Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Una niña y un pederasta se adentran en el bosque de noche.
La niña dice:
"¡Huy, qué miedo ir por el bosque a esta hora!".
Y el pederasta responde:...
..."Pues imagínate yo, que tengo que volver solo a casa".
¿Te he ofendido? No podéis hacer esto, por favor.
Lo siento, no era mi intención.
¡Te juro por mi madre que no sé de qué niña estás hablando!
¿Seguro?
Trae a Han Solo.
¿Has visto a Han Solo?
Quiere que vayas para dentro.
Los pervertidos como tú sois como...
el rayo que parte en dos al bañista...
...o el cabrón que conduce borracho
y te arrolla con el coche.
Sois algo que simplemente sucede,...
...parte del caos.
Llévatelo.
¿Y tú sabes cómo se combate ese caos?
Con más caos.
Elías,
te presento a Han Solo.
Esto no lo podéis hacer.
Ajá...
Última oportunidad, hijo de puta.
¿Dónde está la niña que raptaste? No he raptado a ninguna niña.
Ya te lo he dicho.
Muy bien.
Pues saluda a Chewbacca.
Si quieres dinero, te puedo dar dinero, puedo darte...
¿Me estás comprando, eh?
¿Me quieres comprar?
¡Mierda, mi madre!
Es mi madre.
Si no contesto, entra en pánico.
Mamá. ¡Ay, hijo! Qué jaqueca tengo.
El lavavajillas que me has traído no va bien, no funciona.
Te he dejado las instrucciones, mamá. ¿Las has mirado?
Claro que las he mirado.
Es que el segundo paso...
El segundo paso es que gires el botón, mamá.
¡Y ya lo he girado!
¿Lo has girado o lo has apretado?
Bueno, da igual. Dáselo a Sandra.
¡No, no, no, no!
No empecemos. Sandra y yo estamos separados.
El lavavajillas es tuyo.
Qué lástima. En mis tiempos,
el matrimonio era para toda la vida, sí, señor. Con dos cojones.
Mamá, estoy ocupado.
Tengo mucho trabajo. Luego hablamos.
Perdón, eh... ¿Por dónde íbamos?
¡No, por favor, por favor!
Mejor te relajas, ¿eh?
¡No, no, no!
¡Abajo, Guardia Civil!
-¡Guardia Civil!
¿Qué cojones pasa aquí?
Tranquilos, soy...
Soy compañero.
-¡Apaga la música!
Guardia Civil, ¿dígame?
¿Quién se hace cargo?
¿Quién ha metido eso ahí?
Mi cabo...
¿De verdad vas a hacerlo?
¿Tus compañeros no se fían de ti
y tú lo solucionas yendo con chismes
al jefe? ¡Me han amenazado!
No, ha sido una broma.
Típico: tres de cada cinco hombres temen a las mujeres con autoridad.
¿Sabes qué te hace falta?
¿Qué? ¿Qué me hace falta?
Que te relajes.
Voy yo primero.
¡Se va a relajar tu puta madre!
¿Y ese disfraz?
¡Coño, que hay periodistas!
¡Ah!
Lo siento. ¿Qué son, de El País?
Reportaje para el periódico del cole.
Muy bien.
Atentos, niños. Lo que vais a escuchar ahora
es lo que llamo una charla de tarjeta amarilla.
Está bien, reconozco mi error.
Le seguía, como me ordenaste, y me descubrió.
Fijaos, reconoce su error, ¿eh? Una vez que el sospechoso
supo que le seguía, no hizo nada que nos llevara a la víctima,
así que tuve que improvisar un cambio
de táctica. ¡Táctica!
¡Táctica! Tapaos los oídos, haced el favor.
Los dos.
¿Lo de follarse al sospechoso te lo enseñaron en la academia?
No iba a pasarle nada, Jose.
Era para intimidarle, puro teatro.
¡Ah, teatro, teatro!
Pues por tu teatro, ¿eh?, no podemos mantenerlo bajo custodia.
¿Sabes lo que me costará que me autoricen un registro
o una prueba de ADN?
No hace falta, Jose.
Mi olfato no falla.
¡Olfato, olfato!
-No se mueva, que pierdo el foco.
¿Tú tienes la menor idea
de la presión que yo estoy soportando?
¡No, tú qué vas a tener, si en 20 años
no has pasado del grado de sargento!
-Se ha movido otra vez.
-Venga, suficiente, ya está.
Idos para fuera, que os van a dar un paseíto en coche patrulla.
Muchas gracias a los dos.
Así no, ¿eh?
Así no hacemos las cosas aquí.
Ni tú ni yo estamos por encima de la ley, ¿estamos?
Te libras por la amistad que tenía con tu hermano.
¿Sabes cómo murió?
Conozco los detalles.
Entró en aquel piso
a lo Clint Eastwood.
La primera bala le perforó la tripa. No llevaba chaleco,
por supuesto.
Entonces se escondió
y pidió apoyo.
La segunda fue a quemarropa.
¿Sabías que esa bala, antes de volarle
la cabeza, le atravesó la mano?
Tu hermano
murió solo,
asustado,
intentando parar las balas.
Terriblemente solo.
Todos morimos solos, Jose.
Te puedo asegurar
que el agente que recibió la primera bala
era totalmente diferente al que recibió la segunda.
