Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
- Entonces, es cierto.
Tú y yo éramos amantes.
- Alcides, ya te respondí lo que me preguntaste.
[Llanto de bebé]
Mi hija está llorando, suéltame.
- Nuestra hija, Soledad.
- Suéltame.
Alcides: Nuestra hija.
[Llanto de bebé]
Soledad: Mi amor...
¿qué pasó?
Aquí estoy.
Aquí estoy, hija .
Aquí estoy.
Aquí estoy.
[Susurrando]
Aquí estoy, aquí estoy.
- ¿Qué significa esto?
- Ya se lo dije, doctor.
Tomé este vestido que estaba en un armario,
pero no se preocupe, si le molesta,
inmediatamente voy a cambiarme.
- Es increíble.
- ¿Qué le pasa, doctor?
Ya, ya...
Max: Espera, no te vayas Elena.
Déjame mirarte por un instante.
Siento que tú eres ella.
- Doctor, doctor, ¿qué le pasa?
Usted está malinterpretando las cosas.
Yo le creí el cuento
del trabajo para cuidar a un bebé,
pero, pero esto no es lo que usted necesita, no, no.
- No, no pienses mal, Elena.
Ella...
ella es Eva,
mi esposa.
- No sabía que usted era casado, doctor.
- Hace varios años que ella murió,
y ahora cuando te vi con ese vestido...
no pude evitar sentir que tú eras ella.
[Beatriz se queja]
- [Susurrando] ¿Por qué?
¿Por qué me haces esto?
¿Por qué? Yo...
yo no sé quién eres.
Beatriz: Suéltame.
- Confíe en ti y me engañas...
[Quejidos]
- ¿Creíste que iba a ser tan fácil, Alcides?
Pues no,
esto es solo el principio.
Te voy a hacer pagar todo lo que me has hecho.
¡Todo!
- Alcides...
...¿pasa algo?
¿Qué te pasa, Alcides?
- No pasa nada, Soledad.
Solo trataba de...
de poner en orden mis ideas,
solo eso.
- Mira, yo quiero ser muy clara contigo.
El hecho de que hayamos tenido algo en el pasado
no quiere decir que las cosas vayan a ser como antes,
¿está bien?
- Pero estamos casados.
- Ajá.
¿Y qué?
Hagas lo que hagas no vas a lograr que conviva contigo.
Me imagino que lo que sí debes recordar
es la forma como me maltratabas
usualmente.
- ¿Te maltrataba?
Soledad: Ajá.
- ¿Yo te maltrataba?
Qué vergüenza, Dios mío.
Soledad, te pido perdón.
Pero seamos honestos...
si yo hacía eso, era tu culpa.
Sabías quién era yo cuando nos casamos.
Nos burlamos de Hugo,
lo traicionamos...
éramos tal para cual.
¿O me vas a decir que eras...
que eras solo una pobre víctima?
- Ahora todo es diferente,
porque Aurora está aquí,
y yo no voy a permitir
que la maltrates con tu violencia,
de eso puedes estar completamente seguro.
- Esther, ¿qué pasa?
¿Sucede algo?
- [Susurrando] No hagas ruido.
Alcides está con mi hija.
- ¿Alcides está aquí?
- Sí,
tuve que pedirle a Soledad
que le mintiera con respecto a la paternidad de la niña.
Le pedí que le dijera que la niña es de él.
No sé si hice bien, Antonia,
pero no voy a permitir
que ese hombre maltrate a Soledad ni mi nieta.
- [Susurrando] Yo quiero escuchar.
- [Susurrando] Ven, acércate.
- Yo ya te respondí todas tus dudas y tus preguntas.
Ahora, por favor, vete.
Y te pido que no vuelvas nunca más.
- Soledad, eso no te lo puedo garantizar.
Esa niña también es mi hija,
yo tengo derecho a visitarla.
- Ay, yo no creo en tu instinto paternal, Alcides.
De ti jamás se puede esperar algo bueno.
- Yo he cambiado.
He cambiado mucho.
- Pues, no te creo.
Aunque...
por un momento pensé que sí, que podía ser verdad,
creo que sigues siendo el mismo.
- Yo lamento haberte incomodado,
pero necesitaba saber todas esas cosas.
