All language subtitles for 2017 - Ausencia

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Original subtitles

Los serenos son solo por el gente del pueblo.

Bueno, por todavía, pues.

Si esa gente no debería hacer otra cosa que darnos la hora y avisarnos del

tiempo. Pero este gobierno nos ha convertido en agentes de represión.

Figúrese que esos pícaros ahora tienen el deber de espiar lo que la gente habla

en sus casas. Tengo entendido que incluso pueden llegar a multar a quienes

garabatos.

Y de vigilar las conductas desviadas de la población. Ahora se ha visto.

Claro, ahora sería bueno que aclararan qué es lo que entienden por conductas

desviadas.

Usted, don Oso, debería hacer algo.

No se supone que están a su cargo.

Sí, pero yo no soy el alcalde, Carmen. Cada vez que intento hacer algo, salta

intendente y me contradice. Eso es cierto. El intendente Concha está

metido en todo.

Concha es un hombre limitado.

Está pernado porque lame las botas del general Bulnes.

¿Y dicen que esto es una democracia? Prepárese, Carmen, porque mire que sin

alguna el general Bulnes va a salir reelecido.

Esta será una democracia, pero aquí se elige todo con el mismo dedo.

Arreglado o no, hay que reconocer que el pueblo lo admira. Es verdad también.

Bulnes tiene un tremendo prestigio entre la gente del pueblo. Porque no saben

reconocer a un buen gobernante. Ni lo que les hace bien tampoco.

Sí, pero para ser justos.

Digamos que no fue cualquier cosa aniquilar a los fincheiras.

Y la derrota de la confederación en un reino de pocos lecciones.

Fueron muchas gentes, solo para una guerra de honor.

No se puede negar mucho que en enero un verdadero proceso.

Como un Napoleón indiano.

Eso llegaron muy lejos, Dafne.

No tanto.

Napoleón tampoco fue precisamente un demócrata.

Napoleón fue un rebelde que luchó por las libertades y la gloria de Francia.

Contra la monarquía que intentaba acallar la voz de la revolución.

¿Qué pasa, Cruz?

Disculpe que la moleste, señora, pero me pareció prudente informarle que la

tigre ya volvió.

¿Pero no debería estar en la hacienda de Lohana? Sí, pero ahora está en la

cocina esperando para hablar con usted.

¿Qué está haciendo aquí?

No lo van de aquí afuera a la hacienda de Lohana.

De allá mismo vengo.

Estaba rugido más.

¿Lo vio?

No, recién lo esperan como para dos días más.

¿Entonces la carta que le di la dejó con don Augusto Gana?

No pudo ser, señora.

¿Cómo no pudo ser?

Háblate.

Lo que pasa es que me encontré con el patrón, con su marido.

¿Pero no deberías tener la espalda ya colada?

¿Es la carta para Rosalía?

Bueno, es que ahí mismo él vio el morralito que yo llevaba en la alforja y

saber qué es lo que había adentro.

Yo intenté hacerme el liazo, pero usted... ¿La vio?

No, se lo ocurre.

Ahí adelante todos los peones.

Se la guardó.

Trae la peli.

Termina de comer y escoge la esquina.

Buenas noches.

Pero las dos sabemos que estoy en el lugar equivocado.

Vaya a hacer su pieza.

Vaya a acostarse.

Y mañana voy a la botica y le compro ranjuela.

¿Te sientes muy mal?

No.

¿Qué le decía el punto rugiendo en la carta?

No quiero que te metas en esto.

Ya está bueno que andes mintiendo por mí.

Nuestro señor sabrá perdonar una mentirita blanca.

¿Y si el patrón leyó la carta?

No, ya, con la otra.

¿Y si la leyó?

¿Necesita algo?

Vivir.

¿Cómo va a estar bien?

Está todo oscuro acá y usted está leyendo.

Le va a hacer mal para los ojos.

Le voy a ir a buscar una vela mejor.

¡Papá! ¡Papá!

¡Papá!

Dile a la Tilo que abra las caballerizas para que guarden a su animal. No va a

disculpar, pero es que la Tilo... No me toquen, no soy manco.

Dile a la María que caliente comida, tengo hambre.

No fuiste nunca, ¿no? ¿A usted qué le parece, Carmen?

¿Cómo le fue en la tertulia?

Lo de siempre.

Tú no estás pensando en irte a conducir.

