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Max: Qué injusta ha sido la vida conmigo.
Mi Eva. Mi amada Eva.
¿Por qué la vida tenía que arrancarte de mi lado?
La total felicidad rota.
Ese destino amargo lleno de sombras
y de incertidumbres...
pero ahora todo será distinto.
Por fin voy a hacer justicia a nuestro amor
después de todos estos malditos años
de investigar, de búsqueda.
Por fin servirán para traerte de nuevo a mi lado.
Sí...
[Sollozando] para estar juntos.
Como debió ser.
- Solo si las circunstancias llegan al límite.
Solo entonces, les diremos a todos que estoy vivo.
Boris: Señor, en la ciudad usted tiene muchos enemigos
y no dudarán en sacar provecho de la situación.
Marina: Boris tiene razón, patrón.
Empezando por el señor Arturo de Linares.
Él nunca ha ocultado el odio que tiene por usted
y por su difunto hermano, don Alcides.
- Bueno, pero no puedo permitir
que Soledad y mi sobrino corran peligro.
Ya buscaremos la manera de resguardar mi seguridad.
- Por lo que dices, parece que esa mujer
causó una pasión muy profunda en tu corazón.
- Esa mujer lo fue todo para mí,
tanto que me hizo vivir la ilusión
que podía curarme de mi enfermedad.
- Por todo lo que dices,
parece que la historia terminó muy mal,
muy dramáticamente, ¿cierto?
- Creo que fue lo que tenía que ser.
- ¿De verdad no quieres que me quede a acompañarte?
- No. No es necesario, papá, de verdad.
Además, ya hiciste lo mejor que podías hacer por mí.
Mejor vete a descansar.
¿Hmm?
- Te quiero tanto.
- Lucas.
¿Tú todavía aquí?
Vete a descansar.
Ha sido un día muy largo para todos.
Yo me quedo con Soledad.
Le traje un té caliente
para que pueda conciliar el sueño.
Lucas: Bueno.
Buenas, noches, mi amor. Descansa.
- Papá, gracias por lo que hiciste.
- Te quiero.
Antonia, buena noche. Cuídamela.
- Soledad...
quiero pedirte perdón.
- Está bien.
Tía, yo entiendo que fue un momento muy difícil
para todos y sé que tanto tú como mi mamá querían ayudarme.
- Ahora entiendo que fue un grave error apoyar
al doctor en eso.
Pienso en lo que hubiera podido suceder,
en lo que habría pasado
si te hubieran sacado esa criatura.
Me aterroriza.
Sería algo que nunca me podría perdonar.
- Yo no quiero que pensemos más en eso.
Para que pienses tú, digo, olvidémoslo, ¿sí?
Lo importante es que mi hija está bien.
Ya.
- Gracias por tu comprensión, Soledad.
Ya sabes que estoy aquí para ayudarte en lo que sea.
Para eso vine a esta casa.
Para cuidar de ti.
- Gracias, tía.
- Buenas noches, Soledad.
[♪♪♪]
- Dios mío, pero ¿qué es lo que está pasando?
Nadie puede explicarse
que este bebé estuviera muerto y,
y de un momento a otro, su corazón volviera a latir.
Todo esto me da miedo.
Es terrible.
Pobre de ti, Soledad.
Tu hijo es un castigo del cielo por haber fallado
en este mundo a los preceptos de urbanidad y cordura.
Cada vez lo confirmo más.
Esa criatura no debe estar a tu lado.
Es como una maldición para ti y hay que alejarlo.
Cuando nazca, lo regalaré.
No permitiré que sigas sufriendo, sobrina mía.
No.
Guillermo: ¡Helena, por favor, no me hagas correr más!
Devuélveme mi violín. Helena: ¡Eso jamás!
- ¡Ven acá! ¡Dame mi violín!
- Dime, dime,
¿por qué es tan importante para ti esta porquería?
- ¡Ninguna porquería! No, señora. ¡Mide tus palabras!
¡No te atrevas a insultar a mi violín!
- Dime, ¿qué te pasa?
Tú nunca habías sido así de duro conmigo.
Dime, ¿para ti es...
es más importante esto que yo?
- ¡Pues, sí!
Sí, señora, porque ese violín,
ese violín me hizo una persona decente,
una persona importante.
¡Entrégame mi violín!
- ¡No te lo voy a entregar! ¡No te lo voy...!
Es más, mira, mira bien,
mira lo que hago con tu maldito...
¡violín! - ¡No!
Helena: Si es más importante que yo,
¡mira cómo lo rompo!
¡Nada!