Créeme.
- Qué bueno que te pude ayudar. Te puedes ir.
- Volveré a visitar a mi hija,
quiero estar pendiente de ella.
[♪♪♪]
Eso no me lo puedes impedir.
Permiso.
[♪♪♪]
[Puerta se cierra]
- Ay, Hugo, por favor, perdóname.
Tú siempre serás el único papá de Aurora.
Ojalá algún día me puedas perdonar.
- Yo, la verdad, no le encuentro el parecido.
- Debes tenerle absoluto respeto.
¿Cómo te puedes comparar con Eva?
Ella era una mujer única,
una mujer maravillosa.
- No se preocupe, doctor, que si quiere,
yo ya mismo me voy a cambiar este vestido.
No sea que se lo ensucie a la señora Eva.
- ¡No!
Déjatelo puesto.
Creo que verte vestida como ella
me puede ayudar a, a inspirarme
en los nuevos proyectos de investigación
que tengo.
- Ay, no, no, no... - Sí, sí, sí,
creo que me servirá mucho
recordarla continuamente.
- Pero usted me contrató para cuidar a un mocoso,
no para inspirarlo en sus cosas.
- Por el dinero no te preocupes,
ya te dije que te voy a pagar lo que me pidas.
Lo único que tienes que hacer es usar sus vestidos.
Te voy a traer ¡todos sus vestidos!
¡Todos!
- Ay, Dios...
yo en qué me metí con este loco chiflado.
Antonia: Don Alcides.
Don Alcides, espere un momento, por favor.
Me presento,
mucho gusto, soy Antonia Obregón,
hermana de Lucas.
- Mucho gusto, señora.
- Señorita.
Todavía soy soltera.
Si me acerco a usted
es porque creo que ahora es un hombre renovado.
- ¿Qué quiere decir, señorita?
- Que si vino a ayudar a mi sobrina Soledad
en el alumbramiento del hijo,
es porque usted tiene buenas intenciones con ella.
Y si no, ¿por qué vino?
- Señorita...
discúlpeme, pero llevo prisa.
- ¿Qué son estos modales, Alcides?
Perdón, don Alcides.
Lo que quiero que piense
es si realmente quiere recobrar su hogar,
más ahora que es padre.
- Eso deberíamos decidirlo Soledad y yo,
pero ella no quiere regresar conmigo.
- Dele tiempo.
Soledad ha sufrido mucho últimamente,
pero estoy segura que ahora que es madre
ella querrá tener un hogar para su niña,
y que su hija crezca al lado de su padre.
- Así debería ser.
Con permiso.
[Música de suspenso]
[Caballo relincha]
- Antonia...
¿qué haces hablando con Alcides?
Tú no tienes por qué intervenir en un asunto tan delicado.
- ¿Y por qué no?
Tú misma dijiste
que no debíamos dejar que él se perturbara.
- Una cosa es evitar tener problemas con Alcides,
y otra cosa muy distinta es que mi hija vuelva con él.
Hugo: ¡Ay! ¡Ay! ¿Qué haces?
¡Ah!
¡Ah! ¿Qué ha...?
Ay, por favor, suéltame.
Suéltame...
[Hugo se queja]
- No puedo.
[Hugo se queja]
¿No ves que si te suelto
nadie te podrá contar sobre tu pasado?
- Ya no quiero que me cuentes nada.
Por favor, suéltame.
Suéltame o empezaré a gritar.
- Grita.
Grita todo lo que quieras,
que nadie te podrá escuchar, Alcides.
Eres un desgraciado.
[Hugo se queja]
Me voy a vengar de ti,
te voy a cobrar cada lágrima que me provocaste.
- ¡Ay, pero yo no sé quién eres!
¡Mucho menos sé qué te hice! Por favor, suéltame.
- No sabes.
Hugo: Ay, ¿qué me pusiste?
- Pues, yo te voy hacer acordar.
- Ah... -
Tú me violaste.
- Estás desquiciada.
Estás inventando todo eso, ¡auxilio!
¡Socorro, que alguien tenga piedad de mí!
¡Auxilio!
¡Auxilio!
- Ahora estás en mis manos.
Tú abusaste de mí, es verdad.
Me violaste...