Tarde o temprano todo se va a la ir de esta ciudad de mierda.

¿Usted qué? Si pudiera, usted sería la primera.

Yo sé muy bien lo que usted piensa de esta ciudad, de esta gente.

De mí.

Me voy a mi habitación.

En su cómoda dejé una caja de polvos de diente.

Llegaron gentes en un par de días.

Espero que tenga todo dispuesto para recibirlo de la mejor forma.

Como siempre.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que levé al gobierno mi solicitud de ser

reincorporado al ejército.

Sí, sí, don Eduardo.

Créame que el gobierno está muy interesado en favorecer la

los antiguos oficiales pipiolos. Pero usted comprenderá que eso no es un

trámite.

El gobierno necesita estar seguro de su lealtad. Don Miguel, ya han pasado

muchos años desde el Irkai.

Por mi parte le puedo asegurar que el rencor sí es que lo hubo.

Ya ha desaparecido.

Sí, naturalmente.

Aunque hasta donde yo sé, doña Carmen no pierde ocasión de difamar al gobierno

conservador.

Señor Butique, créame que yo entiendo la urgencia que tiene hacer... Soy un

soldado que quiere volver a los cuarteles. No tengo ninguna otra

Aunque yo me imagino que no se le habrá escapado.

El hecho es que, de ser reincorporado por su grado de teniente coronel, usted

será jefe de plaza.

Un excelente sueldo para una persona en su situación.

En mi situación.

Ambos sabemos cuán endeudado se encuentra.

Y que las tierras que le dejó su suegro, en el fundo yancanado, solamente le han

traído... pérdidas y dolores de cabeza.

Este año hemos plantado muchas hectáreas de trigo a muy buen precio. Sí, sí,

claro, salvo por esa inesperada lluvia del otro día, ¿no? Que es muy probable

que haya arruinado casi toda la cosecha.

Bueno, en este caso no es por su culpa, eso está muy claro, ¿no?

Usted es un militar de profesión formado en el ejército de Prusia.

No tiene por qué entender de siembras, de ovejas.

Me imagino que debe ser muy difícil para un alemán guaso.

¿A dónde quiere llegar, don Miguel?

No sé, pero estaba pensando que tal vez a usted le convendría vender esas

tierras.

Ah, si ese fuera el caso, yo, por favor, le rogaría que me considerara su seguro

comprador. Puedo ofrecerle un muy buen precio por esas tierras.

¿Que ahí está la novedad? Pues la semana pasada fui donde el doctor...

Que tenía un producto recién llegado de Europa impresionante. Se llama Eter.

Me puso la encía así, acá, y me sentí cuando me sacaron la mola.

¡Qué fantástico!

¿Cómo dijiste que se llamaba?

Eter. Es un anestésico recién inventado.

Incluso me atrevería a decir que el doctor Riffi es el primero que lo probó.

Pero no te habrá gustado a ti para probarlo.

Esto ocurre.

Antes lo había probado con un actor de teatro.

Lo más divertido es que justo en ese momento los actores estaban presentando

obra que se llama El enfermo imaginal.

Uy, pero qué título más ridículo.

No te rías, ¿eh? Es una obra fantástica. ¿Cómo te llamas, doctor?

Pregúntale a la Carmen, que está oculta.

Moliere.

No me suena para nada.

A mí tampoco.

No me sé muy conocido.

Por favor, si nosotros tuviésemos todo el tiempo que tienes tú, seríamos una

justa.

Pero ¿cómo nosotros tenemos que criar?

¿En qué momento es esto?

Disculpe, señora, pero afuera hay un peón que busca urgente a María Carmen

que vaya a su casa.

Ahora se consiguen en la botica, Moritz.

Aunque usted no lo crea, este pueblo avanza mientras usted recorre el mundo.

Se empaque tranquilo.

Tengo que ir a ver a Guti que me siente un compromiso.

Todo nuestro pasado nos pone en ese compromiso.

No entiendo si tenía algo que decirme porque no espero que ella llegara.

¿Por qué no me lo dice ahora?

Pasó ya por la casa.

Vengo de allá.

Espero que le hayan dado algo de comer.

No hubo tiempo.

Apenas llegué quise venir a encontrarlo.

Me conmueve su apuro.

Aunque no entiendo el motivo de tanta ansiedad.

La amistad no le parece un buen motivo.

La amistad.

Suena tan noble.