[♪♪♪]
- ¿Tú qué haces aquí?
- Ya lo ves. Voy a dormir. Esther: Nada de eso.
No voy a compartir mi cama contigo.
Eres un sinvergüenza.
¡Fuera de aquí!
- Pero, Esther, por favor. No te pongas en ese plan.
A ver, es mejor que hablemos, amor.
Sí, es cierto, yo estaba con tragos
y no me di cuenta la estupidez que hacía.
- ¡No te justifiques!
Tú me engañaste.
Me cambiaste por una cualquiera,
por una mujer que ni siquiera sabes quién es.
- Yo estoy arrepentido. Tienes que creerme.
Sé que te fallé, pero necesito que me perdones.
- Cómo has cambiado, Lucas.
¿O acaso siempre estuve engañada?
No sería nada raro que lo que dijo
el tal Hércules fuera cierto.
Tal vez, sí me engañaste con Rebeca, ¿no es verdad?
¿No es así?
[♪♪♪]
Guillermo: Mi violincito.
Mira lo que le hiciste a mi violincito.
¿Ahora qué voy a hacer sin ti, violincito?
- Es tu culpa, Guille.
Tú me hiciste enojar. Además, piénsalo, Burke.
Es solo pedazos de madera.
- ¿Pedazos de madera? ¡No seas insensible!
Tú no comprendes,
no comprendes mi alma de artista,
pero esto, esto lo vas a pagar muy caro, Burke.
Esto la vas a pagar muy caro.
- ¿Por qué me miras así?
¿Qué haces?
- Me vas a pagar lo que me hiciste
con mi violín.
[Helena grita]
[Gritando] ¡Ven acá!
- Esther, ese muchacho no sabía lo que decía.
Estaba borracho, enloquecido. Decía cosas sin sentido.
Hasta dijo que su amante era su madrina.
- ¡No te creo!
Tú acabaste con la confianza que te tenía, Lucas.
Fuera de aquí. No quiero verte.
- Está bien.
Soledad no debe darse cuenta
de lo que pasa entre nosotros, Esther.
Ella está muy enferma
y no podemos hacerla sufrir más.
- En eso estamos de acuerdo,
pero no vas a dormir más aquí.
- Está bien.
Lo que tú quieras,
pero quiero que sepas algo.
Que no importa lo que tu hayas visto,
yo te sigo amando, Esther.
Esther, te juro que voy a luchar
hasta donde sea necesario para enmendar mi error,
recuperar tu amor y tu confianza.
Nunca te voy a perder.
Nunca.
[♪♪♪]
Marina: Patrón, hay algo que me preocupa.
- Marina, no molestes a don Hugo con tus cosas.
Marina: Yo no lo estoy molestando.
Simplemente hay algo que quiero saber.
- ¿Cuál es tu preocupación, Marina?
- Patrón, desde que nos vinimos a este lugar tan lejano,
usted nos dijo que se quería olvidar
de la señora Soledad, y ahora,
estamos regresando para ayudarla.
¿Usted no creer que esto puede despertar
el amor que usted siente por ella?
- No.
Ella jamás volverá a entrar a mi corazón.
- ¡Marina! Marina: ¿Qué?
- Que la haya sacado de mi corazón
no significa que le desee el mal.
Además, Soledad será la madre de mi sobrino.
No puedo permitir que mi sobrino sufra
un ataque de catalepsia y sea enterrado vivo.
No lo puedo permitir.
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ ¡Sálvame! ♪
♪ ¡Sálvame! ♪
♪ ¡Despiértame otra vez! ♪
♪ ¡Otra vez! ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, no, no... ♪
♪ ¡Bésame! ♪
♪ ¡Bésame! ♪
♪ Hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Guillermo: Eres una insensible.
No comprendes nada.
No comprendes nada, Helena. Me voy de tu lado.
Helena: ¿Qué?
¿Qué estás diciendo, Guillermo?
Guillermo: Eh.
Además de torpe e insensible, ahora eres sorda, Helena.
- Si quieres irte, vete, Guillermo,
pero a mí no me amenaces.
¡No me amenaces, Guillermo Burke,
porque yo nunca le he rogado a un hombre!
Vete, vete, pero si te vas a ir,
atente a las consecuencias.
¡No te atrevas a cruzar por esa puerta,
porque nunca más me vas a volver a ver, Guillermo!
¡Nunca más!
[Gritando] ¡Idiota!
Úrsula: Buenos días.
- Buenos días.
Úrsula: ¿Cómo amaneció, mi niña?
