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MI ÚNICA FAMILIA
¡Moses!
Ponme la tetera. Y no la llenes demasiado.
Es una taza, no ocho. No desperdicies.
- Mamá, enseguida vuelvo. - ¿Adónde vas?
- Salgo. - ¿Adónde?
A caminar.
¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
Te van a acusar de merodeo.
No me llames si te arrestan.
No iré a sacarte.
Mi familia jamás tuvo problemas con la ley. Somos gente digna.
¡Fíjate si cerraste bien!
¿Listo?
Espera.
- ¿Listo de tu lado? - Sí.
- ¿Listo? - Sí, tira.
Lindo día, ¿no?
¿Qué es esto?
Mi banana.
No puedo creer que desperdicies tu vida tirado ahí.
¿No tienes ilusiones ni sueños?
¿Cuáles son tus metas?
¡Este lugar es un chiquero! Mira.
Calcetines sucios, envoltorios de chocolate, una cuchara.
¿Cuántas veces debo decirte que no traigas comida aquí?
¿Papel higiénico?
¿Qué haces con él en tu cuarto?
Moses Kingsley Deacon, no soy tu sirvienta.
Hay una gran variedad de propiedades en Cabo Roig
y, dependiendo de su estado,
se consiguen de tres dormitorios a partir de £106.000.
Hallamos una recién reformada a 30 minutos a pie del mar,
con mucho espacio para Penélope, su perra.
¿Qué opinan del vecindario?
- Encantador. - Bien tranquilo.
- Muy pacífico. - Y limpio, ¿no?
- ¿Curtley? - Sí.
- ¿Estás bien? - ¡No!
¿Qué es eso?
¿Adónde vas?
- ¿Adónde crees? - Sé muy bien adónde.
Vas a ese páramo de mala muerte.
A hurgar entre tus trastos inútiles en esa choza infestada de ratas.
A pisar popó repulsivo de ardilla y caca maloliente de pájaro
para traerlo al piso de mi cocina.
¿Por qué estás calzado?
- Voy a salir. - ¿Y?
¿Qué? ¿Pretendes que me calce y descalce
dos veces?
¡Por supuesto! ¡Te lo dije un millón de veces!
¡Curtley!
Cierra la puerta.
No quiero que entren las palomas a buscar comida.
Inútil.
¿Te encuentras bien?
Sí.
¿Saliste hoy?
Sí.
¿Adónde fuiste?
No puedes entrar ni salir del súper
sin que te acosen los de caridad, con sus sonrisas y alegría,
pidiéndote dinero para sus causas estúpidas.
¿Por qué sonríen así?
Tanta alegría y sonrisa.
No los soporto.
Van por la vida exigiendo el dinero que tanto costó ganar.
Es una estafa.
Estafan a la gente.
No confío en ellos.
Te piden el número de teléfono, el correo.
Le pregunté a uno:
"¿Para qué quieres el código postal?
Puedo darte la llave también
para que entres a mi casa a robarme y a matar a mi único hijo".
Y nadie los denuncia a la Policía.
Igual no vendría.
Está muy ocupada acosando a los chicos negros en la calle.
Y el de la esquina, con ese perro
con abrigo rojo y escarpines verdes.
¿Para qué le pone abrigo al perro? Tiene pelaje, ¿no?
Debe sudar debajo de eso. Qué hediondo.
Eso es maltrato animal.
Con tanto plástico encima.
Tengo la intención de denunciarlo a la NSPCG, o como se llame.
Y la de allá, con esa beba gorda.
Con tanto frío, va y viene por la calle vestida sólo
con un enorme moño rosado en su cabeza calva
para que todos sepan que es niña. Como si me importara.
Se pavonea con su trajecito.
¿Apropiado para el clima? No. Con bolsillos.
¿Para qué los querría un bebé?
¿Qué va a guardar? ¿Un cuchillo? ¡Qué ridículo!
- Es RSPCA, mamá. - ¿Qué?
La Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.
Lo sé. No soy estúpida.
En fin, ¿cuándo vamos a cambiar ese sofá desvencijado?
Mira aquí.
Y aquí.
- Y por aquí. - ¿Qué tengo que mirar?
Canas y más canas. Son las que me saca Ashman.
No tienes canas.
Cómo me estresa ese hombre.
Y él no tiene ni una sola cana. Ninguna.
Lo ven en la calle y le dicen: "Ashman, qué joven te ves".
A él le encanta. Sabes lo vanidoso que es.
Viejo estúpido.
Nadie sabe de los problemas que veo porque no lo demuestro.
- Te ves bien. - Gracias, querida.
Nada me detiene. Así soy yo.
Hay batallas que no daré.
- Debo elegirlas sabiamente. - Esa debes darla.
- ¿Tuviste turno anoche? - Fue una noche dura.
A medianoche, la paciente empezó a agonizar
y falleció a las 2:00 a. m.
Fue muy triste. Una mujer encantadora.
Con un poco de demencia.
- ¿No tenía familia? - Un hijo. En Nueva York.
Al parecer, estaba muy ocupado para viajar.
- Las personas son malas. - Son malas.
- No saben la suerte que tienen. - Gracias. No lo saben.
Cuánto estrés.
Para Ashman, me estreso demasiado. Él no se estresa.
Duerme de lo más tranquilo.
Por eso su cabello sigue negro.
Aunque puede ser hereditario, su padre no tuvo canas
hasta los 80 años.
Tuve otro sueño.
- ¿En serio? - Escucha.
Ashman estaba parado en aguas cristalinas.
