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La vida es una ruleta y nadie sabe dónde acaba.
No ayuda nacer en cuna de oro o en un pajar
si el camino cambia.
A unos les brilla el carro, los zapatos,
y se quejan que la vida no les brilla.
A otros les falta suerte y sueñan con verse ganarse la lotería.
Al que tiene mucho porque tiene mucho, mucho.
Y al que tiene poco porque tiene poco.
Lo bueno para uno hoy es malo para el otro.
Dos caras, dos mundos. No aprecian ninguno.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
¡Juemíchica, no!
Este peladito se me va a salir, Leo.
Espere un poquito más, mamita, espere que ya vamos a llegar.
Mijo…
Mijita, tranquila, no se preocupe, mire que vamos lento pero seguro.
Mire que ya pasamos todo lo largo.
Carajo, Antonia.
Por favor, ¿yo cuántas veces te dije que no nos podíamos venir de paseo
en el estado que tú estás?
- Amor, ya. - No. "Ya", no.
¡Mira dónde estamos, en la mitad de la nada!
¡No hay una clínica, no hay absolutamente nada, Antonia!
Amor, por favor, cálmate y deja de decir carajo.
Ay, no. ¿Ahora qué pasó?
¡No aguanto más!
Ay, hijue…
No, no.
Alfonso, pare en el primer centro de salud,
hospital, clínica, lo que usted vea. No puedo…
¡Alfonso, carajo, por favor, hágale rápido que esto es una emergencia!
Mijo, ya no aguanto más.
Le va a tocar un esfuercito. Venga. Venga con cuidado, mija.
- Venga yo la cargo, negrita. - Estoy muy pesada.
A mí no me lleve la contraria, Esperanza.
Agárrese duro, mija.
¡Ah!
Lucero, ¿usted está tomando?
El que no da más se ve que es usted, mijo.
Aguante, mija. Aguante que ya llegamos.
¡Enfermera! Ayúdenos, por favor, que mi mujer está por parir.
Claro que sí, señor, inmediatamente.
Lucero, una silla de ruedas inmediatamente.
- Sí, enseguida, ya. - Buenas, señorita, necesito…
Buenas. ¡Vamos!
Señorita, ¿cómo me le va?
Soy Bernardo Ferreira, mi esposa está a punto de dar a luz.
- Necesito rápido que me la atiendan. - Sí, Sr. Ferreira.
Acá, Antonia, ven. Acá. Ahí, eso.
Tranquila.
- Ya, tranquila. - Señor, por favor, los datos…
Enfermera, ¿esa no era la silla de ruedas para mi mujer?
Señor, solo hay una silla de ruedas, familia Romero, ¿no?
- Galindo. Ga-lin-do. - Galindo.
Respire, señora Antonia. Respire y puje. Puje.
Puje, señora. Ya casi, ya casi.
- ¿Usted me ve riendo o qué? - Puje.
Respire, respire.
La última. Un poquito más.
Dígale al médico que ya mandé a pedir una ambulancia
con todo lo que necesitamos para trasladarla a Bogotá.
- Claro que sí. Enseguida, Dr. Ferreira. - Muchas gracias.
- Enfermera. - Ya, un momentico, por favor.
- ¡Enfermera! - Ya.
Ya viene, puje.
Felicitaciones, señora Antonia, acaba de tener un varoncito.
Ya, ya, bebé. Shh.
Ya, tranquilo, ya, tranquilo.
Tranquilo, que la vida tampoco es tan dura.
Ya, ya. Bueno.
Voy a ver cómo le van a poner a esta preciosura.
Ya vengo, ya vengo.
Ya vengo.
Ay, qué angelito tan calmado.
Oy, príncipe.
Ay, se acabaron las manillas.
Ahorita vengo y te pongo tu manilla, príncipe.
Señorita, ¿ya parió mi mujer?
Enfermera, hágame un favor.
¿Cómo está mi esposa? ¿Nació mi hijo?
Dr. Ferreira, su esposa está perfectamente.
- Acaba de tener un varoncito. - Ay, gracias, Dios mío.
- ¿Cómo le va a poner al niño? - Andrés Ferreira.
- Sí. - Ay, me encanta. Divino nombre.
Dr. Ferreira, ya llegó la ambulancia que solicitaron.
Muchas gracias, muchas gracias.
Ay, ¿y esto?
Ay, pero si yo dejé solo a uno.
Ay, Dios mío, ¿cuál es Andrés?
A ver, niños, el que sea Andrés, que levante la mano.
De tin, marín, de do pingüé, cúcara, mácara,
cúcara… fue.
Ya vamos a ponerle esta manillita, ¿sí?
Hola, mi Andy.
¿Cómo está mi Andy? Vamos,
que los papitos están muy ansiosos por verlo. Sí.
Y usted, sumercecito, ya vengo, ya vengo.
- Antonia, cuidado. - ¡Sra. Antonia, felicitaciones!
- Gracias. Mi bebé tan bonito. - Vamos.
Vaya, vaya, Lucía, que la están esperando.
- A ver. Vamos a ver a quién se parece. - Está tan bonito, ¿no?
Ala, pero ¿esto? Este chinito no se parece en nada a mí.
Ay, mi amor, Bernardo, es muy temprano para decir.
Pero yo estoy segura que va a tener tus ojos.
Señorita, de verdad, muchísimas gracias.
No, doctor, con mucho gusto. Sra. Ferreira, que les vaya muy bien.
Hasta luego.
Cuidado, por favor.
Entonces quedarían con la misma hora, la misma fecha
- y el mismo nombre. - Sí, ¿te imaginas?
Señoritas, ¿será que alguien puede decirme cómo se encuentra mi esposa y mi bebé?
Señor, felicitaciones, tuvo un varoncito.
Dios mío bendito. ¡Gracias! ¿Y será que ya los puedo ver?
No, todavía no. Pero cuéntenos, ¿cómo le va a poner al niño?
Brayan.
"Brayan".
¿Brayan?
