All language subtitles for La traición 046.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- ¿Se da cuenta, don Hugo?

Su venganza solo le traerá problemas.

- Soledad me engañó de la manera más vil.

Con mi propio hermano.

- Tú y yo fuimos amantes.

- Sí.

Sí.

- Todos sabían lo que estaba pasando.

- Soledad nunca estuvo enamorada de Hugo de Medina.

- Ah, ¿no? - No.

Simplemente es una buena hija.

Y conociendo nuestra situación económica

aceptó casarse con él por interés.

Así que no se preocupe,

ella está al tanto de todo,

y se va a casar con Alcides,

se lo puedo asegurar.

- Solo quería mi dinero.

Con tal de obtenerlo,

intentaron matarme.

Arturo: Listo.

Los ejes de la carreta ya están sueltos.

- Entonces, es hora de que se vaya.

Es hora de que te vayas, hermanito.

¡Ya!

¡Ea! ¡Ea!

- Pero se van a arrepentir.

Se van a arrepentir.

- ¡Mi hija!

¡Mi hija, mamá!

Mamá, pero ¿quién se pudo haber llevado a la niña?

¡Ayúdame! - Soledad,

por favor, cálmate, cálmate.

Lucas: Esther, ¿Qué pasa? [Soledad solloza]

- La niña no está. - ¿Qué?

- Dios santo, no puede ser.

- Quién se la haya llevado no puede ear lejos.

- No, Soledad. - Por favor.

- Tú acabas de tener a la bebé, tienes que estar quieta.

- Quédate tranquila, nosotros nos encargaremos.

- Papá, por favor, déjenme salir,

se trata de mi hija.

La tengo que encontrar.

- ¡Soledad! - Soledad,

Soledad, espera.

- Boris...

a partir de ahora, todo se complicará.

Quiero que sepas que estás en libertad

de irte de mi lado si así lo deseas.

- Jamás.

- Marina es tu mujer,

ella no está de acuerdo conmigo.

- Tendrá que entenderlo.

Usted es mi patrón,

y tengo que acompañarlo al precio que sea.

- Esta guerra es mía,

tú no tienes que sacrificarte.

- Mi decisión está tomada.

Y seré partícipe de su venganza,

aunque no esté de acuerdo con lo que va a hacer.

[♪♪♪]

- Más que mi empleado, eres mi amigo.

Eres mi único amigo,

lo sabes.

- Sí, patrón.

- Vamos.

[♪♪♪]

- Por favor, Arturo, compréndeme,

no estoy preparada para dar ese paso.

- Eloísa, tú no me puedes hacer esto.

Las invitaciones están repartidas,

la iglesia está lista.

- Sí, lo sé.

Pero, por favor, no me obligues

a hacer algo para lo que no estoy lista.

Al menos, no todavía.

- ¿Acaso hay otro?

¿Se trata de eso? ¿No?

¿Quién es? - No, Arturo.

- ¿De quién se trata? - Arturo, no hay nadie.

Soy yo. Por favor, perdóname.

- No te creo una sola palabra. - Arturo,

me estás haciendo daño. - Contéstame.

- ¡Suéltame! Francisco: Ya la escuchaste.

Suéltala.

[♪♪♪]

- ¡Jacinto, Jacinto, nos vamos!

Se llevaron a mi hija. Lucas: ¡Soledad!

¡Soledad! Espera, espera, Jacinto.

[Soledac solloza] No, hija, mírame.

Lo que tenemos que hacer es avisarle a la policía

para que nos ayude.

- Papá, pero, pero ¡le pueden hacer daño!

Los hombres no deben estar lejos.

¡Vamos, por favor! - Jacinto, ve a la comisaría.

Eh, entéralos de lo que está sucediendo,

y que vengan pronto. - ¡Papá!

Yo no quiero que le hagan daño a mi hija.

¡Vamos a seguir a esta gente!

- Espera, espera, hija, que está de noche,

es muy riesgoso.

Deja que la policía se encargue.

- No. - Hija, por favor.

¿Qué esperas? ¡Jacinto, ve! - Inmediatamente.

- ¿Por qué? Dime por qué.

¿Por qué se tenían que llevar a mi hija!

¡No entiendo, ella no tiene la culpa de nada, papá!

- Yo tampoco lo entiendo,

pero mi nieta va a regresar sana y salva.

Te lo prometo, te lo prometo.

Dr. Max: Esta es la bebé de la que tanto te he hablado.

- ¡Ah! - Tienes que cuidarla

muy bien, Eva... Elena.

- Es muy bella. Sí, sí, sí.

Dr. Max: Sí.

Es una niña muy importante,

una niña muy especial.

- Todos los niños son especiales.

- Pero esta es más especial que todos.

