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- [Sollozando] Gracias,
no sé cómo agradecerte esto que acabas de hacer.
- No, Soledad, no tienes por qué agradecerme,
también se trata de mi hija.
Soledad: Estás herido, Alcides.
- Yo estoy bien.
Los delincuentes que raptaron a nuestra hija aún están cerca.
Ustedes son los que deberían irse de aquí.
- Pero ¿quiénes eran? ¿Por qué?
- Soledad, escúchame, ahora no hay tiempo para explicaciones,
ellos pueden llegar en cualquier momento.
Por favor, váyanse.
- Vamos, señora, tenemos que salir de aquí.
- No, Alcides, está herido.
Tenemos que ayudarlo,
hay que llevarlo a un médico urgente.
- Soledad, por favor, yo estoy bien.
- Venga con nosotros, señor.
- Claro, vinieron a recatar a la bebé de Soledad,
fue robada anoche.
- ¿Y por qué no me habías contado que se habían robado
la bebé de Soledad?
- Porque se me olvidó.
- Qué casualidad, ¿no?
Siempre se te olvida lo que te conviene.
Es una lástima, Francisco,
recién empezando nuestra sociedad y ya vamos muy mal.
- !Oye! ¿A dónde crees que vas?
- ¿A dónde crees, imbécil?
Alcides acaba de quedar como un príncipe ante Soledad.
Tengo que hacer algo
para que esos dos no se vuelvan a juntar.
[Disparos]
[Música tensa]
- ¿A dónde fue?
- Corrió hacia allá, señor. - !Cúbreme!
[Música tensa]
[Jadeos]
[Música de suspenso]
[Relinchos]
- Ya tendré tiempo de arreglar cuentas contigo.
[Galope de caballo]
Antonia: !Espera, Jacinto!
Esther: ¿Qué pasa, Antonia?
- Parece que hay alguien ahí.
- ¿Dónde? - Allí, Esther.
Hay alguien tirado en el piso.
!Vamos, vamos, Esther! - !Espéranos, Jacinto!
- Señor, permítame ayudarlo, está herido.
- Yo estoy bien, Enrico.
- Ay, señor, déjese ayudar, por favor.
- Te agradezco mucho, Enrico, tú también estás herido.
Enrico: No , eso no importa, señor.
- ¿Está bien, señor?
- Estoy bien, Boris.
Por favor, encárgate de llevar a la Sra. Soledad a su casa.
Eloísa: ¿Están todos bien?
Hugo: ¿Ustedes qué hacen aquí?
- Escuchamos unos disparos
y decidimos venir a ver qué pasaba.
¿Están bien todos?
- Alcides, !estás herido!
Francisco, por favor, dile a Alberto
que lleve a Soledad a su casa y la ponga a salvo con su bebé.
- Inmediatamente. - Yo me encargo de Alcides.
- No se preocupen por mí,
yo me voy con Ursula y con Enrico.
¿Qué se hicieron?
- Debimos habernos quedado al lado de la Sra. Soledad.
- No, Ursula,
la bebita ya apareció, que es lo más importante.
Vámonos a casa.
- Pero tal vez ella y la bebé me necesiten.
¿Tú te diste cuenta
que la Sra. Soledad estaba muy nerviosa?
Devolvámonos, ¿sí?
- No, no, no, si quieres, hazlo tú,
pero no te lo recomiendo.
La Srta. Antonia es muy mala y piensa muy mal de nosotros.
- Tienes razón.
La Srta. Antonia no me quiere cerca de la Sra. Soledad.
- Ya entendiste, ¿no?
La bebita y Soledad están a salvo.
Vámonos a casa. Vamos.
[Música tensa]
- [Sollozando] Lo perdí.
Quién sabe qué estará pensando Guillermo de mí en este momento
y todo por hacerle caso a usted.
- Deberías estar feliz. Te libraste de un problema.
Guillermo no es hombre para ti.
- Pero yo lo quería así, bruto y necio.
- Por favor, Helena, Guillermo es un don nadie,
no tiene ni siquiera dónde caerse muerto.
- !Es un artista!
Es un virtuoso del violín, es una....
es un artista importante.
- Tocar en una taberna de borrachos
no lo convierte en artista y tampoco en importante.
- Miren quién habla.
Un doctor que le ha ido tan mal con su medicina
que le tocó dedicarse a sacar muertos del cementerio,
y que hasta para eso necesita ayuda.
- Me entregué a la investigación,
a descubrir los secretos de la vida.
