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Zulu
Sí, diga.
¿No vienes?
¿Qué hora es?
No me digas que estabas durmiendo.
Hoy empiezo el ciclo Dreyer.
El ciclo Dreyer, claro.
Llevas una semana hablando del ciclo Dreyer.
¿Te vas a perder mi presentación?
El hijo de una amiga de mi madre llega hace tarde. Tengo que esperarle.
Mamá ya sabes que está fuera.
Luego me paso por el cineclub.
Parece que ha venido poca gente.
Pues es una pena, porque la copia que ha mandado la embajada de Anet está nueva.
Nos dejamos con esa pobreza cinematográfica y cuando hay algo bueno
responde. Muchos de los que vienen aquí acuden porque la entrada es barata y hay
calefacción.
Las películas importan menos.
También hay aficionados de verdad, los pocos que se quedan al coloquio. Pero no
te desanimes, lo has cumplido.
El ciclo de leer está mío como tuyo.
He disfrutado mucho preparándolo.
No hay muchas chicas como tú.
Ya, debo ser la única proyeccionista en todo el territorio nacional.
A vosotras del cine os importa menos.
Menos.
Voy a presentar la película.
Te escucharé desde aquí.
Con la proyección de Vampy, realizada en 1932, comenzamos el ciclo dedicado a
Carl Theodor Dreyer.
Director danés considerado uno de los genios del cine.
¿Qué es un vampiro?, se pregunta Dreyer.
Más allá de los dientes afilados, de la sangre en el cuello, de las estacas y de
las tumbas, todos somos vampiros de un modo u otro.
Aquí se plantea ya una problemática que el autor irá desarrollando en sus
películas posteriores.
La vida como un misterio que no puede explicar por sí sola ni la religión, ni
psicología, ni la sociología, ni la historia.
Pero no os asustéis porque no vamos a asistir a una lección de filosofía
profunda.
Vamos a ver una película que luego, si os parece, comentaremos en el coloquio.
Hola, Elena.
Soy Santi.
¿Te acuerdas de mí?
No.
Perdona, pasa.
Pasa.
Yo te he reconocido enseguida.
En la playa de las Arenas te llamaba monito y te tiraba de las coletas.
¿Cuántos años tenía?
No más de diez o doce.
Menudo éxito.
Mi presentación la he debido a asustarle.
No encené con mensaje hecho para atrás.
Todas las películas tienen su mensaje. Hasta las que se anuncian como
diversiones intrascendentes.
Mira, una espectadora rezagada.
Ha venido poca gente y nadie se ha quedado al coloquio.
Los coloquios son para los pegantes y los idiotas.
Si hubieras visto la película no dirías eso.
Te acuerdas de Julia, ¿verdad?
El alma del cine club.
El alma y el cuerpo.
Es la única compensación de vivir en el colegio mayor.
La semana que viene la gente se animará.
¿Ya lo veréis?
Yo espero que no te pierdas la película.
Te lo prometo.
Os dejo.
Una chica maja.
Está haciendo el doctorado.
Un poquito ordinaria.
Me parece.
Muy aficionada al cine.
Es la que se encarga de todo, desde contratar las películas hasta
¿Y qué le gusta más?
¿El cine o tú?
Me hubiese gustado ver tu presentación.
He lanzado la idea de que todos somos en algún momento vampiros y vampiras.
¿Qué estupidez?
¿Sí? ¿Tú eres un vampiro?
A veces me gustaría.
¿Chuparme la sangre?
Salta hasta perder el sentido.
Soy tío Tao.
¿Me has perdonado ya el plantón?
Sabes que sí.
Contigo da gusto.
Yo estoy a tu merced.
Puedes hacer conmigo lo que se te antoje.
Pero no quiero.
Soy tu esclavo.
Tu más fiel y seguro servidor.
A veces pienso que para ti el cine es más importante que yo.
Te ocupas toda mi pantalla mental, te lo aseguro.
Solo cuando llegas tarde como hoy, puedo proyectar en mi cabeza alguna otra obra
maestra del cinematógrafo.
Qué bobo eres.
Yo te quiero muchísimo, Elena.
Muchísimo.
Y no sé cómo demostrártelo.
Siempre me parece que no estoy a tu altura, que... No acabo de entenderte,
esperas de mí algo que no soy capaz de darte.
Me gustaría que adivinaras lo que siento y lo que pienso en cada momento con
solo mirarme a los ojos como ahora.
Para ahorrarnos las explicaciones.
Me cuesta un triunfo separarme de ti.
Es como si me partiera por la mitad.
Está visto que las tinieblas nos perciben.
Me he
preguntado por tu
huésped.
¿Es un cura?
Hijo de una íntima amiga de mamá.
¿Tiene que hospedarse en tu casa?
Eso mismo le he dicho yo.
Pero su orden es modesta, según él, y no tiene residencia aquí.
Mamá no podía negarse a recibir al hijo de Corito.
¿Tu madre te deja sola con un hombre en casa?
No es un hombre, sino un cura.
Y en cuanto pase el reconocimiento médico, se irá.
Hola. Elena.
Aquí me tienes, estudiando todos los pottingers que tengo que tomar.
¿Vienes de la facultad?
Clase de geografía humana.
Indígenas, tribus, religiones primitivas.
Ah.
Yo voy al Camerún, a un poblado muy pobre.
Y llevo meses estudiando las costumbres de las aldeas africanas.
