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(Música dramática)
Por orden del rey,
y con fecha cuatro de mayo del presente año,
se dispone que sea cumplida la sentencia dictada en su día
por esta audiencia, aquí y ahora.
Y consultado y firmado por quien poderes tiene,
en nombre de su majestad Fernando convoco los nombres
de aquellos que serán ajusticiados a garrote vil.
Francisco Martín Puro, de Osuna.
Antonio Gómez Charanga, de Torremilano.
Diego Rodríguez Villarasa, de Lucena.
Francisco y Juan Sánchez, de las Alpujarras de Granada.
Manuel Espósito, de Esparragal.
Y Aurelio Torremocha, de Carcabuey.
Por robar en despoblado, asesinar,
y por otros excesos cometidos contra la sociedad.
A las 12 horas de hoy se dará la orden de ejecución,
disponiéndose, además, de los restos de Francisco Martín Puro,
como cabecilla de la partida,
sean colocados en diferentes caminos públicos
de este y otros pueblos para que sirva de ejemplo.
(Música dramática)
Se decía que a Aurelio le iban a perdonar
por haber luchado contra los franceses.
Pero subió el primero y murió como todos.
Diego lloraba como una mujer.
Fue llegar el cura y pidió la confesión.
Francisco no.
Francisco no quiso ni mirar.
Después subieron y fueron derechos hacia Francisco.
Sin sacarle de la argolla, le sangraron con un cuchillo.
La gente no se iba.
Quitaron la argolla del pescuezo de Francisco
y lo arrastraron. No hables una palabra más de esto.
¡Ni ahora ni nunca!
Ve a la entrada a ver si te han seguido, Tuerto.
No me han seguido.
El mundo entero se quedó allí viendo cómo desnudaban a Francisco.
Ni la túnica le dejarán cuando le pongan en los caminos.
Así paga el rey a los que luchamos contra los franceses.
Como tú y como yo, Lutos. Así lo pagan...
No abras la boca si no quieres terminar como ellos.
¿Qué hacemos? Tú tienes que decidir, Lutos.
Nos marcharemos hacia el sur.
Todo menos estar aquí y que nos cacen como conejos.
Antonio, relevarás al Tuerto.
Descuida. Echo una cabezada y salgo.
(Música guitarra)
(SILBA)
¡Quieto, no te muevas! ¡No pases de ahí!
¿Qué te trae por aquí?
¿Está el Lero con vosotros?
Sotillo.
¿Quién es el Lero?
Tú lo debes saber mejor que yo.
Un bandolero.
¿Y quién eres tú?
Viene solo.
José María Hinojosa Rodríguez.
Un amigo me dijo que preguntase por el Lero de su parte.
Necesito dar con él.
¿Vas huido? Eso es cosa mía.
Contesta, ¿qué te pasó?
Maté a un hombre. ¿Por qué? ¿En dónde?
Por una mujer, en las fiestas de Jauja.
¿Qué santo celebran en Jauja? San Miguel.
¿Quién es el dueño de allí? Don Anselmo del Pozo.
Administrador de la familia Medina, que vive en Córdoba.
¿Qué hacías en Jauja? ¿Trabajabas la viña?
En Jauja solo hay encinas y castaños.
El terreno de la viña queda más arriba,
cerca de la serranía, muy lejos del pueblo.
(Música guitarra)
¡So!
Quieto, bonito.
Al pie de un árbol sin fruto.
¡Tordo!
Me puse a considerar
qué pocos amigos tiene,
qué pocos amigos tiene
el que no tiene que dar.
Al pie de un árbol sin fruto
me puse a considerar.
(Continúa la música)
Quisiera saber dónde nos vas a llevar ahora.
Apenas hace unas horas que hemos salido
y ya empiezas a gruñir.
Intento llevaros a un sitio más seguro.
Si alguno no está de acuerdo, que lo diga. ¡Enseguida!
Vamos a la posada de El Alto.
Es el mejor momento para sorprenderles.
Pasaremos la noche, y al amanecer, otra vez en la sierra.
¿Tú crees que estos mismos caballos nos volverán a la sierra al amanecer?
En la venta habrá caballos.
¿Y si no los hay?
Si no los hay, esperaremos a que descansen
y volveremos a mediodía o cuando sea.
Eso si volvemos...
Yo me voy. Buscaré al Lero y me quedaré con él.
Tú no te mueves de aquí, Jiménez.
Y ten mucho cuidado con lo que haces.
Les extrañará, pero es la primera vez que ando estos caminos.
Se nota, y no lo digo por molestar.
En la corte no saben nada de lo que pasa por aquí.
-Cada tres días hay un levantamiento de los liberales.