- ¿Ah, sí?
¿Usted es tan ignorante, que cree que destazar muertos
y mirarlos por un microscopio, eso es la gran ciencia?
- Mucho cuidado con lo que dices, Helena.
- !Y mucho cuidado
con lo que dice de Guillermo Burke!
Dígame, en esta ciudad,
¿quién no sabe quién es el gran Guillermo Burke?
- Dios mío, nunca vas a dejar de atormentarme.
- No, no, no debemos seguir viéndonos.
No quiero seguir engañando a mi esposa.
Suéltame, suéltame.
Esther: ¿Qué?
- Déjame, no puedo hacerle esto a Esther .
No, no me beses, no me acaricies.
- !Infeliz! !Miserable! !Te odio!
- ¿Qué pasa? ¿Para dónde vas?
- Voy a ver qué pasa con mi hija.
Encárgate de tu hermano.
Ahí está, borracho y hecho una miseria,
como le gusta estar.
[Música tensa]
Eloísa: Con cuidado, Alcides.
Marina: ¿Patrón? !Patrón!
- Marina, Marina, por favor,
trae toallas limpias y agua, yo misma curaré a Alcides.
- Eloísa, no es necesario que te molestes,
Marina me puede ayudar.
- Claro que sí, yo ayudo a mi patrón.
- No, por supuesto que no, Alcides, déjame ayudarte.
Boris: Señor...
creo conveniente denunciar al señor Arturo de Linares.
- Y que la Srta. Eloísa nos ayude con su declaración.
- Por supuesto que sí.
yo hago lo que ustedes necesiten, aunque...
no creo que podamos hacer mucho, la verdad.
Arturo, además de ser un hombre muy peligroso, es muy corrupto.
Y tiene compradas
a las autoridades de esta ciudad
para que no le hagan nada.
- Bueno, pero ya buscaremos la manera
de que la justicia se haga cargo de él.
Con cuidado, con cuidado.
- En momentos como este es cuando me alegro
de haber roto mi compromiso con él.
¿Qué hubiera sido de mi vida al lado de un hombre tan malo?
- Y ambicioso.
Siempre quiere sacar provecho de la desgracia ajena.
- ¿Y alcanzó a darle el dinero, patrón?
Boris: Claro que lo hizo.
Pero como era de esperarse, el señor Arturo de Linares
no cumplió con su parte del trato.
No entregó el dinero, no entregó a la niña,
y por si fuera poco, casi mata al patrón.
Vamos, te voy a acompañar por las toallas.
El señor necesita asearse.
Eloísa: Alcides.
Hugo: Gracias. - Si tú quieres,
yo podría ayudarte a recuperar tu dinero.
Sé que Arturo tiene un lugar en su casa
donde esconde todos su bienes y yo podría llevarte hasta él.
- ¿Y por qué quieres ayudarme?
- No sé si te acuerdes, pero...
tú y yo teníamos una relación muy especial.
- ¿Una relación?
¿No crees que está exagerando un poco?
Yo soy un hombre casado. Soledad es mi esposa.
- Alcides...
tú mismo me dijiste que tu matrimonio con Soledad
era simplemente un plan para quitarle el dinero a Hugo.
- ¿Eso te dije?
- Por supuesto que sí.
De otra manera no habrías logrado convencerme
para que me involucrara contigo.
Yo sabía perfectamente
que entre tú y Soledad no existía amor.
[Música de suspenso]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame. ♪ ♪ !Sálvame! ♪
♪ Despiértame otra vez. ♪ ♪ !Otra vez! ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, no, ♪
♪ No... ♪
♪ Bésame, ♪ ♪ !Bésame! ♪
♪ Hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- !Tonta!
Pablo: Déjame ayudarte. - No, no, no.
Está bien, no hace falta.
- En los últimos días te he notado muy extraña,
¿qué sucede?
- Nada.
- Beatriz, estás temblando.
¿Estás segura que todo está bien?
- Es por mi familia, echo mucho de menos a mamá.
Anoche, casi no pude dormir pensando en ella.
- La próxima semana en la agenda
hay pocos pacientes,
puedes aprovechar e ir a visitarla, si quieres.
- Aún no me siento preparada.
- Está bien, como quieras. Te cambiaste de casa.
¿A dónde te fuiste? ¿Por qué no me comentaste nada?
- Yo... - Doctor Omaña,
lo están buscando en la sala de urgencias,
llegaron unos pacientes heridos.
