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Escuchadme.
Inauguro oficialmente la reunión semanal del bebé Bundy,
que todos esperamos con ilusión.
¡Ya está la cena!
Era broma.
Te quiero, Peg.
Era broma.
Ese era tu papá.
Sé que no lo parece, pero trae la pasta.
Ahora empezaremos con el saludo tradicional.
- Hola, bebé. - Hola, bebé.
El bebé no es idiota.
- ¡Hola, bebé! - ¡Hola, bebé!
Bien. Muy bien.
La secretaria puede leer el acta de nuestra última reunión.
Debes disculpar a Kel, mamá.
Pero puede que resucite si dices:
- "Acabo de cobrar y quiero..." - Ya basta.
Bud, te nombro secretario temporal.
Puedes leer el acta de tu hermana.
Es un honor.
Hola, bebé.
"No puedo seguir anotando
los locos bramidos de la que era mi madre.
Este bebé es una desgracia para todos nosotros.
Un momento, tengo que ponerme en pie para saludar al bebé.
Ya lo he hecho.
Nunca me he sentido tan humillada, y eso es decir mucho".
Hola, bebé. Ahora leeré el acta.
¿Hola, bebé?
Dirás diez "Hola, bebé" en la intimidad de tu habitación.
Y ahora escucharemos al tesorero.
Según mis pesquisas, criar a un bebé desde que nace
hasta que va a la universidad, cuesta 780 000 dólares.
Ya que la semana pasada vendí un zapato...
...me enorgullece anunciar
que ahora solo nos hacen faltan 780 000 dólares.
Muchas gracias.
Hola, bebé.
No os vais a creer adónde hemos ido.
A una tienda que se llama El bebé más listo.
Todo para un bebé que va a subir en la escala social.
Su lema es: "No creas al padre.
Puedes permitírtelo".
Así es. Todo es poco para nuestros hijos.
No me refería a vosotros dos.
Seré feliz cuando este niño sea mayor que nosotros.
Quizá entonces nos hagan caso.
Al, vamos a hablar.
¿Podrías sentarte con Jefferson o con el perro?
Esta es mi casa. Me siento donde quiero.
Mira el catálogo.
Sujetadores para dar el pecho. ¡Y son sexis!
Me voy a sentar allí.
Eh, Buck, ¿tienes sitio ahí para mí?
No, por favor, acabo de comer.
Tenías que haber visto ese sitio. Solo había preñadas.
Llevo seis meses sin ver a una mujer con cintura.
Sí. Cuando están embarazadas, están más sexis que nunca.
- ¿Sabes qué haría si fuera presidente? - ¿Qué?
Me haría con un Estado grande y vacío que nadie usara.
Ya sabes, como Idaho.
Cogería a todas las embarazadas del país,
las metería en un camión de dónuts
y las llevaría en un convoy a Boise.
Como a nadie le importa Idaho,
le cambiaría el nombre por "Preñaho".
Debe de estar hablando otra vez sobre su plan de Idaho.
Ay, Marcie, hay muchas cosas que quiero.
Mira esta habitación para bebés. Tengo que comprarla.
Peggy, cuesta 10 000 dólares.
¿Crees que Al puede permitírselo?
¿Y eso qué me importa?
Vamos a comprarla.
Yo no voy a comprar muebles nuevos para el bebé.
Mi hija heredará las valiosas reliquias familiares
que me pasaron a mí.
Incluida una mesita de bebé rosa con un volante.
¿Y si tienes un niño?
Entonces su padre le comprará algo.
Ay, mi mesita...
Tenía un juego de té.
Y en la mesita servía té a mis amigas imaginarias.
Estaba Jennifer, la chica más popular del colegio.
Nunca fue amiga mía, pero en mi mesita,
se bebía cuatro o cinco tazas de mi té. Tenía que hacerlo.
La obligaba.
También estaba Robert, el chico más guapo del colegio.
Me tiraba la leche a la cara, pero no en mi mesita.
Parece que le estoy viendo besándome los pies con cuatro años.
Chúpamelos, nene. Chúpamelos, chúpamelos como un perro.
Cómo recuerdo esa mesita,
con su sillita y el pequeño orinal,
donde me imaginaba metiendo la cara de Jennifer todos los días.
Las cosas nuevas están bien,
pero recuerdos así no tienen precio.
Veo que desde que estás embarazada,
has dejado de tomar tus pastillas, ¿verdad?
- Así que ahora tenemos Preñaho. - Sí.
Y tenemos "Ginecochusetts".
Pero nosotros vivimos en "Pecho Virginia".
Qué malo eres, Al.
Te tiene tan asustado como el ratón ante el gato, ¿eh?
¿Ah, sí? Sí, el mes pasado dejé de pagar su trastero,
cogí el dinero y me largué.
