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En el episodio anterior, Marcie les dio una noticia.
Jefferson y yo estamos embarazados.
Al fue el primero en felicitar a la feliz pareja.
Sí, Al estaba feliz hasta que...
Yo también estoy embarazada.
La familia se alegró.
Mal, papá, mal.
Lo que has hecho ha estado muy mal. Además, con nuestra madre, Dios mío.
Jefferson es el marido perfecto.
Aquí está. He conducido 80 kilómetros
con el pastel en la mano para que las cerezas no se cayeran.
Y Al no sabía qué más hacer por Peggy.
Al, tráeme agua.
Y ahora, la continuación de: " Matrimonio con más hijos" .
PADRE EMBARAZADO
Aquí hay algo interesante.
Por solo 49,95 dólares,
los padres podemos comprar un hijo falso.
Te atan una bolsa de 23 kilos en la barriga
para experimentar lo maravilloso que es estar embarazado...
...y el espantoso dolor de una hernia por un precio módico.
No sé vosotros, pero yo estoy encantado con el nuevo bebé.
Los dioses deben divertirse, ¿eh?
Deben de estar jugando otra ronda de "¿Puedes superar esto?".
Uno dijo: "Hagámosle vendedor de zapatos".
Otro dijo: "Démosle a una pelirroja".
Otro, probablemente uno con resaca,
dijo: "Ya sé, hagamos que no coma, pero que no se muera de hambre".
Sí, papá, pero te demostraron su amor cuando vinimos nosotros.
Pues dales una cerveza.
¿Me puede explicar alguien cómo me ha pasado esto?
Papá, cuando el óvulo queda incrustado fuertemente en la pared del útero,
el esperma, después de dos o tres días de nadar,
si está en el sitio adecuado, penetra la pared del óvulo.
Después viene la cigüeña y nace el bebé.
Bud, en todos los asuntos, excepto en vandalismo y en moda,
quiero que te hagas cargo de educar al bebé.
Eh, el que la hace la paga.
Me siento como Exxon. Un derrame y tendré que pagar el resto de mi vida.
Papá, míralo por el lado positivo.
¿Cuánto puede durar el resto de tu vida?
Vamos, Kel.
¿No ves que está planeando su próxima escapada sexual?
- Coloquemos el interfono. - ¿Qué interfono?
El que mamá quiere que coloquemos para que no haya ningún momento de paz.
Lo siento, mojaste la cama, ahora tienes que tumbarte en ella.
Encenderé la televisión. Al menos no se reproduce. Qué pena.
Gracias a Dios, ya no tengo que oír nada más de bebés.
Estás embarazada, Mindy.
Qué bebé tan maravilloso. ¿Dónde lo has encontrado, Hoss?
¿Qué, Lassie? ¿La vaca acaba de tener una cría y te has comido la placenta?
- Mi bebé... - Su bebé...
Los bebés declaran la guerra a Lituania.
Dios, cómo lo he dejado.
¿A que no adivinas adónde fuimos, Al?
A ver a Madame Rachel, la médium de bebés.
Fue increíble.
Supo que me sentía hinchada,
que tengo náuseas por las mañanas y que me duelen los pezones.
Creía que eso no era posible sin pechos.
¿No quieres oír lo que la médium ha dicho sobre nuestro bebé?
¿No podemos hablar más de los pezones de Marcie?
Vaya, Al, si somos tan aburridas,
hablemos de algo que te interese a ti.
Empecemos por ¿qué pasa por tu mente
en el emocionante momento en el que vendes unos zapatos?
Pienso: "¿Cómo puede alguien comprar algo tan barato, feo y estúpido?".
Después pienso: "Alguien ha preñado a mi vecina, así que todo es posible".
Sí, cariño, todo es posible,
excepto que tú y yo quedemos satisfechos después del sexo.
Ha sido bueno, ¿no? Se la hemos metido a tu padre.
Venga, Al, ríe con el bebé.
No quiero.
El que te conozca, pensará que esto no te hace feliz.
Sí que me hace feliz. Además, es algo que habíamos planeado.
Adoro al bebé. Todo el mundo quiere al bebé.
Dios, odio al bebé.
Yo odio a mamá.
No puedes culpar a papá. Es un animal estúpido,
pero mamá sabía lo que hacía.
Kelly, ¿ese botón está encendido?
Claro que no. Uno dice "encendido" y el otro dice "apagado".
¿Te crees que soy estúpida?
Pues yo quiero al bebé.
¿Qué quieres decir? ¿Por qué me estás pellizcando, enano?
¿Nos pueden oír?
Yo también quiero al bebé.
Y quiero mucho a mamá. ¿Qué maldito botón está encendido?
¿Por qué los ponen tan juntos?
Y pronto habrá tres.
Ojalá Jefferson estuviera aquí. Frota mi barriga.
Es mi marido y me frota la barriga a mí.
