All language subtitles for 2018 - La Prima

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Original subtitles

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón.

Sin ver que sois locación de lo mismo que

culpáis. Y con ansias iniguales

solicitáis su descenso.

me creía la mujer más feliz de Guanajuato ilusa de mí

Ignoraba que el destino me jugaría una broma pesada.

A partir de este día, mi vida cambiaría dramáticamente.

Ella es Luisa, mi esposa.

Nadie la venía a ver nunca.

Nadie. ¿Cómo de que no?

Yo estaba muy al pendiente.

¿Hace cuánto que la ves?

Tres meses.

¿Un año?

Dos.

Luisa, mira, ella es Juliana.

Siempre estuvo al cargo de mi tía Virginia.

Fue su sirviente, su enfermera. El único apoyo que tuvo durante quince años.

Veinte, don Jorge.

Veinte años cuidando a la pobre anciana que nadie venía a ver que estaba sola y

abandonada.

Yo me haré cargo de los gastos, hombre.

Faltaba más.

Tan bribón como su padre.

¿Y tenía dinero?

Tenía una fortuna, era millonaria. ¿No viste la casa?

Aunque no creo que le deje nada a la pobre de Juliana.

Sería una injusticia.

Era muy avara.

Al único que pudo haberle dejado algo es a mí.

Yo era su único sobrino.

Imagínate.

Casita de San Miguel de Allende.

Viajecitos a Europa.

El mundo a tus pies.

Sería como sacarse la lotería.

Pero primero vamos a esperar la lectura del testamento.

Al fin seremos millonarios.

Ni te imaginas el regalo que te traigo.

¡Los aretes de diamante! ¿Qué te pasa?

Este es un regalo digno de nuestro amor.

A ver, Juanita.

Rapidito.

Yo ni siquiera sé escribir en máquina.

Imagínate qué voy a hacer con una computadora.

Tu marido está loco. Y además es un agarrado.

Ay, sí, pero lo adoro.

También me regaló un orgasmo.

Uno.

Debería regalarte miles.

Te digo, es un agarrado.

darte un abrazo, Sebastián. Tocas divino.

No es con el gobernador con quien tienes que acercarte.

Es con el cacique gordo.

Ese sí que tiene para dar y para prestar.

Lo que pasa es que yo ya hablé con el gobernador.

Me prometió montar mi obra en León. Oye, felicidades, salud.

¿Y de qué trata tu obra, Neto?

Es una tragedia contemporánea.

La infidelidad de una mujer.

¿Como Romeo y Julieta?

No.

Como Telo y Desdemona.

Pero Desdemona era inocente, Neto.

¿Verdad, mi cielo?

Comprobado.

Totalmente inocente.

Te dije que no invitarse a Leonora. Bueno, ¿qué es un cabaret esto o qué?

Es mi fiesta, ¿que no?

A esa casa que iban su dipanta a mi ser, por no decirle puta.

No la quiero volver a ver en la casa, ¿está bien?

¿No sabes lo que opinan las damas honorables de ella? Ay, pues mira, tú

invitaste al cacique gordo. Sí, yo no dije nada.

¿Sabes lo que todos opinan de él? Sean honorables o no.

Mira, chiquita.

Precisamente por el cacique gordo, mi despacho no ha tronado.

Te ves divina, Luisa.

Gracias. ¿Verdad que sí? Sí.

Ah, precisamente, Sebastián. Le estaba diciendo a Luisa que a lo mejor tú

darle unas lecciones de cómo usar una computadora nueva que le regalé.

Ay, Sebastián, que me regaló una laptop preciosa.

Lo que tanto había soñado.

Qué tierno.

Pinche Leonora, ve nada más.

¿Qué desfiguros? Esta no tiene recato.

Dios la va a castigar.

Perdón, amiga, pero tú ya sabes.

¿No te da pena, Leonora?

¿Pena de qué?

De que te vean en la calle besándote con Ernesto.

Si te llegara a ver el padre rubio, te excomulga.

No me digas que es tu amante.

Es solo un amigo casual.

Pero te acuestas con él.

De vez en cuando.

¿Y tu marido?

Te piensas de pendejo. Para él es un alivio, Luisa. Yo soy una mujer

Como dice el cosmopolitan.

Menos de dos no me quitan la sed.

Si lo dijeras en serio, no me harías reír. Lo digo absolutamente en serio.

¿Pues en qué época crees que vivimos?

La moral es la moral.

Tienes que cuidar tu reputación.

¿Sabes cuál fue el día más feliz de mi vida?

El día que me pude despertar y decir en voz alta, ya tengo un amante.

Deberías de intentarlo.

La señora Virginia Carballo y Santos Coy escribió en su

testamento de su puño y letra lo siguiente.

A mi querida Juliana, que durante años ha cuidado de mí y me ha asistido

generosa y paciente durante mi larga enfermedad, he decidido dejarle mi

rosario de plata y todos mis libros devotos.

También mi vestido largo de fiesta que tanto le gustaba.

El resto de mis bienes, incluyendo la casa y los muebles,

Junto con el capital de mi cuenta bancaria, se los dejo al

hospicio del padre rubio de Anda para que fortalezca su obra

en bien de los niños pobres.

Pinche buitre con sotana.

Se chifló a la viejita y nos jodió a todos.

Juliana.

Vieja desgraciada. Le dediqué mis mejores años para cuidarla y así me

Un rosario de plata.

¿De qué me sirve a mí un pinche rosario de plata?

¿A qué le dices de Juliana?

A mí tampoco me dejó nada.

Se pudra en el infierno.

Maldita.

Me dejó en la miseria.

Sin trabajo.

¿Sin trabajo?

No.

Mira, vete para acá.

Ahí, ahí. Y ahora pícale enter.

Ya viste qué fácil, ¿eh?

Sí, porque estás aquí enseñándome.

Esto es mucho más fácil que el piano.

Ahora, vete para acá arriba, pícale y de ahí vamos a mandar un mail. Fíjate.

¿Cómo van las lecciones?

Muy bien, Luis es muy inteligente. De hecho, aprende mucho más rápido que tú.

Mi amor, te tengo una sorpresa.

Una nueva sirvienta.

Pero ya tenemos a Juanita.

¡Otra!

Mira, Juliana sabe hacer muchas cosas.

Plancha muy bien, cose muy bien.

La plancha no me gusta, ¿eh? A veces por lo de mi espalda, pero si quiere lo

hago.

¡Ay, si no le gusta me voy! No, no, no, Juliana, no. ¿Cómo cree? Por el amor de

Dios. Luisa va a estar encantada con usted, ¿verdad, mi amor?

Es usted como una bendición para este caso.

