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Original subtitles

Última llamada para el tren 9018 de las 10:25 con destino París.

El tren va a efectuar su salida.

Última llamada para el tren 9018 con destino París...

Emma Jane, ya no hace falta correr.

Vaya, por poco.

Menos mal que he cogido un billete para Lucien, está lleno.

Como siempre.

A ver, 22, 23, 24, 25...

Vaya, pensaba que estaríamos los cuatro juntos.

¿Nos sentamos juntos?

Voy a ver si estos señores pueden cambiarse.

Voy a ver si van juntos.

Disculpen.

Disculpen, ¿viajan juntos?

-No viajamos juntos. -¿No?

-¿Ustedes van juntos? -No.

Bien, porque somos una familia,

somos cuatro, y si pudiera moverse,

cambiar de asiento, podríamos viajar los cuatro juntos.

-¿Cuáles son sus asientos? -Esos.

Es que no me gusta ir en sentido contrario a la marcha.

¿No?

Lo siento.

Disculpe, señora...

Está usted junto a la puerta. Se abre y se cierra constantemente.

No, no estoy junto a la puerta.

Ahí hay corrientes. He pedido este asiento en concreto.

Tengo tarjeta de viajero frecuente.

Albertine, déjalo.

-Así estamos bien. -Esta gente es idiota.

Gente caca, muy mala.

Es una estupidez. ¿Qué les importa?

Estaría bien que nos sentáramos juntos.

-Solo son tres horas. -Ya.

Voy a trabajar, ¿me pasas el ordenador?

Gracias.

¿Qué es eso?

No, no, cariño.

-¿Todo bien, Albertine? -Sí.

¡Albertine, cuidado, el agua está fría!

¡Albertine, no tires las nécoras!

Cumpleaños feliz...

¡Titine, canta una canción!

EL SKYLAB

Pliega la bolsa y así puedes volver a utilizarla.

Papá.

¿Es un pervertido?

-¿Qué? -¿Es un pervertido?

Vamos, Albertine, los pervertidos se esconden.

No sonríen delante de todo el mundo.

Qué mal educada está esta niña.

Está muy bien educada, hace bien en desconfiar.

Hay gente que está chalada.

Eso es, y están por todas partes.

Es un cerdo.

¿Qué te ha hecho?

Sí que es asqueroso.

Así...

Es raro.

"Confía en mí".

Con su cuello vuelto color esperma...

Date prisa, solo para dos minutos.

Ponte la gorra, hace viento. Y coge la chaqueta.

-¿Lo tienes todo? -Ya vamos, mamá.

Albertine, la cartera.

Y no olvides tu tebeo.

Saint-Malo. El tren para dos minutos.

¡Los parisinos!

-Hola, señora Prevost. -Hola.

Loulou, siempre tan simpático.

Has crecido, Loulou.

-¿Habéis hecho un buen viaje? -Sí, aparte del madrugón...

-Los artistas no tenéis costumbre. -Muy amable.

¿Cómo va? Hola, Albertine, ¿qué tal?

-Bien. -¿Sí?

Qué mayor. ¿Cuántos años tienes?

-Once. -¿Tienes novio?

No.

Me alegro. Me habría puesto un poco celoso.

-¡Deja de ligar con mi hija! -Tiene a su papá.

Y con esa coliflor en el labio, poco va a ligar.

-Eres asquerosa. -Ya lo sé.

-Estoy en doble fila. -Pues vamos.

¡Ya basta! ¿Por qué se me pega ese?

-¡Qué prisa tienes! -¡Cabrón!

¡Imbécil! Claro, matrícula de París.

Qué locura.

¿Han llegado ya todos?

Acaban de llegar Micheline y Roger.

Y Fredo y Linette llegaron con nosotros, fueron a por la abuela.

Y Micheline, ¿qué tal?

Ha adelgazado mucho desde que se fue Aline.

Con un padre facha, yo también me iría.

No llames fascista a mi familia.

Es tu cuñado. Como diría tu madre, "un añadido".

Cuñados incluidos.

Monique y Gustavo llegan en coche a mediodía.

¡En coche desde París! Tendrán el culo...

Nuestro viaje ha sido genial, de París a Saint-Malo

en apenas seis horas.

Sí, no es nada.

¿Y tu curro?

El fútbol, ya sabes.

No ganamos desde ni se sabe... Tendré que buscarme otro curro.

Pero, bueno, mi primo

está en el sector inmobiliario, los ingleses lo compran todo.

Qué cabrones. ¿Qué tal mi hermanita?

Quería dar la sorpresa luego, pero... vas a ser tío otra vez.

-¡No! -¡Bien!

Los bretones sois como conejos.

Paramos después de este. Con cuatro basta.

¿Sí? ¿En Bretaña sabéis lo que es la píldora?

No, la sodomía es más segura.

-¿Qué es la sodomía? -Nada.

-No es verdad, es algo. -¿Cómo?

Van a tener otro niño.

Me alegro. Hace usted unos niños muy guapos, Loulou.

Gracias, señora Prevost.

Ahí están.

¡Hola!

-¡Hermanita! -¡Hermanito!

-Necesitamos impermeables. -¿Por qué?

-Tienes un jardín precioso. -Ya.

-¿Qué tal? -Bien, ¿y tú?

Joseph lo hizo todo durante la primavera.

¡Tío Jeannot, haz el gorila!

Hola, Suzette.

Vais a dormir los tres en la casa.

Tú, en el cuartito al lado de...

No, yo quiero dormir en la tienda, con los demás.

Ni hablar, en la casa con nosotros.

Esta noche puede dormir en la tienda.

No, con esa cosa que va a caer...

¿Qué cosa?

El Skylab, el satélite.

Puede caer en el oeste de Francia. Bretaña está en el oeste.

Robert, déjalo en paz. No le des la lata.

Entre monos, nos entendemos.

Venga, tira.

Te lo has perdido. Ven.

¡Robert, no hagáis tonterías!

Tranquila.

De acuerdo. De ese no me fío.

Desde aquí se ve mejor.

Era asqueroso, hacía...

Mira.

La carretilla está llena de tripas. ¿Se puede entrar?

-No, han cerrado con llave. -Mierda. ¿Y la cabeza?

La han puesto en el caldo.

¡Qué asco!

Según mamá, es lo mejor para el cuscús.

Se lo diré a papá y mamá.

No podéis estar aquí.

Y encima con Albertine. La paliza que te van a dar...

Yo diré que fumas.

Hazlo y te destripo.

Hola, Christian.

Hola. Bien, largaos o llamo a mamá.

-¿Qué es eso? -Champán.

-¿Qué champán es? -Ya lo verás.

Titine, ¿juegas a las muñecas?

Prefiero montar en bici. Es preciosa.

-¿Cómo se llama? -Se llama Anastasia.

Qué bonito.

¿Puedo ir a montar en bici?

No, aquí no tienen ruedines.

-Sé sin ruedines. -No.

Está la vieja de Jean-Luc. Está un poco rota pero funciona.

Vale, alrededor de la casa. Y dale el regalo a la abuela.

Abuela.

Mi pequeña Albertine, qué guapa estás. ¿Qué tal?

Bien. Feliz cumpleaños.

-Gracias, cariño. -Te he hecho un dibujo.

Qué preciosidad. Es muy bonito. ¿Y hay algo más?

Es precioso. Pero, dime, ¿es una casa?

No, es una nave para ir al espacio.

Tiene de todo, incluso una granja.

-¿Tienes 67 años? -Sí.

No eres tan vieja como la abuelita.

Amandine, le he traído chocolates suizos.

Gracias, Lucienne. Son mis preferidos.

Tomará un oporto...

No debería, pero bueno.

Solo una gota.

No puede sentarme mal.

¡No se toca!

Philippe, tráele un vaso a Lucienne.

¿Ya estás dándole al oporto?

Con la mañana que llevo, me lo merezco.

-¿No la han ayudado los jóvenes? -No saben hacer el caldo.

Y es una locura venir solo a pasar el día.

No, hoy teníamos descanso.

Y así hemos traído a Albertine y a la abuela.

Qué amable, cielo.

Pero es demasiado, no tenías por qué.

Es para que llegues mejor a fin de mes, mamita querida...

Cuidado, no me despeines.

-Flore no se duerme. -¡Tía Clémentine!

-Hola. ¿Qué tal? -Bien.

Toma, ocúpate de tu ahijada.

Romain, ¿qué te he dicho?

-Con zapatos en el sofá, no. -Tranquila.

-Te he matado. -Eres agotador.

-Te he matado. -Pierre, ¿puedes llevarlo afuera?

Arthur tiene diarrea.

¿Otra vez? ¿Pero qué ha comido?

-¿Hay sitio en el frigorífico? -No, está lleno.

-Ahí llegan los parisinos. -¡Hola a todos!

Ya era hora.

¿Qué tal?

-Aún más guapa que el año pasado. -Gracias.

¿Todo bien?

Toma, por tu cumpleaños.

¡Gracias, padrino!

Hola, Gustavo, ¿qué tal el viaje?