[Música de suspenso]
- Le aseguro que le daré buen uso a esa información.
- Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras.
- Es una pena.
Es una pena que no pueda recordar
cómo nos relacionábamos.
[Música de intriga]
- Al principio para mí fue muy difícil, Alcides.
Yo, una señorita que apenas había conocido el amor, y
tú llegaste como un huracán a mi vida y me enceguecí.
Luego, cuando me dijiste que lo tuyo con Soledad
era solamente por interés,
ya no quise resistirme al amor.
Espero que muy pronto...
puedas recordar todo y me des nuevamente un lugar en tu vida.
[Música de suspenso]
Hugo: ¿Te acompaño?
- Don Alcides, necesito hablar con usted.
- Quedas en tu casa, Eloísa.
[Música de suspenso]
- Veo que no pierdes el tiempo, Eloísa.
Toma, límpiate la boca.
¿Le hablaste de todo lo que me dijiste?
- No.
Es obvio que Alcides no puede recordar nada
y es mejor jugar a la víctima del Alcides salvaje que conocí.
- Te felicito, eres muy astuta.
Así podrás competir con esa mojigata de Soledad,
¿no es así?
- Por supuesto que sí.
Poco a poco me meteré en la vida de Alcides.
Y muy pronto, será solo para mí.
- Puedes estar tranquila.
yo te voy a cuidar. No te voy a dejar sola.
Voy a estar pendiente de ti.
- Tu padre sigue durmiendo.
se puso a beber y parece que de regreso le pasó algo,
creo que intentaron asaltarlo.
- Pero ¿está bien?
- Sí, fue solo un susto. Antonia está con él.
Ay, mi amor...
qué bueno tenerte de nuevo en casa.
No sabes todo lo que sufrimos por ti, a ver.
Soledad: Ay, mi vida.
Mamá...
yo sigo preocupada porque todavía no sé
quién estuvo detrás del rapto de mi hija y quisiera saber.
- Ya no pienses en eso, hija.
Lo importante es que ahora estás aquí,
y ahora tenemos que cuidarte mucho.
No la podemos dejar sola ni un solo momento.
- Sí, estuve pensando en eso y...
mamá, Enrico y Ursula...
no tuvieron nada que ver.
Ellos estuvieron conmigo en el bosque,
ayudándome a buscar a la niña todo el tiempo,
yo sé que ellos no fueron.
Y decidí que quiero que Ursula regrese conmigo.
Estaría sintiéndome mucho mejor, mamá,
mucho más tranquila.
- Por mí no hay ningún problema,
pero ¿dónde está ella?
- No sé.
Estaba conmigo en el bosque, pero...
pues, desaparecieron de un momento a otro, ojalá...
venga pronto, me hace mucha falta.
- Supongo que después de lo que hizo Alcides
al rescatar la niña, se te despejaron algunas dudas.
Parece que él en realidad
regresó con buenas intenciones.
- Estoy muy agradecida por lo que hizo.
La verdad es que sé que enfrentarse a esa gente
fue algo muy peligroso y...
a veces siento que se portó como si fuera su papá,
pero, pero no, mamá.
Yo nunca podría volver a confiar en él.
- No seas tan dura, hija.
A lo mejor, Alcides solo quiere recuperar a su familia.
- A veces parece que fuera otra persona en verdad,
pero la gente no cambia, mamá, no cambia así de rápido.
- Su plan de venganza se ha complicado un poco, señor.
Siempre supe que su hermano Alcides tenía enemigos,
pero no tan crueles como Arturo de Linares.
- Es un hombre verdaderamente despreciable.
Robarse una recién nacida
es de lo peor que alguien puede hacer.
- ¿Usted cree que con el dinero que le dio se calme?
- No lo sé,
pero aún no he terminado con él.
Boris: Lo único que me gusta de todo esto, señor,
es que ya no está pensando en vengarse de la Sra. Soledad.
- Boris, nunca he dicho que he cambiado de opinión.
Boris: No lo entiendo, señor.
Apenas hoy, arriesgó su vida por ella.
- Lo hice por la criatura, no por ella.
Es mi sobrina.
Lleva la sangre de mis padres, la sangre de mi hermano.
Probablemente sea la única de los Medina
que quede cuando yo muera.
[Música de suspenso]
- ¿A dónde crees que vas?
- !Yo no creo! !Yo me voy!
- !Yo no te dije que te fueras! !Pongámonos de acuerdo!
