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¡Los Foster!
¡Los Foster!
¡Vienen los Foster! ¡Huid todos! ¿No oís?
¡Los Foster!
Los Foster.
¿A qué esperas? Vienen los Foster.
¡Los Foster están en el pueblo con toda su banda!
Vosotros sois los hermanos Foster, ¿verdad?
No te equivocas.
Lo suponía. ¿Quién eres?
Alguien a quien estáis buscando. Por lo menos, eso dicen.
Si eres ese asqueroso gringo llamado Joe Ford, es cierto.
-Por desgracia para ti. Sí, soy Joe Ford,
el que os estropeó el golpe al banco Dayton.
Vaya. ¿Y adónde ha ido a parar el oro?
Os gustaría saberlo, ¿verdad? Sí.
Vendrás con nosotros para enseñarnos dónde está escondido.
¿Y si por casualidad no quisiera ir? De todas maneras te llevaremos.
Comprendido. Bueno, pues venid a cogerme.
Os espero en el salón. Ya lo oís, chicos.
(CHASQUEA LA LENGUA)
(Música)
Siete. Rojo, impar y falta.
Enhorabuena. Siempre gana, ¿eh?
Afortunado en el juego, desgraciado en amores.
Hagan juego, señores. Hagan juego.
No va más. No, no va más.
(CANTA EN INGLÉS)
Gracias, muy amable.
(Música)
Para el senador Senneth.
-Para el senador Senneth.
-Para el senador Senneth.
-Tenemos que encontrar otra solución.
Hace dos años que una gran parte de nuestros cargamentos de oro
nos son robados por esos bandidos
con una regularidad que prácticamente se ha convertido en absoluta.
-Y esto no podemos consentirlo.
-El Gobierno tiene la obligación de intervenir.
-Por eso estoy aquí.
El Gobierno no puede mostrarse indiferente.
Acabamos de salir de una guerra
que nos ha debilitado profundamente
y el oro que pierden ustedes lo pierde también la nación.
Por desgracia, saben tan bien como yo que en estos tiempos
hay una multitud de bandoleros que tienen más hombres y armas
que el propio Gobierno.
Y muchos soldados, demasiados,
han caído escoltando el oro del Gobierno
y el de los particulares.
Yo creo, sin embargo, que habrá alguna solución
y hemos de encontrarla juntos.
Yo tengo la solución.
Señores.
Hola, Senneth.
Senador Senneth, señor Nelson.
Senador por la voluntad del pueblo.
Sí, senador.
¿Ha hablado usted de alguna solución?
De la única que existe, senador,
que es la de aumentar el precio del oro.
Salvaremos una cierta cantidad.
Aumentando el precio, recobraremos también
parte de lo que los bandidos y los comancheros arrebatan.
Pero ¿está loco, señor Nelson?
Toda la economía americana sufrirá un alza increíble.
-Sin embargo, no podemos pedir al señor Nelson
que se preocupe de la economía americana
más que de su propia economía.
Cierto y, como directamente perjudicado, doy mi solución.
Ah, me parece bien.
Pero no creo que esa sea la única fórmula de arreglo.
¿Hay otra? Sí.
Por ejemplo, yo había pensado en un hombre que conozco.
-Será un hombre a la cabeza de un ejército, supongo.
Pues no.
A decir verdad, se trata de un hombre solo.
Le he hecho llamar aquí.
Por ello y, como es muy puntual,
les prevengo que comparecerá exactamente dentro de un minuto.
Si no soy indiscreto,
¿puedo saber quién es?
Bueno, digamos un agente un poco especial.
Se llama Ford, pero los que le conocen
prefieren llamarle
Dinamita Joe.
(TOSEN)
Oh, señores. Estoy consternado.
Como es lógico, vuestros criados ignoraban
que mi equipaje debe ser tratado con extremo cuidado.
Oh, discúlpenles.
Lo siento mucho.
Yo he dicho siempre que la valía de una persona
es inferior a la teatralidad de su presentación.
Ostentación involuntaria por mi parte,
tal y como ya les he explicado.
De manera que está dispuesto a luchar solo
contra unos bandidos que ninguna escolta armada
ha conseguido eliminar.
En realidad me siento capaz de hacer mucho más.
Sin falsa modestia. Sí, es cierto.
Vuestro problema no es sólo eliminar a esas bandas de salteadores,
sino conseguir al mismo tiempo transportar
la mayor cantidad de oro que sea posible.
Una mente despejada.
Gracias.
Yo me propongo transportar en un solo viaje
todo el oro que puedan ustedes reunir.
Y si no me equivoco, eso lo hará de balde.
Por amor a la patria, tan sólo.
Oh, no, ilustres señores.
Yo no busco la gloria.
¿Y qué precio tienen vuestros milagros?
El 5 % del valor de la mercancía.
Eso lo sé porque en otras ocasiones el Gobierno lo ha pagado.
Y sin lamentarlo jamás.
Se lo puedo asegurar.
¡Basta!
El oro de mis minas del lago Colton es un problema real para mí.
Por eso no tengo más tiempo ni ganas de seguir escuchando payasadas.
Les dejo. A lo mejor alguno de ustedes se divierte
con este senador o con este aventajado negociante.
¿De verdad ustedes tienen un plan para...? Para...