¿Haría eso un hombre que tiene miedo a su mujer?
Jefferson, ¿me das las llaves del trastero?
Ya verás cómo salgo de esta.
¿Qué trastero?
El trastero donde guardo mis valiosos e irreemplazables muebles para el bebé.
Se acabó, chaval.
¿Me das las llaves? Quiero enseñárselos a Peggy.
Te amo tanto.
¿Qué has hecho con los muebles
que me importan cinco veces más que tú?
Y no querías que vinieran.
Error mío.
¿Dejaste que subastaran los muebles de mi bebé? ¿Mis recuerdos, mi vida?
Coge impulso, lanza.
Y la pelota sale del campo.
Escucha.
Me voy a recuperar mis muebles.
Quiero que te quedes en el suelo y pienses en lo que has hecho.
Iré con Peggy a la empresa que alquila los desvanes
a por una lista de las personas que han comprado mi herencia.
- ¿Por qué yo? - Porque cuando vuelva,
quiero quitarle cualquier resquicio de dignidad humana.
Y solo tú puedes enseñarme a hacerlo.
Es la mejor. A mí me ha rebajado.
Estáis haciendo que me sonroje.
Es verdad. Cuando nos casamos, era muy mono.
Pedía tres comidas al día, ropa limpia y almohadas.
Tardé tres días.
Pero míralo ahora, nena.
Ya puedes levantarte, Jefferson.
Ella me ha dicho que no lo haga.
Escuchadme.
Convoco la reunión semanal anti-bebé Bundy.
Vamos a empezar, coloquémonos los sombreros ceremoniales.
Zarpamos, amigo.
Ya podemos empezar.
La secretaria puede leer el acta de nuestra última reunión.
"Después de alimentar a mamá hasta el coma con dónuts...
...y colocar trampas con pudin, por si se despertaba...
...abucheamos al bebé oficialmente y empezamos la reunión.
Papá, mi papá...
...volvió a llorar de vergüenza por su parte en el embarazo".
En serio, no sé qué me pasó.
"Y después papá dijo: 'En serio, no sé qué me pasó'.
Bud, mi hermano, citó la historia bíblica de Moisés.
Sugirió que colocáramos al bebé en una cesta,
con un par de monedas y una manta,
y dejar que el río Ohio se lo llevara hasta Cleveland".
Zarpamos, amigo.
"Por dos votos a uno, se aprobó reemplazar a nuestra madre
por una oriental de pechos enormes.
Sin cuerdas vocales, ni útero,
pero capaz de freír chuletas como una tejana.
Mamá se despertó y quiso saber de qué nos reíamos.
Dijimos: 'De Bud'.
Subió las escaleras enfurruñado
y nos reímos de él hasta la madrugada.
Así se inició nuestra reunión anti-Bud".
- Eh - Bud. Para.
Te está tomando el pelo. Es solo una broma.
Siéntate. ¿Qué te pasa? ¿Quieres herir sus sentimientos?
Muy bien, vamos con lo nuevo.
¿A alguno se le ha ocurrido otro nombre para el bebé?
Cebo de Tiburón.
Cicuta.
Piscopo.
- Eso es un golpe bajo. - Papá, eso es muy cruel.
¿Me dais agua?
¿Por qué no te sirves tú mismo?
Marcie me dijo que no me moviera.
Chicos, quiero que miréis ahí
y me digáis qué conclusión sacáis.
- Ninguna. - No.
Es lo que puede ocurrir si se deja a las embarazadas gobernar la Tierra.
Tenemos una en nuestra propia casa.
¿ Vamos a dejar que nuestra "embarazilla" nos haga esto?
No.
¿Terminaremos con las piernas en alto?
Bueno, no puedo hablar por Kelly, pero a mí no me verán así.
Sí, claro.
Como si nunca te hubiera visto así antes,
cuando Pebbles Picapiedra se pone la minifalda de leopardo.
¡Vale, vale ya!
No estamos aquí para atacarnos entre nosotros.
Estamos aquí para atacar al bebé.
- Vale, lo siento. - Lo siento.
Mira, mi manta.
¿Señor Edwin Johansson?
Sí.
Señor, creo que recientemente asistió a una subasta,
en la que adquirió mi vieja manta de bebé,
que tejió mi abuelita Judy.
Que utilizaba para consolarme
y para ahogar a mi amiga imaginaria Jennifer.
Veo que significa mucho para usted,
por cómo guarda sus cristales rotos y sus mocos.
Pero tengo que recuperarla como sea.
Cien mil.
¿Qué tal un golpe seco en la nuez?
Tranquila, Marcie.
Déjame a mí.
Mire, Al.
Quiero decir, Edwin.
No sé cómo he podido cometer un error así.
Aquí tengo un bono para un par de zapatos de mujer gratis.
He soñado con ello, pero ahora se convierte en realidad.
