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Original subtitles

[Llanto de bebé] [Truenos]

Soledad: Entrégueme a mi hija, doctor.

[Llanto de bebé]

Alcides: Qué eres hermosa eres, bebé.

[Llanto de bebé]

Qué hermosa eres. - Sabía que eras tú.

[Llanto de bebé]

- Sabía que eras tú.

- No soy Hugo.

[Música de suspenso].

- Alcides.

[Llanto de bebé]

No puede ser.

- El doctor dijo que le pasó algo a la bebé

cuando estuvo en tu vientre.

Soledad: [Susurrando] Ahí estás.

- ¿A qué se refería, Soledad?

- El doctor...

cuando me vio que estaba sufriendo y que...

y que algo estaba pasando con la bebé,

él dijo que había muerto...

que su corazón había dejado de latir,

pero no es así.

- Era lo que me temía. - ¿Qué dijiste?

- Que ahora tienes que cuidar a tu hija.

Soledad: Hola, hola.

Qué hermosa eres. - O nuestra hija.

Soledad: Eres hermosa.

[Llanto de bebé]

Te soñé tantas veces, mi amor .

Alcides.

No me gusta que digas que es tu hija,

porque tú sabes perfectamente que es hija de Hugo.

¿Alcides?

- Si me haces daño, nunca sabrás quién eres.

- Necesito saber quién soy.

- Te prometo que te lo diré,

pero antes tienes que confiar en mí.

Yo te conozco de antes.

- ¿De antes?

[Piano]

¿Usted forma parte de mi pasado?

- Sí, yo soy parte de tu pasado.

Y ahora necesito que me des uno de esos.

[Fuego crepita]

- ¿Y por qué habría de darle lo único que tengo

a alguien que no conozco?

- Lo necesito para hacer algunas cosas

en tu propio beneficio.

Te prometo que mañana tu vida será otra.

Yo estoy aquí para ayudarte.

[Fuego crepita]

[Música de suspenso]

[Música triste]

- Ay, por qué, Dios mío.

¿Por qué el destino se empeña en acercarme a Soledad?

Yo quiero hacer mi vida lejos de ella.

Yo quiero hacer mi propia vida.

[Música triste]

Ahora lo único que debe importarme es

encontrar a Von Sirak.

Max: Quieto.

A mí no me no me engaña. Alcides: ¿Qué pasa, doctor?

- Usted no es Alcides.

Siempre sospeché que Hugo de Medina

no había sido muerto por su hermano.

- Guarde ese sable, doctor, o le va a pesar.

Guárdelo.

[Música de suspenso]

[Golpes a la puerta]

- Hemos venido a buscar a mi hija.

Supimos que está aquí.

- La señora Soledad está aquí, ya tuvo su bebé.

[Esther suspira]

Es una niña.

Don Alcides la trajo.

- ¿Cómo?

¿Qué dice, doctor? Eso no puede ser.

- Él está...í.

- ¿Está qué, doctor?

¿Qué es lo que iba a decir?

[Ruidos diversos]

[Suspiro]

- Ni te imaginas lo que te espera, Alcides.

Llegaste a mí como un regalo del cielo.

Voy a hacerte pagar por todo lo que me has hecho.

- Es linda, hija.

Frágil y tierna como tú.

- Es hermosa.

Es un milagro que no te pasara nada, hija.

Salir de la casa de esa manera fue una imprudencia muy grande.

- Salí porque tenía que encontrar al dr. Sirak,

y, luego, cuando llegué a la estación

me pareció ver a Hugo, por eso decidí regresarme.

- ¿Hmm?

¿Y por eso desapareciste?

Te buscamos por toda la estación,

estábamos preocupados por ti.

¿Dónde te metiste, ah?

- Caminé por las vías, luego llegué al bosque y,

y me empecé a sentir mal, por eso...

no sé qué fue lo que pasó.

Me desmayé y, y después aquí estoy.

- Max nos dijo que Alcides te trajo.

- Obviamente eso no es verdad.

Seguramente se confundió,

porque no es posible que Alcides esté...

Soledad: Mamá.

Alcides fue quien me trajo.

Alcides está vivo.

[Conversaciones a lo lejos]

Boris: ¿Quién?

- Hugo.

- Señor.

- Qué bueno que apareció, patrón.

Estábamos muy preocupados por usted.

- Señor, no se imagina todo lo que ha pasado.

- Estoy enterado.