Al mirar abajo, se veía su pie
y los peces nadando. Nadaban.
- ¿Lo hizo de nuevo? - De nuevo.
Mamita soltera número tres.
Veintidós.
Mitad griega, mitad nigeriana. Vive en Peckham.
Santo cielo, ¿un tipo de su edad?
Se quedaron mudas.
¡Estamos hablando los mayores!
Como decíamos...
Qué sorpresa se va a llevar cuando lo deje.
- No dejes que te afecte. - ¿A quién?
Después de todo lo que pasé con ese bruto sucio. Claro que no.
Sigo en pie, querida.
Sigo en pie.
¿Crees que no puedo conseguirme otro?
- Claro que puedes. - Por favor.
- Quítalos. - ¿Qué harás?
- ¡Idiota! - Vamos...
Quítalos.
Quítalos. Toma, vamos.
- Por favor. - Quítalos.
- Muévete. - No.
¡Muévete!
No te sientes ahí.
Saliste de parranda anoche.
- ¿Quién? - La persona detrás de ti.
- ¿Dónde? - Saliste, ¿no?
- ¿A qué hora volviste? - No sé. A la 01:00, 02:00, 03:00.
¿Cuatro, cinco, seis?
- Volviste más temprano. - ¡No!
La puerta estaba cerrada a las 02:30.
Sí, la cerré yo.
- ¿Tú? - Sí, la cerré yo sola.
¿Adónde fuiste?
Brixton.
Brighton.
Birmingham.
- ¿Adónde fuiste? - A Brixton.
- Bien. ¿Con quién? - Con Zara.
- ¿En serio? - Sí.
- ¿Sólo con Zara? - Sí, sólo con Zara.
¿No estaba Theo?
¿Quién es Theo? No conozco a ningún Theo.
Yo conozco a un Theo que vive en Walthamstow.
¿Hablas de ese Theo?
¡Sí! ¡Estaba!
- ¿Cómo es su apartamento? - Cállate.
Pero fue una buena noche. Pasaron bashment.
- ¿Bashment? - ¡Bashment!
Con los hombres perreando contigo.
Tienes que ir.
- Ya no hago esas tonterías. - ¿Qué dices?
Te vi perreando en la cocina.
Qué tontas.
Lo olvidé, ¡muéstrame!
¡Sí!
Todavía lo hace bien. Lo haces bien.
Dime dónde te aprieta.
Atrás. Mira. Está enrojecido.
No lo está. Está descamado donde te rascas.
Porque está muy apretado.
- ¿Bebes agua? - Claro que bebo agua.
- ¿Qué tiene que ver? - Te hidrata la piel.
Estoy bien hidratada.
Parece que quisieras sacarme los sesos.
Eso está pegado a mi cabeza.
Lo sé, yo misma lo puse.
Vaya que sabes imponer castigos.
Deberías haber sido alcaide.
Ojalá no maltrates así a los clientes.
No, porque me pagan.
Otra vez con el dinero.
Debes tratar a tu familia como lo haces con los extraños.
Lava el plato.
Míralo.
Quédate quieta.
Es un hombre de 22 años
y sigue comiendo sándwiches de mantequilla de maní y mermelada.
Estoy cansada de decírselo.
Le digo: "Moses, ¿qué haces con tu vida?
¿Dónde te ves dentro de 25 años?".
Estoy harta.
- ¿Hablo con él? - ¿Para decirle qué?
No sé, para ver si puedo ayudarlo.
¿Quieres meter la nariz en mi familia?
¿Cómo?
No te gustaría que hablara con tus hijas.
¿Y qué les dirías?
¿Por qué le muestran el vientre a todo el mundo?
¿Por qué usan esos pantalones ajustados y con cordones
si no están en el gimnasio?
No te gustaría para nada.
Hay hermanas que se llevan bien.
Que son confidentes.
- Podemos ser confidentes. - No.
Si no te llamo, tú no lo haces.
- Te llamo. - No.
Debo llamarte y decirte: "Chantelle, necesito que me peines".
"Chantelle, me duele la espalda,
¿puedes traerme unas cosas de Kilburn?".
¡Te llamo!
Baja la tijera, no seas agresiva.
El domingo iré al cementerio.
¿Me acompañas?
Sabes que tengo problemas de salud. No puedo planear nada.
Tengo que ir día a día.
Es el Día de la Madre.
No lo sabía. En esta casa no lo celebran.
Ni sé la última vez que me dieron una tarjeta.
Moses tendría unos cinco años,
la maestra lo obligó a pintarme algo.
Deben esperar que les haga
el desayuno del Día de la Madre a ellos.
- Ya pasaron cinco años. - Cinco años.
Cuando la gente se muere, se muere.
Debes seguir adelante.
No puedes cargar con tus muertos toda la vida.
No quiero que el recuerdo de Pearl me frene.
Disfrutó de la vida.
Sí, al menos ella la disfrutó.
Te pasaré a buscar.
No te confirmo nada, quizá no me sienta bien.
Quizá pase el día en la cama.
¿Sí? ¿Con quién?
Siempre caes tan bajo.
Qué grosera eres. ¿Cuándo vas a sentar cabeza?
- ¿Por qué? ¿Tienes a alguien para mí? - Sí. ¡Cielos!
Al menos era soltero.
Bromeas con todo. Todo es fiesta para ti.
Siempre sudando en la disco.
¿Disco? Quedo exhausta luego del trabajo.
- ¡Tengo 53 años! - ¡Dímelo a mí!