No me imaginaba hacia los misioneros.
Claro. Me falta la barba, el hábito blanco y un gran crucifijo en el pecho.
¿Verdad?
Exactamente. ¿Me mandarás una foto rodeada de niños negros con un hachazo a
lado y un elefante al otro?
Te lo prometo.
Te invito al aperitivo.
Pensaba hacer una visita.
¿A quién?
Al Santísimo.
¿Me acompañas?
Qué buena idea haber venido.
¿Verdad?
¿Cuándo te vas?
Pronto, espero.
¿Qué te han dicho los médicos?
Nada.
Nada, estoy sanísimo, pero antes de ir a África es obligatorio un examen a
fondo. Me he pasado toda la mañana en la clínica.
Lo más molesto son las vacunas.
Me han pinchado.
Me han pinchado, obligado a tragar papillas de cal y hasta dañado.
Mira.
No es nada.
Me has impresionado hace un rato en la iglesia.
¿Por?
Estabas en otro mundo.
Sí, un poco sí.
¿Prezabas?
Sí.
¿Te molesta hablar de esto?
No.
¿Así que rezabas?
Pedía por ti.
¿Qué pedías?
¿Mi salvación eterna?
No tanto.
¿Necesito la intervención del cielo?
Uy, todos la necesitamos.
Me admira tu seguridad.
No creas que es tan sólida.
No te imagino triste.
También lo estoy.
A veces.
No sé, no sé.
La tristeza no es tan terrible.
¿No? No.
Lo malo es la desesperación.
Un pecado contra el Espíritu Santo.
Pues yo no creo que haya cometido nunca un pecado mortal.
Pero el Dios que me han enseñado no me llena.
No me ilumina, no... No me convence.
Me asusta más bien.
Esto normalmente no hablo con nadie, como comprenderás.
¿Y con tu novio?
¿Por qué seguro que tienes novio? Tener novio es casi una obligación.
¿Tanto como una obligación?
Por no decir un sacramento.
El amor es también una misión.
Tal vez la más sublime de todas.
A ver, ¿qué nos ha preparado Trini para comer?
¿Lo de la choza era verdad?
Bueno, y ese es un palacio, al lado de otros cuchitriles.
Mira esta, por ejemplo.
¿Pero dónde está la casa?
Yo ahí no veo más que un árbol y el lago.
El árbol es la casa.
¿Y tú vas a vivir ahí como un chimpancé?
¿Estarás solo?
Voy a ayudar a un dominico que lleva 50 años integrado en la tribu.
A 100 kilómetros del poblado hay un pequeño hospital, atendido por
la Sagrada Familia.
O sea que vas a estar feliz.
Un sacerdote nunca está solo.
Cristo está con él, sosteniéndolo. Para que no se caiga de la rama mientras
duerme.
Aunque no siempre basta, ¿sabes?
Cristo cae a menudo.
Es lo que se ha llamado el silencio de Dios.
Conmigo no habla, desde luego.
Seguro que sí.
Sí. No lo dudes.
Habla a su manera, misteriosamente.
Te propone, te ofrece, te aconseja, te guía, respetando siempre
tu libertad.
En este sitio no harán falta misioneras celulares.
Claro que sí.
Bueno, una mujer como tú sería una bendición en el fin del mundo.
¿Vendrías?
Para mí sería una auténtica aventura.
Lejos de esta vida de aquí tan pequeñita y tan monótona.
Mi director espiritual me decía que en las misiones se sirve a Dios del modo
puro y auténtico.
Pero te confieso que a mí también me atrae la aventura.
Me horrorizaría sepultarme aquí de coadjutor en un pueblo rodeado de beatas
con un párroco que juega al dominó con el alcalde fanagista y el sargento de la
Guardia Civil.
Dicho así, reconozco que suena fatal.
Nadie nos queda hasta tarde, ¿no te acuerdas?
Carlos, tú no conoces a Santi.
Está a punto de irse a las misiones.
Encantado, Carlos.
Para mí las misiones eran la película de las minas del rey Salomón.
Hasta que una tía mía monja se fue a ceilar.
De misionera, aunque según sus cartas trabajaba más bien en la enfermería, en
escuela y en la huerta.
Sí, ahí hay que hacer de todo.
A las almas que llegan a través del cuerpo.
Lo que me recuerda es que tengo que volver a la clínica.
Os dejo tranquilos.
Tienen que vacunarle para irse a África.
Yo también me iré a África.
Pero no a los misiones, sino a buscar las minas del Rey Salomón que no
encontrarán en Cuaternoy.
Y tú, Elena, vendrías conmigo para convertirte en la mensajería de la
expedición.
Anda, fíjate de tonterías.
¿Ha acabado ya el reconocimiento médico?
Ven. Quiero repasar contigo una lección de figuración más.
Santi tiene cara de santo.
Te oyes hablar y parece que Dios fuera amigo suyo.
La religión puede ser muy consoladora, ya lo sé.
Tu religión es el cine.
Mi religión eres tú.
Yo te quiero, Carlos.
Pero quiero quererte más.
Quisiera huir contigo.
Hacer una locura.
Irme a las misiones.
Amor.
Estoy triste.
¿Ves? Aquí están los datos.
Y aquí.
Y aquí.
De lo que se trata, sobre todo, es de relacionar los recursos con la densidad
población sin que tengas que preocuparte demasiado por las vidas.
