All language subtitles for La traición 041.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- Prefiero morirme, doctor.

Pero no voy a dejar que me inyecte,

porque mi hija no está muerta.

- Es duro de aceptarlo, señora.

Pero tengo que sacar esa criatura de su vientre...

Antes de que le cueste la vida.

- Dios mío, esto no puede estar pasando.

- ¿P-p-por qué no esperamos, doctor?

Usted puede estar equivocado y el bebé va a reaccionar.

Por favor.

- Eso no es posible.

El corazón de la criatura ha dejado de latir.

Y entre más tiempo pase, va a ser peor.

La sangre del niño puede envenenar a su hija

y provocarle la muerte.

- No diga eso, cállese.

Eso es mentira, ¡mi hija vive!

- Por favor, Soledad.

Por favor, lo que está diciendo el doctor es verdad.

Tu vida está en peligro.

- Sin mi hija, mi vida no tiene sentido.

Y yo no voy a permitir que me inyecten.

¡Porque Aurora está viva!

Yo lo sé.

[♪♪♪]

- Marina...

Von Sirak acaba de confirmarme lo que yo me temía.

La criatura de Soledad con mi hermano

padece de catalepsia.

- Patrón, pero ese bebé ni siquiera ha nacido.

- Don Hugo presiente cosas que a menudo resultan ser ciertas.

- Imagínense...

Imagínense que lo den por muerto

cuando en realidad no lo está.

- Sería terrible que se repitiera esa tragedia, señor.

- No se puede repetir, Boris.

No se puede repetir.

Por favor, encárgate de alistar todo nuestro equipaje.

Y tú consigue un carruaje

para que nos lleve a la estación del tren

a primera hora de la mañana.

- Con permiso, patrón.

- Inmediatamente, señor.

[♪♪♪]

- Mi trabajo es salvar vidas,

pero si la señora se opone

o se resiste a seguir mis instrucciones,

yo no puedo obligarla.

Así que a partir de este momento,

salvo mi responsabilidad sobre cualquier cosa

que pueda pasarle.

Con permiso.

- Espere un momento, doctor.

Déjeme hablar con ella.

Tal vez yo pueda convencerla.

- Está bien. Estaré afuera.

Esther: Salgan un momento, por favor.

Antonia: Lo acompaño, doctor.

- Te dije que salieras.

Necesito hablar a solas con mi hija.

- También es mi hija, Esther.

Y debo estar presente en este momento

en que se va a decidir qué se hace.

- No te hagas el padre responsable

que se preocupa por su familia,

porque ese papelito no te queda.

- Soledad es lo que más amo en el mundo, y tú lo sabes.

Y no es el momento de pensar en otras cosas.

Y de eso debemos estar conscientes tú y yo.

¿O es que no te das cuenta

que la vida de mi hija está en peligro?

[♪♪♪]

- Si su sobrina no acepta el aborto,

se puede morir.

- No, doctor, no. No diga eso.

Mi... mi niña no se puede morir.

- Algo se tiene que poder hacer, doctor.

No podemos aceptar que Soledad se muera.

- Si no logran convencerla...

lo único que se puede hacer para salvarle la vida,

es dormirla a la fuerza con éter.

- No, pero eso no se puede hacer si ella no quiere.

- ¡Cállate!

¿Tú no dices que la quieres tanto?

Si eso es cierto, entonces acepta lo que estamos haciendo.

¡Estamos evitando que ella se muera!

- Pero no de esa manera.

Es su vida y la de su bebé.

- Tú no entiendes nada. ¡Lárgate de aquí!

[♪♪♪]

- Doctor, doctor, por favor,

vamos a hacer las cosas como usted dice.

Tenemos que salvar a...

a Soledad.

Y si luego tenemos que sacar a esa criatura de su vientre...

lo haremos.

- ¿Y usted sí tiene la autoridad suficiente

en la familia como para tomar esa decisión?

- Estoy segura que Esther y Lucas

estarían de acuerdo conmigo.

Se trata de la vida de su hija. Por favor, doctor...

prepare lo que sea necesario.

- Muy bien, eso haré.

Permiso.

- Señor, yo sé que mi sobrina está sufriendo por mi culpa.

Pero si tu voluntad...

era que esa criatura muriera...

Soledad la va a tener que aceptar.

[♪♪♪]

Boris: Ya está listo el carruaje.

Voy a empezar a bajar estas cosas.

- Qué bueno que regresamos a San Marino, amor.