Estuve todo el día subiendo y bajando la escalera,
limpiando sus inodoros inmundos.
¿Vendrías al apartamento después?
¿Para qué? ¿Tienes una recepción?
Para eso debes estar tú, ¿no?
¿A cuántos invitaste?
A nadie. Sólo estarán tú y Curtley.
Y Moses.
Las chicas quieren ver a su primo.
Es culpa de Curtley.
Debió enseñarle a Moses el oficio desde pequeño
para que se encargara del negocio.
¿Sabes qué me responde cuando se lo digo?
Sí.
- "No sabe ni atarse los zapatos". - ¡Sí!
¡Cómo puede hablar así de su propio hijo!
Mientras el pobre Moses está todo el día en casa,
su padre trabaja codo a codo
con ese idiota de Virgil.
Ni siquiera sabe hacer contacto visual,
no puede unir dos oraciones. Tonto.
- Soy yo. - Sí.
¿Puedes?
Sí.
¿Tienes hora?
¿No tienes reloj?
Al oír la tercera señal,
serán las 9:31 y 17 segundos.
Me debes £5.
- ¿Por qué? - Por la hora. Acabo de vendértela.
¿Cuánto cobrarías tú?
- ¿Por qué? ¿Por la hora? - Sí.
- ¿A ti? - Sí.
Cien libras.
Una mujer lo hacía.
- ¿Qué? - Vendía la hora.
- ¿Sí? - Sí.
En 1890, Ruth Belville,
y seguía haciéndolo en la Segunda Guerra Mundial.
¿En serio?
Los lunes iba al Observatorio de Greenwich
y ponía en hora su reloj de bolsillo.
Caminaba por Londres vendiendo la hora.
- ¿Cuánto cobraba? - No se sabe, es un misterio.
Su padre lo hacía.
Y su mamá.
Un negocio familiar.
No puedes comprar tiempo.
Eso es verdad.
Tampoco venderlo.
Cielos, es fantástico, cariño.
Es muy lujoso.
Cariño, basta.
¡Quita los pies!
- No pasa nada. - Disculpen.
- Hola. ¿Le pasa algo? - ¿Van a comprar el sofá?
¿Y qué si lo hacemos?
Revolcándose como locos,
- sudando sobre los cojines. - ¿Qué?
Alguien podría querer comprarlo.
- ¿Lo comprará usted? - No.
No me llevaré su ADN a casa, muchas gracias.
¡Hola!
- ¿Puedo ayudarla en algo? - No.
¿Sólo está mirando?
Busco un sofá.
Es el lugar indicado. Tenemos muchos.
Y tenemos sillas, sillones reclinables,
reposapiés, mesas. Sofás de dos plazas.
Escucha, soy perfectamente capaz de buscar un sofá.
Puedo caminar.
Sé sentarme, pararme y acostarme para ver si es cómodo.
No soy inválida.
No quise decir que lo fuera.
¿Y qué haces parada ahí?
Intento ayudar.
Bueno, no necesito tu ayuda.
De acuerdo.
Sólo hago mi trabajo.
No, me estás acosando.
¿Por qué no presumes con otro
de tus conocimientos?
La verdad, no me gusta su tono.
Ni a mí tu cara.
¿Por qué tanto maquillaje?
¿Qué?
¿Y si manchas los muebles?
Egoísta.
No haga alusiones personales.
¿Me amenazas?
¿Cómo?
¿Me amenazas?
Sólo hago mi trabajo
y le digo que no sea maleducada.
Bien.
Acusación. Acoso.
Intimidación.
Agravio.
¿Dónde está el gerente?
¿Quiere hablar con ella?
Sí, quiero.
Bien. Aguarde. Voy por ella.
Póngase cómoda.
¿Estás por salir?
¡Hola!
Hola, ¿estás por salir?
¡Hola!
Por favor.
Hola, cariño.
¿Estás por salir?
¿Hola?
Te estoy hablando.
- ¿A quién le hablas? - A ti.
No sé si estás por salir.
Hace 20 minutos
que busco lugar para estacionar,
y eres la única en su auto,
quiero saber si estás por salir.
Mi auto está estacionado.
Sé que lo está.
¿Puedes desestacionar esa mierda?
No digas palabrotas.
¿Y tú agresión?
¡No infles el pecho! Parece que quisieras pelear.
¿Qué tal si bajas los humos?
¿Qué? ¿Te dejaron salir del manicomio?
¿Manicomio?
¡A la mierda con el manicomio!
¿Ves este estacionamiento?
Antes era mi escuela.
Soy de por aquí.
Perra.
¡Loco!
¡Apuesto a que no tienes una maldita pareja!
¡Y tus bolas están tan taponadas que tienes semen en los sesos!
¿Sí? Pero ¡no es para ti, perra estéril!
Cada vez que pido un auto,
es el mismo taxista.
El número 29. Es el mismo tipo.
Y sabes que voy de compras dos veces por semana.
Miércoles por la tarde y viernes por la noche.
El viernes, a la tienda grande,
porque los chicos me dan dinero para algún lujito.
- Hacen bien. - Están trabajando ahora.
Salvo Marvin.
- ¿Cómo es? - ¿Quién?
El taxista.
Está bastante bien.
Conversamos sobre política y cosas de adultos. ¿Y sabes qué?
Siempre me lleva las bolsas a casa.
¿En serio?
Como sea, unas semanas antes del aislamiento,
no me sentía bien y estaba angustiada.
No quería salir.
Probablemente hayas tenido COVID.