Yo ya me hacía en San Felipe, en mi casita propia, cuidando a mis

aquí estoy de vuelta.

Es que los ricos siempre son codos. Nunca ven por una.

Pinche vieja miserable.

Rapidito con la ropa, Juliana, que nos vamos a México.

En eso estoy, ¿qué no ve?

¿Me permite?

Al señor le gustan un poco más almidonadas, fíjese.

Pues yo las plancho a mi modo.

No me conteste así, Juliana. Solo le estoy pidiendo que le ponga un poco más

almidón. Si no le gusta cómo las plancho, hágalo usted.

¡No me falte el respeto! Yo soy su patrona y si no le gusta y no me

larga. ¿Cómo ve?

Ya veremos de qué cuero sale Macorria.

¿Qué tal, eh?

Así que no.

Aquí te la vives.

Bueno, ¿y cómo te va en el pabellón, mexicano? Estamos a la espera.

Si ya no me voy a tener que ir a Barcelona.

Te envidio, ¿eh? Por lo de las catalanas.

Cero prejuicios.

Se acuestan a la primera.

Yo voy de trabajo, no de cuerda.

Hipocresía es tu nombre.

Y la mentira es tu morada.

Ahora quién enredarás.

Parece que haces mal.

Muy mal.

La que se mete de pleto es la que sale perdiendo. Es que no soporto a esa tipa

estirada. Siempre con su naricita así de huele caca.

Olvídate ya de la cabrona esa de tu patrona. Es que no me puedo conformar.

puedo. ¿Tú quieres salir, ganona?

Tienes que volver a empezar.

No puedo.

Lo que pasa es que tú piensas con el hígado y no con la cabeza y así no se

puede.

Gánatela.

Has de ser dócil, musquia, atenta.

¿Cómo no, señora?

Lo que se le ofrezca, señora.

Ofrécele. Óchale un tecito, señora. Unas galletitas, señora.

Tú nomás piensa que lo que vas a sembrar ahorita es lo que vas a cosechar

mañana.

Si me haces caso, yo te garantizo que termina siendo la señora de la casa.

¿Qué lees?

No te oí llegar.

La mujer de este libro es una maravilla.

Libre, audaz, segura de sí misma. Y hay un momento en el que el marido... ¿Quién

te recomendó este libro?

Leonora, ¿verdad? No.

Fue el padre Rubio. Ah, el padre Rubio.

¿A qué hora comemos?

Ahorita le hablo a Juanita.

Rico.

Señora. La avisa a Juanita que el señor ya quiere comer, por favor.

Juanita se fue a la tintorería. Pero yo me puedo encargar de servirles con mucho

gusto. La cocina es mi obligación.

A ver, mi vida, cuéntame, ¿cuál es la buena noticia?

No me digas que ya lograron anular el testamento.

Mejor que eso, corazón.

Ganamos Barcelona, el pabellón mexicano.

Nuestro proyecto entre 30 fue escogido.

Ay, Jorge, mi vida, qué gusto me da.

Me voy esta semana, tengo que estar ya el viernes.

¿Y no me puedes llevar a España contigo?

No, no sabes lo que es eso, corazón.

Mira, presento el proyecto en Suiza. De ahí me voy a Bordeos, a la Costa Sur.

Constructores, proveedores, un congreso de diseño. Ahórratelo, mi amor.

¿Y cuánto tiempo vas a estar fuera?

Dos mesecitos nada más. ¿Dos meses?

Calculo.

Luisa, Luisa, no llores, por favor.

No estoy llorando.

El proyecto, chino.

Con cuidado, chino.

Apenas tengo tiempo de llegar al aeropuerto de México.

Ojalá y no esté muy llena la carretera.

Amor, solo me voy dos meses.

Además, vamos a estar en contacto todo el tiempo.

Con tu laptop.

¿Eh?

Ya ves que resultó muy útil.

Me dolió su partida.

Otra de sus largas ausencias.

Otra vez la soledad, el vacío.

Ignoraba que se acercaba la tormenta que cambiaría mi vida para siempre.

¿Cómo que cuándo?

¿El lunes no te hablaste con ellas?

Sí, pues ojalá me lo hagan de todos, ¿no?

Oye, oye, ¿desde cuándo no vas a Buenafuente?

No, no hace siglos. Es que nadie aguanta este pueblo tan conservador, tan

aburrido, ¿no? ¿En serio?

Bueno, mira, yo te prometo que en lo que llegan las gringas yo te consigo un par

de sobrevivientes.

Todo el mundo huyó.

Oye, ¿y si marca esa recepción para saber si hay noticias de nuestras

gringuitas? ¡Güey!

¡Claro! Tengo que conseguir a mi primo el pelón.

Él tenía una hermana que estaba buenísima, que anduvo conmigo cuando

chamacos. ¿Eh? ¿Eh?

Mejor nuestras gringuitas, ¿no?

Entonces, aquí es donde puedes ver tus mails, mira.

Aquí.

Ah, mira, ya tienes uno.

¿Un correo? Sí, es de Jorge.

De Madrid. Aquí lo puedes abrir.

Ay, qué lindo.

Llegamos retrasadísimos. Con los gachupas, todos lo hacen de dos.

Aquí me tienes metiendo y sacando. No pude dormir por el jet lag.

Estos baturros están atrasadísimos en su arquitectura. Las voy a poner moradas.

Digo, los voy. Todo bajo control. Las juntas han sido un éxito. Qué horror.

Puras cosas que a nadie le importan.

¿Qué si se retrasó el vuelo, que le revisaron el equipaje dos veces?

Chocan los hombres.

Parecen hechos de hielo. Nada de sentimientos.

Pero tú no eres así, Sebastián.

El piano te ha hecho un hombre sensible.

¿Tú crees?

¡Odio, odio, odio!

¿Por qué estás tan enojada con él?

¿Qué le costaba llevarme?

No, el señor solo piensa en su trabajo y no en su mujer.

Si quieres te ayudo a contestarle el mail. No voy a mandarle nada nunca.

Bueno, ya me voy.

Tengo tocada en el bar.

Claro, te acompaño.

Y perdona mis quejas, Sebastián.

Gracias por tus clases, pero sobre todo por tu amistad. No te preocupes. Bueno,

estoy en el celular cualquier cosa.

Señora, oiga, hay un señor afuera que pregunta por usted. Que dice que es su

primo. Yo no tengo ningún primo.

Luisa.

Primita de mi corazón.

¿Y tú quién eres?

¿Cómo ya no te acuerdas de mí? ¿Quién es este pendejo? Soy Basilio, el hijo de

don Mariano.

Sí, Basilio, ¿cómo estás?

