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- Su Biblia, padre. No la pierda. - Gracias.
Creí que iba a encontrar un poblado de comerciantes
y me encuentro... Sodoma y Gomorra.
Y todo porque un tipo ha encontrado oro por aquí.
- ¿Usted también lo busca, padre? - Vine para evangelizar a los indios.
Pero al hombre blanco le hago más falta.
- Buenas noches, padre. - Buenas noches.
¿Quién está al frente de esto?
El padre diría que es el diablo.
¿Qué hay de este almacén? ¿También es del diablo?
No, aún lo conservo yo.
Busco a un niño de unos nueve años.
Tenía que dejarlo aquí un tipo llamado Martin.
- ¿Los ha visto? - Estuvieron por aquí.
¿Estuvieron o están?
Creo que el tipo se largó a las montañas nada más llegar.
¿ Y el niño?
Estará rondando por aquí, perdido.
Si viene por aquí, ¿quiere decirle que me espere?
- ¿Cómo se llama? - Mark Calder.
- ¿Cuántos años tiene? - Nueve.
¿ Y usted cómo se llama?
Yo no me he perdido.
¿Es usted el siguiente, caballero?
Lleva estas cervezas a la barbería.
- ¿Sabes dónde está? - Sí, señor.
Tráeme el dinero en efectivo.
Y no derrames la cerveza, muchacho. Es oro líquido.
¿Quieres probar con alguien más alto?
- ¿Como quién, por ejemplo? - Como yo.
¿Quieres que te preste un revólver?
Creo que no lo necesito.
- ¿Qué es esa etiqueta que llevas? - Me la puso el que me trajo aquí.
Estoy buscando a mi padre.
- ¿Qué aspecto tiene? - No lo sé.
Yo era sólo un crío la última vez que lo vi.
¿Te gustaría que se pareciera a mí?
Sí, señor. Me gustaría.
Yo soy tu padre.
¿ Y cómo lo sé yo?
El hombre que te trajo se llamaba Martin.
Le pagué 100 dólares. Vinisteis desde lllinois.
Eso podría averiguarlo cualquiera.
¿Quién es ésta?
Mi madre.
Anda, hijo. Vámonos de aquí.
- Tengo que despedirme de Kay. - ¿Quién es Kay?
La señora que canta en el bar.
- ¿Es necesario? - Sí, señor. Lo es.
De acuerdo. Lo haremos antes que nada.
Kay, lo he encontrado. Es él.
Qué valor tiene. Dejar al niño vagando por un lugar como éste.
- ¿Qué clase de padre es usted? - La peor.
Por lo menos lo reconoce.
Ha sido muy amable ayudándolo. Me gustaría darle algo de dinero.
No, gracias. Ya tengo un poco.
Entonces, gracias.
Vamos, muchacho.
Espero verte de nuevo algún día.
- Es un placer conocer a un caballero. - Gracias.
No olvides tus cosas.
Gracias otra vez.
- Adiós, Mark. - Adiós, Kay.
¿Buscas pepitas de oro?
¿Qué estás ha...?
¿Dónde has estado todo el día?
Cariño, hay un refrán que dice: ""La esperanza es lo último que se pierde"".
- ¿Ésa es la excusa que pones? - Así es.
Un día de éstos te sacaré de esta pocilga.
Cuando quieras.
Se acabó el cantar en salones y carpas.
Y también hablo por mí. Te voy a llevar por todas las capitales del mundo.
¿Qué has bebido?
Diamantes en el pelo, rubíes en los dedos.
- Campanillas en los pies. - Perlas. Y vestidos dignos de una reina.
Aunque a ti te sientan mejor.
¿Lo vas a conseguir con la baraja de cartas?
Lo acabo de conseguir.
- ¿Me has oído? Lo he logrado. - ¿Qué has logrado?
Acabo de ganar una mina de oro justo en la veta más abundante.
Harry. ¿De quién era?
¿Qué importa? Llevo toda la vida jugando para ganar una miseria.
Esta vez he tenido suerte. Ésta es la buena, cariño.
- Harry, ¿qué vas a hacer? - ¿Cómo que "vas"? Dirás "vamos".
lremos a Council City a registrar esa mina antes de que ocurra algo.
- ¿Qué podría ocurrir? - ¿Quién sabe? Cualquier cosa.
El tipo podría enfadarse y decir que hice trampas.
¿Fue así?
Te lo he dicho: tuve suerte, nada más. Ahora tenemos que largarnos de aquí.
He buscado por todas partes y no se vende un caballo ni por las joyas de la corona.