[Suspiro]

- Pues, a mí esta idea de regresar a San Marino

no me gusta nada.

Es peligroso que don Hugo lo descubran.

- Don Hugo es un hombre muy cuidadoso.

Seguro que no va a dejar que nadie lo vea.

- No solo es eso.

Estar cerca de la señora Soledad

le va a afectar.

Ya ves que a pesar de la distancia...

se ha convertido en un hombre tan amargado.

Tan lleno de odio, y rencor.

Todo por pensar tanto en esa mujer.

- Ese es su problema, Boris.

Este viaje, para nosotros dos, va a ser muy beneficioso.

Al fin vamos a saber qué pasó con la hacienda Montenegro.

- No entiendo por qué no he recibido ningún mensaje

de los Burke.

- Estoy segura que con los Burke como cuidanderos...

no han hecho ningún esfuerzo para mostrar la hacienda.

- En fin, como sea.

Cuando estemos allá, voy a buscar al comprador.

Y le devolveré su dinero a don Hugo.

- Acuérdate de una cosa.

Parte de ese dinero es de nosotros.

El dinero que tú le prestaste a la señora Soledad

para pagar sus deudas,

es mucho menor de lo que nos van a dar por esa hacienda.

- No me gusta cuando hablas así, Marina.

Voy a bajar esas cosas.

- Estoy segura que esa hacienda

no se ha vendido por culpa de los Burke.

Pero nosotros la vamos a vender

y vamos a ganar buen dinero por esa venta.

[♪♪♪]

[Suena violín]

[Ríe]

[♪♪♪]

- Toca para mí.

Helana: Guillermo.

¡Guillermo, despiértate!

¿Con quién estás soñando? ¿Por qué tienes esa cara?

- Ah, ya, no me molestes.

Déjame seguir soñando.

Es lo único que tengo.

- Claro, estabas soñando con la Margot esa.

Estoy segura que estabas soñando con ella.

- Ah. ¿Ahora qué quieres?

- Que, por favor...

me dejes dormir contigo, ¿sí? Por favor.

Está lloviendo y no para,

y tú sabes que a mí me dan mucho miedo las tormentas, ¿sí?

- No.

No, señora. Nada de eso.

Tú y yo estamos peleando,

y lo mejor es que te hagas la idea.

Esta será la primera de muchas tormentas

que tendrás que vivir sola.

A mí ya me perdiste.

- Mucho cuidado con lo que dices, Burke.

Mucho cuidado.

¿Será que la fama se te está subiendo a la cabeza

y ya te estás creyendo el cuento?

Mjm.

- No entiendes nada. Nunca me has entendido.

No tiene caso.

- Bueno, pero ya,

dejemos las incomprensiones por hoy.

Solo por hoy abrázame. Mira, mañana...

mañana cuando ya no haya tormenta,

cuando ya no esté lloviendo, volvemos a enojarnos.

Pero por hoy...

abrázame, Burkecito.

Abrázame, ¿sí?

- No.

Tú y yo terminamos...

y lo mejor es que te hagas la idea...

Helena.

[♪♪♪]

- No.

No, mamá, no me insistas.

¡No me voy a dejar poner esa inyección!

- Sé que es terrible, hija,

porque tú tienes la esperanza de que tu bebé esté vivo.

Y yo te entiendo.

Pero no puedes negar la realidad.

- [Llorando] Es que la realidad es que mi bebé vive, mamá.

Estoy segura.

¡Papá, díselo! Papá...

- Esther, yo creo que es conveniente esperar un poco.

Que otro médico la examine.

El doctor Jiménez puede decirnos.

- Por favor, Lucas.

El doctor Jiménez está en San Marino.

Es imposible conseguirlo esta noche.

No tenemos tiempo para indecisiones.

¡Se trata de la vida de Soledad!

Soledad: No.

- Por piedad, hija.

Hija, si te resistes...

puedes morir.

- [Llorando] No me pidas eso, mamá.

Ay, mamá, es que...

yo sé que tú entiendes lo que estoy sintiendo.

Yo sé que estás sufriendo por mí.

¡Aunque el doctor diga que mi bebé...!

No, lo que sea, que está muerto,

que, que, que no late el corazón.

No me importa, mamá. Yo sé que es mentira.

Mi bebé está vivo, por favor.

Mamá, me muero de solo pensar...

que no lo voy a tener conmigo, por favor.

Yo lo único que les pido es que respeten mi decisión.