Mucha gente tuvo COVID...
- Y ni se enteró. - Así es.
Cuando estaba en el patio,
con un pañuelo en la cabeza y una camiseta andrajosa...
Suena el timbre.
Sabes que no me gusta que me visiten sin avisar.
Abrí la puerta. ¿Y adivina quién era?
El taxista de siempre.
Pensé: "¿Qué rayos haces aquí?
Qué poco profesional. ¿Me estás acosando?".
Dijo: "Hace unas semanas que no te veo,
estaba preocupado. ¿Necesitas algo?".
Le dije: "Sí, tráeme cigarrillos".
¿Sólo eso le pediste?
Sí, no quería salir. Me los compró.
Ni siquiera me pidió el dinero.
¿Cómo es?
Negro, pero con mezcla.
¿Adónde te llevará?
No sé. A un lugar turco, no me molesta.
Porque no me gustan las mezclas de limoncillo,
jengibre y coco ni el pescado crudo.
Y los turcos condimentan la carne
- bien. - Bien.
Qué bueno.
- ¿Qué te pondrás? - No sé.
Me invitó apenas el viernes.
Por eso te rogué que me atendieras.
No me pondré nada ajustado, no quiero darle ideas.
Dale ideas, sí.
Ya tengo seis hijos, gracias.
Pienso usar algo sin hombros,
resaltar mis mejores partes y disimular el resto,
ocultar las zonas pecaminosas.
¿Queda pecado ahí?
No, sólo una gran barriga.
Y tengo
unos lindos taconcitos flamantes.
Chantelle, ¿puedo salir a fumar?
- Sharon, ¡date prisa! - No tardo.
Tengo otra clienta.
¿Recreo de fumadora?
¿Qué?
- Hola. - ¿Quién es?
Tu hermana, ¿quién si no?
¿Qué quieres? Estoy ocupada.
- Estoy haciendo algo. - ¿Vienes?
¿Cómo?
El domingo, al cementerio. ¿Vendrás?
¡No sé!
¡Dije que te lo confirmaría!
Confírmamelo ahora.
Te lo confirmaré cuando quiera. Luego te llamo.
¿Hola?
Mírate. ¡Mejora la cara!
Pareces un fantasma. Tratas con gente.
Es nuestra comida.
Deje que haga su trabajo.
- ¿A quién le hablas? - ¡A usted!
- No es cosa tuya. - Lo es.
Llevo prisa. Tengo un cliente.
Ese caballero no es problema mío.
No me provoque, puedo ser peligrosa.
Cierra el pico y deja de escupir tanto.
¡La escupiré a usted!
¡Baja los humos!
¡Basta! ¡Por favor!
Y tú también cállate, parada ahí como un avestruz.
- Cállese. - No digas que me calle.
Se lo digo.
Tápate la boca con una hamburguesa, pareces un fideo.
- Muchas gracias. - De nada.
- ¡Santo cielo! - Y esa de ahí...
- Sólo faltan estos... - ¡Váyase!
- ¡Adelante! - ¿Quién diablos se cree
para ser tan altanera?
- ¡Páguele a la chica y váyase! - ¿Puedes escanearlos?
No puedo hasta que pase la tarjeta.
Debería darte vergüenza y no ventilarlo.
- ¿Sabe qué? - Cielos.
- Cierre su bocaza. - Eres muy grosera.
Eres grosera. No tienes educación.
- La tengo. - No tienes modales.
- Qué bien huele. - Es buena, ¿no?
Estoy muy emocionada con esto.
¿Y?
¿Quiere que continúe?
- Para eso vinimos. - Bien.
Según el análisis de mercado,
- hay... - Es pegajosa, ¿no?
Es probable, podemos...
Sí, lo es.
Sigue, Kayla.
La tendencia es evitar los productos nocivos.
Totalmente.
Todas las marcas lo hacen,
libre de alcohol, de silicona, de sulfato...
Nosotros siempre lo hicimos.
Sí, pero yo propongo que Melo tome la delantera con una línea sin coco.
- ¿Sin coco? - Sí.
Continúa.
Nadie más lo hace.
Y el aceite de coco es comedogénico,
bloquea los poros, es irritante.
Si Melo tomara la delantera,
nos elegirían los consumidores con piel sensible.
Un momento. ¿Dices
que promocionaríamos el mismo producto
con la única propuesta de venta de haberle quitado el coco?
- ¿Sí? - ¿Por qué no vemos
la gran investigación de Kayla?
No dudo de sus habilidades.
- Sigue. - Tienes muy buenos números.
Sí, el 15% de los clientes ya busca productos libres de coco.
Un porcentaje muy bajo.
- En un mercado muy grande. - Sí, lo sé.
Hicieron muchas investigaciones absurdas sobre el coco,
pero por algo no las aplican. ¿Verdad?
Veamos los grupos focales.
Claro.
Probamos la nueva fórmula con un grupo focal.
El 73% vio resultados positivos.
- En cuatro semanas. - Sí.
¿Cómo saben que fue por quitar el coco?
Probamos la fórmula anterior,
y sólo el 50% vio resultados en ocho semanas.
Esta fórmula tiene conclusiones más sólidas.
Es muy decepcionante, Kayla.
Te di una oportunidad fabulosa,
con todos los recursos, ¿y presentas esto?
La jodiste con el coco.
Entiendo, Nicole, pero creo que es
una buena propuesta para Melo.
Escucha, no emprenderemos nada con eso.
No tendría ningún éxito. Lo lamento.
¿Reservaste algo para esta noche, o vamos al lado?