El primero era como tú,
temerario,
impulsivo...
El segundo, antes de morir,
solo pensaba en lo que más quería.
Su familia.
¿Eh?
¿Tú cómo quieres ser recordado?
¿Como un buen agente...
o como un bala perdida?
¿Y si tengo razón?
Entonces, el asesino está suelto.
Y es gracias a ti.
¡Ahí estamos!
¡Mamahuevos!
¡Señores! ¡Señores, que voy!
¡Que voy!
¡Venga!
-¡Dale, dale!
¡Eh!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos!
¡Vamos, Romero!
-¡A ver, Romero!
Ay, ay, ay...
¡Fuerte!
-¡Vaya hostia!
-¡50 por Dani!
-¡Vamos!
-¡Eh, vamos! -¡Sí!
-¡Vamos!
-¡Vamos!
-¡Vamos, va, va!
¡Va, va, va, de puta madre!
¡Vamos!
-¡A ver, aguanta!
¡Dale fuerte!
-¡Vamos!
-¡Ven aquí!
-¡Fuera, fuera, fuera!
Me toca a mí.
-Te he dicho mil veces que no eres bienvenida aquí.
Déjame, Mati, que estoy a punto de partirle la cara.
-Pero ¿esta adónde va? Niña, ¿qué haces?
¿Qué pasa, Obélix?
-Hola, bombón.
¿No te atreves conmigo?
¡Uh!
-No suelo pegar a las niñas.
¡Ah!
Pero mira...
Para que te compres algo bonito, corazón.
-Eso.
-¡Eso, coge el dinerito!
Vale.
¿Qué has dicho?
-Para que te compres algo bonito.
-¡Hostia!
-¡Uf!
A ver.
¿Es ella?
El mismo modus operandi que las anteriores.
El hijo de puta le ha cortado la cabeza.
Qué observador. Oye,
tú no deberías estar aquí.
¿Cómo dices? -Que estás fuera del equipo.
No hablas en serio. Estás suspendido
de empleo y sueldo hasta que se resuelva
el expediente. ¡Por favor!
La sargento Vidal se hará cargo del caso.
¿Vidal?
¡No jodas! No tiene ni calle ni estómago para esto,
y lo sabes. -Tranquilo, no me ofendo.
-Pero es responsable
y es lo único que necesito ahora. Ya tengo al culpable.
¿Sí? Pues díselo a la niña
sin cabeza que está ahí. -Adelante...
-¡Señor! -¡Déjeme!
-Señor, quieto, ¿adónde va? -¡Pare!
-Señor, no puede pasar. -¡Pare!
¡No, no!
¡Mierda!
-No puede pasar. -¿Quiénes son?
-¡Calma! Los padres.
-Adoptivos.
¿Y eso lo hace diferente?
-Vete con tu hija. Te necesitan.
Te demostraré que llevo razón.
Dame la placa.
Ahora puedes hacer lo que quieras. Pero que no te pillen.
Conmigo ya no cuentas.
¡Puta puerta!
¡Ay! ¡Oh!
¡Que no, papa! ¡Que te han dicho que no!
¡Joder!
Tómate las pastillas. Voy a por algo de comer.
¡Eh! ¿Qué?
Hubo un tiempo en que era yo quien cuidaba de ti.
¿Eh?
Hago lo que me has enseñado.
El que no cuida los suyos acaba así.
Bueno...
Juega Robert Sobrino, buen balón para Salvi.
Aunque... -...en la marisma de San Fernando,
una mujer descubrió a última hora de la tarde
el cuerpo mutilado de una niña.
Avisada la Guardia Civil,
la misma se hizo presente en la escena del crimen.
La Guardia Civil está trabajando intensamente
en la investigación, a la que, en las últimas horas,
se sumó la inspectora Ana Vidal.
El objetivo ahora se centra en capturar al culpable.
Matilde... ¡Matilde! La investigación va bien.
Esta trágica historia aún no ha terminado.
¿Qué tienes ahí?
Diana, dámelo.
Dámelo.
-Por favor, no lo abra.
Es privado.
¿Una carta de amor?
En los ensayos no, ¿vale?
Vale, vamos desde arriba.
¿Puedes hablar?
Sí, claro. ¿Qué pasa?
Se ha corrido el rumor, Elías. Esto no está bien.
Estoy bajo mucha presión de los padres.
No quieren que sigas aquí.
O sea, ¿que me crees capaz de hacer algo así?
No, claro que no.
Mi trabajo es lo único que tengo.
Sabes que eso no refleja lo que pienso de ti.
Es todo lo que tiene la Guardia Civil.
¿Tienes la pasta? Sí.
Inesita, la del archivo, no es como tú.
Algo más de tonteo y me entrega
a su madre si se lo pido.
¿Hay sospechosos? Uno.
Al final del expediente.
Pero sin ADN no hay forma de saberlo.
¿Es este?
Sí.
Oye, Matilde, no sé lo que estás tramando.
Pero ten cuidado.
Te lo digo como amigo, no como abogado.
No querrás volver al trullo, ¿no?
¿Algo más?
Toma.
¿No te apetece socializar un poco?
Por los viejos tiempos.
¿Quieres socializar?
¡Cómo me pones, Mati! Y tú.
Sí, ¿no?
Pues venga, que tengo un poco de farlopa.