Von Sirak fue asesinado...

Pobre doctor.

- El doctor alcanzó a dejar algo dicho

antes de morir para usted.

- ¿Qué dijo?

- Él mencionó que tenía un hijo que también era médico

y que estaba al tanto de sus investigaciones,

que era tan importante como lo era él.

- Pero no tenemos más datos de él, patrón.

- No sabía que Von Sirak tuviese un hijo.

[Suspiro]

Es una pena.

Lo vamos a extrañar. Von Sirak era un gran hombre.

Además, era un gran científico.

- Usted incumplió el pacto.

Debió aprovechar que la niña de Soledad nació aquí

y decirle que estaba muerta.

- No se pudo hacer, señorita Antonia.

Todo se complicó con la presencia de Alcides.

- Hay que buscar la oportunidad de quitarle a la bebé.

- Tal vez,

podemos inventar que alguien se la robó.

- Ahora hay que hacerlo lo más pronto posible,

porque esa criatura trae consigo una mala semilla.

Quiero que desaparezca de mi familia,

y entre más pronto, mucho mejor.

- Espero que tenga razón, señor de Morales.

- De todas maneras no tiene pruebas en contra de ellos,

así que, ya sea hoy o mañana,

los tendrá que dejar en libertad.

- Por ahora,

voy a dejarlos libres por ahora,

porque estoy seguro que ellos tuvieron que ver

en la desviación del tren y voy a demostrarlo.

- Sí, tal vez tenga razón, pero creo que es más importante

el rumor que existe que Alcides esté vivo que eso.

Solo piénselo, piénselo un momento.

Si eso es verdad, señor inspector,

podrá atrapar a un pez muy gordo.

Y la fama que va a tener...

- Eso me tiene sin cuidado, señor periodista.

- Yo sé, pero el nombre suyo en los periódicos, el éxito.

- Pero en algo tal vez tenga razón.

Alcides de Medina intentó matar a Soledad de Obregón,

y si está vivo, tendrá que ir a la horca por lo que hizo.

- Ay, estoy de acuerdo en eso.

- Muchas gracias, por fin hay justicia en este país...

Ya nos vamos, muchísimas gracias por su hospedaje.

- Muy mala la comida.

- Agradezcan que esta vez tuvieron suerte.

Guillermo: Ay.

- Y agradezca que nosotros no lo denunciamos

¡por abuso a la autoridad, descarado, atrevido!

Francisco: Gracias, señor inspector.

Guillermo: Vámonos.

- Un momento, ustedes regresen a su lugar.

[Al unísono] Ay...

- ¿Y ahora qué? ¿Qué se le ofrece, señor?

Francisco: Silencio.

Escuchen, si están libres, es por mi ayuda.

Yo convencí al señor inspector,

así que necesito un pequeño favor de ustedes dos.

Quiero hacerles...

una entrevista.

- Muchísimas gracias, señor, soy un hombre muy ocupado.

Somos comerciantes independientes,

tenemos que ir a atender nuestro negocio.

No hacemos entrevistas gratis.

- ¡Señores!

- Fue hermoso sostener a esa niña en mis azos.

Es tan frágil, tan...

[Suspiro]

Casi perfecta.

- Los bebés siempre nos despiertan

esos sentimientos de ternura, don Hugo.

Usted no podía ser la excepción.

- Pero, sin embargo, esa propia niña...

es la prueba viviente del pecado de Soledad

con mi hermano.

- No piense en eso, don Hugo.

Por qué mejor no nos dice qué tiene pensado hacer

ahora que mucha gente lo ha visto

y lo ha confundido precisamente con su hermano.

- Nos iremos a San Marino.

La noticia de mi aparición

no tardará en esparcirse rápidamente.

- Disculpe, patrón.

Pero San Marino queda muy cerca y puede ser peligroso.

¿Por qué mejor no nos vamos a Alcalá?

- Perdone que opine, señor,

pero creo que, esta vez, Marina tiene razón.

[Piano]

Además,

con el nacimiento de su sobrina ya hemos cumplido

con el propósito del viaje, ¿no cree?

- Te equivocas.

Ahora es que todo comienza.

La hija de Soledad padece de catalepsia.

Nos iremos a San Marino.

Desde ahí, buscaremos al hijo de Von Sirak.

- Nos podemos esconder en la mansión Montenegro.

- Eso sería perfecto,

pero, seguramente, Soledad la vendió.