- Brayan. - ¿Brayan?
"Bra" con B de burro y "yan" con Y de lluvia.
Brayan Galindo Romero.
Felicitaciones.
- Lucero. - ¿Ah?
Este no es el bebé que yo traje.
Este no es el bebé Galindo.
Luisa… deje de asustar. Este es el bebé Galindo.
El Ferreira está allá con los Ferreira.
No. El otro bebé era diferente, tenía el pelo distinto.
- Ay… - ¿Usted está tan borracha todavía,
que le puso una manilla que no era al bebé Ferreira y se los entregó?
Ay, Dios mío, en el problema que nos metimos.
Deje de enredar ya, Luisa, a ver.
Este es el bebé de los Galindo.
El Ferreira está allá con los Ferreira, ya. Todo bien, tranquila.
Mi amor, ¿quiere sopa?
¿Qué pasa, Leo?
Tome y lo alza.
Yo pensé que ese muchachito iba a ser igualitico a mí, pero…
entre más lo miro, menos se me parece.
Con las cosas que sale, Leonidas.
Pues claro, ¿no ve que todos los recién nacidos son igualiticos?
Además, mire cómo le sonríe y todo.
Ya lo reconoce.
Esperanza, ¿usted está segura que ese muchachito es mío?
Leonidas, me está ofendiendo.
Pues claro que es suyo.
¿De quién más va a ser? ¿Del Espíritu Santo?
Ay, santo no precisamente.
¿Usted tiene algo que decirme?
- No, no, negrita, lo que pasa es que… - ¿Es que qué?
Mire, para que salga bien lindo, sonría.
Brayan entre más crece, menos se parece a mí.
Ay, Leonidas, ¿usted con la misma cantaleta de siempre?
Más bien, tome rápido la foto.
No ayuda nacer en cuna de oro o en un pajar
si el camino cambia.
A unos les brilla el carro, los zapatos,
y se quejan que la vida no les brilla.
A otros les falta suerte y sueñan con verse ganarse la lotería.
¡Bravo!
Al que tiene mucho porque tiene mucho, mucho.
Sóplela.
Eso es, mi amor.
Lo bueno para uno hoy es malo para el otro.
Dos caras, dos mundos. No aprecian ninguno.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Mi amor, mira quién llegó.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
¿Quién lo iba a decir que me iba a tocar?
Lo que tuve ayer hoy ya no estará.
Se debe perder para así ganar
una segunda oportunidad. Nadie sabe lo que tiene…
Uy, suavecito, mano, como si fuera la novia.
Uh, hasta que acabó, ¿no?
Brayan.¡Levántese, a ver!
No, hombre.
Cinco minutos más.
Qué cinco minutos ni qué nada.
Muévase, carajo, que tiene que ir a trabajar.
- No estoy criando vagos ni mucho menos. - Ay, ¿quién será el vago?
Ay…
con lo flojo que es usted para el agua fría,
dentro de cinco minutos, no tiene ni una gota de agua caliente.
- Muévase. - Ayayay. ¿Qué? ¿Y como por qué?
Tan perezoso que ni siquiera tiene vicios usted.
Eh. La oración.
Santa Marta bendita, llévame en la buena con tu admiración.
Santa Marta milagrosa, me acojo a tu amparo y protección.
Y ayúdame a vender estas tanguitas, por favor.
Ay, maldita sea mi suerte.
Yo no quiero levantarme ni un día más a trabajar.
Eso.
¿Por qué hay gente que se gana tanta luca sin sudarla,
sin siquiera pestañear?
Aquí yo no pertenezco…
¡Gordo! ¡Se acabó el agua caliente, hola!
Algún día, le juro que voy a estar en un jacuzzi
con hartas viejas, con traguito, van a ver. Eso sí…
Adi, ¿cómo amaneció índice Nasdaq 100?
Buen día, Andrés.
A esta hora, el índice Nasdaq 100 registra una subida del 2 %
para ubicarse en 16 233.40.
Bien, Andrés.
Bien, Andrés.
¡No! ¡Se acabó el agua, gordo!
¿Quién se acabó el agua?
Gracias, mija.
Oiga, gordo, muy chimba, ¿no?
Me dejó sin agua caliente. Bacano.
Uy, cuñado, qué pena.
Me tenía que ablandar la barba para la afeitada.
Paila. Mañana le toca último.
Todo bien. Gracias.
¿Qué está ofreciendo la cuñadita? ¿Qué tiene?
Hola, ¿qué dice la más inteligente del mundo mundial?
¿Qué? ¿Disfrutando las vacaciones del instituto?
Tiene que despelucarse, vuélvase loca.
- Gracias, mamita. - Buenos días, familia.
Uy, uy, uy, buen día, cosita divina, preciosa, hermosa.
Deliciosa, un coñazo de belleza.
Buenos días, mi amor.
- Buenos días. - ¿Quiubo, Garbanzo?
Buenos días.
Mi amor, ¿usted no debería estar trabajando?
Yo quisiera, me encanta ir a trabajar, levantarme temprano,
pero el ciclomotor se dañó. Me toca recogerlo al taller.
- Ah, ¿sí? - Sí.
Bueno, como estamos navideños, ¿qué? Me imagino que hay un desayuno
tamal, caldo de costilla, envuelto, buñuelo, de todo, ¿cierto?
¿No le provoca lechona? ¿Sabe qué hay?
Mogolla y aguapanela, como siempre.
- Péguele. - ¿O está a dieta?
"Está a dieta".
¡Estos huevos tienen yemas!
¡Pedí huevos sin yemas!
Y este café no es descafeinado, por Dios, ¿qué hay que hacer en esta casa?
¿Me tengo que convertir yo en cocinero? ¿Tengo que aprender a ser chef?
- ¡Dios! Hugo. - Señor.
¿Lavó el convertible? Ayer estaba hecho un desastre.
Sí, señor, yo mismo lo lavé hace una hora.
- Bien, alístelo. - Sí, señor.
Voy a partir ahora mismo.