Hugo: ¡Auxilio! - ¡y no te importó
arruinar mi vida!
Así que ahora...
[Latigazo]
- ¡Ay!
- ...prepárate,
porque te voy hacer pagar todo lo que me has hecho.
- ¡Ay!
¡Ah!
¡Ah!
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame... ♪
♪ ...despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos ♪
♪ Sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ Bésame... ♪
♪ ...hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy ♪
♪ Y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez despiértame, ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- ¿Por qué te demoraste tanto?
- Estaba averiguando cosas.
Eso de la muerte de Von Sirak
está más misterioso de lo que yo creía.
- ¿Por qué lo dices? ¿Qué pasó?
- Adivina quién corrió con los gastos del entierro.
- ¿Quién?
- Boris Monsalve.
- ¿Y qué tiene eso de raro?
Tú mismo me contaste que Von Sirak había sido amigo
de la familia de Hugo durante años.
- Sí, pero adivina quién estaba con Boris el día del entierro.
- ¿Quién?
- Alcides.
- ¿Qué te pasando, Francisco?
Tú escribiste en tu artículo
que ahora Boris trabaja para Alcides.
- Sí, pero todavía no me convence
que Boris perdió toda la herencia que le dejó Hugo,
que por buena persona
le regresó la hacienda Montenegro a Alcides
si los dos eran enemigos.
- Ay...
ahora estás pensando que quien volvió convertido en Alcides
es en realidad Hugo de Medina que está vivo.
- No, yo no quiero adelantar nada.
Pero la última vez que vi a Alcides
se comportó muy raro.
Y, además,
cuando desapareció tuvo lagunas mentales,
no me convence.
¿Quieres escuchar algo más misterioso?
Volvieron a contratar
a los mismos empleados en la hacienda,
a los mismos.
- Pues entonces,
es hora de hacerle una visita a Alcides,
a ver si ha cambiado tanto como dices.
- Hey, ni se te ocurra.
Recuerda lo que te dijo tu tía Rebeca,
es peligroso que vuelvas a ver a Alcides.
- ¿Voy sola o me acompañas, querido?
¿Hmm?
[Música de suspenso]
- Jacinto me dijo que don Alcides estuvo aquí.
- Ay, Úrsula,
no te alcanzas a imaginar.
Me hizo muchísimas preguntas,
quería saber todo sobre nuestro pasado y...
Úrsula, tuve que decirle que habíamos sido amantes
y que Aurora era hija suya.
Yo sé, pero se lo tuve que decir.
- ¿Aurora hija de don Alcides? Pero ¿por qué hizo eso, señora?
- Porque tenía miedo, Úrsula.
[Llanto de bebé]
Ay, ya, mi amor.
Mi mamá me dijo
que era lo mejor para proteger a la niña.
Yo lo único que quería evitar era que se pusiera violento.
- Está bien, está bien, no se ponga así.
Usted lo hizo por el bien estar de Aurora.
- Ay, fue muy raro.
Quería que le confirmara cosas que nunca pasaron.
Me preguntaba con mucha insistencia,
como con mucha angustia.
[Llanto de bebé]
- Ese hombre está loco, señora.
- Estaba al borde de la desesperación.
Y lo más raro de todo fue que...
Úrsula: ¿Qué pasó? - ...no sé, es que...
como si cuando le dije lo que quería oír
se pusiera muy mal.
Es como si saber que en el pasado
hubiéramos tenido algo juntos,
lo pusiera muy triste.
No sé.
- Don Arturo,
¿puedo hablar con usted?
- No,
no tenemos nada de qué hablar.
- Yo sé que usted no confía en mí
desde que provoqué el pleito en el bar,
pero le aseguro
que puedo serle de mucha utilidad.
- Hércules, quiero que algo te quede muy claro,
si estás en esta casa
es por voluntad de mi madre.
Para mí no eres más que un simple cochero.
- Está bien,
yo nada más quería ayudarlo a encontrar a don Alcides,
porque sé que él le debe un dinero.
Y como yo sé dónde puede estar...
[Música triste]
- ¿Tú y yo fuimos amantes?
- Sí.
Sí.
- Señor, no lo escuché llegar, ¿cómo le fue?