Boris: Se equivoca, don Hugo.

Hace...

hace algunos meses la señora Soledad...

me vendió la mansión Montenegro en una cantidad insignificante.

- ¿Qué dices?

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪ ♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame... ♪ ♪ Sálvame. ♪

♪ Despiértame otra vez. ♪ ♪ Otra vez. ♪

♪ Temo cerrar los ojos ♪

♪ Sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ No. ♪

♪ Bésame... ♪ ♪ Bésame. ♪

♪ Hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy ♪ ♪ Y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez despiértame, ♪

♪ No te puedo perder. ♪

[Caballo relincha].

- Que no estoy mintiendo, lo vimos muy claro.

Era don Alcides.

- No, don Paquito, no le ponga atención.

Vimos claramente que era el fantasma de don Alcides,

que en paz descanse.

- Ay, qué fantasma ni que nada, yo lo vi muy claro,

por lo menos yo.

- No, tú no viste nada, porque tú, últimamente,

no estás viendo claro, Guillermo.

Tú te estás quedando ciego. - ¡Bueno, bueno, ya, ya, ya!

¡Cállense!

¡Parecen un par de cotorras!

Guillermo: ¿Qué? - Esto es muy serio.

A ver, señor. Por favor, dígame.

Por lo menos, ¿cómo iba vestido?

- Eso,Eh, como siempre.lo.

Muy elegantemente vestido con un traje rojo...

- ¡No, iba con...!

Perdón, pero no iba con un traje rojo.

- ¿Para qué faltamos a la verdad?

Iba con un traje oscuro, muy lúgubre,..

para ser más exacta, parecía un diablo.

- ¡Ay, qué diablo ni que nada!

No, señora, era rojo el color del vestido.

Helena: No, no era rojo.

Guillermo, tú últimamente te estás quedando ciego,

tú no ves nada con claridad y, después, alegas que viste.

- Ay. - No.

Mira, tú, últimamente, te estás quedando daltónico.

Guillermo: ¿Eh? ¡Más daltónica lo serás tú?

¡Y cuida tus palabras, nunca me habían

faltado el respeto ni me habían dicho semejante insulto!

- Yo, yo no te estoy insultando, Guillermo.

Daltónico no es insulto, mi amor.

Daltónico es una persona que problemas con la visión.

- Soledad te vendió la hacienda Montenegro.

- Estábamos

esperando el momento indicado para decírselo, señor.

- ¿Cómo pudiste ocultarme algo así?

No sabes cuánto me decepcionas.

- Si no le dijimos nada, patrón,

fue para evitar verlo sufrir.

Usted ya había tenido suficiente con saber

que Soledad estaba embarazada de su propio hermano.

- La señora Soledad...

me la dio como pago de las deudas de su hermano

que yo le ayudé a liquidar, señor.

- Esa hacienda vale mucho más que las deudas de Alcides.

[Música de suspenso]

No quiero que vuelvan a ocultarme nada.

Baja a la recepción y encárgate de nuestra salida.

Nos vamos inmediatamente.

- Permiso, señor.

[Música de suspenso]

[Ruidos diversos]

- Señora Soledad.

¿Usted está segura de que vio a don Alcides en la estación?

¿Cómo pudo haber sobrevivido a la explosión en la mina?

- No sé.

No sé cómo sobrevivió.

Es más, por un momento,

yo llegué a pensar que se podía tratar de Hugo, pero no, no.

¿Sabes qué? Es tan extraño...

Alcides es otra persona.

Aunque hay resentimiento en su mirada,

ya no se porta como el Alcides que yo conocí.

Además, me parece tan raro que haya querido ayudarme,

que me haya salvado la vida,

que haya estado conmigo todo este tiempo,

que me haya llevado al doctor, no sé.

- Yo tampoco entiendo.

- ¿Por qué no tocas ahora, Guillermo?

Tú me debes una función,

y a todos nos caería bien que tocara una vez más.

Margot: Ajá. - ¿Qué opinan ustedes?

Todos: [Al unísono] ¡Sí!

[Aplausos y chiflidos]

- Está bien, voy por mi violín.

- ¡Eso!

[Ovación]

Helena: Ni se te ocurra.

- No me digas, Guillermo,

que ahora te dejas manipular por tu exmujer.

- Ninguna exmujer.

Para tu información Guillermo y yo ya volvimos.

- Ah.

- Bueno, razón de más para celebrar, gatica.

Voy por mi violín.