¿Cómo le fue con el intendente?

Prefiero ahorrarle el desagrado.

Mejor vaya para la casa y me espera para la comida.

Todavía tengo algunas gestiones por hacer.

Lo acompaño. No se preocupe, Moritz.

Suficiente muestra de amistad por hoy.

¿Encontró un ticket?

En la puerta de la intendencia.

¿Qué le dije?

Quédese tranquila.

Aunque es difícil adivinar lo que realmente piensa su marido.

La imaginación de un hombre celoso puede volver más allá de la realidad.

Lo nuestro. Si hablamos de lo nuestro, su realidad y la mía.

Quizás sea mejor sincerarse.

Aunque ya es tarde para esta conversación.

Ahora lo que cuenta es que me voy.

¿Y qué espera de mí?

Unos días de felicidad.

Unos días de felicidad.

Lamento ser motivo de tanta amargura.

Pero de algo valdrán los buenos momentos que pasamos juntos.

Descansa un rato, Moritz.

Le avisaré cuando esté lista la comida.

Carmen.

Descansa, Moritz.

Entonces de aquí se va a Constitución.

Sí.

De ahí me voy por mar hasta el paraíso.

Ahí me esperan mis cosas y un par de trámites pendientes.

Luego pienso tomar una fragata multivideo y de ahí regresar a Europa.

Entonces lo vamos a acompañar a Constitución, ¿cierto, Guti?

Me hace falta un poco de mar y el aire de Constitución siempre me sienta bien.

Para aclarar sus ideas.

Preved que me espera ya.

Estoy seguro que va a estar feliz de recibirlo de los dos.

Como hace casi todos los años.

De todas formas, como amigo suyo que soy, Moritz, no quiero dejar de hacerle

advertencia. ¿Cuál advertencia?

Creo que comete un error.

Europa suena esplendoroso, pero... después de tantos años fuera, no vaya a

cosa que una vez allá se sienta como un completo extraño.

Europa es el centro del mundo artístico.

A mí no me parece una locura que un artista como Moritz Pretenda triunfar

Acá jamás han sabido diferenciar entre arte y artesanía.

No logran entender lo que hace.

Será como un nuevo comienzo. O el final del camino.

Entiendo que se trata de una apuesta incierta. Como todas las apuestas.

Pero usted sabe, Edward, que en Europa hay muchas más posibilidades para un

artista.

Europa está llena de artistas que buscan el mismo reconocimiento que usted.

Por favor, Guti, ¿qué?

Lo que dice suena tan mediocre.

Entiendo su preocupación, Edward.

Pero no creo llegar con tanta desventaja a Europa.

Durante todos estos años en América, he tomado la precaución de mantener ciertos

contactos que estoy seguro me ayudarán a empezar de nuevo.

¿Quién?

Humboldt. Gran científico.

Pero ¿no fue usted mismo quien me dijo que a Humboldt solamente le interesan

ilustraciones de plantas exóticas?

La verdad es que creo que mi obra va a ser mi mejor carta de presentación.

Llevo conmigo miles de retratos.

Escenas de la vida cotidiana de Chile, Perú, México.

¿Qué piensas hacer con todo eso?

¿Un álbum del Cono Sur?

¿Ya me he escrito con algún editor de París?

¿Que estaría dispuesto a publicar un libro de litografía, por ejemplo?

Grandioso, ¿y después qué?

Yo crecí en mi momento.

No se ofenda, Moritz.

Pero dígame si estoy errado.

En este país usted cuenta con la amistad de gente importante.

Pero ya cumplí una etapa.

Es natural que me sienta un poco estancado.

Siendo sincero, como se espera de un buen amigo, creo que usted nos

miente y se miente a sí mismo.

Yo sé muy bien por qué usted quiere regresar a Europa.

Usted ya había echado raíces en este país.

Pero el rechazo de esa muchacha de Valparaíso y el desprecio de la familia

Condarco ha sido mucho para usted.

Quizá tenga usted razón.

Esa humillación ha precipitado mi partida.

Carmen.

Ha estado muy silencioso todo el día.

No sé muy bien qué decir.

Espero que no esté enojado conmigo.

Usted y su marido anoche estaban intratables.

No pude evitarlo.

Sentí tanta rabia cuando Guti que mencionó a esa clarita suya.

Justo ahora que usted ha venido a despedirse de mí.