¿En qué piensas?
De pronto te he visto como mi marido.
Quisiera darlos idea de un momento.
¿En casa?
Tú trabajando y yo mirándote.
Pasando la tarde como un matrimonio normal.
¿Te gustaba la idea?
No sé.
Sí lo sabes.
He sentido paz.
Pero también... ¿También?
¿Has visto lo que querías?
No hay nadie más listo, más guapo ni más eficiente.
Adelante.
¿Ah? Hola, Elena.
Julia.
Perdona.
Carlos no ha llegado aún.
Hoy me he adelantado yo.
Pasa si quieres.
¿Cómo se te ocurrió dedicarte a esto?
A esto no me dedico.
¿Y a qué te dedicas?
Prepara una tele.
Sobre Charlotte.
La síntesis de la clorofila en las notas venenosas.
¿A qué has venido?
Sentía curiosidad.
Por asomarte en territorio desconocido.
Algo así.
Pues ya ves que una cabina de proyección no es un lugar muy acogedor.
Según... tú lo has dicho.
Según... te digo lo que pienso.
Me parece que tienes mucho mérito.
¿Tú crees?
La película de hoy te va a gustar. Ya lo verás.
Hola.
Hola. Carlos.
He invitado a Santiago en el club.
Voy a ver si ha llegado ya.
¿Todavía no se ha ido a botezar negritos?
Julia.
Gracias.
La lección de hoy ha sido muy interesante.
¿Quién es Santi?
Santi es un cura amigo de la familia, que está aquí de paso a las misiones.
Ah, pues si la cosa se pone fea, puedes echar mano de él en el coloquio.
No es mala idea.
Mira lo que he recibido de una amiga que trabaja en Paris.
¿Quién sabía ser este señor?
Siempre deja abierta la interpretación del espectador.
Es lo malo de ser espectador.
Tienes que contentarte con sufrir.
A tu novia le gusta poco el cine, me parece.
Es verdad.
¿Y qué le gusta?
La antropología.
Una chica muy mona.
¿Tú tienes novio?
Tampoco le gusta el cine.
¿Ha venido por aquí?
Está en mi pueblo.
Tiene una próspera farmacia y hemos quedado en casarnos cuando yo sea la
Padre Antonio, qué paciencia tiene conmigo.
No te apetece volver al pueblo.
No es un pueblo.
Llamo pueblo a nuestra capital de provincia.
Gracias, Padre Antonio.
A Madrid no he venido a hacer la tesis.
He venido a... otra cosa.
La tesis era un pretexto.
Está ya muy adelantada, pero era un pretexto.
¿A qué has venido a Madrid?
Llévatela. Ya la he leído.
Bueno, gracias.
Te la cuidaré como en un baño.
Me voy a bajar.
La película es una crítica de la intransigencia.
La religión sirve como coartada a una historia de cuernos, con perdón.
La pobre chica rubia morirá quemada por adúltera, aunque la acusen de brujería.
La pecadora es la buena.
Ya me entendéis.
Y los buenos, curas, señoras virtuosas y pueblo inculto, los malos. Menos mal
que no somos protestantes.
Sí.
Es verdad lo que tú dices, pero yo quiero apuntar una cosa.
El ambiente es protestante, pero la represión es típicamente católica.
La hoguera es el símbolo de la Inquisición. El pastor podría ser el
conocemos. Y la suegra, cualquier beata española vestida de negro.
A ver, a ver, a ver. Por favor, escuchad un momento.
Tenemos hoy aquí un amigo al que voy a pedir su opinión.
Santi es sacerdote y está a punto de irse a África a evangelizar infieles.
Hola a todos, yo soy Santi y, aunque es verdad lo que ha dicho Carlos, no me
considero ningún experto en cine.
Para mí la película es una meditación sobre el pecado.
La esposa peca al engañar a su marido con el hijo de este, un pecado que
presenta como un episodio feliz, con sol y abrazos entre las flores.
Serán los buenos, como bien decía nuestro compañero, los auténticos
quemando a la mujer feliz por el hecho de ser feliz.
Una conclusión moralmente heterodoxa. Queda que pensar.
Nuestro amigo el cura no nos ha aclarado el dilema.
Es una burrada que quemen a la chica rubia, pero no cabe duda de que se ha
portado fatal.
La película plantea un conflicto entre la fidelidad y el amor, me parece a mí.
Hay que renunciar al amor para mantenerse fiel.
Los amantes de Diez Ide traicionan al padre, al marido y, en última instancia,
Dios.
Ahí hacen ser condenados por entregarse un impulso más fuerte que ellos mismos.
Ahí está la clave, creo yo. No olvidemos que lo que en esta película se debate
no es tanto el papel de Dios en el mundo, sino los abusos de poder.
Y de eso nosotros aquí sabemos bastante.
Esperemos que el propio Dereyer nos responda.
La próxima semana veremos Gertrude, que trata también el tema del amor.
Hasta entonces, adiós a todos.
En el seminario yo también dirigí un cineforum. Pero claro, allí nos salíamos
calle mayor y ladrón de bicicletas.
Hoy el coloquio es animado gracias a vosotros.
Los espectadores que vienen aquí es como si existiera una misa. Todos callados,
compartiendo el mismo elemento espiritual.
No todos, solo los auténticos conversos.
Según esta revista que tengo en la mano, los cinéfilos participan de algo
parecido a la comunión de los santos.