Tú no te metes con mi vida
y yo no me meto con la tuya, ¿qué te parece?
- No, no me parece.
No me parece porque yo no trabajo para usted.
Págueme lo que me debe por cuidar a la niña.
!Ah! Y a eso súmele los días
que me hizo poner la ropa esa de su mujer,
!de la muerta!
- !Eva no está muerta!
!Y no te atrevas a llamarla así!
- ¿No lo ve, doctor?
Para mí, los que se murieron ya están en el otro mundo,
pero, por lo visto, para usted no.
- Quédate, por favor.
Si te vas...
es que ya estoy acostumbrado a tu compañía,
no tendría con quién conversar.
- No, yo nunca he sido la sirvienta de nadie,
y mucho menos ahora.
- Tú no tienes a dónde ir.
Don Alcides ya regresó a la mansión Montenegro,
y no vale la pena que regreses
a esa pensión miserable de tu exmarido.
- Está bien.
Yo me quedo, pero pongo mis condiciones.
- De acuerdo, tú dirás.
- Si quiere verme bien vestida y limpia,
me tendrá que comprar ropa nueva.
- Lo haré.
[Música de intriga]
Beatriz: !No!
[Música tensa]
Boris: ¿Pasa algo, señor?
- Detén el carruaje, Boris.
Boris: Atanasio, !detente!
- ¿Sucede algo, señor?
- De repente tuve esa sensación que me invadía
cuando Alcides estaba entre nosotros.
- Su hermano murió, lamentablemente.
¿No será que se siente así
por lo que ocurrió hoy con la Sra. Soledad?
- No, no es por Soledad, es por Alcides.
- Me hablaba de ese síntoma, señor,
pero era cuando su hermano estaba vivo.
- Boris, casi podría asegurarte que Alcides está vivo.
[Música de intriga]
Ursula: Aquí está. - A ver...
!Hmm!
!Sabrosísimo! Cocinas muy rico, Ursula.
- Hmm, muchas gracias, Enrico.
Pero ni creas
que porque me estás diciendo eso
me voy a quedar aquí por mucho tiempo.
Yo tengo que ir a buscar un trabajo,
de algo tengo que vivir, ¿no?
- Pues viviremos del tesoro que me dejó don Jeremías.
Ayúdenme a buscarlo.
- Yo no creo en cuentos de tesoros.
Y tú también deberías buscar un trabajo
en vez de estar pensando en eso, ¿no te parece?
- No debes hablar con nadie sobre el tesoro.
- Pero ¿por qué? Si Ursula... !Ella debe saberlo todo!
- ¿Otra vez estás hablando con tu amo, Enrico?
- Es que se pone insoportable.
A veces quisiera hacerme el loco y no ponerle atención.
Jeremías: !Irrespetuoso!
¿No sabes lo que te puede pasar por decir cosas así?
- !Nada, Jeremías! !Usted ya no es de este mundo!
- !Pero estoy aquí en este mundo!
No te confíes demasiado.
Puedo hacer muchas cosas que ni te imaginas.
Ahora te voy a demostrar que conmigo no puedes jugar.
- No, no, don Jeremías, no, don Jeremías,
!por favor! !No, no!
- Enrico, Enrico, ¿qué te pasa, Enrico?
- !Don Jeremías me quiere pegar!
- Enrico...
Estás loco, Enrico, estás loco.
[Música tensa]
- No te me acerques.
[Música tensa]
!Desgraciado!
- Señor, lo que dice no puede ser.
Que su hermano haya sobrevivido esa noche
cuando escaparon de la mina es imposible.
Nosotros buscamos bien río abajo, si lo recuerda.
- Boris, esto solo me ha pasado con mi hermano, solo con él.
- Señor, que su hermano haya sobrevivido...
es una posibilidad remota,
pero en dado caso de que así hubiera sido,
¿no cree que ya se hubiera presentado
a hacernos la vida imposible?
- Siempre fue un hombre impredecible,
siempre...
por eso quiero que contrates un detective,
para que lo busque río abajo en los pueblos de la región.
- Si le parece, señor,
hablaré con los investigadores que contratamos
para que buscaran al hijo de Von Sirac.
- Contrata a un detective que no sea de aquí.
Yo soy Alcides, ¿de acuerdo?
- Sí, señor. Señor, ¿a dónde va?
Estamos cerca de la casa de Arturo de Linares.
- El y yo tenemos un asunto pendiente.
Boris: Lo acompaño, señor.