Los liberales no quieren al rey, ni el rey a ellos.
¿Tiene algo que ver su ama con estas políticas?
Este asado le hace a uno olvidar las preocupaciones.
Mi ama no se mete en esas cosas.
Para ella, el rey es el mejor.
Este viaje es para ver sus tierras, que aún no conoce,
y hace años que las heredó.
Caen como aun día de aquí.
Eso sí que es grande, no saber ni lo que se tiene.
Pues han tenido suerte,
que la última ejecución limpió los caminos.
Porque hace unas semanas no pasaba un carruaje
sin que no hubiera robos ni muertes.
Cogieron a siete, y a siete dieron garrote.
Así como se cuenta.
Calle, hombre. A uno le conocí yo cuando era un crío.
Su padre era sacristán de Villarrasa, y el chico era más bueno...
Tan bueno que faltó poco para que llevara sotana.
Se lo digo yo.
Señores, no se coman ustedes el asado entero.
Dejen algo para la autoridad.
Una ceremonia lucida como pocas, bien preparada y emocionante.
-Cómo se conoce que no ha estado en Madrid.
Su ama es muy guapa, muy blanca. Nunca había visto una mujer así.
Allí en Madrid, con dinero te hacen guapa.
Y blanca lo es porque no le da el sol.
Es como si te metieras en la bodega y estuvieras allí unas semanas.
La meten a ella y sale blanca.
Me meten a mí, y salgo morado de vino.
(RÍEN)
(Golpes puerta)
-¿No oyes que llaman, Vicente? -Ya voy, mujer.
Sigan comiendo, señores. No pasa nada.
-Ave María Purísima. -Sin pecado concebida.
Hermano, ¿puedes darme posada por esta noche?
Buen provecho, señores.
Vengo de la feria de Carcabuey, el caballo está cansado.
Quisiera, si puede ser, pasar la noche aquí.
Ya pensaba que no daba con la venta.
He pasado mi miedo, no crean.
¿Qué se cuenta por ahí de la ejecución?
Nada. Que, por lo visto, al jefe no lo han enterrado.
-Un tal Paco Martín. -Sí, señor, así es.
Lo han exhibido para escarmiento.
-¡Quietos! ¡No se muevan! -¡Vamos, contra la pared!
¡Los brazos en alto!
-¡Quietos todos!
Sotillo, a la bodega.
Antonio, llévate a esos dos. ¡Andando!
José María, quítales lo que lleven.
Jiménez, mira en las cuadras.
¿Hay alguien arriba? Hay una señora que viene de la corte.
Ella es la única que puede tener algo.
Nosotros somos pobres, en casa no hay nada.
¡A ella no la toque!
-¿Qué quiere?
Salga inmediatamente de mi cuarto.
(Ladridos de fondo)
-¡Quieto!
(Relincho)
(GRITA)
(Relincho)
(Grito mujer)
(Golpe seco)
(Música guitarra)
Toma.
(EN VOZ BAJA) Debemos encontrar al Lero esté donde esté.
Todo menos seguir jugándonos la vida y provocar a la autoridad así.
(EN VOZ BAJA) -Llevo mucho jugándome la vida
y no me asusta seguir haciéndolo.
-A mí tampoco, Antonio, pero no de este modo.
-Con el caballo cansado no llegarás muy lejos.
Cuando uno se precia de ser hombre y tiene algo que decir
habla fuerte para que se le entienda.
-Lo que tengo que decir es que me voy.
Buscaré al Lero o a quien sea, todo menos seguir a tus órdenes.
El reparto no se hará hasta mañana.
Y si a alguno le asusta ir conmigo, mañana hablaremos.
A mí no me asusta ir contigo.
Pero hay cosas que un hombre no debe hacer.
¿Dónde vas?
Aquí lo de uno lo pagamos todos, que no se te olvide.
¡Quieto, quieto! (SILBA)
Venga, despierta ya. Vamos.
Déjalo, Antonio.
¡Déjalo te digo!
Él se lo buscó.
Espera, Lutos.
Te voy a matar.
¡Sotillo! ¡Gitano! ¡Quietos!
¡Suéltame! ¡Dejadme! ¡Suéltame!
¡Soltadme! Quieto, Lutos.
Esto me lo pagaréis, ¡lo juro!
¡Ya!
(Música guitarra)
(JADEAN)
(SE QUEJA)
(Música guitarra)
Vámonos, Antonio. Cualquiera sabe si ese aguanta hasta mañana.
¡Vamos!
Yo me quedo.
Como tú quieras. Estaremos por la Cañada de los Perros.
¡Vamos, rápido!