Qué sorpresa.

¿Y cómo no?

Si ya pasaron como 15 años.

Me enteré que te casaste.

¿Él es tu marido? No, no.

Él es Sebastián, buen amigo de la casa.

Mi marido está en Europa.

¿Qué tal?

Un placer. Igual. Bueno, ya me voy. Con permiso.

Bueno, pásale.

Te he buscado por cielo, mar y tierra, no sabes.

Ya nadie vive en Guanajuato.

Y bueno, ¿por fin con quién te casaste?

Con Jorge Carballo, un arquitecto que llegó de Guadalajara hace tres años.

No, sí, te ves muy feliz.

¿No? Súper bien instalada, sí.

Si supieras.

¿Y tú qué?

Tienes que contarme tu vida. ¿Qué andas haciendo en Guanajuato?

No me lo vas a creer, Luisa.

Pero yo no he dejado de pensar en ti.

En mi memoria sigues siendo la mujer de mi vida.

No exageres. Te lo estoy diciendo en serio.

Estás... preciosa.

Justo como te imaginaba en mis fantasías.

Ay, primita, inocente palomita.

¿Cómo sigue, señora Juliana?

Ay,

mal, muy mal.

Ya no aguanto este dolor de espalda.

Y tengo calentura.

Alba me vio.

¿Y la visita sigue ahí?

Sí, es el primo de la señora.

Dios le dice unas dólaras de queso. Pero yo vine a ver cómo sigue usted.

¿Y es guapo ese primo?

Guapísimo. Parece artista de cine.

Sí. Oye, fíjate muy bien lo que me dice.

Y luego me lo cuentas. Sí, sí, sí.

No, no, no, no. La historia no fue así. Yo la recuerdo muy bien.

Estábamos caminando por la orilla de la alberca y entonces te resbalaste. Caíste

al agua. Y yo tuve que aventarme para salvarte.

No seas mentiroso.

Era una chiquilla vacía. Tú ya tenías tu cuerpecito de mujer y te veías

preciosa.

Entonces caminaste lentamente hacia mí, me diste un beso largo en la boca

y me hiciste una promesa.

¿Te acuerdas de aquella promesa?

No me acuerdo de nada.

Me dijiste que me ibas a amar el resto de tu vida.

Gracias, Juanita.

¿Y Juliana?

Tiene calentura.

Ah, ahorita voy a verla.

¿Y piensas quedarte mucho tiempo en Guanajuato?

Si tú me lo pides, yo me puedo quedar toda la vida. Por favor, Basilio.

Mira, no es siempre. Yo te voy a venir a ver diario.

Somos primas y soy una mujer casada.

Ah, eso es. Eres mujer, punto.

Si no te portas bien, te voy a correr de mi casa.

Ay, no está bien.

Fiebre no tiene.

Ay, pero a mí me duele mucho la espalda.

Ay, Dios mío. Mañana mismo se va con el doctor.

Juanita, te voy a pedir que la acompañe.

Dos aspirinas.

Gracias. Que pase buenas noches.

¿No te asustará verme en el ruedo?

Más me asustaría perderte.

¡Pinches franceses, son rebanidosos!

¡Creen que todo lo siguen más grande!

¡Creen que lo saben todo y son unos mugrosos! ¡Qué bueno que inventaron los

perfumes!

¡Ah, y el coñac!

¿Viste?

Primero me lo encontré en el parque y le volteé la cara.

Luego en la iglesia le hice lo mismo.

Ahora lleva una semana siguiéndome y ahí está.

Ándale, acompáñame. Vamos a verlo.

Te lo dije, amiga.

Los diodos son lentos, pero cuando caen, caen redonditos.

Pobrecito, hasta me da ternura.

Pero mucho ojo, Encarna.

Si te dice algo o te invitan café o cualquier cosa, tú, Nanay, no vayas a

las manitas, ¿eh?

Ay, pero es que ya lo he despreciado mucho, pobrecito.

Pues una vez más. Y lo tienes de rodillas y a tus pies.

¿Y si de plano me manda a paseo?

Pues tienes que arriesgarte, amiga.

Ándale, andando.

¡Vamos!

No, no te vayas a sentar, encarna.

No caigas, síguete.

Eso, muy bien.

¿Cuánto tiempo sin verte? Te extrañé.

Ya, ya, ya. Nos íbamos a ir a los rápidos sin ustedes. Quedaron de llegar

viernes.

¿Te hubieras ido sin mí?

Pinche vieja tacaña.

Rosas para la rosa más fragante de Guanajuato.

Padrino.

Patrinita.

¿Y entonces qué?

¿Ya vas a cortar a Ernesto?

Ya me cansé un poco, ¿verdad?

El problema es que mi marido anda bien celoso.

Decías que no le importaba.

Ay, le importa que sea Ernesto.

Porque es alguien conocido de nuestra gente, Luisa.

Tú me comprendes, ¿no?

No me digas que ya lo sorprendió.

Ay, no, pero sospecha.

Luisa, yo necesito conocer a alguien ajeno a mi mundo.

Alguien desconocido.

Sobre todo por cómo están las habladurías.

Alguien como Licho. ¿Tú conoces a Licho?

¡Au!

Lupita. Ten cuidado con mis dedos.

Es lo más bonito que tengo.

Sí, señora.

Oye, Luisa.

¿Y extrañas a Jorge?

No puedo vivir sin él.

No me digas. ¿Y entonces ese nuevo look para quién es?

Para mí misma.

Para sentirme mejor.

¿No es para Sebastián?

A mí me han dicho que todos los días va a tu casa.

A enseñarme a usar la computadora, Leo.

Ay, sí, claro.

Y solitos, ¿no? Y una manita aquí, otra manita allá, una tecla por acá.

Ay, no digas tontería.

Con Sebastián, aunque fuera viuda.

Es gay.

Qué gay ni qué ocho cuartos.

Además, con una mujer como tú, no hay gay que se resista.

Están maravillosas, ¿verdad?

Sí. ¿No tenían una tarjetita o algo? Nada.

Así venían.

Se las debe de haber encargado el señor Jorge de Europa.

Seguramente.

Juliana, ¿qué le dijo el doctor?

Ay, que estoy muy mala de mi espalda y que no puedo planchar ni estar así

enterando.

Que sea por Dios.

Juanita volverá a planchar.

Bendito sea Dios.

¿Me acompañas a la alberca?

Ay, me encantaría, pero tengo algo que hacer.

Las alcanzo en un par de horas.

Adrián, ahí te las encargo.

No me avisaron que

habías llegado.

Abrió Juliana.

Me dijo que estabas aquí en el jardín, así que le pedí que me dejara darte la

sorpresa. Qué confiancitas con la sirvienta.