- No, Boris, esto es algo que tengo que resolver yo solo.
[Música de intriga]
[Música de suspenso]
- Raúl, entren con todos.
Necesito que me escuchen con toda su atención.
Estoy totalmente seguro
de que Alcides de Medina va a intentar atacarme.
Raúl: Tenemos que estar preparados...
Arturo: !He dicho que me escuchen!
Se van a dividir en dos grupos.
Un grupo va a cuidar la casa por fuera.
El otro grupo va a estar aquí adentro, ¿está claro?
Raúl: Sí, señor.
- Raúl, necesito que contrates más hombres.
Quiero esta casa llena de gente vigilando.
¿Está claro eso?
Raúl: Muy bien, señor.
- Bueno, de una vez. Raúl: !Vamos!
- Y si Alcides de Medina vuelve a aparecer, !lo quiero muerto!
[Música de suspenso]
Beatriz: !Eres un imbécil, Alcides!
¿Qué creíste? ¿Que me ibas a agarrar?
!Nunca más me vas a hacer daño!
- ¿A dónde vas? - !Nunca más!
!Déjame!
!Suelta!
[Quejidos]
- ¿Por qué no me responden las piernas?
- ¿No las sientes?
Tranquilo, eso...
es solo el primer efecto de la medicina que te inyecté.
Muy pronto...
tus músculos perderán fuerza y no podrás moverte.
Alcides: ¿Por qué me haces esto?
- !Y en pocos días, no te podrás mantener en pie!
Alcides: ¿Por qué me haces esto? Yo no sé quién eres.
- !Te dije que te quedaras quieto!
- Debiste dejar a la niña en la cuna, Soledad.
- No, tía. Después de lo que pasó,
yo quiero estar con ella todo el tiempo que pueda.
Ven aquí. - Hija,
qué alegría siento al saber que tú y mi nieta están bien.
Estábamos muy preocupados.
- Mamá, ¿pasa algo?
Hace meses los veo muy extraños.
¿Hay algo que esté pasando que tenga que saber?
- No, nada, nada.
Tu mamá está molesta porque me tomé unos tragos.
Estaba preocupado por mi nieta y no pude evitarlo.
- Bueno, espero que así sea,
porque ustedes siempre se han querido mucho.
No vale la pena que estén peleando, mamá.
Bueno, voy a cambiar a la bebé.
- Espera, Esther, tu hija tiene razón.
Ustedes tienen que arreglar sus diferencias.
Llevan muchos años de casados
para que lo echen todo por la borda así como así.
- Eso debió pensarlo tu hermano
antes de traicionarme con esa mujerzuela.
- Pero ¿cómo te hago entender
que no pasó nada, Esther? Esther: ¿Lo vas a negar?
!Eres un descarado!
- ¿No estás yendo demasiado lejos, Esther?
Cuando uno ama, perdona.
Eso es lo que haría una buena esposa.
¿Es que ya olvidaste lo que le prometiste a Dios
frente al altar?
El matrimonio es en las buenas y en las malas.
- Yo no soy responsable
de lo que está pasando, Antonia.
!Reclámale a tu hermano!
- El ya te dijo que no pasó nada.
¿Es que no puedes creerle y olvidarlo?
- Va a ser un poco difícil olvidarlo
cuando hasta en sueños me traiciona,
¿o no fue eso lo que estabas diciendo hace un momento?
[Música de suspenso]
Hugo: Buenas tardes.
[Música tensa]
- Mamá, mira.
Aurora tiene tu mismo lunar.
Desde que nació mi hija
solamente quiero estar con ella y jugar con ella.
Ojalá Alcides lo pueda entender y nos deje tranquilas.
- No lo creo, hija.
Alcides entregó demasiado dinero
para rescatarla de, de esos delincuentes.
- Yo no quiero que esté cerca de mi hija.
Alcides tiene muchos enemigos, mamá,
por eso fue que se llevaron a mi bebé.
- Yo lo veo muy difícil.
Alcides piensa que Aurora es su hija.
- ¿Y qué va a pasar el día en que se dé cuenta
que no es su hija?
- Eso ni lo menciones, hija.
- ¿Y cuando sepa que yo le mentí?
¿Tú conoces a Alcides, mamá?
Las dos sabemos de lo que es capaz.
[Música tensa]
Arturo: ¿Cómo conseguiste entrar?
Mis hombres tienen vigilada la casa.
- Crecí en esta casa.