Que el credo relaciona con el perdón de los pecados y a vida perdurable.
Amén. Bueno, como buenos filigreses devotos que somos, creo que nos
que nos invites a una caña.
Yo... yo me voy a retirar.
Encuentro regular.
Lo he pasado muy bien.
Gracias a todos.
A mí me vais a perdonar, pero mañana madrugo.
Bueno, pues te invito a ti.
Aunque no consigo que intervengas en los coloquios.
Cualquier día te voy a dar una sorpresa.
¿Estás despierto?
Hola, Elena.
Me ha gustado mucho ir al cine club.
Yo me voy acostumbrando.
Carlos es un chico muy listo y muy simpático.
Y el cine es su enfermedad.
Ya me advirtieron que las vacunas podían darme reacción.
¿Tienes fiebre?
Pues un poco, parece.
Helado, más bien.
Ardiendo. Te traigo algo.
Nunca había sido aprensivo, la verdad, pero... tantos días de pruebas, médicos
reacciones... me han dejado un poco... aturdido.
Las personas ganan con ciertamente el primer malestar.
Mi madre es igual.
Y no digamos mi abuela.
Los enfermos se vuelven muy egoístas.
Es cierto.
Sí.
¿No crees que no pido perdón por mi egoísmo después del examen de conciencia
cada día?
También a mí me gustaría hacer examen de conciencia.
Lo hacía al confesarme, pero hace tiempo que no me confieso.
Si quieres, hija mía.
Repaso contigo los mandamientos para ayudarte a recordar tus faltas.
¿Cómo te encuentras?
Elena, no sé lo que pude decir anoche.
Me dio una especie de delirio.
Luego he dormido como un tronco, sin soñar nada.
Los virus que te han metido en el cuerpo siguen haciendo de las tuyas, por lo
visto.
Es lógico que te encuentres un poco perturbado.
Pero tú eres feliz.
Crees en lo que haces.
Y estás convencido de que el mismísimo Dios te ha señalado el camino.
Ya no estoy tan convencido.
Los bichitos del paludismo, malaria y colelamorbón no van a hacerte perder la
cabeza.
Un compañero mío del seminario, que luego se salió, aseguraba que él sentía
gracia de Dios como una enfermedad.
Una epidemia que se contagia.
A mí me pareció un disparate.
Pero luego he pensado que no es una idea tan descabellada.
El amor se produce por contagio.
El enfermo no eres solo tú.
Tu llegada aquí ha provocado una cierta perturbación.
¿En quién?
Una perturbación en general, diría yo.
No he venido a traer la paz, sino la guerra, dijo Jesús.
Los curas no podéis remediarlo, ¿verdad?
Siempre hay que embadurnarlo todo con el mismo pringue.
La frasecita adecuada a cada momento.
La cita del evangelio, venga o no venga al caso. Lo que dijo el santo, lo que
hizo la virgen.
El ejemplo constante de la vida de Jesús.
Tienes razón.
Yo no pretendo ilumpir ni estropear nada.
No quiero ser...
Y perdona que acude a otra frasequita, piedra de escándalo.
No, Breno.
Te aseguro que me alegro de que tu ordeno tenga convento en Madrid.
Así puedo presumir de tener un amigo misionero.
Tú y yo nos teníamos que haber conocido antes.
¿Nos conocíamos?
¿Que no te acuerdas?
Ahora eres una mujer.
En la escuela de ingenieros, todos mis compañeros tenían novia.
A mí aquello me repelía.
Me repelía y me sorprendía.
No lo acababa de entender.
Una chica que yo veía como la misma chica, con su faldita escocesa, más o
mona, cuchicheando.
No soportaba dar dos pasos con un amigo y su novia.
Ella enseguida se inclinaba buscando la oreja de él para allí susurrar entre
risitas algo que al imbécil de mi amigo le encantaba.
Y ahora al conocerte a ti he comprendido lo que mis amigos debían sentir cuando
los labios de sus novias les hablaban al oído.
Mi vocación me vino frecuentando un barrio de chabolas.
Me asustaba la pobreza de aquella gente.
Su inocencia.
Su incultura.
Sus trajes de fiesta.
Aquellos niños que empezaban a parecerse a sus padres.
Y para ayudar a los demás no se te ocurre otra cosa que meterte cura.
Eso es.
Nadie me ha entendido como tú.
Y yo seguiré siendo sacerdote.
Por toda la eternidad.
He sido ungido por Dios.
Señalado con el estigma de la gracia divina.
Estás como una cabra, amigo mío.
Mírame.
¿Qué pasa?
¿Bonito con colita?
Voy a leer un rato más.
Me tomo un vaso derecho y me voy a la cama.
Hasta mañana, entonces.
¿Carlos? Elena.
Perdona, ya sé que es tardísimo.
Espero no haber despertado a nadie más.
¿Le pasa algo?
No.
Nada.
No me pasa nada.
Es que... no podía dormir.
Y necesitaba hablarte.
Después de hablar contigo no pude volver a dormirme.
Yo tampoco.
Me gustaría hacer un documental sobre ti.
Yo no soy un tema interesante.
Para mí no hay otro.
Flaherty se interesó por Nanook el esquimal.
Puñal se fue a las urdes.
Yorish Iben siguió el curso de lesión hasta París.
Tú eres mi esquimal.
Mi tierra sin pan, el río donde quisiera ahogarme.
La otra tarde me hubiera entregado a ti.