(Música dramática)
Mira, Sotillo, lo que he encontrado.
(Relincho)
-Este incendio se verá desde mucha distancia.
Vámonos de aquí.
Me gustaría hacer esto con todos los cortijos de Andalucía.
-Tendríamos que irnos, Sotillo.
No nos iremos hasta que no se apague la última llama.
(Relincho)
¿Esto le curará?
Déjale que descanse durante algunos días.
Que no se mueva para nada, tiene buena encarnadura.
Pronto estará bien.
Que la cruz nos libre del mal. Que la cruz nos libre del mal.
Que la cruz nos libre del mal.
(Música guitarra)
¿Dónde estamos, Antonio?
Un amigo me ha dejado meterte aquí por unos días.
Parece que lo peor ya pasó.
¿Y los demás?
Nos reuniremos con ellos en cuanto podamos.
El Sotillo nos espera.
Algún día te pagaré lo que haces por mí, Antonio.
¿Quién es María?
La vieja ha dicho que no te muevas.
¿Qué sabes tú de María?
Has hablado de ella durante toda la noche.
(Música dramática)
Han matado al Tuerto.
(ESCUPE)
Trae vino.
¿Qué busca, padre?
(Música tensión)
Estos hombres necesitan de mí.
Temo que no le han informado bien, estos hombres están muertos.
-¿Entonces?
-¡Padre! ¡Confesión! ¡Quiero confesión!
Confiéseme, padre. ¡Confiéseme!
(GRITA)
¡Suelta eso! ¡Vamos, arriba!
¡Quieto, Sotillo! ¡Déjame!
¡Ya basta! ¡Desde ahora mando yo!
Hay dos más en la posada, Antonio y yo nos encargaremos.
¡Vamos!
¡Cabo! ¡Sargento! ¡Quieto!
¡Quieto ahí! ¡Quieto! ¡Gitano, ven!
Vamos adentro. ¡Hala!
¡Adentro! ¡Vamos, rápido!
(Relincho)
¡Alto!
¡Alto!
A sus órdenes, mi teniente.
Tengo orden de acompañar al correo hasta Cabra.
Ustedes regresen a Bélmez, mis hombres ocuparán sus puestos.
A sus órdenes. ¿Manda alguna cosa más?
Nada, gracias. Uno de ustedes que suba al pescante.
¡Antonio en persona! Ven y cuéntame, viejo.
Si está el Sotillo también. ¿Qué hacéis por aquí?
Él es nuestro jefe ahora.
Por cierto, que llegó a la sierra buscándote,
y ya ves, ahora nos manda.
¡Vino, Montes! ¡Trae vino!
Desde que entré en Córdoba no he oído más que de vosotros.
Una venta, un correo... Muchas cosas para tan pocos hombres.
¿Tú dices que llegaste a la sierra buscándome?
Tuve un percance en el pueblo.
Fui a La Zalema y allí me dijo Juan Cebrián que te buscara.
¿Qué ha sido del Lutos?
Murió. Él y Jiménez. Y el Tuerto también.
Ya, buena escabechina.
El Lutos se lo estaba buscando.
Bueno, ¿y qué queréis de mí?
Sois pocos.
Claro que valen más cuatro amigos que diez mal avenidos.
Hemos venido hasta aquí en busca de algunos hombres.
A cambio, tenemos algo que ofrecerte.
Temprano empiezas a gallear tú.
Muy temprano para mandar y gallear así.
Y yo creyendo que El Lutos había dejado de ser un animal.
No tengas prisa, hablaremos más tarde.
Lo del mando lo ha merecido, Lero.
Tiene muy buena cabeza, la sangre fría, es valiente,
y arriesgamos poco con él. -¿Cuál es tu nombre?
José María Hinojosa.
Ahí lo tenéis, un hombre que acaba de llegar
y ya nos da lecciones.
José María, El Tempranillo.
El que subió a la sierra preguntando por El Lero.
Lo malo de esta vida es que no conoces tiempos mejores.
Estás siempre a un paso de que te peguen un tiro
o te rajen las tripas.
Claro que si te cogen, te tratan como a un personaje.
Te suben a un tablao y te meten un tornillo en el cuello.
Piénsatelo bien.
Aún estás a tiempo.
No te fíes de nadie de estos, ni tampoco de mí.
Amigos de hoy, enemigos de mañana.
Y no te metas en políticas.
Trata bien a los campesinos, que te respeten o te teman.
Ellos están abandonados.
Y les gusta que estemos aquí en la sierra, no sé por qué.
Yo ya no me hago ilusiones como te las harás tú.
Eres joven y tienes muchos años por delante.