- Vamos al lado. - Genial.
Felicitaciones, Kayla.
No te desanimes.
- Vas muy bien. - Gracias.
- Aleisha. - Hola.
- ¿Tienes un minuto? - Sí.
Es sobre el caso Day Rider.
¿Hay algún problema?
No, pero sí.
¿Qué plantillas usaste para las cartas que enviaste
al equipo legal de Wolf Peck?
Las que usaba cuando trabajaba en el equipo naranja.
Eso tiene sentido.
Busco que nuestros términos y condiciones
tengan precedentes legales.
No todos los equipos de otros colores
- lo hacen. - Bien.
Al parecer,
enviamos algunos documentos al equipo legal de Wolf Peck
cuya redacción no era estrictamente legal.
- Bien. - Fue culpa nuestra.
Quiero que revises toda la correspondencia,
- corrijas la redacción... - Bien.
Y la reenvíes a ambas partes.
Sí. ¿Empiezo con los archivos de casos y las carpetas?
Sí, y tritura todo lo que haya.
- Sí. - Redáctala según el criterio legal
y reenvíasela a ambas partes
- para evitar problemas. - Sí.
- Claro. - Gracias.
- Lo lamento. - No, fue culpa nuestra.
- Bien. - Gracias.
Gracias.
Disculpa, pero ¿por qué proteges a Josh?
- No lo hago. - Lo haces.
- No. - Creo que sí.
Claro que no. Sólo hago mi trabajo.
¿Porque te gusta?
No me gusta.
- Sí. - No.
- ¡Leisha! - No.
Que no se aprovechen de ti.
- ¡Kayla! - Como esa chica. ¿Cómo se llamaba?
¿Nadia?
Yo le digo.
Dile: "Tomaste dos Aperol spritz,
un Martini estrella porno, un chupito de tequila,
tres ginebras con tónica, págalos".
Le digo. Pero pone excusas,
se va al baño, o tiene que llamar a la mamá.
Es así desde la escuela.
Es tacaña. Es así.
"Es tacaña. Es así".
¿Y quién paga estos?
¿Tú?
Eres irritante.
En fin,
¿cómo te fue hoy?
Bien.
- ¿En serio? - Sí. Muy bien.
¡Genial!
Oye.
- Salud. - Salud.
- Felicitaciones. - Gracias.
¿Qué dijo Nicole?
Dijo que le parecía un concepto interesante.
- Bien. - Me felicitó por el trabajo
y dijo que lo pensaría.
- Genial. - Sí.
Andreas está feliz.
Todos felices.
- Kay, felicitaciones. - Gracias.
¡No!
¿Qué te pasa?
¿Estás bien?
¿Era eso?
¡No! No estoy bien.
¡Maldita sea!
¡Intentaba dormir!
¡Cielos!
- Son las 6:25. - ¿Las 6:25?
Estoy despierta desde las 4:00 a. m.
Por tus ronquidos estruendosos.
Parecía que te ibas a tragar a ti mismo. ¡6:25!
La cocina es un caos.
Entonces, ve y límpiala.
No me rondes como un fantasma.
¡Me hostigaron
todo el día!
Un hombre quiso matarme.
- ¿Cómo? - En un estacionamiento.
Pudo tener un cuchillo.
¿Qué pasó?
¿Cómo puedo levantar un sofá yo sola?
Una cualquiera quiso acusarme de robar un sofá.
El buen trato al cliente no existe. Ya no te tratan bien.
Son todas estúpidas.
"Es una cola. Debes esperar".
Apurarme a mí. Animarme a mí.
"Anímate tú misma, con tu bebé rechoncho.
Ocúpate de tus cosas. No sabes lo que me pasa.
Podría tener una enfermedad terminal.
Ignoras mi sufrimiento.
No sabes de mi dolor.
Ve a animar a tu esposo y hazlo sonreír para variar".
La gente debe tomarse su tiempo para decidir las cosas.
Soy una mujer enferma.
"No puedo saltar e ir adonde tú quieras.
Ve, aflígete, lánzate sobre su tumba,
llora a mares y ponle flores,
pero no te apropies de mi dolor".
Estoy harta.
¿Prepararás la cena?
No, Curtley,
no prepararé la cena.
Si quieres cena, prepáratela tú.
- ¿Es pollo? - ¿A ti qué te parece?
Qué asco.
Saben que no lo soporto.
Mi madre me obligaba a comerlo.
Sí, lo sabemos.
Siempre encima de mí.
Pollo. Pavo. Pato. Pezuña de vaca.
Cabeza de pescado. Hígado.
Carne en conserva. Cola de cerdo.
Mondongo.
Moses, recuerda ponerlo en dos bolsas y dejarlo afuera.
¿Me trajiste algo?
Ibas a dormir.
No estoy bien, Curtley. Soy una mujer enferma.
Me zumban los oídos por la migraña crónica.
Tengo rigidez mandibular. Los dientes me matan.
Sufro de dolor muscular. Espasmos.
Me molesta la panza.
Mañana, gracias a Dios, tengo cita con el médico.
También iré al dentista.
Con suerte, sacaré algo en claro, para variar.
- ¡Dios mío! - ¿Qué?
- Curtley, ¡hay un zorro! - ¿Cómo?
¡Un zorro! Sácalo.
¡Hay un zorro!
- ¿Cómo? - Curtley, ¡sácalo!
Cierra la puerta.
Curtley, ¡me está mirando!
Curtley, espántalo.
¡Échalo al otro jardín!