Quería disolverme en ti, perderme en ti y no despertar jamás.
El documental consistiría en un solo plano.
La cámara instalada en tu sombra pegada, Elena.
Como una lapa.
Pero yo me volvería como ahora.
Y me pegaría tanto, tanto que acabaría siempre desenfocada.
Yo pienso en ti a todas horas.
Yo también.
Yo también te tengo presente siempre.
Pero me desespero.
Tengo una sensación... No sé cómo decirlo.
De desperdicio.
Cada uno en su casa.
Tú durmiendo con tu hermano y acompañando a tus hermanitas al cole.
Y yo sola en el caserón, recorriendo un pasillo interminable.
Para mí tampoco te creas que es fácil esperar.
Me supongo que no.
Pero como eres tan simpático y animoso, pues a veces parece que ni sientes ni
padeces.
Bueno, que sientes sí lo percibo.
Pero no sé si padeces o no.
Te espero, claro, pero me digo, ¿qué hago?
A Elena aún no puedo ofrecerle nada.
Ofrecer.
Suena antiquísimo. Lo dice mi abuela.
Me ofrezco yo y te ofreces tú.
Pero dices que no basta.
¿Por qué no basta?
¿Cómo está el cura?
Regular.
Le han dado reacción las vacunas.
Una persona curiosa.
Sí.
Nunca pensé que me haría amiga de un cura.
¿Amiga?
¿Amiga?
Pero estoy deseando que se ponga bueno y se vaya.
¿De verdad?
De verdad.
Yo también.
El ciclo de Dreyer no ha acabado, ¿no?
No, y la película del domingo no puedes perdértela.
Ah, sí. Me acuerdo que la anunciaste.
¿El inevitable amor otra vez?
Sí.
¿Cómo rodaría Dreyer esta escena?
Pues iniciaría la secuencia retratando primero el fondo del parque.
Luego la cámara retrocedería y descendería para que entraran en plan a
amantes mirándose a los ojos.
¿Qué diría ella?
Ella no dice nada.
¿Por qué no?
Porque no sabe qué decir.
De acuerdo, ella no habla, pero piensa, supongo.
Entonces sabríamos su voz en off que nos revelaría lo que ella piensa y siente
en ese momento.
O sea... Algo así.
Si tuviera valor me despediría de ti en este momento.
Y no te volvería a ver en algún tiempo.
Pero te veo aquí delante de mí y no soy capaz de decirte nada.
Ni siquiera para pedirte perdón.
Muy bien.
Muy bien, entonces... A ver, ¿qué te parece?
Para evitar el desánimo que ha estado revoloteando sobre la escena, él la toma
de la mano y procura distraerla.
Entonces la cámara de Dreyer se acercará a ellos, implicando a los espectadores
en una historia de amor tan bella y tan... Triste.
Adiós, Carlos.
Hasta luego.
¿Qué haces aquí, medio a oscuras?
Nada.
Pensaba. ¿Y se te ha ido el santo al cielo?
El santo sigue en la tierra.
Y el santo tiene más o en poco.
¿Cómo te encuentras?
Según el médico, mejor, pero no acabo de levantar cabeza.
¿Necesitas algo?
¿Tú cómo estás?
Bien. Bien.
¿Has visto a Carlos?
Carlos.
No te importará a ti, Carlos.
¿Habéis discutido?
¿Habéis discutido por mí?
Mirad, señor cura, qué ilusiones que hace.
¿Necesitas algo, sí o no?
Carlos te quiere.
Mañana haréis las plazas.
¿Y tú?
¿Me quieres?
¿Has comido?
No te preocupes.
¿Estás sola?
Sola, sola.
¿Y Cosme?
¿En la mili?
¿Ya tiene edad?
Se presenta voluntario para quedarse libre y luego hacer de un tiro la
profesional. ¿Ah, sí? ¿Qué querías ver, tornero?
Empresador.
Licores dulces.
El brindis de la perdición.
¿Sigues con tu novia?
Sí, sí.
Me decías que tu novia se parecería a mí.
Fuiste mi primer amor.
Es verdad que me sentía muy querida por ti.
Por tus hermanos y hermanas también, pero sobre todo por ti.
Un enamorado de cuántos años.
¿Cinco? Más o menos.
Yo ya estaba embarazada de Cosme y tu madre se portó muy bien conmigo. Me
admitió a pesar de ser soltera y de esperar un hijo de padre desconocido.
Fui a verte al hospital y te pregunté, ¿te acuerdas?
Si te había picado la cigüeña que había traído a tu bebé.
Siempre fuiste un inocentón.
No siempre.
No, no siempre.
La tata María.
A mi hijo tuve que llevarle al pueblo con mi hermana.
Pero tenía otro niño para consolarme.
Tú sí que me consolabas a mí.
Tu mamá casi llegó a tener celos de mí.
Era yo la que tenía que bañarte, peinarte, vestirte, acostarte y llevarte
colegio.
Y con mis cuatro letras ibas al cuarto de las tachas a hacer los bebés.
Diez años viviendo juntos.
Es verdad.
El caso es que vivíamos juntos.
Hasta el verano fatídico.
La que se armó.
¿Cómo gritaba aquella disparatada asistenta?
Que yo no sé lo que se imaginó.
La asistenta sería disparatada, como tú dices, pero no había nada que imaginar.
Lo que estaba pasando en el cuartito de la plancha no dejaba lugar a dudas.