Pensé que habíamos aclarado este asunto y estábamos en paz. Lo sé, Mori.

No le prometí seguir queriéndolo, aunque tuviera que hacerlo como una amiga más.

Usted nunca será una amiga más, Carmen.

Agradezco el honor, pero no es suficiente.

Que pueda aceptar que se haya enamorado de una mujer mucho menor que yo.

Incluso que las cosas con ella hayan llegado tan lejos como para que usted

viera... Un reproche inútil.

Como dice su marido, los condarco.

Me rechazaron de manera insultante.

No hay nada... Entiendo perfectamente la ofrenda que habrá significado para

usted.

Pero ese es precisamente el punto.

Porque puedo aceptarlo todo.

Pero lo que no soporto es que no sea yo la herida que lo haya hecho emprender la

huida a Tomón.

La única razón para casarme con ella era poder quedarme en Chile y estar cerca

suyo.

Y esto usted no sabe.

Me importaría ir solo.

Pero usted me pidió que la acompañara.

Dolores y su marido querían despedirse de usted.

Me hicieron prometerles que lo traería. Yo ya cumplí.

Pero se entiende que la reunión le incluye a usted.

Lo sé.

Pero no tengo muchas ganas de soportar a la Dolores.

Es una mujer sin mucho de sí misma y tiene muy poco adquirido.

Pensé que doña Dolores era su mejor amiga.

Con eso puede ver usted el tamaño de mi soledad.

¿Dónde está Manuel?

No está.

¿Dónde mierda está la gente de esta casa?

Señor, cálmese, por favor.

¿Está bien?

Señora, yo nunca la había visto así.

¿Qué pasó?

Lo que pasa es que vino el señor Arteaga con su hijo y el patrón vino acá a

preguntar. Pero el Manuel se enojó porque no estaba y me llevó toda la

Mañana vamos a ir un día de campo con Moritz.

¿Le gustaría venir?

Vayan ustedes.

No digas eso.

Moritz lo apreciamos. Carmen, no tengo ganas de jugar ahora.

Ya va a ser la hora de la comida. Le voy a decir a Cruz que sirva la noche.

Quiero descansar.

Bueno, pero algo tienes que comer.

Estoy agobiado.

Por las deudas.

¿Está bien ahí, patrona?

Sí, gracias.

Al parecer vos no hay nada, cabrito.

¿Por qué sería?

¿Qué pasa?

¿Qué haces con este fusil? Lo siento, patrona. Yo solo recibo órdenes. ¿Las

órdenes de quién?

Manuel se va con ustedes y Atilio me acompaña al intendente.

¿Es necesario el fusil? Me dijeron que hay un puma suelto en la laguna y Manuel

es el mejor tirador que conozco. Pero Atilio es mi hombre de confianza.

Eduardo, amigo mío, solo un día de campo.

Por lo demás la gente siempre inventa historias. Moritz, esta es mi casa.

Sé lo que hago.

Apuesto que dibuja paisajes.

La verdad es que no esperaba verlo tan pronto por aquí.

Intentaré ser breve.

He estado pensando en el ofrecimiento que me hizo la última vez que nos vimos.

Ah, ¿sobre las tierras de Yancaná?

Precisamente.

Puede que esté interesado en vender.

Pero me gustaría saber qué cifra tiene usted en mente.

No, perdón un momentito.

Antes de hablar de cifras...

Y aprovechando que se encuentre aquí, permítame comunicarle una gran noticia.

¿Qué clase de noticia?

Desde el gobierno han pedido mi aprobación para nombrarle a usted de

plaza del Maule, con el grado de teniente coronel.

Por fin.

¿Eso significa que me reincorporan al ejército?

Eso significa que ahora su reincorporación depende de mí.

¿Qué está inservando, don Miguel?

Bueno.

Que antes de dar mi aprobación, me gustaría que acordáramos un precio por

tierras del fondo. Eso es chantaje, señor.

¿Chantaje?

Por favor, cuide su lenguaje. No se le olvide que soy la autoridad.

Para que usted no piense que yo me estoy aprovechando de usted, voy a ofrecerle

la cantidad de 3 .500 pesos por el fondo.

El fondo vale el doble.

Venga, eso dice usted. Y quizás podría llegar a valerlo si estuviera bien

trabajado, pero ambos sabemos que no es el caso, por lo tanto, mi oferta me

parece justa.

Piénselo, hombre.

