All language subtitles for La traición 047.mp4-es-CC1 (1)

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Original subtitles

Soledad: ¿En dónde está mi hija?

¿En dónde?

Tú no sabes de lo que soy capaz.

- Yo no tengo la niña.

- ¡Mentiroso! ¿Cómo pudiste hacer esto, Alcides?

Aurora es apenas un bebé.

- Claro, y yo también quiero que aparezca cuanto antes.

- Ya cállate, desgraciado.

Dime, ¿en dónde tienes a mi bebé?

- La policía estuvo aquí, Soledad,

registraron toda la hacienda.

Ellos te pueden dar fe de lo que digo es cierto.

- La policía no sabe de lo que eres capaz,

en cambio, yo sí.

Quiero que te quede claro

que no vas a lograr quitarme a mi hija,

no te lo voy a permitir.

- Yo no tengo a la niña, créeme.

- No has cambiado nada.

Sigues siendo el mismo hombre cruel

y despiadado que conocí, Alcides.

- Nuestra hija va a aparecer, Soledad.

Tranquilízate.

- Entrégamela.

Entrégamela.

O voy a disparar.

[♪♪♪]

Policía 1: Hey, sargento, por acá.

Vamos, vamos, vamos.

[♪♪♪]

Úrsula: Está sangrando mucho, Enrico.

Hay que detener esa hemorragia.

- Úrsula, déjame aquí, vete. ¡Vete!

- No, no, estás loco si crees que te voy a dejar aquí.

- ¡Ah!

- Enrico, cállate, cállate, que pueden oírnos.

[Quejidos]

No entiendo por qué la policía nos está siguiendo.

Nosotros no hemos hecho nada malo.

- Nosotros no, pero hay gente muy mala.

- Tenemos que buscar otro lugar donde escondernos.

Si vamos a tu refugio, podrían encontrarnos.

- En la hacienda Montenegro, recuerda que hay un escondite.

- Bueno, vamos para allá, sin protestar.

[Quejidos]

[♪♪♪]

- Herimos a alguno.

La sangre nos va a indicar el sendero que llevan.

Recuerden, hay que atrapar a ese par de delincuentes

vivos o muertos.

Y atentos, la criatura no debe salir lastimada, ¿entendido?

- Sí, señor. - Sí, señor.

- ¡Andando!

[♪♪♪]

- Entrégame el arma.

[♪♪♪]

Nadie más que yo está interesado

en recuperar a la niña.

También es mi hija. - No te creo nada.

¡No!

¿Qué pensaste? ¿Que imprimiendo esos volantes

nos ibas a engañar a todos? Pues a mí no me vas a engañar.

Quiero a mi hija.

Se te está acabando el tiempo, Alcides.

¡Entrégame a mi bebé!

- Entrégame el arma. Soledad: Disparo.

Aléjate.

Dame mi bebé.

- Hazlo, Soledad.

Entonces, dispara.

Yo no tengo cómo comprobarte mi inocencia.

[Soledad llora]

[♪♪♪]

- ¿Por qué?

[Soledad llora]

¿Por qué?

Haz conmigo lo que quieras,

pero regrésame a mi bebé, por favor.

[Llanto]

Regrésame a mi bebé.

[♪♪♪]

Max: ¿Acaso no fui claro contigo?

Te dije que no salieras con la niña,

que en cualquier momento alguien podía verte.

- Usted me engañó, doctor.

Usted me dijo que esta niña

era un familiar suyo, y mentiras.

Esta niña es de Soledad de Obregón.

Max: No importa, es un misterio de la ciencia.

- Qué misterio de la ciencia ni que nada,

usted lo que quiere es robársela. Y yo...

yo no lo voy a permitir.

Peor aún, si lo que quiere es la recompensa,

no cuente conmigo.

- ¡Tú no entiendes nada!

Mira,

es muy probable

que por sus venas corra una terrible enfermedad

y yo tengo el deber de investigarla.

- Entonces,

¿usted quiere curarla?

Max: Claro que sí.

Helena: ¿Por qué no me lo había dicho antes, doctor?

Si es así,

si se trata de curar a esta princesita,

cuente conmigo.

Pero eso sí, tenemos que avisarle a la madre,

porque yo no entiendo por qué tanto misterio.