- No te preocupes, cariño, yo voy por él.

- Si tú te subes a ese escenario con un violín,

olvídate de mí, Guillermo.

- Aquí tienes tu violín.

- Gracias, Margot.

Margot: Artista.

- No me gusta que las mujeres me manejen.

- De acuerdo.

Público: ¡Bravo!

[Aplausos]

- Déjeme ver.

Sí hay un hombre registrado con el nombre Sebastián Montes,

y concuerda con la descripción que usted me da.

- Sebastián Montes.

Hmm, qué interesante.

Max: Helena.

[Violín]

Nunca te había visto tan triste.

¿Así de mal están las cosas con Burke?

Pero yo te puedo ofrecer algo...

con lo cual serás muy feliz.

- ¿Usted quién se cree, ah? ¿Usted quién cree que soy yo?

No, a mí me respeta. Usted lo único que es, e..

- No, no te confundas.

Te estoy ofreciendo es un buen negocio.

Necesito alguien que cuide de una bebé.

-¿Una bebé?

- Se trata de la hija de una sobrina.

- No, no cuente conmigo, doctor, no.

No, además, a mí no me gustan los niños

y yo ya tengo trabajo.

- No me respondas ahora.

Piénsalo, te puedo pagar un buen dinero.

Más aun, te pagaré lo que tú digas.

- Don Hugo...

Tenemos problemas, señor. - ¿Qué pasa?

- El periodista Francisco de Morales

está indagando sobre usted.

Lo acabo de ver hablando con el portero del hotel.

[Ruidos diversos]

Francisco: Vaya, vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí.

Hmm, qué curioso.

Llegué a pensar que los Burke me habían dicho una mentira.

Estuve indagando por todos los hoteles de la ciudad

preguntando por una persona con tus...

características.

Y me dijeron de un tal Sebastián Montes.

¿Ahora te llamas así, Alcides?

Porque si es así, qué gran noticia tengo.

¿Te puedes imaginar cuando toda la ciudad se entere?

Escucha este titular,

Alcides de Medina está vivo,

y está acompañado por Boris y Marina.

[Francisco ríe irónicamente]

[Música de suspenso]

- ¿Qué quiere, periodista?

- Vamos, Alcides,

no tienes por qué tratarme así como si no me conocieras.

Tú y yo hemos hecho negociaciones en el pasado,

¿o no lo recuerdas?

- Hay muchas cosas que aún no recuerdo.

Cuando salí de la mina pasé un verdadero infierno,

estuve como tres meses sin memoria.

- Ah, ya veo, pero regresaste con dinero,

porque ese asunto que te robaron

la herencia de tu hermano Hugo sabemos que es mentira.

Solo lo utilizaste para pagar tus deudas, ¿no es así?

[Conversaciones a lo lejos]

- No lo recuerdo.

- Bueno, explícame otra cosa que no entiendo.

¿Me quieres decir qué hacen ellos dos contigo,

si se suponía eran sirvientes leales de tu hermano

y enemigos tuyos?

- Perdí la fortuna que heredé de don Hugo,

por eso estoy trabajando para don Alcides.

- Este irresponsable se gastó todo el dinero en mujeres

y juegos de póker.

- Lo único que me quedaba era la hacienda que...

la hacienda que negocié con la señora Soledad.

- Sí, lo sé.

fue una negociación ventajosa para usted.

- Una negociación que nunca debieron hacer,

porque yo estoy vivo.

Sin embargo, llegamos a un acuerdo.

yo no los demando, ellos me devuelven la hacienda

y, a cambio, trabajarán para mí.

- Le aseguro una cosa, Alcides...

Nos volveremos a ver.

[Música de tensión]

Perdió la memoria, sí, cómo no.

¿Quién de los hermanos eres?

¿Quién?

[Ruidos diversos]

Antonia: No deberías amamantar a la niña.

Mejor permite que consigamos una nodriza,

eso es lo que hacen todas las familias.

- Yo lo quiero hacer, tía.

Yo quiero estar con mi hija el mayor tiempo que pueda

y eso me hace feliz.

- Señorita Antonia, en mi casa,

mi mamá nos amamantó a todos hasta que fuimos grandes.

- Está bien, sobrina, será como tú digas.

Ahora descansa.

- [Susurrando] Gracias.

[Suspiro]

[Música de suspenso]

- Eres una mala influencia para mi sobrina,

siempre metiéndole cosas raras en la cabeza.