¿Pudo dormir después de todo lo que pasó anoche?
- Sí, aunque fue una noche muy difícil.
- Hmm.
Todo gracias al error del Dr. Max.
¿Cómo se le ocurre decir que su hija estaba muerta?
- Sí. Fue un error terrible, pero bueno...
Todos nos podemos equivocar, ¿no?
- Sí, pero fue una equivocación
que pudo haberle costado la vida a su hija.
Yo estoy de acuerdo con la señora Esther.
Ella va a seguir buscando otro médico que la atienda.
- Ay, esperemos que lo encuentre,
porque yo sí yo me sentiría mucho más tranquila.
- Ay, sí.
Tengo algo que contarle.
Estuve muy temprano en el mercado
y todo el mundo estaba hablando del escándalo de la taberna.
- ¿De la presentación de la supuesta dama misteriosa?
Úrsula: Sí.
Imagínese que el tal Hércules,
se acuerda, el que amenazó a su papá,
fue a la taberna y armó una pelea terrible.
Arturo: Felicitaciones, Hércules.
Lo que hiciste anoche fue una reverenda estupidez.
No solo desataste el caos, sino que,
además, fuiste tan torpe que te dejaste atrapar.
- Don Arturo, no pude evitarlo.
Me dio mucha rabia ver a esos hombres
besando a mi mujer.
- Hércules, yo no necesito tus estúpidas explicaciones.
No sé en qué mal momento
se me ocurrió ayudarte entrar en la taberna.
La verdad, me equivoqué contigo.
- No. No diga eso, señor Linares.
Yo le he servido mucha ayuda con Eloísa
y le aseguro que seguiré haciéndolo.
Solo tiene que sacarme de aquí.
- ¿Porque se supone que yo voy a pagar tu fianza?
Hércules, anoche Eloísa aceptó convertirse en mi esposa.
Así que, en lo que a mí respecta,
puedes considerarte despedido
y puedes quedarte a vivir en esta celda.
- No. No puede despedirme así como así.
Yo le, yo le he sido de mucha ayuda
y todavía no me ha pagado nada.
Deme algo, así podré pagar la fianza.
- Ya hablaremos cuando salgas...
si es que sales.
- Don Arturo. ¡Don Arturo!
¡Don Arturo, déjese hablar!
¡Don Arturo!
- ¿Cómo que Rebeca nos descubrió?
- Sí.
La amargada de tu tía me vio anoche salir
de tu habitación y le tuve que contar toda la verdad.
No me mires así. Sí, se lo dije,
que tú y yo somos amantes.
También le mencioné que fingía ser amanerado
para lograr mejores resultados en mis reportajes.
- Eres un idiota, Francisco.
¿Te das cuenta de lo que eso significa?
- Claro que lo sé. Claro que lo sé.
Ahora sabe mi secreto.
- Y los míos también. ¿Cómo pudiste ser tan tonto?
¿Por qué no lo negaste todo?
- Bueno, ¿qué querías que hiciera?
Dime, ¿qué querías?
Si salí semidesnudo de esta habitación, por favor.
Además, no te preocupes, ya hice un arreglo con ella.
- ¿Un arreglo? Qué iluso eres, Francisco.
Mi tía no es de arreglos y yo la conozco muy bien.
No dudará en sacar provecho de esa información.
Así que, atente a las consecuencias.
Rebeca: No le diré nada a nadie
si Francisco cumple con su parte.
Solo tiene que ayudarme a recuperar
el fracaso de anoche en la taberna.
- De eso no te preocupes, Rebeca. ¿Por qué no lees?
Saqué un boletín de la "dama misteriosa".
Espero que estés satisfecha.
- Hmm. No está mal,
pero necesitas publicar más como este.
Necesito que me ayudes a promocionar mi espectáculo
lo más pronto posible.
- Por supuesto,
pero para eso tendría que hacerle
una entrevista a la dama misteriosa.
Hacerle preguntas indiscretas,
porque yo te aseguro que el público, como yo,
están interesados en saber como, por ejemplo,
¿cómo te hiciste cantante?
¿De dónde sacaste esas habilidades, cariño?
- No te metas conmigo, Francisco,
porque te aseguro que tu reputación,
no solo como periodista, sino como hombre,
se verían muy afectadas.
¿Para dónde crees que vas, Eloísa?
Tú y yo tenemos una conversación pendiente.
Antonia: He estado indagando en la ciudad por la vida
de Hugo de Medina
y la gente me ha dicho que era un hombre muy oscuro.
- Sí. Era un hombre muy extraño.