- Sí. - Porque es la hija

de una sobrina a la cual le tengo mucho cariño.

- Voy a llevarla a la cama.

- Está bien, hazlo.

Y mañana temprano tienes que salir

para buscar todo lo necesario

para su estadía en esta casa.

- Claro que sí. ¡Ay!

Qué ojos tan bonitos tienes. - Voy a preparar

los experimentos que tengo que realizar a la paciente.

- No estará hablando usted...

de esta criatura.

¿Va a experimentar con ella, Doctor?

- No te imagines cosas que no son.

Tengo que curarla de su enfermedad.

- Ay, los doctores no hacen sino inventarse

enfermedades donde no las hay.

¿Y esta hermosura qué puede tener?

Yo la veo muy sana.

Sí. - Elena,

¡deja de hacer tantas preguntas

y mejor cuida muy bien a la niña!

- Sí, señor. Sí, la cuido muy bien.

Pero tú no puedes llorar.

No puedes ser llorona.

Porque yo no tengo experiencia con niños,

y después, yo no sabría qué hacer.

¿Me entiendes? ¿Sí?

- ¿Y se supone que tú me vas a detener?

No me asustes.

Francisco: No te burles de mí, Arturo.

Y no se te olvide que me debes un favor.

Frente a mí, no se maltrata a ninguna dama.

- Eloísa es mi prometida.

Y yo no permito que nadie

se meta en lo que no le importa.

- ¡Ah!

¡Voy a acabar contigo!

¡Quítate, Eloísa! ¡Desgraciado,

te voy a matar, maldito!

- Basta. - Tía, qué bueno que llegaste.

¡Arturo se puso como loco,

no quiere aceptar que rompa mi compromiso con él!

- Detesto los escándalos,

y mucho más, si son en mi propia casa.

¡Hazme el favor y te retiras!

- ¡Ya escuchaste, lárgate! - Basta.

- ¡Que se vaya!

- ¿Qué clase de estupidez hiciste ahora?

- La muy estúpida decidió romper

su compromiso con Arturo

solo porque se enteró que Alcides regresó.

- Cállate. - No, no,

dime que no es cierto lo que está diciendo Paquito.

- ¡Sí, es cierto! ¿Y qué?

- ¿Te volviste estúpida o qué?

¡Alcides es un hombre casado!

- ¡La idiota de Soledad jamás se quedará a su lado

porque no le va a perdonar que intentó matarla!

- Estás buscando que te maten.

- Bueno, ¡no me interesa lo que ustedes piensen!

Es mi vida, y yo sabré cómo la vivo.

Guillermo: Buenas noches, don Alcides.

- Buenas noches.

- Eh, eh, señor, quisiera decirle algo.

- No creo que sea el momento indicado, Guillermo.

Don Alcides está muy cansado y no quiere hablar con nadie.

- ¿Qué pasa, Burke?

- Eh, señor,

eh, eh, primero agradecerle por recibirme en su casa,

por dejar que me quede aquí.

creo que me puedo loquedar trabajándole..

como jardinero, señor.

- Nadie te está contratando.

- ¿Cómo jardinero?

- Sí, señor, soy muy bueno en eso.

- Déjalo que trabaje como jardinero.

- Gracias, señor.

Eh, quiero a-a-aclararle, señor, que...

no me voy a prestar para nada diferente

que no sea el oficio de la jardinería.

- ¿A qué se refiere?

- Pues, señor, que no quiero hacer maldades.

Yo sé, usted, usted es capaz de mucho,

yo lo sé, señor.

Pero yo no soy como otros, que,

que traicionan a sus amos apenas ellos se mueren.

- Está bien,

no le voy a obligar a hacer nada.

- Gracias, señor. Eh...

también quiero pedirle el favor

que me permita conservar mi puesto como violinista

allá en la taberna, señor,

en el espectáculo ese de la Dama Misteriosa.

Eh, señor, eso sin mí es un desastre.

- Burke, puede hacer con su tiempo libre

lo que le plazca.

- Muchas gracias, señor. Muchas...

Permiso.

- Patrón, ¿quiere que le sirva ya la cena?

- No, Marina,

ustedes y yo tenemos que hablar.

Pasa, por favor.

- Algo le debió pasar en estos meses

porque viene muy cambiado ese señor Alcides.

Alcides: ¡Yo no...! ¡Ay, ya, ya!

¡Por favor, por favor!

- Mereces esto y mucho más.

- ¡Ah!

Por el amor de Dios,

¿cómo quieres que te explique que no recuerdo nada?

¡No recuerdo nada, no sé quién eres, déjame ir!

- Eso jamás va a pasar.

No te voy a dejar ir.

Tengo más sorpresas para ti.

Alcides: ¡Ah!

Beatriz: ¿Aquí duele?