Tengo una idea. Compraremos una balsa e iremos hasta Council City por el río.
- ¿Tienes dinero? - Sí, un poco.
De acuerdo. Vamos, sácalo.
10, 20...
Sólo te interesa mi dinero.
Ah, ¿sí?
Labraremos, cazaremos y pescaremos. ¿Qué te parece?
- ¿Tú y yo solos? - Así es.
- Me parece muy bien. - Nos las arreglaremos.
Te enseñaré a pescar y a poner cepos. Serás el mejor.
- ¿Me enseñarás a disparar? - Sí, también a disparar.
- ¿Qué hacen aquí? - Han venido a echar un vistazo.
- No creo que les guste esto. - ¿Están en pie de guerra?
No, van de caza. Cuando van a la guerra, se pintan la cara.
Entonces sabes que te cazan a ti.
¡Mark!
Vamos, muchacho. ¡Arre!
No se puede atravesar todo lo que hay en el mundo.
A veces hay que retroceder y dar un rodeo.
- Creí que lo hacía bien. - Lo hacías muy bien,
pero no hay que romper el arado ni reventar al caballo, ¿ verdad?
Vamos a la casa a tomar un café.
- ¿Por qué me pusiste Mark? - Muy sencillo.
Yo me llamo Mathew. Marcos va después de Mateo en la Biblia.
- Y yo voy después de ti. - Eso es.
- ¿Se te ocurrió a ti? - A mí, no, a tu madre.
Vamos, basta de soñar.
Cuando vendamos la primera cosecha, te haré un regalo. ¿Qué quieres?
- Un rifle. - Lo tendrás.
¿Seremos ricos, como los que encuentran oro?
No, pero más ricos que los que no encuentren nada.
Pasé mucho tiempo lejos de ti. Fue entonces cuando lo pensé.
Pensé que si un hombre no sabe lo que hace ni hacia dónde va,
lo mejor que puede hacer es volver y empezar de nuevo.
Y se me ocurrió empezar trabajando la tierra.
Hice que te trajeran, y aquí estamos.
Nunca me han hecho tantas preguntas. ¿Tienes alguna más?
Nunca me has dicho dónde estuviste.
Te voy a decir algo.
Acompáñame fuera y te lo enseñaré.
- Dime a qué quieres que le dé. - De acuerdo. A ese árbol.
- Es imposible fallar. - A una rama.
- ¿Cuál? - Arriba, a la izquierda.
Tienes la vista de un saltamontes.
Vaya puntería.
Vamos. Te toca a ti. Esta vez disparas tú.
Compruébalo bien.
Sostenlo como te he enseñado, apretándolo contra el hombro.
Apoya la mejilla en la culata.
- ¿Lo importante? - Dar en el blanco.
- ¿Cuándo? - A la primera.
- ¿Por qué? - Tal vez no haya una segunda.
De acuerdo. Apunta con tranquilidad.
Flexiona el codo. Relájate.
- ¿A qué le apuntas? - A la rama de la derecha.
Muy bien...
Espera un momento.
Será mejor guardar esa bala.
- ¿ Y si vienen con pintura de guerra? - Lucharemos. Hemos trabajado esta tierra.
Es nuestra y nos quedaremos en ella o bajo ella. Vamos.
No tienes miedo de nada, ¿ verdad?
Cuando estoy contigo, no.
Mat, mira.
- ¿Distingues algo? - Parece que son dos hombres.
Toma. Ve a por una cuerda.
Aguanta ahí.
Aguanta. Déjame ponerme ahí.
Trae el caballo.
Ahora, Mark. Llévatelo.
Llévatelo hacia la derecha.
Más.
Tome.
Prepárate para bajar.
- Mi equipaje. - Olvídalo.
- Lo crea o no, es nuestra luna de miel. - La cuestión es sobrevivir.
- Me llamo Calder. Mat Calder. - Weston. Harry Weston. Muchas gracias.
- Hola. - Me alegro de volver a verte.
- ¿Os conocéis? - Somos viejos amigos.
Vengan a secarse a la cabaña.
- Hijo, corre a encender el fuego. - Enseguida.
Vamos, te acompaño.
- Acompáñeme. - Claro, andando.
- ¿Qué es lo que tiene aquí, Calder? - Una granja.
¿Todo el mundo busca oro y usted construye una granja?
Exactamente.
- Tal vez sepa lo que hace. - Sé que ellos no lo saben.
- ¿No le conozco de algo? - Depende de a qué se dedique.
- Soy jugador. - Entonces no me conoce de nada.