Podría salir de todas sus deudas y aún le quedaría plata.

¿Eso? Sin contar que con su segura reincorporación podrá disponer de una

fija de 150 pesos mensuales.

Usted me quiere estafar en mi propia cara.

Yo le exijo... ¿Exijo?

¿Usted? ¿Usted me va a exigir a mí?

Me hace gracia usted de los extranjeros.

¿Vienen de Europa?

con la sola pretensión de emparentarse con nuestras mejores familias

porque no son indios ni son negros y por supuesto tienen riquezas.

Mientras que en sus países no tenía más que panaderos, piratas o gente como

usted.

Oficiales segundones que solamente en un país nuevo como este podrían aspirar a

mayores cargos.

Escúchenme, Urtique.

Yo no tengo ningún problema con personas como usted.

Siempre y cuando sepan cuál es su lugar. Y no pretenden igualarse a nosotros.

Nosotros, mi querido señor.

Nosotros, los criollos.

Los verdaderos conductores de este país. Nosotros somos el orden, la legalidad,

la falta de rey. Nosotros somos el rey.

En cambio, ustedes son...

Al de benedizos que solamente deberían embarcar en el comercio o la industria.

Pero la tierra... La tierra, mi querido señor, es nuestra. Siempre lo ha sido

y lo será.

No me joda con esos aires de dignidad, por favor.

La gente de este país me aburre.

Sus vidas sin sentido.

Sus quehaceres.

Si ni siquiera la ciudad tiene belleza.

Todo es plano acá.

Los días se suceden y se parecen demasiado unos a otros.

En todos lados la vida es corta.

Hay menos aquí que pareciera sobrar.

¿Qué espera, moro?

Venga a levantarme.

Ha corrido mejor que yo.

No es lo único que podría hacer si me permitiera probar.

¿Qué es aquello de los señores?

¡Baja esa arma, Manuel!

¡Bájala ahora! ¡No se mueva!

¡Baja la arma! ¡Cállese, señora!

Me disculpará la señora por haberla hecho callar.

Me pareció haber un puma.

Este lugar no es seguro.

Es mejor que regresemos.

¿Qué pasó?

¿Qué pasa? Que yo sentí un ruido.

El patrón se estaba tambaleando, se cayó, se pegó.

¿Cree que sea un buen marido?

Estoy segura que ha hecho lo posible.

Podría decir lo mismo a usted.

Pero parece que las cosas nunca salen bien.

Buenas tardes, Andilla Encanao.

La próxima semana me reintegran al ejército como teniente coronel.

Por fin vamos a tener la entrada estable que usted siempre quiso.

¿Usted qué?

que en la vida hayan ganado en la loto.

Quiero que usted vaya a constitución con los jefes.

No quisiera alejarme mucho de Talca.

Me gustaría partirte para la Constitución.

Ya sabes, el camino es largo.

Cuando conocí a Carmen era apenas una muchacha.

Una joven de familia aristocrata.

Su padre le dio todas las comodidades que se podían tener en un país como

Era joven, culta, inteligente.

No hay muchas mujeres así, usted lo sabe.

Yo era un militar recién llegado a este país.

No tenía mucho que ofrecer a una señorita así.

Mi suegro que se negó a nuestro matrimonio bien lo sabía.

Pero Carmen veía en mí al representante de una sociedad más refinada.

Y eso despertó en ella una enorme ilusión.

Esto era para usted.

Debió haberle llegado a la hacienda de Lujana, pero yo la intercepté.

Ahora cumplo con entregársela.

Edward, somos amigos desde hace mucho tiempo, Moritz.

De mi parte nunca le ha faltado una demostración de amistad.

Pero no soy tonto.

Hay sentimientos que no podemos evitar.

Lo único que le pido es que no le haga daño a Carmen.

Atelio. ¿Dónde?

Junte las cosas y nos vamos.

Lo siento, si no partimos ahora no llegamos al refugio.

Si el amor no sirve para perecer, la vida solo sirve para envenenarla.

Mejor váyase.

Quiero dormir.

Cármense, lo ruego.

No habrá hora.

Le ruego, me disculpen, pero necesito descanto. Espérame.

Tenemos un almuerzo realmente maravilloso.

Lo siento.

No estoy dispuesta.

Pero perdóneme que le diga, pero usted es mi huepa favorita. No puede irse sin

comer. Te lo ruego, Derevetsky.