Teníamos que haber follado en el coche. ¡Con lo que te gusta!
¿De quién es este casoplón? De unos señores.
Vienen en verano.
Pero ¿estamos solos? Estamos solos.
Ah, bueno, pues dímelo.
¿Seguro que no prefieres en un habitación?
No, no, primero aquí, en el sótano.
Ah, muy bien, me gusta.
¿Eh? Me gusta.
Yo me voy para arriba. Tú quédate y grita, ¿vale?
¡De puta madre!
Perdona, ¿qué has dicho?
Que te quedes aquí
y que grites a todo lo que te dé.
Pero ¿para qué?
A ver si nos escuchan los vecinos.
¿Eh?
¡Eres guarra!
¡Oh, cómo me molan las locas!
¡Madre de mi vida!
¡Mati, cómo me pones!
¡Sí, por ahí sí! ¡Sí, oh!
¡Sí, sí, sí, sí, sí, sí!
¡Soy tu jinete!
¡Qué susto me has dado, coño!
Ya puedes parar.
¿Sigues vestida?
Ya hemos socializado.
Pero, Mati...
¿Y ahora qué hago yo?
¿Eh?
Pues me voy a hacer un pajote.
Perrito, bicicleta...
Cascabeles... ¡Hijo de puta!
Vas cubierto de señuelos.
Menudo depredador.
Espere.
¡Venga, no me jodas!
¿Quién ayuda a una vieja a cruzar la calle?
Venga.
Gracias.
Ana, cariño.
-Hola, papá.
¿Qué tal ese móvil nuevo?
¡Es el mejor regalo del mundo!
Me alegro, mi vida.
Oye, dos cosas:
una, llévalo siempre contigo
y, dos,
me avisas si pasa cualquier cosa, ¿de acuerdo?
-¿Es papá? -Sí.
-Trae. ¡Menudo padre!
¿Un móvil para una niña de 10 años?
Es por su seguridad, Sandra.
Ah, ¿y sin antes consultarlo conmigo?
No tengo tiempo para eso.
¿No? ¿Y tú qué estás haciendo? Te han suspendido.
¡Ahora mismo estoy reunido
con mis abogados tratando ese tema! ¿Vale?
Pues mañana tienes que recoger a tu hija. No lo olvides.
No lo olvidaré, tranquila.
Buenas, compañeros.
-No compliques las cosas, Alonso.
¿De qué hablas?
Que te ha denunciado. No puedes estar aquí.
Muy bien, ya me voy.
Fuera.
-Código 26, parece que arranca.
Hijo de puta.
Siete, ocho, nueve, diez y...
Uno, dos, tres, cuatro. Dos, tres, cuatro.
Despacio sin correr. Y uno,
dos,
tres...
Uno, tres.
-¿Qué quieres, Elías?
Verte.
Yo no. Yo no he hecho nada, Karen.
Déjame ver hoy a la niña, que es su cumpleaños.
Es muy pronto todavía.
Le he comprado la bici esa que quería, ¿sabes?
Déjala atada a la valla esta noche. Mañana la encontrará.
Mañana ya no será su cumpleaños.
Tengo que irme.
Espera, por favor. ¡Por favor!
¡Arriba esas caras!
¿Qué haces? ¡Fuera!
¡Fuera, chucho! ¡Fuera!
¡Quita!
¡Fuera, coño! ¡Quita!
¡Quita, perro! ¡Quita!
¡Mierda!
¡Para!
Tira. ¿Qué haces?
¡Tira, coño! ¿Qué haces?
¿Qué haces?
¡Oye, por favor, ya está bien! ¡Que no he hecho nada!
¿Dónde escondiste las cabezas?
Pero ¿qué cabezas?
Por favor, por favor.
¡Tranquilo, tío, por favor!
Por favor.
¿Dónde están las cabezas de las niñas?
¡Déjame en paz! ¡No he hecho nada!
¡Por favor, por favor!
¡Déjame en paz, que yo no he hecho nada!
¿Dónde están las cabezas de las niñas?
¡Por favor!
¿Dónde cojones están?
Oye...
¿Estás bien? Me iba a matar.
No corras.
Deje su mensaje.
-Señor Vega, soy la sargento Vidal.
Sustituyo al sargento Alonso. Querría verle.
Hemos comenzado mal y quisiera cambiar eso.
Dentro de media hora estaré en su domicilio.
-Mi sargento. -Dime, Álex.
-El comandante quiere que trabajemos juntos.
-No creo que estés preparado para un caso así.
No sé en qué cojones estaría pensando el comisario.
-¡Joder!
Eh.
Escucha.
No sé qué cojones crees que haces, pero te estás equivocando.
Ajá.
¿Tú sabes quién soy yo?
Eres policía. Por tu culpa mataron a mi hija.
¿Cómo?
Conozco a la madre y no eres tú.
Conoces a la mujer que la crio. Ahora conocerás a la que la parió.
Será mejor
que me sueltes, venga.
No te pongas nervioso.
Tú no me interesas. Estás aquí por ponerte en medio.
Podemos hacer tres cosas.
Te suelto,
pero ya sabes mucho y me puedes detener
y eso no me interesa.
Te mato,
aquí mismo, y hago todo para que parezca que te cargaste
a la puta rata que está allí abajo,
pero eres policía, una mierda de policía, pero policía,
y eso tampoco me gusta.