Se los suplico.

[Llanto]

[Truenos]

[♪♪♪♪]

♪ Quisiera acercarme a ti ♪

♪ Pero me frena una razón. ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Despiértame otra vez! ♪

♪ ¡Otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No, no, ♪

♪ no... ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

[Ladran perros]

- Enrico, ¿qué haces aquí?

Que no te vaya a ver la señora Antonia.

- No deberíamos dejar que saquen al bebé del vientre

de la niña soledad.

El doctor dice que está muerta, pero no.

Ella está viva, yo lo sé.

- Pero ¿qué podemos hacer nosotros?

Nadie nos va a hacer caso.

Nuestra opinión no cuenta para ellos.

- Úrsula...

¿Tú confías en mí?

- Ay, Enrico, ¿qué preguntas son esas?

- Respóndeme, ¿tú confías en mí?

- Bueno...

nunca te has equivocado y...

no sé de dónde sacas todas las cosas que sabes, pero...

la niña Soledad confía en ti, y yo también.

- Entonces escúchame muy bien lo que te voy a decir.

[♪♪♪]

- Hoy estuviste diferente.

- Te gustan los hombres bruscos.

Así era Alcides, tú me lo decías.

Así te trataba, fuerte, duro. ¿Eh?

- Eso era con él.

Pero contigo siempre ha sido distinto.

Tú eres dulce, delicado.

Excepto por hoy, que estuviste poco tierno y cariñoso.

- Sí, lo sé.

Pero...

es que quiero que tengas todo en mí.

El cariño, la ternura,

y sobre todo...

la pasión.

- Francisco, nosotros somos socios.

- Sí, sé que es un negocio.

Pero lo lamento.

No puedo dejar de sentir celos,

cuando te acuestas con todos esos hombres.

- Ten mucho cuidado con lo que dices, Francisco.

Tenemos un trato. Que no se te olvide.

- Me asustas.

Qué fría eres.

¿Qué clase de mujer eres?

Explícamelo.

Acabamos de hacer el amor.

Te entregaste a mí.

¿Cómo puedes dividir tu cuerpo y tu corazón?

¿Eh?

- Podemos ser amantes toda la vida si lo quieres.

Escúchame.

Nunca vamos a ser una pareja como tal.

- Te desconozco.

- ¿Por qué?

Si todo lo aprendí de ti, Francisco.

Tú fuiste quien me enseñó que en la vida,

si quiero obtener lo que quiero,

tengo que valerme de cualquier medio.

Por eso me voy a casar con Arturo.

- Sí, sí, sí, está bien.

Cásate con Arturo o con quien se te dé la gana,

pero siempre y cuando, y que te quede claro...

Me des la parte que me corresponde en dinero,

ese fue el acuerdo.

Ah.

Y nunca...

dejes de ser mi amante.

- No te preocupes.

Solo utilizaremos a Arturo en lo que nos convenga, nada más.

[♪♪♪]

[Relinchos]

- Estoy muy arrepentida de haberte dejado ir.

Tú me has demostrado de muchas maneras que te importo y...

y yo no he podido hacerlo.

Fui una tonta al haberte dicho que no quería estar contigo.

- Eloísa.

[Galope]

Esto es de ella.

Volvamos a casa de Eloísa.

[Relincho]

[♪♪♪]

- Con esta inyección

te induciré a un estado de catalepsia.

Luego te aplicaré la orquis vivantis.

No sabemos cómo vas a reaccionar, porque,

como te dije, solamente lo hemos probado en roedores.

¿Estás seguro de que quieres correr este riesgo?

- Por supuesto, doctor.

Además es la única forma que tenemos de saber

que sus investigaciones han dado resultado.

Si por alguna razón no logro regresar...

quiero que me prometan...

que ayudarán a Soledad y a mi sobrino.

- Patrón, si usted cree que algo malo le va a pasar,

por favor no se haga esa prueba.

- No tengo otra alternativa.

Esta prueba es la única esperanza para esa criatura.

- No se preocupe, don Hugo.

Seré tan fiel con ellos, como lo he sido con usted.

Le doy mi palabra.

[♪♪♪]

- Procedamos, doctor.

- Dormir a mi hija a la fuerza es un absurdo, Esther.

¡Y no me voy a prestar a semejante barbaridad!

- Lucas,

es la única manera de salvar a tu hija.

Si continua ese bebé en su vientre,

Soledad puede morir.

- No, por Dios.