- Ay, Boris...
amigo...
no sé en qué momento se me ocurrió pensar
que esa niña podría ser mi hija.
- Señor, ¿se puede saber qué sucedió?
- Soledad me confesó que ella y Alcides
son los padres naturales de la niña,
y que, además se entendían mucho antes de conocerme.
Boris: Señor, cálmese.
Usted ya sabía eso.
Le puede afectar, mejor piense en su salud.
- Soledad resultó ser mucho peor de lo que yo creía.
Si no fuera por esa niña...
si no fuera por ella,
desaparecería de esta ciudad de una vez y para siempre.
- Eso lo entiendo, don Hugo,
pero estar cerca de la señora Soledad le afecta,
le hace mucho daño.
- Pero esa niña es mi sobrina.
Por eso esa niña ha heredado la enfermedad de mi familia.
Ella no merece sufrir,
ella merece tener una vida normal,
y es mi responsabilidad encontrar una cura.
- Señor, ¿a dónde va?
- Voy al bosque.
Trataré de encontrar esa orquídea azul.
- Lo acompaño.
- No, no,
tú encárgate de encontrar al hijo de Von Sirak.
- Ni se te ocurra seguirlo.
Algún día tienes que darte cuenta, Boris,
que don Hugo no merece tu fidelidad.
Eloísa: Alcides,
entonces, es cierto.
#Cuando me enteré de la noticia de tu regreso
no lo podía creer.
- Disculpe, señorita, pero llevo prisa.
- A-Alcides, espera.
¿Qué pasa?
Estás molesto.
Seguramente te enteraste de mi matrimonio con Arturo,
pero te juro que si tú me lo pides,
yo cancelo la boda.
- Le cuento porque veo que no está enterada.
Estoy padeciendo de lagunas mentales.
- ¿No me recuerdas?
No puede ser...
que hayas olvidado nuestra historia.
- Perdóneme,
pero probablemente con el paso de los días...
recuerde.
Ahora no tengo idea de muchas cosas.
Con permiso.
[Música de suspenso]
Francisco: Eloísa, yo creo que... -
No tenemos tiempo de discutir,
hay mucho que investigar.
Tal vez tengas razón
y no sea Alcides, sino Hugo de Medina.
[♪♪♪]
- Los vals siempre le gustaron a mi amada Eva.
[Música de vals]
¿Bailamos?
- No, no, no, doctor, no. ¿Enseñarlo a bailar?
Eso no estaba en mi contrato. No señor.
- ¡Deja de pensar en el dinero!
- ¡No, doctor! No se enoje.
Tranquilo,
vamos a bailar.
A mí me encanta bailar.
[Música de vals]
Guillermo: Qué poco me querías, Helena Burke.
Solo necesitaste una pelea
para lanzarte en brazos de otro hombre.
A partir de este instante, Helena Burke,
me dedicaré a olvidarte.
- Ese e¿qué hará aquí?ebeca,
- Supe que Soledad había tenido una hermosa bebé y, bueno,
quise traerle este regalo.
- Eres muy amable.
Pasa, por favor.
- Gracias.
- Pero, ¿cómo te enteraste tan rápido?
- Fue tu empleada,
habló de eso en el mercado.
Tú sabes cómo son las sirvientas.
- Sí, entiendo.
Lucas, ven a saludar a Rebeca.
- Rebeca...
¿cómo estás?
- Muy bien, gracias.
- ¿Y eso?
Oh, ay, pero ¿qué es esto?
Es la peluca de la dama misteriosa.
Entonces...
Rebeca es la dama misteriosa.
[Música de suspenso]
Ella es quien está enredando a mi hermano.
[Caballo relincha]
[Música de suspenso]
- ¡Úrsula!
Quién sabe qué se hizo esa muchacha.
- Voy a traer a la niña.
- No, yo voy.
Espérame un momento, voy a traer a mi nieta.
- Sí.
- Esther...
Rebeca: ¿Qué pasa, Lucas?
Te siento muy nervioso.
Tienes que controlarte,
tu esposa no se va a dar cuenta que yo soy la dama misteriosa.
Además, me encantó lo que hiciste el otro día.
- Ni lo menciones, por favor, Rebeca. Ni lo menciones.