Brayan, mi amor, ¿por qué no se va con nosotros? ¿Sí?
Mire que así empieza temprano.
Y este es el tercer trabajo que tiene este mes, cuídelo.
Por los dos, por nuestros planes,
por todo lo que soñamos.
Ay, mijita, yo de usted no haría tantos planes con ese zumbambico.
Ya sabe cómo es su novio, ¿no? Ningún trabajo le da la talla.
Mi amor, vamos ya.
- Ya dijo, ya dijo. - ¿Vamos? Mi amor, vamos ya.
Ingrid, mamacita, ¿me hace un favor?
¿Va donde don Afanador y cuadra la novena de mañana?
- La amo. - La amo.
Bueno, ¿qué? ¿No tenían tanto afán?
- Vamos. - Ya, vamos.
Qué pena, este es para el perrito.
Ah…
- ¿Esa era la última mogolla? - Sí.
Bueno, aquí me quedan unas boronas.
Uy, pero tienen un pelo de la Chanda.
La revista Negocios tiene en su portada
al joven empresario Andrés Ferreira.
Graduado de la universidad de Stanford, en California, presidente de Cartsmart,
empresa de compras online que cotiza en la bolsa de Nueva York
y que reportó ganancias por nada menos que 250 millones de dólares el año pasado,
tenemos en la línea al hacedor de este logro.
Buenos días, señor Ferreira.
Buenos días. Permítame hacerle una ligera corrección.
En realidad, son 252 millones de dólares.
Felicitaciones, un verdadero logro.
Hola, hola. Cuidado, señor.
A lo bien, ya estoy mamado de andar en estos buses uno todo apretado
como una sardina enlatada. Qué jartera, a lo bien.
Ay, mi doña, ¿ahora va a salir?
Bueno el momentico para salir.
No se va a sentar que eso está todo caliente,
le da una hemorroides, un furúnculo, alguna vaina fea.
Oiga, hermanito, ¿no está muy temprano para empezar ya con la quejadera?
Ay, a usted le encanta llevar esa barrigota
empujando a todos, toda desparramada entre cada silla.
- ¿Sí? ¿Le encanta? - Claro que no me gusta,
pero esa es la vida que nos tocó, Brayan.
Hay que pegarle a la resina, la resignación.
No, ¿cómo le parece? No.
Cuando yo nací, la resignación estaba de vacaciones, no sé.
Bueno, ya. No van a pelear por semejante estupidez.
Ni resignación ni quejadera.
Esta vida nos tocó y nos toca acostumbrarnos.
Mientras trabajamos duro para que nos llegue lo que nos merecemos.
No, pues, pero se está demorando mucho.
Mamita, siéntese que ya está frío.
- Tápese bien. - Ya.
Continuamos con Andrés Ferreira,
empresario exitoso…
Ausculte ahí. Mire, Rose, están hablando de su jefe.
A ver, escuchemos.
Sr. Ferreira,
usted dice que su éxito está basado en el trabajo duro,
pero mucha gente trabaja duro
y no obtiene los mismos resultados que usted.
Pues, a mi modo de ver,
la gente que no triunfa en esta vida
es simplemente porque no quiere.
Porque no aprovecha las oportunidades que le da la vida,
porque no se esfuerzan lo suficiente.
Y es que el éxito viene de la mano de un ingrediente clave, que es…
- ¡La suerte! - Sí, ¿qué más?
…la disciplina.
Sin ella, Cartsmart no sería la empresa que es.
Una empresa tan exitosa y que le da trabajo a tanta gente.
También ha esclavizado a un montón de gente,
para muestra un botón y un botonzote.
Sr. Ferreira, una pregunta indiscreta:
¿es cierto que su patrimonio personal supera los 80 millones de dólares?
Algo así, más o menos.
¿Ochenta millones de dólares?
No, pero así muy breve, que mi cucho me dé esa plata
y listo. Uno vivir de la herencia.
- Envidioso sí no, Brayan. - No es envidia, mamita. No, señora.
Es que estoy mamado de esos ricos, montaviones,
comecereales, que piensan que, si uno es pobre, todo es robado.
Qué pena que lo interrumpa, Che Guevara, nos tenemos que bajar.
- Camine, Rose, vamos. - Cuidado, mamita.
- Venga. - Chao.
Permiso, qué pena. Permiso. Qué pena.
Señor, en la próxima parada, por favor.
- Cuidado, cuidado. - Chao.
- Chao, mamita. Se cuida. - Chao.
Ojo. Guárdese eso bien, se lo roban por ahí.
¿Usted le va a contar todo lo que pasó?
No. No vale la pena.
Mire que no sabemos cómo va a reaccionar esa señora.
No nos pongamos a alborotar ese avispero, por favor.
Usted sabe que me queda poco tiempo de vida.
Y yo, la verdad, no me quiero llevar ese secreto a la tumba.
Mire, esos muchachos ya tienen una vida.
Una vida que les tocó vivir por error, Luisa.
Yo voy a enmendarlo.
- Rose. - ¿Qué?
¿Cierto que este mes le toca el turno a Ingrid de lavar a Chanda?
Claro.
Uy, Dios mío.
Ahí está pintado ese señor, siempre, siempre de afán.
Si nos va a eliminar, por lo menos que nos indemnice.
- ¿Sí vio esa navezota que va manejando? - Sí. Sí la vi.
Ay, gordo, ese señor no ve ni por la mamá.
Se mantiene pegado a su tablet, a su celular… Dios mío.
¡Cuidado! ¿Lleva marranos?
Uh, qué rico.
- Mucha porquería. - ¿Cómo?
Mucha porquería la que tengo yo en la casa al lado de semejante cosota.
Qué delicia, ¿no? Esa Fernanda Sanmiguel.
Uy, señora, pero pasó, ¿no?
Eso es mucha cosota.
Pero espere y verá. Un día yo la conozco y la voy a hacer mía, cucho.
Sí, usted sí es iluso, ¿no?