Max: La decisión está en sus manos,

pero es la única solución.

Lucas: Doctor, basta.

Tiene que haber otra forma de ayudar a mi hija.

Tiene que haberla.

- No la hay.

Lo que Antonia y el doctor Max proponen

es una medida drástica, pero es la única solución.

Es mejor que proceda, doctor.

- Muy bien,

pero voy a necesitar la ayuda de ustedes.

- No, no cuenten conmigo. No voy a forzar a Soledad.

Ella tiene derecho a decidir sobre su vida,

y sobre la criatura que lleva en su vientre.

- Entonces lo haremos sin tu ayuda.

Vamos.

[Truenos]

[♪♪♪]

- Pronto, doctor, no hay tiempo que perder.

- ¿Y Soledad?

- Estaba aquí hasta hace un momento.

¡Soledad! ¿En dónde estás, Soledad?

- Pero ¿por qué la dejaron sola?

- Úrsula.

Úrsula debió llevársela. Dios mío, tenemos que buscarla.

Soledad no puede salir en ese estado.

- ¡Esa sirvienta sigue haciendo lo que se le da la gana

en esta casa!

En esto no se midió.

- Dios mío, doctor.

Por culpa de Úrsula, ¿mi hija puede morir?

Vamos.

Soledad: Mi propia familia tratando de dormirme

en contra de mi propia voluntad.

- Ellos creen que es lo mejor, mi niña.

Están... tratando de salvarle la vida.

- Y yo estoy tratando de salvar la vida de mi hija.

Porque mi hija está viva, yo sé.

- Nosotros te creemos.

Por eso vamos a salvarte.

Vamos. Vamos.

[♪♪♪]

- Don Omar, aquí está la lista...

de todos los daños.

- ¡Esto es una desgracia!

Tú tendrás que pagarme todos los daños de mi taberna.

Con los recaudos de las entradas de ¡esta noche!

- ¿Perdón? Usted y yo somos socios.

Tenemos que asumir esta perdida por partes iguales.

- A mí eso no me parece justo.

Porque fue tu ahijado el que causó todo este...

desorden y conflicto.

Así que la que tiene que pagar eres tú.

- Ya le dije que no.

Y tú no te metas en lo que no te importa.

Deme el dinero que me corresponde.

- ¡Yo no te daré nada!

No recibirás ¡ni un solo centavo!,

por haberme provocado semejante desastre.

- Este es un negocio, señor.

- ¡Pero no contábamos con tanta perdida!

Así que no hay dinero.

Y hoy mismo acabaré con esta sociedad.

No quiero más espectáculos conflictivos

en mi taberna.

- Así se habla.

Esther: Lucas.

Lucas, tienes que venir.

¿Tú qué haces tomando?

- Quise tomarme un trago.

Esther: ¡Deja eso!

Tú sabes que no puedes probar el licor.

¡Soledad desapareció! ¡No está por ninguna parte!

- Pero, lo que nos faltaba, Esther.

Ella sabe que en su estado no puede salir.

[♪♪♪]

- Don Hugo está muy pálido, doctor.

¿Usted está seguro que está bien?

-Está dentro de un estado cataléptico.

Podemos continuar.

- Doctor, ¿está seguro de lo que hace?

La vida de don Hugo está en sus manos.

- Hugo sabía perfectamente a lo que se exponía.

Así que usted no tiene por qué oponerse a la voluntad de él.

- Boris.

Boris...

deja que el doctor haga su trabajo.

Don Hugo ha sufrido esa enfermedad por muchos años.

Es obvio que quiera probar cualquier método

que lo pueda curar de esa enfermedad.

Ven.

[♪♪♪]

- ¡Arre!

[Relincho]

- Enrico, por favor, ten cuidado.

Vas muy rápido.

- No tengo opción.

Los papás de la señora Soledad nos están siguiendo.

¡Arre!

[Relincho]

¡Arre!

[♪♪♪]

- Apúrate, los tenemos que alcanzar.

- Estoy haciendo lo que puedo, doctor.

- ¡No es suficiente! ¡Vamos!

¡Ya los perdemos!

Cochero: ¡Arre! ¡Arre!

[Relincho]

- ¿Eloísa?

La puerta estaba abierta.

Dejaste esto en el carruaje.

[♪♪♪]

Tú planeaste esto.

Así que no eras...

tan santa como decías.

¿Eloísa?

¿Eloísa?

[♪♪♪]

¿Eloísa?