Pero yo no he nacido para ser un campesino muerto de hambre
sin un pedazo de tierra.
Cuando nadie sepa quién es El Lero,
compraré una tierras cerca de Granada.
Y la gente dirá: "Don Juan". Al menos es algo.
(Música guitarra)
Buenos días, señores. Buenos días.
¿Podría decirme si María Jerónima francés
está trabajando por aquí? Sí, señor, segando los trigales anda.
Muchas gracias.
Es tu querer como el toro.
Que donde lo llaman va.
Y yo como el árbol, solo.
Y yo como el árbol, solo.
Que a nadie sombra le da.
Que a nadie sombra le da, tan solo a mí...
Entre los lobos.
(Continúa la música)
Quieto, eh.
Cuando pienso en ti, María.
Cuando te tengo delante.
Cuando te tengo delante.
"To" lo malo se me olvida.
"To" lo malo se me olvida
y tengo que perdonarte.
(Continúa la música)
Ni a tiros ni a puñaladas...
...me apartan de tu querer.
Yo de ti no me retiro.
Yo de ti no me retiro.
Aunque tenga que perder.
Aunque tenga que perder
los ojos donde te miro.
Espera, María.
Me dijo mi madre que te fuiste del pueblo sin decir dónde.
Te he buscado todo este tiempo sin encontrarte.
Yo vengo a cumplir con mi palabra, María.
Te dije que vendría por ti.
¿No te dijo tu madre las palizas que me dieron por tu culpa?
¿No te dijo tu madre las noches que pasé en vela
escapándome a tu casa para esperarte como me prometiste?
¿No te han dicho que he pasado hambre?
Me he ido olvidando de ti.
Ya ha pasado mucho tiempo.
¡Que no se te escape! ¡Anda con ella!
(Risas)
¡María!
(Música guitarra)
Señores, a divertirse. Y ustedes también.
Que hoy habrá paz y nadie les hará ningún daño.
Quiero una boda sonada y no un entierro.
Todos los gastos son de mi cuenta.
¡Que coman, que beban! ¡Díselo al pueblo, Sotillo!
Habéis tenido suerte.
(Música festiva)
-¡Viva la novia! -¡Viva!
-¡Viva la novia! -¡Viva!
Ella se entrega a ti, que para nada han servido mis consejos.
-¡Viva José María! -¡Viva!
Los hermanos de la campanilla por calles y plazas salen a pedir.
No le temen al frío ni al agua
ni a las malas noches que pasan por ti.
Devotos, venid.
A rezar el rosario a la aurora
si el cielo quieres conseguir.
El pueblo entero es tuyo si quieres, María.
-¡Viva José María! -¡Viva!
(Disparos)
Y ahora que ha tomado el cielo, un devoto por la calle.
Devotos venid...
¿Dónde están los amos de esto? En la bodega, no te preocupes.
Agradece a todos en mi nombre esto que me habéis ofrecido.
(Palmas de fondo)
(Música flamenca)
¡Vamos a por el manto!
¡Olé!
Quise mucho a una mujer.
Y quise mucho a una mujer.
Yo tuve un momento de loco y esa mi ruina fue.
Tuve un momento de loco y esa mi ruina fue.
No me queda otro remedio, no me queda otro remedio
que agachar mi cabecita y decir
que lo blanco es negro.
Que agachar mi cabecita y decir
que lo blanco es negro.
Gitanito de las tijeras, ven a sentarte a mi cabecera.
Ven a sentarte a mi cabecera.
(Cloqueo)
¡Antonio!
Salimos dentro de media hora, que se preparen todos.
Avía mi caballo.
-Ya lo habéis oído, vamos. -¡Hala, Castro! ¡Deprisa!
No puedes echarme de tu lado ahora.
Quiero ir contigo a la sierra o donde vayas.
Anda, dame la faja.
No te serviré de estorbo.
Una mujer casada tiene que estar junto a su marido.
María, he pensado estos días en todo.
Tengo que hacer muchas cosas que se me han ido ocurriendo.
Te irás con tu tía Rosario a un pueblo que estés segura.
Y yo iré a verte siempre que pueda.
(Música guitarra)
¡Eh, tú, Niceto!
¿Qué se le ofrece?
Soy amigo de Paco Morales.
Me ha dicho que podía entenderme contigo.
¿Y qué quieres?
Todos los días que venga diligencia, nos mandarás un hombre.
En caso de que venga escoltada, el hombre llevará sombrero.
Y en caso contrario, la cabeza descubierta.
Saldrá camino de la sierra hacia el monte de Las Jaras.
Allí estará dos horas justas, al pie del monte.
Mis hombres guardarán día y noche los caminos.