¿Te hiciste algo?

¿Te gusta?

Me encanta.

Y veo que también recibiste mis flores.

¿Eran tuyas?

¿Es que no leíste la tarjeta?

No tenía ninguna tarjeta. Pensé que me las había enviado Jorge.

Yo me vine a despedir porque mañana temprano me voy a los rápidos.

¿No quieres venir con nosotros?

Ni loca.

Bueno, no te preocupes porque yo voy a regresar muy pronto y así vamos a poder

estar juntos todo el tiempo que tú quieras. Ayer recibí un correo

Jorge. Sí, sí, ya sé.

Me dijiste que estás casada y que eres feliz y que tienes el matrimonio

perfecto. Perfecto no.

Luisa, el matrimonio nunca ha hecho feliz a nadie de por vida.

El amor siempre está en otra parte. Es como cuando se consume una llama, ¿sí?

Dura un instante y luego, ¡plá!, desaparece.

Como cuando se apaga una vela.

Sí, mira.

Mientras dura, parece maravilloso, ¿no?

Pero después las cosas se ponen... Ven, te voy a enseñar mi rincón preferido.

¿Y la señora?

La señora está en el jardín con su primo.

Mejor ven otro día, no la quiero molestar.

¿De acuerdo?

Cuando éramos niños y nos metíamos y mojábamos y

salpicábamos.

No. ¿Por qué no?

Porque esto es imposible.

¿Ah, sí?

Si se entera, el señor la mata. ¡No!

Ya vete.

Esto es una locura.

Ese beso me trastornó. Lo quería cerca, pero... ¿Qué iba a pensar de mí?

¿No se va a quedar a comer, señor Basilio?

Otro día.

¿No quieres entrar a echarte la del estribo?

Neto, ya has bebido mucho. Mejor luego te llamo, ¿sí?

A veces cuando quiero estar contigo, cuando estoy eufórico, Leo.

Es lo mejor.

Más amor.

Pero es que, ¿sabes qué? Estoy muy cansada. Ya bájate, por favor.

¿Sabes que estás cansada de mí? No, claro que no. Yo te adoro. Pero ya

llegar a mi casa.

Ok, ok.

Voy a poner a Leda.

Adiós.

No,

muchas gracias Mejor llévele una copa al pianista

¿Quién la mandó?

¿Quién es él?

El amante de mi prima.

Ahorita vengo.

Toca usted muy bien, amigo mío. Sí me recuerda, ¿verdad?

Claro que sí.

Lo felicito por mi prima.

Usted debe ser un amante excepcional.

¿No lo dijo ella?

¿No? ¿Lo deduje yo?

Cuídelo. No lo vaya a perder.

Tú fuiste

infeliz. Tú lo mandaste a golpear, desgraciado.

Por poco y lo matan. Eres un cobarde.

Si mandara a golpear a todos los amantes que tienes, no me alcanzaría lo que

gano. Pero él no es mi amante. Y lo único que hizo fue invitarme al cine.

Como tú no me llevas.

¿Y te gustó la película, mi vida?

Ay, eres un desgraciado.

Leonora.

¿Qué quieres, cobarde?

Soy cornudo.

Pero no pendejo.

Hácele más chantas sin compromiso, mire, ¿qué le aqueja?

Mal de ojo, hinchazón. Señor, ¿tiene remedios para el pan de amores?

Hácele. Sí. Ahora vea.

Hácele.

Hácele.

Hace a ver.

Irse.

Polvo de toloache.

¿Y cómo se toma?

Pues nada más se disuelve.

Una media cucharadita en su vasito de agua, su juguito, su cabecito. Lo que

usted quiera. ¿Cuánto le pongo?

¿Cuánto cuesta?

Son 60 el sobrecito.

Ah, 60. Sí, está bien.

¿Le pongo todos?

Todos, sí.

Pero ¿sabe qué? También le voy a dar este.

Este es como el Viagra, nomás que este es gigantizado.

Mire, deme 500 pesos por todo. 500 pesos.

Por ser usted, ¿eh?

Me lo llevo.

Ándale.

Gracias, señor. A ver cómo no va a tener quejas.

Aquí está la tarjetita.

No, pues esto no sirve de nada.

Guárdala de todos modos.

Mujer, lo que tú necesitas son pruebas.

Juanita los vio besándose en el jardín. ¿Y luego cómo lo demuestras?

Con sus palabras.

Con la mía.

Cartas, fotos.

No, eso es imposible.

¿Sabes qué, Juliana? ¿Qué?

Vamos a hablar con mi nieto.

A ver qué cosa se le ocurrió al pilón para ayudarnos.

¿Estás seguro que no le viste la cara?

Pues eran dos asesinos típicos.

Bien pagados.

Eso te pasa por andar con mujeres cargadas.

Yo no ando con mujeres cargadas.

Y aunque así fuera.

El hijo de la chingada que me mandó a madrear.

Me las va a pagar bien caras.

¿Y qué le vas a hacer, Neto?

¿Le vas a hacer un soneto?

Te voy a meter un tiro entre ceja y ceja.

¡Ya chingadas!

Estás cabrón, Neto.

Bueno, ya, ¿qué tienen?

En todo momento no he dejado de pensar en nuestro reencuentro, Luisa.

Revivo nuestra infancia, nuestra adolescencia y me regaño a mí mismo por

estado lejos tanto tiempo.

No tenía miedo a la aventura.

Porque me estaba esperando una aventura de amor contigo más intensa, más

deliciosa.

Tú eres como ese aire enardecido que me arrastra a la experiencia de un

verdadero encuentro que necesitamos vivir con una pasión igual a la de esta

experiencia.

Querido Basilio.

Primo Basilio.

Te agradezco tus sentimientos, pero me perturban.

Y yo también siento un extraño amor por ti.

Sentimiento de simpatía por ti.

Pero sabes que esto no puede ser.

No me interrumpas, le estoy chateando. Ya llegó su amiga Leonor.

Sí, que pase.

Acabo de leer tu mail en la soledad de mi cuarto de hotel.

Me encanta esta manera de platicar, pero me da miedo.

Escribiendo los sentimientos salen sin control.

No tengas miedo a tus sentimientos.

Déjalos brotar.

Eres una mujer libre, con derecho al amor.

Yo no puedo escribir la palabra amor.

Solo pienso que me gusta, aunque sea pecado.

El pecado no existe.

El amor es el único bien.

El amor es un fuego que puede quemarme.

Deja arder ese fuego. Es vida.

Si de veras es vida, quiero arder contigo.

Ardamos juntos.

Una locura.

¿Qué tanto escribes una novela?