- Está bien.
Está bien, cálmate.
Si quieres, podemos cambiar de tema.
- Yo te lo agradecería.
- Y, bueno, Lucas, ¿has sabido algo de Enrico?
Tú sabes, mi situación ha mejorado mucho y, bueno,
él fue como un hijo para Jeremías.
- Ya sabes que él viene de vez en vez a ver a mi hija.
En cuanto le vea, te avisaré.
- Eres un buen hombre, Lucas.
Lástima que no pueda pasar algo...
más entre tú y yo.
[Música misteriosa]
- No puede ser,
no hay ni una sola flor.
- ¿Creíste que no te iba a encontrar, Alcides?
Gira lentamente.
[Música de suspenso]
Tenemos un asunto que resolver,
y cuanto antes, mejor.
- Muchas gracias por tu visita
y por el regalo que le trajiste a Aurora.
- De nuevo, felicitaciones. Tu bebé está muy hermosa.
Gracias por todo, Esther.
Bueno, debo irme.
- Gracias a ti, Rebeca.
- Bueno, yo creo que me voy mejor a ver a la niña.
De pronto quiere comer algo allá.
Esther: Yo te acompaño, hija.
Soledad: ¿Vamos? Esther: Vamos.
[Ininteligible]
- Esto es el colmo, Lucas.
Estoy segura que estás enredado con esa mujer.
- No podré vivir con esta pena.
No me alcanzará la vida
para olvidar a mi gatita Helena Burke.
Tengo que matarme.
Voy a matarme.
[Disparo]
¡Ah!
[Quejidos]
Muerto soy.
¡Ah! ¡Ah!
¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
Muerto soy. Gracias, mano amiga,
que vino a decirme la claridad
en esta fosa...
no tengo nada.
Pero...
escuché un disparo.
- Encontré a este a unos cuantos metros de aquí.
Nos estaba siguiendo, señor.
- ¿Qué haces andando con el que fue
hombre de confianza de tu hermano?
No me digas que hasta en eso lo quieres imitar.
- No seas imbécil.
Boris me vendió la hacienda que era de mi hermano,
ahora trabaja para mí.
- Ah...
y supongo que le compraste esa hacienda
con el dinero que me debías.
- No sé de qué demonios hablas.
- Yo no me trago el cuento de que perdiste la memoria.
Pero si fue así,
te voy a ayudar a recuperar tus recuerdos...
y tú me vas a ayudar a recuperar mi dinero.
Y tú...
[Boris se queja]
...¿qué haces con Alcides de Medina?
Boris: Es mi patrón.
Tengo que seguirlo a donde va.
- Estás ratas se venden a cualquiera.
Supongo...
que no molestará si lo mato aquí mismo, ¿no?
[Arturo amartilla arma]
- Haz lo que te plazca.
- No estoy jugando.
Vamos a comenzar con él
y después vamos a seguir contigo.
Hércules,
ya sabes lo que tienes que hacer.
[Música tensa]
- No, Antonia, no es lo que tú piensas.
Entre Rebeca y yo, no hay nada.
- No soy tonta como tú crees, Lucas.
Se que tienes un enredo con esa mujer.
Yo te descubrí.
¿Cómo pudiste hacerlo, Lucas?
Siempre creí que tenía un hermano digno, recto,
¡pero no!
Eres un descarado,
traes a tu amante a tu propia casa.
- No, no, no, todo tiene una explicación.
- Escuche a su hermano,
las cosas no son como parecen.
- Tú te callas.
- ¡Basta, Antonia, basta!
Además, estás imaginando cosas.
Entre Rebeca yo solamente hubo un beso, ya...
- ¡Eres un cínico!
Esther: ¿Qué pasa?
¿Por qué discuten?
- No, Esther,
estábamos hablando con Úrsula
y llegamos a un acuerdo.
Úrsula se va de esta casa.
- ¿Qué?
Úrsula cree conveniente no seguir aquí
después de todas las veces
que ha puesto en peligro la vida de Soledad,
¿no es así, Úrsula?
Arturo: ¿Dónde está el dinero que me debes?
Habla,
o nunca vas a olvidar la forma en que te hice recordarlo.
- Tenemos que hacer algo, Francisco.