Vea, esa mujer ya tiene un hombre que la atiende y que la cuida en la casa.
Papito, yo con o sin plata, le meto una atendida,
me le trepo cual garrapata. ¡Ay!
Mírela, mírela cómo me mira. ¿Ah? Mírela cómo me mira.
Uy, con deseo.
Ya nos vemos en la casa, mi amor.
¡Eso, empujen!
Nené, espérate, Andy puede entrar en cualquier momento.
Podríamos hacerlo encima de su escritorio, y él no se daría cuenta,
- porque está enredado con la tablet. - ¿Sí?
No lo menosprecies, es tu novio y te ama.
Lo único que ama Andrés Ferreira es su trabajo.
Escóndete, escóndete.
Va.
¿Quiubo, Mateo? ¿Has visto a Fernanda?
¿Qué?
¿Has visto a Fernanda?
- No, no la he visto. - Qué raro.
El portero me dijo que llegó hace media hora
y no la encuentro. ¿Qué haces con esa corbata así?
Lo que pasa es que me la quería cambiar porque este color no me gusta casi.
Eres consciente que así no puedes hacer la videoconferencia
con los cataríes, ¿cierto? Tienes que estar juicioso, impecable.
No te preocupes, tengo otra, ya me cambio.
Oye, yo iba a decirte algo.
¿A qué vine?
¿Qué iba a…?
Mi fiesta de compromiso, estás inv…
¿Y eso?
Felicitaciones.
Estás invitado. Es el…
Espérame un segundo.
El 25 de este mes. ¿Sí?
No puedes decir nada,
Fernanda no sabe que le voy a pedir matrimonio.
No te preocupes, que tu secreto está a salvo conmigo.
Estás notificado.
- ¿Por qué cierras? - Costumbre.
Ya se fue, nené.
Ay, amigas, es que yo creo que pedirle a don Andrés Ferreira
que tenga sentimientos es imposible.
Yo creo que a ese hombre no le corre sangre por esas venas,
sino que lo que le corre es hielo.
Es que es un ogro, ¿no dejar que su gente celebre la Navidad?
Que todo sea bonito, que todo sea lindo.
Yo creo que es como un androide que sirve para moler nada más.
¿Y la novia? Ay, no, pobrecita, esa mujer debe vivir más insatisfecha,
es que yo creo que mejor…
¿Está atrás mío?
- Señorita. - Don Andrés.
Despeje inmediatamente su escritorio y pase a buscar su liquidación.
No, don Andrés, por favor.
Es Navidad y mi mamá está en la clínica, se lo pido.
Lo hubiese pensado antes.
Don Andrés, necesito este trabajo.
Se lo juro, yo no trabajaría si no lo necesitara…
No me importa su vida. Está despedida.
Antes de irse, le pido que me mande a mi correo las hojas de vida
de todas las secretarias porque tengo que buscar su reemplazo.
Hasta nunca.
A trabajar.
Todos y todas, a trabajar.
No, Brayan, ¿otra vez se va a ir sin pagarme?
Esta vez me tiene que pagar, si no, no se la lleva.
Cucho, pero ¿cómo hago? Vengo hasta el taller
a recoger el ciclomotor para camellar, yo solo tenía lo del bus.
¿Cómo voy a pagarle si no puedo camellar? Piénselo, a lo bien.
Galindo, la última vez, pero me paga esta tarde. Yo veré.
Ya, relájese. ¿Cuándo le he quedado yo mal?
Nunca. Un Galindo nunca deja de pagar sus deudas.
- Todo bien, déjeme voy a camellar ya. - Hágale, Galindo.
Qué pena, mi viejo.
¿Qué dice mi papacho? Voy a dejar esto por aquí. Eso.
Ay.
Uy, no, mire esto dónde queda, cucho.
¡No! Toca pedalear por ahí dos días.
Eso. Pongámonos esto aquí. Ay, eso.
- Adi. - Buenos días, Andrés.
Analiza, por favor, las hojas de vida de mis secretarias restantes
y envíame el currículum más completo, por favor.
Enseguida, Andrés.
Yo creo que es como un androide que sirve para moler nada más.
Y la novia, ay, pobrecita, esa mujer debe vivir más insatisfecha.
Enviado el resultado.
"Rosmery Peláez".
- Adi. - ¿En qué te puedo servir?
¿Tú crees que yo soy un androide?
Lo siento, Andrés, no entiendo la pregunta.
Olvídalo.
¿Cuál será la demora de ese señor?
¿Qué será lo que hace con las hojas de vida?
No sé, pero récese todo al derecho y al revés
y prenda una velita para no ser la próxima víctima…
secretaria de ese señor.
Señorita Rosmery Peláez.
¿Es cierto lo que dice su hoja de vida?
- ¿Habla inglés? - Sí, señor.
Lo estudio hace dos años de manera virtual.
Entiendo y sé hablar un poco.
El inglés está bien, pero ¿habla inglés británico?
¿Ah?
Está bien. No importa.
¿Está haciendo usted un curso de finanzas internacionales?
Sí, también lo estoy estudiando por internet
y me gradúo este semestre.
Entonces la felicito,
queda usted contratada como mi nueva asistente personal y secretaria.
No entiendo su rostro.
¿No debería reflejar un poquito de alegría?
Le estoy dando un cargo con más jerarquía, con más responsabilidad.
Claro, es… Estoy superfeliz.
Es que… me tomó por sorpresa.
Doctor, gracias por su confianza.
¿Pasa algo?
No.
Yo a usted nunca la vi antes. Es nueva en la empresa, ¿cierto?
Ya llevo dos años.
¿Dos años? Vea.
Bien, entonces le voy a dar su primer tarea,
su primera asignación como mi secretaria y es responder una simple pregunta.
Claro.
¿Opina igual que su excompañera de trabajo acerca de mi persona?
Es decir, ¿usted cree que yo soy un androide
que solamente sirve para moler?
Bien, puede retirarse.
No se olvide de pasar por la oficina de personal
para que actualicen su ficha digital donde conste su nuevo cargo, ¿sí?