¡Curtley!
¡Curtley! ¡Échalo de la casa!
Hola. ¿Pansy Deacon?
Sra. Deacon. ¿Quién es usted?
Sra. Deacon. Soy la Dra. Rosie Bolt.
¿Dónde está el Dr. Goldberg?
Tuvo que ir a un funeral.
¿Quién se murió? ¿Dónde?
Un familiar cercano, en Israel.
¿Se preocupa por los muertos con tantos vivos sufriendo aquí?
- ¿Quiere pasar a hablar? - No.
¿O quiere una cita con el doctor
para cuando vuelva?
¿Sabe cuánto esperé esta cita?
Dos semanas.
Sólo para que un ratón con anteojos me chille.
Gracias.
¿Entra?
No tengo opción. Tengo dolores.
¡Entre entonces!
¿Está bien?
No estoy bien. Vine al médico.
Si no, no estaría aquí.
La auscultaré
- y le tomaré el pulso. - ¿Por?
Por sus antecedentes de palpitaciones.
Ya le dije que no tengo, no va a escuchar nada.
¿No quiere que la examine?
No, no pierda el tiempo.
Quiero que vaya a lo que me urge. Mi cabeza.
Bien.
¿Quiere recostarse?
- ¿Para qué? - Para palparle el abdomen.
Hágalo. No tengo todo el día.
- ¿Siente algo ahora? - Me hace ruido.
- Dígame si le duele. - Lo haré.
No.
- Apenas. - ¿Fuma?
- No. - ¿Bebe?
No, no bebo.
¿Consume cafeína?
Tomo tres tazas de café por la mañana,
una por la tarde cuando miro TV
y a veces tomo un pequeño expreso
luego de cenar.
¿No consideró reducir la cafeína?
- ¿Cuánto hace que es médica? - Cinco años.
- Poco, ¿no? - Más seis años de estudios.
Lleva más tiempo de estudiante que de médica.
El abdomen está blando, como debe ser.
¿Es boba? Claro que está blando. No tiene nada.
Ya le dije, estuve una eternidad en el baño esta mañana.
Pensé que se me salía el cerebro.
Bueno, ya la revisé.
Póngase el abrigo.
¿Sabe qué?
No tiene delicadeza.
Digan lo que digan del Dr. Goldberg,
trata bien a los pacientes.
Sabe cómo hablarles.
Es algo que no le enseñaron
en esa supuesta Universidad en la que estudió.
No me pide análisis de sangre ni muestra de orina.
Es inaceptable.
Sra. Deacon, póngase las antiparras, por favor.
- ¿Son nuevas? - No.
Pero las desinfectamos luego de cada paciente.
No limpian como yo.
Le aseguro que están limpias. Las usaría yo si pudiera.
No las usaré.
Bien, Sra. Deacon.
Estire el cuello y abra bien la boca.
Lo sé. Ya estuve aquí.
Sé que estuvo.
¿Cómo olvidarlo?
Muy bien.
Vaya, qué buena limpieza dental.
Sé cuidarme, muchas gracias.
Soy una persona limpia.
Estoy segura de que lo es.
Muy bien.
¿Qué hace?
Sra. Deacon, es sólo un explorador dental.
Sí, lo sé.
Es para evaluar las encías.
No apuñale a la gente. ¡Cielos!
Lo lamento, Sra. Deacon.
La mandíbula me está matando.
- Lo lamento. - ¡Caramba!
Déjeme ver.
No. Sí.
- ¿Le duele? - Sí.
¿Y aquí? ¿Le duele?
¡Oiga! Duele.
Me duele al hablar.
Me duele al comer, al beber
o al reírme. Me duele.
¿Entiende?
Sra. Deacon, ¿quiere que continúe con el examen dental?
Por supuesto, pero con la condición de que entienda
que está tratando con un ser humano vivo que respira.
No está lavando platos.
Por supuesto que no.
Prometo ser lo más suave que pueda.
Bien.
Y no sea condescendiente. No soy una niña.
Bueno.
Muy bien.
¡Es una tortura!
Pago £25,80.
Es inaceptable.
Sra. Deacon, sí el servicio no la satisface,
la invito a que busque otro dentista.
Sí, lo haré.
¿Qué? ¿Bebes agua?
- A la mierda - ¡Suéltame!
Hazlo por mí.
Oye, mira.
- ¡El gordito! - ¿Qué?
- ¡Moses! - ¡Mo!
¡Moses!
¿Qué tal?
¿No oyes cuando te hablo?
- Qué lindos. - ¿Qué te pasa?
- ¿Qué tal? - ¿Adónde vas?
- A caminar. - ¿A qué?
Tranquilo.
- ¿Ejercicio? - Qué mierda.
Hay puertas dobles para gente como tú.
Mírame cuando te hablo. Sé educado.
- Tranquilo. - ¿Qué mierda te pasa?
- ¿Por qué estás triste? - Tranquilo.
¿Ya no hay hamburguesas?
Porque se las comió todas. ¡Míralo!
Qué mierda. Nunca cambiarás, amigo.
Cuídate, grandulón, digo, gordinflón.
- ¿Sí? - Tranquilo.
¡No te cortes las venas!
Me llamó tu hermana.
- ¿Quién? - Chantelle.
Sé quién es mi hermana, gracias. ¿Para qué te llamó?
Para que vayas al cementerio.
Ya lo hablamos.
¿Por qué te entrometes?
No es asunto tuyo.
Nos invitó a su casa después.
Lo sé. Lo hablé con ella.