- Ay, cómo crees, estás loca.
Ven acá. Cálmate.
Si Arturo se da cuenta que defiendes a Alcides,
te hará muchas preguntas
y te meterás en grandes problemas.
Así que mejor vámonos.
Calladita, calladita.
[Quejidos]
Ven acá.
Vámonos.
Arturo: No me voy a compadecer de ti.
Voy a acabar contigo de una vez...
para siempre.
[Relincho]
- No entiendo por qué tomaste esa decisión, Úrsula.
Es cierto que últimamente te has equivocado,
pero no es necesario que te vayas.
Tú has estado toda la vida...
- Es lo mejor para todos, doña Esther.
Antonia: Claro que sí.
Úrsula ha puesto en peligro la vida de Soledad
no solo una vez,
sino en diferentes ocasiones.
No es bueno que continúe al lado de Soledad,
y menos ahora que ella tiene una criatura recién nacida.
Esther: Lamento mucho que te vayas, Úrsula.
Lo único bueno
es que tú misma reconoces
que tú y mi hija juntas son un peligro.
- Ahora lo importante es que dejes esta casa
sin que Soledad se entere,
para hacer las cosas menos difíciles para todos.
- No, no, no,
Úrsula no se va de esta casa.
No es justo.
- No, no, no se preocupe, no se preocupe, don Lucas.
La señorita Antonia tiene razón,
yo he sido responsable de muchas de las cosas
que han pasado en esta casa.
Me voy a empacar.
Lucas: Ú-Úrsula...
- Voy a recostarme un rato.
- ¿Cómo pudiste, Antonia?
La pobre Úrsula no tiene culpa de lo que hice.
- Tan solo estoy sacando
las malas influencias de esta casa.
No voy a contarle a Esther sobre tu pecado, Lucas,
pero ten mucho cuidado con tus acciones,
porque estás manchando nuestro apellido.
Hércules: Arrodíllese.
¡Arrodíllese!
Lo siento, Boris,
no tengo nada contra usted,
pero debo cumplir las órdenes de mi jefe.
Guillermo: ¡Ah! - ¡Ah!
[Música de suspenso]
- Ay, madre mía,
don Boris,
creo que lo maté.
Boris: Gracias, Guillermo.
Desátame.
- Eh, sí. Sí, señor.
- Necesitamos irnos de aquí.
- Úrsula,
no puedo permitir que te vayas.
- Deje las cosas así, don Lucas.
Ahora lo importante es esta familia.
La señora Soledad ha sufrido mucho
y no puede enterarse de lo mal que está su matrimonio.
- No, no, no,
pero es que no te puedes ir por mi culpa.
Sería un acto de cobardía que yo dejara las cosas así.
No. - Don Lucas, don Lucas,
no se culpe más.
Yo, yo sé que usted se equivocó,
pero ya se arrepintió y las cosas están cambiando.
Así usted no quiera, yo me voy a ir.
No compliquemos más las cosas.
Don Lucas...
cuide,
cuide a mi niña
y a la pequeña Aurora.
- Úrsula, adiós.
[Música triste]
- No sé en qué problemas anda metido, Boris,
pero no iba a permitir que lo mataran en mis narices,
¡ja!
- Me salvaste la vida, Burke.
- Gracias.
Te voy a estar agradecido siempre.
- Siempre para servirlo, señor Boris.
- Boris,
¿estás bien?
Boris: Sí, señor.
Burke me salvó la vida.
- ¿Por qué te salvó?
Bien hecho, Burke.
- Gracias, señor.
- Vamos, Boris.
- Ahora trabajo para don Alcides.
- ¿Qué?
No, ahora todos traicionan a todos.
Hasta mi gatita me traicionó, señor.
[Relincho]
¡Y que conste que si no terminé lo que vine a hacer
aquí en ese precipicio,
fue por ustedes se me atravesaron en el camino!
#¡No por cobardía!
Mejor me voy,
porque termino matándome.
Tengo que ir detrás de ellos.
¡Espérenme!
- ¿Qué estupidez hiciste?
¡Debiste dejarme ayudar a Alcides!
¡En este momento puede estar en problemas!
- ¡No me importa lo que le pase a ese imbécil!