Le estoy mandando un correo electrónico a Jorge.

Adiós, mi amor.

¿Ya viste qué hora es?

Encarno nos está esperando. En un segundo me arreglo.

De veras que Pepín está bien cambiado.

¿Qué crees?

Anoche me invitó al cine y a cenar a un restaurancito bien nice.

Y el tal Licho que decía... Ay, no.

A él lo tengo en stand -by. En lo que dura lo de Pepín.

Ay, eres incorregible, Leo.

Pero bueno, vamos.

Ay, este café está como perroncito, como un poco agrio, ¿no?

A mí no me pareció tan mal.

¿De veras no quiere que se lo cambie de una ocasión?

Ay, por favor, no me diga don.

Entonces, ¿acasio nada más?

No, no, tampoco.

Mi nombre no me gusta.

Entonces, ¿cómo quiere que le diga?

¿Podría decirme... mi amor?

Hola.

Disculpen la tardanza.

Qué gusto verlo por aquí, don Acacio.

El gusto es mío.

¿Cómo está tu marido? Muy bien, en Barcelona.

Bueno, yo ya me voy.

No, quédese, don Acacio.

Solo venimos a comprar unas plantas y usted nos puede ayudar a escoger.

Sí, es que tengo mucha prisa.

Encarnita les va a ayudar.

Encantado, encantado de verlas.

¿Y? ¿Ya?

Redondito.

Primero que te la haga buena. Que te proponga matrimonio y se comprometa.

Ay, Luisa, no seas anticuada.

¿Qué? ¿Es verdad?

Después de un fin de semana te manda a volar con esa desfachatez masculina

típica. Ya lo probé y adiós. Pero lo bailado nadie te lo quita. Bueno, ya.

¿Qué plantas van a querer?

Ay, a Pepín le encantan las cosas grandes.

Pero él es tipo bonsai.

Oye, este me encanta. Es precioso.

¿Cómo me veo?

Guarda ese vestido en su cuerpo.

No le partes el respeto a la señora.

Mire, Juliana, dejaron encendida la televisión.

Esa no es televisión, pendeja.

Nunca me imaginé que no hubieras ido antes a San Miguel.

Me he pasado toda mi vida en Guanajuato.

¿Y qué tanto conocieron?

¿Fuiste a la presa?

No.

Nos la pasamos encerrados todo el tiempo en el hotel.

Pues se ve que don Acacio todavía los puede, ¿eh?

Nunca me imaginé que tanto.

¿Y de la boda qué?

No. La verdad es que no tuvimos tiempo de hablar de eso.

Él es mi primo, Basilio. Vive en San Francisco, pero nos criamos juntos. Es

un hermano para mí.

Basilio y Jeff son mis amigas más queridas.

Leonora y Encarnación.

Oh, Shanti.

No nos habías dicho que tenías un primo tan guapo, Luisa.

¿Dónde lo tenías escondido?

Las verdaderamente guapas son ustedes.

Son un ramillete de rosas para la vista.

Muchísimas gracias.

Es simpaticísimo.

Simpaticísimo, simpaticísimo.

Ay, está guapísimo.

Para mí es como un hermano. Nos criamos juntos.

Pues con un hermano así, yo no vería mal el incesto, ¿eh? Ay, Leonora, no digas

tonterías. Nuestra relación es puramente familiar.

Bueno, vámonos, porque ellos tienen que platicar mucho de eso.

Bueno, luego me cuentas, ¿eh?

Diosito, no me sientes con el pecado de la carne.

Ave María, yo no quería.

Ay, Padre nuestro, qué rico está esto.

No, Basilio, no.

Tú me pediste que arriéramos juntos.

Pero nos van a escuchar las sirvientas. No.

Señorita, ¿qué te importa?

Señora.

Aquí no, dame tiempo. Señora, tiene una llamada de Barcelona del señor Jorge en

el teléfono del salón.

Ahí se despeinó, señor Basilio.

Estoy nervioso por la calidad de los asistentes. Todo se pone duro en la cuna

la civilización.

Estas ruinas serán mi inspiración para el Eros y Canatos.

¿Se encuentra la señora?

Voy al salón de belleza.

¿Podría hablar con usted un momentito?

¿Sabe qué día es mañana?

¿Veintiséis? Sí, sí, sí, pero mañana es Santa Luisa Márquez, reina de Dinamarca,

el santo de la señora Luisa.

Ah, mire, no sabía. Sí, y todos los años el día de su santo yo le traía una

serenata y me gustaría volverle a dar esa sorpresa. Ay, mire, qué bonito.

Sí, bueno, pero para eso tendría que entrar al jardín, porque su cuarto da al

jardín, ¿cierto?

Sí, no, no da a la calle.

Y digo, la verdad que a mí no me gustaría importunarla porque va a ser de

madrugada, voy a venir con un trío y... Yo no sé si usted sea tan amable de

facilitarme unas llaves. Ah, no, yo no puedo hacer esto. No,

no, claro, no puede.

Sí, me imagino por la seguridad y todo, ¿no? Porque es de noche.

No me vuelve a pasar como la pinche vieja.

Ahora voy por todo.

El que quiera azul celeste, que le cueste.

¿Te conté que llegó un primo de Luis a Guanajuato?

Está guapísimo.

¿Y qué, te lo piensas ligar?

Ay, claro que no, ni de chiste.

Además, los primos de mis amigas son sagrados.

¿Ya viste quién viene ahí?

¿Quién?

Ernesto, tu amante.

Ay, él nunca fue mi amante.

Además, mira cómo lo dejaron tu sicario.

¡Gepín!

¡Te vengo a matar!

No seas baboso, neto.

¡Prenta esta puta!

Ya, ya, ya. Ya tú, ya tú, ya tú.

Vámonos, mi amor.

Vámonos.

No mames, pinche Tlaloc.

Nunca me imaginé lo difícil que es estar con alguien sin que nadie te vea.

Cuando salga de aquí voy a matar a ese cabrón.

Y a la pica de su mujer.

Deja de estar pensando en vengar. Y mejor ocúpate de buscarte una mujer que

te dé problema.

¿Qué me voy a comer?

No, me voy a condenar. ¡Me voy a condenar!

Ya tengo un amante.

y esto sí que huele a pecado.

Mira, todo esto nos va a servir.

Pero lo realmente definitivo va a ser lo que te instale el pilón.

Oye, ¿y cuánto le voy a cobrar?

Ay, mujer, pues lo que te cobre.

Pues tómalo como una inversión.

Estoy preocupada, ¿eh?

Ya no tarda en llegar el señor.

Voy a ver si ya va a acabar.

Listo. Todo instalado.