Una mujer adulta corrompiendo a un adolescente.
Yo no lo diría así.
Ahora ya no.
Cosme es un chicarrón bastante sano, pero de pequeño tenía muchos celos de
No solo tu madre, también mi hijo.
Queremos a alguien y exigimos que sea solo para nosotros.
Somos vampiros, como en una película que he visto hace poco.
Y mi novia decía que no, que eso es una tontería. Si no le apetece tu parte de
la sangre, mala señal.
Te comería vivo, recuerdo que me decías de pequeño.
Y tú me decías que si te comía vendría al leñador y me abriría la tripa para
sacarte, como en el cuento de Caperucita.
¿Qué le pasa a mi niño?
Mi niño todavía no me ha dicho lo que le pasa.
La manita que tiembla.
¿Qué hacía María cuando a los dedos de su niño les entraba el baile de
No
te
merezco.
Desde luego que no.
¿Te vas a quedar?
Me da mucha alegría verte quedarte. Me tenías muy abandonada.
Espérame en mi cuarto.
Me dejo en un momento y enseguida estoy contigo.
Tu novia no ha aparecido por aquí.
Se habíamos quedado.
¿Te noto inquieto?
Inquieto, inquieto. Harto es lo que estoy.
Voy a dejar el cineclub.
Cuando se acabe el ciclo de leyes yo me largo.
¿Y qué vas a hacer de mí?
Elena, ya sabemos que no es la puntualidad en persona.
Es verdad, pero hoy era un día especial.
¿Vino hoy también vuestro amigo el cura?
El cura se ha puesto malo por lo visto.
Tiene algo ese cura.
No se parece nada al párroco de mi pueblo.
Los curas siempre serán curas, por mucho que les guste el cine.
Es posible.
Tienen un arte especial, ¿verdad?
Para meterse donde no les llaman.
Interesantísimo el calles de cinema que me pasaste.
El próximo día te lo traigo.
Puedes quedártelo.
Como recuerdo.
Dejarás el Cinecruz y te lo exige tu novia.
Pero seguirá apasionándote el cine.
Y me atrevo a pronosticar que más de una vez te acordarás de mí.
Cómplice de una afición que ninguna niña misma ha de conseguir arrancarte.
Eso espero y te deseo.
Eso espero y... te deseo de todo corazón.
Voy a presentar la película.
Le pregunto y no responde.
Acudo a él, día y noche, sin recibir un mínimo aliento,
y me ahogo.
Me voy a hacer aquí.
Había oído hablar de la aridez espiritual, pero no la había sentido
¿Te viene?
El despierto del alma.
¿Y cuál es el remedio?
Tú.
Muchas noches he vuelto a mirar las fotos y las revistas misionales que
juntos.
Me imaginaba que podría instalarme contigo en una cueva o una choza.
Yo saldría a cazar cada mañana y tú cuidarías el fuego del hogar.
¿Y tendríamos hijos?
Naturalmente.
Es absurdo negarlo, Elena.
Me siento perdido.
Confundido.
Y en un tris de tirarlo todo por la borda.
Pero también siento que Cristo con su silencio me está poniendo a prueba.
Y no sé qué quiere de mí.
¿Vuelves a tener fiebre?
Pasará, tú vete al cineclub, tu lugar está ahí. No, no puedo dejarte así.
¿Qué película es?
Creo que se llama Gertrude.
Pobre Gertrude.
Tú dices que mi camino nunca podría ser tuyo.
Sí, Erna, lo puedes.
Desde ahora, voy a estar completamente a tu lado.
Yo soñé una noche.
¿Qué soñaste?
Yo soñé una noche en la calle con un hombre que venía a mí.
Cuando no me conocían, me desperté.
Y México.
No perdimos.
En estas historias de adulterio, a mí quien mejor me cae es el marido.
Quizá porque es el personaje más desairado.
Sí. Aquí el marido cuenta poco.
Gertrude se entrega al amor.
Es fiel al amor, pero parece que le importa más el amor que el enamorado.
Estoy de acuerdo contigo. A mí eso es lo que me parece más terrible de la
película. El peligro de enamorarse de un imbécil y luego regodearse sufriendo
por el amor que se siente por ese imbécil.
Es una trampa en la que caemos las mujeres.
Y los hombres también.
Carlos tiene razón.
A las mujeres les gusta presumir de sensibilidad.
Pero todos hemos encontrado chicas muy insensibles.
Sí.
Sí. Yo no creo que los hombres sean ni más ni menos sensibles que las mujeres.
Lo que pasa es que un hombre viviría la misma historia de forma diferente.
A los 15 días se habría buscado ya otra novia.
Ella no ha calculado bien.
Y cuando le falla a su amante, prefiere sufrir por él a recuperar la vida
matrimonial. Es el amor.
Concebido como una religión.
¿Has dormido?
Me he desvelado.
Para siempre.
Elena.
Elena. Elena.
¿Qué me pasa?
¿Qué nos pasa?
Es una enfermedad muy común.
Lo llaman amor.
Tú deberías conocerlo.
Entregarse a él tu vida.
El amor es siempre el mismo.
¿Qué varía entonces entre un amor y otro?
La intensidad.
Es solo cuestión de intensidad.
Cuando apareciste con tu amante sotana, que no te has vuelto a poner, te vi como
el enviado de otro mundo.
Un hombre a punto de emprender una aventura.