- Es que todo esto es muy delicado.

Te lo voy a explicar todo,

pero vamos al laboratorio, y rápido.

- Shhh, shhh, tranquila, vamos a que te curen.

¡Voy, doctor! Shh, shh.

Hombre 1: Mira eso, sonó como un bebé.

¿No será que tienen en ese canasto

a la niña desaparecida?

Hombre 2: Mejor los seguimos y salimos de dudas.

Hombre 1: Sí.

Hércules: Esperen.

Los andaba buscando.

Don Arturo quiere que nos reunamos todos.

- Tenemos algo muy importante que investigar.

- Sea lo que sea, puede esperar.

Don Arturo dijo que nos quiere ver ahora mismo.

Vamos.

[♪♪♪]

- ¡Quietos!

[♪♪♪]

Hasta aquí llega el primer rastro de sangre, señor.

Los perdimos.

- Pero esto no es posible,

no pueden haber desaparecido en el aire.

Tenemos que registrar la zona, vamos a dividirnos en grupos.

Rápido, rápido, andando.

Policía 1: ¡Ya oyeron! ¡Ya oyeron!

[♪♪♪]

- Te lo suplico, regrésame a mi hija.

Alcides, por Dios, ella es lo único que me importa.

- Pero tienes que creerme, sería una locura quitártela.

- Yo sé que los Burke trabajan para ti,

y yo vi cuando Helena Burke se llevaba a mi hija.

Alcides, estoy completamente segura

que se trataba de mi bebé.

Hugo como Alcides: Escúchame, Guillermo trabaja para mí,

Helena, no.

- Señor, pregúntele a Guillermo.

- Señor, mi gatita no es mala persona.

Y, y si se está portando mal,

es por culpa de las malas compañías, señor, pero...

robarse a un niño no.

- Si nos colabora, no le vamos a hacer daño a su mujer.

- Eh...

ella está trabajando con el Dr. Max.

[♪♪♪]

Arturo: Como podrán ver, la hija de Alcides de Medina

ha desaparecido.

Podrán ver también que están ofreciendo

una muy buena recompensa para quien la encuentre.

Bueno, yo les voy a ofrecer algo mejor.

Si alguno de ustedes encuentra a esa niña,

les pagaré el doble

de lo que ofrece Alcides Medina.

- Como sabrán,

Alcides de Medina es enemigo de Don Arturo.

- Este desgraciado me debe muchísimo dinero,

y se lo pienso cobrar con creces.

Con esta niña, pienso cobrarle la deuda,

pienso cobrarle la recompensa, y muchísimo más.

Pienso dejarlo en la ruina.

- Don Arturo, nosotros creemos saber dónde está esa niña.

- ¿Dónde?

Hombre 1: Hace un rato vimos al Dr. Max y Helena Burke,

y nos pareció que llevaban un bebé.

- No hay tiempo que perder, vayan a los caballos,

yo los alcanzo. Hombre 1: Vamos.

- Hércules, tú no.

Hay algo especial que tengo que pedirte.

- Lleva a la Sra. Soledad a casa de sus padres,

y encuéntrame luego en la parte norte del bosque.

- Yo también voy.

- Lo siento, Soledad.

Esto es muy peligroso para una mujer. Vamos.

- Alcides, se trata de mi hija.

Yo no me voy a quedar aquí con los brazos cruzados.

Es más, si tú no vas conmigo, voy por mis propios medios.

- Soledad. Está bien.

Pero tendrás que hacer lo que yo diga.

Esther: Hija Soledad: Mamá.

Mamá, Aurora sigue desaparecida,

Alcides no la tiene.

¿Qué vamos a hacer?

- Teníamos mucho miedo

de que hubieras cometido una locura.

- Hija, ven, vamos a la casa.

- Voy a ir con Alcides a buscar a mi hija.

- No, hija, no te vayas con él. Vamos a la casa, te digo.

Hugo como Alcides: Señora, por favor, convenza a su hija.

Lo que vamos a hacer es muy peligroso.

- Ya lo decidí.

Voy a estar bien, no te preocupes.

Hugo como Alcides: Señoras.

Boris: Permiso.

[♪♪♪]

- ¿Eloísa hizo eso?

- Como lo oyes,

decidió cancelar el matrimonio sin ninguna explicación.