¡Me importa más salvar tu vida!
- ¡Y quién te pidió que lo hicieras!
- ¡Bueno, qué querías que hiciera!
¿Que Arturo se diera cuenta
que estás interesada en Alcides?
Ellos son capaces de matarte.
- Estoy harta que tú y mi tía se estén metiendo en mis cosas.
Por tu culpa Alcides
puede estar muerto en este momento.
¡Deja de controlarme!
- ¡Bueno, qué es lo que pasa contigo!
¿Qué es lo que no entiendes?
¡Cómo quieres que te lo diga!
¡Que me importas, oh!
Porque te amo.
- Se va a arrepentir, señora,
de cometer una injusticia.
Pero esto no se queda así.
- Enrico,
Enrico, cállate, que tú no sabes
lo que está pasando en esta casa.
- Ya vi lo necesario.
¿Y ahora qué vas, Úrsula?
- No sé, supongo
que buscar trabajo en otra parte.
- Te puedes quedar en mi casa.
No es muy grande,
pero nos podemos acomodar mientras buscas un nuevo hogar.
- Gracias por tus buenas intenciones, Enrico, pero...
no estaría bien
que yo me quedara con un hombre que vive solo.
- Úrsula, yo soy muy respetuoso.
- Adiós, Enrico.
- Úrsula,
¿no te vas a despedir de Soledad?
- No puedo.
Soledad: Úrsula...
Ah, Úrsula,
te estaba buscando.
¿Por qué llevas una maleta?
[Música tensa]
- ¡Eres un imbécil, no te burles de mí!
- ¡No me estoy burlando!
¿Que no te das cuenta?
Estoy enamorado de ti, te amo.
¡Y ya me cansé de este juego!
Estoy cansado que te vendas por dinero.
- Estúpido.
De cuándo acá crees que yo voy a hacer
lo que tú quieres que haga.
¡Ya te dije que entre nosotros no puede haber nada, Francisco!
- Me lo has dicho veinte veces.
Pero, por Dios,
ya, es suficiente.
Estoy cansado de ofrecerte.
Soy un hombre con sentimientos,
¿no lo ves?
- No me interesa.
Yo no busco un hombre como tú,
quiero un hombre con dinero que me dé seguridad.
No sé sea Alcides o Arturo.
- A mí no me engañas.
¿Quién te dice que Alcides tiene dinero?
¿Qué tal si es un pobretón?
Tú estás buscando otra cosa,
te conozco.
- Pues si tanto me conoces,
deberías darte cuenta que Alcides me encanta,
que es hombre lleno de pasión,
que me ha hecho sentir en la cama como nadie.
[Caballo relincha]
- Mira,
Alcides sobrevivió.
Y va con Boris.
- ¡Espéreme, señor!
¡Espéreme...!
[Guillermo se queja]
- Lo que no entiendo qué hace Guillermo Burke con ellos.
- ¿Te diste cuenta que hace un rato
a Alcides no le importó lo que le pasara a Boris?
Ahí está.
Si fuera Hugo, no se hubiera comportado así.
- Puede ser.
Pero necesito estar seguro quién es realmente.
Tal vez con mis averiguaciones
algún día seré rico,
y espero, Eloísa, que esta vez sí te fijes en mí.
Vamos, Querubín, muévete.
[Caballo relincha]
- ¿Úrsula?
¿Te pasa algo?
- Soledad.
- ¿Por qué llevas esa maleta?
- Úrsula estuvo de acuerdo en que debe irse de la casa.
Ha sido muy irresponsable
al secundarte con tantas locuras
y no podemos tolerar esta indisciplina.
- Mamá, no, no, no, espera,
todo lo que Úrsula ha hecho
es porque yo le pedí que lo hiciera.
Por favor, mamá,
esto es una injusticia.
Yo no voy a permitir que Úrsula se vaya de acá.
- Es una decisión que ya se tomó, Soledad.
Soledad: ¡No!
¡No lo voy a aceptar, mamá!
Es que Úrsula es como si fuera mi hermana,
tú no entiendes.
¡Úrsula!
¡Úrsula!
- Cálmate, Soledad.
- Úrsula...
[Música triste]
Boris: Yo estoy bien,
mejor atiende a don Hugo.