Ya verás cómo te alejo de ella.

[Música de suspenso]

- Mañana a primera hora la noticia de su aparición

ya habrá dado la vuelta a toda la región, señor.

- Esperemos que ese periodista haya creído lo que inventamos.

[Caballo resopla]

Sobre todo que Alcides tiene problemas de memoria.

- Perdón.

Patrón, no es por preocuparlo, pero

ese periodista siempre se sale con la suya.

[Conversaciones a lo lejos]

- Yo si mal no recuerdo, hace algún tiempo,

lo escuché hablar con Eloísa Renán.

No me pareció que tuviera modales tan delicados.

- Si es necesario, lo seguiré, señor.

Tal vez logre descubrir algo que nos ayude

a mantenerlo callado.

- Investígalo.

[Trino]

Hombre: Como verá, esta cabaña es amplia y confortable.

- Sí, es cierto.

Y me encanta que esté alejada de la ciudad.

Hombre: ¿Usted va a estar aquí sola?

- No, voy a vivir con mi esposo.

Nos acabamos de casar,

y justamente estábamos buscando un lugar así,

tranquilo, como este para empezar a vivir nuestro amor.

- Pues, este es el lugar perfecto.

- Hmm.

- Y le aseguro que aquí van a estar muy felices.

- Mire.

Aquí tiene un adelanto de varios meses de renta,

pero me tiene que prometer

que nadie nos va a molestar mientras estemos aquí.

- Ah, no, tranquila. Cuente con eso.

Que tenga un buen día.

- Hasta luego.

[Suspiro]

Mira qué bien me sirvió tu anillo, Alcides.

Tú mismo vas a pagar por la cárcel en la que vas a vivir.

[Música divertida]

- ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Don Boris!

Ah...

¿Qué, qué hace usted aquí?

- Más bien, ¿qué haces tú aquí, Helena?

Te advertí que no podías usar la habitación principal.

¿Se puede saber por qué no me obedeciste, Helena?

[Balbuceo] - Señor...

Boris: ¿Se puede saber?

- Las habitaciones de abajo son muy frías y muy húmedas.

Y si duermo allá, pues, me puede dar una,

una pulmonía o una neumonía.

Y, y yo soy muy responsable con mi...

[Suena metal]

Boris: Helena...

Helena: Perdón... - Recoge eso, por favor.

Helena: Perdón, sí. - Recoge eso rápido, por favor.

- Sí, señor.

Está muy, muy pesado y, y se me enredó el sombrero acá.

Sí, señor. Ya, ya, ya.

Sí, señor.

- Mira, Helena, a mí no me tomas el pelo.

Mejor vete de una vez. ¡Ya vete!

- Pero, señor, usted no me puede correr así como así.

Yo he trabajado durante un mes de manera muy ardua

Y, y, y,

además, don Boris, usted sabe que he estado

mostrando la casa

a diferentes clientes... - ¿Por qué eres tan mentirosa?

Mira lo que encontré atrás de las flores del jardín.

- Eh, no, no, se acabó de caer con la tormenta.

- Si no quieres tener más líos con la policía, vete.

- No, no, don Boris.

- Escúcheme, por favor... - Por favor, vete.

Don Hugo,

perdone que lo hayamos hecho pasar por todo esto, señor.

- Ya lo hecho, hecho está.

Ahora hay que darle cristiana sepultura al doctor Von Sirak.

Quiero que vayas con la policía y averigües qué pasó,

su muerte no puede quedar impune.

[Trino]

- No sé qué estás esperando para echar a Úrsula de la casa.

Ella es la culpable de que Soledad

se haya escapado ayer.

- Ahora que nació Aurora,

Soledad necesita alguien que le ayude con la bebita.

- Si es para cuidar a Soledad y la niña,

no te preocupes, yo puedo cuidarlas.

A eso vine, ¿no?

- Buenos días.

- Hija, ¿qué haces levantada?

- Debes guardar varios días de cama.

- Mamá, ya no puedo estar más tiempo encerrada,

es que no lo voy a resistir.

- ¿Cómo les parece?

El diario de hoy escribe sobre Alcides de Medina.

Y escribe que anoche lo entrevistaron

y acá le dijo al periodista que había perdido la memoria.

- ¿Qué?

[Música de suspenso]

Rebeca: Entonces, es verdad, Alcides está vivo.

Francisco: Vivo y con problemas de memoria.