¿Dónde estás?

Aquí estoy, Eloísa.

Eloísa.

[♪♪♪]

Eloísa...

vas a ser mía, Eloísa.

¿Eloísa?

[♪♪♪]

Eloísa...

¿Dónde estás?

Eloísa: Francisco, ¡Francisco!

- ¿Ah? - Es Arturo, regresó.

Ya, córrete.

Arturo: Aquí estoy, Eloísa.

¿Estás ahí?

Rebeca: ¿Qué haces aquí?

[♪♪♪]

[Relincho]

- ¡Los perdimos!

[Relincho]

[♪♪♪]

- No entiendo. ¿Quién te dejó entrar?

- La puerta estaba abierta.

Vine a devolverle esto a Eloísa.

Parece que se le cayó en el carruaje.

- Dámela. Yo se la entregaré.

Ahora, discúlpame.

Pero está un poco tarde, y esta es una casa decente.

- Por supuesto. Buenas noches, Rebeca.

Ah,

esto...

es de Eloísa.

Ella... ¿se encuentra bien?

- Sí. Sí, sí, claro.

Siempre ha sido un poco desordenada.

Discúlpala.

Buenas noches, Arturo.

- Que descanses.

[♪♪♪]

- ¿Eloísa?

A que no te imaginas

quién te estaba buscando desesperadamente

por el pasillo.

Eloísa: No, ¿quién?

- Tu querido Arturo de Linares.

Según él, vino a traerte esto que se te cayó en el carruaje.

- Ah.

Por fin lo logré, tía.

Hoy Arturo me pidió que fuera su esposa.

- Ah, ¿en serio, sobrina? Debes estar feliz.

Por fin una noticia buena en esta casa.

- Ay, siento mucho lo que pasó contigo en la taberna.

- Sí.

Todo iba tan bien hasta que apareció Hércules

para arruinarlo todo.

Y eso no es lo peor.

Omar, el dueño de la taberna,

se quedó con todas las ganancias.

- Pero eso es injusto.

Ese lugar se llenó gracias a ti y a tu espectáculo.

- Sí, lo sé, pero él insiste en reparar todos los daños.

Nuestra sociedad se acabó.

- Lo siento tanto, tía.

Pero conociéndote, me imagino que

no te vas a quedar con los brazos cruzados.

¿Qué piensas hacer?

- No sé. Algo me inventaré.

- Bueno, sobrina,

descansa.

[♪♪♪]

- Doctor. ¿Cómo está?

- Sus latidos son muy débiles todavía.

Casi imperceptibles.

- Entonces ese medicamento no ha servido para nada,

doctor.

Sirak: Lo sabremos cuando...

Despierte por sus propios medios.

Pero es extraño, porque...

sus pupilas...

se mueven como si estuviera metido en un sueño profundo.

Muy profundo.

[♪♪♪]

- Mi be... mi bebé.

- Shhh.

- Sálvala.

- No temas, no temas.

- Sálvala.

- Tu bebé y tú van a estar bien.

Yo las voy a ayudar.

Yo las voy a ayudar.

- Niña.

Mi niña.

Mi niña, despierte.

Enrico.

Enrico: Niña.

Úrsula: ¿Qué le pasa?

Enrico: No lo sé.

[Relincho]

Lucas: ¡Hija!

Soledad. ¿Qué pasó?

¿Qué demonios pasó, Úrsula? Úrsula: ¿Qué pasó?

Antonia: Fuera de aquí.

Fuera, fuera, quita de aquí.

Soledad.

Max: Déjeme revisarla, señor. Antonia: Sobrina, por Dios.

¿Qué pasa? Esther: Por favor, ¿qué pasa?

Max: Está inconsciente por el golpe.

Hay que llevarla a su casa ahora mismo.

Lucas: Yo le ayudo.

- ¡Eres un demonio!

Cada vez que apareces en nuestra vida,

ocurre una desgracia.

Max: Con cuidado.

Esther: Si algo le llega a pasar a mi hija,

ustedes dos me la van a pagar muy caro.

Antonia: Con cuidado.

- Vuelve a tu cuarto.

- Me encantas.

Mañana voy a venir a volver a verte.

- No, de ninguna manera. No nos podemos exponer.

Fuera.

- Eloísa, por favor. Eloísa, Eloísa, Eloí...

- Mujeres, ¿quién las entiende?

- Paquito. - ¡Aaah!