[Grito]

[Gritos]

[Gritos]

- Le doy mi palabra, señora Soledad,

que vamos a hacer lo imposible por regresarle

a su hija sana y salva.

Encontraremos a los responsables.

- Inspector, por favor, ayúdeme, por favor.

Se trata de una niña de unos días de nacida.

Por favor.

- Señora Soledad,

¿sospecha usted de alguien?

¿Conoce a alguien que sea capaz de llevarse a la niña?

Antonia: Sí.

Sospechamos de ese hombrecito, Enrico.

Y de Úrsula, la sirvienta de la casa.

- ¡Ay! Úrsula sería incapaz de hacer algo así.

Y Enrico menos.

- Tuvimos que echar a Úrsula.

Y Enrico estaba con ella.

Ese hombrecito nos amenazó, Inspector.

Inspector: ¿Enrico?

He oído ese nombre antes.

- Sí, Inspector,

él se ha metido varias veces en nuestra casa.

Se hizo amigo de Soledad.

No sería descabellado pensar que él se llevó a mi nieta.

Soledad: ¿Qué?

Ay, pero ¿cómo, cómo pueden pensar algo así?

¡Enrico nunca lo haría!

¡Enrico es una persona muy buena!

Y Úrsula también, papá. ¡Por favor!

Antonia: No los defiendas, Soledad,

se trata de tu hija.

- Yo a Enrico no lo conozco bien, pero...

Úrsula no fue, inspector.

Ella ha sido como de la familia.

- No se confíe, don Lucas.

En un momento de rabia,

hasta las personas más cercanas

pueden llegar a límites...

insospechados.

[♪♪♪]

- ¿Entonces esta es tu casa, Enrico?

- Sí.

- Es muy acogedora.

- Sí. Perdona el desorden,

no esperaba visita.

- ¿Y siempre has vivido aquí solo?

- Con don Jeremías, mi amo.

- Ay, qué ocurrencias, Enrico.

Don Jeremías tiene años muerto.

- Eh, eh, quiero decir, eh,

con su recuerdo.

¿Qué pasó? - No, es que...

me preocupa no haber podido despedirme

de la niña Soledad.

Debe estar pensando lo peor de mí.

- No te sientas mal.

Tú dijiste que era lo mejor, que ella no se enterara

de lo que pasó entre don Lucas y,

y Rebeca.

- Sí.

Yo siento que la niña Soledad y yo somos...

como hermanas.

Y ahora que nació Aurora,

yo no me cambio por nadie.

Ay, me preocupa quién la va a ayudar, Enrico,

quién, quién la va a ayudar a cuidar a la bebé,

a cambiarla, a bañarla.

¿Quién?

- Para serte sincera,

los bebés y yo no nos llevamos muy bien.

No. Son un poco complicados de entender.

Hay que cambiarlos, bañarlos,

peinarlos, darles de comer.

Hacerles todo, todo, todo,

pero tú no pareces tan mala persona.

Sí, muy, muy bien.

- Pásame a la niña,

tengo que empezar.

- No. No, no, no.

¿Qué va a hacerle, Doctor?

Beatriz: Ahora sí estás empezando a pagar

todo lo que me has hecho.

- ¿De qué te sirve tu venganza?

Si no recuerdo nada.

- Cállate.

De ahora en adelante,

te vas a convertir en un perro.

- Tendrás que lamerme la suela de los zapatos.

Bueno, creo que voy a salir.

No puedo estar tanto tiempo alejada del mundo exterior.

Pero no te preocupes,

muy pronto voy a regresar,

y vamos a seguir jugando.

No me extrañes, ya vengo.

Jeremías: Te gusta.

- No diga eso, don Jeremías, que lo puede escuchar.

- Nadie, además de ti,

puede escucharme ni verme, así que no te preocupes.

Y ahora contéstame,

¿te gusta?

- Es hermosa.

Lo mejor es su corazón.

Puro y transparente.

- Mis hombres encontraron el rastro

de un carruaje a la salida.

También había pisadas.

Por el tamaño y la forma,

suponemos que se trata de una mujer y un niño.

Antonia: Lo he dicho,

Úrsula y Enrico se llevaron a la niña.

- Úrsula se dejó enredar por ese hombre

y se puso en contra nuestra.

- No, no, Esther,

no creo que eso haya sido así.

- ¿Y entonces?

Ellos son los únicos sospechosos.

- Alcides.

A lo mejor, Alcides fue el que se llevó a mi hija.

- ¿Alcides?

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón, ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪

♪em To cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No, No, No... ♪

♪ Bésame hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

- No pensará aplicarle esa inyección.

- Yo sé lo que hago,

tú no te metas.

- Sí me meto, me meto,

porque está dormida la niña,

y después no vamos a ser capaz de dormirla otra vez.