- Yo siempre digo: ""¿Qué más da?"". - Es lo que digo yo.
- Ya ha reparado la balsa. - Sí, es un hombre con prisa.
Es cuestión de vida o muerte. Han de llegar a Council City.
- ¿En esa balsa? - Eso dice él.
Pues no quiero saber nada de sus problemas.
Es preciosa, ¿ verdad?
Según el refrán, es algo superficial.
- ¿Qué? - La belleza.
¿ Y cómo debería ser?
Pregúntale a ella, hijo. Parece toda una experta.
- Hola. - Hola, amigo.
Son elegantes, ¿ verdad? He de cuidarlos: son lo único que me queda.
- ¿Por qué te casaste? - Me enamoré.
- ¿Cómo sabe uno cuándo se enamora? - No sé. No tienes hambre ni sueño.
- ¿Como cuando te duele la tripa? - Lo mismo, pero en el corazón.
- Lo sabrás cuando seas mayor. - ¿Cuántos años tienes?
Eso no se pregunta a una dama. Y no es que yo sea una dama.
¿Por qué no?
Dímelo dentro de diez años. lntentaré responderte.
Le dije que eras preciosa y me dijo que la belleza era superficial.
- ¿Quién? - Mat, mi padre. Es un refrán.
Es el refrán de un amargado.
- ¿Cuándo perdiste a tu madre? - Cuando mi padre no estaba.
Por eso fue a buscarme.
- ¿ Vas a buscar oro? - Me vendría bien un poco.
- ¿Qué harías con él? - ¿Qué haría?
Comprarme vestidos, vivir en hoteles de lujo en la ciudad, ir a la ópera.
- ¿Qué es eso? - Es música.
Muy elegante y refinada. No como la mía.
A mí me gusta la tuya.
¿Me cantas una canción?
Tengo una para ti, si logro acordarme.
Hace mucho que no la canto.
A cenar.
No me lo imagino como granjero. Podría creerme cualquier otra cosa.
- Lo intentaré, aunque no me crea. - ¿Un poco más de café?
¿Qué hacen con el oro cuando lo encuentran?
- Lo cambian por dinero. - ¿ Y por qué el oro?
- Porque es difícil de conseguir. - ¿ Y si usaran algo más fácil?
Cuando algo es fácil de conseguir, no tiene importancia. No se valora.
Si es difícil, es algo especial.
¿ Y un visón? Son difíciles de atrapar.
Ya lo has entendido. Ésa es la idea.
- ¿ Y una mofeta? - ¿ Y si me pasas otro plato?
Calder, ¿cuánto cree que tardaremos en llegar desde aquí a Council City?
- ¿Conoce la región? - No, pero tengo un mapa.
Veamos. Estamos aquí.
Ha tenido problemas para llegar, y también algo de suerte.
- Council City está aquí. - No queda lejos.
Puede que esa balsa no aguante los rápidos que hay hasta la ciudad.
- Hemos llegado hasta aquí. - Lo sé. Los vi llegar.
Desde aquí, el río desciende. Los rápidos son más peligrosos.
Atraviesa una garganta de 20 kilómetros de largo.
Las paredes son muros de piedra.
También se puede ir por tierra, pero no tiene ni rifle ni caballo.
- Según usted, es imposible. - Me ha preguntado lo lejos que estaba.
Ya basta.
Calder, tengo que registrar una mina en Council City.
He de llegar hasta allí.
Usted no me imagina como granjero, y yo no le imagino buscando oro.
La gané jugando a las cartas.
Siempre gané las apuestas pequeñas y perdí las grandes.
- Esta vez, he tenido suerte. - ¿Suerte?
Jugué con un tipo tan pardillo que no hacía falta hacer trampas.
- Entonces, ¿por qué tanta prisa? - Tal vez él piense como usted.
Que no fue sólo suerte.
- ¿Qué podría hacer al respecto? - lntentar llegar a Council City.
Si llegara allí antes que yo, uno de nosotros perdería.
¿Cuánto pide por su caballo y su rifle?
¿Dinero? ¿Qué voy a hacer con él? ¿Arar con un dólar de plata
y tirárselo a un indio a la cara?
He de llegar hasta allí. ¿Cuánto quiere?
¿Por qué no espera a que siembre ese campo y le llevo yo mismo?
- No puedo esperar. - Pues yo no puedo irme.
No está ahí, Calder.
Salga.
Vamos, su hijo está fuera.
Harry, ¿qué haces?
Me llevo el rifle, Calder, y tomo prestado el caballo.