¿Qué?

¿Te gusta?

-Mucho, gracias. -No es nada.

Vas a estar preciosa.

Ahora mismo te pongo un pastís.

-¿Qué tal? -Bien, ¿y tú?

Bien.

¿Has visto el vestido?

Sí, lo tengo igual en rosa.

El rosa es para los bebés.

Y el azul, para los chicos.

Para mí, el rosa es de estúpidos. Pero a ti te queda bien.

¡Me haces daño!

¡Déjame en paz!

-¡Déjame! -¡Para!

¡Para tú!

¿Estáis locas? ¿Qué hacéis?

¡Para!

¡Suéltala ahora mismo, y tú también!

Tú, entra a ocuparte de tu hermana. Y saluda a la abuela.

-Están locas. -Albertine, ¿qué pasa?

¿Por qué se lo has comprado en azul?

-Es mi ahijada y es su cumpleaños. -¿Y qué?

Para mi cumple y para Navidad, un solo vestido.

No es justo. No es culpa mía

-que haya nacido el 21 de diciembre. -Y muchos libros.

Soy tu hija, tienes que darme más.

Basta ya, el rosa es más bonito.

Mira, le hago caricias.

Sí, haceos caricias. Deja de discutir y vete a jugar.

Ven conmigo, entramos en casa.

Vamos a beber un pastís.

Las servilletas no son iguales.

¿Y Roger y Fredo?

Se fueron a por pasteles hace una hora. Se habrán tomado un aperitivo.

-¿Qué tal, Micheline? -¿Qué tal?

-Me tomaría algo muy a gusto. -Yo también, un pastís.

¿Pero tú qué te crees? ¡Ni hablar!

Obedece a tu madre.

Hola.

¿Qué tal, Joseph?

-Hola, Anna. -¿Dónde está el cordero?

Allí, tengo que ensartarlo. ¿Me ayudas?

Sí.

Anna, ¿le ayudas?

-¿Estás loco? -Jean, no tardaremos.

No lo he hecho nunca.

-Sé un hombre. -¿"Sé un hombre"?

Ya verás esta noche.

Venga, hasta ahora.

No es mi vaso.

-¿Así está bien? -Intenta meterlo más.

-Menudo bicho. -Sí.

-¿Cuánto pesa? -Unos 20 kilos.

No veas cómo se resistió el muy cabrón.

Bien, vamos a atarlo.

No, no.

Cuidado, gusanitos,

o me llevo a uno para la barbacoa.

Mirad quién ha llegado.

-No juguéis aquí. -Basta, niños.

Hola, tío Fredo.

Me duele el ojo. Como eres médico, dime si es un tumor cerebral.

A ver...

No son en absoluto los síntomas de un tumor cerebral.

Gracias, estaba muy preocupada.

Ve a jugar con los demás.

-Hola, tía Anna. -Hola, Henri.

Nos hemos perdido.

Para, no seas pesado. Ve a sentarte.

¿Qué, artistas, seguís en la calle?

No estamos en la calle, es un espectáculo callejero.

Ya lo sé, es una broma.

Ya empieza tu hermano.

Te toma el pelo, no es con mala intención.

-¿Qué tal, Fredo? -Bien.

-¿Qué quieres? ¿Un pastís? -¿Dónde está Linette?

Linette, por favor...

-¿Yo me he tirado a un alemán o qué? -Acaban de llegar, deja que les sirva.

Qué gilipollas.

Venga, salud.

¡Hola a todos!

La siesta es después de comer, no antes.

Son las gallinas.

-Está lleno de hierba. -Robert, eres asqueroso.

¿Y eso qué es?

¡El corazón!

-¡Apesta! -Huele a mierda.

Si te abrieran la tripa, también olería a mierda.

¿Aline no viene?

-¡Cállate, Robert! -¿Qué?

-Se ha ido con un amigo de su padre. -Sí, con un viejo, ¿no lo sabías?

Tiene casi 30 años.

Venga, todos afuera.

Robert, deja de tocar eso.

Quiero mirar.

-Dame unas tripas... -¿Para qué?

Para jugar.

¡Largo, moscardones!

¡Venga!

¿No veis que es asqueroso jugar con eso?

¡Niños, a comer!

-¡Suelta! -¡No!

-¡Robert, Albertine! -¡Deja!

-¡Es ella! -¡Parad ahora mismo!

¡Robert! ¡Para!

Compartidla, ¿vale?

¡Tiene culo de elefante, come demasiado!

¡Y tú eres una caca! ¡A mi padre le caes mal!

-Me trae sin cuidado tu padre. -Y tú a él.

Sois dos lerdos.

Lerdos como cerdos.

Tú eres una pedorra, mi padre pasa de ti.

Y no es verdad, no tengo culo de elefante.

Estoy harto de que con 17 años me pongan con los críos.

Jean-Luc, deja la muñeca, papá se va a enfadar.

Toma, coge la mía. Queda mucha, voy a la cocina a cortar más.

Gracias, Catherine.

¡Gallina! ¡Gallina!

-¿Quieres? -Sí, vale.

Nos lo da un productor local porque pincho a su mujer diabética.

En Navidades volvió tan borracho...

iba vestido de Papá Noel, con la barba

pegada aquí...

y la niña lo encontró dormido en medio del salón.

Y ya no quiere creer en Papá Noel.

A Roger le pasó lo mismo,

borracho perdido, se dejó la barba en el bar.

Pero Henri ya sabía lo de Papá Noel.

Al menos esta vez no han olvidado los pasteles.

Bonitos melones, ¿eh? Tetas Gran Reserva.

¡Para!

Los pechos más bonitos de Bretaña.

Mi hermana tiene mucha conversación.

¿Te acuerdas de cuando te presentamos a nuestros amigos?

Venían como moscas,

los tenía loquitos. Le preguntan a qué se dedica y ella:

"Estoy en la P y B".

Los tíos, impresionados, pensaban que era un rollo intelectual, artístico...

Y por fin uno pregunta: "¿Qué es la P y B?"

y ella: "Pues la panadería y bollería".

Los intelectuales son unos cachondos.

¿Y qué hay de Aline?

Roger...

quiere cargárselo, no creo que la veamos.

Pero es su hija.

Lleva mal que sea con un amigo suyo del ejército.

Y encima está embarazada.

Bueno, es mayor de edad, no podemos decirle nada.

Sí que puedes decirle algo.

¿Servimos el cuscús a los niños?

¡Eh, los mayores! ¡Traed el cuscús!

Vale.

Christian, ayuda un poco.

Tiene una gran familia, Amandine.

Sí, pero ha habido que criarlos, no siempre ha sido fácil.

Y ahora los veo en Navidades,

a veces en verano, o para mi cumpleaños.

Yo solo tuve una

y muy tarde. A mi Gérard no le iba mucho "eso".

Y no había medios.

Tiene suerte. Mis maridos siempre estaban dispuestos.

Ni un momento de descanso.

Me habría encantado tener también un chico.

Una hija única, es difícil.

Se ocupa mucho de usted.

Noto que estoy de más. Son una pareja joven.

Con la niña, les venía bien.

Pero ahora, vivir con ellos, en 28 metros cuadrados

y sin cuarto de baño...

Lavarnos todos en el fregadero de la cocina...

-Estoy de más. -Qué va.

Les viene bien que esté ahí.

Lo de ser actor es complicado.

Pensar que iban a nombrar a Jean director de Correos...

Lo dejó todo por el teatro. ¡Hay que ver!

Sí, tenía un buen porvenir.

Y yo, que trabajé tanto para que Anna pudiera estudiar...

Actriz, eso no es una profesión.

Abuela, en vez de decir tonterías, tome un vinito.

Una gota.

Con muy poco tengo de sobra.

A ver, mamá.

Un poquito de vino para mamá.

Es un vino caro.

Albertine siempre ha sido muy infantil.

Sigue siéndolo.

Dios mío, se nos ha olvidado Hubert.

Sí, ¿dónde está?

En la habitación, no lo hemos despertado.

Pierre, ve a despertar al tío Hubert.

-¿Ha salido? -Sí, la semana pasada.

Está con nosotros.

¿Va bien?

Le inflan a medicamentos, así que está tranquilo.

Por favor, no hablemos del tema.

Vale, pues no hablamos.

-No es para tanto. -¿No es peligroso con los niños?

Te toca a ti.

Corta la pierna...

Bonito cordero.

Deja eso ahí, Christian.

Gracias, cielo.

No te vayas con las manos vacías, lleva esto.

Esto también, esto también. Toma.

-Y los tomates. -Christian nunca ha trabajado tanto.

Hubert, ¿qué tal?

Qué gusto veros a todos.

Hola, Hubert.

-¿Ves? Va lento, pero ahí está. -Hola, hermanita.

-Me alegra verte. -Y en plena forma.

Hola, Hubert.

Cuscús...

Hola, tío Hubert.

Hola.

Hola.

-¿Esa quién es? -Hola, tío Hubert.

-Hola, Clémentine. -No, yo soy Albertine.