Por eso nunca quise que Soledad se le acercara,
pero ya ves cómo es la vida.
Mi hija se enamoró locamente de él.
- Hmm. Y mira cuánta desgracia ha traído a su vida.
- Sí, es verdad.
- Esther, voy a decirte algo que te puede sonar raro,
pero me parece que lo más justo es que esa criatura
no viva entre nosotros.
- ¿Qué dices, Antonia? ¿Te volviste loca?
- Piénsalo bien, Esther.
Esa criatura solo trae maldición a esta casa.
Eso de que primero está muerto en el vientre de la madre
y luego que no, es una señal muy clara
de que a su alrededor solo hay maldición.
- No me gusta lo que estás diciendo.
- Por el bien de la vida de Soledad,
por el amor que todos le tenemos,
por esa criatura misma,
creo que lo mejor es esperar a que esa criatura nazca
y luego entregarlo en adopción
o en algún monasterio si es varón.
- A mí no me gustó cuando me enteré
de la existencia de ese bebé, pero jamás, Antonia,
le haría una cosa así a mi hija.
- Ay, no te alteres, Esther. Tan solo era una idea.
- Doctor.
- Vengo a visitar a la señora Soledad.
Después de lo sucedido anoche,
tengo que visitarla continuamente.
- Está bien, doctor.
Venga conmigo,
voy a acompañarlo a la habitación de mi sobrina.
- Quitarle el bebé a mi hija.
Eso es una locura.
Max: Disculpe.
No pude evitar escuchar su conversación
con la señora de Obregón,
y creo que puedo ayudarle con lo del bebé.
- ¿Qué es lo que quiere decir, doctor?
- Usted tiene razón, con lo que ocurrió anoche,
esa criatura no puede nacer bien.
- ¿Qué es exactamente
lo que me quiere decir, Dr. Max?
- Que podemos unirnos
para evitar una tragedia más en esta casa,
para que Soledad y su familia
no vuelvan a ver esa criatura después de su nacimiento.
[♪♪♪]
[Recuerda]
- Ah...
Se los dije.
Se los dije y no me creyeron.
¡Malditos!
¡Malditos sean todos ustedes!
- Don Hugo...
¡Don Hugo!
Señor, ya llegamos a la estación del tren.
El próximo sale en una hora.
- Encárgate que instalen al Dr. Sirak
en el vagón más cómodo.
- Sí, señor. Permiso.
[♪♪♪]
- Todo esto lo estoy haciendo
para que no sufras como lo hizo mi madre.
Te ayudaré a salvar a tu hijo,
pero no te voy a perdonar tu traición.
[♪♪♪]
- Ese niño puede nacer con muchos problemas.
Me refiero a enfermedades físicas
y hasta mentales.
- Dios santo.
Soledad no puede enterarse de esto.
Está muy delicada. - Así es.
Usted parece entender muy bien el problema
y estoy de acuerdo con usted.
Esa criatura como que viene con una especie de maldición.
- ¿Y qué puedo hacer, doctor?
¿Usted vio la reacción de Esther
cuando hablé sobre la adopción?
- Sí, y en eso es que yo puedo ayudarle.
Puedo decir que el niño nació muerto
y desaparecer con él.
- Eso sería lo mejor.
Es perfecto...
pero nadie puede enterarse de esto.
- Claro que no, y no se preocupe,
yo solo quiero ayudarla.
- Está bien, doctor.
Vamos a hacerlo como usted dice.
Me voy a encargar de que Esther no cambie de médico
para que sea usted quien reciba ese bebé cuando nazca.
- Trato hecho, y de verdad, no se preocupe.
Usted está haciendo lo mejor por su familia.
- Doctor, usted tiene que prometerme algo.
Que esa criatura va a quedar en buenas manos.
- Claro que sí.
Si es niña, va a un convento, y si es varón, a un seminario.
¿Qué le parece? - Gracias, doctor.
Dios sabrá recompensarle.
- Permiso.
Guillermo: ¿Estás loco, Omar? ¿Qué estás diciendo?
¿Cómo se te ocurre cancelar
el espectáculo de la dama misteriosa, hombre?
- Como lo oyes.
Hice cuentas y solo tuve pérdidas.
El dinero recaudado de la taquilla
apenas sí cubre partes de los daños por la pelea.
- ¿Y ahora yo que voy a hacer? ¿De qué voy a vivir, hombre?
Ya me había hecho todo un plan de vivir de mi talento.
Tú viste cómo me recibió el público, Omar.
La música es lo mío.
- Lo siento, Burke,
pero no voy a seguir adelante con ese musical.