- ¿Por qué no me dices de una vez
qué es lo que quieres?
- Quiero que dejes a Soledad y a mi hija fuera de todo esto.
Si tienes algún problema, resuélvelo conmigo.
- ¿Y si no qué?
¿Me vas a denunciar con las autoridades?
- Tienes comprada a media ciudad.
- Lo has dicho, Alcides,
siempre te he superado, y por mucho.
- No estés tan seguro de eso.
Pagué para que dejaras a mi hija en libertad
y no lo hiciste.
Ahora me voy a llevar lo que es mío.
- ¿Cómo supiste dónde guardaba el dinero?
- Esto es lo que te corresponde por haber matado a Hugo.
Nuestras deudas están saldadas.
- !Ni sueñes con que esto se va a quedar así, Alcides!
[Música de suspenso]
- No sea terco, don Omar, por favor.
- Si usted trabaja con Alcides de Medina,
no puede seguir aquí, Guillermo.
Ese señor es peligroso, y tiene fama de engañar a la gente.
- No, pero eso era antes, don Omar, créame,
mi patrón ha cambiado muchísimo, se lo juro.
Mire, si no le ha pagado la deuda,
no es porque no haya querido, no, señor, usted ya sabe,
ese pobre hombre quedó enterrado allá en esa mina.
¿Cómo le parece que hasta perdió la memoria?
- ¿Ah, sí?
A otro con ese cuento.
- No, señor, créame, mire,
si lo estoy diciendo, es porque me consta.
Además, entiéndame, don Omar, mire, es que...
¿cómo yo voy a rechazar esa oferta tan, tan buena?
Mire, me da trabajo como jardinero,
me aloja en su casa y tengo comida de primera
y todas esas cosas, hombre.
- Ya se lo dije, o ese señor, o su trabajo como violinista.
- Mire, don Omar, no sea terco,
siéntese y lo discutimos, por favor.
Mire, no se ponga en ese plan, don Omar,
no se ponga en ese plan.
Ese señor, como usted lo llama, tiene hoy más dinero que nunca.
Si usted quisiera, yo puedo convencerlo de que venga y...
se vuelva uno de sus mejores clientes, su cliente favorito.
Uy, ese hombre tiene además
unos amigos millonarios que podría traer
y meterlos aquí todo el día y toda la noche.
- Está bien, Burke, usted verá qué hace con su vida,
pero al menor problema aquí con ese señor, lo echo.
Que eso quede muy claro, Burke.
- Está bien.
Mande ahí alguna cosita.
Esto de ser un artista incomprendido
es muy duro, es muy duro.
lleno de problemas y...
la verdad, pensando solamente en ti.
Eloísa, por favor, dime que lo has reconsiderado.
- Lo siento, Arturo,
pero es mejor que no guardes ninguna esperanza conmigo.
Lo nuestro se terminó.
- Eloísa, tú no me puedes hacer esto.
Tú y yo nos íbamos a casar,
íbamos a vivir juntos para siempre.
- Es cierto, Arturo,
pero es que yo no puedo tomar ese paso tan importante.
Hombre: Buen día. Unas flores para la Srta. Eloísa Renán.
- Sí, gracias.
Hombre: Permiso.
- ¿Quién te envía esas flores?
- No finjas, Arturo, seguramente son tuyas.
- !Me dijiste que no había nadie más!
¿Quién te envía esas flores?
- Te juro que no lo sé, ni siquiera tienen una tarjeta.
- Pues yo lo voy a averiguar.
Y cuando sepa quién es el imbécil
que te está pretendiendo, le voy a romper la cara.
Tú eres mi mujer, Eloísa,
y nadie se va a interponer entre tú y yo.
!Y si alguien lo hace, lo mato!
[Música tensa]
- Qué suerte la que tienes, Eloísa.
Logré quitarle esto a tiempo.
- "Gracias por tu ayuda, Eloísa".
Lo sabía, son de Alcides.
- No termino de entender
por qué le dio dinero a Arturo de Linares,
pudo recuperarlo todo.
- Ese dinero va a regresar a mí multiplicado.
- A todo esto, envié flores a la Srta. Eloísa,
tal como usted me lo pidió.
- Muy bien, Boris, muy bien.
- ¿Hacia dónde quiere que nos dirijamos, don Hugo?
- Vamos a casa de Soledad.
- Atanasio, a casa de los Obregón.
[Música de suspenso]
- Ursula, no, no, no te asuste.