Tráelo.
Tráelo y nadie saldrá herido.
Mark, haz lo que te dice.
- No. - Obedece.
Serán sólo unos días y luego volveremos.
- Llévese al chico. - ¿Al chico? ¿Para qué?
Los indios, Weston. Usted tiene el rifle. Llévese al muchacho.
No puedo, Calder. Tengo prisa. Podría perder una fortuna.
- Y él podría perder la vida. - Prepara una bolsa con comida.
Que lo haga el chico.
Ensille el caballo.
Harry, esto no es necesario. Son sólo unos cuantos días.
- No es tan importante. - Sí que lo es.
Tal vez cuatro o cinco días no sean nada para un granjero,
pero para mí, sí.
No estoy robando nada. Sólo lo tomo prestado.
Su fe será recompensada con creces.
Un puñado de dinero en la mano es como un puñado de trigo en el suelo.
¡Mat!
Cuidado, Mark, el rifle.
¡Mat!
- Venga, vámonos de aquí. - Ha matado a mi padre.
- Se pondrá bien. Ve a por agua. - Vámonos.
- No podemos dejarlo así. Está herido. - Él se lo ha buscado.
Tampoco tenía por qué sacarnos de la balsa.
- Te esperaré aquí, Harry. - ¿Cómo que me esperarás?
Eso mismo. No puedo dejarlos así. No puedo abandonar al muchacho.
Llegarás a Council City el doble de rápido sin mí, ¿ verdad?
Supongo que sí.
Así registrarás la mina y volverás mucho antes.
Vete tú solo, Harry. Yo te espero aquí.
No tardarás mucho, ¿ verdad?
No, si tú estás aquí. Ya lo sabes.
No te preocupes. Se pondrá bien.
Para matarlo hace falta algo más que la culata de un rifle.
Tiene la cabeza dura como una piedra.
Para. ¿Qué estás haciendo?
- ¿Se han marchado? - El hombre sí, pero ella se queda.
No quería dejarnos solos.
- ¿Por qué no? - Porque estabas herido.
- Le dijo que tenía que quedarse... - ¿La dejó aquí para vigilarme?
No me gusta lo que ha hecho ni cómo lo ha hecho, pero volverá.
Mientras, yo me ocuparé de usted.
Se lo agradezco.
Todos se ocuparán de mí.
lncluso ellos.
Tenemos que largarnos de aquí. lremos en la balsa. Vamos, hijo.
- ¿En la balsa? Usted dijo... - Olvídelo. No tenemos elección.
Recoja sus trastos.
- Vamos, Kay. - Vámonos.
Ahora vuelvo. Sostén esto.
¡Mark!
¡Mark, deprisa!
Mat, ¡mira!
No pasa nada, hijo. Al menos, no estamos dentro.
La reconstruiremos.
¿No lo habrían hecho de todos modos?
- ¿Contra un rifle? - ¿No?
No habría sido tan fácil.
Agarraos.
A este paso, voy a acabar con la camiseta.
La próxima vez, no seas tan valiente. Si te haces daño, grita.
- Me dolió un momento y luego lo olvidé. - Menuda tontería.
No te muevas mientras hago el nudo.
- No hace falta. - Quieto.
Voy a ver lo que puedo hacer con esto en el río.
¿Estamos rodeados de indios y usted se pone a pescar?
Hay muchas maneras de morir. El hambre no es una de mis favoritas.
Eso le da buena suerte.
La necesitará para pescar con eso.
lré a buscar algo de comer. Tiene que haber bayas por aquí.
- ¿Dónde? - Ahí arriba.
lré yo. Tú, quédate aquí.
No te muevas.
¿Qué hace?
Recoger bayas.
Vaya, no creí que fuera de esa clase de mujer.
Las de mi clase también tienen hambre.
- ¿Dónde está ese pez? - Lo he dejado en el río.
Vamos, coja unas cuantas.
- Dele algunas al chico. - Gracias por recordármelo.
Jamás se me habría ocurrido.
El pez es un poco pequeño, ¿no?
Hay un refrán que dice: ""Más vale pez pequeño que plato vacío"".
Vaya, se sabe un montón de refranes.
¿Dónde aprendió esa canción?
No fui directa de la cuna a un yacimiento de oro.
¿Por qué fue a un sitio así?
Tenía que vivir. Al menos, eso creía yo.
Necesitaba dinero para escapar.
Luego, conocí a Harry y él quería lo mismo.
Después, ganó la mina.
Era nuestra gran oportunidad de marcharnos los dos.