Sí, Albertine. Qué grande estás, ¿cuántos años tienes?

Once.

Hablas bien para tu edad.

-Habla bien para su edad. -Voy a comer.

Está perfecto.

Ya está.

Ahora, a cortar.

Abuela,

mire qué chuletitas.

Magníficas.

Qué banquete.

¡Cuidado, cuidado!

¡Cuidado, cuidado!

No hay nada como el cuscús con mantequilla bretona.

Está muy bien.

El cordero está muerto.

-Las chuletitas. -¿Quieres callarte, Gustavo?

-Vale, me callo. -Gracias.

Esto es serio, Gustavo.

Está en su punto.

No es un juego de niños.

Venga, dale bien.

En París es genial, la llevamos al parque, a exposiciones y al cine...

Eso está bien. Para eso, la capital...

Nosotros en verano vamos a la playa,

pero en invierno

está pegado a la tele.

A mí no me queda otra con Robert, le pongo la tele.

-No tienes por qué. -Sí, lo rompe todo.

Al menos Christian sale,

aunque en moto, eso también me preocupa.

Nosotros en París vamos al bosque en otoño.

Y ven la tele, va todo bien, los tiene ocupados.

-Eso tampoco es. -Los tranquiliza.

Nosotros la evitamos.

Siempre las mismas gilipolleces.

Claude François, Johnny Halliday, Sardou...

No te metas con Claude François.

Johnny nos encanta.

Sardou tiene canciones muy bonitas, sobre todo las letras.

Barbara y Léo Ferré no salen nunca.

A los niños les encanta Brassens.

Exacto, Anne Silvestre, Bobby Lapointe, les encanta.

Y solo sale Chantal Goya.

Es divertida.

No, es alienante.

Yo le dejo ver el cine de medianoche.

A lo mejor los demás no quieren salir en la tele.

¿Luego no está cansada?

No, se acuesta tarde, sigue nuestro ritmo

y el cole la aburre tanto... No fomentan lo artístico, el dibujo,

no hay música...

Los educan para vivir en sociedad.

Yo en el parvulario les enseño pintura, baile, hay muchas cosas.

Eso está bien.

Hemos llevado a Albertine al Festival de Cannes.

Conseguimos que viera El tambor de hojalata y Apocalypse Now.

¿De qué van?

El tambor de hojalata está basada en un libro de Günter Grass.

-¿Es una peli musical? -No, es sobre un niño que no crece.

¿Está enfermo?

No, tiene bloqueo psicológico.

Tiene la cabeza bloqueada y ya no crece.

¿Y la entendió?

Claro, ¿por qué no iba a entenderla?

Aunque sea en alemán, lee los subtítulos.

-Subtítulos en alemán, os pasáis. -No...

Son subtítulos en francés.

La película es en alemán.

¿Y la otra película?

De Coppola, sobre militares en la guerra de Vietnam

-y cómo la guerra los vuelve locos. -¿Sigue habiendo guerra en Vietnam?

"Locos"... según quién. Fredo no tuvo problemas.

Claro que era médico en la marina...

En la película están en la selva y se vuelven locos,

no es lo mismo.

¿Y no la traumatizaron las escenas de guerra?

No.

El tambor de hojalata sí que la traumatizó.

Sí, la marcó. Pero como le gusta el cine, no vamos a prohibírselo.

En Serignac no hay cine, así que...

¿Podemos ir a jugar?

Sí, os llamaremos para el postre.

Vale. ¡Venga, venid!

¡Ven, Romain!

-¿Qué tal está? -Sigue un poco verde.

Pobrecito mío...

Han soltado a las fieras.

-Me preocupa ver a Robert con Romain. -¿Por qué?

-Voy a ir a vigilarlos. -Se está cubriendo, va a llover.

Voy a por los niños. ¡Un chaparrón!

¡Robert!

-¡Entra ahora mismo! -Estoy cogiendo babosas.

Ahora no, está diluviando. Venga, date prisa.

Qué agradable es Bretaña.

Debe de ser el Skylab, que está alterando el tiempo.

Mamá, ¿crees que el Skylab se nos va a caer encima?

Han dicho que el oeste de Francia está en su trayectoria.

Así que, si cae en Bretaña, moriremos todos.

Esperemos que no caiga demasiado cerca.

Tengo miedo, mamá.

-Te quiero. -Yo también te quiero, pocholita.

Ha sido un chaparrón muy corto.

Sí, hace bueno.

Ha vuelto el sol.

Venga, afuera.

Vamos.

Ahí llega.

Cumpleaños feliz...

Cumpleaños feliz...

Te deseamos todos...

Niños.

...cumpleaños feliz.

Señor, apenas le conozco.

Si no me enseña los pechos, irá con los cocodrilos.

¡Los cocodrilos no! ¡Haré todo lo que usted quiera!

-¿Todo? -¡Todo!

¡Pues, venga, en pelotas!

-¿Qué? -He dicho que en pelotas.

No puedo.

Ha dicho usted "todo".

Bien.

-¡Toma, burguesa asquerosa! -¡Sí!

¡Sí, sí!

¡Más!

-Te gusta, ¿eh? -¡Sí!

¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Estamos haciendo un estudio sobre la leucemia congénita

en unos pueblos de Costa de Marfil.

¿Es mortal?

Y muy rápida, pero solo afecta a unas pocas familias.

Es curioso. A las feministas les gusta llevar mono.

Qué va, hay muchas feministas que llevan vestido.

Pantalones.

¿Una siestecita, señora Prevost?

La siesta no es lo mío.

Pues yo sí me voy. Me acostumbré en Vietnam.

Buena siesta, hermanita.

Buena siesta, mamá.

-Aquí está... -Suzette, ¿qué tal?

Qué bien que hayas venido. ¿Vienes de lejos?

No, vivo un poquito aquí, ¿sabes, Hubert?

¿Vives aquí?

¿Las lesbianas también llevan mono?

Y después, "tralalá". ¿Cómo se hace?

Así.

¡Tíos! ¿Soltamos un poco las piernas? ¿Os va un partidito?

Mirad el balón.

Venga.

Os sentará bien, lleváis todo el día comiendo cordero.

Nos sentará bien.

Yo hago los equipos.

Joseph, Philippe, Pierre y Gustavo,

estáis juntos. Con Fredo, venga, con Fredo.

Se colocan...

Calientan...

Joder, el tío Hubert. ¡Tiene un silbato!

¿De dónde lo ha sacado?

¡Falta!

¡Venga, Roger!

¡Bien, Roger!

¡Juegan de pena!

Venga, bien.

Christian corre con las manos así.

Roger me toma veinte veces por noche.

¿Veinte? Eso es mucho.

Veinte.

Gustavo y yo lo hacemos varias veces por semana y ya me parecía mucho...

Veinte veces por noche todas las noches. Tengo una sed...

Suelta unas tonterías...

¿Tú crees?

-Cuidado. -¡Ven aquí, Romain!

¡Cuidado con Romain!

¡Venga, Romain!

¡Cuidado!

¡Sí!

¿Estás bien, Micheline?

Sí. ¿Alguien quiere agua?

Sí.

Bebe, bebe, Micheline.

-¿Veinte veces por noche? ¿De verdad? -Veinte.

-¿No es demasiado? -Sí.

Es mucho.

-¿No te escuece el coño? -Sí.

Claro.

¡Que no cunda el pánico!

¡Descanso, tíos!

Vamos a echar un trago.

Hemos jugado bien.

Sírveme un tinto.

Un poco de Côte-Rotie.

Philippe, cierra el maletero y búscame un alargador.

-¿Un qué? -Un alargador eléctrico.

¿Qué hace Gustavo?

Os va a hacer una demostración.

-¿Qué es? -Ya veréis.

¿Ya no vende máquinas de coser?

No son lo suyo. Pero esto se le da genial.

Llamo a mi ayudante para la presentación.

Miren este objeto de forma moderna y elegante.

Tiene su utilidad en la vida diaria.

Es útil y agradable a la vista.

Es un puf.

Te sientas en él.

-"Encima", no "en él". -Pero también es...

¡Una freidora!

-¿Una nevera? -¡No! ¡Una aspiradora!

Es la aspiradora-puf del futuro.

Es ingeniosa.

Primero, el cable es retráctil,

así que no está arrastrándose por todas partes.

Más de siete metros de cable. Atención.

-¡No! -¡Sí!

Uno, dos, tres,

cuatro, cinco, seis...

-Siete, -No, seis.

¡Seis y medio!

Mirad qué largo es. Puedes incluso aspirar la casa del vecino.

-Qué práctica. -Yo quiero una.

Tiene una boquilla giratoria.

Gira a la derecha, gira a la izquierda.

A la derecha, a la izquierda...

O sea, que gira.

Y hace muy poco ruido. Atención.

Escuchad.

Eso es el cable.

-Sí que hace poco ruido. -No está mal.

Y viene con cepillo retráctil para alfombras.

Basta con...

apretar este botón de fácil acceso.

La potencia de aspiración

es de 650 vatios.