[Ríe]

- Con que desnudo y metido en el cuarto de mi sobrina

a estas horas de la noche.

Mmm.

Creo que tienes muchas cosas que explicarme,

Francisco de Morales.

[♪♪♪♪]

- Tenemos que aprovechar que está inconsciente,

y así aplicarle la droga que tengo,

y sacarle ese feto de su vientre.

- Es lo mejor, doctor.

Yo sé que Soledad me va a odiar por esto,

pero se trata de su vida.

Haga lo que tiene que hacer.

- No se preocupe, señora.

Usted ha tomado la decisión correcta.

Entere más tiempo pase, será más grave.

- ¿Qué es eso?

No. ¿Qué me va a hacer?

No.

No, Mamá.

- Sí. - No, no lo dejen.

- Cálmate, Soledad. - No. ¡Suéltenme!

- Quieta. - ¡No! ¡Mi hijo está vivo!

Lucas: ¡Déjenla!

Que la suelte.

[Golpe]

Antonia: ¡Ay! Mira lo que hiciste.

¿Estás loco?

- Ustedes no tocan a mi hija.

[♪♪♪]

- Dios mío.

- Doctor. Doctor, por favor, haga algo.

Doctor, ¿qué hacemos?

- Es una reacción contraria a lo esperado.

Abra la camisa. ¡Pronto, rápido, ayúdeme!

No hay otra alternativa, Boris.

Directo al corazón.

- ¡Qué horror!

[♪♪♪]

- Rebeca, cariño, no pienses lo que no es.

Tan solo estaba visitando a tu sobrina.

- No me creas idiota.

Vi que te escondiste en el cuarto de mi sobrina

cuando entré.

Y ahora estás casi desnudo. ¿Por qué?

- Bueno, todo tiene una explicación.

- Sí, tú eres su amante.

- Qué asco, sería incapaz.

- ¡Ay, ya!, deja de hablar así.

Ya conozco tu secreto.

Te estás haciendo pasar por un hombre amanerado

para estar con mi sobrina.

¿Quién lo iba a decir?

[♪♪♪]

- ¿Está bien, doctor?

- Esto es un atropello.

Lo único que yo he querido siempre es ayudar.

- Doctor, doctor,

sin el consentimiento de mi hija,

no le permito nada.

- ¡Eres un inconsciente, Lucas!

¿No te das cuenta que lo que estamos haciendo

es por el bien de tu hija?

Si continua con ese niño muerto en su vientre,

¡ella también puede morir!

- Miren.

Se movió.

Se movió.

- ¿Estás segura, hija?

Soledad: Sí, sí se movió.

Ahora se está moviendo, te lo juro.

- ¿Qué va a hacer, doctor? ¿Qué va a hacer?

- Solo quiero revisar a su hija.

No entiendo por qué dice que se está moviendo.

Es cierto.

El corazón de la criatura volvió a palpitar.

[♪♪♪]

[Tosido]

[Jadeos]

- ¿Lo he logrado, doctor?

- Tiene la presión muy baja.

Hay que calentarlo. Unas mantas, por favor.

[Tosido]

- Don Hugo.

Don Hugo, ¿cómo se siente?

- Siento como...

como si hubiera regresado del...

del viaje más largo que he hecho en toda mi vida.

- No, no, espera un momento.

Espera un momento. Estás muy débil todavía.

Recuéstate.

[Tosido]

Espérate. - Doctor.

- Tu ritmo cardiaco no se ha normalizado todavía.

Compréndelo.

- Soledad necesita mi ayuda.

Está en peligro.

Ayúdame.

Boris: Señor.

El tren sale...

el tren sale solo en la madrugada.

[Quejido]

Sirak: Tranquilo, duerma. Cálmate.

- Pero ya no me cabe la menor duda.

El hijo que está esperando Soledad

padece de catalepsia.

[♪♪♪]

- ¿Cómo explicártelo?

Agoté todos mis recursos

para ser un gran periodista independiente,

pero nada funcionó.

- Y entonces te hiciste pasar por algo que no eres.

- Sí. Empecé a ser un poco...

ya sabes, delicado.

Pero pasó un fenómeno extraordinario.

Las mujeres...

se empezaron a acercar a mí como nunca lo habían hecho,

Rebeca.

Me contaban sus secretos. Eso sí...

los maridos nunca me vieron como un peligro.

Y lo reconozco...

utilizaba esa información que era bastante interesante.

- Qué astuto eres.

- Y fue así que me convertí en esto.