- ¿Adónde? - Lejos de las vidas que llevábamos.
A un lugar donde las personas convivan como seres humanos.
Eso está en el cielo.
No pensábamos llegar tan lejos.
Pues han tomado un atajo.
Piensa ir a buscarlo, ¿ verdad?
Así es.
Usted dijo que nadie podía ir río abajo.
Dijo que sería un suicidio si lo intentaba.
Soy yo el que lo va a intentar.
Es distinto.
No le dará ninguna oportunidad, ¿ verdad?
Claro que se la daré.
La misma que me dio a mí...
y a él.
Si lo intenta otra vez, olvidaré que es una mujer.
Lo dudo mucho.
Créame. Es una insensata.
- ¿Sabe lo que hace? - Sí.
¿Sabe lo que habríamos durado sin la balsa ni el rifle?
La región entera está plagada de indios.
¿Qué clase de insensata es usted?
De su clase, no.
¿De la de Weston, entonces?
¿Tanto ama a esa rata, que arriesgaría nuestras vidas para que no lo atrape?
Usted no lo comprende.
Claro que no lo entiendo. Con el modo en que la trata.
Le voy a decir cómo no me trata.
No me trata como a una cualquiera, sino como a una dama.
Cometió un error. Si hubiera vivido como él, a base de migajas,
tal vez usted habría cometido una locura para ganar una fortuna.
O, quién sabe, una insensatez.
No dejaría morir a un niño... ni a una mujer,
aunque fuera una cualquiera.
Usted nunca comete errores.
Es demasiado perfecto. Jamás ha cometido uno.
Ninguno que no haya pagado, como le ocurrirá a él.
Cree que sabe mucho sobre él.
Pero él también sabe cosas de usted.
Lo sabe todo sobre usted.
Ha cometido un error, pero, al menos, no ha matado a nadie.
- ¿Qué quiere decir? - Lo sabe muy bien.
Sabía quién era usted. Sabía de dónde es y lo que hizo.
Sabía que mató a un hombre y que fue a la cárcel.
Y sabía por qué fue a la cárcel: porque le disparó por la espalda.
Lleve las cosas a la balsa.
Ven aquí, muchacho.
Debí habértelo contado.
- ¿Hiciste eso? - Sí.
Escúchame. Aquel hombre era malo.
lba a matar a un amigo, así que le disparé.
Me metieron en la cárcel.
Por eso tuve que alejarme de tu lado.
Quería contártelo cuando fueras mayor.
- ¿Le disparaste por la espalda? - Lo importante es que le disparé.
¿lmporta cómo se mate a una serpiente?
¿lmporta hacia dónde mira?
Será mejor que sigamos. ¿Por qué no le echas una mano?
Los indios lo llaman el río Sin Retorno. A partir de ahora, sabréis por qué.
Esto tiene una cosa buena. Cuanto más resistes, menos te importa.
¡Kay!
Quédate aquí y monta guardia. Si ves u oyes algo, silba.
No puedo encender fuego. Podrían rondar por aquí.
- Los indios. - Lo sé.
Huelen el humo desde tan lejos como alcanza la vista.
- No se preocupe por mí. - Tiene buen aspecto.
Usted, también.
Quítese la ropa y tápese con estas mantas.
Espere.
Esperaré fuera.
Séquese con una manta y tápese con la otra.
- ¿ Ves algo? - No.
- ¿ Va a morir? - No, es una chica fuerte.
No morirá tan fácilmente.
Pero está muy enferma, ¿ verdad?
Está helada, agotada y hambrienta.
- ¿Nos quedaremos aquí mucho? - No. Todos estamos hambrientos.
Ve a buscar un poco de leña. Tal vez encuentres unas piñas.
Nos arriesgaremos a encender fuego.
Ve con cuidado.
Ya está.
Muy elegante para el noroeste.
De Emporium, Kansas City.
Échese.
Vamos.
Ya está. Siéntese.
Creo que sobrevivirá.
Lamento haber hablado delante del muchacho.
Me hizo daño y quería vengarme.
Bueno, así son las cosas.
Si no fuera por mí, estaría a mitad de camino de Council City.
Y si no fuera por Weston, estaría durmiendo en mi cabaña.
¿Es que no va a dormir?
Quiero que duerma él. Eso es lo que importa.
- No sé qué me ocurrió ayer. - Lo que tenías era hambre.
A veces la gente come gusanos, larvas y raíces.
- Eso lo has leído. - Una vez me comí un gusano,
pero era muy joven.
La semana pasada me comí un filete.
Entonces era mucho más joven.