-Sí. Pero es un secreto y tienen que confiar en nosotros.
Es sólo una idea, pero muy explosiva.
(Música)
Ford. (RÍE) Senador.
Quizá no me crea, pero en mi copa he visto una mujer encantadora.
Cuidado, el alcohol es un demonio que gasta malas bromas.
Es posible que sea un demonio, pero tenía el aspecto de un ángel.
(RÍE)
Cuando estés en Maine City tan sólo deberás fiarte de tres personas:
del director del banco, naturalmente, del sheriff Stanton y de...
Pero ¿es que no me escuchas?
Mire, senador, ahí está.
¿Cómo? Pero si es Berenice Stafford.
Ni siquiera mi padre, con su buena voluntad,
consiguió jamás recordar cómo era de joven.
Ford, es absurdo.
Perdone.
¿Me concede el placer de bailar con usted?
Claro, señor Ford. Con mucho gusto.
No me diga que nos conocíamos y no la recordaba.
No tiene motivos para avergonzarse, su fama ya le ha precedido.
No creía ser tan importante.
¿Puedo saber cuál es su nombre? Sí, ¿por qué no?
Mis amigos me llaman Betty.
¿Y aquellos que acaban de conocerla?
Si se refiere al señor Ford, también él puede llamarme Betty.
(Cesa la música)
Buenas noches. Buenas noches.
(Música)
Mi música preferida. Es bonita.
También podemos bailar aquí, en el jardín.
Lo cierto es que a mí el vals...
No es usted muy explosivo en el baile.
No, en el baile no. Entonces, ¿en qué?
¡Ah!
Lo siento, pero ni a la señorita ni a mí nos hacen gracia las bromas.
¿Verdad, Betty?
No podéis resolver ni el más pequeño problema.
Confiar en vosotros es una locura.
Vamos, llevaos a ese hombre de aquí.
Senador. Señora.
Hace rato que no veo a nuestro joven amigo.
¿Es que ya se ha marchado? -No.
Pero temo que en este momento esté ocupado.
La tragedia de su vida es su excesiva pasión
por la letra D: damas, dinero y dinamita.
-Feliz él, que puede ocuparse de esas cosas.
Yo no pienso en las damas y, respecto al dinero,
temo que, si todo sigue tan mal... -Oh, vamos.
Vamos, anímese y ya verá qué pronto dejan de robarle su oro.
Usted no tiene ni idea de lo eficaz que es ese joven Ford.
-Esperémoslo.
-Buenos días, amiguito.
¿Por qué tengo este terrible dolor de cabeza?
¿Cuál ha sido la causa? Un jarrón de flores.
¿Qué hora es?
Casi las 11.
Entonces todavía te queda un poco de vida.
Pero no tanto como para usar ese reloj.
Vamos, dámelo.
Venga.
(RÍE)
(SILBA)
Hay que darle cuerda únicamente una vez al día,
a ser posible por la mañana. Es muy delicado.
Descuida.
Lo trataré muy bien.
(SILBA)
-¡Scott!
¿Qué ha pasado? ¡Ah!
Gracias, hombre.
¡So!
(CHASQUEA LA LENGUA)
¡Pero si es agua!
¡De esto llevo yo aquí también!
Ah, ya decía yo. (RÍE)
Olfateo el whisky a cuatro millas. (RÍE)
Gracias. Este sol da una sed... (RÍE)
¿Adónde vas a pie?
¿Adónde voy a ir? A Maine City.
Es el único sitio habitado en 100 millas a la redonda.
¿Quieres subir?
Es que no puedo pagarle. No importa.
No me gusta viajar gratis. A cambio de ello guiaré.
¿Sabes guiar esto? ¿Que si sé guiar?
¿Y qué crees que he hecho durante los últimos 45 años?
Pues conducir calesines, coches, diligencias y carros
por los senderos de todos los estados.
Arre. ¿Sabes el camino?
Claro.
Mira, justo al otro lado de aquella colina,
allá abajo, está el río.
A la izquierda hay un viejo puente.
Y nada más pasarlo, empieza la carretera.
Luego, ocho millas de camino y estamos en Maine City.
¿Cómo te llamas? Esponja.
No, en nombre verdadero. Esponja.
Pero ¿qué clase de esponja? Hum.
Esponja de alcohol.
Ah, ya.
Oye, ¿puedes darme otro trago?
(RÍE)
Gracias, amigo.
¡Jía!
¡Eh! ¿Qué mosca te ha picado?
¿Tienes miedo de que la acabe? ¡No, mira atrás!
Bah, comancheros.
¿Adónde vas? El puente está más a la izquierda.
Eso es el río. Sí, ya lo sé.
¡Jía!
(Disparos)
(Disparos)
Buen tiro, abuelo.
¡Eh! ¿Adónde vas? Yo no sé nadar. No te preocupes.
Este cacharro es anfibio. ¡Jía! ¡Jía!
¡Jía!
¡Ah!
-¡Alto! Por aquí no hay vado. ¡Al puente!
-¿Qué haces? Estás mal de la cabeza.
El puente está a media milla de aquí. ¡So!
¿Y ahora qué diablos estás midiendo?
Treinta,
Además de loco, debes de estar sordo.
Bueno, mientras lo piensas, yo voy a echar un traguito.