Quiero que cada diligencia pague religiosamente
su derecho de paso por mis tierras.
De aquí a dos semanas,
mis hombres empezarán a cobrar a cada carruaje lo hablado.
Y nada más, señores.
Pongan esto en conocimiento de la Real Compañía de Diligencias
y de todo el mundo.
Y dispensen que les hayamos hecho levantar a estas horas. Pueden irse.
Ah, un momento.
Y adviertan ustedes a la autoridad
que a José María le disgustan las muertes.
¿Estamos conformes? Sí, señor.
¿Y tú? Sí, señor.
No digas más. Anda, para casa.
(Risas)
Las diligencias y los correos pagan por atravesar mis tierras.
Los molinos y los cortijos pagarán también,
para que les protejamos.
-Se te echarán encima todos los migueletes de Andalucía.
Por eso estoy hablando contigo.
Si tú haces lo mismo que yo en otra zona a muchas leguas de aquí
los migueletes tendrán que partir sus fuerzas.
Seguramente habrás pensado
cuál es la región que más te conviene.
Mira, Lero, yo te estoy agradecido. Te portaste bien conmigo.
Si aceptas dominaremos estas tierras sin arriesgar nada.
Y sacaremos mucho más provecho.
Andalucía entera será para nosotros.
Estoy cansado, José María.
No digo que no tengas razón.
Ya lo único que quiero es vivir tranquilo.
Retirarme y comprar un cortijo cerca de Granada.
Esto no es para mí.
Yo puedo hacerlo solo.
Si te lo ofrezco es porque sé que puedo confiar en ti.
Piénsalo.
Lo tengo bien pensado, seguiré como hasta ahora.
Siento no llegar a un acuerdo contigo.
Bueno, no hay más que hablar. Me voy.
Piénsalo, hombre. Piénsalo.
Consulta con tus hombres.
Es mejor para ellos.
Mira, déjame a mí las provincias de Córdoba, Málaga y Sevilla.
¿Y yo el resto de Andalucía?
¿Pueblos miserables, caminos de mendigos?
No, yo estoy bien como estoy.
Dejemos esto. Conforme, lo dejamos.
Yo no puedo aceptar. Pero bueno, Lero, ¿qué quieres?
Toda la provincia de Málaga,
un cuarto de lo que tú saques de la Real Compañía de Diligencias
y el derecho a proteger los cortijos y molinos
de la parte norte de Sevilla.
(Música dramática)
¡Ahora!
(Gritos)
(Disparo)
(Disparos)
(Relincho)
So. Los papeles.
Perdone, padre, pero es mi obligación.
Está usted cumpliendo con su deber.
Y dígame, si es tan amable, ¿a qué se debe esta vigilancia?
Se ha fugado un liberal de la cuerda de presos.
Un hombre peligroso, a lo que parece.
Ya darán ustedes con él.
A la ley no se la burla tan fácilmente.
Quédate con Dios, hijo. (CHASQUEA)
Burra.
(Música alegre)
Padre, ¿qué quiere?
(RÍE)
He rezado todos los días para que vinieras.
Como vienes tan de tarde en tarde, no te enteras de lo que pasa aquí.
Y yo no te lo pienso decir.
María...
(RÍEN)
Vamos a ver, ¿qué era lo que tenías que decirme?
¡Virgen santísima! María, ¿qué haces?
¿Es que no me reconoce, Rosario?
Que los santos te nieguen el pan y la tranquilidad
por profanar así el nombre de Dios.
¡Qué vergüenza, Virgen santísima!
¡Qué vergüenza!
(RÍE)
Voy a tener un hijo, José María.
Si las cosas marchan como hasta ahora,
pronto dejaré la sierra.
Compraré un buen cortijo
y disfrutaremos juntos de la vida con el hijo que nazca.
(Gallo de fondo)
Mi hijo no será un campesino muerto de hambre.
No sabes lo sola que me encuentro por las noches.
Déjalo todo ahora, José María.
Déjalo, no es bueno querer más de lo que se tiene.
Yo quiero vivir contigo.
Quiero estar a tu lado, tenerte cerca, como ahora.
Tendrás que esperar a que acabe lo que he empezado.
Vivir como vivimos tú y yo solo lo hacen los animales.
¡Marido y mujer tienen que dormir en la misma cama! ¿Me oyes?
Tú eres la mujer de José María El Tempranillo.
Cuídate mucho, María.
(CANTA) "La muerte a mí me acompaña.
Ay, la muerte a mí me acompaña".
(CHASQUEA)
(CANTA) "Ay, la muerte...". ¡Arre, burra!
"...a mí me acompaña".
(CHASQUEA)
"Que la muerte me acompaña...".