No pienso frotar barrigas ocupadas. Soy un ser humano.
Pronto lo celebraré al estilo de 1999.
- Es agradable, ¿no? - Cuando te lo hace Jefferson,
se puede sentir la paternidad fluir a través de ti.
Al, no siento la paternidad fluyendo a través de mí.
Puede que no la sientas, pero obviamente está ahí.
No es la primera vez que me dice eso.
Lo hemos hecho de nuevo. Venga, Al, ríete con el bebé.
No quiero.
Y dudo que estés embarazada.
Lo que tienes es una lata de helado de cuarenta litros ahí dentro.
Venga, Peg, ríete con la úlcera.
No hagas que el bebé te odie. Frota.
Qué deprimente. Quiero a Jefferson.
- Yo también. - Yo también.
Llegará pronto. Ha ido a comprarme una máquina de olas.
En la feria del bebé, en el puesto de "cien dólares y más",
nos enteramos de que a los bebés les gusta el sonido del agua.
Al, quiero una máquina de olas.
Creo que el bebé ya tiene suficientes olas
con la turbulencia de la llegada diaria de tus cuatro desayunos gigantes.
¿Has probado el especial de seis perritos calientes en Bippys?
Todos los días, antes de las tortitas de Flap JackJohnny's.
¿Llevas los perritos de Bippys a Johnny y los enrollas en una tortita?
¿Con el aderezo y los picatostes de la barra de ensaladas?
- Eso sí que es comer. - Eso sí que es comer.
Peg, hablando de comer, a mí también me gusta...
Menos hablar y más frotar.
Al, ¿cuándo me llega mi nueva máquina de olas?
No te voy a comprar ninguna.
No sabes cuánto cuesta.
No importa, porque no pienso comprártela.
No querrás que el bebé de Marcie sea más listo que el nuestro, ¿verdad?
Peg, nuestros otros hijos no tuvieron una máquina de olas y míralos.
Mamá, Bud tiene más dedos que yo.
Cariño, ¿has intentado contar los de las dos manos?
Eh.
No es porque no tuvieran una máquina de olas.
Es porque tus padres eran hermanos.
Eso no es cierto.
Simplemente empezaron a parecerse cuando a mi madre se le cayó el pelo.
Venga, Al, quiero una máquina de olas. Solo cuesta 329 dólares.
Gracias, Dios, ese es exactamente el precio de mi juego de herramientas.
Es increíble. Te atreves a decirme
que prefieres gastar el dinero en unas herramientas
a en el fruto de tu carne.
Sabías que tenía previsto comprarme...
- ¿Qué? - Al, mira lo que has hecho.
Estoy llorando. Y el bebé también.
Yo también estoy llorando.
Espero que estés contento ahora.
- ¡Frota nuestras barrigas! - ¡Frota nuestras barrigas!
Esperad. Ya basta. Me voy a levantar.
Ahora veis cómo me voy.
¿De verdad que te vas, Al?
Sí, Peg. De verdad.
Salida del autobús a Scranton, puerta número 15.
¿Le pongo otra?
Este sitio es bárbaro.
Es genial.
Un bar junto al cuadro de direcciones en la terminal de autobuses
para no perder la conexión cuando dejas a tu mujer.
No olvide las muñecas baratas. Dan clase al local.
- ¿Adónde va, amigo? - No lo sé.
A algún sitio con muchas chicas y ninguna mujer.
Ah, Los Ángeles.
Quizás le interesen nuestras máquinas expendedoras.
TARJETAS DE LA SEGURIDAD SOCIAL
DISFRACES PARA HUIR
Es genial.
¡Tintes! ¡Tíñase el cabello!
¡Bigotes falsos!
Salida del autobús a Tacoma, puerta número seis.
Que intente encontrarme ahora.
¿Quiere oír una historia triste?
Mi mujer va a tener otro hijo y creo que es mío. Fin.
Eh, colega, ¿vas a soltar ese dólar?
Lo siento, aquí tienes.
Mi vecino también va a tener un hijo.
Es un estúpido.
Hasta su nombre es estúpido, Jefferson.
Señor marido perfecto.
Pendiente todo el día de su mujer.
Cuando ese tipo se da la vuelta por la mañana
y se encuentra... Hola, Jefferson.
Estaba hablando del vecino del otro lado.
Se llama Jefferson. También va a tener un hijo.
¿Qué te parece?
¿Qué haces aquí?
Corro como un río cuando la nieve se derrite.
Ha sido la feria del bebé, Al. Me mató. Tenías que haberlo visto.
No había más que embarazadas en zapatillas.
¿Y tú de qué huyes, Al?
¿Puedes mirarme y preguntarme eso en serio?
No se coge a un buey que lleva trabajando con su yugo
veinte años, se lo quitas y dices:
"Era broma. Aquí tienes un yugo más pesado, amigo.
Tíralo y frota mi barriga".
Deberías frotar la barriga que yo he estado frotando.