-¡Atrás! -¡Cuidado!
-¡Atrás, todos!
Vámonos. -¡Jía, jía!
Hace años que no oía un petardazo así.
No ha estado mal.
-Atrás.
-(RÍE) Qué bueno. Eres un tío.
Dinamita, ¿eh? Sí, dinamita.
(RÍE)
Dinamita. ¿No serás, por casualidad, Dinamita Joe?
Justo. Párate.
Esto es cosa de locos, hombre.
Tres millas dando vueltas, 40 descargas de fusil
y yo, como un idiota, sentado tranquilamente
encima de un polvorín. Menuda broma. No, no.
Tendrás que acostumbrarte ya que vas a trabajar para mí.
Sube. Bastaba con que uno de esos disparos
hubiese llegado a su destino y ¡bum!
Del pobre Esponja no hubiese quedado ni el olor.
¿Trabajar para ti?
Oye, ¿a qué llamas tú trabajar? So.
Necesito un cochero pero ya encontraré algún otro.
¿Para guiar el qué?
Un buen sueldo y 100 dólares de anticipo en el acto.
¡Has encontrado al hombre que necesitas!
Por 100 dólares te llevo al fin del mundo.
Ya estoy trabajando.
¿Qué quieres? El anticipo.
Desconfiado. (RÍE)
¡Arre! ¡Sujétate, jefe!
So.
Espérame en el salón. Está bien, jefe.
¡Hasta luego!
Y búscame una habitación. Sí, señor.
¿El hotel está en el salón? -Sí, ese es.
So. So...
¿Tienen habitaciones? -Sí.
-No habrá agua.
-No. -Bueno.
(Relincho)
No puede pasar, forastero. Hoy está cerrado el banco.
Si no me equivoco, usted debe de ser el sheriff Stanton.
Yo soy Joe Ford.
¡Ah! Bienvenido, señor Ford. Pase, el director le está esperando.
(Llaman a la puerta)
Adelante.
-El señor Ford, señor director. -¡El señor Ford!
(RÍE)
Por fin tengo el placer de verle, ¿ha tenido un buen viaje?
Sí, completamente normal. Por favor, siéntese.
-No, no, gracias. Yo tengo que vigilar ahí fuera.
-Claro, claro.
Bueno, ¿dónde está ese oro? Aquí, pero chis.
¿Y todo el oro es ese de ahí?
(RÍE)
Chis.
Aquí está.
Es la fundición, ¿no? Claro.
Baje.
¿Qué le parece? Ajá.
Es interesante. Apasionante, querrá decir.
(RÍE) Sí.
Uno de los hermanos Warren, fundidores enviados por Washington.
Son magníficos profesionales.
De primera clase. Sí, sí, sí.
El señor Ford es con quien el senador Senneth ha tenido esta idea.
-Mucho gusto. -(RÍE)
Pase, por favor. Gracias.
¿La cantidad de oro ha sido suficiente?
Sí, sí. Claro.
Los cálculos resultaron perfectos.
Ocho libras de oro para darle flexibilidad, ¿le gusta?
Sí.
Y las otras piezas también estarán bien, supongo.
Venga. (RÍE) Venga y juzgue usted mismo.
Aquí lo tiene.
Vaya.
Es formidable. (RÍE)
Buen trabajo, ¿eh? ¿No lo cree?
Una vez pintada, nadie la distinguirá
de cualquier otra diligencia.
Hemos tomado como modelo los que usa la compañía Wells Fargo.
Se trata del tipo más corriente.
¿La guiará usted mismo?
No, no. He contratado un conductor.
Se llama Esponja. ¿Cómo?
¿Y cuándo estará terminada? Espero que sea mañana.
¿Saldrá enseguida?
Sí, enseguida.
Estará en Maine City.
Coge el caballo y vete ya al pueblo.
Sí. Y ten cuidado, imbécil.
No se te ocurra fallar esta vez. Con dos hombres tendrás suficiente.
Y no os acerquéis si lleva un maletín o una cerilla encendida.
No se preocupe, puede confiar... Es tu última oportunidad.
O mandas a ese hombre bajo tierra
o te aseguro que el que acabas eres tú. Andando.
(GRUÑE)
Hola, ¿qué tal te va, viajero?
Qué vestido rojo tan bonito llevas.
Debería estrangularte, señor Ford. Ah, ¿sí?
¿Entonces por qué no lo haces?
Cero. -(RÍE) He ganado.
¡He ganado! -Bien.
¿Me invitas? -(RÍE) Sí.
¡He ganado! (RÍE) He ganado. Mira, jefe.
He ganado todo esto a la ruleta. (RÍE)
Vamos, di, ¿qué es lo que quieres beber?
Eh... Champán francés. Uh, champán francés.
Camarero, champán para mi jefe.
(CANTA EN INGLÉS)
Eh... Pero ¿qué haces tú? ¿Te has vuelto loco?
-Loco no. Es que me molesta el humo y por eso no se debe fumar.
Es malo para la salud.
Eso puede ser verdad, amigo,
pero no es suficiente para vivir mucho.
Hay otras maneras de acortarse la vida.
Y tú has elegido una de ellas.
Eso lo veremos.
-Te llamas Dinamita Joe, ¿no?
Yo soy Joe Ford, y nada más. ¿De veras? Lo sabremos enseguida.