- Qué extraño.

Si casarse con usted era lo que más quería.

- Lo mismo pensaba yo, pero ya ves.

Por eso necesito que averigües qué motivos tuvo Eloísa

para tomar esa decisión.

Quiero saber por qué ya no quiere casarse conmigo.

- Don Arturo, eso no será muy fácil de investigar.

Desde el incidente del bar,

Rebeca no me deja acercar a esa casa.

- ¡No me interesa lo que tengas que hacer!

Quiero que me consigas esa información.

[♪♪♪]

Helena: Ay, doctor, ¿usted de verdad le va a entregar

esta niña a su mamá cuando la niña esté bien?

- Claro que sí, mujer.

¿Yo para qué voy a necesitar una niña?

Para mí sería un estorbo.

- Ay, doctor, no se enoje,

pero es que yo creo que la madre debería saber

que esta niña está enferma.

- No, Helena.

Esa mujer no se puede enterar de la enfermedad de su hija.

Se moriría de dolor.

Yo primero tengo que curarla y después sí se la entrego.

- Ay, doctor, usted con esa cara de gruñón que tiene.

[Helena ríe]

Nadie se imagina lo buena persona que es.

Bueno, ¿y para dónde vamos?

- A las afueras de la ciudad.

Tenemos que salir inmediatamente de aquí.

Con las hojas que están repartiendo,

podemos despertar sospechas,

y no quiero correr ningún riesgo.

Los reactivos, el microscopio, las fórmulas. Muy bien.

¿Tú ya tienes todo listo, lo que va a necesitar la niña?

- Sí, señor, ya podemos irnos, ya está todo listo.

Max: Bueno, vamos.

Arturo: ¡Quietos!

[♪♪♪]

Entréguenos a ese bebé de inmediato.

[♪♪♪]

- Tan pronto abra la taberna,

entréguele esto a los clientes, Omar.

Tengo que encontrar a mi nieta.

- Cuente con eso, Don Lucas.

Lucas: Muchas gracias. Rebeca: Lucas, Lucas,

lamento mucho la desaparición de tu nieta.

En la ciudad no se habla más que de eso.

- Sí, estamos muy angustiados, Rebeca, pero...

sabemos que tarde o temprano aparece la niña, y muy pronto.

Muchas gracias. Rebeca: Sí.

- Permiso. - Hasta luego, Don Lucas.

Lucas: Hasta luego. - Eh, Lucas, espera.

Espera un momento.

Necesito hablar contigo algo muy importante.

¿Te molestaría pasar un momento a mi camerino?

- Tengo prisa. Ahora no, Rebeca.

- Por favor, Lucas, por favor, solo un momento.

Vamos, vamos.

[♪♪♪]

- Ustedes no saben lo que hacen.

Esa niña necesita atención especial.

- Escuchen lo que dice el doctor, es cierto,

la niña necesita atención. Arturo: ¡Cállese!

O le vamos a dar una atención especial a usted.

- No le hagan nada a ese bebé. Arturo: ¡Cállese!

[Bebé llora]

Helena: Por favor

¡No le hagan nada a esa bebé!

[Bebé llora]

- Toma, esto te servirá para calmar los nervios.

Es solo un trago, estás muy nervioso.

- No es para menos.

Con eso de que Alcides apareció,

y la desaparición de mi nieta, no puedo estar tranquilo.

- ¿Y tienen idea de quién pudo habérsela llevado?

¿Sospechan de alguien?

- Ah, no.

No sabemos ni qué pensar.

La policía sospecha de Alcides,

y mi hermana Antonia

nos asegura que fue Úrsula y Enrico.

- ¿Enrico?

¿Y qué tiene que ver Enrico en todo esto?

- Bueno, eso es extenso de contar.

Últimamente, la verdad, han pasado tantas cosas.

- Tómate otro.

Esto te va a servir para que te sientas mucho mejor.

Pero cuéntame, cuéntame, Lucas.

No sé, tal vez, yo pueda ayudarte.

[Caballos relinchan]

- Alto. Silencio.

Alguien viene.

Prepárense todos para disparar a mi orden.

[♪♪♪]

Raúl, Raúl, para allá. Esconde a la bebé.

Disparen.

[Disparos]

Guillermo: Oh, Oh. Ay, auxilio, auxilio, auxilio.