A su correo le voy a enviar sus primeras indicaciones.
Puede retirarse y cerrar, gracias.
Permiso.
Listo, perfecto.
¿Cuál que "listo, perfecto"?
¿Cómo que no me va a recibir el pedido, cucho?
La señora ya no lo quiere, se demoró más de una hora.
No, dígale a la señora, vuélvala a llamar, que fueron 45 minutos.
Además, si no me recibe, me multan.
Hermano, esa comida ya va a estar más fría que nariz de perro.
¿Más qué? Ay, oigan a este. ¿Cuál fría? No, señor.
Pille, papito, eso es… Mire, trae harta proteína, mire, tóquelo.
- Métale el dedo. - Está loco, ¿qué hace?
¡Mire, se le están llevando el ciclomotor!
¡Espere, espere!
¡Ladrón!
¡Cójanlo!
No, momentico, no se lleve la mercancía. Es lo único que tengo para pagarle.
Leonidas, yo fui muy claro con usted,
que, si no me pagaba, me llevaba la mercancía.
Deme tres, cuatro, 20 días máximo para yo pagarle todo.
Hágalo por el hijo mío que está enfermo en el hospital.
- ¿Hijo? - Sí.
¿La enferma no era la hija?
Póngase de acuerdo, que el mismo show lo hizo el mes pasado.
No, eso, la niña que tiene diabetes, que está malita.
Qué va. Vamos.
Venga, venga.
Y usted cuidado y ayuda en algo, ¿no?
¿Y qué quiere que le ayude?
¿Otro de sus negocios chimbos por ahí?
A usted es al único que se le ocurre exportar tanguitas a Finlandia. No, papá…
- Con ese negocio nos íbamos a parar. - A parar, pero en la cárcel.
Sígase burlando de mí.
Un día me va a tener que pedir perdón por burlarse de mis negocios.
Oiga, ¿y usted qué hace aquí? ¿Y el ciclomotor?
- ¿Cómo le parece que lo regalé? - ¡Qué!
A un ladrón. No me pregunte.
Menos mal que su mamá no está viva para ver la desgracia que es usted.
Sí, mamá, la empresa está perfecta. No tienes nada de qué preocuparte.
La empresa sí, mi amor, pero ¿cómo estás tú? ¿Mm?
Andrés.
- ¿Andrés? - ¿Eh?
Ah, mamá, sí. Los cataríes están encantados con nosotros,
se quieren juntar en persona, lo cual es un logro portentoso,
dado lo exigentes que son estas personas.
Mi amor, es tarde.
¿Tú que haces en la oficina a esta hora?
Trabajando, ¿qué más?
Es el momento en el que más me rinde.
Estoy solo, concentrado, no me distraen los teléfonos de nadie.
Y, además, no tengo que estar vigilando al personal,
que se distrae con festividades inútiles.
Mi amor, a este paso, te vas a fundir.
Pero, bueno, ya descansarás cuando todos salgan de vacaciones.
Aquí no hay vacaciones para nadie, incluido yo.
¿Por qué no?
Mamá, ¿cómo voy a parar Cartsmart en el momento más productivo del año?
La Navidad es para nosotros la mejor época de ventas,
no de vacaciones.
Mi amor, darles un descanso a tus empleados
no significa parar la empresa.
¿Cómo vas a tener a la gente trabajando Navidad y Año Nuevo?
Y pensar que a tu papá le encantaba esta época…
Mamá, lo siento.
Tengo que atender un llamado muy importante.
Hablamos luego, cuando regreses deNueva York.
Beso, nos vemos en mi fiesta de compromiso.
- ¿Sí? - Señor,
para confirmarle esta noche la reunión con Nassir.
- ¿Quiubo, mamacita? - ¿Quiubo, mi Rochi?
¿Cómo está? ¿Qué anda haciendo?
Cocinando unas lentejitas más buenas. Venga, yo le sirvo.
Ay, no, mamacita, pero ¿sabe qué? Yo no tengo muchas ganas de comer,
estoy tan aburrida, que no sé si la comida me entre.
¿Le pasó algo malo en el trabajo?
Pues malo, malo, no. Yo creo que malísimo.
- ¿La echaron? - Peor, mamacita.
Me ascendieron.
¿Y eso le parece malo? Si es buenisísimo.
No, mi amor, que a uno lo asciendan en Cartsmart es trabajar el doble
o el triple, pero por el mismo sueldo.
Ay, pues lo siento mucho.
Ojalá a mi Brayan le esté yendo bien.
Eso téngalo por seguro porque es que el Brayan es muy especial,
él es muy bueno en todo lo que hace.
Últimamente anda con un sirirí que dice que no nos casamos
hasta que no consiga un trabajo estable.
Ay, no… Me va a tocar prenderle un velita a San Cayetano
y pedirle de rodillas a Dios que por favor me cumpla el milagrito.
Yo ya el próximo año me sueño casándome con mi Brayan.
Ay, no. Es que me emociona y todo pensar que ya me puedo llamar Rosmery de Galindo.
¡Ay! Suena muy bien, ¿no?
- Con mucho gusto, doña Antonia. - Noemí.
¿Sí? Dígame.
- Me tiene tan preocupada mi hijo. - ¿Qué pasó?
Se ha vuelto tan rígido…
tan indolente,
poco apasionado por las cosas que realmente valen la pena en esta vida.
Pensé que Andrés iba a heredar algo de su papá, pero no.
Tomé una decisión y…
yo no voy a seguir haciendo los domicilios en el ciclomotor.
- Eso no tiene futuro. - ¿Qué?
¿Cómo así? ¿Por qué no?
Ya no tengo el ciclomotor.
¿Y por qué? ¿Qué pasó?
Fui víctima del crimen organizado de esta ciudad. Me lo robaron, mamita.
¿Qué?
Mi amor, pero ¿usted está bien? ¿Qué pasó?
¿Lo atracaron con revólver, con cuchillo, con navaja?