No es rentable para mí.
- Para mí tampoco es rentable.
- Deberías pensarlo mejor, Omar.
Mira lo que salió en los diarios de hoy.
¡Éxito total!
Hablan del talento de la dama misteriosa
y felicitan a los organizadores por tener esa visión
para los negocios, ¿hmm?
- ¿De veras? Margot: Ajá.
Además, no solamente eso,
también dice que hay promotores de diferentes ciudades
que están interesados en hablar con los artistas.
- ¿Y hablan de alguno en especial?
- ¡Mira, ahí dice! Lee.
- Entonces, voy a tener que hacerles
una pequeña visita, porque, a lo mejor,
ellos sí se dan cuenta y reconocen mi talento
y no lo dejan escapar, no como otros. Permiso.
Margot: Sigue, artista. Guillermo: Gracias.
- ¡Espera, Burke!
- Ahora, ¿qué pasa?
Tengo que hablar con mis empresarios.
- Tal vez valga la pena considerar
lo del espectáculo una vez más.
Rebeca: Entonces, todo este tiempo
sostuviste una relación con Francisco a mis espaldas.
Me ocultaste cosas de ese idiota
que tenía viviendo en mi casa. - Tía, por favor, entiende.
Yo no te dije nada
porque sabía que no ibas a aprobar esa relación.
- Me decepcionas, Eloísa.
Te he tratado de cuidar todo este tiempo,
de que te relaciones con personas bien,
de que te cases con alguien que valga la pena,
y ahora resulta que estás con ese perdedor de Paquito.
- ¡Entre Paquito y yo no hay nada, tía!
Quiero decir, que no hay ninguna relación sentimental.
Es simplemente un acuerdo.
Paquito me da información de hombres con dinero
y prestigiosos, y yo, a cambio...
No tienes de qué preocuparte.
Apenas me case con Arturo de Linares,
dejaré a Paquito.
- Más te vale que sepas lo que estás haciendo, Eloísa.
Arturo es un hombre peligroso y despiadado,
y si se llega a dar cuenta
que te acuestas con otro hombre,
no dudará en cortarte el cuello.
Gladys: Acabo de recibir esta nota.
Es de Hércules, tu secretario.
Me implora que lo ayude a salir de la cárcel
donde está detenido desde anoche.
- Pero, cómo se atreve.
Madre, ignóralo, por favor.
- No entiendo.
¿Me podrías explicar por qué no lo has ayudado todavía?
- Madre, además de ser una persona torpe,
Hércules es muy violento.
Me ha causado ya muchos problemas.
No tengo ningún interés en que siga trabajando para mí.
- Pues, entonces, trabajará para mí.
Pienso ir hoy mismo a la inspección
a pagar su fianza.
- Madre, tú no puedes hacer eso.
- Te equivocas.
Hércules es un hombre fuerte y con cierta clase.
Me puede servir mucho como compañía y como cochero.
Además, es un tema que no pienso discutir.
- Yo no quiero a Hércules cerca de nuestra casa.
- Pues, tendrás que acostumbrarte,
porque esta decisión ya está tomada.
Hércules trabajará para mí, te guste o no.
- El tiempo ha transcurrido de manera lenta y silenciosa,
entre los recuerdos que tengo de Hugo
y mis ilusiones por ver el día en que nazca nuestro hijo.
Mi bebé crece, y cada día lo siento más.
Es como si quisiera comunicarse conmigo
todo el tiempo.
Es la sensación más bella del mundo.
El Dr. Max dice que toda va bien.
Yo no confío en él.
Nunca podré hacerlo después de lo que hizo.
Lo cierto es que no hay ningún otro doctor,
ninguno disponible en los alrededores.
El Dr. Jiménez desapareció misteriosamente de la ciudad.
Nadie sabe qué le pasó, pero...
hablan de la posibilidad de que haya sido amenazado,
aunque tampoco se dice por quién,
pero en la ciudad no es la única parte
donde pasan cosas raras.
Aquí en mi casa,
mis padres han empezado a comportarse de otra manera.
Siento que su relación se ha empezado a tornar
distante y fría,
y aunque nunca les he preguntado por qué,
tal vez tengo miedo de escuchar su respuesta.
A medida que mi bebé crece,
puedo notar cómo la vida cambia.
No deja de sorprenderme que Arturo de Linares
ahora tenga planes de casarse con Eloísa Renán.
Bueno, al menos,
eso lo ha mantenido alejado de nosotros.
Por fortuna, todos han empezado a encontrar
su lugar en esta ciudad.