Ya lo he hecho.
¿Qué estás viendo?
Estoy oyendo a mamá comer por el interfono.
¿Queda algo para nosotros?
Claro. ¿Por qué no vas y metes la mano
por la puerta para ver qué pasa?
La única manera de que yo consiga comida, amor y atención
es que el bebé se parezca a ti.
¿Pero cuál es la probabilidad de que mamá tenga a dos monos de circo?
La probabilidad debe de ser una entre nueve.
Perdón, ¿hay alguien ahí abajo?
Mi cubo de tapioca está vacío.
Bud, mira en lo que nos hemos convertido.
En esclavos fabricantes de pudin.
Sí, no sé cómo papá lo puede aguantar.
Después de lo que ha pasado, ahora hace algo bueno por mamá.
Bien. Entonces llegará pronto y podrá atiborrarla.
¿Vamos a ver una peli?
No puedo. ¿Sabes la caja que tengo debajo de la cama?
Alguien me robó el dinero.
Al.
Al.
Al, el hecho de abandonar a nuestras mujeres embarazadas,
solas en el mundo y sin un centavo,
no nos convierte en malos, ¿verdad?
Claro que no. Muchos grandes estadounidenses
han abandonado a los necesitados.
Por ejemplo, El hombre del rifle . Sabía que no tenía que estar con su mujer.
Siempre sospeché que era ella a quien hacía añicos
antes del comienzo de cada capítulo.
¿Sabes? He estado pensando. Casi ha acabado el primer trimestre.
¿Y si lo peor ha acabado y desde ahora todo es bueno y nos lo perdemos?
- ¿Qué? - Estoy empezando a entender
cómo te pescó. Deja que te explique algo.
No existe eso del trimestre.
Solo hay un larguísimo "mestre" de 40 años.
Cuando se quedan embarazadas, se convierte en un "minimestre".
Está el "mestre" gordo, el "mestre" de vómitos
y, que Dios nos ayude, el "mestre" cachondo.
Ahí es cuando yo me fui.
Al, ¿adónde vas a ir?
A algún lugar donde los vendedores corran libres en el gran cielo.
Donde nunca se oiga la palabra preñada
y las tetas estén siempre al aire.
Eso es precioso, Al.
Monóculos, árboles genealógicos, chicle.
Caballeros, ¿desean convertirse en algo?
En tu camiseta.
¿Cuánto por un ex jugador de fútbol con un nombre guay?
- Doscientos dólares. - ¿Qué me das por un pavo?
Un vendedor de zapatos llamado Al.
Dame chicles.
Ahí tiene.
Escogeré mi propio nombre.
Mi nuevo nombre será...
...Bazooka Joe.
Maldita sea. Ojalá lo hubiera pensado antes de decidirme por...
...Anheuser-Busch.
Sí, el maestro Busch se va a Seattle.
Iré a ver a unos amigos que tienen un barco de pesca.
Y me convertiré en un poderoso pescador.
- ¿Y tú, Al? - Me voy a Los Ángeles.
Voy a ser el gran cazador blanco de pechos.
- Dios, la vida va a ser genial. - Sí.
Salida del autobús para Seattle, puerta número 11.
- ¿Volvemos con las mujeres? - Sí.
Si tiene otro niño en los próximos 18 años, me voy.
Yo también.
Bueno, me voy a casa.
¿Me devuelves el dólar?
Aquí tienes cinco. Coge un taxi.
¿Cinco?
¿Me das cambio?
Hola, cariño. Ven, túmbate a mi lado.
No hay sitio a tu lado, Peg.
Cuidado con las galletas.
Así que la estación de autobuses.
- ¿Cómo lo sabes? - Marcie le puso un micro a Jefferson.
Hola, Marcie, ya estoy en casa. Estás preciosa.
Gracias... Anheuser.
No pudiste huir, ¿verdad?
Sabía que no serías capaz de hacerlo.
Quieres a tu pequeña osita, ¿verdad?
Sí que la quieres.
En realidad, no.
Al, ¿qué hay en la bolsa? El juego de herramientas, ¿no?
Si alguno de nuestros hijos creciera y tuviera éxito
¿quiénes serían los barrenderos del futuro?
¡Al, una máquina de olas!
Te importo, ¿verdad?
Como me toques con un solo labio, lo devuelvo.
Lo quería para que por lo menos
uno de nuestros hijos tuviera una oportunidad.
Ya has visto lo que ha hecho a los otros dos el no tenerla.
Menudo par de inadaptados.
Peg, el bebé ya les saca ventaja en algo a los otros dos.
Ya es más listo que Kelly.
Y está más cerca de una mujer de lo que Bud conseguirá estar.
Menudo par de fracasados.
Cariño, ¿estás seguro de que este interfono está apagado?
Claro. Hay un botón para encenderlo y otro para apagarlo.
¿Te crees que soy tonto?
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