¿Qué pasó?
Tres con cuchillo. Dale, dale, dale.
No sé qué. Llegó el otro y que quieto, que no sé qué,
que démelo el ciclomotor, que tal.
Y yo: "No, pues lléveselo". Y ya, se lo llevaron.
Estoy vivo es de milagro. Béseme.
Brayan, lo dejó mal parqueado, ¿cierto?
¿Perdón?
No, Rochi, él está diciendo la verdad. Véale esa carita.
Menos mal no le pasó nada, Brayan.
Gracias, mamita. ¿Usted por qué nunca me cree?
¿Por qué no confía en mí? ¿Ah?
Escuche a la niña, míreme la carita.
Permiso.
Me dijiste que me ibas a contar algo,
pero, pues te enredaste ahí con tu Adi y no supe.
¿Qué? Ah. Sí.
Estás invitada a la casa el 25 de diciembre a cenar.
Qué delicia, mi Andy.
- Absolutamente. - Seguro.
Sí, sí, es el momento perfecto, Sr. Nassir.
Por supuesto. Sí.
Sí, mi asistente se está encargando de eso.
Muy bien. Eso es todo.
Hablamos mañana.
Gracias.
Dije que iba a trabajar hasta las 12:00
y es lo que pretendo hacer.
- Fernanda. - ¿Mm?
Te estoy hablando.
Perdón, pensé que estabas todavía en el teléfono.
Oye, ¿adónde estamos yendo?
Pensé que me ibas a dejar en mi apartamento.
Se me ocurrió improvisar.
Tal vez podríamos ir a mi casa para hacer… Ya sabes.
- ¿Hacer el amor? - Sí.
Pensé que no tenías tiempo.
Estuve calculando el tiempo y creo que nos da perfecto,
si es que te animas, claramente.
Sí, mi amor, qué dicha.
Es que a mí como que me persigue la mala suerte,
yo no debería llamarme Brayan Galindo, sino Bulto de Sal Galindo.
No.
No, mamita, es en serio.
¿Y sabe qué? Yo siempre he pensado que yo estoy hecho para algo grande,
para algo importante.
Pero aquí encerrado entre estas cuatro paredes,
con esta suerte que me gasto, no…
pasa nada.
Dígame cómo nos vamos a casar usted y yo,
si yo no tengo un peso.
¿Y qué? Venga.
¿Usted cree que a mí eso me importa? A mí no me importa.
No, pero a mí sí me importa, mamita.
¿Sabe por qué?
Porque es que yo a usted la amo, Rochi.
Usted es el amor de mi vida, yo quiero verla a usted en un trono
así sentada, hermosa, con todo lo que se merece, mi amor.
¿Oye?
Pero es que yo ya tengo lo que yo quiero.
Y es a usted.
No se ponga así.
Es más, se me acaba de ocurrir algo.
Ya que usted dice que me quiere dar todas esas cosas que me quiere dar,
¿por qué no vamos mañana a Cartsmart
y buscamos a ver si hay un empleo para usted?
- ¿Cómo? - Sí.
- ¿Para mí? - Sí.
- ¿Qué pasó? - Me machuqué.
Ya, ya.
- ¡La partí! ¿La partí? - No.
- Las tablas, Brayan. - ¿Cuál? ¿Qué?
Ay, bueno, no pasa nada.
Cariño.
Dime, amor.
Quería preguntarte algo.
¿Qué pasó? ¿Se te olvidó hacer alguna llamada?
No, he podido realizarlas todas.
Quería preguntarte si tú crees que yo soy una persona cuadriculada.
¿Cuadriculado tú? ¿Por qué me preguntas eso?
Porque hoy descubrí a una secretaria
hablando mal de mí y a mis espaldas,
diciendo que yo era un androide.
Mucha igualada. Deberías despedirla.
Lo hice.
Por su propio bien, lo hice,
pero lo que oí me quedó como sonando en la cabeza.
¿Por qué será que alguien me puede percibir de esa manera?
Mi amor, lo que pasa es que tú eres un hombre tan elegante,
tan aplomado, tan serio, digno representante de tu clase,
no un payaso como seguro le gusta a esa gente.
Y menos mal que no lo eres.
¿Sabes qué? Estuve todo el día pesando en hacerte una propuesta.
Algo fuera de lo común.
¿Qué opinas si, por ejemplo, soy espontáneo?
Algo que nunca hice, como…
quitarte la ropa interior con los dientes.
Y darte besos por todo el cuerpo.
Eso sí. No pare, no pare.
Eso, siga. Eso.
Cuadre esto para acá.
¿Cómo se hace esto?
Esto es muy difícil.
Es como peligroso, ¿no?
- ¿Mejor tradicional? - Sí.
- Tú arriba, ¿no? - Sí.
Uno, dos. Uno, dos.
- ¡Ingrid! - No estoy mirando, lo juro.
Entonces, ¿qué está haciendo ahí parada?
Yo venía a traerle una razón a Rochi de don Afanador y…
Pues, gordo, ¿yo qué hago si los encontré en esas?
Ingrid, mucho cuidado.
¿A usted qué le pasa?
No me diga que le está empezando a gustar el novio de su hermana.
No, no, gordo, ¿cómo se le ocurre decir semejante barbaridad?
Bueno, vamos a hacer una cosa.
Me hace el favor, va a ir a empiyamarse
y me reza diez padrenuestros y diez avemarías.
¿Y por qué?
Porque así empata, mi amor. ¿Quiubo? La veo.
Ay, gordo…
Ciérreme ahí.
Buenas las tengan las damiselas, ¿cómo están?
Perdón interrumpir la conversación,
pero vengo distinguiéndolas desde hace rato y…
y quisiera presentarme primero. Mi nombre es Leonidas Galindo,
uno de los industriales más conocidos acá.
Y quisiera ser parte de esta conversación que tienen.
Si me permiten, les invito una cerveza o un anisado.
Le voy a pedir a mi amigo Afanador unas copitas
y unas cositas para beber, ¿de acuerdo? Ya vengo.