Hércules, como empleado de la señora Gladys
y la dama misteriosa siguió
con su espectáculo en la taberna.
Dicen que se ha hecho tan famosa que mucha gente
viene de otras ciudades nada más que a verla.
♪ ...a mi corazón le falta amor. ♪
Soledad: A quién también le ha ido bien,
es a Guillermo Burke.
Lo único malo es que la fama le costó su matrimonio
con su inseparable Helena, que no pierde oportunidad
para hacerle maldades a Guillermo.
Si no fuera por todo lo que me cuenta Úrsula
sobre la gente de esta ciudad,
mi vida sería bastante aburrida.
No tengo amigos
y solo recibo las visitas de Enrico.
A escondidas, claro.
Además, él y Úrsula se han convertido
en buenos amigos y me acompañan siempre.
Yo dedico buena parte de mi tiempo a cuidar
esas bellas flores que él me dio.
Enrico me dijo que, algún día,
esas flores salvarían una vida.
Yo le creo, aunque no sepa de quién se trate.
Las cuidaré siempre,
tanto como pienso hacer con mi hija
cuando venga a este mundo.
Úrsula: Mi niña.
Mi niña, Dios escuchó nuestras oraciones. Mire.
[Lee] Soledad: "El prestigioso médico
Ernest Von Sirak viene a la ciudad.
El doctor Sirak, la gran eminencia,
reconocido a nivel mundial
por sus grandes descubrimientos médicos,
viene a hacer una de sus investigaciones
a este territorio".
- ¿Se da cuenta?
[Lee] - "No se sabe bien el propósito
de dichas investigaciones,
pero se dice que el reconocido médico
permanecerá un buen tiempo en nuestra ciudad".
- ¿Lo ve, señora?
¿Lo ve? Él es la persona que necesitamos
para siga atendiendo su embarazo.
- Sí.
Es verdad.
A lo mejor, a lo mejor el doctor me puede ayudar y,
y me puede asistir en el momento del parto.
- ¡Nada de eso, Soledad!
El Dr. Max es quien te ha cuidado
durante todo este tiempo.
Él será quien se encargue del nacimiento de tu hijo.
- No estoy tan convencida de eso, Antonia.
Acepté al Dr. Max
porque el Dr. Jiménez se fue de la ciudad.
- Pero sería un atropello con una persona que ha dedicado
tanto tiempo en el cuidado de la salud de Soledad.
El Dr. Max será quien reciba a tu bebé, Soledad.
No se diga más.
[♪♪♪]
- Es muy bonita esta casa. Margot: Ay. Divina.
Helena: Lárguense de aquí,
si no quieren que los corra a tiros.
- Estás muy equivocada
porque estamos aquí haciendo negocios.
Resulta que, mi Guille, mi Guille,
va a comprar esta casa.
- No seas ilusa.
Si este no tiene ni en qué caerse muerto.
¿O fue que te ganaste la lotería?
- Pues, te equivocaste cuando rompiste mi violín.
Ahora soy un músico famoso y voy a ganar mucho dinero
cuando empiece las giras con la dama misteriosa.
- Y no solamente se va a poder comprar esta casa,
sino todo lo que quiera. Guillermo: Sí.
[Margot suspira] Sí, Margo'
Margot: Y cuando nos casemos, mi amor,
yo te voy a dar no solo uno, dos, tres, cuatro...
- ¡Cállate, estúpida!
- Hasta 11 hijos.
Cosa que otras no pudieron darte.
Claro que, claro que, si tiene suerte, ay,
mi amor, la podríamos contratar de niñera.
¿No te parece perfecto?
- Si es que aún vives para contarlo.
¡Fuera!
¡Largo de aquí si no quieren que los mate!
[Gritando] ¡Fuera! ¡Fuera!
Margot: Bonita idea la tuya, ¿no?
Venir a buscar a tu exmujer y decirle que era tu prometida.
¿Es que acaso no eres un hombre derecho?
Helena: ¡Y la próxima vez, les juro que no fallo!
¡Malditos!
- ¡Te vas a arrepentir de no saber valorarme!
[Gritos]
- Por favor, comprendan.
Yo soy quien va a tener ese bebé
y quiero estar confiada,
quiero estar tranquila el día en que eso suceda.
- Todos deseamos lo mismo, sobrina.
- ¿Y entonces? ¿Por qué no puedo ver otro médico?
- Mi amor, por favor.
Tal vez tu tía tiene razón.
Yo me molesté mucho con el Dr. Max
cuando tuvimos el incidente con tu bebé,
pero debo reconocer que es una eminencia.