Está dormido.
Lo dejaremos dormir.
Esto iría mejor si tuviéramos un rifle.
Mi padre cazaría algún animal. Es un gran tirador.
¿Por qué mató a ese hombre?
A veces, no se puede evitar.
A veces es para salvar tu propia vida.
Fue para salvar la vida de un amigo.
Puede ser tan importante como la tuya.
Entonces, ¿por qué lo encerraron?
Quién sabe.
¿Fue por dispararle por la espalda?
¡Kay!
Mira, hay dos.
Despiértalo.
Mire.
Páseme la cuerda.
Ya lo tienes.
- ¿No está casi hecho? - Casi.
- ¿Dónde ha ido ésa? - Se llama Kay.
- Lo sé. - Siempre dices ""usted"" o ""ésa"".
- ¿Por qué la odias? - ¿Qué te hace pensar eso?
- La tratas mal. - No significa nada para mí.
¿Es porque lo odias a él, el hombre que nos robó?
- ¿Es que tú no? - No.
¿A pesar de todo lo que nos hizo?
Según ella, fue sin querer.
Dice que a veces hacemos cosas malas que nos parecen buenas al hacerlas.
¿Por ejemplo?
Lo que tú hiciste.
¿ Vas a matarlo?
Mark, escucha.
Tenemos leyes.
No se puede robarle el caballo a nadie.
En esta tierra, es como quitarle la vida.
Yo no he creado las leyes. Las crean todos los hombres.
Lo que hizo pudo costarnos la vida. Aún podríamos morir.
¿Piensas decirme dónde está? ¿Dónde ha ido Kay?
Está bañándose en la cascada.
Termínatelo.
Me sentiría viva si no estuviese muerta de hambre.
Ya veo que seguís vivos.
- ¿Qué tal estaba el agua? - Helada, pero me voy curtiendo.
Será al ver lo dura que es la vida,
o al irjunto a tipos fuertes y poco habladores como vosotros.
Sí. lré a por las cosas de la balsa.
Te ayudaré.
- ¿Has notado el cambio? - ¿Cómo voy a notarlo?
Deberías bañarte en la cascada.
Tal vez así no serías tan estirado ni tan receloso.
O como quiera que seas.
No eres tan malo, por mucho que quieras.
En otro momento y en otro lugar, hasta podríamos llevarnos bien.
¿A qué viene esto? ¿Por qué estás actuando?
Soy artista. ¿No lo sabías? Canto y bailo.
- Te conozco bastante bien. - Creo que yo también a ti.
¿Cómo soy?
En realidad, no eres tan malo.
Ni tan duro ni tan huraño como pareces.
Creo que tú también actúas.
Serías muy amable sin apenas esfuerzo.
No tienes por qué odiarme sólo porque lo odies a él.
Yo no te odio.
Harías lo que fuera para salvarlo, ¿no?
Hasta podrías ser mi amiga.
Eso podría serlo sin él.
¿Por qué?
¿Por qué no?
Déjame en paz.
Suéltame.
¡Mat!
Estaba ansioso por esa carne.
- Hay mucha hambre en el mundo. - Es cierto.
- ¿Estáis bien? - Sí, pero tú, no.
- Quítate la camisa. - No es nada.
Me llamo Benson. Éste es Dave Colby.
Es usted buen tirador.
Tengo tanta hambre como él. Llevamos dos días sin comer.
Pues adelante, coman. Se han ganado un bocado.
Nos llegó el olor de la comida. No sabíamos si eran indios o no.
Dejamos los caballos junto al río.
¿ Van buscando oro?
Ya no. Vamos buscando a un hombre.
No nos ha dicho su nombre.
Calder.
- ¿Ella es su mujer? - No.
¿Se dirige a Council City?
Sí, por el río. Tenemos una balsa.
¿No es una locura, con tantos indios?
- También lo es sin ellos. - Sí.
Ahora sé dónde la he visto.
¿Donde perdió los modales para comer?
Donde perdí una mina de oro con un fullero llamado Weston.
¿No estaban muy unidos los dos?
Ahora mismo no lo recuerdo. Todas las caras son iguales.
Oí que se habían fugado los dos en una balsa.
¿Sabe algo del asunto?
Sí, ése es mi problema.
Que sé un poco de todo.
- ¿Qué hace con ese tipo? - Alejarme de todo una temporada.
Aire fresco y relajación.
¿Fue usted quien dejó a Weston? ¿O la dejó él?
No pasa nada, guapa. Yo también lo busco.