El muy imbécil no recuerda nada.

- Eso cambia mucho las cosas.

- Mucho cuidado con lo que piensas, Eloísa.

Tú te vas a casar con Arturo.

Y si él se llega a enterar que te le estás acercando

o que hubo algo entre ustedes, te aseguro que te mata.

- Rebeca tiene razón.

Debes de tener cuidado con el regreso de ese hombre.

Además, muy pronto vas a ser una mujer casada.

- Eso también lo estoy diciendo por ti, Francisco.

Ese enredo entre ustedes dos debe acabar.

- Arturo, Arturo, Arturo... Lo detesto.

Ay.

Lo único que me interesa de mi pretendiente es su dinero.

- Deberías de hacerle caso a tu tía.

Además, qué vergüenza, Eloísa.

Se te iluminaron los ojos cuando se mencionó a Alcides.

Te tengo malas noticias.

Va a ser muy difícil que regreses a ser su amante.

Así que, por favor, compórtate.

No dañes los planes y no hagas estupideces.

- Tal vez la mayor estupidez sería casarme con Arturo.

- "Según Alcides de Medina

hay eventos de su vida que no recuerda.

Asegura que sufrió durante varios meses

problemas de memoria que lo imposibilitaron para, para..."

- Regresar.

Regresar, papá.

- Termina tú, hija. Estos anteojos no me sirven.

- "Por lo pronto, Boris Monsalve y Marina,

la criada de su hermano Hugo,

trabajan para él dentro de un arreglo...

[Antonia tose]

que incluye la devolución de la hacienda Montenegro.

[Lucas carraspea] [Soledad lee en voz baja]

- Ay, todavía me cuesta trabajo creer que Alcides esté vivo

y que Boris y Marina trabajen para él.

- ¿Que Alcides perdió la memoria?

Claro, es que tiene mucho sentido.

Ahora entiendo por qué está tan cambiado,

por qué estaba tan diferente.

Antonia: Ajá.

La gente puede cambiar, sobrina.

Lucas: ¡Ja!

La gente sí, pero ese hombre no lo creo.

- No lo juzgues, Lucas.

Es más,

podrías aprovechar, sobrina.

Él es tu esposo.

Podrías regresar con él.

- ¿Estás loca, Antonia?

Ese hombre intentó matar a mi hija.

- Ay, no me mires así, Lucas.

La gente se merece una segunda oportunidad, ¿no les parece?

Alcides: Aún no me ha dicho para dónde me piensa llevar.

Beatriz: Voy a llevarte a un lugar decente,

donde empezarás a vivir la vida a la que estabas acostumbrado.

- ¿A qué vida estaba acostumbrado?

- Bueno, tú eras una persona elegante,

con clase.

Gozabas del respeto de toda la gente que rodeaba.

De verdad, ¿no te acuerdas de nada?

- En absoluto, no me acuerdo nada.

[Música de suspenso] [Fuego crepita]

Eres muy linda.

¿Quién eres?

¿Por qué haces todo esto por mí?

[Fuego crepita]

- Yo fui una persona muy importante en tu pasado.

- ¿Qué tan importante?

- Tú y yo...

fuimos novios y no queríamos tanto...

- Es terrible no poder recordar

ni siquiera el rostro de una mujer

tan hermosa como tú.

- No te angusties.

Te prometo que te voy a ayudar a que lo recuerdes todo.

Te aseguro

que vas a volver a ser el de antes.

[Música romántica]

- ¿Y para dónde vas tan apurada y tan arreglada?

- Tengo una cita con mi patrón.

- Y si te vas a ver con don Boris,

¿por qué no lo hiciste en la mansión?

Ya salió en todos los periódicos

que está trabajando para don Alcides.

- No.

- Sí, ¿cómo te parece?

- No te lo puedo creer. - Sí, claro.

- Ay, pues, con razón ese Boris está tan raro.

Ahora ya se parece al malo de don Alcides.

- ¿Al malo de don Alci...?

¿Cómo es que...? ¿Qué estás diciendo? ¿Por qué?

- Pues, imagínate que me echó.

Guillermo: ¿No, no te pagó?

- No, es que es tan descara'o.

- Sí.

- Sí, igual que otros que yo conozco.

- Ay, no. Burkecita, pero,

¿no me vas a decir ahora con quién vas a trabajar?

- Voy a trabajar para el doctor Max.

- N-No.

- No es posible que nadie sepa por qué lo asesinaron.