Sirve incluso para los melones de mi mujer.

¡Cable retráctil!

Monique, ¿puedes desenchufar?

¡Cable retráctil!

Ya puedes soltar.

¡Bravo!

¡Mierda!

¡Venga, no hay que desanimarse!

¡Nos hemos dejado a mamá!

¡La abuelita!

Toma, coge esto. ¡Abuelita!

Coge la sombrilla.

Agárrese a Loulou.

Mi pequeño Loulou, qué fuerte es.

Solo tiene ojos para Loulou.

Claro, con ese niqui ajustado...

¡Por aquí!

Nos habíamos olvidado de ti.

Cómo llueve.

Lo saben tanto como yo. ¡Qué locura!

Mira, hay un ángel encima del árbol.

Este tío Hubert...

Cayó un chaparrón y los hombres me llevaron adentro.

¿Qué tal su hermano?

Tiene fallos de memoria.

Le vuelve la guerra a la cabeza. Ve japoneses por todas partes.

-¿Que ve qué? -Japoneses.

Le torturaron cuando tomaron Vietnam.

En nuestro caso eran alemanes.

Por poco me detienen cuando Anna tenía tres años.

Desfilaban por el pueblo y ella gritó:

"¡Boches asquerosos!". Qué miedo pasamos.

Encima, teníamos a unos infelices en el cobertizo.

¿Judíos?

¿Pusieron en peligro a su familia por esa gente?

Mi marido les ayudaba a pasar a Suiza.

No lo sabíamos, pero los suizos esperaban a que depositaran su oro

y luego los enviaban a la frontera austriaca.

Mi primer marido y Hubert

pasaron tres meses en una jaula de un metro cuadrado.

Luego, el Vietcong fue aún peor.

Torturaban a mujeres y niños antes de matarlos.

Estuve esperando con una cuchara de veneno en la mano,

para los cuatro mayores,

mientras mi marido parlamentaba con ellos.

Nos salvó que conociera a Ho Chi Minh.

Luego nos enviaron de vuelta a Francia

en la bodega de un barco.

Y ahora

vivo en una vivienda protegida.

Está limpia.

Pero si hubiera visto la casa que teníamos en Saigón...

Saigón... Yo solo conozco Francia

y Suiza.

No llores, Jeannette...

No llores, Jeannette,

te casaremos, te casaremos.

Con el hijo de un príncipe...

Con el hijo de un príncipe,

o el de un barón, o el de un barón.

Yo quiero a mi amigo Pierre...

Yo quiero a mi amigo Pierre,

el que está en prisión, el que está en prisión.

No te casarás con tu Pierre...

No te casarás con tu Pierre,

lo ahorcaremos, lo ahorcaremos.

Ahorcaron a Pierre...

Ahorcaron a Pierre,

y a su Jeannette también y a su Jeannette también.

¡Bravo!

¡Bravo, niños!

¡Otra!

¡Otra, otra!

-¿Puedo cantar una que he aprendido? -¡Sí!

Se llama "El avión".

El avión, el avión, el avión hace que levantes la mirada.

La mujer, la mujer, la mujer le levanta la picha.

"¡Por el culo!", gritó la baronesa al ver los huevos del barón.

Prefiero tenerlos ahí que perdiendo el tiempo en la calle.

Robert.

Te vas a enterar.

No he oído bien.

¿Puedes acercarte a cantarme tu canción, Robert?

¡No, no, señora Prevost!

¡Robert, no!

El avión, el avión, el avión hace que levantes la mirada,

La mujer, la mujer, la mujer le levanta la picha.

"¡Por el culo!", gritó la baronesa al ver los huevos del barón.

Prefiero tenerlos ahí que perdiendo el tiempo en la calle.

Qué creativo es este niño.

¡Titine! ¡Titine! ¡Una canción!

Solo conozco una estrofa.

-No importa. -Cántala.

Qué me importan... Mierda.

...las mentiras con las que bordaron nuestras cunas.

Y el gusano que carcome

los atavíos de la muerte.

En tus brazos, mi dulce amiga,

haremos durar la vida,

nuestras risas y nuestras lágrimas.

La dicha, como el dolor,

hace que lloren los enamorados.

La dicha, como el dolor,

pero es preferible llorar juntos.

¡Bravo!

¡Hay dibujos en la tele!

¿Puedo?

¿Sabes canciones?

Creía que solo sabías una.

-¿Y? -Pues es esa.

-Es esa. -Escuchad.

Venga, Monique.

Ojeroso, con la cara triste, las mejillas pálidas,

ya no duermes, eres la sombra de lo que eras.

Solo en la calle, te arrastras como un alma en pena,

noche tras noche, bajo su ventana, todos te ven.

-Ya sé que la adoras... -¡Bambino! ¡Bambino!

-Y que tiene bonitos ojos... -¡Bambino! ¡Bambino!

-Pero eres muy joven... -¡Bambino! ¡Bambino!

...para estar enamorado.

Venga, rasga esa mandolina, mi pequeño Bambino,

porque la música es más bonita

que todos los cielos de Italia.

Venga, rasga esa mandolina, mi pequeño Bambino.

Canta cuanto quieras,

ella no te tomará en serio.

-El amor y los celos... -¡Bambino! ¡Bambino!

-...no son juegos de niños. -¡Bambino! ¡Bambino!

¡Bravo, Monique!

Lleva 15 años cantándola y sigue sin saberse la letra.

Es extraordinario. Vas a ver.

Cuidado.

No son ni el uno por ciento

y, sin embargo, existen.

La mayoría, españoles,

quién sabe por qué.

Es de suponer que en España

no entienden...

a los anarquistas.

Qué bonito.

-Magnífico. -Tiene buena voz.

-¿Y esa canción? -Gilipolleces de izquierdas.

¡Venga, el artista, al desnudo!

Nuestra vieja Tierra es una estrella

en la que tú también brillas un poco.

Vengo a cantarte la balada,

la balada de la gente feliz.

Vengo a cantarte la balada,

la balada de la gente feliz.

No tienes título ni rango,

pero tuteas a Dios.

Vengo a cantarte la balada,

la balada de la gente feliz.

Vengo a cantarte la balada,

la balada de la gente feliz.

Periodista, para la primera página...

¡Bravo!

Ven a tomar champán.

-Una copita de champán. -Va a regar sus rosas.

Está mejor.

¿Sabéis que me paso el día pelando pollos?

¡Pelapollas! ¡Pelapollas!

Los dibujos son un rollo.

¡No!

¡Quita!

¿Quién manda aquí? ¿Quién decide qué se pone, capullo?

¡Chicos, basta ya!

¡Más fuerte! ¡Más fuerte!

¡Ya basta, Christian! ¡Para de chinchar a los pequeños!

Basta ya.

¡Basta!

¡Para ya de chinchar a tu hermano! ¡Largo! ¡Ven aquí!

La próxima vez, te las verás con tu padre.

-Ya está, ya puedes ir a jugar. -Gracias, tía Suzette.

Pensar que luchamos por la igualdad de sexos y que todas tus hermanas

están en casa ocupándose de sus críos. Menos Clémentine, pero...

Clémentine es enfermera, no es moco de pavo.

Pero se lo chupa todo. Críos, comida, curro, ¿eso es igualdad?

¿Hacerlo todo?

¿Y a ti qué te importa? No eres ella.

Me indigna. ¿Por qué luchamos en mayo del 68?

Para que nuestras hijas no estuvieran en la cocina como nuestras madres.

¿Tu madre en la cocina?

Tu madre manejó a tu padre toda su vida.

Fue tan coñazo que lo mató. Como la mía, que mató a tres.

Y luego se quedó sola con seis críos.

Mi hija no será una chacha, eso te lo aseguro.

Está claro, si es tan coñazo como tú...

No la aguantará ningún tío.

Aunque tú has conseguido pillar uno, un buen gilipollas.

Así son las colonias. De todas formas, siempre habéis tenido esclavos.

Los habéis explotado a todos por igual. Y ahora, a las mujeres.

Yo soy feminista, Anna.

Feminista y una mierda. Sois una panda de esclavistas.

Es verdad que las tías son gilipollas.

Pero...

¡qué coñazo de tía!

-¿Veis pollitos? -¿Hay alguno que haya nacido?

Tiene que haberlos.

¡Casi!

-Genial. -¿Habéis visto?

Está duro.

Me da un poco de miedo.

Pon las manos así.

-Venga. -¡Me da miedo! ¡Me da miedo!

Ya está.

Apártate un poco.

-Es frágil. -No te muevas.

Es diminuto.

Ten cuidado, no lo aplastes.

Qué mono.

Venid a ver.

-¿Qué? -El tío Hubert.

¿Qué pasa?

¡Mierda, va a ahorcarse!

Ya lo hizo el año pasado.

¡Rápido, abre!

¡Tío Hubert, no haga eso, podría matarse!

-No quería hacerlo. -Hay que avisar a la abuela.

No, no lo hagáis. No.

Le queremos mucho.

No hay que hacer eso.

Sois muy buenos.