- Debo empezar su tratamiento.

La enfermedad puede avanzar.

- Pero ¿qué enfermedad puede tener esta criatura

que se ve tan sana?

- Está bien.

No la perturbemos.

Podría sufrir un ataque de catalepsia.

- ¿Qué dice, Doctor?

- Nada.

Que la dejemos descansar.

[♪♪♪]

- Alcides estuvo esta mañana en mi casa visitándome.

Estaba muy extraño,

y me hacía muchas preguntas sobre el pasado.

- Es lógico.

Él asegura que llegó con vacíos en su memoria.

- A mí me dijo exactamente lo mismo.

Pero estaba agresivo.

Y triste y, y, y... - Señora Soledad,

¿le dijo algo sobre la niña?

- Sí, sí, sí.

Me dijo que él quería seguir viéndola.

- Yo le dije que no había posibilidad,

que yo no quería estar cerca de él,

que no pensaba regresar con él después de todo el daño

que me había hecho, Inspector, pero ¡él insistía!

Y decía que quería seguir viendo a la niña.

- Yo escuché esa conversación, Inspector.

Soledad está diciendo la verdad.

- No se me haría extraño que Alcides de Medina

fuera el responsable del rapto de su hija, señora Soledad.

Esta tarde le dije a don Lucas,

que ustedes deberían presentar la denuncia

por lo que él le hizo a usted en la mina.

- Ah, sí, sí, sí.

Pero no tuve oportunidad de decírselo, inspector.

- Inspector, por favor,

por favor,

por favor, encuentre a mi hija,

no permita que le vayan a hacer algún daño.

- Eso no va a suceder, señora,

yo se lo garantizo.

Ahora mismo voy a buscar a Alcides de Medina.

Y si descubro que él fue quien raptó a su hija,

le aseguro que va a pasar muchos años en la cárcel.

- Seguiré haciéndome pasar por Alcides,

ya no tengo otra alternativa.

- Señor,

esa noticia que publicó Francisco de Morales

desgraciadamente sí llegó a boca de todo el mundo.

- Pero la usaremos a mi beneficio, Boris.

- ¿Qué piensa hacer, señor?

- Les vamos a tender una trampa a todos

los que quisieron aprovecharse de mi dinero.

Los Obregón,

ellos fueron los artífices de todo.

Y Arturo de Linares se alió con mi hermano

para asesinarme...

- ¿Y para la señora Soledad?

¿Tiene algún plan?

- Ella pagará con lágrimas su traición.

- ¿No quieres más?

¿No? [Susurro] - No...

Dime, hija,

¿estás más tranquila?

- ¿Cómo puedo estar tranquila,

cuando alguien se llevó a mi hija, papá?

No sé...

dónde pueda estar.

Lo único que le pido a Dios,

es que no le vayan a hacer daño.

- Hija,

la niña está bien.

A ver, si Úrsula la tiene,

que no creo,

ella sería incapaz de hacerle daño.

Y si es Alcides, mucho menos.

Él cree que es su padre,

no atentaría nada contra ella.

- Ay, no sé qué pensar.

Siento que me voy a volver loca.

Además...

Alcides siempre me ha parecido una persona muy extraña.

Pero esta mañana me pareció aún más, papá.

Es que la forma cómo me miraba. Yo...

yo no sé.

Lo único que se me ocurre es que Alcides

se pudo haber llevado a mi hija.

Es que no encuentro otra razón.

- Mi amor, hija, tranquilízate. Ven.

Descansa. Ven.

Ven, descansa. Ven.

Soledad: No, déjame.

- Está bien.

A ver, ven. Descansa, mi amor.

Ven, yo voy a estar pendiente.

- Quiero estar lista por si aparece.

Quiero estar despierta, yo... - No, no, no.

A ver, descansa.

recuéstate,

yo voy a estar pendiente de cualquier razón de niñ

¿de acuerdo?

A ver, tú duerme,

intenta dormir. A ver.

- Te lo dije, Lucas,

ese era el té que Soledad necesitaba para dormir.

Era la única manera de que tu hija

no cometa más locuras.

- Antonia,

me duele en el alma verla sufrir así.

En el alma.

- Don Hugo, perdón que lo cuestione, pero...

no entiendo cómo piensa hacer eso.

- Me presentaré ante Soledad

como Alcides,

y la voy a enamorar poco a poco.

- Patrón, la señora Soledad no va a querer saber nada

de don Alcides, él la trataba muy mal.

- Me ganaré su confianza.

- No va a ser nada fácil, patrón.

Don Alcides trató de matar a la señora Soledad en la mina.

- Marina, en esta vida no hay imposibles.

- Señor, a mí ese plan de venganza

la verdad no me gusta nada.

