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Original subtitles

[♪♪♪]

- No.

¿Qué te sucede?

¿Qué te pasa, mi vida? ¿Dónde estás?

- Ay, no. No. Otra pesadilla.

Mi niña, despierte.

- No puedo verte.

Sé que me necesitas.

¿Dónde estás?

- Dicen que vieron caer a alguien desde allí.

- Espero que no haya sido don Sebastián.

Estas aguas son muy frías y son pocas

las posibilidades de sobrevivir.

- Sí, esto es peligroso, muy peligroso.

¡Vamos, vamos, vamos!

Busquen bien, busquen despacio, vayan hacia abajo.

¡Pero muévanse! ¡Muévase, muévase, muévase!

- No cabe duda que ese mal viviente

odia a don Sebastián.

- Usted se quedará con algunos de mis hombres,

yo seguiré buscando al bandido

que se llevó a la mujer de su amigo.

Tengo que dar con él, tengo que dar con él.

[♪♪♪]

Beatriz: Él te trajo el dinero

y lo mataste, eres un miserable.

- Era necesario.

Ese desgraciado pensaba rescatarte

para quedarse contigo,

y eso no lo voy a permitir.

- Te odio. ¡Cómo haces eso!

- Cállate. Escúchame muy bien, Beatriz.

Tú vas a estar conmigo, ¿me entiendes?

Y solamente conmigo.

Beatriz: ¡No!

Suéltame, no te atrevas a tocarme, estúpido.

- Vas a tener que aprender a quererme

tanto como yo te quiero a ti.

- Por favor, no seas iluso, Fabio.

Tú no eres más que un peón insignificante.

Si me he acostado contigo ha sido solo para utilizarte,

pero tú me das asco.

[Golpe] - ¡Cállate!

Cállate. Y cuida tus palabras.

- No me callo, peón asqueroso.

[Quejidos]

- Ya sé que los de tu clase no saben lo que es el respeto.

Mírame, pero conmigo lo vas a tener que aprender,

a las buenas o a las malas.

- Ah, ah.

Soldado: Aquí está, doctor. ¡Venga!

Doctor: Ya voy.

A ver, déjenme examinarlo. Volteémoslo. Ayúdenme.

[Quejido]

No siento su pulso.

No está respirando.

- Debe estar muerto, doctor. Mírelo cómo está de pálido.

- No, sufrió un infarto.

Si me doy prisa, puedo salvarlo.

Vamos. Un, dos, tres.

[Estruendo]

- ¿Qué? ¿Otra vez temblando?

¿Qué sucede? Ay. ¿Otra vez usted?

Creí que era mi imaginación, que era un sueño.

- Nada de eso, Enrico.

Las palabras que dijiste

trajeron mi alma de nuevo a la tierra.

¿No lo recuerdas?

- O sea que ¿eso de la misión es real?

- Deberás cuidar de Soledad de Obregón

de ahora en adelante.

Por eso quiero darte instrucciones.

Tendrás que empezar la tarea mañana mismo.

- Ay, no, mañana no, yo estoy muy cansado.

Es mejor hasta...

[Estruendo]

No, no, no, no, no. Era una broma.

Era una broma.

- Escúchame bien, Enrico.

Mañana a primera hora, quiero que te internes en el bosque.

- Ajá.

- A buscar una flor azul maravillosa.

Se trata de la orquis vivanti,

será la clave para que empieces tu misión.

- ¿Y cómo la reconoceré?

- No te preocupes.

En cuanto estés frente a ella, la reconocerás de inmediato.

Es la flor más bella de la naturaleza.

- ¿Y qué debo hacer con ella?

- Tráela. Cuando la tengas, aquí te diré qué debes hacer.

- Uno, dos, tres.

Vamos, usted me dijo que un paciente

en este estado puede oír. Ahora le tocó su turno.

Piense en lo que más le inspira vivir.

Piense en aquello que más lo inspire vivir.

Soledad: Hugo, mi amor, regresaste.

- Ayúdame, Soledad.

Ayúdame, por favor.

- Pero...

¿Qué pasa, mi amor? ¿Qué tienes?

- Solo tú...

solo tú puedes regresarme a la vida.

Te lo ruego. Por favor, sálvame.

Sálvame.

[♪♪♪]

- No te dejes vencer.

Mi amor...

Te lo ruego.

- Ay, Virgen Santa, por favor dale paz.