Su amabilidad empieza a rayar la impertinencia.

Me imagino que no habrá venido a hacerme recriminaciones. Por favor.

¿Es usted quien responde casi todo lo que digo con reproches?

No pierdo las esperanzas de que pruebas el filo de mis frustraciones.

Basta, Carmen.

Dejé de una vez la poesía.

¿Sabes que era un poco de vulgaridad?

No es a lo que me refiero.

Sus reproches son injustos. Las frustraciones no son solo suyas. ¿Ah,

Creí que no he imaginado mil veces un momento contigo.

en este país.

Quizá mis mejores años como artista.

Ya estoy a punto de marcharme para siempre con las manos vacías.

Pero ya es tarde para eso.

Nuestro amor nunca... Un amor lleno de palabras, por favor, Moritz.

Es como una casa vacía que nadie puede evitar.

¿Cómo puedes decir eso?

Siempre te he amado, mi chica.

Lo que no te impide pedir la mano de una jovencita. Porque no pude pedir la

tuya. Tienes que entenderlo. No pude evitar tu amor como no pude evitar la

amistad de tu marido. Moritz, tu decencia no...

Pero que dudas.

No sé si existe una palabra más siguiente que esa.

Sé que me amas. O que me amaste.

Pero la pasión, Ruedas.

Eso que te hace volver loco y romperlo todo. Eso nunca lo has sentido.

Y yo no he querido verlo.

Cegada por la ilusión.

Por tu personalidad luminosa que brillaba en medio de esta sociedad

Todo lo que dices es verdad.

Es una gran alegría. No hace falta que lo hagas. Estarías infinitamente más

grande de lo que jamás podías imaginar.

¿Cómo puedes decir eso?

Yo también he gastado mis mejores años contigo.

Sola.

Y esperándote cada vez que te vas.

Y que estoy cada vez que regresas.

Eres lo único que me mantenía viva.

Eso era lo que yo quería creer.

Cállate, aléjate, yo duermo.

¿Y ahora qué quieres?

¿Una larga decadencia?

Mientras tú te das, tú empiezas a tener más vida de la que yo nunca tendré y

nunca he tenido.

No tiene hambre, Moniz.

La verdad es que solo como con usted para no hacerle un desaire.

No.

El único desaire sería que comiera por compromiso.

Además debería estar alegre.

Puede partir mañana.

Tuvo la suerte que hubiera un barco disponible.

Si no habría tenido que esperar por lo menos 20 días que llegara otro barco.

Y entonces habría sido preferible que se hubiera ido por tierra.

Gracias.

La señora mandó a decir que no lo va a acompañar nada hasta el puerto.

Y moro.

No quiero perder la grata costumbre que ha formado por tantos años el principal

placer de mi vida, que hizo renacer mis ideas, que el fastidio y la soledad

habían casi extinguido.

Mi existencia correrá siempre entre días borrascosos y días de calma.

En las horas de soledad, sin embargo, sentiré que renacerá en mí aquel vago

disgusto por la vida, aquel sentimiento de una vida sin porvenir que me hizo en

otro tiempo casi aborrecerla.

Comprendo que el desenlace de este insípido drama no será tranquilo.

Yo he pasado en la vida como un viajero que busca el verdadero camino y que se

equivoca siempre.

Y en fin, cansado se arroja al suelo y se resuelve a morir allí.

Yo había sido formada sin duda para una vida de imaginación y espíritu. Le puedo

decirlo así.

Pero olvidará usted, querido amigo.

En este mundo lleno de amigas brillantes, de instrucción y talento.

¿Usted olvidará la oscura y chetive habitante del sur de Chile?

¿Olvidará usted aquella planta marchita que usted encontró casi ignorada y que

usted reanimó con su amistad, mostrándole que algo valía?

¿O rugiendas?

¿Cómo cambian los tiempos y las personas?

Moró.

El aridez de la vida que el destino me preparó.

Si no hubiese encontrado su alma elevada y llena de sentimientos nobles, Que

comprendiera la mía enérgica y noble también, pero degenerada por una suerte

mezquina que hubiera sido de mí.

Los pesares que han enfermado mi alma y mi cuerpo hallaron un calmante en la

noble amistad que usted me dispensó.

Es como una cosa del cielo nuestra amistad, y así la debemos conservar.

Siempre, pura y inalterable.

Su amiga, su hermana.

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