Pero si va a Council City en esa balsa, no se alejará de todo una temporada.
Se alejará para siempre.
- Con nosotros, tiene una oportunidad. - Llegaremos.
Con el estómago lleno, eres todo un donjuán.
¿Me has oído, guapa?
Sí, le ha oído.
¿Es que no tiene derecho a elegir su camino con su propio criterio?
Con nosotros, está segura.
- ¿Por qué no me pregunta a mí? - Claro, guapa. Tú mandas.
Prefiero no tener ninguna oportunidad, con él.
Ya la ha oído.
Me han hecho un favor, Colby. Ahora me toca devolvérselo.
Llévense la carne y váyanse.
Levántate.
¿ Vais a hacer lo que yo diga?
Haz lo que te diga.
Ve a por los caballos y llévatelos allí.
Espera ahí a tu amigo.
Hazlo.
Deja el rifle. Llévate sólo el tuyo.
Obedece, Sam.
Gracias por la carne.
Quítate la cartuchera.
Lleváoslo todo a la balsa.
Coge ese rifle, hijo.
Andando.
¿A qué viene todo esto?
Cuando él llegue hasta allí, sal corriendo tras él.
- ¿Me vas a matar? - Os puedo robar los dos caballos
y quedármelos, si lo prefieres así.
- Tú tienes el cuchillo. - Porque te lo quité a ti.
Ya está. Puedes irte.
Ojalá el río no te mate, Calder. Espero que deje que lo haga yo.
Hay demasiada gente por aquí.
No estoy dormida.
Toma. Bébete esto.
Te sentirás mejor.
Despacio, que no queda más.
¿Es lo único que se acaba?
Tómatelo.
Quiero compartirlo contigo.
Meto a todo el mundo en líos.
¿Lo dices por Colby?
No podías evitarlo. No podrás evitarlo jamás.
Además, no es por ti. La culpa es del oro.
Convirtió a Weston en un ladrón, a Colby, en un cerdo y a ti, en una ingenua.
Pero en ti hay algo distinto.
Si metes a alguien en un lío, te metes tú hasta el fondo.
Pues debería servirme de algo.
- A mí nunca me sirve de nada. - Claro. Te trae más de lo mismo.
Con algunas personas, no.
- ¿Te refieres a Weston? - Sí.
Llegará a ser alguien, cueste lo que cueste.
- ¿Por eso te casaste con él? - ¿A ti qué te importa?
¿Has perdido el anillo?
Lo sabes todo, ¿ verdad? Eres como dice el chico.
Me trae sin cuidado.
No estamos casados.
Íbamos a casarnos en Council City.
No llegaremos jamás, ¿ verdad?
Como has dicho, ¿quién lo logra?
El chico está dormido. Ahora puedes decírmelo.
No creí que llegaríamos hasta aquí.
Termínatelo.
Eres un hombre peculiar.
A veces, no pareces un hombre.
- ¿Parezco un animal? - No pretendía decir eso.
Yo tampoco pretendía lo de antes.
Tú también eres bastante peculiar.
Habrías estado más segura marchándote con Colby.
¿Por qué no te fuiste con él?
¿Es necesario preguntar? ¿Con un hombre como él?
¿ Y un hombre como Weston?
¿Qué sabrás tú? ¿Qué sabes tú de él?
¿Los anhelos de su vida o lo que ha sido antes?
Sólo sabes lo que te hizo.
Cometió una locura, porque estaba desesperado.
- Por un puñado de oro. - Por su vida.
Ni siquiera ves la diferencia entre él y ese hombre de antes.
¿Nos esperan a nosotros?
Los peces tienen más probabilidades.
Y él.
¿Por qué no nos dejan en paz?
Sólo quieren asegurarse.
- ¿Los has visto? - Uno llevaba el caballo de aquel hombre.
- ¿Qué hombre? - Colby.
Esos pájaros.
- ¿Son buitres? - Sí.
Mirad.
¿Pueden bajar?
En cuanto encuentren un paso. Sabrán por dónde se puede.
Pásame ese rifle, hijo.
Cuidado.
Mat, ¡por ahí!
Dame el rifle.
Ya no quedan más.
Agarra la cuerda.
Bueno, ahí está: Council City.
- ¿Qué quieres cuando lleguemos? - Una taza de café. Una para mí solo.
La tendrás.
¿ Y tú qué quieres?
- lrás a por él, ¿ verdad? - Sabes que sí.
- Y nada podría hacerte cambiar. - Nada.
Entonces te pido una cosa. Déjame hablar con él antes.