Entonces, nos vamos a la tercera:
te haces mi cómplice.
¿Quieres que lo mate?
Quiero saber dónde está la cabeza de mi hija.
Ahora que, si se muere porque le falta el aire
o porque no tiene sangre, tampoco me pondré a llorar.
¿Tú sabes que acabarás en la cárcel,
que pueden caerte por esto
20 años? ¿Y si abre la boca?
Según lo veo yo, se lo debes a mi hija.
Te podrías haber ahorrado todo esto.
Estaba a punto de confesar.
Sí, sí, mira. Mira, con una bala vacía.
Eso no lo sabía.
Estaba aterrado.
A un psicópata no le dan miedo las armas.
Ah, ¿no?
¿Pues qué le da miedo?
A un psicópata le da miedo otro psicópata.
¿Estás mejor?
¿Se puede empezar, eh?
¿Sí?
¿No?
Venga, vamos a hacerlo.
¡No!
¡No, no, no!
¡No! No.
Eh... ¡No!
¡No, no, no!
¡No, no! No.
¡No! No.
¿No crees que deberíamos pensar alguna estrategia?
Estrategia.
Sí, una estrategia, no sé, tipo poli bueno, poli malo.
No hay policía bueno.
Ya.
Poli malo, poli malo.
¡Mía, mía!
¡Tuya, tuya!
¡Toma!
¡Pasa!
-Mi sargento.
-¿Qué haces? -El expediente.
Vamos a interrogarlo, ¿no?
-"Vamos" no; yo hablaré con él.
Hay que recuperar su confianza.
Tú estás aquí para llevar mis papeles y escuchar.
-Sí. He leído que hay un testigo.
Un niño le vio hablar a la víctima. -Cree haberle visto.
Seis de cada diez testimonios de niños son falsos.
No hay pruebas. Hasta donde sabemos, este hombre es inocente.
Que quede claro. -Sí, mi sargento.
-¡Hola, bonito!
¿Qué pasa? ¿De dónde has salido tú, eh?
¡Huy, huy, huy, qué bien!
¿Has estado en el parque, eh?
¿A ver?
"Sami".
-¿Tu dueño dónde está?
Tuya.
¡Devuelve! ¡Venga!
¡Venga!
¡Venga, corre, venga!
Tú lees mucho. ¿A que sí, Elías?
¿Qué tal tú? ¿Tú lees?
¿Yo? Sí, claro. El Marca.
Esta historia la conoces. Tú la conoces.
La escribió la Guardia Civil porque son hechos reales.
Y, como muchas historias, pues empieza
con un lobo feroz.
El lobo feroz eres tú.
Como a todos los lobos, les gusta asustar a las niñas pequeñas.
Pero no solo se las come.
No, tiene un método.
Primero las secuestra.
Después las llena de tarta, de pasteles, hasta que se duermen,
porque tienen somníferos.
Y, cuando se quedan dormidas,
hace con ellas lo que le da la gana.
¿A ti qué te pasa?
¿No puedes con una niña pequeña y la sedas?
Para esto, por favor.
Páralo.
Para esto.
¿Te puedes callar? Me gustaría escuchar
cómo acaba. Es que ya no sé por dónde iba.
Sedaba a las niñas.
Las sedaba... Vale.
Después de violarlas,
esperaba tranquilamente a que se despertaran.
Entonces les rompía los dedos
hasta que se desmayaban de dolor.
¿Sabes qué hacía después?
Esperar a que se despertaran.
¡Mira! Te la sabes muy bien. Sigue tú.
¡No, no, no, por favor!
Lo haces de maravilla. Sigue tú.
Cuando volvían a estar conscientes, les quitaba los zapatos
y les arrancaba las uñas.
Una a una.
Estoy seguro de que el muy hijo de puta
guarda una colección en algún sitio, ¿a que sí? ¿Eh?
¿A que te encantan los suvenires? Eh, eh.
Ya llegará, ya.
Todo tuyo.
Ya falta poco.
Cuando se despertaban, les cortaba la cabeza con un serrucho.
Pero el lobito
dejaba una sorpresa final para los padres.
Escondía las cabezas para que no las pudieran encontrar.
Les robaba a las niñas
y el poder darles un entierro decente.
Una de esas niñas era mi hija.
Solo veo dos opciones para ti:
o te mueres como la escoria que eres
o te redimo antes de morir.
¿Qué?
Déjame hablar.
Comprendo que lo estás pasando fatal.
Entiendo que estás sufriendo.
¿Me estás comiendo la oreja?
No.
¿Me está comiendo la oreja?
¿Me estás comiendo la oreja? ¡Que te calles!
Te voy a hacer todo lo que les has hecho a las niñas.
Dedo por dedo, uña por uña.
Hasta que tu cabeza de rata esté dando vueltas por el suelo.
Pero...
podemos hacerlo más rápido
si me dices dónde has escondido la cabeza.
¿Por qué tienes tan claro que he sido yo?
Hay un testigo.
¡Que fue descartado y lo sabes!
Yo no he sido.
No reacciona.
¿Cómo?
Me he pasado la vida rodeada de hijos de puta.
Los peores, los más sádicos.
Por más que haya un disparo a vuestro lado
u os vayan a atropellar,
no se os mueve un pelo.
¿Fuiste tú?