Te lo juro que no vuelvo
a decir que hablo con don Jeremías,
pero por favor, no llores más, ¿sí?
- No, Enrico, no es por eso, es por mi niña y por la bebé.
- Pero si ellas están bien, están en casa.
- Sí, yo sé, yo sé.
Solo es que me duele no estar con ellas.
No sé cómo voy a acostumbrarme a estar a su lado.
Ellas son mi familia, Enrico.
Yo las extraño, las extraño mucho.
- ¿Por qué no vamos? Claro que a escondidas.
Yo soy experto en meterme en las ventanas
sin que nadie se dé cuenta.
¿Vamos?
- ¿Podemos hacer eso? - Claro, yo te enseño.
¿Vamos?
- Bueno. Enrico: ¿Sí?
- Sí, sí, pero...
pero quisiera llevarle a la niña Soledad
unos pastelitos de los que le gustan.
¿Tienes harina? - Sí, claro, sí.
Ursula: ¿Sí? - Yo te digo dónde es.
- No te va a alcanzar la vida para pagar
por todo lo que me has hecho, Alcides.
[Música de intriga]
¿Por qué me miras así?
- Porque voy a hacerte mía.
[Música tensa]
- [Sollozando]!Me arruinaste la vida!
!Yo tenía sueños!
!Yo quería el amor de un hombre y tú...
tú me convertiste en...
en un animal herido, en algo sucio!
!Por tu culpa no soy nada!
!Por tu culpa, Alcides, no soy nadie!
!Te odio, te odio, te odio, te odio!
[Música tensa]
- ¿Qué haces aquí?
- Quería saber cómo está mi hija.
- Está bien, gracias por preguntar.
Y si me disculpas, quisiera estar
con ella un momento. - Soledad, lo estuve pensando.
Creo que lo mejor
es que la niña venga a vivir conmigo,
bajo mi protección.
- ¿Qué?
- No te asustes, no te la pienso quitar,
pero Aurora también es mi hija,
quiero que las dos vengan a vivir conmigo
a la hacienda Montenegro.
- Eso jamás va a pasar, Alcides.
[Música tensa]
- ¿Por qué has permitido
que ese hombre visite a Soledad?
!Es un peligro para nuestra hija, Esther!
- No me reproches.
No se te olvide que Alcides es su marido
y él fue quien rescató a la niña
mientras tú estabas bebiendo quién sabe dónde y con quién.
- Eso no importa ahora, Esther,
!lo que importa es la seguridad de nuestra hija!
- No quieras impresionarme.
Tú no eres el padre que pretendes.
!Eres un traidor, un hombre sin escrúpulos!
- !Piensa lo que quieras! !Insúltame si es necesario!
!Pero no pienso quedarme cruzado de brazos!
- ¿Qué vas a hacer?
- A buscar la protección de Soledad
sin importar lo que tú pienses, Esther.
!Soledad no debe estar al lado de ese demonio!
[Música tensa]
- Olvídalo.
Ni mi hija ni yo vamos a vivir contigo, Alcides.
!Eso nunca va a pasar!
- Soledad, no me malinterpretes.
Yo no pienso obligarte. Por favor, piénsalo, piénsalo.
Solo debes creer que yo creo que es lo mejor para la niña,
considerando que tengo muchos enemigos.
- Por eso.
Con más razón no pienso vivir contigo, Alcides.
- Soledad...
mis enemigos difícilmente me atacarán de frente.
Lo harán utilizando a la niña como acaba de pasar.
No podemos correr ese riesgo.
- Digas lo que digas, Alcides,
no me vas a hacer cambiar de opinión.
!Es que no va a pasar!
- Yo sé que tú no quieres estar conmigo,
yo tampoco quiero estar contigo, pero es necesario.
- Yo lo único que quiero es que me dejes en paz.
Aléjate de mí, no quiero regresar contigo.
No voy a vivir el mismo infierno que viví
recién me casé, Alcides,
y tampoco voy a permitir que mi hija sufra por esto,
!eso nunca!
[Música tensa]
Omar: Con mucho gusto, don Arturo.
Arturo: Gracias, Omar.
Hércules...
no me has conseguido ninguna información
sobre las razones que pudo tener Eloísa
para cancelar nuestro matrimonio.
- Señor, debe tener paciencia.
La estoy vigilando.
Arturo: ¿Paciencia?
Hay un hombre que la está cortejando,
que le ha regalado incluso flores.
Quiero que averigues de quién se trata.