-¡Cuidado, cuidado!
-En estos casos, ¿qué haces?
¿No sacas la dinamita? No, no, no, no, no.
¿Me dejas limpiarme las manos?
¿Ves por qué prefiero la dinamita?
Estos juguetes se disparan seis veces y se acabó.
He dicho que no.
Ya. Has dicho que no.
Vamos, quitaos el cinto y los revólveres.
Joe.
Deja ese revólver. ¡No dispares!
Eh... Yo sólo he tirado el revólver que él tenía en la mano.
Era el mío, me lo habían quitado.
Caramba, qué final tienen algunos. ¿No le parece, sheriff?
¿Quiénes eran?
Mineros del lago Colton.
¿Dónde está eso? Allí, donde la cascada.
Ah.
Gracias, y no se disguste.
Salud. Salud.
(HACE GÁRGARAS) ¡Jefe!
Es azufre.
Sí, azufre.
Y donde sale azufre...
No puede haber oro. Exacto.
Bienvenido, señor Ford. Todos estamos aquí por usted.
Cuántos amigos. Muy bien, señor Ford.
Veo que se ha convertido en un buen detective.
Gracias. Hago lo que puedo.
Aunque a veces tropiece con un buen jarrón de flores.
Ya que estamos entre amigos
y, si esta es su mina,
¿de dónde demonios logran sacar el oro?
Vamos, señor Ford.
Ahora comienza a hacer preguntas con la esperanza
de retrasar en algunos segundos su ejecución.
Eso no es digno de usted.
Y como no es un estúpido, ya habrá comprendido
que el oro lo obtengo del asalto a las fracasadas expediciones
de mis ilustres colegas.
¿Y en esta ocasión piensa usted hacer lo mismo?
Satisfaga mi curiosidad, por favor.
Se va a tener que quedar con las ganas de saberlo.
¡Cuidado!
¡Sacadle de ahí!
¡Ah! -¡Detenedle!
Quítese de aquí.
Pero ¿usted de parte de quién está? ¡Detenedle!
¡Venid vosotros! Yo trabajo para Senneth.
Y entonces, ¿aquella broma tan graciosa del jardín?
(Disparo)
No sabía aquella noche que estabas metido en este asunto.
Creí que eras un tonto cualquiera. (RÍE) Qué bonito.
Si yo lo hubiese imaginado...
No dispares.
¿Cuántas balas te quedan todavía? Dos. ¿Por qué?
Consérvalas.
Adelante, idiota. Entra tú también.
Ya hay dos hombres dentro. ¿De qué sirve que vaya yo?
¡Salid de ahí!
¡No tenéis escapatoria!
¡Sólo existe esa salida!
Maldito. ¡Lo pagarás muy caro!
Traed aprisa la dinamita.
Esta vez va en serio. ¿Sabe alguien que estás aquí?
Por fin está lista. ¿Verdad que es bonita?
-No sé cómo le puede parecer bonito un viejo cacharro como este.
-Yo lo considero extraordinario.
-Pues yo lo encuentro horroroso. ¿Está claro?
-¿Por qué? -Por todo, hombre.
Está hecho con un material pesado.
No hay quien lo mueva.
Esto es un carromato de cuatro perras.
Vamos, dame la mecha.
Adentro.
¡Buen viaje, Ford! (RÍE)
Túmbate, abre la boca y tápate los oídos.
¡Oh! ¡Estás loco!
¡Ay! -¿Adónde vas con esa diligencia?
-¡Un momento!
¡Esponja!
Anda, yo te cojo.
¡Jía!
-¡Todos a caballo!
-¿En cuántos pedazos habrá terminado, jefe?
(RÍE) Eso es igual.
Esta mina no tiene más que una salida.
Y en el mejor de los casos morirán ahogados.
¡Eh, vámonos al pueblo!
Betty. ¡Betty!
Seguro. En el paraíso no puede haber tanto polvo.
¿Qué ha pasado? Es una corriente de aire.
Ayúdame. Empuja.
¡Fuerte!
Debe de ser un viejo almacén de la mina.
Hemos tenido suerte.
Entre todos estos cachivaches encontraremos algo que sea útil.
Ojalá.
¡Petróleo!
¡Ve a buscar el rifle!
Mira la llama.
Todavía continúa la corriente de aire.
Vamos a seguirla. Ten, coge esto.
Viene de este lado.
Sí, no hay duda. Viene de aquí.
¡Despacio, despacio! ¡Tenga cuidado, se lo ruego!
Hay una abertura. Ven.
Desde aquí se ve todo el valle.
Estamos encima de la cascada.
Por lo menos no moriremos por falta de aire.
Hay que seguir buscando.
¿Qué es eso? Parecen pozos.
Dame la cuerda. Enseguida.
Se ve agua en el fondo.
Debe de ser la corriente subterránea que forma la cascada.
¿En qué estás pensando?
¿Puedo ayudarte?
Aprovechando estos pozos podría provocar una explosión
que derrumbase media montaña sobre la cabeza de Jury.
Y sobre las nuestras. Esto es carbón.
Claro. Una explosión.
Carbón,
estamos en una mina de azufre
¡y aquí hay salitre!
Tenemos que regresar enseguida al almacén.
Quizá podamos conseguirlo.