Están disparando.

[Disparos]

Soledad: Mi hija...

Hugo como Alcides: Abajo, abajo, abajo...

[Disparos]

[Bebe llora]

[Disparos]

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mí favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame. ♪

♪ Despiértame otra vez. ♪

♪ Temo cerrar los ojos ♪

♪ Sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ Bésame. ♪

♪ Hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

Úrsula: La buena noticia

es que la herida ya dejó de sangrar, Enrico.

La mala es que perdiste mucha sangre.

- Para no ser enfermera, lo haces muy bien.

Qué linda curandera has resultado.

- Ay, Enrico, no tienes remedio.

Ni estando así, dejas de coquetear.

- Ni tanto.

Estoy un poco mareado.

[Quejido]

- Es normal, Enrico.

- Don Jeremías,

no me deje morir, por favor.

- Dile que consiga

pétalos de rosa, albahaca y romero.

- Enrico, ¿qué dices? Ahí no hay nadie.

- Don Jeremías me dice que consigas pétalos de rosa,

albahaca y romero.

Eso cierra bien la herida.

- Ay, Enrico, estás ardiendo en fiebre.

Tú estás delirando, Enrico.

- Úrsula, has lo que te digo.

Antes de que sea demasiado tarde.

- Enrico, Enrico, Enrico.

Ay, Dios mío, ¿y yo ahora qué hago?

¿Será que pido ayuda en la casa?

No, no, si Don Alcides nos ve,

es capaz de echarnos, y dejar morir a Enrico.

Pétalos de rosa,

albahaca y romero.

[♪♪♪]

- Ya la policía revisó la casa de Alcides,

y no encontraron a la niña, Rebeca.

Ahora están buscando a Úrsula y a Enrico.

- ¿Quién lo iba a decir?

Enrico involucrado en todo esto.

- Pero, mira,

yo todavía creo que ellos no tuvieron nada, nada que ver.

No, ese hombrecito es buena persona.

Siempre estaba pendiente de mi hija

y de su bebé, siempre.

Hasta, hasta le regaló un...

una, una, una... cadena que era de Jeremías.

- Ah, ¿sí?

¿Será que esa bebé tiene algo que ver

con el tesoro de Jeremías?

Lucas: ¿Qué, qué dices?

- No, no.

Que me parece terrible todo eso que me estás contando.

¿Cómo puede haber gente tan mala en este mundo?

Sigue.

- ¿Sabes? Yo... Yo estoy muy mal, Rebeca.

Mira, desde que Esther nos vio besándonos a ti y a mí,

mi matrimonio anda muy mal.

Ella piensa que tú y yo somos amantes.

Ahora, bueno, la Dama Misteriosa y yo.

- Te debes estar sintiendo muy mal, ¿verdad?

Y todo por mi culpa.

- No, no, no, Rebeca.

No, no digas eso, no.

Ahora, sí te voy a decir algo,

yo sí quiero recuperar a mi esposa.

Sí, sí, sí.

Pero el problema es que, Rebeca,

cada vez que yo te veo...

No, no, no,

no puedo seguir viéndote,

yo tengo que alejarme de ti. Rebeca: No, no, no, Lucas.

No, no, no. Mira, no te preocupes.

A mí también me está pasando lo mismo.

Cada vez que te veo, no sé, quisiera no sentirme así.

Yo soy una mujer,

es inevitable lo que nos está pasando.

Ambos, ambos lo deseamos.

[♪♪♪]

Alcides: Alto al fuego.

- Pero, señor. Ya casi los tenemos.

- Alto al fuego, Boris, es una orden.

- Muy bien, muy bien, alto.

[Bebé llora]

Dejemos que nos sigan.

Nos vamos, muchachos, nos vamos.

Vamos, vamos.

[Bebé llora]

[♪♪♪]

- Mi gatita, ojalá que esté bien.

Mi gatita, yo me largo de aquí.

Hugo como Alcides: Estás herida, Soledad.

[Soledad respira agitadamente]

Estás herida.

Tu hija va a estar bien, no te preocupes.

Los vamos a atrapar.

[♪♪♪]

Francisco: Eloísa, espera.

Tenemos que hablar.

- Fui muy clara contigo, Francisco.

Tú y yo no tenemos nada que hablar.