Tú no vivías en la pantalla.
Te presentaste como el protagonista de una película real.
Y de pronto sentí unas ganas horribles de irme contigo.
Creo que mi enfermedad eres tú.
Probablemente.
Tú eres mi mal.
Y yo soy el tuyo.
Los coloquios parecen sesiones de psicoterapia de grupo.
Por el pretexto de comentar la película a la gente que el playa gustó.
Pues eso está muy bien, ¿no?
Pues ya sabemos que si no es una continua revelación.
Sí, pero... No sé qué te parecerá a ti, pero yo he descubierto que los que
participan en los coloquios lo hacen para dar salida a preocupaciones que no
podría manifestar de otra manera.
Es verdad que hablamos poco.
La gente calla y calla.
Hasta que de pronto, en los lugares y ocasiones más insospechados, empiezas a
saltar por esa boquita.
Eso que las mujeres, si nos contamos las cosas.
A mis amigos no se me ocurre participarles en mis preocupaciones.
Tengo hermanos y hermanas que son perfectos desconocidos para mí como yo
para ellos.
¿Y conmigo?
¿Contigo? Sí, conmigo.
Conmigo.
¿Hay confianza?
Yo tengo un hermano algo mayor que yo.
Empezamos a hablar de cine y a veces la conversación deriva hacia un terreno más
personal. Y yo soy como ese hermano un poco mayor que tú.
No, no, no quiero decir eso.
Tú eres... ¿Yo soy?
Sí.
¿No tienes prisa?
Me han mandado de casa una botella de unicornio muy dulce que me gustaría que
probaras.
Eso sí, debemos procurar que no te vea nadie subir.
Ya comprenderás que las visitas masculinas están severamente prohibidas
mojitas.
Este es el hogar de Julia.
Espartano o nórdico, como prefieras.
Cuarto sobrio de una mujer auténtica.
Seguimos aún en el ciclo de Reyes.
Siéntate donde quieras.
Por el alma y el cuerpo del Cine Club.
Me ha costado mucho
traerte aquí.
Tienes una habitación muy agradable.
La ocasión no se había presentado.
Hasta hoy.
Tu novia es muy imprudente dejándote solo.
Al padre general de la orden.
Reverendo padre, por circunstancias que espero poder exponerle personalmente, me
veo obligado a renunciar a mi destino en la misión del Camerún.
Así como a solicitar que inicie el proceso encaminado a obtener la dispensa
sacerdotal.
No estoy en condiciones de juzgarla.
Pero me molesta su displicencia, su desinterés.
Creo que ya tampoco sabe lo que quiere.
¿Y tú sí?
Yo sí.
Aún no sé a qué has venido a Madrid.
A enamorarme.
Yo sabía que el amor era otra cosa.
El cine lo explicaba muy bien.
No me bastaba con estar tranquila, sentirme atendida.
El hermano mayor, el buen compañero, el novio con algo de padre, me parecía
poco. No dejaba de apreciarlo, pero yo necesitaba experimentar algo más.
Por eso recuperé la vida de estudiante.
Este cuarto como de convento, el tranvía a la facultad, esperando.
Tampoco me has dicho sobre qué trata tu tesis.
El antídoto.
Plantas capaces de contrarrestar el efecto del veneno.
Interesante.
Inútil. ¿Sí?
Para el amor no hay antídoto.
Tú deberías haberlo maltratado por los caprichos de la niña mona.
Me voy.
No vas a ninguna parte.
Ya está bien de huir.
¿No te parece?
Enamoré de ti en cuanto te vi.
Cuando soy escolástica te presento como un chico muy bueno y que sabe mucho de
cine y que va a ayudarnos a organizar el cineclub.
Yo me he ofrecido todo con tal de tenerte cerca.
Toda la semana, esperando el momento en que aparecieras en la cabina.
Con tu pinta de despistado.
Preocupado por si ella se presentaría o no.
Dedicándole una atención que yo deseaba que fuera para mí.
Y solo para mí.
Era yo el predicando y nosotros sin entender su mensaje.
Mirad dentro de vosotros mismos.
En vuestro interior se encuentra la respuesta a todos los misterios.
Y cada noche de domingo.
Al volver aquí, el momento más amargo de la semana.
Tú habías desaparecido de la mano de Elena.
Y a mí me esperaban siete días inclinadas sobre el microscopio.
Otra pantallita minúscula.
Donde las bacterias se agitaban.
Tan desesperadas y solitarias como yo.
Buenos días, amor mío.
¿Quién eres tú?
Una bruja que te ha encantado.
Me ha encantado, es verdad.
Vámonos.
Antes de que se despierte todo el mundo.
Me hace que... no haya antídoto para mi mal.
Pero... Conozco una churrería aquí cerca con las mejores porras de toda Madrid.
¡Santi!
¡Santi, me oyes! ¡Santi!
Por favor, necesito urgentemente una ambulancia.
La Gazka 9.
Cuarto A.
Gracias.
Carlos. Perdone, ¿el padre Santiago?
Sí, ahí fuera, en el jardín.
Gracias.
Agradezco al señor que te haya traído.
A ti quería verte.
No sé si merezco ser perdonado.
¿Qué te pasa?
Los médicos lo llaman el síndrome del ahogado.
Un síntoma del paludismo.
Cuando uno siente que está curado, sobreviene una nueva recaída.
Eso no es el paludismo, sino la vida misma.