Se me hace arriesgado.

No solo porque la señora Soledad

podría descubrirlo con cualquier detalle,

sino porque su hermano tenía muchos enemigos.

Hugo: Ese es un riesgo que tengo que correr.

Marina: Piénselo mejor, patrón.

Don Arturo es un hombre muy peligroso,

y va a querer acabar hasta con sus empleados,

nosotros.

- Marina, tú eres mi mujer

y harás lo que yo te diga.

- No.

¿Y nuestros planes, Boris?

No estoy dispuesta a posponerlos más.

Y muchísimo menos voy a arriesgar mi vida.

- Nuestro deber es ayudar a don Hugo, y así lo haremos.

- Entonces, no cuenten conmigo.

Yo me largo de aquí.

Con su permiso, patrón.

[♪♪♪]

- ¡Fuera de mi cama, Francisco! - Ay, tranquila.

Solo vine a consentirte, ven acá.

- Largo de mi habitación.

- Oye, cálmate, no te estoy diciendo nada malo.

Solo te digo lo que siento.

- No me interesa saber lo que sientes.

¿Qué parte no entendiste?

- Ven acá. ¡No te hagas la difícil!

- Suéltame. - ¡Cálmate!

¡Ven acá!

No me importa que sueñes con Alcides.

Estoy seguro que quieres que yo esté contigo.

- ¡Ah! - Me deseas.

Lo sé perfectamente.

- Suéltame, animal. - ¿O qué?

¿Ya te olvidaste cuando la pasábamos juntos?

¿Quieres que te lo recuerde?

- Suelta...

[Quejidos]

- ¡Ah!

Me deseas tanto como yo a ti.

- ¡Suéltame, Francisco, suel...!

- ¡Ah, ah!

[Quejidos de dolor]

- No te atrevas a volver a tocarme, imbécil.

- Te vas a arrepentir, maldita. ¡Ay!

- Lárgate.

¡Largo!

- Ten mucho cuidado, Eloísa.

Te lo advierto.

Si no vas a ser mía,

no serás de nadie.

[Susurro] - Imbécil.

- ¿En qué clase de circo se ha convertido mi casa

por culpa de estos dos?

- Habla con ella.

Y si tanto la amas, haz lo que te pide.

Puede que tenga razón,

y no te convenga seguir conmigo.

- De ninguna manera, don Hugo.

Yo siempre estaré con usted.

- Boris...

yo jamás te voy a pedir que sacrifiques tu felicidad.

Guillermo: ¡No, señores, porque si...!

[Discusión en el pasillo]

Guillermo: ¡No puede entrar

sin la autorización de mi patrón!

¡Anda, alto!, ¡alto, alto! Un momentito, usted...

¡Usted no puede entrar así, así...! Señor.

- ¿Qué maneras son estas de entrar a mi casa?

- Ya estamos enterados de que usted le compró

la casa al señor Monsalve. Y venimos a registrarla.

- No puede registrar nada sin una orden del juez.

- La ley está de mi lado.

En casos como este, puedo hacerlo

si corre peligro la vida de alguien.

En este caso, se trata de una bebé,

una recién nacida.

Para ser más exactos, su hija, señor de Medina.

[♪♪♪]

- Escuché tu discusión con Eloísa.

- Rebeca, si vienes a decirme que me vaya de tu casa,

no te preocupes,

me voy esta misma noche.

- Por favor, no te pongas así.

Yo no soy igual de desquiciada que mi sobrina.

- ¡Bueno, ya!

La muy ingrata quiere regresar con Alcides.

Yo creo que perdió la razón.

- Estoy de acuerdo contigo.

Pero eso solo la llevará al desastre.

- ¡Ah!

¿Tú sabes lo que no tolero?

Lo que no aguanto...

es pensar que otro hombre

la esté abrazando.

¿Sabes lo que creo?

Que estoy enamorado de ella.

- No, no, no, por favor, no digas eso.

Eh, es solo tu orgullo de hombre lo que te tiene mal.

Mira, Francisco,

tú eres un hombre muy guapo,

muy atractivo.

Tú mereces otro tipo de mujer.

No una muchachita caprichosa como mi sobrina.

- En ese caso, puede inspeccionar todo lo que desee.

- Registren todo,

yo los esperaré aquí.

Don Alcides y yo tenemos algunos asuntos que hablar.

- Don Alcides, Marina y yo vamos a vigilar.

No sea que se pierda alguna cosa.

Ven, Marina.

- ¿Qué sucedió exactamente con mi hija?

- La raptaron.

Va a estar en serios problemas, don Alcides.

Si esa niña no aparece,

usted irá directo a la cárcel.

Beatriz: Pablo. Pablo: ¿Mh?

- Pablo, despierta, ya estoy aquí.