Lo nuestro se acabó, acéptalo.

Francisco: Está bien, lo acepto.

Lo acepto.

Pero eso no significa que no sigamos siendo amigos,

y sobre todo, socios.

Conozco tus intereses.

y si piensas buscar al imbécil de Alcides,

te puedo ayudar. - ¿Sí? ¿Cómo?

No veo en qué pueda necesitarte yo a ti.

- Estuve ahí cuando fuiste a visitar a Alcides.

Él ni siquiera te miró,

más bien, creo que ni se acordó de ti.

En cambio, yo sigo teniendo negocios con él.

- ¿Qué quieres, Francisco? Francisco: Ya te lo dije.

Quiero que sigamos siendo socios.

Te voy a ayudar a reconquistar a Alcides,

y cuando lo tengas en tus manos,

lo único que te pido es dividir las ganancias.

- Está bien.

Seguiremos trabajando juntos.

Pero que te quede muy claro, no volveré a acostarme contigo.

- No te preocupes, ya lo entendí.

- Perfecto. Entonces, démonos prisa.

Me urge ver a Alcides.

[♪♪♪]

- Boris, lleva a la Sra. Soledad

con el Dr. Max, para que la cure.

Escúchame, Soledad, escúchame.

Te prometo que, cuando encuentre a la niña,

tú serás la primera en saberlo.

Pero ahora necesitas atención médica.

Confía en mí, Soledad.

Boris: Por favor.

- Trae a mi hija, por favor.

- Te prometo que traeré a nuestra hija.

[♪♪♪]

- Parece que no te gustó.

- No, Rebeca, por supuesto que me gustó.

Lo que pasa es que no he debido dejarme llevar por los tragos.

- En cambio, yo estaba esperando

que esto sucediera desde hace mucho tiempo.

Pero, por lo visto, tú no sientes lo mismo.

- Permíteme, yo te ayudo.

Rebeca, perdóname.

Tú eres una mujer encantadora, pero yo soy un hombre...

- Ah, ya, ya, Lucas,

no tienes que recordármelo todo el tiempo.

Sé que eres un hombre casado, que tienes una hija,

que tienes un matrimonio de muchos años.

Pero es que yo no te estoy diciendo

que dejes todo eso.

Mira, yo solo quiero que...

que tu tengas...

un, un lugar para mí, por favor, solo eso.

- Dame tiempo, todo esto es nuevo para mí.

Yo, yo, yo no termino aún de asimilar lo que...

lo que pasó.

- Está bien, está bien, mi amor.

Yo voy a tener paciencia.

- Gracias, gracias por entenderme.

- Mira, lo único que quiero es que confíes en mí.

Todo lo que te pase es muy importante para mí.

Cuéntame lo que suceda en casa,

prométeme, prométeme que me vas a contar todo.

- Está bien, te lo prometo, te lo prometo.

[♪♪♪]

- Maldito viejo, ya verás lo que te va a pasar

por tocar a mi mujer.

[♪♪♪]

Hombre: Aquí está, que no escape.

Vamos, tras ella.

¡Rápido!

¿Dónde está?

Rápido, rápido, andando, vamos.

Jeremías: Huye, Úrsula, huye.

[Golpes en la puerta]

Guillermo: ¿Gatita, estás ahí?

- Aquí estoy, Guillermo. Por favor, ayúdanos.

Guillermo: Vine a salvarte.

- Guillermo, aquí estoy.

- Mucho cuidado con lo que dices, Helena,

nadie puede enterarse de lo... Que esa niña estuvo aquí.

- Pero, pero, pero ¿por qué no? Guillermo es bueno.

Además, lo único que queríamos era salvarle la vida a la niña,

y eso no tiene nada de malo. - Ni una sola palabra,

si en verdad te importa la suerte de tu marido.

porque si él llega a enterarse de algo, lo mato.

Guillermo: Gatita, vine a salvarte

de las manos de ese monstruo.

- Ya te lo dije, Helena, y yo cumplo lo que prometo.

Helena: Aquí estoy, Guillermo.

- Gatita... Helena: ¿Guillermo?

- Gatita.

Vine a salvarte, a rescatarte, mi gatita.

- Ay, gatito, ayuda.

Ayúdame.

Guillermo: Cuidado, arriba.