Me quedé paralizado
como cualquier persona normal.
Empezamos por los dedos.
¡No, no!
¡Demasiado!
-¿Qué?
-Eso dice mi madre si está orgullosa de mí.
Me mira así, de lado,
y me dice: "Demasiado, Álex, demasiado".
-¿Primer caso? -Sí, mi sargento.
¿Tiene usted hijos?
-Tuve uno, murió.
-Perdón.
-Mejor abre más los ojos y menos la boca.
Sí, mi sargento.
-¡Ah, has estado aquí, Sami!
-Vamos a dividirnos, haz fotos de todo.
-Sí, mi sargento.
¿No querías darle un trozo de pastel antes?
Dijiste que haríamos lo mismo que hizo él.
No he dicho que es el mismo orden.
Pensé que haríamos todo igual.
¿Le quieres violar también?
Es una adaptación.
Empiezas tú o empiezo yo.
Empiezo yo.
Pues sírvete.
Esta es mejor.
Prefiero el contacto humano.
Elías, si quieres decirnos algo,
ahora es el momento.
Muy bien.
Contaré hasta tres.
Uno,...
...dos,...
...dos y medio...
¿Te queda mucho, traigo un saco de dormir?
¡Tres!
¡Uf!
¿Ha encontrado algo?
Ya.
¡Bah! Esto está muerto.
-Es del sargento Alonso. Ha estado aquí.
-¿El sargento? ¿Uno de los nuestros?
-Si ha secuestrado al sospechoso, es un criminal, da igual quién es.
Esto queda entre nosotros hasta que sepamos qué ha pasado.
-¿Y eso no es ilegal?
-Conozco bien el procedimiento, también cómo se cubren las espaldas
los colegas. Alonso tiene respaldo
y le encubrirán si no hay pruebas.
-Ya, y, aunque las tengamos, ¿qué le va a pasar?
-Si crees que no puedes encarcelar a un agente, dilo ahora.
Me toca.
¡No! ¡No!
¡No!
¡No, no!
¡No, no, no, no! ¡No, no, no!
¡No!
¡No, no!
¡No, no!
La tarta.
Ya está.
Sigue tú.
Es tu última oportunidad para acabar con todo esto.
Me tienes que creer.
Podrá parecerte que estoy disfrutando,
y de algún modo puede que lo esté haciendo,
pero, créeme, esa tía está
como una puta regadera y no sé si podré pararla.
Así que habla.
¿De qué?
Yo no he hecho nada.
Torturándome podéis hacer que diga lo que quieras,
pero no he sido yo. ¡Espera, espera! ¡Espera!
Hazme una prueba de ADN.
Te firmo el consentimiento aquí mismo.
¿Sí? ¿Con qué mano?
Si sigues adelante
con esto, no va a haber vuelta atrás.
Ella me va a matar,
pero tú vas a ser su cómplice.
Vas a ir a la cárcel.
¿Tienes muchos amigos allí?
Yo también tengo una hija.
¿Cómo podría hacer lo que decís que he hecho?
Eres padre, ¿no?
Ajá.
Entonces sabes a lo que me refiero.
No tengo ni puta idea.
Claro que sí.
Hablo de cómo todo en ti cambia cuando eres padre.
Como cuando nacen.
Te das cuenta de lo vulnerable que es.
Porque te importan más que tú mismo.
Y comprendes que jamás...
Jamás vas a permitir que nadie les haga daño.
¿Cómo te llamas?
Alonso.
Alonso.
Déjame volver a casa con mi hija.
Hoy es su cumpleaños, ¿sabes?
Por lo que veo,
no has avanzado nada.
Estaba esperando a que le baje la adrenalina
para que sienta el dolor como al principio.
Tenías que haber sido médico.
Ajá.
Creo que hemos perdido el tiempo.
Pero se recupera. ¿Qué haces?
¿Qué haces? ¡Eh!
Cambiamos los planes.
¿Y si dice la verdad?
¿Estás dudando?
Eres bueno, ¿eh? Date la vuelta.
¿Me vas a matar también?
Date la vuelta.
¿Cómo te voy a matar?
¿Eh? ¿Cómo voy a matar al policía
que ha secuestrado, ha torturado,
que ha asesinado al sospechoso principal?
¿Tú estás loco o qué?
¿Tienes el vídeo?
Y alitas.
-Pero ¿lo has traído?
-No puedo llevarlo a mi casa.
Mi madre tiene alergia. Le llevé uno y le salió un sarpullido
por todo el cuerpo.
-¿Sabes que uno de cada mil españoles
enferma por sus mascotas?
Yo no como eso.
Me va a oler toda la casa a frito.
-Las huellas del parque coinciden con estos neumáticos.
Y esto le va a encantar.
¿Sabe de quién es la camioneta? -No.
-Matilde Romero. -¿Quién?
-Matilde Romero acaba de salir de prisión por atraco.
¿Sabe qué es lo mejor?
Hace 10 años dio a luz una niña que dio en adopción.
-¡La madre biológica!
-Su número y dirección son antiguos.
Pero tenemos un contacto.
Solo te he puesto una vela.
De mayores, poner más es de ordinarios.
¡Eh, eh! ¿Te has enfadado?
¿Sabes que también soy papá?
Escúchame, puedo entender muy bien lo que te está pasando.