-Con cuidado. -¿Quiere un pollito?

-¿Es para mí? -Sí.

Gracias.

Se llama Pompón.

Le va muy bien. Pompón.

-Vámonos. -Vamos, tío Hubert.

Gracias... por dármelo.

¿Ya está mejor?

Sí.

Voy a enseñárselo a la abuela.

Seguro que le parece mono.

Mi pequeño Pompón.

-¿Qué hacemos ahora? -No sé.

¿Le matamos las garrapatas al perro?

¡Sí!

Voy a por alcohol.

¿Qué buscas ahí?

¿Me das alcohol para matarle las garrapatas al perro?

-¿Alcohol? -Sí.

Para eso necesitas éter.

Para dormirlas. Si no, la cabeza se queda dentro.

-¿Entiendes? -Bien.

Toma.

Dádmelo después, a lo mejor lo necesito.

Tengo una.

El éter no huele bien.

A mí me gusta.

-Quizá mañana estemos todos muertos. -¿Por qué?

-Por el Skylab. -¿El qué?

El Skylab, un satélite que va a caer esta noche: es muy peligroso.

Según mi madre, son tonterías de la tía Anna.

Mi madre no cuenta tonterías, ¿vale?

Venía en Le Monde, no en la basura que leen tus padres.

Pero no saben dónde caerá.

Mi madre ha dicho que en Bretaña.

Pero Bretaña es grande.

No caerá aquí, esto es demasiado tranquilo.

Yo os digo que mañana estaremos como las garrapatas y el cordero.

Todos muertos.

¿Qué haríais el último día de vuestra vida?

Yo no iría al cole.

Pues claro. No, un deseo.

Yo pediría un vestido precioso de princesa como el de Piel de Asno.

Yo pediría ver el futuro, visitar el espacio.

Y, sobre todo, besar a Han Solo.

Qué tontería.

¿Y tú, Jean-Luc?

No sé. Tener pechos grandes como la tía Monique.

Familia, ¿vamos a bañarnos?

Buena idea.

Nosotras nos quedamos a preparar la cena.

Yo no me voy a París sin haberme bañado.

-Albertine, ven a bañarte. -Yo voy con el tío Jeannot.

No hagas el tonto en la playa.

Tranquila, yo lo vigilo.

¿Vamos?

¡Anna!

No estoy borracha. Es que mi silla se hunde.

Voy a ponerme el bañador. ¡Jean!

Está bien el coche.

-Es bonito, ¿eh? -¿Os ha salido caro?

¿Nos cuentas un cuento, tío Jeannot?

Venga.

-Por favor. -Sí.

Es la historia de una dorada.

¿Una dorada?

Una dorada, un pececito que se pasea en el mar.

Y se cruza con dos sirenas

que están llorando.

Les pregunta por qué

están llorando. Y contestan:

"Lloramos la muerte de nuestro rey, al que el tiburón ha devorado.

Nuestra reina está inconsolable y por eso lloramos".

-¿Cómo se ven las lágrimas en el agua? -Eso, ¿cómo?

Eso, ¿cómo?

Porque lloran lágrimas doradas.

-Qué bonito. -¿Todas las sirenas?

-Sí. -No lo sabía.

Yo tampoco.

Pues eso. La dorada sigue su paseo y se encuentra a la reina,

que llora en su balcón un montón de lágrimas doradas.

Y la reina es tan hermosa

que la dorada se enamora locamente.

-¿Es una dorada chico? -Claro.

Claro.

Entonces, la dorada le propone

matar al tiburón y, si lo consigue, que se case con ella.

La reina acepta.

Y la dorada, que es muy inteligente,

ordena construir una jaula especial

a la que atraerá al tiburón

para que luego lo maten los guardas.

Y detrás de la jaula hay una pequeña trampilla

para que la dorada se escape.

Así que la dorada atrae al tiburón.

¡Culo gordo!

¡Bola de sebo!

¡Intenta atraparme, culo gordo, culo gordo!

El tiburón está muy enfadado.

"¡Caca de cabra, te voy a devorar!".

La dorada sale a toda pastilla de la jaula y el tiburón la sigue.

Los guardas cierran la puerta y capturan al tiburón.

Pero...

la reina, a quien no le apetece nada casarse con un pececito,

aunque... aunque mueva tan bien la colita,

le pide a uno de los guardas que bloquee la trampilla.

-Qué mala es la reina. -Es una zorra.

Es una zorra,

como todas las...

-¿Qué? -...las doradas,

como todas las doradas.

-No, como la sirena. -Y como todas las sirenas.

Sí, como todas las sirenas.

Entonces le entra el pánico a la dorada y grita:

"¡Os amo, reina mía, os amo!".

Vuelve a escapar de las enormes fauces del tiburón.

"¡Os amo más que a nada,

mi reina!". Pero la reina

la ignora.

Y la dorada, en un arranque de amor y de desesperación,

cierra los ojos y piensa con fuerza en el amor que podrían haber tenido.

Y, de pronto, sus aletitas se transforman en manos

y la parte superior de su cuerpo se transforma en hombre.

Y se convierte en un sireno.

Pero es un sireno muy guapo, se convierte en...

el Marlon Brando de los sirenos.

Y Marlon, con sus bracitos musculosos,

abre la trampilla y se escapa.

Cuando la reina le ve, claro... se queda toda húmeda.

¡Jean!

Claro, ya que están en el agua.

Así que están todos húmedos. A lo mejor la reina un poco más.

Se enamora

de la dorada y le dice:

"Dorada, dorada, ¿podréis perdonarme? Os amo".

Y le pide la mano, porque ahora tiene manos.

Y la dorada dice desde lo alto de su hermoso torso musculoso:

"Podría negarme porque habéis sido mala

y mi amor por vos por poco me mata.

Pero también es mi amor por vos

el que me ha dado ganas de vivir".

Y entonces se besan

y se abrazan.

Y hacen así...

¡Qué asco!

Triunfo.

Belotte.

¿Tiene belotte otra vez?

-¿Qué? -¿Tiene belotte otra vez?

Sí, soy afortunada en el juego, pero nunca en amores.

Aunque tampoco está mal. Siempre gano al Scrabble.

Venga, le toca.

-Arriesgado, pero es nuestra. -Bonita baza.

¡Albertine, cuidado con el agua fría!

¿Dónde está la crema?

¡Espérame!

Nos vamos a coger cangrejos.

Que no os pellizquen.

Mira qué bonito.

Es precioso.

¡Vaya!

¡Mierda, estamos en la playa nudista!

Hola.

No sabía que estaba justo al lado.

Qué ridículos están con todo colgando.

Papá, es asqueroso, nos piramos.

¡Venga!

¡Jean!

¡Chantal!

-¿Qué tal? -¿Qué tal?

-¿Y tú? Hola, Albertine. -Bien.

¿Qué hacéis aquí?

Estábamos pescando cangrejos ahí. Enséñale el cubo a Chantal.

Qué grandes.

-¿Y Anna va bien? -Sí, está en la otra playa.

-Y Titi, ¿qué tal? -Titi, bien.

Está en Estrasburgo, currando. Estoy con Mathieu.

Da clases de buceo, estamos en Sainte-Hélène.

Nosotros estamos con mi hermana,

en el bosque, cerca de Saint-Pierre. Pero nos vamos mañana.

-¿Vais a la fiesta del pueblo? -¿Hay una fiesta? No creo, no.

Aquí está Mathieu.

¡Cómo has crecido!

Hola.

Hola. Perdón.

No pasa nada.

Mira qué pescado tan grande.

Menudo pescado, ¿qué es?

-Es una lubina. -Bueno, la fiesta

es para los niños y los adolescentes. Si Albertine quiere ir...

Mathieu va a ser el disc jockey.

Mi hermana sabrá lo de la fiesta. Si no vamos, nos llamamos

y comemos a la vuelta.

Pero a lo mejor va Albertine. ¿No, Titine?

-¿Volvemos a la otra playa? -Sí, ya vamos. Bien, nos vamos.

Así no nos pillará la marea.

Un beso a Anna.

-Adiós. -Chao.

¿Qué tal?

¿Sabes que la playa nudista está ahí?

-¿Sí? -Sí. ¿Y sabes a quién hemos visto?

-¿A quién? -A Chantal Couturier con su hijo.

¿Qué tal está?

Bien. Titine está muda desde que le ha visto el pito a Mathieu.

¡Papá, para!

Por poco se lo coge en vez de la mano de lo hipnotizada que estaba.

¡Eres asqueroso!

-Para ya. -Venga...

Paro, paro.

Chantal en bolas, no me extraña.

En el 68, estaba en una comuna criando cabras

y en el 69 se la tiró todo Estrasburgo.

Tiene un matojo enorme.

-¿Se lo has mirado? -Era imposible no verlo.

¿Titine? El matojo de Chantal.

Al menos te ríes.

Estabas tan hipnotizada por Mathieu que no has visto nada.

Paso de hablarte.

¡Tiene once años y ya empieza!

¡Titine! ¡Está de broma!

¡No tires las nécoras!