En Paquito.

El confidente, el amigo,

el amante,

para muchas de esas damas de sociedad

que me contaban de su vida privada.

Y sí, vendí esa información para crear grandes noticias.

- Debo reconocer que me sorprendes, Paq...

disculpa, Francisco.

Eres más astuto de lo que creía.

Me encanta haber conocido tu secreto.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque ahora me vas a ser muy útil.

Quiero que me ayudes a recuperar mi espectáculo.

- Creo que estás cometiendo un grave error, Rebeca.

Soy periodista, no empresario.

- Estoy segura que encontrarás la manera

de reparar las estupideces de Hércules.

Claro, si quieres mantener tu secreto a salvo.

- ¿Me estás chantajeando? - Ay, no. No, no, no...

No digas eso, que suena muy feo.

Digamos que estamos haciendo un intercambio de favores.

Tú me ayudas a recuperar mi espectáculo.

Y yo...

te aseguro no contarle nada a nadie.

[♪♪♪♪]

- Con lo que pasó con la señora Soledad,

seguro me van a despedir.

Tendré que irme de esta casa.

- No te preocupes, Úrsula. Te quedas en mi casa.

Es un poco pequeña, pero con algunas modificaciones...

podrás vivir cómodamente.

- Muchas gracias, Enrico.

Eres una gran persona.

Voy a ir a rezar un poco.

Dios nos tiene que ayudar para que la señora Soledad se salve.

- Soledad y la bebé están bien.

Tenían razón.

- Yo sabía que la niña estaba viva.

¡Yo sabía!

- Doña Esther,

perdóneme que haya sacado a señora Soledad así de la casa.

Fue una imprudencia, pero... - No debiste hacerlo, Úrsula.

Pero reconozco que si no lo hubieras hecho,

habríamos cometido un gran error.

- Ya le di las indicaciones a don Lucas.

La señora Soledad debe guardar reposo

y tomarse los medicamentos que le dejé.

- Doctor, ¿qué explicación me puede dar?

Porque, según usted,

el corazón de esa criatura dejó de latir,

y luego volvió a palpitar.

- No lo sé. Ni yo mismo lo entiendo.

Esther: Eso no es una respuesta, doctor.

No quiero que siga atendiendo a mi hija.

- En la medicina, como en todo, existe un margen de error.

Pero yo entiendo su molestia, señora.

Y si usted así lo dispone,

¡a partir de este momento dejo de atender a su hija!

- Espere, doctor.

Cálmate, Esther, por favor.

Este no es el momento para que Soledad se quede sin su médico.

Tiene que hacerle exámenes.

Permite que el doctor la siga atendiendo,

por lo menos mientras aparece otra persona.

[Suspiro]

- No es lo que yo quisiera.

Pero no tengo otra opción.

- Con permiso.

[♪♪♪♪]

- Entonces, para mi viaje,

necesitaré todas las dosis de la medicina

que me pueda proporcionar.

- No, no, no, Hugo. Eso no tiene ningún sentido.

Con lo que acaba de pasar aquí,

concluyo en que la orquis vivantis...

No tiene ninguna efectividad en el humano.

[♪♪♪]

- No tiene ninguna efectividad.

- Ciertamente falta hacer muchos experimentos, Hugo.

Estuviste a punto de morir...

y no quiero que esto vuelva a pasar

cuando yo no esté presente. ¿Lo comprendes?

- ¿Entonces eso quiere decir que la medicina de la flor

no funciona?

Sirak: Mjm, así es.

- Pues, en ese caso, usted tiene que venir conmigo,

para que continúe sus exámenes hasta que encontremos la cura.

Por favor.

- No, Hugo, yo no puedo ir contigo.

Aquí tengo todo lo necesario

para encontrar el medicamento, compréndelo.

- No se preocupe.

Yo le proporcionaré todo lo que necesite.

Todo.

- Sí, sí. Yo siempre he contado contigo.

Tú siempre me has apoyado en todas las cosas.

Pero...

debo resolver algunos asuntos personales aquí.

- Sirak, por el amor de Dios...

se trata de la vida de mi sobrino.

Está a punto de nacer.

Si sufre un ataque de catalepsia, podría morir.

Sirak: Sí.

- Si usted no está allí, podría morir.

[♪♪♪]

[Aplausos]

- Gracias, querido público, por vuestro calor

y recibimiento siempre tan gratos.

Ahora quiero presentaros...

a alguien muy...

muy importante.