¿Cómo iba a hacer yo eso?
Pues no lo sé. A ver si te entiendo, ayúdame.
Justo hoy es el cumpleaños de mi niña.
Ah, qué bien.
¿Y hay globos?
¿Le has puesto tarta?
Sin el ingrediente secreto, ¿no? ¿O también lo haces con ella?
Ni se te ocurra decir eso.
¡Tú tienes tus reglas!
Solo lo haces con las hijas de otros.
Eres tú.
El lobo del cuento eres tú, no yo.
Solo sé tres cosas de mi hija.
Tres cosas,
que nadie más las sabe.
Al nacer,
pesó tres kilos
con 40 gramos. ¡Era gorda!
Midió casi 48 centímetros.
Y nació a las 06:02 de la madrugada.
A las 06:02
de la madrugada va a sonar la alarma de ese reloj.
A las 06:03 tu cabeza ya no estará pegada a tu cuerpo.
Pero si dices lo que tienes que decir...
¿No? Venga.
A ver.
Pide un deseo.
No me lo digas, que no se cumple.
Vamos.
¿No? ¿No?
Bueno.
A ver qué pasa.
No, no, no, no...
¡No, no!
¡No, no! Estate quieto.
No, no...
¡Estate quieto!
No...
¡No, no, no!
¡No! ¡No!
Ya has despertado al niño.
¿Estás contento?
¡Suéltame!
Me has podido detener y no lo has hecho. ¿Por qué?
¡Suéltame!
¿Porque eres policía,
un policía bueno,
o porque eres padre?
¡No, no!
No, por favor. Tú tranquilo,
que acabo y te comes la tarta.
¿Tú qué les has pedido?
No quiero ni un ruido.
No me queréis ver enfadada.
¿Qué hay?
¿Cómo has sabido dónde estaba? Hipólito.
¡Hostia, Hipólito, hijoputa! Eh.
Esa boquita.
¿Tienes hambre?
No. Vete, papa, que estoy muy liada.
Eh, eh.
¡No me toques los cojones!
Tú no estás bien, ¿verdad? ¿Eh?
Sí, ¿por?
Ah, ¿sí?
¿Y qué haces aquí? Este sitio solo trae malos recuerdos.
Hay cosas que quiero arreglar y quiero hacerlo sola.
Ah.
Tú lo que quieres es apartarte de mí.
No. Ya no te sirvo para nada.
No, papa.
¿Eso es sangre?
¿Qué sangre?
Es pintura del bote, el Neptuno.
¿Del Neptuno?
¿No era amarillo?
Letras rojas.
Ya.
¿Seguro que es aquí?
-Me ha dado esta dirección.
-Me dejas hablar a mí. Tú ni pío.
Sí, mi sargento.
-¡Eh! Ha dicho que ni pío, ¿eh?
Venid por aquí. Les está esperando.
Cariño, tienes visita.
-Muy buenas, inspectores.
Disculpen que los cite aquí, pero, si pierdo una sesión,
reagendarla es un coñazo.
-Solo serán unas preguntas.
-Comprenderá que no pueda darle muchas respuestas, ya sabe.
Secreto profesional.
-Su clienta es sospechosa de secuestro.
Si no la detengo, se pasará la vida en la cárcel.
Vengan por aquí.
-¿Cómo estás?
-Esa chica no tiene paz.
-¿A qué se refiere?
-¿Ha oído hablar de la teoría del caos?
El aleteo de una mariposa
causa un tsunami al otro lado del mundo.
Pues esa mariposa
batió sus alas hace 20 años
y en un segundo selló el destino de una pequeña para siempre.
La historia de Matilde fue una historia de coraje
y acabó como un cuento de terror.
Matilde fue enviada a un reformatorio
y, para cuando salió, ya estaba condenada.
Pasó su adolescencia rodeada de malas compañías
hasta que finalmente acabó en la cárcel.
Cuatro años por atraco.
Pero no solo el destino de Matilde
fue sellado aquel día.
Romero asumió toda la responsabilidad.
Con atenuantes y todo, pasó siete años en la cárcel.
Di a la central que envíen apoyo.
-Central, aquí la sargento Vidal y el agente Álex.
Solicitamos refuerzos. ¿Me copias?
Qué cosa más horrible, ¿no?
Seguro que vale un montón. Da igual.
Sigue siendo horrible.
¿Y eso?
Ratas.
Pedazo de ratas, ¿no?
Voy a ver qué pasa.
¿Quieres que vaya contigo?
¿Porque soy mujer?
No.
A ver la rata...
Las ratas.
¿Qué he dicho yo de no hacer ruido, eh?
¿Yo qué he dicho?
No se me hace caso.
Yo digo cosas y da igual.
Como si no dijera nada.
Y entonces me enfado.
Mi padre está aquí.
No quiero oír ni una mosca. ¿Me has entendido?
¿Eh?
Ya.
¿Y tú? ¿Tú qué? ¿Me has entendido?
Mueve la cabeza si me has entendido.
Que muevas la cabeza si lo has entendido.
Pero ¿esto qué coño es?
¡Que me da un infarto!
¿Qué estás haciendo, hija?
Sube, ahora te lo cuento.
No.
No me pienso mover hasta que me expliques qué pasa.
¡No pienso quedarme aquí viendo cómo tiras tu vida a la basura!