Peggy, me siento culpable. No gastes tus cupones por mí.
Marcie. No te preocupes. Tengo miles de estos.
Los cojo de la caja registradora cuando no mira Al.
¿Qué me dice, Edwin?
Si me da cinco zapatos de 500 dólares, trato hecho.
¿De 500 dólares?
Marcie, en Halloween regalé más que estos.
A los niños les encantan.
Deme esta manta.
Dígame, señor,
¿por qué la sociedad le ha dado la espalda?
¿Cerró la fábrica? ¿Se hundió la granja? ¿Qué?
¿Le ayudo a conseguir un trabajo?
Ya tengo trabajo. Soy maestro.
Petición 340.
- ¿Y qué más queremos? - Amor y cariño.
No. Dijimos que tenía que ser algo que todos quisiéramos.
Ya sé, ¿qué os parece ropa limpia?
- Sí. - Sí.
¿Dónde dice que una mujer, por estar embarazada,
no puede coger unos calcetines,
echarlos a la lavadora y presionar un botón?
Ya está bien.
¿Y quién dice que no puede echar a las avispas del tejado?
Sí. Si hubiera pasteles, necesitaríais un rifle para echarla de ahí.
Quiero sábanas limpias y secas.
Es que hay mucha humedad en mi habitación.
Bailar con una mujer de goma convierte a cualquier habitación en una jungla.
Mírale. Estará pensando en cómo hacer las paces con Marcie.
Sí. Es tierno, la verdad.
Vuélvela a tocar, Mágico Trovador.
- Yo soy Topsy. - Y yo Mopsy.
- Somos gemelas. Tus mayores fans. - Somos gemelas. Tus mayores fans.
Qué fantasía tan cutre.
Lo sé, pero mi mujer está enfadada conmigo. Es difícil concentrarse.
Eh, esto es algo que queríais pedirme.
¿Queréis bailar
Bajo la luz de la luna?
Lo sé. Lo sé.
Le debe de doler mucho.
Vale, entonces estamos de acuerdo.
Enseñamos la lista a vuestra madre y mantenemos nuestras demandas.
Derechos del nacido. Todos "Uh, nacido".
¡Uh, nacido!
Creo que ya sabes qué tienes que hacer para conseguir un pase VIP.
No soporto ver cómo se tortura así.
Vamos a echarle a la calle.
- ¿Señora García? - Sí.
Le alegrará saber que es la última parada
de nuestra ardua tarea de recuperar los muebles perdidos de mi infancia.
¿Qué?
Mi mesita. Mi querida mesita.
¿Os importa?
Mientras mi amiga lucha contra la locura,
podríamos hablar.
Pollo. ¿Puedo?
Claro, sírvase. Está ahí para los intrusos.
Se trata de esta mesita.
Mi amiga quiere comprarla. Significa mucho para ella.
Y aquí se sentaba la imaginaria Jennifer.
Seguro que le gustaría que le echara en la cara té hirviendo.
- ¿Qué crees tú, Jorge? - Mamá.
No tenemos dinero.
Pero tenemos mil dólares en cupones para zapatos.
En este país, mi marido es muy poderoso.
Es vendedor de zapatos.
¿En serio?
En mi país, los mendigos y los pobres se ríen de los vendedores de zapatos.
Nuestros países son muy parecidos. ¿Trato hecho?
Me ha emocionado su oferta y la locura de su amiga,
pero para mi familia, esta mesita es un símbolo de Estados Unidos.
Es lo primero que compramos en este país.
Y queríamos que pasara de generación en generación
en nuestra familia, como símbolo de esperanza y libertad.
Porque no somos estadounidenses, pero nuestros hijos sí pueden.
Ese discurso tan pedante sobre la esperanza y la libertad
se hubiera venido abajo amenazando con llamar a Inmigración.
Estás chalada, Marcie.
Puede ser, puede ser. Pero soy una chalada con una mesita.
¿Dónde está Jefferson?
Está en el patio cantando "Tiny Bubbles" a Buck,
pero eso no tiene importancia.
Los niños y yo tenemos algo que decirte a ti
y a todas las preñadas como tú.
Decídselo, chicos.
¿Qué?
- Te queremos, mami. - Te queremos, mami.
Deberías haber oído las cosas que ha dicho papá de ti y del bebé.
Sí. Iba a obligarte a hacer la colada.
Sí. Nos obligó a ponernos estas gorras.
Eso es mentira. Es mentira.
Yo me he encargado de mi marido. ¿Qué vas a hacer tú?
Al, ¿qué haces en mi fantasía?
No lo sé. Lo último que recuerdo es que me golpearon con una sartén.
Pero no te preocupes por mí...
...estoy de camino a mi propia fantasía.
Chicas...
...hay un Porsche en mi fantasía.
Eh.
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