¡Burra!
"...por dondequiera que voy".
¿Quién eres?
¡Vamos!
Me llamo Pedro Sánchez.
Me he fugado de una cuerda de presos.
Me fusilarán si me cogen.
Y a mí también, hijo.
Anda, ven.
Sube atrás.
(Música guitarra)
Este mes han pagado todas las diligencias.
Si las cosas continúan así,
el rey Fernando subirá el precio de tu cabeza.
¡Tú, inglés! ¿Falta mucho para acabar la estampa esa?
"Più fiero, per gentilezza".
¡Eh! ¡"Più fiero"!
(RÍE)
Este no pinta más que a grandes personajes
y aún no ha pintado al rey, tenlo en cuenta.
"Really splendid".
Niño, "never go to England".
Antonio, ya puedes empezar el reparto.
(Risas)
-Una de copas. -Un caballo.
-¡Tú, dame sandía! -¡Tómala!
-Tengo el as de oros.
¡Eh!
¡Vosotros, a cobrar!
-Venga. -¡Eh, Calé, a cobrar!
Los correos han solicitado un precio especial
para atravesar Despeñaperros.
Dicen que se trata de un beneficio público...
Escribe, Pedro.
"Yo, José María El Tempranillo decido
que los correos pagan los mismo que las diligencias".
Apaña eso y lo firmas tú mismo, hala.
-Sato. -¿Sí?
-200 reales.
-Campos, 200. -Ya voy.
-Baena, 100. -Voy.
A ver...
Juan Pedro, 200.
Romero, 200.
A ver qué te parece.
"Yo, José María El Tempranillo hago saber al rey Fernando VII
que los carruajes oficiales y los de beneficio público
pagarán los mismos precios acordados hasta la fecha
a su paso por Despeñaperros,
advirtiendo al rey que de no aceptar estas condiciones
se expone a frecuentes irregularidades
en los servicios antes nombrados".
Bien.
-Nosotras no hemos hecho nada.
¿Para qué nos quieren?
¡No tienen derecho a abusar así de unas pobres mujeres!
-¡Que se calle esa vieja! -¡Obedezca! ¡Cállese!
(Música tensión)
¿Qué quieren? ¿María Jerónima Francés?
-¡En marcha! -¡No tienen derecho!
-¡Vamos! -¡Vosotros! ¡Andando!
(Continúa la música)
¡Eh!
(Disparos y gritos)
¡Venga, los caballos!
¿Era necesario hacer eso?
Trae a la mujer.
-Toma, esto para ti. -Trae, dame eso a mí.
-Dámelo a mí.
-Esto también para mí. -Veremos lo que hay aquí, hombre.
-La ropa no.
-¿Dónde vas con ese camisón? (RÍEN)
¿María Natalia Figueroa, marquesa de Los Cerros eres tú?
Que no has querido mi tiempo, hombre desagradecido.
Te traigo un recado.
¿Qué ha pasado?
Dice que no desesperes, que pronto te sacará de aquí.
Si puedes, dile que estoy bien.
Que no se arriesgue, que no vale la pena.
(Música alegre)
El Gitano será como si fuera yo para las órdenes.
Vivirá en la misma casa, y también ellos,
que estarán contigo para el nacimiento.
Juana es la mejor partera de por aquí.
Yo vendré siempre que pueda.
Ahora no pasará nada, te lo aseguro. Ahora estás en la sierra.
Vamos, María.
Vamos.
Todo irá bien, mujer.
Yo estaré a tu lado.
A la primera noticia que tenga, bajaré contigo.
Cuídate mucho, José María.
Cuídate.
(Música tensión)
Comandante Ramos, usted se dirigirá directamente a Cádiz
con el grueso de la tropa.
Usted, Santos, marchará sobre Sevilla.
Y usted, a Córdoba. Es preciso evitar que se agrupen los liberales.
-A sus órdenes.
-¡Primer escuadrón! ¡En marcha!
-¡Segundo escuadrón! ¡En marcha!
-¡Ánimo!
-¡Seguid, no os detengáis!
(Continúa la música)
-¡Alto! Acampamos aquí.
¡Alto!
(OFF) "Pedro".
"Es una partida liberal".
Soy Pedro Sánchez.
Me hicieron prisionero con Álvaro Villar y los demás.
Me escapé camino de la cárcel de Sevilla.
Ya tenía noticias de usted.
Capitán Leoncio Valdés al servicio de la Constitución.
Este es mi amigo José María Hinojosa.
Caballero.
¿Cuál es la situación en este momento, capitán?
La inquietud es general.
España será nuestra, implantaremos la Constitución.