- ¡Ah! Beatriz, llegas tarde.

- Sí, es que tuve un inconveniente,

pero ya puedes irte a descansar.

- ¿Se te olvidó que quedamos en cenar juntos? ¿Cierto?

- Ay, de verdad se me pasó, lo siento.

- Beatriz, ¿qué tienes? Te noto extraña.

Discúlpame,

sabes que puedes confiar en mí,

Y yo jamás te haría daño.

- Sí, lo sé.

- Y también sabes que,

que me atraes mucho.

No me he acercado a ti como hombre porque...

no quiero revivir...

el suceso del pasado.

- No quiero hablar de eso,

ni tampoco recordarlo.

- Beatriz, tienes que tratar de olvidar,

tienes que empezar una nueva vida.

Claro que...

no pierdo las esperanzas que me veas...

algún día,

como más que un simple amigo.

- Pablo, creo que no es momento para hablar de eso.

- Beatriz,

¿tú tomaste algunos frascos de aquí?

- No. No sé de qué frascos me hablas.

- De unos calmantes y relajantes musculares

que desaparecieron.

[♪♪♪]

- ¿Están seguros de que revisaron bien?

- Hasta el último rincón de la casa, Inspector,

pero no encontramos nada.

- Le dije que no tenía nada que ver.

- Eso no lo sabemos.

El hecho de que su hija no se encuentre aquí,

no significa que usted no está involucrado

en su desaparición.

- Dígale a Soledad que yo la buscaré por mi lado.

[♪♪♪]

[Puerta se cierra]

No voy a permitir que nada malo le pase a esa niña.

- Te lo pregunto porque eres...

la única enfermera que tiene acceso a este botiquín.

Dime la verdad, Beatriz.

- Ay, Pablo,

tuve que hacerlo.

Es que en el sector de la Concordia,

vi a un paciente que tenía unos dolores terribles.

Estaba sufriendo tanto que...

quise calmarle un poco el dolor, nada más.

- Lo supuse.

Estabas haciendo una buena obra.

Pero no me ocultes las cosas, ¿de acuerdo?

Y no te preocupes,

voy a dar la orden en la farmacia que nos surte

para que te entreguen las medicinas que necesites.

- Gracias.

Las cosas están saliendo mejor de lo que imaginaba.

Voy a acabar contigo lentamente, Alcides,

lentamente.

- Mi vida...

no te vayas, mi vida.

Mi vida...

Marina,

esto no sería lo mismo sin ti, entiéndelo.

- Durante todo este tiempo,

lo único que he hecho es demostrarte

que te quiero, Boris,

que soy incondicional para ti.

Y a ti parece no importarte.

¡A ti no te importan mis sentimientos,

solo te importa don Hugo!

- Por favor, Marina,

no digas eso. Tú me importas mucho.

Nada más que tienes que ponerte en mi lugar, Marina.

Don Hugo está solo en el mundo.

Eh...

está rodeado de enemigos, está muy enfermo.

Marina, no puedo dejarlo, y mucho menos en este momento.

Entiéndelo, por favor.

- Tu decisión está tomada.

- Mi vida, mi vida,

por favor.

No te vayas, ¿sí?

- Te lo juro que yo trato de entenderte, pero no puedo.

Y yo pienso y pienso,

por qué sigues pegado a don Hugo

¡y no logro entenderte, Boris!

- Mira.

Mira, Marina.

Ven.

Mi vida...

mi vida ha estado unida a la de Hugo por muchos años.

A él le debo todo lo que soy.

Marina...

Hace varios años,

cuando yo apenas era un muchacho,

huía del reformatorio juvenil. - ¿Quién eres?

Boris: Fue entonces,

cuando huyendo de ese lugar, - ¿Tienes hambre?

llegué a la casa de los Medina.

Hombre 1: Hugo.

Tenemos que irnos. - ¡Es mi papá!

- Hugo.

¿Qué pasa? ¿Por qué te demoras tanto?

- Espérame un momento, papá.

En un momento, estaré contigo.

- Tenemos prisa, ¿eh?

No te demores. - Listo.

Vamos. Te esconderé en mi cuarto.

Boris: Hugo tomó el riesgo de tenerme escondido

por varios días en su habitación.

Hasta que...

Alcides me descubrió.

Y estuve a punto de ser regresado

a ese horrible lugar.

- Mamá, por favor,

no le haga nada malo, él es bueno.

Por favor.

Papá, si lo regresan,

le van a hacer mucho daño.

Por favor, no se lo lleven.

Boris: Fue gracias a Hugo,

gracias a él,

fue que pude quedarme a vivir con ellos.

Con ellos terminé de criarme,

pude estudiar.

Y me convertí en el hombre que ahora ves.

