdicción sobre ti.

Acaba de volver a Jerusalén.

-Que le juzgue él. -¡Señor, por favor!

Herodes tiene prejuicios contra él, el juicio no sería justo.

Lo ordena el tribunal, fin del juicio.

¡César está satisfecho!

¿Eres Juan el Bautista resucitado?

¿No ves que no es Juan

el Bautista?

¡Déjale hablar!

Dicen que haces grandes milagros.

Me gustaría asistir a una pequeña demostración de tus poderes.

Toma una jarra de barro.

Es una jarra pequeña.

Conviértela en oro.

No debe ser difícil para un hombre con tu poder.

¡Sigue siendo de barro!

Quizá fuera demasiado difícil.

Te pediré algo más fácil.

¡Haz que truene!

Eso debería ser fácil para un Mesías.

¡Haz que truene!

No oigo nada.

Creo que el milagrero ha perdido su poder.

Pero que no se diga que Herodes no sabe recibir a los reyes.

¿Qué?

¿No parece un rey?

Devolved este

farsante a Pilatos.

Decidle que a Herodes no le gustó su actuación.

¡Azotadle, soltadle la lengua! ¡Haced que confiese!

¿Qué quieres que confiese?

-La conspiración. -¿Qué conspiración?

Esos milagros.

¿Qué crimen es ese?

Es diferente.

No se comporta como los demás.

Pilatos.

Y si puede influir hasta en la hija del César,

es peligroso.

¿Qué miras?

Un rey debe llevar corona.

Que el sol se ponga rápido.

¿Qué más da?

La Pascua empieza al atardecer.

No pueden crucificarnos en los días sagrados.

Prefiero acabar cuanto antes.

¿Qué se siente a punto de morir?

Sólo me quejo dela compañía.

Nosotros sólo somos ladrones.

Tú eres un asesino.

-¡Deberíamos quejarnos nosotros! -Déjale.

Tengo el honor de ser el último.

¿Conoces a Jesús de Nazaret?

Le conozco.

¿Merece morir?

Lo mismo que yo.

Te comparas con él.

Los dos buscamos lo mismo.

¡Libertad!

Con métodos distintos.

La libertad que él predica no es la misma por la que tú matas.

¿Cuándo morirá Jesús?

Ya lleva su cruz.

¿Por qué me cuentas esto?

Llévame con ellos, acaba de una vez.

Vete, eres libre.

Jesús va a morir

en tu lugar.

Cada Pascua se libera a un prisionero.

Pilatos preguntó a la masa.

¿ Yo?

¿Me eligieron a mí?

Tus seguidores gritaban más fuerte.

Ve.

Y mira al que muere por ti.

¡Tú!

Cirineo, coge la cruz.

No llores por mí.

Ese hombre muere por mí.

¿Por qué lo hace?

Nunca he hecho nada por él.

Perdónalos padre,

no saben lo que hacen.

Si eres el Mesías,

¡sálvate!

¡Y sálvanos!

¿No tienes temor de Dios?

Somos culpables.

Pero este hombre no ha hecho ningún mal.

Acuérdate de mí

cuando estés en la gloria de tu reino.

Te prometo

que hoy estarás conmigo

en el reino de los cielos.

Mujer,

mira a tu hijo.

Padre mío.

¿Por qué me has abandonado?

Ya

se ha acabado.

Padre,

pongo mi alma en tus manos.

Es el verdadero Cristo.

A Pilatos se le pidió el cuerpo de Cristo

y éste lo entregó.

En el lugar donde lo crucificaron

había un huerto.

Y en el huerto había un sepulcro, excavado en piedra.

Jesús fue puesto allí.

¡Señor!

!Señor, espera, ayúdame!

¿Lo has escondido tú?

Dime dónde y me lo llevaré.

-Mujer, ¿por qué lloras? -Porque se han llevado a mi señor.

Y no sé dónde.

Magdalena.

-¡Maestro! -No me toques.

Aún no voy hacia a mi padre.

Busca a mis discípulos.

Diles que voy hacia a mi padre, hacia vuestro padre.

Hacia mi Dios,

vuestro Dios.

Pero antes iré a ellos en el mar de Galilea.

Allí me verán.

Ha resucitado.

Está escrito. Después de hallar el sepulcro vacío,

pasaron unos días

y se vio a Cristo en Emaus

y en Jerusalén.

Y cuantos le vieron,

dieron fe de que era Jesús resucitado.

Finalmente fue a ver a sus discípulos,

a la orilla del mar de Galilea.

¿Pedro, me amas?

Apacentad mis corderos, apacienta mis ovejas.

Salid al mundo y predicad el evangelio.

a todas las criaturas.

Siempre estaré con vosotros,

hasta la consumación de los siglos.

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