¡Despacio! ¡Despacio!
¡Despacio!
¡So!
¡Oh! Oh...
¿Qué ocurre? ¿Por qué te detienes?
Creo que hemos tropezado con algo. -Puede ser.
-Ah, se ha descentrado el eje. Maldita sea.
-Cuidado, se puede romper la rueda. -Hay que apalancar.
-No, por favor. Será suficiente con andar más despacio.
-Eh, sheriff. Eche una mano para levantar el eje.
-No, no... -Eh, muchachos, venid aquí.
-(TITUBEA) Escuche, por favor. Escúcheme...
-Joe está en peligro, y así no llegaremos.
Pero ¿qué diablos hace? ¡Quítese de ahí!
Vamos, chicos, todos.
-(GRITAN)
-Otra vez.
-(GRITAN)
Ahora, la mecha.
Ya está. ¿Te hace falta aún más salitre?
Sí.
Con las balas que te quedan
y con tanto azufre, si no consigo hacer una gran explosión,
dejo de ser Dinamita Joe.
(RÍEN)
-Todo listo, jefe.
Amigos, propongo un brindis a la memoria de Dinamita Joe.
(RÍEN)
El tercero. Esto ya está listo.
Vamos.
Coge la antorcha.
Hace falta que la mecha esté bien colocada
o corremos el riesgo de que las sotas no prendan.
Todas las cargas deben hacer explosión al mismo tiempo.
No sé si funcionará
pero, aun así, es un experimento interesante.
Sí. Vamos.
Dame un beso. Puede que sea el último.
¡Eh! Mirad allí. Se ha derrumbado la entrada de la mina.
Joe... ¿Qué le habrá pasado?
¡Joe!
¡Joe!
Y ahora, tápate los oídos. Y abro la boca.
Sí. Y reza.
(Murmullo)
(Gritos)
(Gritos)
(SOLLOZA) Joe...
(LLORA) Se ha sacrificado por nosotros.
Y por la patria.
(LLORA)
Lo veo y no lo creo.
¡Joe!
¡Joe! Vamos a bajarle. ¡Vamos!
¡Joe! No te apresures, hazlo con calma.
(SILBA)
Quiero hablar con el jefe.
(RÍE)
No dejo que arreglen los escalones
porque así hay tiempo de prevenirse antes de que llegue alguien.
(RÍE)
Adelante, amigo.
Bien, ¿qué vienes a proponerme hoy, Jury?
La última vez no pudimos llegar a un acuerdo.
Otra cosa. He sabido que alguien te ha dejado sin tus hombres
de un solo golpe.
(RÍE) Noticias como esas las lleva el viento.
el mayor negocio que hayas podido imaginar.
(RÍE) ¿Un negocio para quién? ¿Para ti?
Te ofrezco el 30 % del cargamento de oro más grande
que se conoce, y sin esfuerzos.
¿De veras? Bah.
El viento también me ha dicho que ese cargamento
tiene un guardián muy peligroso. ¿Joe Ford?
Ha muerto. ¿Muerto?
Viento. Vamos, díselo tú.
-Joe Ford goza de magnífica salud, señor.
Eso no es posible.
El viento no miente nunca.
Te diré.
Con la escolta normal,
tendrías que darme por lo menos el 50 %,
y en este caso, agregado este guardián especial
a la escolta corriente, comprenderás
que no puedo hacerlo por menos del 60 %.
-Este...
-¿Es posible? -Seguro, señor.
-¿Seguro? -Es cierto.
-Realmente no eres muy afortunado, mi pobre amigo.
Ahora tendrás que llegar al 70 %.
El viento me ha dicho que el oro tiene además una escolta secreta.
(RÍE)
-Nadie se dará cuenta, mi plan es perfecto.
-Ojalá.
-A caballo los de la escolta.
-Qué manera de hacer las cosas.
Mirad cómo preparáis estos saquitos.
¿Queréis que se den cuenta de que no es oro?
No pienso jugarme por vuestra culpa 35 años de carrera honrada.
Así.
(RÍE)
Este es el último.
¿Estás seguro de poder hacerlo? Desde luego.
(RÍE) Hay que frenar con las riendas
porque en cuanto se toque el freno, se enciende la chispa
y a saltar por los aires. (RÍE) Muy sencillo.
Ojalá sea así.
Es perfecto.
Desafío a que descubran el truco.
Recuerda que no hay que frenar jamás, ¿eh, Esponja?
(RÍE) Puedes estar tranquilo, jefe.
-Papá. -Chis.
No me llames papá, calla la boca.
-Papá. -Voy en misión secreta.
-Papá, escucha. El chal... -Calla, y no me llames papá.
Papá me ha dicho que si le prestas el chal para la fiesta del párroco.
-Toma. Y quítate de en medio, largo.
-Soldados y auxiliares jurados.
En nombre del senador Senneth y, por tanto, del Gobierno,
tomo el mando de esta expedición.
Si nos atacan, como es seguro que lo harán,
confío en que sabréis defender el oro de la nación.
Y no solamente eso.
También nuestro deber consiste en arrancar de raíz
el bandolerismo de esta tierra que nos es tan querida.
Como ha dicho el senador Senneth,
la nuestra es una misión delicadísima.
Espero que me hayáis comprendido.
Atención, pelotón,
adelante.