- Ya no confío en él,
así que voy a buscar al Dr. Sirak.
- Por favor, hija, no compliques más las cosas.
No hay ningún problema
en que el doctor te siga atendiendo.
Ya falta muy poco.
- Además, ha sido muy amable todos estos meses.
Soledad, no te intranquilices más.
Tienes que descansar.
Tú bebé necesita de mucha tranquilidad. ¿Hmm?
- Hazle caso a tu tía, hija.
[♪♪♪]
- Va a ser muy difícil que su mamá y su tía acepten
que la atienda otro médico.
- No quiero contradecirlas,
pero para mí, está primero mi bebé,
así que iremos a la estación a buscar al Dr. Sirak.
- Pero, señora, usted está a punto de dar a luz.
No está bien que salga así de esta manera
después de todo lo que se ha cuidado.
- Úrsula, vamos a ir con precaución.
Ya te dije, tengo un mal presentimiento.
Yo, yo no quiero que el Dr. Max atienda a mi bebé cuando nazca.
Entiende, no quiero.
- Don Hugo.
Puse un telegrama tal como usted me indicó, señor,
de que bajaremos discretamente por el último vagón.
Un carruaje especial nos va a llevar al hotel.
- Bien hecho, Boris.
- Hay una persona que le informé de mi llegada,
se trata del Dr. Maximiliano Rendón.
- ¿Al Dr. Max?
- Sí. Además, no dije nada inconveniente.
No te preocupes.
Por otra parte, tú sabes perfectamente
que él es un científico muy reconocido
y que sus laboratorios están muy bien equipados,
y quiero utilizarlos todo el tiempo que estemos allá.
- Pues, Max podrá ser un gran científico,
pero no es de fiar.
Así que creo que cometió una imprudencia, doctor.
- ¿Por qué lo dices?
- Boris, creo que dadas las circunstancias,
tenemos que cambiar el rumbo.
Iremos a San Marino. Nos ubicaremos ahí.
- Lamento muchísimo ponerte en esta situación.
Te ruego que me disculpes, por favor.
- Ya no hay nada que hacer.
Encontraremos un hotel y, desde ahí,
controlaremos todos nuestros movimientos.
No puedo permitir que nadie me descubra,
mucho menos Max.
[Lee] Rebeca: "El prestigioso médico
Ernest Von Sirak visitará nuestra ciudad".
¿Y cómo te enteraste
que este científico iba a estar aquí?
- Ay. Muy sencillo, Rebeca.
Le pago al hombre del telégrafo
para que me informe de todos los telegramas
que llegan a la ciudad,
y en uno de ellos, Von Sirak le mandó un telegrama
al Dr. Max anunciando su llegada.
- Ya sabes que Francisco siempre está un paso adelante.
- Pues, yo también quiero estar en la estación
para cuando Von Sirak desembarque.
Y si tu...
si tu fotógrafo va a estar ahí,
quiero que me tome una foto con él.
- ¿A ti o a la dama misteriosa?
- A la dama misteriosa, por supuesto.
Creo que es una excelente oportunidad
para darme publicidad. ¿No les parece?
Esther: Mi amor.
Vida, te preparé la sopa que más te gusta.
¿Soledad?
¿Sole...? Antonia: ¡Esther!
¡Esther! Esther: ¿Qué pasa?
- Es tu hija. Se está escapando con Úrsula.
- No puede ser. Ella no puede salir de la casa.
El médico se lo prohibió.
- Es que tu hija es una insensata.
- Vamos a buscarla.
- ¿Qué pasa? ¿Le sucede algo a Soledad?
- Sí. Acaba de escaparse con Úrsula.
- ¿Para dónde?
- ¿Quién sabe? A hacer otra de sus locuras.
- Eso es lo que tenemos que averiguar.
[♪♪♪]
- Ay, no. Yo no pensé que te fueras a poner
tan triste cuando viste a tu exmujer.
- Pues, yo tampoco, mi reina Margot.
- ¿La amas tanto? - Con toda el alma.
- Don Guillermo, es una carta para usted.
Guillermo: Gracias.
Es la letra de Helena.
- De pronto se quiere disculpar por lo que hizo
con lo de la balacera, ¿no será?
- No puede ser. - ¿Qué?
- Helena dice que está muy triste,
que se va a matar
y que se va a lanzar al tren.
¿Que está muy triste, se va a matar
y se va a lanzar al tren? ¡No!
- ¿Se siente bien, mi niña?
- Sí, pero Úrsula, tenemos que darnos prisa.