[Risas]

- Ay, bueno, ahora ayudémosle al Dr. Max.

Guillermo: No, no, señora.

Ningún ayudémosle.

Yo vine fue a rescatarte a ti, no a este.

- Pero, pero, pero tenemos que ayudarle.

- No, señora. No, señora. Tú te vienes conmigo.

¿O qué? Es porque te tiene viviendo aquí de gratis,

entonces, ¿qué? ¿Ya te crees que le debes algo, o qué?

Contesta.

¿Ah?

- ¿Usted?

¿Por qué se robó a Aurora? ¿En dónde está mi hija?

[♪♪♪]

- No te muevas.

Esta vez, no vas a escapar, Alcides.

Tengo a la niña como garantía,

para que me pagues todo lo que me debes.

Así que, o me das mi dinero o la niña muere.

[♪♪♪]

- Yo la vi a usted en la calle, y estaba llevándose a mi hija.

- ¿Hija? Yo no sé de qué me está hablando.

- No se haga la tonta, Helena.

Usted se estaba llevando a mi hija en una canasta.

Max: ¿Y usted la vio?

- No, pero yo vi que estaba llorando,

era el llanto de mi hija, era el llanto...

- Yo, yo en esa canasta lo único que tenía,

eran mandarinas, plátanos y una papaya.

- No me mienta, por favor, se lo suplico.

- Sra. Soledad, por favor, no se ponga así.

Mire, a mi gatita no le gustan los niños.

¿Por qué habría de robarse la suya?

- No es la primera vez que usted afirma

ver cosas extrañas, señora.

Por mucho tiempo, estuvo obsesionada con Don Hugo,

y ahora parece que se repite la historia.

- Usted no me entiende, ¡era mi hija!

Era mi bebé, era Aurora.

- En fin, yo solo traje a la Sra. Soledad

a que le curara la mano.

- Lo haré con mucho gusto.

[♪♪♪]

- En una hora, quiero que me entregues 50,000.

- Eso es mucho dinero.

Arturo: Eso es lo que me debes.

Incluyendo unos intereses por tu demora en pagar.

Así que, en una hora,

nos encontraremos en la higuera.

Y no te vayas a aparecer sin el dinero.

[♪♪♪]

- ¿Hay noticias de Alcides?

Marina: No, señora, pero no se preocupen.

Don Alcides y la Sra. Soledad

van a traer a la niña de regreso.

- Marina, todavía no entiendo como tú y Boris

se aliaron con Alcides.

Él y su hermano no tenían una buena relación,

y ustedes eran fieles a Hugo.

- Asuntos de negocios, señora.

Cuando Don Alcides supuestamente murió,

esta casa quedo en manos de la Sra. Soledad.

- Pero ella se la entregó a ustedes.

- Así es.

Y cuando el patrón apareció, nosotros se la devolvimos.

A cambio de que no nos demandara,

y, algo de dinero.

- Llegó Alcides.

- Señoras.

Esther: Espera, Alcides, ¿supieron algo de mi nieta?

- A la niña la tienen secuestrada unos delincuentes

que exigen una alta suma de dinero por su rescate.

- Por Dios, pero, ¿quiénes son y por qué nos hacen esto?

- Señoras, por favor,

ahora no tengo tiempo de dar explicaciones.

Espero me comprendan, con permiso.

- Voy con mi patrón.

- Dios mío, mi nieta en manos de unos delincuentes.

- ¿A dónde vas, Esther? Espera.

- No me voy a quedar de brazos cruzados, Antonia.

Tenemos que ir la policía.

- No, Alcides dijo que iba... - No, Antonia, vámonos.

[♪♪♪]

- Arturo de Linares tiene secuestrada a la niña,

y está exigiendo una gran suma de dinero por su rescate.

- Y ¿Boris va a ir con usted?

- No podré esperarlo, Marina.

Soledad resultó herida y Boris la llevó con el Dr. Max.

- Patrón, tenga mucho cuidado.

- Si Boris regresa,

que me encuentre en el precipicio de la higuera.

- Sí, señor.

- Y, Marina, mucho cuidado.

Nadie de la familia Oregón debe saber

que Arturo de Linares está detrás de todo esto.

No quiero que salgan lastimados,

por enfrentar a ese desgraciado.