- No, Boris, no hace falta.
- Señor...
señor, no se desanime.
Mañana muy temprano podemos ir los dos a buscarla.
- Es inútil, Boris.
Estuve para frente al árbol que conocí desde que era niño.
Yo tenía una sola de esas orquídeas.
- No sabe cuánto lo siento, señor.
- Pero debe existir alguna noticia de esa flor
en alguna parte del mundo,
porque de lo contrario, nuestra única esperanza
sería encontrar al hijo de Von Sirak y...
- Habla como si no tuviera ninguna otra razón para vivir,
patrón.
- No la tengo, Marina.
- Y, entonces, ¿qué piensa hacer?
¿Encerrarse en estas cuatro paredes
a esperar la muerte
y de paso arrastrarnos a nosotros dos en su amargura?
- Marina, ¿cómo te atreves?
- Con su permiso. Boris: Marina.
Marina: Hmm. - Marina.
- Boris...
- Eso no queda así, señor.
- ...mejor alístate,
tenemos que salir y necesito que vengas conmigo.
- Con permiso.
[Marina solloza]
- Haré lo que sea con tal de salvarnos de esta locura.
Usted no va a acabar con nosotros, don Hugo,
así tenga que traicionarlo.
- Arturo, ¿qué, qué te pasó?
- Nada,
tuve una pequeña riña,
pero nada que...
tus besos no me puedan curar.
- ¿Pasa algo?
- Con los preparativos de la boda
he estado muy agotada
y algo pensativa.
- Es comprensible,
son muchos los detalles que has tenido que cuidar.
Pero cuando nos casemos
todo eso se va a terminar, vas a tener una vida tranquila,
feliz.
- Justamente de eso quería hablar contigo, Arturo.
Hay algo que quiero pedirte,
pero, por favor,
necesito que te armes de paciencia para escucharme.
Eh...
quisiera que...
aplazáramos la fecha de la boda.
- ¿Qué?
- Me parece que ha sido una decisión muy apresurada y,
y no estoy preparada para casarme contigo, Arturo.
Al menos no por ahora.
- Ha estado muy callado desde que salimos de la casa,
¿se siente bien?
- Siento como si una venda se hubiera caído de mis ojos.
Hoy pude ver la verdad que siempre estuvo ante mí
y nunca quise asumir.
Boris: Debió ser muy duro escuchar
de los propios labios de la señorita Soledad
que ese bebé era de su hermano Alcides.
- El destino trató de decírmelo de muchas maneras...
y hoy por fin lo entendí.
Soledad nunca fue una buena persona.
- Lo siento mucho, señor.
Yo sé que usted también tenía una esperanza en ese amor.
- Ahora sé cómo son las cosas, Boris.
Ahora un nuevo sentimiento ha nacido en mi corazón.
- ¿De qué sentimiento habla, don Hugo?
- Ya no me cabe la menor duda...
que lo que siento por Soledad es un odio profundo.
Ella y todos los que me hicieron daño
deben pagar.
[Música tensa]
- Hija,
yo sé que la ida de Úrsula es muy dolorosa para ti,
pero todas sabemos que es mejor que tú y ella no estén juntas.
- Mamá, yo no me puedo resignar a perder a Úrsula.
Es que tú no entiendes,
Úrsula es como una hermana para mí,
ha estado casi toda mi vida conmigo, mamá.
Es parte de mi familia.
- No pienses más en Úrsula.
Ahora quien te necesita es tu hija,
ella no puede vivir sin ti.
- Aurora...
¿Aurora?
Ay, ¿quién se llevó a mi hija, mamá?
Se llevaron a mi hija.
¡Quién se llevó a Aurora!
♪ Por fin te tengo, pequeña. ♪
Gracias a ti,
mi amada Eva va a regresar conmigo.
[Max ríe]
[Max tararea]
Alcides: Esa tumba es otra prueba
del desamor de Soledad.
- Desde que dejaron de cuidarla los hombres que contraté,
señor,
se ve que nadie más se ha parado por aquí.
- Nadie más volverá a burlarse de mi memoria.
Voy a vengarme de todos,
y empezaré por ella.
Se va a arrepentir de haberme traicionado.
[♪♪♪]
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.