Es que tenemos que llegar a la estación.
Hay que encontrar al Dr. Sirak.
- ¡Arre!
¡Arre!
[Caballo relincha]
- ¡Hacia allá, Jacinto!
- No, no, no. Hacia allá. Hacia allá, Jacinto.
Hacia allá, más bien. - ¡Ten cuidado!
- ¡Déjalo que está haciendo su trabajo, Esther! ¡Déjalo!
- ¡Ya dejen de pelear los dos!
Jacinto, a la derecha.
- ¡Arre!
- ¡Úrsula, tenemos que encontrar al Dr. Sirak!
¡Solamente él nos puede ayudar!
¡Vamos!
- ¡Arre!
- Señorita, regálenos un autógrafo, por favor.
- No nos quite ese privilegio. - Atrás.
Mire que nosotros la vamos a acompañar
así sea hasta el fin del mundo. - Un autógrafo.
- Ahora no puedo dar autógrafos. Disculpen.
- Ya escucharon. Ya escucharon.
Gracias, gracias, gracias. Ya, ya.
Vengan mañana en la noche.
Mañana en la noche la tendrán y la verán.
Gracias. Hasta luego.
Ay, por fin.
No pensé que tuvieras tantos admiradores,
pero ya se fueron.
- Ah. Ya, por favor. Ya deja de burlarte de mí.
Mejor, ¿por qué no coordinas
que tu fotógrafo tome su primera foto
con Von Sirak y conmigo?
No quiero fallas. Encárgate de eso.
- Ay. Ya lo tengo todo arreglado.
No te preocupes.
Mi fotógrafo con su asistente nos van a seguir en su carreta.
Vas a tener la primicia con Von Sirak.
Solo deja que se vayan tus admiradores y nos vamos.
[Sollozando] - La vida sin amor no vale nada.
Guillermo: Gatita.
¡Gatita, detente!
- ¿Por qué me cambiaste por un violín, Guillermo?
Es que, me hubieras cambiado
por un piano que es más grandote,
pero ¿por un violincito?
No.
No tiene sentido. No tiene sentido esto.
[Locomotora]
Ah, llegó la hora.
Llegó la hora.
Adiós, mundo cruel.
Adiós, mundo cruel.
[Locomotora]
- Don Hugo.
- ¿Qué sucedió?
- Hubo un problema con las vías que llevan a San Marino, señor.
- Pero el tren no se detuvo.
- Y lo hará, señor.
El maquinista decidió cambiar de rumbo
para revisar la locomotora en la próxima estación,
que es casi en la capital, señor.
- ¿Vamos a la capital?
- Así es, señor.
En unos cuantos minutos estaremos allí.
Úrsula: Espero que todo esto valga la pena, señora.
Soledad: Vas a ver que sí. No sé por qué,
pero tengo el presentimiento de que el Dr. Von Sirak
va a ser una gran bendición para nosotros.
Señor, disculpe. Hombre: Sí, como no.
- ¿A qué hora llega el tren donde viene el Dr. Von Sirak?
- No sabría decirle, pero déjeme ver.
El Dr. Von Sirak no está dentro del registro de los pasajeros
que vienen para la ciudad, pero él se dirige a San Marino.
- No, no, no. Tiene que ser un error.
En el periódico decía
que el Dr. Von Sirak llegaba aquí.
- Lo siento.
Es toda la información que tengo.
- Gracias.
No puedo creerlo.
De nada sirvió todo este esfuerzo.
El doctor ya no viene para la ciudad.
- No. No se desanime todavía.
Voy a ir a la administración a averiguar otra vez.
De repente ese señor no tiene todos los datos.
Ya vengo.
- No te preocupes, mi amor.
Yo voy a estar pendiente de ti y te voy a cuidar.
Nada te va a pasar.
[♪♪♪]
[Locomotora]
- ¿Y el tren?
- Señor.
El empleado me dijo que por motivo de seguridad,
todos los pasajeros deben bajar en la próxima estación.
- Tenemos que estar preparados para lo que pueda suceder.
- ¿Y el tren?
El tren.
¿Dónde está el tren? ¿Dónde está el tren?
- Cambié la dirección de los rieles, gatita.
- ¡Deja de decir estupideces!
¡Tú me dejas por un violín
y después no quieres que yo haga
lo que tengo que hacer!
¡Yo ya tenía que estar en el otro mundo!
¡Te odio, Guillermo! ¡Te odio! - ¿Qué ibas a hacer? Yo te amo.
- Ay. Te odio, te odio.
[Locomotora]
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi... ♪
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