- Como usted diga, patrón.

[♪♪♪]

Úrsula, ¿Qué haces aquí?

- No tengo tiempo de darte explicaciones, Marina.

Enrico está muy mal, y necesito tu ayuda.

Hay que preparar una infusión de hierbas. Vamos.

[♪♪♪]

[Música de taberna]

[♪♪♪]

¿Cómo te sientes?

- Ya mucho mejor, Úrsula, muchas gracias.

- Deberías darle las gracias también a Marina,

ella fue la que preparó la infusión.

Vas a ver que pronto vas a estar bien.

- Qué injusticia que los estén persiguiendo,

por el secuestro de esa niña, Úrsula.

Úrsula: ¿De qué estás hablando, Marina?

- ¿No saben?

Los están acusando de haber secuestrado

a la niña Aurora.

Úrsula: ¿Qué?

Marina: Sí.

En este momento, Don Alcides

está en el precipicio de la higuera,

se fue solo a rescatarla.

Úrsula: No. ¿Para dónde crees que vas, Enrico?

- Pero es que mi Sra. Soledad está en peligro.

Marina: No, no, no, no te preocupes,

la Sra. Soledad sí fue herida, pero ya está fuera de peligro.

Boris la llevó al laboratorio del Dr. Max.

¿Por qué no van hasta allá

y les cuentan todo lo que está pasando?

De pronto, entre todos pueden hacer algo.

Úrsula: Voy ahora mismo. Enrico: Yo te acompaño, Úrsula.

- No, tú estás muy débil, no te puedes mover de aquí.

- Úrsula, no me discutas, ayúdame a parar.

Francisco: ¿Me vas a contar por qué quieres ir

a visitar a Alcides? ¿Cuál es tu plan?

- Muy sencillo.

Me voy a aprovecha de su pérdida de memoria,

para hacerle creer

que me prometió dejar a Soledad,

para estar a mi lado.

Así lo haré sentirse comprometido conmigo.

¿Qué te parece?

- Muy buena idea, pero yo iría más lejos, Eloísa.

- ¿Qué sugieres?

- ¿Si fuera tú?

Le diría que cuando estuvo mal económicamente,

le tuviste que dar algo de dinero,

y algo de tus joyas para pagar sus deudas.

- Francisco,

tu siempre pensando únicamente en dinero.

- Por eso nos llevamos tan bien en esta sociedad,

porque lo único que tenemos en común, Eloísa,

es el dinero.

- Yo sabía que tarde o temprano terminaría cobrándote

lo que me debías, Alcides.

- Cumplí mi palabra, ahora entrégame a mi hija.

- Veo que la mocosa te interesa más de lo que yo creía.

¿O acaso lo que quieres es reconquistar a Soledad?

- Eso no es asunto tuyo.

Por favor, entrégame a mi niña.

- ¿En serio pensaste que yo iba a cumplir mi palabra?

Alcides,

vas a morir en este mismo instante.

[♪♪♪]

- Te pedí muchas veces, y por las buenas,

que me pagaras.

Y tú siempre faltaste a tu palabra.

Y después tuviste el descaro de salir con la ridiculez esa

de que perdiste la memoria.

- Solo un cobarde usa a una niña inocente

para tender una trampa.

- Alcides, te conozco.

Sé que aprovecharías la primera oportunidad

para atacarme.

Esto ya se convirtió en una guerra abierta,

así que no me queda más remedio que matarte.

- Espera un momento.

Si me vas a matar,

al menos ten el honor de prometer

que no le harás daño a mi hija.

Prométemelo.

- Te juro

que me conmovería hasta las lágrimas

por tus nobles sentimientos,

si no fuera porque no te creo una sola palabra.

Quizás tu hermano daría la vida por ella, pero tú...

tú...

A ti ella no te interesa, a pesar de que es tu hija.

- Si eres tan hombre como crees,

entonces, ¿por qué no me das la oportunidad

de luchar por mi vida?

Vamos, tú y yo solos, sin armas y sin tus hombres.

¿Qué pasa? ¿Me tienes miedo?

[♪♪♪]

- Por supuesto que no. Bajen las armas.

Muy bien.

[♪♪♪]

- ¿Me vas a decir la verdad, Burke?

- ¿Cuál?

- Que tú tuviste que ver con el rapto de esa niña.