[♪♪♪]

Es la mujer que ha estado a mi lado durante toda mi vida.

Fue mi primera admiradora.

Por eso, público querido,

quiero hoy seáis testigos

del paso más importante que voy a dar en mi vida.

- Mi reina Margot, por favor.

[Aplausos]

Mi reina Margot...

quiero pedirte que seas mi esposa.

Ahora que estás esperando nuestro primer hijo...

nada me haría más feliz.

- No puede ser.

[Suspiro]

No puede ser.

Yo no puedo permitir

que Guillermo siga en esos malos pasos.

Ya mismo acabo con esa pesadilla.

[Ronquido]

[♪♪♪]

Este violín, Guillermo, es el culpable de todo.

Y yo estoy acabando de una vez con lo que nos está separando.

- Helena...

si le haces algo a mi violín...

atente a las consecuencias.

- Papá, no sé cómo agradecerte.

Es que lo que hiciste...

Salvaste a la vida de mi hija,

te enfrentaste a mi mamá y al doctor.

- A ver, hija, a ver.

A veces las cosas son demasiado tensas.

Pero, bueno...

eso no importa ahora.

Lo verdaderamente importante es que tú, y tu bebé...

esa niña.

Aurora, como tú la vas a llamar, se encuentra bien.

- Sí.

Esto no sé cómo lo vas a tomar, pero...

sé que Hugo estuvo con nosotras.

Todo el tiempo durante el accidente.

- A ver. Eso no tiene sentido, hija.

- Es extraño...

pero Hugo estuvo ahí.

En medio de mi inconsciencia sentí que estaba presente.

Como si estuviera cuidándonos a Aurora y a mí.

- Bueno, no dudo que así sea.

Hugo te amó tanto a ti como tú a él.

- Ahora más que nunca sé que

está cuidándonos desde el cielo, papá.

Sé que no estamos solas.

[♪♪♪]

[Relincho]

[Galope]

Boris: Pare aquí, por favor.

¡Deténganse todos!

Descansaremos aquí un momento.

[Relincho]

Don Hugo... según mis cálculos,

lograremos llegar a la ciudad en tres meses.

- Llegaremos justo a tiempo.

Antes del nacimiento de mi sobrino.

Déjeme ayudarlo, doctor.

- Gracias, muchas gracias.

Eso sería lo ideal,

que llegáramos antes del nacimiento, si es posible.

¿Porque qué tal la criatura nazca con la misma enfermedad

que todos tus parientes?

Y lo diagnostiquen como enfermo.

- Don Hugo,

¿y usted no cree que es peligroso volver a la ciudad?

Cuando sus enemigos se enteren que usted está vivo,

van a volver a atacarlo.

- Bueno, pero eso no sucederá

porque yo me mantendré en el hotel

mientras ustedes se acercan a Soledad

y ofrecen la ayuda del doctor Sirak.

- Señor,

le confieso que la última vez que vimos a la señora Soledad,

no fuimos muy amables con ella.

Tal vez nos rechace.

- El único que tiene motivos para estar dolido con ella,

soy yo.

- Qué pena por usted, don Hugo, pero entiéndanos.

Después de lo que le hizo,

nosotros quedamos muy molestos con ella.

- Ahora se van a acercar a ella...

y nunca más...

volverán a ser descorteces.

- Será lo que usted diga, señor.

- Y si no tienen éxito, lo haré yo.

Boris: Sí, señor.

[Risa]

- Qué noche tan maravillosa.

Si todo es como yo lo pienso,

la bebé trae el mismo mal que la familia Medina.

¿Dónde está?

Sí, aquí.

"El factor hereditario es de tener en cuenta.

En familias donde hay miembros que tienen catalepsia,

sus hijos pueden no padecerla,

pero eso no asegura que puedan heredarla

a otro miembro de la familia".

Perfecto.

Eso quiere decir que Alcides puede no tener la enfermedad,

pero sí su hijo.

¡Eva! ¡Eva!

Es la mejor noticia que he tenido.

Perdimos a Hugo de Medina, pero ahora tenemos al niño.

Después de su nacimiento será mío.

Y cuando lo estudie,

descubriré el secreto que esconde su enfermedad.

[♪♪♪]

Será tu salvación.

Esa criatura te regresará a la vida, mi amada Eva.

El hijo de Soledad Obregón te regresará a mí para siempre.

Para ser felices...

tú y yo.

¡Eternamente felices!

[♪♪♪]

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