Dentro de una semana, a lo sumo,
dispondré de 500 hombres reclutados en Córdoba y en Jaén.
Derrotaremos al ejército
y nos uniremos al resto de fuerzas para entrar en Madrid.
Supongo, capitán, que estará bien informado
de la importancia de los efectivos realistas.
Estoy bien informado.
Tanto como los efectivos importa la moral del soldado.
Nosotros luchamos por una causa justa, no lo olvide.
Y moriremos por ella si fuera precios.
Si les puedo ser útil en algo, disponga de estas tierras...
...que son las mías.
Solo la columna que yo he visto serían cerca del millar.
Las diligencias traen escolta de 20 y 30 soldados.
Los mayorales también son militares.
Guardan los cortijos, los molinos y los pueblos día y noche.
Tu gente del llano espera que tomes una decisión.
El ejército no ha venido solo para aplastar el levantamiento,
el rey aprovechará la ocasión para acabar contigo.
En la sierra no entrarán. ¿Y para qué quieres la sierra?
Tus asuntos no están solo aquí, están también en el llano.
Toda la organización que has montado te la echarán abajo.
Pedro tiene razón. Está decidido.
Me mantendré apartado de estas políticas.
Lucas, vete a las tierras del Lero.
Dile que se quede en la sierra y que no se mueva.
José María, no puedes permanecer al margen de lo que pasa en España.
Yo sí. A mí estos pleitos no me interesan.
-Gitano, avisa a José María.
Que de esta noche no pasa sin que nazca la criatura.
Y tú, agua caliente.
(Caballo alejándose)
¡Alto!
Estamos a sus órdenes.
(Música guitarra)
¡Juana! ¡Rafael!
¡Juana! ¡Juana!
María...
María.
¡María!
¡No!
Nació muerto.
(Disparo)
(Relincho)
(Disparos)
¡Gitano!
(Disparos)
(Disparos)
(Música guitarra)
No me dejes.
No me dejes sola, sácame de aquí.
-¡José María Hinojosa!
En nombre del rey, entrégate.
No...
¡José María Hinojosa!
¡Entrégate, en nombre del rey!
(GRITA)
¡A caballo! ¡Vamos!
-¡No le dejéis escapar! -¡Que no se escape!
(Disparos)
-¡No hay que dejarle llegar a la hacienda!
-¡Vamos, fuego! -¡Fuego!
(Música animada)
Es María la nave sagrada,
San José la vela y el niño el timón.
Y el Espíritu Santo es el remo
que va dirigiendo dicha embarcación.
¡Que linda ocasión!
Embarcar en esa bella nave
que nos lleva al puerto de la salvación.
En un trono de nubes sentada
la divina aurora y a los pies del sol.
Rodeada de ángeles bellos, que alegres sustentan...
Los hombres no están tranquilos.
El Lero...
Aceptó el perdón del rey. Sus hombres también.
José María...
Tienes que hacer algo.
El Lero es un cobarde.
-¡En marcha, soldados! Capitán.
Se equivoca saliendo al llano, medite su decisión.
Las tropas que usted esperaba no han llegado.
Únase a nuestra partida, haremos guerra de guerrillas.
Como ya hicimos antes contra los franceses.
Los campesinos están con José María y estarán con nosotros.
No me gusta su plan.
Si los hombres que esperábamos no vienen, yo mismo iré a buscarlos.
Llevará a estos hombres a la muerte.
¡Pero morirán por la libertad! ¡Con honor!
Eso son palabras.
¿Usted cree?
¡Consúltelo con sus hombres!
Si alguno quiere acabar con el rey, estará conmigo, y no con usted.
(Relincho)
¡Esperad!
España entera está con nosotros.
Entraremos en Madrid, ¡viva la Constitución!
-¡En marcha!
(Música tensión)
(Relincho)
¡Adelante, soldados!
(Gritos)
(GRITA)
Capitán, que su escuadrón persiga a los que huyen.
(Continúa la música)
¡Los realistas vienen a la sierra!
¡Pedro, mi caballo! ¡Que monten todos los hombres!
¡Venga, mi caballo!
¡Vamos!
(Relincho)
¡En la sierra no! ¡La sierra es mía!
(Continúa la música)
-Primera y segunda escuadra, retiraos.
En línea.
Al monte la primera.
(GRITA)
¡Al ataque!
(Gritos)
Pedro, los hombres.
¡Vamos! ¡Todos conmigo!
(Continúa la música)
¡Vamos! ¡No dejéis uno!
¿A qué estáis esperando?
¡Que no quede ni uno!
¡Matadlos a todos! ¡Matadlos!
¡Adelante!