Afanador, venga le presento a unas niñas lo más de atentas
y lo más de… Ey, pero ¿qué pasó? ¿Por qué se van? Vengan.
¡Eh! Qué tan antipáticas.
¿Usted no se da cuenta lo ridículo que se ve
tratando de conquistar jovencitas que podrían ser sus hijas?
¿Qué digo sus hijas? ¡Sus nietas!
¿Qué vamos a hacer?
Si me siento muy solo desde que murió Esperancita.
No he podido superar esa soledad.
Tengo este corazón lleno de amor,
necesito una mujer que me quiera y que yo pueda querer.
Encuéntrela, Leo, pero que haya cumplido por lo menos los 20.
¿Qué vamos a hacer?
La edad está en la cabeza. Yo no me siento viejo.
¿Usted me ve viejo?
"Lucero Molina".
No conozco a nadie con ese nombre. A ver.
"Señora Antonia…".
Seguramente usted no me recuerda.
Pero yo soy Lucero, la enfermera que la atendió cuando dio a luz,
hace casi 30 años.
Perdóneme por escribirle tanto tiempo después,
pero al encontrarme cerca de la muerte, me urge contarle algo muy grave
sobre su familia.
¿Qué?
¿Qué?
Y eso que yo estaba brava.
Ay, no, pues…
Toca sacarle el mal genio más seguidito, porque te inspiraste, ¿no?
- ¡Brayan, respete! - ¡Ay, hombre!
¿Y esto qué es?
Ah, revistas, sí.
Unas revisticas ahí porque tengo unos artículos de… de mecánica,
entonces por eso las tengo ahí.
Ah, claro. Me imagino que aparece, no sé,
Fernanda Sanmiguel cambiando una llanta de un carro en pelota.
¿Perdón?
- ¿Usted sigue obsesionado con esta vieja? - ¿Disculpa? No, señora.
Yo ni he visto si salía ahí en esa revista.
Yo estoy pendiente de los artículos de mecánica.
Entonces no hay problema con romperlas.
¡No! Porque se pierden los artículos. Dejémoslas por allá. Eso.
Y ya, mamita.
- Ay. - ¿Qué está haciendo?
¿Por qué entra sin golpear? ¿Ah?
Santa Marta milagrosa virgencita, qué cosa tan horrorosa.
La próxima, cuelguen un trapo para saber que están haciendo porquerías.
Qué pena, ya no estábamos haciendo nada porque ya habíamos terminado.
Ciento cincuenta pulsaciones, 53 calorías.
Cariño, eso estuvo óptimo.
Mi amor, es que tú siempre me llevas al cielo, a la luna, a las estrellas.
Oye…
Quiero decirte algo.
Gracias.
¿Por qué? Si no hemos hecho nada diferente a nuestra rutina.
Gracias por quererme.
Yo sé que a veces puedo ser una persona un poco complicada.
Cuenta con eso.
La bolsa de Tokio. Ya abrió.
No me fijé en los índices, tengo inversiones.
Espérame un segundo. ¡Adi!
Valor del índice de la bolsa de Tokio, por favor.
"Eso estuvo óptimo". Ridículo.
Hola, chiqui.
¿Tú por qué me estás llamando?
- ¿No se supone que estabas con mi primo? - Cálmate.
¿No ves que se fue a hablar con su dichosa Adi?
Chiqui, quería decirte que no veo la hora de casarme con tu primo,
pero para divorciarme, no me lo aguanto un minuto más.
Okey, mira, hablamos después.
Después te pillan y es lo peor.
Mateo, recuerda que esto lo estoy haciendo por los dos, ¿sí?
Vale. Te adoro, ¿okey? Bye.
Doña Antonia, yo creo que eso debe ser una broma.
Pe…
¿Y qué tal que no?
¿Qué tal que sea cierto, Noemí?
Yo tengo que hablar con esta mujer.
Voy a adelantar mi vuelo. Sí.
Voy a buscar el teléfono de los chárter.
Y sí, yo tengo que averiguar por qué esta mujer está diciendo
que Andrés no es hijo mío.
Brayan.
Qué pena, es que no podía dormir.
Ay, no me diga que algo le cayó mal.
No, no.
Es que no podía dormir porque…
Es que no paro de pensar en usted, ¿sí pilla?
- ¿En mí? - Ajá.
¡Buenos días!
Ingrid. ¡Ingrid!
Buenos días, mamacita. ¿Cómo amaneció?
Bien, Rochi, ¿qué pasó?
Eso le pregunto yo a usted. Está así como toda consternada,
¿qué le pasó?
Estaba teniendo una pesadilla.
¿Con Brayan?
- No, ¿por qué? - Porque se lo escuché nombrar.
- Ah, ¿sí? - Sí.
Sí, es que estaba soñando que…
Rochi, íbamos en un bus
y el bus se estaba quedando sin frenos
y había un acantilado
y, Rochi, nos íbamos a morir.
¿Qué?
Ingrid, cuénteme más,
porque dicen que cuando uno cuenta los sueños,
no se hacen realidad. ¿Qué tal que sea una premonición?
Ingrid, no, ¡yo sin usted y sin Brayan me muero!
No, Rochi, no vaya a llorar, tranquila que todo está bien.
Bueno, Brayan, a despertarse, a pellizcarse,
que hoy tiene que ir a pedir trabajo a Cartsmart. Uy.
¡Uy! Garbanzo, qué susto.
¿Y usted por qué sabe? ¿Por qué es tan chismoso?
Chismoso no.
Rosmery me contó lo de la oportunidad, me pidió que lo levantara temprano.
- Vea. - Qué cosa tan inmunda.
No, yo no me voy a poner eso. Yo no voy allá a pedir trabajo de mesero.
¿Cómo que inmunda?
Si este es el vestido con el que me casé con su madrecita, alma bendita, ¿ah?
Aún le puede servir, para que vaya presentable.
Ahí está, usted lo acaba de decir, cucho.