- Eso va a ser muy sencillo. ¿Qué quiere que haga con él?
- Quiero que lo encuentres y que lo mates.
No me importa quién sea.
[Música de intriga]
Lucas: Así es, inspector.
Supuestamente Alcides rescató a mi nieta.
Duarte: ¿Alcides? Y se sospechaba de él.
- Según mi hija,
le ayudó a rescatarla de unos delincuentes,
pero yo no confío en su generosidad.
Gracias.
- ¿Usted cree que Alcides
fue quien se llevó a la niña, don Lucas?
- Nunca nos dijo quiénes fueron,
y eso me parece muy extraño.
- Alcides es un hombre astuto.
Pudo fraguar un plan para parecer el salvador
y ser todo un montaje.
- Eso también me parece extraño, inspector.
Lo que no entiendo,
es por qué pretende ser amable y colaborador con mi hija.
Pero yo procuraré mantenerlo alejado de Soledad.
- Usted tiene la solución en sus manos, don Lucas,
recuerde que él intentó matar a su hija.
- ¿Cómo, inspector?
Ella no quiere denunciarlo por lo que le hizo en la mina,
porque le teme.
- Usted mismo puede denunciarlo por intento de homicidio,
por intentar matar a la Sra. Soledad.
[Música tensa]
- Arturo, hola. ¿Te puedo acompañar?
- No estoy de humor para sus
entrevistas, Francisco.
- No es ninguna entrevista. !Carlos! Una copa.
Averigué que...
han estado cortejando a tu prometida, qué pena.
E incluso esa persona le ha estado enviando flores.
Te lo digo porque, pues, viviendo en el mismo techo,
pues uno se entera de esas cosas.
- ¿Eso a usted qué le importa?
- Arturo, mucho. Carlos, ¿qué pasó con esa copa?
Yo puedo ayudarte a averiguar de quién se trata.
Eso sí, depende de ti, de lo que me quieras ofrecer,
pero te aseguro
que mis resultados son inmediatos.
¿Sabes cuál es mi fuerte?
La investigación.
- Carlos, ¿qué pasó con esa copa para mi amigo?
[Música de suspenso]
- Vamos a estar bien, mi amor. Confía en mí.
Todo va a salir bien.
Yo no voy a permitir que Alcides se te acerque.
¿Bueno, princesa?
- Mi niña.
- !Ursula! Me hacías tanta falta.
- Tuvimos que venir a escondidas,
usted sabe que no quieren vernos en esta casa.
Mire, le traje el pastel que tanto le gusta.
- Ursula lo preparó.
- Gracias. Lo voy a guardar para el camino.
Llegaron justo a tiempo.
- ¿Y ahora qué pasó, mi niña?
- Nos vamos.
Es que Alcides quiere que vaya a vivir con él
y yo no lo voy a permitir.
- Pero, señora, nadie puede obligarla.
- Pero tú conoces a mi mamá,
conoces a mi tía, van a insistir.
Ellos están convencidos que Alcides cambió,
que es otra persona.
Y yo no me creo esa historia.
- Pero ¿huir? ¿Está segura?
- Prefiero huir con Aurora
antes que volver a vivir el infierno
que ya viví con Alcides.
Alcides: Le propuse que vengan a vivir conmigo.
Esther: ¿A vivir contigo? - Sí.
Doña Esther, tengo muchos enemigos.
No puedo arriesgarme
a que mi hija corra peligro nuevamente,
no me lo perdonaría.
- Imagino que Soledad se negó.
- Sí, se negó.
Pero esto es algo que no tiene discusión,
se trata de la vida de mi hija.
- Y te entendemos perfectamente.
Es obvio que, siendo el papá, quieras tener a la niña contigo
para cuidar de ella, para protegerla.
- Es lo que pretendo.
- No te preocupes,
ten la seguridad de que vamos a hablar con Soledad
para convencerla que acepte regresar a tu casa.
[Golpes en la puerta]
¿No es así, Esther?
Con permiso.
- No me mire de esa manera, en el pasado cometí errores,
pero esos errores no se repetirán, se lo prometo.
Mi intención es cuidarlas, en especial a mi hija.
- Buenos días, señoras. Don Alcides.
- Buenos días. Esther: Inspector,
¿qué lo trae por acá?
- Esto no tiene nada que ver con ustedes, Sra. Esther.
Señor Alcides de Medina,
vengo a arrestarlo por intento de homicidio
contra la señora Soledad de Obregón.
[Música tensa]
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