Nunca más me volvió a faltar nada.

Crecí... como un empleado.

Pero realmente siempre me trataron

como si fuera de la familia.

Su madre,

antes de enloquecer,

me dijo que yo era el mejor hermano

que Hugo podía tener.

No como Alcides.

Le juré...

que nunca lo iba a dejar solo

enfrentando su maldita enfermedad.

- Ya entiendo por qué nunca te separas de don Hugo.

¿Por qué nunca me habías contado esta historia, Boris?

- Cuando niño, fui un delincuente.

Y no es un pasado del cual me sienta muy orgulloso.

- Me quedo.

Haré todo lo que don Hugo disponga.

- Mi vida.

¿Lo dices en serio, mi amor?

No sabes lo feliz que me haces.

Marina, te amo.

- Y yo a ti.

- P-Perdón.

La policía ya se fue.

[Carraspeo]

- Marina,

te pagaré por el tiempo que has trabajado para mí,

y por tu apoyo incondicional.

- Patrón, muchísimas gracias.

Pero si me lo permite,

me gustaría seguir trabajando para usted.

Y le prometo...

que voy a seguir todas sus órdenes.

- Me alegra,

me alegra mucho. Sobre todo, por Boris,

que sé que está muy feliz a su lado.

Boris,

necesito que vayas a la imprenta.

[Susurros]

Y que impriman volantes ofreciendo recompensa

sobre cualquier información de la hija de Soledad.

- ¿Va a ayudar a esa mujer a recuperar a su hija?

- Es niña es mi sobrina.

Y es un ser inocente,

nada malo le puede pasar.

- Hija,

no pensé que te hubieras levantado,

te traje desayuno.

- No puedo, mamá,

tengo que salir.

Tengo que buscar a mi hija.

No sé cómo me pude quedar dormida.

- Mi amor, no sabemos dónde puede estar la niña.

Deja que la policía haga su trabajo.

- No, yo no puedo dejar que pase más tiempo.

Yo tengo que salir.

El primer lugar que pienso visitar

será la casa de Alcides.

- No, hija, no,

no es necesario.

Anoche hablé con Duarte,

me dijo que registraron su casa,

y no encontraron a mi nieta.

Y Alcides asegura que no la tiene.

- ¿Y entonces?

¿Y entonces quién la puede tener?

- No sé, mi amor,

tal vez en la comisaría tenían razón,

y Úrsula y Enrico sí tuvieron algo que ver

con la desaparición de la niña.

Soledad: No.

Yo tengo que ir a la calle,

¡a todas las casas, a todos los lugares!

Por favor, no me vayan a detener

¡porque tengo que encontrar a mi hija!

- Está bien, hija. Yo, yo voy contigo, espérame.

- Ay, Úrsula, viniste.

Te tengo para mí solo.

Ay.

Ay.

Ay.

¡Don Jeremías!

- Ve a buscar a Úrsula,

no hace mucho que salió.

Pues, haz que regrese.

- Pero ¿por qué?

No hay tiempo para explicaciones.

Su vida está en peligro.

¡Tráela pronto, corre!

[♪♪♪]

Niño 1: Recompensa para quien encuentre

esta bebé recién nacida,

recompensa para quien encuentre esta bebé recién nacida.

Recompensa para quien encuentra a esta bebé...

Recompensa para quien encuentre a esta bebé recién nacida.

[♪♪♪]

- Alguien está dando una recompensa

por mi hija, mamá.

Mira.

- "Desaparecida Aurora.

El señor Alcides de Medina ofrece la recompensa".

¡Ah! - ¡Disculpe!

¿Quién le entregó estos volantes?

- Me los dio Guillermo Burke.

Recompensa para quien encuentre esta bebé

recién nacida.

- ¿Por qué Alcides estaría interesado

en recuperar a mi hija, mamá?

Esther: No lo sé, hija.

Dr. Max: Elena, ven para acá,

trae a la niña.

La ciencia no puede esperar.

¡Elena!

[♪♪♪]

"Salí a comprar las cosas para la niña.

Tomé dinero de su pantalón.

Lo siento, pero era urgente.

La niña viene conmigo

porque quiero que todavía no la pique.

Es muy temprano para tanta violencia".

¡Maldita Elena, estúpida!

Si la llegan a ver con esa niña,

me voy a meter en graves problemas.

Enrico: ¡Úrsula, Úrsula!

¿Qué estás haciendo?

- Estaba recogiendo unas flores para alegrar tu casa.

- No, deja eso, por favor, ¡deja eso!

- ¿Qué pasa, Enrico? ¿Qué tienes?

- No, es un presentimiento que no, no te puedo explicar.

Por favor, vamos.

¡Vamos!

- Sí, princesita,

ya terminamos de hacer nuestras compras.