-Hombres vestidos de mujer. Bah, qué tiempos.
Excelencia. Gracias.
(Piano)
Jefe, voy a probar suerte a la ruleta.
Si gano, te invito a beber. Pero ¿con qué juego?
Toma. No llores. ¡Uh! ¿Me lo juego o me lo bebo?
Bah.
¡Un whisky doble!
Deme mi llave.
Gracias.
Estúpido. Yo te pago para tocar música seria.
-Perdona.
(RÍE)
Pero qué vestido azul tan...
Puedes dejar de hacerte el gracioso y entra ahí. Yo no bromeo.
No creerás que he arriesgado los huesos
sólo por el gusto de verte abrazar a esa rubia.
Pero es que no es una rubia, es una colega.
Y los abrazos de las colegas son distintos.
Te lo demuestro enseguida si quitas ese revólver.
Yo, en cambio, te demostraré lo que es capaz de hacer una morena.
No te muevas.
(RÍE)
Y ahora, ya no te dejo salir de aquí.
Tengo que ir a poner un telegrama,
es decir, dos telegramas, y son muy urgentes.
Oh, de eso no te preocupes.
Tú escríbelos y verás qué pronto los hago llegar a su destino
sin que te molestes.
Que no confíes en mi palabra es algo que me ofende.
Oh, no te extrañes de eso.
Son precauciones normales.
En cuanto al baño, como ves, no tiene puerta.
Ni siquiera una ventana.
¿Y por cuánto tiempo piensas tenerme prisionero?
Pues no lo sé, es difícil decirlo.
Verás, mis compañeras del ballet han decidido marcharse del pueblo.
Ah, entonces tendrás que hacer tus maletas.
Vamos, chicas, daos prisa.
-¿Y esto? -Ponlo ahí detrás.
-"El trabajo es el trabajo, pero el amor es maravilloso.
Yo me quedo". Para mí, esa está loca.
Nuestra Rita no viene.
Debe de tener sus buenas razones.
-Habrá enloquecido de felicidad. -Tú sí que eres una loca.
Vamos, todas arriba. Tenemos que marcharnos.
-(RÍEN) -Dale, dale.
-Deprisa.
-Hazme sitio. -Vamos.
-(RÍEN)
-Ya podemos arrancar.
-¡Jía, jía!
Este es el primero. Bueno.
Y este otro, el segundo. Muy bien.
Le repito que el segundo telegrama
tiene que llegar dos horas después que el primero.
Calcúlelo así al transmitirlo.
Si llegasen juntos sería una verdadera catástrofe.
Echaría por tierra los cálculos de medio senado.
No se preocupe. Hasta la vista.
¿Ya está listo, jefe?
Esponja, por favor, mi maletín.
Gracias.
¡Ah! Buenos días.
Supongo que habrás descansado bien. Sí.
Yo diría que espléndidamente. ¿Cómo vas tú solo?
¿No viaja contigo esa morenita? Mi misión aún no ha terminado.
Empieza ahora.
¿Nos vamos, jefe?
Sí, sí. Cuando quieras.
¡Jía, jía!
Creo, caballeros, que este telegrama demuestra
que yo tenía razón.
Todo marcha inmejorablemente. -¿Y cuándo saldrá el oro?
Yo iré enseguida a reunirme con la expedición en Fort Brent.
-¿Irá usted en persona? -Sí, estimo en mucho ese oro.
-Ochenta. Bah.
No creo que sean más de 50.
No, 80 % para mí.
Los conozco. -¡Jury!
-Y son muy buenos tiradores.
-Un hombre quiere hablar contigo.
-¡Eh!
¿Qué hace aquí?
(RÍE)
Es que a veces sucede que 35 años
de carrera honrada no compensan.
El 10 %. De acuerdo.
(RÍE) Muy bien.
Jury, escucha.
Ahora quiero el 90 %.
¿Cuántos hombres necesitas? Veinte.
Son demasiados, te puedes arreglar con...
No.
Y el 20 % es lo más que puedo darte.
Te presento a nuestro nuevo socio.
Además, el oro no está allí,
sino ahí.
Un oro fácilmente capturable.
Y muy bien pagado con el 20 %.
En vista de que el senador Senneth ha querido partir inmediatamente
y que la cuestión ha sido debatida, declaro terminada la reunión.
Gracias.
Está dirigido al decano.
Tendría que abrirlo Senneth, pero...
¿Eh?
Jaque. Muy bien.
Pero es jaque mate.
Ahora un beso para el vencedor.
Eh, jefe. Me parece que tenemos visita.
(Disparos)
¡Jía, jía!
¡Jefe! Delante de nosotros va otra diligencia.
Acércate todo lo que puedas.
¡Galopad!
¡Que no pasen el desfiladero!
Hay que alcanzarles.
¡Vuela hasta Fort Brent! ¿Qué pasa?
¡Mira lo que viene ahí detrás! ¡Unos bandidos!
-(GRITA)
Ponte al lado de la otra diligencia.
Eh, tú, ven a echarme una mano.
Toma las riendas.
¡Jía! Esponja, dame la dinamita.
¡Jía, jía! Pasa adelante.
¡Jía! ¡Vamos!
¡Jía!
-¡Jía! ¡Jía!
¡Vamos!