El control está ahí.

Antes de que la señora se acueste, cuando usted entre a arreglar la cama,

apriete este botón.

La cámara está ahí.

A que no la había visto.

¡Ay, qué de veras! Por favor, apúrese. La señora no tarda en llegar.

Solo saco la información de la computadora y listo.

Fíjale.

¡Ya llegó la señora!

¡Diez segundos!

¿Ninguna novedad, Juliana?

¿No llamó mi primo?

No, ninguna novedad, señora.

Ay, señora, es que hubo un corto y salió una llamaradota de tu cuarto.

¿De mi cuarto?

Pero ya está arreglado. Válvame Dios.

Pudo ser peligroso, pero lo arreglamos a tiempo.

Juliana, ¿y por qué no me llamaste a mi celular?

Si tú sabes que don Cipriano es el que arregla todo esto.

Es que yo no sabía.

Y estos señores son... Es que estos señores son los electricistas

de doña Virginia.

Así que yo pensé que... No se preocupe, señora.

Todo quedó muy bien.

Bueno, ¿cuánto les debo?

500 pesos.

Me muero por verte, pero no en mi casa.

Busca un lugar seguro.

Aquí en mi hotel.

No me atrevo.

En un hotel de paso.

Jamás.

Aquí sí vamos a poder.

¿Usan un taquito?

Va a ser una reunión muy sencilla.

Fíjese, dos empresarios japoneses con las que voy a firmar una nueva sociedad.

Y sus esposas, claro está.

Tal vez...

Algo que suene japonés, como Madame Butterfly.

¿Podría ser?

Sí, sí, claro. Un arreglo de Madame Butterfly.

También me gustaría invitar, por su conducto, claro, a Luisa, la esposa de

socio. Pinche rabo verde.

Él está en Barcelona, ¿lo sabía?

Sí, sí.

Claro, yo le invito.

Bellísima mujer.

Ay, ya no es como las otras.

Yo no sé de qué tanto te ríes. Es que me da mucha tristeza, mi amor.

Yo nada más te digo una cosa, Luisa.

Y espero que te quede bien claro.

Si no cogemos en mi hotel, esto se acabó.

No lo dices en serio, cariño.

Absolutamente en serio, cariño.

Hasta luego.

Luisa, ¿qué haces aquí?

Sebastián, yo... ¿Cómo sabías que tocaba acá?

Me dijo Leonora.

Queríamos darte la sorpresa. De hecho, la estoy esperando.

Entonces hoy voy a tocar como un verdadero maestro.

¿No te pasaron mis recados? Te he estado buscando.

Es que don Carlos me contrató para un concierto privado este viernes y me

que te invitaron.

¿Qué don Carlos?

Don Carlos.

Ah, la momia de Guanajuato.

El cacique del pueblo.

¿A casa de ese gorila?

¡Jamás!

Te recuerdo que es uno de los principales socios de tu marido. Hay que

bien.

¡Bastardo! Disculpa la demora, pero es que... Hola, maestro.

Placer. Igual.

Nos vemos en el bar.

Sí. Ahorita nos vemos.

¿Ves? Te dije que me iban a cachar y me cacharon. Vente, vente, vente.

Ya me vio Sebastián. Tenemos que ir al bar. ¿Qué bar? ¿Qué bar? Tú y yo vamos

para allá.

¡No puedo!

¡No puedo!

¡No puedo!

Siento los ojos clavados de Sebastián.

A ti te importa mucho Sebastián, ¿verdad?

Me importa mi marido.

Mira, ¿sabes qué?

Tienes razón, Luisa. Nunca vas a poder romper con esa telaraña. ¿Qué?

Exacto. Ándale, píptate.

¿Es en serio?

Claro que lo digo en serio.

Tú eres incapaz de entregarte a alguien, ni siquiera a ti misma.

Los

materiales dejan que

desear por lo visitados.

Estos viajes ponen a prueba nuestra resistencia.

Con problemas, pero levantamos todo.

Toca este hijo de la chingada.

A usted le ha hecho mucho bien la ausencia de Jorge, Luisa.

¿Por qué lo dice?

Se ha puesto más guapa.

Más apetecible.

¿Sabe usted por qué he invertido tanto dinero en el negocio de su marido?

Por usted, hija. Por usted.

Con permiso, fue el tocador.

¿Pero y esto?

Eso no sirve de nada.

Tu vieja desgraciada me engañó. Está acostando con el tipejo ese en otra

¿Por qué no estabas tan segura tú?

Es que el pinche primito tiene las llaves.

La primera vez se metió en la noche. Eso me consta porque... Bueno, porque el

perro no dejó de ladrar.

Bueno, pues si te consta.

¿Por qué no le hacemos creer que quedó grabada esa noche esa y ya?

Lo que de veras vale ahora es el disco.

Aquí están todos los correos electrónicos. Los haz con el primo.

Uno se calienta leyéndolos. ¡Pilón! Y también están las sabanas y el calcetín

los recaditos.

Pero todo esto, ¿cuánto piensas pedirle?

No sé.

Tiene que ser una cantidad fuerte.

¿Cuándo? La semana próxima.

Claro que me da mucho gusto, mi amor.

Un beso.

Adiós.

El señor regresa de España la siguiente semana.

Hay que tener la casa muy limpia.

Señora, ¿puedo hablar con usted?

No me diga que consiguió otro trabajo.

No, todavía no, señora.

Entonces, dígame.

Es que no me gustaría hablar aquí, ¿eh?

Juanita es muy chismosa.

Por aquí.

En este chunche están copiadas sus conversaciones con el primo Basilio en

computadora. Eso que ustedes llaman el chateo.

¿Qué está diciendo?

Aquí hay un video de usted con su primo encamadito.

¿Cómo ha sido capaz de conseguir eso? No entiendo. Y también tengo una sábana.

Y otras cosas.

Esto es inaudito.

Imposible. La voy a mandar a la cárcel Gata Infeliz. A mí no me va usted a

mandar a ninguna parte, señora.

Yo estoy dispuesta a entregarle estas pruebas al señor Jorge en cuanto llegue.

¿Qué pretende, desgraciada?

Veinte mil a cambio.

Y nadie sabrá nada de nada.

Me voy con San Felipe.

¿Veinte mil pesos?

Veinte mil dólares, señora.

¿Dólares?

No. No, yo no tengo esa cantidad.

Mi marido es el que maneja todas las cuentas. Yo no tengo acceso.

Tiene una semana para conseguirlo, ¿eh?

En la que me metí por caliente.

Me voy a condenar del infierno.

¿Quién? La camarera.

La

camarera.

Esto no es lo que parece primita de mi corazón.