Boris: Todavía no hay pruebas contundentes, don Hugo.

No se trató de un robo, porque el cuerpo del doctor Sirak

apareció con sus documentos personales y su dinero.

- Todo esto es muy extraño, Boris.

Muy extraño.

Tenemos que investigar a fondo.

[Música de suspenso]

[Relincho]

- Así que el desgraciado de Alcides de Medina

está vivo y ha vuelto a la ciudad.

- A lo mejor se trata tan solo de un rumor.

- No, no, yo pensé lo mismo

cuando los Burke me dijeron que lo habían visto.

Pero no, el diario es muy claro.

Dicen que físicamente está bien,

aunque tiene problemas de memoria.

Qué casualidad.

- A ver.

- Alcides dejó muchas deudas.

Seguramente piensa que el truco de haber perdido

la memoria le va a ayudar,

pero yo te aseguro que eso conmigo no va a funcionar.

Boris: La cena está servida, señor.

- Boris, no voy a cenar.

Tengo que salir a la ciudad.

- Señor, eso podría ser arriesgado.

Ahora todos en la ciudad creen que usted es don Alcides,

su hermano tenía muchos enemigos.

- Sí, Boris, lo sé.

pero no tengo otra alternativa.

He estado pensando mucho...

he estado pensando mucho en Soledad y...

en ese asunto de la hacienda.

Tal vez ella no sea la persona materialista que pensábamos.

Además, esa niña, esa niña podría ser mi hija.

- Los sentimientos, señor,

a veces nos juegan malas pasadas.

Trate de no confundirse.

- Por eso necesito hablar con Soledad.

- Perdón. Patrón, ¿para qué quiere exponerse más?

- Marina, estás perturbando al patrón.

- No. No, Boris.

Yo solamente quiero que don Hugo abra los ojos

y que no se engañe, patrón.

- Bien claro en mi memoria las palabras que doña Ester

le dijo al doctor Max,

asegurándole que el hijo de Soledad

era de Alcides.

- Señor, ¿cree pudo tratarse de un engaño?

- No lo sé, Boris.

Tal vez doña Esther es capaz de cualquier cosa

con tal de conservar apariencias y el buen nombre.

Además, ella nunca me tuvo en buena estima.

- Veo que está decidido a llegar al fondo de todo esto.

- Sí lo estoy...

Completamente.

Así tenga que decirle a Soledad que soy Hugo.

Quiero escuchar la verdad de sus propios labios.

[Música de suspenso]

Enrico: Esta es la cadenita que regalaré a la bebita,

me la regaló don Jeremías para protegerme.

- Ah...

- Para protegerla de todo mal y peligro.

No se la vayas a quitar.

- Enrico, dime la verdad... - Hmm.

- ¿Hay algo que no me hayas querido decir?

- Es que tengo la sensación de que la niña

le va a pasar algo malo.

Por favor, cuídala.

Esther: Soledad.

Otra vez tú por aquí. Soledad: Mamá.

Mamá, por favor, no lo maltrates más.

No ha hecho más que ayudarme.

- No pienso hacerlo.

Tengo que reconocer que tu amigo

siempre tiene razón en las cosas que dice sobre ti.

[Llanto de bebé]

- Gracias, señora, por su confianza.

Bueno, ahora tengo que irme.

Soledad, no olvides lo que dije.

- Gracias. - Señora.

Soledad: [Susurrando] Hay, ¿qué "pachó"?

¿Qué "pachó"? - Soledad.

Te busca Alcides.

Dice que quiere hablar contigo.

[Llanto de bebé]

- ¿Qué?

[Trino].

- ¿Y dónde está la niñita que tengo que cuidar?

Max: La niña debe llegar por estos días.

Pero quiero comenzar a trabajar antes contigo

para darte las instrucciones necesarias

que vas a seguir al pie de la letra.

- Sí, señor. Max: Muy bien.

Para conservar este trabajo,

lo primero que tienes que hacer es no contarle a nadie

lo que estás haciendo aquí.

- Mmm-mmm, seré una tumba.

- Lo segundo... Helena: Hmm.

- Es que tienes que mantenerte aseada.

Y, por último,

no puedes entrar a mi habitación,

como tampoco...

- Puedo abrir el armario secreto misterioso.

No se me olvide ese detallito, doctor.

- Bueno, veo que estamos de acuerdo,

así que podemos comenzar.

Ve a lavarte al baño que está arriba.