No es de tu incumbencia.
Iré si quiero y si no quiero, no.
Apaga la luz.
EN MEMORIA DE PEARL IVY MONTGOMERY
¿Estás bien?
¿Para qué le hablas? No te oye. Los muertos, muertos están.
Y saben a quién asustar.
Vinimos a presentar respetos y nos vamos.
No pasaré la tarde aquí.
Tenía una bolsa con cosas,
- pero creo que anduvieron los zorros. - ¿Zorros?
Sí, zorros.
Toma.
Limpio todo el día, y quieres
que friegue la lápida de mi difunta madre.
Deberían hacerlo aquí,
con lo que cuesta una parcela. Ladrones.
Nunca pagaste un centavo. Pearl lo hizo.
Pearl, queridísima Pearl.
La que nunca se equivocaba.
¿Por qué tanto enojo?
¿Cómo debería estar?
Estoy junto a la tumba de mi difunta madre.
¿Quieres que me mate de risa y haga chistes?
Está pudriéndose bajo nuestros pies.
¿Qué...
Muestra respeto.
Toma.
No las tocaré. Ponlas tú.
Son de parte tuya.
De todos modos, no se dará cuenta.
Yo no recuerdo a Pearl como tú.
Para ti fue fácil.
Eras la favorita.
Siempre tan compinches las dos...
¿Y Pansy qué?
Nos trataba por igual.
Claro que no. No me apoyó.
Sí que lo hizo.
Jamás. Yo era buena en matemáticas,
con los números. No me alentó.
Incluso cuando murió te prefirió a ti.
Fui yo la que la encontró
tiesa en la cama,
mirándome con esos ojos muertos.
Acusándome. Decepcionada.
"Pansy, ¿qué te pasa?
¿Por qué no sales a jugar?
¿Por qué no tienes amigos? ¿Por qué no disfrutas de la vida?".
- ¿Por qué no disfrutas de la vida? - No sé.
Estoy maldita.
Estoy maldita.
No es justo.
Ojalá la hubiera encontrado yo.
Lo lamento.
No debió morir sola.
Estoy muy cansada.
Lo sé.
Sólo quiero acostarme y cerrar los ojos.
Quiero que todo termine.
Vamos al apartamento.
No, quiero ir a casa.
Eres mi única familia.
Ya no puedo más.
Tengo mucho miedo.
Lo sé.
Todos me odian.
Curtley me odia. Moses me odia.
- Tus hijas me odian. Todos me odian. - Nadie te odia.
Te queremos todos.
Yo te quiero.
No te entiendo,
pero te quiero.
- Hola. - ¡Corredora!
Estoy toda sudada.
- ¿Estás bien? - Sí.
- ¿Estás bien, Mo? - ¡Hola, tío Curtley!
- Hola. - Hola.
- ¿Estás bien? - Hola, Moses.
¿Estás bien?
No te quedarás en el auto.
Vamos.
Por favor.
Está bien.
¿No irás por el ascensor?
No.
Ve tú. Nos vemos arriba.
Cuidado con las puertas.
Subiendo.
Puertas cerrándose.
- ¿Pollo o pescado? - ¿Tío Curtley?
¿Pollo o pescado?
- O ambos. - Pollo.
- ¿Sólo pollo? - Sí.
- ¿Seguro? - Sí.
¿Sigues una dieta magra? Como yo.
No lo hagas, tío Curtley.
- ¿Quieres arroz y arvejas? ¿Salsa? - Sí.
- ¿Fideos? - ¿Fideos con queso?
- Todo, por favor. - Sí, por favor.
Muy bien.
- ¿Batata? - Sí, por favor.
Bien.
- Tengo hambre. - Sí, yo también.
- ¿Plátano? - Sí.
- Hay que comerlo caliente. - Sí.
Aquí tienes.
Ahí tienes.
Hay ensalada y coleslaw.
¡Yo hice la ensalada!
Y mamá, la coleslaw, así que está deliciosa.
Tía Pansy, ¿te sirvo?
Te lo dejo aquí.
- No quiero nada. - ¿Segura?
Mamá, ¿quieres de todo?
Luego.
Comeré luego.
Bueno.
¿Así está bien?
- Sí. ¿Puedo empezar? - Sí, adelante.
Come.
- ¿Estás sirviendo un plato? - Sí.
No quiere nadie más.
¿Por qué no comes?
¿Qué pasó?
¿Te hizo enojar?
¿Qué dijo?
¡Mamá!
Dice que la odiamos. No la odiamos.
Claro que no la odiamos.
Pero mírala, está loca de remate.
No odiamos a nadie.
Sé que no odiamos a nadie,
pero siempre se trata de ella.
¿Y tú qué?
La abuela también era tu mamá.
Es muy grosera. Se desubica.
Sé buena con los demás para que lo sean contigo.
¿Acaso no lo soy?
¡Cielos!
Vamos.
- Con calma, Kay, ¿sí? - Sí.
¡Muy bien!
- ¡Feliz Día de la Madre! - ¡Feliz Día de la Madre!
¡Feliz Día de la Madre!
- Tío, feliz Día de la Madre. - Te quiero, mamá.
- Moses. - Tía P.
- Leish. - A los ojos.
- ¡Feliz Día de la Madre! - ¡Feliz Día de la Madre!
Vamos. Es mala suerte.
Feliz Día de la Madre.
¿Cómo está tu familia, Curtley? ¿Cómo está tu mamá?
Una pregunta, Moses Deacon.
¿Adónde vas exactamente en tus paseos?