¡Cabrón, vete a la chingada!

Lo que le había yo prometido desde hace ocho días.

Y si de veras no tiene para pagarme, ¿qué hago?

¿A mí? ¿De qué me sirve que su marido la agarre a patadas, que se divorcie, que

la mate? ¿Qué saco yo con él?

¿Cómo no van a tener dinero? ¿Por qué no son ricos?

El señor Jorge ya está por llegar.

Entonces, ¿qué?

¿Alargar el plazo?

¿Meterle presión? No sé, pero la cosa es no perder el control allá adentro.

No sé, pero esto ya fue muy, muy dotitativa, Victoria.

Buenas tardes, señora.

Tomé prestado su abrigo porque es que ando muy mal de mi espalda.

Y es tan calientito.

Déjanos solas, Juanita. La señora y yo tenemos que hablar.

¿Consiguió el dinero?

Tengo unas joyas que pueden valer más de la mitad.

Creo que fui lo suficientemente clara.

Quiero efectivo.

No me puede hacer esto, Juliana.

Yo he sido buena con usted.

La he tratado como a nadie.

Comprenda mi situación.

Comprenda usted la mía, señora.

Me he matado trabajando toda la vida y no tengo absolutamente nada.

Hagamos un pacto, Juliana.

Ahí están todas mis joyas.

Y le puedo pagar poco a poco. No, qué pacto ni qué nada.

En efectivo, y mire, tan amigas como siempre.

Llegó el señor Basilio, señora.

No le caerá mal un acostón así de consuelo.

Ya no hay videos.

Viene a despedirme.

A mí me pesa muchísimo, de verdad, que lo nuestro no haya terminado bien,

pero... La vida es así, Luisa.

Lo que vale, lo que nunca se olvida, son los buenos recuerdos.

Y tú y yo vivimos momentos maravillosos.

Yo te lo dije, ¿te acuerdas?

El amor es una llama que se consume inevitablemente.

Adiós.

Basilio, no te vayas.

Estoy en un apuro muy grande.

No me digas que ahora necesitas dinero.

No. Ya vete.

Quería irme con él.

Abandonarlo todo.

Mira, lo de tu primo tenía que terminar así.

La verdad, yo siempre sospeché algo.

Pero tú nunca quisiste decirme nada.

Yo te pude haber aconsejado.

Me cegué.

Me sentí tan sola.

Tan necesitada de un hombre.

Y lo gozaste, ¿no?

Eso es lo importante.

No me digas que no era bueno en la cama.

Sensacional.

Ahí tienes.

Que Basilio se vaya a la chingada, eso ya se acabó.

Lo que me importa es el chantaje de Juliana.

Las sirvientas son capaces de todo.

¿Qué voy a hacer si Jorge se entera?

Me muero, me matan.

¿De dónde voy a conseguir 20 mil dólares en una semana?

¿Sabes qué, Luisa?

Yo sé de alguien que daría eso y más por ti en un abrir y cerrar de ojos.

Te ves preciosa con ese liguero.

Te lo dije.

A Basilio le hubiera encantado.

No voy a poder, Leo.

¿No? Ay, tú tranquila.

Es solo un ratito.

Mira, cierra los ojos, ponte flojita, flojita y ya. No.

Me da asco ese viejo.

¿Ya te dio el dinero?

Todavía no.

Pero ahí lo trae.

Suerte, amiguita.

Para salvar mi matrimonio, estaba dispuesta a todo. Solo esperaba que no

muriera en la suerte.

Le juro, Luisa, que este es el momento más deseado de mi vida.

¡Qué bien!

Y si en lugar de que se le pare, se le paraliza el corazón.

Me engañaron, cabrona. Me engañaron. Son unas putas. Yo pensé que me iba a hacer

sexo oral y me mordió la hija de su puta madre.

Me mordió, cabrona.

¿Qué te pasó?

No pude, Leo. No pude.

Luisa. Hola.

¿Qué haces aquí?

Vine a pedirte un consejo y eres la única persona que me puede ayudar.

Esa es mi gran tragedia, Sebastián.

Fui una tonta.

Una...

Una loca con Basilio.

¿Tú te diste cuenta de que había algo entre él y yo?

Salvo tu cambio de peinado, tu cambio de vestidos y que te encontré en un hotel.

No.

No me lo voy a perdonar nunca.

Nunca.

No te preocupes, ya pasó.

Él ya se fue.

Cálmate.

Ahora el chantaje de Juliana.

¿Dónde voy a sacar 30 mil dólares?

En una semana.

No necesitas juntar ese dinero.

Esto no se arregla así.

¿Entonces cómo?

Tú déjamelo a mí.

¿Por qué no me avisaste que llegabas hoy?

Yo iba a ir por ti al aeropuerto, a México.

Es que... Quería dártela a Sor.

¿Y ahora qué se hizo?

La falta de práctica me la puso más buena.

Sor.

Teresa.

Ay, cómo te he extrañado.

Necesito estar contigo.

¿Vamos a la sala? Vamos a la cama.

Como a la niña de mis ojos, señor.

Mira.

Mira nada más lo que te traje.

Te encantó todo, mi amor. Todo. Mi conferencia, mi participación en los

Pero la única bronca es que voy a tener que regresar en tres meses a Barcelona a

desmontar el pabellón.

Pero no me pongas esa carita.

Esta vez tú vas a ir conmigo. Oye.

Me contaron allá de una clínica de fertilidad que tiene el 95 % de aciertos

casos de embarazo. ¿Qué te parece?

Luisa. ¿Qué?

¿Qué te parece lo de la clínica?

Ah, me parece bien. ¿Ah, sí?

¿Y qué te parece si vamos echándole una luchita, no?

Otra vez la rutina, la insatisfacción, la duda.

Que me andabas buscando.

Necesito que me hagas un favor.

Quiero que me contactes con tus golpeadores.

¿Cuáles golpeadores?

No te hagas pendejo.

Con los que mandaste golpear a Ernesto.

Eso no es cierto.

Yo no tuve nada que ver.

Te lo juro.

Si todo el mundo lo sabe.

Me debes un favor.

¿Ya se te olvidó esa vez lo del pitazo con tu mujer?

¿Cuántos necesitas?

Solo uno.

El más cabrón.

Ahora te tocó perder.

Fresa de tus temores.

Tu trono se resquebra.

No bastaba ser mujer.

Reina tenías que ser.

Solo un destino. Esposa, madre y después cadáver.

¿Dónde está mi mujer?

No sé.

Me parece que está en la oficina.

¿Y ahora qué?

Tú aquí fregando trastes mientras la conchuda de la gata ya vendo la tele.

está pasando?