¡Ya!

¿Y tú?

Marchaos, os devuelvo la libertad.

Venga.

¡Por ahí no, idiota!

Eso, al mar.

Venga.

Y a vosotras, nécoras, os vamos a comer

porque sois unas nécoras muy grandotas.

De todas formas, lo mismo estamos todos muertos mañana,

como vosotras.

¡Papá!

¿Puedo tirar esta? Es muy pequeña.

-Sí, suelta lo que quieras. -Suelta lo que quieras.

Venga.

Ya está.

Gustavo.

-Loulou. -Sí.

-¿Vamos? -Claro.

¿Adónde vais?

A ver a los nudistas.

A echar una ojeada.

Si vas, se acabaron las siestas.

-Entonces, me quedo. -¡No, espera!

-Pero, bueno, Monique... -Solo una ojeada.

Un poquito.

Vale. Hace lo que quiere.

Loulou, nos vamos, volverás en autostop.

Son cinco minutos.

No tardéis. Mi madre se va a cabrear.

No te preocupes.

¿Adónde van?

A la playa nudista.

Quiero mirar, ¿por qué no? Yo también quiero alegrarme la vista.

Yo voy a darme un chapuzón antes de que nos vayamos.

-¿Vienes, Jean? -Sí.

¡Venga! ¡Al agua!

¿Es niño o niña?

Aún no lo sabemos.

¿Y no te da miedo que sea mongólico?

No.

¿Cómo se sabe si lo es o no?

No lo sé.

Espero que no sea mongólico.

Sí, yo también.

Tenemos un montón de cangrejos.

Hay un cámbaro.

-Buena pesca. -Es enorme.

Sí, lo ha cogido papá.

Yo empiezo a tener hambre, vamos a irnos.

¡Christian!

¡Christian!

¿Y os quedáis mucho tiempo?

Todas las vacaciones.

¿Tus primos no vienen a fumar?

No fuman, son unos paletos.

A mí me gusta Pierre.

No, solo Pierre.

Suzanne, Tatiana. Son de Ruán.

Pierre. ¿Queréis bañaros?

No, nos quedamos aquí, relajados.

¿Queréis dar una vuelta en vespino esta noche?

Tenemos que preguntárselo a nuestros padres.

¡Christian!

Bien, pues nos vemos a las 10 en la fiesta.

Vale.

Vaya. ¡Ya era hora!

¿Ha estado bien?

-¿Nos hemos comido a su cría? -Sí.

¿Y no está triste?

Es una oveja, tiene bebés todas las primaveras.

¿Y tiene otros bebés?

Siempre nos quedamos con uno. Para que no se pongan nerviosas.

¿Y cómo elegís la que os quedáis?

-Al azar. -¡Al azar Baltasar!

-¿Qué? -Es una frase que dicen mis padres.

Romain la ha empujado.

-¡Pero Romain! -Henri me ha dicho que la empuje.

No le hagas caso a Henri.

Henri.

-¿Qué? -Ven aquí.

Acércate.

¿Qué te he dicho sobre tu comportamiento?

Y no llores, los hombres no lloran.

-Servíos. -Es el Skylab.

... perdido el control del satélite.

-No dicen dónde va a caer. -¡Callaos, es muy importante!

¿Así que es verdad?

Claro.

...miles de satélites que pesan entre unos kilos y varías toneladas,

que nos son de gran ayuda en meteorología, en telecomunicaciones...

Los americanos y su chatarra.

El espacio se va a convertir en su basurero.

Cuando ves lo que hicieron en Vietnam...

Los del Vietcong son unos cabrones.

Los americanos no tenían elección.

Mira el resultado en Camboya.

En todo caso, si cae por aquí cerca, está lleno de radiactividad.

...viene hacia la Tierra.

Es el fin del mundo.

Qué va, no te preocupes.

Solo lo sabremos unas horas

antes de la caída.

...para apoyar al señor Mitterrand.

La izquierda ha fracasado en las elecciones,

pero no los socialistas.

Para sus seguidores, Mitterrand sigue siendo el unificador.

Las ideas políticas que defendía,

la lucha que encarnaba para la izquierda...

Va a ganar la izquierda en las próximas elecciones.

Qué va, qué va.

Aun con la ayuda de tus amigos trotskistas, no ganará.

Los franceses son tontos, pero no están locos.

No tenemos amigos trotskistas, Fredo.

Lo mezclas todo.

Ni siquiera consiguen decidirse entre Mitterrand

y Ricard.

Y Ricard.

Ya veremos. Y entonces, adiós al poder de la patronal.

Y a los patronos explotadores.

Dijimos que no se hablaba de política en mi cumpleaños.

Catherine, apaga la tele.

Con tal de que mantengan la pena de muerte...

Eso es lo primero que desaparecerá.

¿Sí?

Un baño de sangre, matar será igual que coger el autobús.

Al contrario.

Ya verás cuando maten o violen a tu hija.

-¡Es una práctica bárbara! -¡Exactamente!

¡Si vais a hablar de la pena de muerte, yo me voy!

Tranquila, mamá.

Dicen que es muy caro para el Estado alimentarlos a perpetuidad

y que comen todo lo que quieren,

incluso caviar para el desayuno, el almuerzo...

-En todas las comidas. -Qué estupidez.

Lo he leído.

No hay que creer todo lo que escriben.

A mí, que me den cadena perpetua si hay caviar.

Eso es una estupidez, Monique.

¿Por qué cuando digo algo...?

Es imposible.

A lo mejor es verdad.

-Yo estoy de acuerdo contigo. -Gracias.

Señora Prevost, ¿otro pedazo de cordero?

Si insiste...

¿Y por qué no quemamos a las brujas?

Hay un montón en Bretaña.

La pena de muerte no evita el homicidio.

Hay injusticia racial.

Ejecutan antes a un árabe que a un francés.

Mi padre dice que los negros... que... que apestan.

Decir eso está muy mal.

Tu padre es un racista.

Mis padres tienen amigos negros y mi mejor amiga es coreana.

El cura dice que ames a todo el mundo.

Tenías que casarte con una roja.

Claro, durante la guerra de Argelia defendías siempre a los moros.

¿Qué?

Siempre es igual, nos pasamos la vida

andándonos con rodeos.

-Si gana la izquierda, emigro. -¡Pues hazlo!

¡No quiero ver a los tanques rusos en Agen!

¡Moraco!

Me encanta esa palabra. ¿Tu mujer no tiene cara de moraca?

-¡Anna, joder! -¡Yo soy de Córcega!

¡Me siento mal, dijimos que nada de política en mi cumpleaños!

Todos sabemos que los moros estuvieron en Córcega.

Los corsos son una mezcla de moros y espaguetis.

Yo soy espagueti, seguro que soy un poco mora también.

Si no haces que se calle, esto va a acabar mal.

El caso es que tiene razón.

Los árabes invadieron la cuenca del Mediterráneo.

Con tanta bronca, esto parece España.

-Por ejemplo, él es árabe. -¡No!

Yo no soy árabe.

-Los Rodríguez existen desde hace siglos. -Perdón, perdón.

Ya está bien.

¿Rodríguez no es árabe?

¡No, no es árabe! ¡Es español!

¡Que se callen!

-Mira que es coñazo tu madre. -De todas formas,

si te hubiera tenido delante en las barricadas de Argel,

te habría disparado.

-¿Sí? -Eso es, las cosas claras.

-¡OAS, SS! ¡OAS, SS! -¡OAS, SS!

-¡Ana! ¡Ana! -¡Basta ya!

¡Lo de Argelia ya se acabó!

¡A nadie le importa!

¡Me siento mal, parad!

¿Quiere un azucarillo con licor de menta?

No eches leña al fuego.

-Ha dicho que te habría disparado. -No lo dice en serio.

¿Has visto cómo le hablas?

Para ya.

-Vale, ya no puedo hablar. -Eso, para.

Para, cierra el pico.

-Fascistas... -Fredo.

Hermanito, Fredo, hermanito, quiero decirte una cosa.

Eres mi hermano.

Y, a pesar de nuestras divergencias políticas,

jamás olvidaré que hace dos años,

cuando estaba totalmente mamado, me salvaste la vida

cuando le metí el dedo en el culo a un jugador de rugby.

Te estoy agradecido, hermanito.

Es verdad, somos una familia.

Quería saber si era músculo.

Apunté mal, se me fue el dedo...

Sí, entró solo.

De todas formas, si gana la izquierda, no estaré solo.

¿Qué? ¿Darías un golpe de Estado con tus paracas, en plan Pinochet?

¿No hay uno muy ocupado con tu hija ahora mismo?

No, para.

¡Sujetadme!

¡Te voy a matar, asquerosa de mierda!

¡Te voy a matar!

¡Roger, siéntate! ¡Tranquilízate! ¡Tranquilízate!

¡Parad! ¡Parad ya de pelearos!

¡Mi corazón! ¡Me voy a morir, vais a matarme!

¡Ya no puedo más!

No nos peleamos, solo estamos hablando.