Yo debo estar contagiado también.
Creía que todo iba bien hasta que llega de no se sabe dónde un extraño personaje
que pone todo patas arriba.
Me hubiese gustado volver a ver Gertrude.
¿Qué has hecho con Elena?
Tu novia es un regalo del cielo.
Tienes que quererla mucho, Carlos.
Merece ser muy feliz.
Te has presentado aquí como un ángel exterminador.
No.
Te aseguro que no.
He comprendido tantas cosas en estos días.
Me encuentro completamente perdido.
Para tu mal no hay remedio.
La quinina. Lo único.
Estás contaminado para siempre.
La gracia de Dios no se compagina bien con los afectos humanos.
Dios es amor.
El amor no es pecado.
No puede ser pecado.
En la película de Yesire, de Dreyer, hablábamos en el coloquio que... ¡No
estamos en el cine!
Ha aparecido la palabra fin.
Las luces de las salas han encendido y volvemos a enfrentarnos con la pantalla
vacía.
Con la pantalla vacía. ¿Qué vas a hacer conmigo?
Lo antiguo pasa lo mismo que con cualquier cura.
Nunca sabes estrangularlo a confesarte con él.
Se ahogaba.
Cuando falta el aire solo cabe la respiración boca a boca.
Sepa usted que acaba de resucitar al paciente.
La película es maravillosa, pero el director abusa imponiendo sus creencias
espectador. Si no crees en Dios, en la resurrección de los muertos y en la vida
eterna, no hay manera de tragarse esta historia.
No estoy de acuerdo.
No creo que haya que ser católico ni cristiano para apreciar lo que me parece
mí. Ha interesado a Dreyer sobre todo.
La moraleja está muy clara. Debemos confiar en un Dios que se manifiesta a
través de sus criaturas más bondadosas. El milagro auténtico no está en la
resurrección en sí.
sino en esa cosa extraña que llamamos vida.
Como veis, Sordet se presta muy diversas interpretaciones.
Tenéis razón, no se puede negar la religiosidad de la película.
Pero también es cierto que lo religioso no agota todos los posibles
significados.
El ciclo de ayer arrancó bastante flojo.
Empezamos con Vampyr y nadie se quedó al coloquio.
Luego el cineasta se ha ido imponiendo poco a poco con sus historias extrañas y
enigmáticas.
Confieso que a mí me ha descubierto muchas cosas.
Porque el cine auténtico es capaz de llegar a donde no llega la música, el
teatro o la novela.
Yo puedo deciros que soy otro después del ciclo Dreyer.
Quizá no más sabio, ni más alegre, ni más cristiano.
Tampoco sé si más maduro, pero... os aseguro que sí un poco más lúcido.
No sé si alguien quiere decir algo más.
Quiero decir que... yo también soy otra después de Ciclo Greyer.
Otra.
Aunque preferiría seguir siendo la misma de antes.
A mí no me gusta el cine tanto como a muchos de los que estáis aquí.
Pero lo que he visto en estas películas no lo había encontrado antes en ninguna
otra.
Yo me he quemado en la hoguera con la mujer del pastor.
He sufrido con Gertrude.
Y me gustaría poder resucitar como la muerta de Ordeto.
No sé cómo va a vivir la muerta después de resucitar.
Todas las mañanas resucitamos, cuando nos despertamos.
Y no hemos ido al infierno durante la noche como castigo a nuestros pecados.
Pero Dreyer nos habla de otra resurrección.
La que se produce gracias al amor.
Y a la que nadie tiene derecho.
Supongo.
Quizá no merecemos ser perdonados, pero desearíamos poder resucitar.
Para demostrar que somos capaces de vivir.
De verdad.
Nada más.
La intervención de nuestra compañera me parece una forma muy adecuada de
terminar el ciclo de ayer.
Con este ciclo acaba también mi presencia en este cineclub.
La próxima temporada va a ser dirigida por otra persona.
Adiós y gracias a todos.
Se acabó el ciclo de ayer. ¿Y nos vamos a unir?
¿Te vas?
Mañana.
¿Acabas de la tesis?
Cumplí mi misión.
Qué suerte.
Mi novio ya no espera más y he decidido aceptar su temátum.
¿Has comenzado el cura?
Mejor.
Ya estará salvando al mar.
¿Y a nosotros quién nos habla?
Nosotros no tenemos oración.
Yo te quiero.
Yo también.
Adiós, Julia.
Adiós, Elena.
Gracias.
Querida Elena y queridos todos, mi saludo cariñoso desde este mi destino
he encontrado la alegría y la paz del Señor.
Te recuerdo a ti, Elena, pero también a Carlos, mi salvador, y a Julia,
aunque apenas tuve ocasión de tratarla.
Deseo que las aguas hayan vuelto a su cauce y que Cristo se pasee de nuevo por
su superficie como símbolo de fe y de concordia.
Yo os tengo presentes en mis oraciones y quiero querer que no guardéis un
recuerdo demasiado malo de este torpe cura que no merece los muchos dones
divinos y humanos que el cielo ha termado sobre él.
Confieso que mi salud no es óptima, pero el hechicero de la tribu no se desanima
y me ha asegurado que entre las hierbas, potingues e invocaciones que me ofrece
cada día acabará apareciendo el remedio milagroso que me cure la fiebre, los
timblores y una intermitente melancolía.
Os bendigo de todo corazón.
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