Adonde sea.
- Adonde sea, bien. - ¡Ven a caminar con nosotras!
- Sí, deberíamos salir juntos. - Los tres. ¿Sí?
¿El próximo fin de semana?
Piénsalo, ¿sí?
¿Sí?
Sí.
Trato hecho.
¿Qué pasa?
No lo sé.
Siéntate.
Vamos.
Estoy cansada.
¿Quieres recostarte?
Me tienes preocupada.
Esto no puede seguir así.
¿Qué haremos?
No te odian.
No me importa. No me agradan.
Déjalos entonces.
¿Cómo?
Tienes que cuidarte.
Me siento muy sola.
Sola si están, sola si no están.
No me siento segura. Cuando salgo, pasan cosas.
- ¿Qué cosas? - Gente.
Que se las arreglen sólos.
No tuvo ninguna oportunidad, ¿no?
- ¿Quién? - Moses.
Es adulto. Tiene 22 años.
Y a él ya no le soporto ni la voz.
Cielos.
¿Por qué te casaste con él?
Tenía miedo.
No quería terminar sola.
¿Qué tiene de malo estar sola?
Yo estoy sola. Pearl estaba sola.
Carlton no debió dejarnos.
Pero nos dejó.
Y ella salió y consiguió trabajo.
Ni me lo digas.
Lo sé.
Te exigió demasiado.
Me cuidaste.
Siempre me criticaba.
Ella no lo habría logrado sin ti, y lo sabía.
Hiciste un buen trabajo.
Eras una niña.
Sólo quiero que se acabe todo.
¿Por qué no te quedas?
- Sólo por esta noche. - No puedo.
¿Por qué no?
Hay muchas plantas.
Insectos.
No hay insectos.
¿Y el balcón? ¿Los pájaros?
- De noche, cerramos la puerta. - ¿Y si entra algo?
¿Todo está bien?
- ¿Ya se atiborraron? - Casi.
Mamá, ¿te sirvo? No comiste.
- No, estoy bebiendo. - ¿Sí?
¿Quieres más prosecco?
Y trae la copa de tu tía.
- Bien. - ¡Llénala, Leish!
Tía Pansy, te espera una sorpresa en tu casa.
¿Sí? ¿Qué?
Mo, ¿no le dijiste?
Moses.
Le compré flores.
Sí, para el Día de la Madre.
No te las dio porque estabas en el cementerio.
Qué tierno.
Gracias, Moses.
¿Quieres té?
EL GRAN LIBRO DE LOS AVIONES
¿Pansy?
Pansy.
¿Qué?
¿Qué pasa?
Intento dormir.
¿Qué pasa con mi ropa?
No te quiero aquí, Curtley. Quiero dormir.
¿Qué?
¿Cómo está tu familia, Curtley? ¿Cómo está tu mamá?
- ¿Qué? - Tu mamá. ¿Cómo está?
Estabas sentado en la casa de mi hermana
saboreando su comida.
Y te hizo una pregunta civilizada: "¿Cómo está tu mamá?".
Y no tuviste los modales ni la decencia de responderle.
Te quedaste ahí,
atiborrándote como un cerdo.
Me das asco.
¡Eres asqueroso!
¿Qué?
¿Por qué te quedas ahí?
Muy bien.
Tiene cuatro movimientos.
Y consta de 23 compases.
Haydn la compuso para dos fagots, dos clarinetes,
dos flautas, dos trompas, dos oboes, dos trompetas,
timbal y una pequeña sección de cuerdas.
Dura 27 minutos
y se estrenó el 3 de marzo de 1794.
A Haydn lo impresionó la cantidad de relojes de Londres.
Pero sin el Big Ben,
porque se empezó a construir en 1843
y se terminó en 1859.
Pero el pobre Haydn murió en 1809, así que nunca lo vio.
Claro, "Big Ben" es el nombre de la campana,
la torre
ahora se llama "Torre de Isabel". ¿Lo sabías?
Sí, lo sabía.
Vamos.
- A trabajar. - Bien.
- Inclínala, ¿sí? - Inclínala.
Bien.
Sí.
Sí.
Bien.
- ¿Puedes? - Sí.
¿Estás bien?
No, no estoy bien.
Vamos.
Sí.
Vamos.
Vamos.
¿Estás bien?
Me dañe la espalda.
- ¿Sí? - Sí.
- Toma las llaves. - Sí.
- Bien. - Vamos.
- ¿Puedes? - Sí.
- ¿Puedes? - Puedo, sí.
Apoyaré el bolso.
- Eso es. - Bien.
Sube.
- Sí. - Sí.
- Perdón. - Sí.
- ¿Sí? - Sí.
- Espera. - Sí, bueno.
- Cuidado con la pierna. - Sí.
El pie. Muévelo.
Vamos.
Está un poco...
Eso es.
- Bien. ¿Sí? - Sí.
- Bien. - Sí.
Bien.
- Vamos. - Sí.
Estoy aquí.
Bien, vamos.
- Despacio. - Sí.
- Sí. - Vamos.
Busca a Pansy.
Ve, está arriba.
¿Pansy?
¿Pansy?
- ¡Largo! ¿Quién es? - Soy yo, Virgil.
¡Virgil! ¿Qué quieres?
- Perdón. - ¿Qué haces en mi cuarto?
- ¡Podría estar desnuda! - Perdón.
- Es por Curtley. - ¿Qué pasa con él?
Se lastimó la espalda.
Está en la cocina.
Perdón.
Ya viene.
¿Estás bien?
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