¡Más rápido, más!
¡Alto!
¡Vamos por el otro desfiladero! ¡No perdáis el tiempo!
-(RÍE)
-(RÍEN)
Ya se ve el fuerte.
(RÍE)
Mira, estamos llegando.
-Están casi en el fuerte, ¿qué hacemos ahora?
Pues atacarlo. Reúne a tus hombres.
Por mí, como tú quieras.
(Murmullo)
Por fin hemos llegado.
¿Dónde está el comandante del fuerte?
Ha salido con toda la guarnición. ¿Y cuántos habéis quedado aquí?
Tres heridos, el cocinero y yo.
¿Y nadie más? No, nadie.
Oiga, dígame, ¿qué pasa?
¿Es que se han vuelto locos? -Vamos, deprisa.
¿Es esa la armería? Sí, esa es.
Bien, saca municiones y dinamita, si es que hay.
Sí. Eh, chicas, venid.
Seguidle. Vamos. Ven tú también.
Daos prisa, no os quedéis atrás.
Vamos, vamos.
Tomad, uno para cada una.
Si no sabéis cargarlos, la señorita Betty os enseñará.
Toma.
-Sí, ya sabemos disparar. -Sí.
Rápido. Daos prisa. Vamos, Betty.
¡Eh! ¿Quieres saltar por el aire?
-Toma.
Bravo, Esponja. Con esto me siento más tranquilo.
(RÍE) ¡Ven, guapa!
Tú vete al lado de allá. Anda.
¿Y yo? ¿Qué hago? Sube al puesto de vigía.
(Disparo)
¡Vamos, atacad!
¡Adelante, adelante!
-¡Otro! (RÍE)
-Oro fácil, ¿eh?
¡Volved atrás, cobardes!
¿Os vais a dejar detener por un puñado de mujeres?
¡Atacad!
¡Adelante, canallas!
¡Eh, tú! ¿Funciona eso?
-¡Hasta hace dos años ha funcionado!
-Estupendo. (RÍE)
Tú, cocinero. Échame una mano.
Y tú, ayuda a empujar también, anda.
Vamos.
Así.
Tú, ayúdame, que vamos a traer cargas.
-¡Joe, Joe!
Se acaban las municiones. Ve por más.
A la armería.
Atacan por el otro lado. Avisa a los otros y ayúdales.
Llegas a tiempo. ¿De veras?
Me he quedado sin municiones.
Una muchacha ha ido a buscarlas a la armería.
(RÍE)
-Ahora atacan por allí. Sube a la terraza.
He encontrado estas y parecen estropeadas.
Tiene que haber más. Acompáñala tú.
El retroceso.
-¡Venid a ayudarme!
-Se les acabó la dinamita. ¡Atacad todos!
Ochenta.
Sí, ochenta.
Mirad, vuelven a atacar.
Todavía no tienen bastante.
¡Mira!
-¡Tíralo ahí!
No podemos seguir, ya no hay municiones.
Yo también sé usar la dinamita.
¡Adelante, muchachos! ¡Adelante!
-¡Eh, quita! -(GRITA)
-(GRITAN)
-Vamos, aprisa.
Vamos.
Vamos, adentro.
¡Sube! -¡Quieta!
-(GRITA)
-(AMBOS) A la orden.
-Oye.
Ven, abuelo. -¿Adónde?
-Calla, vejestorio.
-(RÍE) Noventa. Me lo merezco, ¿no?
Sí.
¡Tiren! (RÍE)
-Quieta.
-Ánimo, muchachos. Saquead el fuerte.
Yo quiero tan sólo la diligencia.
Una diligencia que vale mucho.
-¿La llevamos con las otras?
-No.
Quiero reservarle la misma suerte que a su amado Joe.
-La diligencia es tuya, jefe.
-No quiero oír jaleo.
Trae.
Ah...
(RÍE)
Qué triste estás, gringo.
(RÍE) Te diviertes, ¿eh?
Oh, qué guapa.
Lo siento.
Anda.
(RÍE)
Ay, querido Ford. Debías saber por experiencia
que quien de dinamita vive de de dinamita muere.
Buena muerte, señores.
(Disparos)
Eso es llegar a tiempo. ¡Ay!
Vaya, hombre, por fin nos libertan.
No te alegres todavía.
¿Es esta mi diligencia? -Claro, senador.
Sí, es vuestro oro.
Muy bien, Joe.
Has prestado un gran servicio
a mis finanzas personales.
Ahora el oro es mío, ¿está claro? Ya.
¡Vamos! Llevaos esas chicas de aquí.
Todo el botín es vuestro.
Mis hombres no comprenderán por qué me conformo sólo
con una vieja diligencia.
Pero tú, Joe, que eres un hombre inteligente,
¿no crees que ha sido un plan verdaderamente perfecto?
Ha sido tan perfecto que yo me lo he creído.
Oh... Por favor, no seas modesto, Joe.
Es que un plan perfecto necesita de un hombre excepcional.
Y tú realmente lo has sido.
Con esta última operación,
he decidido cerrar dignamente una brillante carrera política.
Claro que
siento perder la jubilación,
pero no se puede tener todo en esta vida.
-(RÍE)
¿Qué te parece, vejestorio? Llegan los nuestros.
Engordar para morir. (RÍE)
-Puntuales, como siempre.