Ahora nos vamos a sentar aquí un momento.

Ya compramos tu tela para pañales y tus jabones.

Córrete un poquito,

porque aquí no cabes con tus compras.

Sí, princesita, sí. Niño 1: Atención, recompensa.

quien encuentre una niña... - Sí, la princesita.

- ¡Atención, recompensa!

- Sí, la princesita. - Tenga, señora.

Lea sobre la niñita que están buscando las autoridades.

- Sí, sí, ahí está bien la prince...

- ...quien encuentre una niña recién nacida.

"Desaparecida Aurora".

¿"Bebé de Soledad de Obregón"?

¿Blanca,

y de pelo negro?

¿Serás tú?

[Aurora llora] Ay, no, yo no creo.

Ay, no, no, no te pongas a llorar,

no te pongas a llorar. Soledad: ¡Mi hija!

¡Es el llanto de Aurora, mamá! - ¡Soledad!

- ¡Es Aurora!

- ¡Soledad! - ¡Regréseme a mi hija!

- ¡Soledad, cuidado!

[Gritos]

- ¡Mi hija!

¡Ah!

- Espera.

Inspector: Allá. Deben ser ellos.

¡Alto, deténganse!

¡Tenemos orden de arresto contra ustedes!

¡Policía!

- ¿Orden de arresto?

Pero, ¿nosotros qué hicimos, Enrico?

- No lo sé, Úrsula. ¡Corre!

- Enrico, pero es la policía,

tenemos que decirles que no hemos hecho nada.

- ¡No, no, no! ¡Corre, Úrsula, corre!

- Están escapando, señor.

- ¡Deténganse!

¡Disparen!

- ¡Ah, ah! ¡Enrico!

- ¡Deténganse!

Ursula: ¡Ah, ah, ah!

¡Vete, Enrico, vete!

- ¡No, no te voy a dejar, Úrsula!

[Disparo] ¡Me hirieron!

- ¡Enrico!

¡Enrico!

[♪♪♪]

- ¡Mi bebé!

Mamá, era Elena Burke

que tenía a mi bebé.

¿A dónde se fue? ¡Vamos, por favor...

¡Acompáñame! - No sé, mi amor,

yo vi que tenía un canasto, pero no sé.

¿Tú crees que Alcides nos haya engañado?

Ay, no sé, mi amor,

¿por qué no vamos a la policía mejor?

Vamos, ven.

Vamos a la policía.

Soledad. ¡Soledad!

¡Soledad, espera!

[Aurora llora]

- Ay, no llores. No llores.

Nenita, no llores.

A ti no te está pasando realmente nada,

estás paseando a gran velocidad.

Tranquila, tranquila, nenita,

yo cuidaré muy bien de ti.

No te preocupes.

Ay, yo sabía que me ibas a traer problemas.

Pero ya me estoy encariñando de ti.

Sí, sí, sí. No, no, no.

Ay, yo tengo que entregarte a la policía,

tú debes volver con tu familia.

Sí, así me encierren, así me metan a la cárcel.

Bueno,

allá esperaré a que tú seas grande y me saques.

¿Oíste? Me tienes que sacar de la cárcel.

[Aurora llora] No lo puedo creer.

Yo pensando en la cárcel,

y tú en lo único que piensas es en dormir.

Dr. Max: ¡Quieta! [Elena grita]

Tú no vas a ninguna parte, Elena Burke.

- ¡Ah, ay, no!

¡Vete, déjame aquí, Úrsula, vete!

- No, no, vamos. No te voy a dejar aquí,

levántate. - Sí, vete, que me duele mucho.

- Enrico, no seas cobarde. Vamos, haz un esfuerzo.

¡Vamos! ¡Vamos!

Vamos. Ven, tú puedes.

[♪♪♪]

Esther: Antonia.

¡Antonia!

¡Antonia!

¿Dónde está Soledad?

- No lo sé.

Entró corriendo a su habitación.

Luego salió en el coche con Jacinto

y no me quiso contar nada. ¿Por qué?

Ustedes dos estaban juntas. - ¿A qué vino a su cuarto?

- Esther.

Esther, ¿puedes explicarme?

¡Esther!

- ¿Qué habrá venido a buscar?

¡Ah!

Dios mío,

¿qué hace una bala aquí?

- En estos días, cuando arreglaba

las cosas de Soledad,

encontré un revólver.

- ¿Por qué no me habías dicho nada?

- No lo sé,

creí que era de Lucas.

- Lucas jamás le daría un arma a Soledad.

Antonia,

tengo mucho miedo.

Seguramente Soledad salió a buscar a Alcides.

- Mi hija.

¿En dónde tienes a mi hija?

Regrésamela.

Regrésamela, o soy capaz de matarte.

[♪♪♪]

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