Es que Juanita me pidió permiso para ir a su pueblo.

¿Y la inútil de Juliana qué?

Está enferma. Le duele mucho la espalda. Yo le di permiso. Bueno, pero no te vas

a hacer criada de las criadas, digo.

Ahorita mismo me la echas de aquí y que se vaya a curar a casa de su chingada

madre. Faltaba más.

Ay, no exageres, mi vida. Esto es ocasional. Andas de mal humor, ¿verdad?

pésimo humor!

¡Y peor con todo esto!

¿Sabes lo que hizo el pinche cacique gordo? ¿Don Carlos?

Don Carlos, don Carlos.

El muy desgraciado retiró sus inversiones y se unió a un pool de

japoneses. No mames.

Ay, esa sí que es mala noticia. ¡No, es una tragedia!

¡Pique, casilla, gordo!

¡Cálmate, mi vida, cálmate!

Necesito un trago.

¿Sabes qué día es hoy, mi vida?

La fecha del día en que nos conocimos en fiesta de pepín.

¿Te acuerdas?

¿A poco te acuerdas del día en que nos conocimos?

Con pelos y señales.

Es más, esta noche reservé una mesa en la Quinta del Sol para que vayamos tú y

yo solitos a celebrar, mi amor.

Gracias.

Es un patán. No sé cómo lo soporto.

Gracias.

Uy, qué naco.

Señora. ¿Es usted, señora?

¿Señor?

Señor.

Señor Sebastián, es usted.

El señor es judicial.

Y afuera hay otros dos.

Necesito que me entregue el material con el que está chantajeando a Luisa.

No, yo no tengo ninguno de los materiales.

No sé de qué me está usted hablando.

Ahora sí se te pasó la mano.

No, Sebastián.

Yo no puedo firmar un acta de defunción así.

La contusión es muy evidente. Pero se murió de un ataque al corazón. Es lo

que tienes que decir.

Pero se van a dar cuenta en la funeraria. Yo me encargo de la

encárgate del acta de defunción.

Sebastián, mi ética profesional... ¿Pero cuál ética profesional?

¿O quieres que hablemos de tu clínica de abortos?

Juliana se sintió mal como eso de las diez de la noche.

Le habló al doc.

Cuando llegó, le dio un infarto masivo frente a él.

¿Fue así, no, Juliana?

Sí, así fue.

Necesito un trago.

El doc no sabía dónde localizarte, entonces me llamó a mí. Me vine de

No quería darte el gato.

Además, ya era irremediable.

Gracias.

¿Sabes lo que me di cuenta con esta experiencia, Sebastián?

Que ya no quiero a Jorge.

Y tal vez no lo quise nunca.

No quiero que me toque.

Me repugna.

No lo veas así.

Solo es una mala experiencia.

No.

Ni él, ni Basilio, ni nadie hubieran sido capaces de hacer lo que tú hiciste

mí.

Con generosidad, con inteligencia.

Otra vez en la encrucijada.

Tenía que decidir entre el amor y mi comodidad, entre la riqueza o la

Dios me ponía a prueba.

Juanita.

Juanita.

Salgo de mi casa, infeliz. Vamos, a hacer a otro lado sus cochinadas.

Apenas lo puedo creer, Juanita.

Una muchacha como tú, decente, revoltándose con cualquiera.

Y en mi casa, metiendo a un hombre bajo mi techo.

Tú sabes que tu cuerpo solo se le entrega al que ha recibido contigo la

bendición nupcial.

Lo demás son cochinadas.

¿Entendiste lo que te digo?

Sí, señora.

No, hombre. Ni el Banderas ni Brad Pitt juntos.

Era nomás puro galán de Guanajuato.

¡Luisa!

¡Luisa, se va a sentar de...

¿A

dónde vas?

Me regreso a mi pueblo. La señora me corrió.

¿Me corrió?

Pero no le hace. De cualquier manera, yo ya me quería cambiar.

Pero le dejo este de recuerdo. Es de los que se meten en la computadora.

Ay, tómelo.

Véalo cuando esté a solas. Que no lo vea la señora.

Tómelo.

Ay, que sean fotos tuyas. Como Diosito te mandó al mundo.

Está lista, mi amor.

Oye.

¿Por qué acordaste a Juanita?

Porque ya la había maleado esa Juliana espantosa.

Que en paz descanse.

¿Entonces te vas a quedar sola?

No. La señora del mercado me ofreció dos muchachitas de Atlixco. Llegan la

semana que entra.

Bien. Ojalá que no salgan tan mal encaradas como la Juliana esa.

Juanita estaba muy bien.

Era muy buena.

Qué suertuda eres.

No lo puedo creer. Te juraste del mal y la enfermedad.

Así es. La muerte de Juliana fue un milagro.

Ay, pero ¿a quién le rezaste?

A Juan Diego, a Sanjú, hasta de hoy como a 20 más.

Yo también le voy a rezar.

¿Cómo les va, muchachas?

¿Están bien atendidas? Lo lograste, encarna. Me da mucho gusto por ti.

La verdad es que nunca lo hubiera podido lograr sin ustedes.

¡Salud! ¡Salud!

Ahora sí vas a ser el dueño de todo el invernadero.

Salí ganando.

Marido. Marido, te quieren conocer mis primas de cena.

Salud.

¿Todavía creen en el matrimonio? ¿Tú no?

Yo sí.

¿Y tú qué tal?

¿Cómo vas con Pepín?

Ya me aburrió de nuevo.

Ni te imaginas con quién ando.

Con el cacique gordo.

¡Leonora! Ay, ¿qué?

Si vieras que tiene su lado tierno. Además, se duerme muy rápido.

¿Alguien tiene el hombre?

¿Qué es eso?

No sé todavía, me lo dio Juanita.

¿Qué onda, Pepín?

¡Te voy a matar!

¡Quítate, Jorge!

¡Alte a un lado!

Loquito, no seas gato.

¡Quítate!

Ojalá se pudra en la cárcel ese miserable.

Jorge me salvó la vida.

¿Sí?

Sí.

No te preocupes, todo va a estar bien.

¿Qué es estar bien?

Asistí al cirujano en la operación.

Hizo todo lo posible. Lo siento.

¿Murió?

Sí.

Ay, Felipe.

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón.

Sin ver que sois locación de lo mismo que

culpáis.

Y con ansias inigual solicitáis su

testem.

¿Por qué queréis?

que obren bien si las necesitáis al mal.

¿Qué amor puede ser más raro que el que falta de

consejo?

Y el mismo empañado espejo

Dios trata mal, burla no, Dios trata bien.

Después de hacer la...

es que acusa

Gracias.

¡Gracias!

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