Vas a matar a tu madre.

Abuela, ¿te sientes mal?

Tu madre acabará conmigo. Pero no pasa nada, cielo.

Algún día tenemos que morir los viejos, es ley de vida.

Amandine, le he traído algo para animarla.

Gracias, Lucienne.

¿Sabe una cosa? Ya no hay respeto.

Cuánta energía tienen estos jóvenes...

Me gustaría brindar

por mi querida mamá,

que cumple

67 años hoy.

-Hubert. -Gracias a ella, estamos hoy todos aquí.

Era broma.

Es mi hermanita.

Quería ver si pensáis que estoy un poco chalado.

Ha sido gracioso, ¿eh?

Ah, Hubert... Eres la monda, Hubert.

Como esa vez que lanzaste fuegos artificiales en el baño.

Bueno, me voy.

Philippe, Pierre. Sentaos, no hemos acabado.

Nos vemos en el guateque.

Espera tú también.

-Joder... -¿Qué has dicho?

No me das miedo.

Puedo quitarme el cinturón. Porque tengas 17 años

no voy a permitirte eso.

Así que siéntate.

Mamá, ¿puedo ir? Van a ir todos.

Sissi, Robert y Catherine.

Sí, vamos todos, es aquí al lado.

Sí, pero no en bici.

No, es aquí al lado, irán a pie.

Pero con tanto bretón mamado...

No exageres.

Ve con cuidado, cielo.

No la perdáis de vista.

-Volved antes de las doce. -Sí, mamá, no te preocupes.

-Titine, ¿te hago un peinado bonito? -Vale.

Jean-Luc, dame ese cepillo.

Date prisa.

Venga, vete a jugar.

Lleva el día entero peinando muñecas. Ya está bien.

Querrá ser peluquera.

Perdona, pero no me hace gracia. Dame vino.

Venga, salud.

Salud.

Por las reuniones familiares.

Salud, hermano.

-Feliz cumpleaños, mamá. -Al menos ya no están los nazis.

Venga, salud. Por la familia.

Salud. ¡Felicidades!

¡Venga, ven! ¡Ven!

¡Ven a bailar!

Con lengua no mola mucho...

Qué melones tienen...

-¿Qué tal? -Bien.

No lo haces mal.

Gracias.

La próxima es punk, ¿lo conoces?

Un poco.

-¿Sabes bailarlo? -Sí.

Coge mis gafas, voy a bailar punk.

-Ha estado superguay. -Sí.

-¿Bailamos una lenta? -Vale.

Tengo que volver. Que lo pases bien.

Gracias.

Venga, ponte la chaqueta.

Gracias.

¿Crees que se enamoran?

No, solo son caracoles.

Yo creo que esos dos se quieren.

¿Qué te pasa?

Nada. Me gustaría que alguien se enamorara un día de mí.

A mí también me gustaría.

Ya te llegará.

-Le llega a todo el mundo. -Al tío Hubert, no.

Él es un caso especial.

Es raro, pero es bueno. Pero nadie se ha enamorado de él.

¿Por eso estás triste?

Sí.

Tú no eres rara como el tío Hubert, tranquila.

No sé.

Bien, vamos. Mamá ha dicho que no más tarde de las doce. Venga.

-Toma, Tinette. -Gracias.

Quiero contarte una cosa.

-Yo me quedo un poco. -No, tu padre ha dicho que tú también.

Joder, qué coñazo...

No pongas esa cara.

Ha estado bien esa juerguecita con las dos virgos.

¿Por qué las llamas virgos?

-Porque siguen vírgenes. -¿Y eso qué es?

Todas las pibas de aquí.

¿Sí?

Vosotras lo sois, no os habéis acostado.

Pues yo no daré nunca un beso con lengua, es asqueroso.

¿Y cómo crees que besa a su mujer Harrison Ford?

Seguro que sin lengua.

Qué chorrada.

Es la noche de los hombres lobo.

¿Por qué dice eso?

Por nada, ya te explicaré. Ven.

¿Queda otra botella?

¿Escocés?

Sí.

¿Puedo repetir?

¿Suzette?

-Yo me voy a la camita. -Buenas noches. Hasta mañana.

No nos importa dormir en casa de los vecinos.

Hemos cambiado las sábanas, así que os quedáis.

Gracias, Suzette.

Yo no tengo nada, estoy harta. Me voy a la cama.

No, dejo el dinero...

¿Te vas porque no tienes nada?

-¿Vas a la cama? -Sí.

-Mirad lo que tenía. -Voy.

Buenas noches a todos.

-Me voy a la cama. -No, esperad.

Tengo unas cartas estupendas, iba a recuperarlo todo.

Venga.

Bien, niños, vamos al "Acamaya".

-¿Al Acamaya? -Yo también quiero ir.

Sí, a la cama ya, a la cama ya. Venga.

-¡No! -¡Papá!

No estoy cansada, no tengo ganas de dormir.

Nosotros dormimos en la tienda.

-¡Yo también quiero! -No, está al lado del bosque,

hay duendes y además no hay sitio. Venga.

Sin rechistar.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Buenas noches.

¿Sí?

Abuela, ¿qué haces?

Estoy rezando.

Por mis hijos, por mis nietos y por toda la familia.

¿Por todos?

Sí, por todos por igual. Incluso por tu madre y tu abuelita.

Pero ¿por qué rezas?

Por que todos tengan salud.

¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

Abuela, quería decirte que te quiero.

Yo también te quiero, cariño.

Quería decírtelo porque a lo mejor mañana ya no estás.

Dicen que la gente mayor puede morir durante la noche y no despertarse.

Cariño, cariño, no te pongas triste.

Yo no quiero que te vayas.

No voy a irme así de pronto.

Voy a decirle a la abuelita que la quiero.

Si se muere durante la noche, al menos me habré despedido.

Muy bien, ve a decírselo.

Buenas noches, abuelita, te quiero mucho.

-¿Qué? -¡Buenas noches, abuelita!

Buenas noches, mi pequeña Albertine.

Venga, un besito...

y a la cama. ¡Vamos!

¿Vienes a la tienda?

No, mi madre no quiere, por el Skylab.

Vamos a convocar fantasmas. Vienen incluso los mayores.

Voy a por las zapatillas.

Toma.

Dámelas.

Gracias.

Bien.

Es una familia que se instala en la montaña a principios de siglo.

Todo va bien hasta que llega el invierno.

Es un invierno espantoso,

nieva sin parar durante dos meses.

Llega un momento en que no hay más comida

y el padre va a por algo que comer.

Pasan una semana,

dos semanas,

no vuelve.

La madre decide ir a buscarle.

Lo mismo.

Una semana, dos semanas, los tres hijos están esperando,

no llega nadie.

Empiezan a tener mucha hambre. No queda nada de comida,

se han comido hasta la pasta podrida.

El mayor decide salir.

Lo mismo, no vuelve.

Se va el siguiente y deja solo al pequeño, de 9 años.

¿Cómo se llama?

¡Cállate!

Robert, se llama Robert, ¿vale?

Robert. Robert se queda solo.

Por fin deja de nevar.

Y se va. No tiene nada que perder, va a morirse de hambre.

Así que camina solo por la nieve,

¿y qué ve?

Un árbol enorme

con cuatro paquetes colgados.

Los abre

y ahí están sus padres y sus dos hermanos, muertos congelados.

¿Pero quién los había colgado?

Nunca se supo.

Bien.

Está llorando sin parar porque su familia está muerta.

Pero quiere quedarse con un recuerdo.

Y ve el anillo en el dedo de su madre. Intenta quitárselo,

pero el dedo está helado.

Entonces, le corta el dedo y coge el anillo.

Se va, llega a un valle, a un pueblo, está salvado.

De mayor, decide crear un hogar para pobres, en memoria de su familia.

Y muchos años después,

ya es viejo, tiene al menos 40 años,

es Navidad.

Y como cada Navidad,

invita a pobres a comer en su casa.

Y llegan

cuatro personas cubiertas de harapos

y se sientan a la mesa.

Están sucios, llevan grandes capuchas

y tienen mucha hambre.

Robert se fija sobre todo en una mujer

con una capucha que le oculta totalmente la cara.

Come la sopa con más lentitud que los demás.

Mira su mano

y le falta un dedo,

el anular.

Robert se queda muy intrigado

y le pregunta: "Señora, ¿cómo perdió ese dedo?".

Ella sigue comiendo,

no contesta.

"¿Qué le ha pasado a su dedo? ¿Se lo ha cortado alguien?".

"¿Quién le ha cortado el dedo?".

Sigue sin contestar.

"¡Fuiste tú!".

¡No tiene gracia!

¡Tengo miedo, mamá!

-¡Encended! -Ni siquiera me he asustado.

¡Otro! ¡Otro! ¡Otro!

¡Fredo!

Roger, ¿qué haces aquí?

No duermo bien últimamente.

Pero estabas encima de mi mujer.

¡Me ha tapado la boca, no me dejaba gritar, ha sido horrible!

Calla, mamá duerme justo al lado, no quiero follones.