Déjame explicárselo yo. No es pedir mucho, ¿no?
Podría servirle de mucho.
Sólo unos minutos, un poco de tiempo.
Está bien, Kay. De acuerdo.
- Jamás pensaste que lo lograríamos. - Muy pocas veces.
Yo sabía que sí. Sabía que un hombre que odia tanto como tú lo puede todo.
- O que ame tanto. - Amar, ¿qué?
A él. Fue por él. Ni por el caballo, ni por el rifle ni por quien se los llevó.
Así empezó todo. Supongo que debe de ser lo mejor que hay.
- ¿Qué? - Que te amen tanto.
Mira. Nuestro caballo.
- Parece que está aquí. - Confiaba en que no estuviese.
- Creí que volvería a tu casa. - Ni por asomo.
- ¿Por qué se ha quedado? - Creyó que no lo conseguiría.
Mat Calder.
Pensaba que estarías en tu granja, con un hacha en la cabeza.
No, me gusta conservar la cabeza. Es de lo poco que me queda.
Es un buen animal. ¿A quién pertenece?
A un tipo llamado Weston.
- ¿Dónde puedo encontrarlo? - Enfrente, en la Pepita Negra.
Vaya, por tu aspecto, te vendría bien un trago.
Eso no, pero sí un café. ¿Tienes?
Tengo de todo menos paté de foie gras. Pasad.
- Está en la Pepita Negra. - Ya.
- No tardes mucho. - No.
Dile que estoy aquí. Puede huir, pero no esconderse.
No huirá. Habla con él. Date la oportunidad de entenderlo.
Te la estoy dando a ti.
¿Adónde va?
Volverá. Vamos a por ese café.
Kay. Cariño.
¿Por qué no volviste, Harry?
Pensé que ya era bastante con haber llegado hasta aquí.
Siéntate.
¿Cómo has venido?
- ¿Con Calder? - Sí.
- Muy bien. ¿Dónde está? - En la tienda, tomando un café.
- Está esperando. - ¿A mí?
A nosotros.
Me ha dejado verte antes a solas.
¿Antes? ¿Antes de qué?
Deberías saberlo.
- ¿Quieres tomar algo? - No.
Nada, Jack.
Bueno, ¿de qué quieres hablar?
Podrían ahorcarte por lo que hiciste.
Podría matarte y nadie lo culparía.
Tal vez yo sí.
Le conté por qué lo hiciste y qué nos ha convertido en lo que somos.
Creo que al final me creyó.
Ahora depende de ti. Has de decírselo tú también.
- ¿Decirle qué? - La verdad, Harry.
Que estabas desesperado. Que no querías hacerles daño.
¿Por qué crees que me escuchará?
Por la clase de hombre que es, y por el muchacho.
¿O será por ti?
Mira, cariño. He registrado la mina.
Nos haremos ricos y nos largaremos para siempre.
A menos que pensarais colgarme y quedaros con la mina.
Eso no lo digo en serio, cariño.
Nunca he sido nada en la vida.
Una bala perdida, un tahúr, un fanfarrón.
Me he pasado toda la vida esperando mi gran oportunidad, y ha llegado.
No pienso perderla, ni arriesgarla, ni volver a ser lo que era antes,
ni dejar que me ahorquen porque un granjero quiere su caballo.
Eso es lo que digo.
Está bien, Kay. Hablaré con él.
- ¿Para qué es eso? - Por si es duro de oído.
Está bien, Kay. Como tú quieras.
Una pena lo de tu casa, Mat.
Una pena para ti, bueno para ti, Ben. Todo depende de quién lo mire.
- ¿Qué te hace falta? - Todo lo que me dejes a cuenta.
- Llévate lo que quieras. - Gracias.
Todo es una locura, ¿ verdad?
- ¿De qué hablas, Ben? - De estos tiempos.
El hombre blanco busca oro. Los indios, al hombre blanco.
El ejército busca a los indios.
Si te gusta ese rifle, quédatelo.
¿ Y tú qué buscas, Mat?
No intentes sobornarle, Harry. No le ofrezcas nada. Sólo dile la verdad.
¿Me estás escuchando, Harry?
Harry, ¡no!
Tuve que hacerlo.
Ya ha pasado, Mark.
Lo has visto. Lo sabes.
No había otra manera, Mark. Era él o tu padre.
- ¿Adónde va? - No lo sé.
- ¿Es que se marcha? - No lo sé.
¿Qué ocurre aquí?
¿Estás loco, Mat? Bájame.
¡Mat!
- ¿Adónde me llevas? - A casa.
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