- Ay, fuera de mentiroso y embustero,

¿ahora también le vas a creer más a la Sra. Soledad

que a tu exmujer de toda la vida?

- Bueno, ya, Helena, no te pongas así

y reconoce que últimamente has estado muy rara.

Sobre todo desde que estás de amiga del tal Dr. Max.

- ¿Cómo así?

Igual de raro que has estado tú,

desde que estás de amigo de la bailarina de quinta esa,

la tal Margot.

- No, no vale la comparación, Helena,

porque Margot es una artista,

en cambio este es un rebanador de cadáveres.

Helena, dime la verdad.

¿Qué sentiste cuando bailaste con este?

[♪♪♪]

¿Te das cuenta?

¿Te das cuenta, gata pecaminosa?

Nunca creí que fueras así, me has decepcionado.

- ¡Ya, ya! No, Guillermo,

no me vengas tú a voltear ahora la tortilla.

No, tú que eres más traidor que Judas.

- ¿Yo? Boris: Es hora de irnos.

¡Burke! Guillermo: ¿Señor?

Boris: Vámonos. Guillermo: Sí, señor.

[♪♪♪]

Max: Se nota que quieres a Guillermo, Helena.

Ocultarle lo de la niña

es muestra de que lo quieres mucho.

Muy bien.

Pero lo que no soporto

es que se hayan robado a la criatura.

¿Quién diablos la tendrá?

[♪♪♪]

Arturo: Suéltenlo.

[♪♪♪]

Úrsula: Gracias a Dios, mi niña.

[Soledad llorando]

Soledad: Gracias a Dios. - Ya, ya.

- Úrsula, se robaron a mi hija.

- Si, ya lo sé, mi niña,

pero no se preocupe, que ya sabemos dónde está.

- ¿En dónde? ¿En dónde está? Dime.

- Pues al sur del bosque, en el precipicio de la higuera.

Ahí está tu niña.

Boris: Vamos, la policía nos está buscando.

Soledad: ¿Qué fue lo que te paso?

Úrsula: La policía lo hirió, todavía está muy débil.

[Disparo]

Lucas: ¿Qué pasa, cochero? ¿Qué pasa?

- ¡Señor, nos disparan!

Lucas: ¿Qué?

- ¡Ah!

Lucas: Wildredo!

[Disparo]

Lucas: Me van a matar.

[♪♪♪]

- Suelta eso.

Suéltalo.

Después de que te mate,

voy a hacer desaparecer tu cuerpo,

para que nadie lo encuentre nunca.

- Promete que no le harás daño a mi hija.

Arturo: ¿A tu hija?

¿A tu hija?

Es a la primera a la que voy a matar.

[Disparo]

[Bebé llora]

[Disparos]

Eloísa: ¿Escuchaste? ¿Disparos?

Francisco: Alberto, detente.

¡Detente!

No es lejos de aquí.

Necesito averiguar qué está sucediendo.

- Hey, no tenemos ninguna necesidad

de estar en medio de una balacera.

Alberto, por favor, continúa.

- Alberto, no muevas el coche, es una orden.

Puede ser una gran noticia, y necesito averiguarlo.

Si tú quieres, espérame aquí.

- ¡No! No, no, no.

Si me vas a exponer, prefiero ir contigo.

- Alberto, espéranos aquí.

[Bebé llora]

[Disparos]

[♪♪♪]

[Disparos]

- Mira quién está ahí, Soledad de Obregón.

- ¿Qué están haciendo ahí?

- ¿Por qué siguen disparando? ¡Mi hija! Ay, mi hija.

- No, señora, no puede ir,

acuérdese que Boris dijo que podría ser peligroso.

Soledad: Mi hija,

por ahí está mi hija, por favor.

Enrico: Hazle caso a Úrsula, no te arriesgues.

- No, tengo que ir por ella, no puedo permitir...

- Aquí está tu hija, Soledad.

[Bebé Llora]

- Mi amor.

Hugo como Alcides: Aquí está nuestra hija.

[Bebé llora]

Soledad: Ya, mi amor.

Gracias a Dios, gracias a Dios, amor.

Alcides, no sé cómo te puedo pagar

esto que acabas de hacer por mi hija.

[Bebé Llora]

[♪♪♪]

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