Sí...

Roger, vete a dormir. Lo hablamos mañana, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

Lo siento mucho.

Vale, vale.

Venga.

Buenas noches. Y gracias.

¿Le dejas que se vaya sin más?

Intenta hacerme quién sabe qué, prefiero ni pensarlo, ¿y le perdonas?

Las familias tienen problemas, hay que aceptarlas como son.

Y llevas el día entero insinuándote.

¿Yo?

¿Cómo me he insinuado?

Además, ha sido soldado. Tengo que ser solidario y ya está.

No te hagas la traumatizada, no ha pasado nada.

Fredo, me he despertado y Roger no estaba.

¿No ha vuelto a la cama?

¿Cómo, "vuelto"?

Ha venido hace un momento a hablar.

Ya, a hablar...

Pues sí.

Entre hombres.

He roto un vaso.

Ya basta, a la cama.

Los niños están durmiendo.

¿Una copa, Fredo?

Roger, ven ahora mismo a la cama.

¡He dicho que quiero tomar una última copa con Fredo!

¡Estás chalado!

¡Te voy a dejar! ¡Te dejo!

-¡Pues déjame! -Danos cinco minutos.

-¡Te dejo! -¡Vete!

¡Vete, bruja!

Tú sí que me entiendes.

Ella no me entiende.

Tú sí. Peleamos como hombres, así que nos entendemos.

No, yo soy médico.

¿Sabes cómo me cepillaba a los negros?

¿Cómo les hacía tragarse sus huevos?

Llegaba a un pueblo, y todo lo que quería era mío.

Y ahora, aquí, me aburro.

Me aburro, tío.

Allí estaba bien, hacía bueno... Ya nunca más.

Sí.

Pero te estás pasando.

Sí.

Allí teníamos a las mujeres a nuestros pies.

A todas.

¡Y ahora tengo que escuchar esas gilipolleces de rojos de mierda,

de feministas de los cojones!

¡Todo el día!

Yo era un buen paraca, joder.

Y ahora no quieren saber nada de mí.

Dicen que me pasé.

Tú tienes contactos. Podrás hacer algo por mí.

No, no hay nada que hacer. Incluso has salido bien parado.

¿Sabes?

Durante la guerra de Argelia eso estaba permitido, ya no.

No tenías que haber alardeado, lo del Chad se acabó.

Ya, pero habrá otros.

Siempre habrá otros.

Yo quiero pelear.

-¿Jugamos a los médicos? -No, a papá y mamá.

-¿Cómo es? -Te pones encima de mí y te frotas.

-Vale. -Pero sin el pijama.

Bien, ya está.

¿Así?

Sí.

¿Y frotas mucho tiempo?

Hasta que nos durmamos. Y me besas en la boca.

Tienes un grano.

Es un herpes, no es contagioso.

Vale.

¿Así?

¡Eres tonto! ¡Para, me haces daño!

Ni siquiera sabes hacerlo. Venga, paramos.

-Me voy a hacer pis. -Eres un negado.

Y me voy a la tienda.

Buenas noches, yo voy a dormir.

Me da igual la tiranía

y el reinado de la soldadesca

mientras nos dejen vivir,

mientras no sea demasiado tarde para amar.

En tus brazos, tu dulce amiga

ha recobrado las ganas de vivir,

bendiciendo la casualidad

que nos dio la vida a la vez

y no en siglos distintos,

que nos dio la vida a la vez

ni demasiado pronto ni demasiado tarde.

¡Ya soy mujer, tengo la regla!

¿Qué?

Despierta, ¿qué?

Ya soy mujer, tengo la regla.

-¿Estás segura? -Qué va...

Tenía sangre en la braga.

Titine, es imposible, tienes 11 años, cielo.

Tengo amigas que la han tenido a los nueve.

¿Seguro que no te has hecho daño con la bici?

-Seguro. -Qué locura.

Tengo que buscarte algo...

-Mira, está contenta. -Está contenta.

Qué locura, a mí me llegó tan tarde...

No sé, dale un beso, es un momento importante.

¿Un momento importante? A mí no me sirve de nada...

No sé qué decir.

Toma, tu primera compresa.

Venga.

-¿Sabes ponértela? -Claro.

Pues ve a ponértela.

-¡Tengo la regla! -Mentira.

-¿Qué es eso? -¿Quieres ver?

No, gracias.

Incluso me he puesto una compresa.

Las chicas de hoy en día tienen la regla cada vez más pronto.

Perdón.

Pierre ha ido a por más pan. Robert, dale un poco a Albertine.

No, es mío.

-Dale un poco a Titine. -No.

Robert, ya basta.

Dame eso. Toma, Albertine.

No es justo.

Hola a todos.

Traigo el periódico y el pan.

Veamos las noticias...

¡Ha caído en Australia!

¿El qué?

En el mar, el Skylab.

Con todo el follón

-que han montado... -Pues ha habido un muerto.

El hombre vio

una cosa que caía del cielo, estaba nadando...

y le dio un infarto.

Ya dije que era una estupidez.

Pues es un alivio.

-Se nos podría haber caído encima. -Bueno, ha caído.

Nosotros tenemos que irnos.

-¿Qué haces, Robert? -Me pongo azúcar.

¿Va a tomar pan con azúcar?

-Robert, dame eso. -¿Nunca lo habéis probado?

-Hazle caso a tu padre. -Déjate de gilipolleces.

¡No!

¿Un poco de pan, cielo?

¿Qué desayuno es este? Robert, dame pan.

Con la comida no se juega.

De verdad:

en África, los niños se mueren de hambre. ¡Cómete el pan!

¡No!

¡No me parece bien!

¡Ay! ¡Me ha atacado un pedazo de pan!

Al llegar a París compraremos un contestador.

Nos dejarás mensajes y te llamaremos.

-¿Un contestador? Qué lujo. -Sí.

Mamá, cuídala bien.

No te preocupes. Sé ocuparme de ella.

¿Podré ir a ver Alien?

¿No es de miedo?

Sí, pero me apetece mucho. Además, ya soy una mujer.

-Ya veremos. -¿Quiere ver Alien?

Tienes Nesquik en la cara.

-Mamá, para. -Adiós, Jeannot.

-¿Y tu regla? -Ya no sangro.

A lo mejor era la bici.

Es mejor así, no está bien tenerla tan pronto.

Adiós, mi palomita.

-Buen viaje. -Sí.

-¿Dónde estáis? -No sé.

Titine, que lo pases bien. No te pelees con Sissi

y no tortures a Robert.

-¡Adiós! -¡Ya se va! ¡Ya se va!

-¡Ya se va! -¡Adiós, mi amor!

-¡Te quiero! -¡Adiós, abuela!

-¿Vamos a comer crepes? -Buena idea, en la muralla.

Comerás todas las que quieras.

¿Adónde vas?

No te preocupes. Vigila a Lucien.

Perdonen.

Me parece muy triste que no nos hayan cedido los asientos.

Viajo con mi familia y me habría hecho mucha ilusión poder sentarnos juntos.

Y me parece muy poco amable por su parte.

Estas cuatro plazas se llaman el cuadrado.

La próxima vez que vaya de vacaciones con su familia, reserve el cuadrado.

Gracias por la información. Pero, primero, no voy de vacaciones.

¿Mamá pide los cuatro asientos para que juguemos a las cartas?

Me temo que sí.

El rollo de "la familia ideal" conmigo no cuela.

¿A qué viene eso de "la familia ideal"? ¿Yo qué le he hecho?

¿Puede dejar en paz a la gente y sentarse?

¿Y a usted quién le ha llamado? ¡No es asunto suyo!

Coja mi asiento en la buena dirección y yo cojo el suyo.

Pero...

¿Qué problema tiene? Esta es la buena dirección.

Vale, cambio de asiento.

Gracias, gracias. Muchas gracias.

Yo no me muevo.

No sea ridícula.

¿Estamos jugando a las sillas?

Esa señora no quiere cambiarse, está claro.

No hay por qué ser agresivo.

Molesta a todo el mundo. Nos da igual su rollo de familia.

Señor, tranquilícese.

¿Por qué le importa tanto? No va usted con nadie.

Su mujer es una liante.

No es ninguna liante. Creo que ha sido muy razonable.

¿Me puede decir su nombre?

¿Y a usted qué le importa?

Jessica.

Jessica,

¿puedo invitarla a tomar algo?

-¡La invita a tomar algo! -¡Bien, de acuerdo!

Buen viaje.

Muchas gracias, Jessica.

¡Gracias!

Hay gente muy desagradable...

Estoy de acuerdo. ¿Me puede prestar su Newsweek?

Sí. Hay un artículo muy interesante.

-¿Jugamos a las familias? -Sí.

Doy yo las cartas.

-¿No estás contento? -Estoy encantado.

Venga. ¿Le damos cartas a Lucien?

¿Por qué no?

Somos dos, así que vamos a ganar.

De la familia Dormilón, la hija.

Toma.

No enseñes mis cartas.

De la familia Glotón, pido el hijo.

A MARIE

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