¿Cuál? ¿Qué vida?
Regalé a la niña. ¡Hala!
Para que le den lo que no le puedo dar. Y mira.
¿Y esto? ¿Esto eras tú
en la cárcel? ¿Quieres volver, volver
a esta puta mierda?
Déjame.
¡Cariño, por favor!
Por favor, páralo ahora.
Páralo ya, todavía estás a tiempo.
No, esto va hasta el final.
Y tú lo entiendes bien: lo has dado todo por mí.
Ah, ¿sí? ¿Y de qué me ha servido?
Si no puedo protegerte ni de ti misma.
Elías.
¡Elías!
La próxima vez que te pregunte por la cabeza de su hija,
díselo.
No sé dónde está.
¡Da igual!
Esa mujer es una psicópata.
Invéntate cualquier cosa.
Necesitamos ganar tiempo.
Elías.
¡Elías!
Mira.
Pero no se lo digas muy rápido.
Aguanta el dolor.
¿"Aguanta el dolor"?
Un poquito nada más.
Para que no sospeche.
¿De acuerdo?
Cuando estaba en la cárcel, lo pensé:
"La voy a recuperar".
Cuando salí, me enteré de dónde vivía y fui para allá.
Y la vi.
Y la vi que estaba bien.
Se la veía feliz, que la querían.
Pero a mí me daba igual.
Era mi hija y yo quería estar con ella.
Y hacer lo que no habíamos hecho.
Y luego no me atreví.
Porque, ¿para qué? ¿Para qué le iba a quitar yo la vida
que tenía, eh? El regalo
era quitarme yo de en medio.
Si la niña está conmigo, no le pasa nada.
¿La he dejado yo en manos de ese? No.
No tienes razón.
Me van a castigar, al menos me llevaré a ese hijoputa conmigo.
Espero que no te metas.
¡A poco disparo!
¡Guardia Civil!
¿Cuál es el plan?
¿Qué plan?
¡Limpio! -¡Limpio!
Quiero ayudar.
¿Ayudar a qué?
Aún no ha hablado, ¿no? Vete a casa.
No pienso irme hasta que hable. Esa niña era mi nieta.
¡La madre que te parió!
¡La madre que te parió!
Busca una cuerda.
Y tráeme un delantal, que no me quiero manchar.
Así que tú eres el desgraciado que asesinó a mi nieta.
Hay que ser muy cerdo para hacer algo así.
¡No!
¿Qué haces? Aquí...
Le voy a ablandar la carne.
Es la carne equivocada.
Ese es el policía, ese es el pedófilo.
¡No me jodas!
Es fácil confundirse.
Lo dice porque es buena conmigo.
Ese tiene más cara
de ser un pedófilo. ¡Es verdad!
Mira.
Este tiene cara de mosquita muerta.
Claro, por eso les hace daño a las niñas pequeñas.
¿Qué pasa?
¿No le vas a decir a mi hija lo que quiere?
Yo no sé nada, ya se lo he dicho.
Hágala entrar en razón, por favor.
Todo llegará.
Quiero preguntarte algo.
Y te lo voy a preguntar solo una vez.
¿No cree que ya lo habría dicho si lo supiera?
Puede ser. Puede ser, lo que pasa
es que esta vez
te lo voy a preguntar yo.
¿Dónde está la cabeza de mi nieta?
No lo sé.
Ay...
"El pescador tiene que tener paciencia", dicen. Es mentira.
El buen pescador es impaciente.
Si no hay pescado, se va.
Y, si hay pescado, se queda hasta que lo saca del agua.
¡No! No...
Por favor, no. ¡No!
No... ¡No!
¡No! ¡No! ¡No!
Joder, lo importante es quitar la piel sin quitar la carne
¡y me ha salido fatal!
A lo mejor...
es que tengo que buscar una piel que cuelgue...
¡Vale, vale, vale!
Vale, vale...
¿Has visto, hija?
¿Eh? ¿Qué te decía yo
de los hombres y sus cojones?
Habla.
La cabeza de la niña está enterrada en el invernadero abandonado,
detrás del colegio,
a los pies de la balanza.
Vigílalos.
Cualquier cosa, me llamas. Vale.
La pastillita dichosa...
Ahora vengo.
Tengo que comer algo.
¡Hombre!
¡Mmm!
Perdonad que no haya ofrecido, pero...
mi hija tampoco cocina tan bien, ¿eh?
O le pone demasiado azúcar...
O le echa demasiada sal.
Demasiada azúcar...
¡Demasiada sal!
¡Eh, eh!
¿Tú tienes fuego?
¡No puede!
¿Eh?
Señores,
me voy a buscar fuego, ¿eh?
Uno, dos, tres,
cuatro, cinco...
Entonces... Se...
Uno, dos, tres...
Uno, dos, tres...
Para allá.
Nunca esposes a un agente
con sus propias esposas.
¡Uno!
Eh... ¡Eh!
¿Qué?
¡Suéltame!
Tal y como estás, solo me estorbarías.
¿Me vas a dejar aquí con estos psicópatas?
Me voy, busco ayuda y vuelvo.
¡No!
No me dejes aquí solo. No me dejes contigo, pero suéltame.
¡Vamos, suéltame!
¿Qué haces?
¿Que qué haces? ¡Suéltame!
Elías...
¿A quién crees que mató esta bala?