(Relincho)
¡Eh, Antonio! ¡Que no quede ni uno con vida!
(Gritos)
(Silencio)
(Música dramática)
¡Tira de la cuerda! ¡Suelta!
Vale.
¡José María!
Te has vuelto como El Lutos.
(Música tensión)
¿Qué hay, Antonio?
Este hombre me pidió que le trajera aquí, José María.
-Escúchale. -¿José María Hinojosa?
Soy yo.
Voy a ser muy breve.
Vengo a ofrecerle a usted el perdón del rey.
Un perdón que se hace extensivo a sus hombres.
Este señor que nos acompaña es notario.
Si nosotros llegamos a un acuerdo,
apuntará los nombres y lugares de nacimiento de todos los suyos.
El rey, deseoso de paz, les ofrece la amnistía
y una suma de dinero que oscilará entre los 500 y 1000 reales,
con objeto de que emprendan una nueva vida.
(Música guitarra)
¿Qué me ofrecen a mí?
Un cortijo en un pueblo de la provincia de Córdoba
y un haber de 25 000 reales.
¿Y todo eso a cambio de qué?
Las condiciones se las diré al interesado.
Solamente José María Hinojosa tendrá condiciones.
Es un buen precio, José María.
Esto se acabó, José María.
Piensa en los hombres también.
Volverán al campo y serán personas.
Abandónalo todo ahora que te tienen miedo.
Así terminaremos nuestros días como cualquier persona respetable.
¿Qué condiciones?
Usted se comprometerá a perseguir a todo aquel de su partida
que vuelva a la sierra.
Es la única responsabilidad que obliga el aceptar este perdón.
Nos ofrecen la ocasión de cambiar nuestra vida.
Y no os piden nada a cambio.
Yo creo que debemos tomar lo que nos dan.
¿Y qué os da el rey?
Os compra por unos reales
y seguirá gobernando sin preocuparse de su pueblo.
Tenemos que seguir luchando.
Volveremos a empezar.
Todavía la sierra es nuestra.
Tú no quieres lo mismo que ellos, Pedro. Déjales tranquilos.
Tú y los tuyos tenéis el perdón, así lo dijo el general.
Yo me quedaré aquí, en la sierra. Con los que me quieran seguir.
Yo me voy contigo. Pedro tiene razón.
Tendré que perseguirte, Pedro. Y a ti, Sotillo, si me lo mandan.
Ese es el pago del perdón.
Entonces, nos volveremos a ver.
Vamos, Sotillo.
No puede usted negarse, esos hombres pertenecían a su partida
y tiene que cumplir su compromiso.
¿Con cuántos hombres cuento?
(Puerta)
Pasa, Antonio.
Siéntate.
Es mi hombre de confianza.
20 soldados bastarán, ellos son menos.
Por cierto, el tal Pedro Sánchez poco tiene que ver con usted.
Es un político liberal y a su cabeza está puesta precio.
Pedro Sánchez era mi lugarteniente en la partida.
Al amanecer, tendrá a los hombres dispuestos.
Si resuelve con éxito la misión,
estoy autorizado para decirle que el rey le sabrá recompensar.
(Música guitarra)
¿Qué importa que un rey me culpe
si el pueblo es grande y me abona?
Voz del pueblo, voz del cielo.
Voz del pueblo, voz del cielo.
Que no hay más ley, que son las obras.
¿Qué importa que un rey me culpe
si el pueblo es grande y me abona?
(Continúa la música)
Déjame, Antonio.
En marcha.
Antonio, cuida de mis cosas.
¡En marcha!
(Música tensión)
¿Qué os ha hecho para llevarle así?
Siempre los campesinos hemos de pagarlo todo.
¿Qué les hiciste, hijo?
¿Qué "habemos" hecho los campesinos para que nos lleven presos?
No moleste. Apártese, vamos.
¡Escuadrón!
¡En marcha! ¡Adelante!
¿Cree que les tenemos cerca?
Por aquí vamos bien.
¿Por qué no damos con ellos? La sierra es muy grande, señor.
¡Pedro!
-¡Vamos!
(Gritos)
(Música guitarra)
Pastores, que pasturáis
el ganado en la laguna.
Venid pronto, sin tardanza,
que ha muerto José María.
Y el pueblo llano lo ve, a memoria.
Gloria a José María, gloria.
(Continúa la música)
El Tempranillo se ha muerto.
Y hoy "to" el pueblo lo llora.
El Tempranillo se ha muerto.
Y hoy "to" el pueblo lo llora.
De un disparo traicionero
se quedó mirando al frente la historia.
Echado sobre el caballo, memoria.
Gloria a José María, gloria.
(Continúa la música)
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