[Suspiro]

Mi amada Eva...

Creo que se acerca nuestro momento especial.

Sí, voy a traerte de nuevo a la vida.

- Alcides dice que tiene cosas que aclarar contigo.

Se nota que viene tranquilo.

Hija.

Yo no olvido lo que él te hizo,

pero recuerda que él te ayudó a ti y a la niña.

Tal vez deberías escucharlo.

- Yo no quiero verlo.

Ese hombre me da miedo, mamá.

¿Qué dice mi papá?

- Él no está, pero estaría pendiente de ti.

Escuché lo que te dijo Enrico.

Hija.

Yo no quiero que le digas que Aurora es hija de Hugo,

no quiero que le pase nada a la niña.

- Mamá, pero, ¿por qué me estás pidiendo eso,

si Alcides siempre supo que Aurora es hija de Hugo?

- Sí, pero tal vez te olvidó y por eso te ayudó.

Aurora es la única heredera de Hugo

y Alcides puede pensar que le quitará parte de su herencia.

- A ver, a mí eso no me interesa.

Nosotras no necesitamos de ninguna herencia.

- Alcides está un poco mal de la memoria.

Le puedes decir cualquier cosa.

- Y quieres que mienta.

- Es por tu hija...

y por la tranquilidad de esta familia.

[Música de suspenso]

[Suena puerta]

- Escogí este lugar especialmente para ti,

¿te gusta?

[Trino]

- Es un lugar...

Es un lugar rústico.

[Trino]

Me dijiste que me contarías todo lo que sabes de mí.

[Suenan objetos]

- Sí. Ten un poco de paciencia, ya muy pronto lo sabrás.

Hugo: Me dijiste que me llamo Alcides...

¿Qué más?

Cuéntame más.

- Bueno.

Empezaremos por el principio.

- Cuéntame. Cuéntame.

- ¡Ay!

¡Ay! ¡Ay!

- ¡Te voy a hacer pagar todos tus pecados, Alcides!

- ¿Por qué haces esto? ¿Por qué? ¿Por qué...?

¡Ah!

[Quejidos]

Yo no sé quién eres.

Beatriz: ¡Ha!

- No, no sé quién...

Beatriz: ¡Ah!

¡Ah!

- Yo no sé quién eres.

¿Por qué haces esto?

¿Por qué? Beatriz: Oh.

- ¿Por qué?

- Doctor, discúlpeme.

Eh, u-usted me dijo que me bañara,

pero no me dio ropa limpia para cambiarme,

y yo no quise ponerme la misma ropa sucia.

Encontré este vestido en una de las habitaciones de su casa.

Espero que no le moleste que me lo haya puesto.

- Imposible.

[Música de suspenso]

- Gracias.

[Trino]

Están muy bonitas.

- ¿No me invitas a sentar? - Sí, claro, siéntate.

- Imagino que estás enterada

que tengo problemas con la memoria.

Es cierto, Soledad, por eso estoy aquí.

Quiero saber qué hubo entre nosotros.

Quiero la verdad.

- ¿La verdad? - Necesito saber sobre la niña.

Solo tengo un leve recuerdo en una cabaña.

- No entiendo a qué te refieres con todo esto.

- ¿Es cierto que tú y yo fuimos amantes antes de casarnos?

- ¿Por qué me estás preguntando eso?

- Porque estoy desesperado, Soledad.

He perdido mis recuerdos.

No sé quién fuiste en mi vida.

Sé que tuviste algo con mi hermano,

pero te soy honesto... - Ah, sí.

- Me atormenta pensar que estuviste con él

y que esa niña no es mía, sino de él.

- Mira, dejemos a tu hermano fuera de esto, ¿sí?

Él no tiene nada que ver con este asunto.

- ¿Es cierto que tú y yo fuimos amantes

antes de que Hugo muriera?

- Es que tengo la sensación de que a la niña

le va a pasar algo malo.

- Y quieres que mienta.

- Es por tu hija...

y por la tranquilidad de esta familia.

Alcides: ¿Por qué callas?

¿Por qué callas?

- Yo, eh...

Yo no quiero hablar de esto.

Y tampoco quiero hablar más contigo.

- Necesito saberlo.

Necesito saber la verdad.

- Suéltame.

- Lo haré cuando me cuentes la verdad.

¿Tú y yo fuimos amantes?

[Música de tensión]

- Sí.

Sí.

[Música de tensión]

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