¿De qué me estás hablando?
¿Crees que mató al buen agente
o al agente echado a perder?
¡Y yo qué sé!
¡Y yo qué sé! ¡Al buen agente! ¡Yo qué sé!
¡Suéltame!
Creo que llevas razón.
Elías...
Necesito saber la verdad.
¡Elías!
Mírame a los ojos.
Mírame.
¿Lo hiciste tú?
¿O no?
Yo no he hecho nada.
Pero nadie es del todo inocente.
Mírate a ti.
Señores...
El fuego ha sido controlado.
¡Coño!
Sí... ¡Controlado! Eh...
¡Eh!
Eh...
Alonso.
¡Alonso!
¡Alonso!
Papá, ¿qué haces en casa?
Matilde.
Escucha, no cuelgues.
¿Quién eres?
Soy Diana Vidal, sargento
de la Guardia Civil. ¡Uf!
El lobo de peluche era para tu hija, ¿no?
Debes parar antes de que sea tarde.
¿Cómo sabes que ya no lo es? ¿Lo es?
Lo va a ser.
Matilde, no lo hagas.
¿Sabes lo que ha hecho ese hijo de puta?
Sé cómo te sientes.
Ah, ¿sí? No me digas.
Yo tuve un hijo.
Murió a los cuatro meses.
Muerte súbita, mientras dormía.
Sin avisos ni explicaciones.
Los médicos dijeron
que era un fenómeno poco frecuente.
Un caso entre mil.
Y contra eso no pude hacer nada.
¿Y eso te hace igual a mí?
Sé lo que se siente cuando lo inevitable te arrolla.
¿Por qué lo quieres salvar?
No lo hago por él, lo hago por ti.
Aquí no hay nada que salvar.
¡Matilde!
¡Que no, que yo te echo más de menos, tonta!
No, que te echo más de menos.
Policía. Dame el teléfono.
¡Que estoy hablando con mi novia!
¡Que me des el teléfono!
Dice que luego te llama. ¡Quieto ahí! No te muevas.
Quieto ahí.
-¿Sí? ¡Jose!
¡Soy Alonso!
¡Por Dios, llevo buscándote todo el día!
Escuche, jefe... ¡No, escúchame tú a mí!
Está aquí tu mujer
y está muy nerviosa. ¿Cómo?
-¿Es él? ¡Pásamelo!
-¡Toma! -¿Dónde está?
¿Dónde está quién? ¿Dónde está tu hija?
¡No contesta al móvil, ni tú al tuyo!
¿Cómo que no contesta?
¡No, desde que la recogiste de la clase de flamenco!
¿Hola? ¿Me oyes?
¡Hola!
-¡Eh, eh, la moto! ¡Cabrón!
¡Eh, hijo de puta! ¡Eso es abuso policial!
¡Venga!
Si hubieses secuestrado al asesino de la niña, ¿dónde lo llevarías?
-Llámalo. -Vamos.
-Mi sargento.
Creo que sé dónde está.
Ve por ahí.
-Oye.
Demasiado, Álex. Demasiado.
Vámonos.
Era igual.
Igual.
Tu niña,
digo, era igual.
La misma determinación.
Me rompió una tabla
de la pared intentando escapar.
Yo también era así.
Antes, de pequeño.
Sí.
A tu hija le hice lo mismo que me hacían a mí.
Así.
Así, me miró así.
¿Quieres ver una cosa?
Lo has tenido todo el tiempo delante de ti.
¿No lo has pensado?
No sé decirte
cuáles son las de tu niña. Es lo malo de las uñas.
¡Sin los dedos no sirven
de mucho!
Ya es suficiente, hija.
¡No!
Pero ¿qué habéis hecho?
Elías.
Elías. ¡Elías!
¡Traed algo!
Se va a desangrar. Traed algo.
Eso ya no tiene remedio.
Hija.
Tienes que irte antes de que llegue la guardia.
Elías, ¿qué le has hecho? ¿Dónde la tienes?
Elías...
¡Elías!
¡Elías, por favor! ¿Dónde está mi hija?
¡Elías!
¿Dónde la tienes, Elías?
¡Elías, por favor!
Elías.
¡Dios, no! ¡No, Elías!
¡Elías!
¡Tienes que irte ya!
Ya.
Eh...
El que no cuida a los suyos
acaba vacío.
¡Guardia Civil!
¡Quieta!
¿Eres Vidal?
No me sigas.
No me has dicho el nombre.
De tu hijo.
No me lo has dicho.
Ignacio.
-¡Alto! ¡Baja el arma o disparo!
¡Que bajes el arma, te digo!
-Álex, calma, está todo bien.
No iré a la cárcel.
-¿Qué? ¡Baja el arma, no te lo pienso repetir! ¡Bájala!
-Álex, escúchame bien. Escúchame y mírame.
Mírame.
Está todo controlado.
No iré a la cárcel.
-¡Que bajes la puta arma!
-Baja tú el arma. No iré a la cárcel.
¡No!
¡Suelta el arma, de rodillas!
¡Suelta el arma!
¡Las manos en la cabeza!
Las manos en la cabeza.
¿Han encontrado algo?
-Hemos revisado todo y nada.
Tal vez deberías tomarte un descanso.
Bueno, si necesitas algo, me dices. ¿De acuerdo?
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.