Estarán aquí a las 12 en punto, dentro de 13 minutos.
Pero antes de buscar refugio en México,
terminaré con ustedes. Todo está calculado perfectamente.
¿Sabías que la frontera estaba a siete millas de aquí?
En mi vida había tropezado con un asesino como tú, Senneth.
Oh...
Senador Senneth.
Senador por voluntad del pueblo.
Con todos los derechos correspondientes:
legislativos, judiciales y de retiro.
-¡Senador! ¡Senador Senneth!
Señor Senneth,
por mi propia voluntad. (RÍE)
Señores.
Esponja, sácame un cigarro del bolsillo.
¿Un cigarro? ¿Vas a fumar ahora? Tú dámelo y calla.
No, no, en ese no. En el otro.
¡Alto!
Las explosiones vienen del fuerte. -Mire, teniente. La diligencia.
-¡A la carga!
-Dame las riendas.
Coge el rifle.
-Senador Senneth. -Ha llegado a tiempo, sheriff.
Esos hombres me persiguen. -¡Atención!
-Jía, jía. ¡Jía!
Los fósforos están en el bolsillo. Enseguida.
-¡Todo el mundo a tierra!
(Murmullos)
-¿Por qué perseguía al senador? -¡Corred!
-¡Eh, al fuerte!
Coge.
Ahora dámelo.
¡Cuidado!
¡Bendita agua!
-Pero ¿qué pasa? Luego se lo explicaré.
Rápido, muchachas, rápido. Desatadlos pronto.
-(GRITAN)
(GRITAN)
-¡Ford, Ford!
¿Y la diligencia de oro?
Gracias a Dios que estáis a salvo. ¿Dónde está ese traidor de Senneth?
Gracias a nuestro magnífico sheriff,
el exsenador Senneth está a punto de atravesar la frontera.
¿Quieren comprobarlo? Vengan.
Ese canalla. -Maldito sea.
Vamos, deprisa. Se ha llevado nuestro oro.
Robarnos el dinero. Condenado senador...
Con la horca lo pagará.
Cuidado.
Tenga.
Ese bandido dentro de pocos metros estará al otro lado de la frontera.
-Seguro. -Si no frena.
Pero ha frenado. Déjame ver.
Se acabó.
Toma.
Nos habrá costado caro, pero ha tenido el fin que merecía.
-(RÍEN)
-Hay algo que aún no comprendo.
Si usted sospechaba ya de Senneth, ¿por qué no le ha denunciado antes?
Porque no tenía pruebas.
Y la única manera de desenmascararle era secundarle en su plan.
Claro, es natural. La conducta de este hombre ha sido perfecta.
Oye, ¿sabes que mientras estuve atada con vosotros
me hice a mí misma una promesa?
¿Y cuál es?
(RÍE) Que si salía con vida de esta aventura,
te seguiría siempre a todas partes.
Qué escena tan conmovedora. (RÍE)
Queríamos decirle, querido amigo, que, a pesar de la pérdida del oro
y en consideración a todo lo que ha hecho por salvarlo
y desenmascarar a nuestros enemigos, respetaremos su porcentaje.
Señores, yo siempre gano honradamente mis porcentajes.
Y me libro muy bien de hacerlos volar con dinamita.
Vuestro oro está a salvo. ¿Eh?
¿Le he entendido bien? ¿Han oído ustedes?
En nombre del cielo, Ford, no bromee. ¿Qué es lo que quiere decir?
¿Dónde está el oro?
Lo he hecho llegar a su destino por el medio más sencillo conocido.
¿Cuál? Por el correo, señores.
Esponja, ¿a qué hora pasa por aquí la diligencia postal?
A mediodía.
¡Ah! ¡Ahí está ya!
-¡So!
-Pero ¿está seguro?
¿No está bromeando? Calma, calma.
Señores, miren.
Aquí está su oro.
¡Qué idea tan maravillosa, señor Ford!
En la parada he sustituido la diligencia
y nosotros hemos hecho el viaje en la de verdad.
Ah.
Hombre, mira quién está aquí. (RÍE)
Y con su bonito vestido rojo. Joe Ford, debería ahorcarte.
No.
Ah... También ha venido la colega.
Pues esta vez no voy a hacer de espectadora.
Despacio.
Apártense de la diligencia. -Cuidado, despacio.
-Nos la van a llevar. -Cuidado, por favor.
No rompan la diligencia.
-Señores, algo terrible. El senador Senneth es un traidor.
-Gracias por la noticia.
Ah...
Joe.
Joe. ¡Joe!
(Murmullo)
Bueno, ya recibí el anticipo. Ahora dame la cuenta total.
La misión se ha terminado. (RÍE)
(RÍE) Gracias, jefe.
(RÍE)
Trae. Trae, trae las riendas.
Aquí, entre nosotros, necesito un poco de tranquilidad.
Casi estoy dispuesto a retirarme. ¿Eh?
¿Que te retiras? Sí.
Bueno. ¿Y qué vas a hacer?
Pues podré meterme a constructor de diligencias.
Creo que es una buena idea.
Es una industria con un gran porvenir.
Parece que estoy viendo los grandes anuncios.
Hay una diligencia Ford en vuestro futuro.
¿Qué? ¿Te gusta?
(GRITA)
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