Si quiere que me haga presentable, yo no me puedo poner este chiro.
"Chiro".
Chiro con lo que anda usted.
Santa Marta milagrosa, dame paciencia.
Ay, mamita rica.
¿Qué hace ahí contemplando esa foto? Muévase.
Viejo tan cansón.
Buenas, buenas.
Agüita.
¿Usted qué? ¿Le robó uno de los trajes a Fotoagüitas?
No, papito.
No me la monte, que estoy haciendo esto por la comunidad,
a ver si algún día tenemos huevo en esta mesa.
Gordo, no lo moleste, él se ve bien con todo lo que se pone.
Sí, eso está bien. Hágale caso a la niña. ¿Ve? Ella sí sabe,
ella es una niña que lee, de mundo. Ella sabe lo que es un buen modelo.
Bueno, ya. Les tengo una noticia.
¿Qué? No, no me diga que ahora sí van a anunciar que se van a casar.
Pero la jeta que puso.
Ya, bueno, ya, ya.
No le haga caso a esta bola de grasa,
que lo que quiero es darle algo importante, magno,
algo que todos se recuerden.
Bueno, la noticia que les tengo
es que finalmente don Afanador nos va a prestar la tienda
para la reunión navideña.
¿Y nos va a fiar?
Y va a ser algo con mucho amor, muy sencillito, pero muy bonito.
¡Eso! Bueno, bacano lo de la cena. Lo del desayuno, ¿por qué no lo cuadramos?
¿Otra vez aguapanela con mogolla? No…
¿Qué come que adivina? Le alimenta.
- ¿Nos vamos ya, mi amor? - No, espere.
Uy, qué pena, es que es para el perrito.
- Nos vamos ya. Vamos. - Deme diez minuticos.
No, en Cartsmart no se negocia la puntualidad,
así que nos vamos ya. Hágame el favor, arranquemos.
¡Esclavitud maldita!
- ¡Vamos! - Bueno, ya. Oiga, feliz año.
¡Esto está tibio!
Y el té es una porquería.
Tienes un montón de ineptos trabajando aquí. No me gusta nada.
¿Por qué no los cambias, baby?
Ojalá tuviera tiempo para hacer eso.
Es más fácil enseñarles a hacer algo que echarlos.
Buenos días, don Andrés.
Hugo, a ver si se anuncia. ¿No ve que casi me encuentra desnuda?
Disculpe, señorita Fernanda. Qué pena.
Hugo, voy a utilizar el convertible, alístelo.
Fernanda, nos vamos en diez minutos.
¿En diez?
Yo sí espero que en esta empresa me den a mí el lugar que yo me merezco.
Un puesto así en donde vean todas mis cualidades, mis facultades,
todos mis dones.
Estoy mamado de cargar ladrillos de ricos. No saben dónde tienen los pies.
Toca esperar a ver qué vacantes hay.
- No se haga ilusiones. - Oiga, Brayan,
¿quién quita que de pronto a usted le den la vacante de presidente
y termine desbancando a don Andrés?
- Buena esa, presidente. - Ay, cansón.
Eso, sígase riendo, gordo.
Pero ¿sabe qué? Ese puesto sí podría ser mío para que vea.
Brayan, yo solo le voy a pedir algo, ¿sí?
- ¿Qué? - Por favor, con todo el amor,
- no me vaya a hacer quedar mal. - ¿Perdón?
Uy, no, Ro, ¿cómo así? ¿Yo cuándo la he hecho quedar mal?
No sé, ¿de pronto se te olvidó lo que pasó en Matalandes?
Ah, no, eso es diferente, mamita. Ya lo hablamos.
La acosadora de la gerente, a mí me tocó hablar con ella.
Ah, ¿y en Retromar qué fue lo que pasó?
En Retromar yo no puedo aceptar la esclavitud, eran explotadores, mamita.
¿Y en Corfincas qué fue lo que sucedió?
Es que no me gusta el campo. No me gusta.
Además, los españoles no me caen bien, eso empieza ahí como desde 1492.
Pero venga, ¿vamos a seguir hablando del pasado?
¿O vamos a concentrarnos en el presente?
Porque es que yo vengo a conquistar "Carsmars".
Sí, señores. Sí.
- No, Brayan. Aquí no. - Bueno, está bien.
Cuidado.
- Compórtese. - Yo me comporto.
- Ay, Brayan. - Ya, es un chiste. Tranquila.
Señora Antonia, qué bueno oírla.
Hugo.
- ¿Le paso a don Andrés? - No, no le diga nada.
No vaya a ser que se niegue porque no le pedí una cita.
Llamo para decirle que estoy saliendo en este instante para Bogotá.
Con gusto estaré esperándola.
Qué bueno que vuelva, señora.
Hugo, otra cosa.
¿Usted todavía tiene contactos con su antiguo trabajo en la Policía?
Sí, claro.
¿Se le ofrece algo, señora?
Necesito que me localice a una mujer
que se llama Lucero Molina.
Es extremadamente delicado, así que le voy a pedir mucha discreción.
Y, sobre todo, no le vaya a decir nada a Andrés.
La vida es una ruleta y nadie sabe dónde acaba.
No ayuda nacer en cuna de oro o en un pajar
si el camino cambia.
A unos les brilla el carro, los zapatos,
y se quejan que la vida no les brilla.
A otros les falta suerte y sueñan con verse ganarse la lotería.
Al que tiene mucho porque tiene mucho, mucho.
Y al que tiene poco porque tiene poco.
Lo bueno para uno hoy es malo para el otro.
Dos caras, dos mundos. No aprecian ninguno.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
¿Quién lo iba a decir que me iba a tocar?
Lo que tuve ayer hoy ya no estará.
Se debe perder para así ganar una segunda oportunidad.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
¿Quién lo iba a decir que me iba a tocar?
Lo que tuve ayer hoy ya no estará.
Se debe perder para así ganar una segunda oportunidad.
Nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
Y nadie sabe lo que tiene hasta el día que lo pierde.
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