Dale paz.

Ya mi niña ha sufrido demasiado.

[♪♪♪]

- Creo que te equivocaste de puerta.

El salón del té queda en la esquina.

Aunque a esta hora, debe estar cerrado.

- No, no busco el salón de té.

- Ah, ¿no? ¿Y se puede saber qué hace una mujer tan fina

como tú en un lugar como este?

Cuidado, hay muchos borrachos, te pueden confundir.

- Necesito hablar con el dueño de la taberna.

- ¿Para qué o qué?

Omar: Yo soy Omar, el dueño.

¿En qué puedo servirte, princesa?

- Sí.

- Necesito hablar con usted.

- Habla.

- A solas.

- Permiso.

- Bueno, por supuesto.

Vamos a un reservado y allá podremos hablar más tranquilos.

- Un, dos, tres.

Ya no hay nada que hacer.

Llévenlo al anfiteatro de la ciudad.

En seguida, doctor. Voy a buscar la ayuda

de otros hombres para trasladarlo, vamos.

[♪♪♪]

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Despiértame otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer. ♪

- Ahí estás.

Mi amor, resiste, resiste. Tengo que salvarte.

No, no te voy a dejar ir, mi amor.

Estoy aquí para ayudarte.

Resiste.

- ¿Qué pasa, Úrsula? Escucho voces.

- Es la niña Soledad, lleva rato con pesadillas.

Ay, pobrecita, ni dormida puede estar tranquila.

- Mi amor, no te vayas.

Quédate conmigo, mi amor.

Te amo.

- Pobre sobrina mía.

¿En qué clase de locura se convirtió su vida?

Y todo por la obsesión de un hombre.

Hay que despertarla.

- No, no. ¿Para qué la va a asustar?

Ella luego se tranquiliza.

- Hazte a un lado.

- Dije que no.

Omar: ¿Un espectáculo aquí en la taberna?

- Sí, así como lo oye.

Un espectáculo musical.

Yo sería la cantante.

Estoy segura que eso atraería muchísima clientela.

[Risas]

- No me imagino una mujer tan refinada como usted

cantando en mi negocio.

¿Detrás de qué va usted?

- No, no se confunda.

Soy una mujer muy respetable.

Una verdadera artista.

Vengo de familia de músicos.

- Entonces, ¿usted es cantante?

- Sí, desde niña lo hago.

Trabajé en lugares muy prestigiosos.

- Despierta, mi amor.

Estoy aquí contigo.

[♪♪♪]

- Sabía que eras tú.

Lo sabía.

- Siempre voy a estar contigo.

Nunca te voy a dejar solo.

- Yo te amo.

A pesar de todo, te amo.

- Yo te amo a ti.

No te imaginas cuánto.

[♪♪♪]

Te amo, mi amor.

- ¿Cómo te atreves a enfrentarme?

¿Quién te crees que eres?

- Entiéndame, señora Antonia,

yo he atendido a la niña Soledad

después de todas sus pesadillas,

y sé que es mejor no despertarla.

Queda muy intranquila, se pone peor.

- No seas ridícula,

todo el tiempo ha estado nombrando a ese hombre.

Quién se sabe qué clase de sueños pecaminosos

esté teniendo.

- Por favor. - Quítate de aquí.

[♪♪♪]

- ¡Está vivo!

Doctor, venga, este hombre está vivo.

Doctor: ¿Qué pasó?

- Está vivo.

- No puede ser.

¡Oh, por Dios, está vivo!

Vamos a cubrirlo.

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Despiértame otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No, no, no... ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

♪ Ay, miren qué solita estoy. ♪

♪ Ay, que a mi corazón le falta amor. ♪

♪ Porque el dueño de mi vida a mejor vida pasó. ♪

♪ Uy. ♪

- No, no, no, no, don Omar, por favor, no se confunda.

Esto es solo una pequeña demostración

de lo que puedo hacer.

- No, no lo hace nada mal.

Ested es, indudablemente, una artista.

Sí, creo que es capaz de atraer a muchos clientes.

Un espectáculo...

le daría mucho nivel a este lugar.

- Sí, sí, imagínese,

yo vestida muy elegante

recorriendo todo el salón con un antifaz.

[Risas]

- Quiere guardar su identidad.

- Sí, sí, debo hacerlo.

Recuerde que soy la viuda de Jeremías Montenegro

y, bueno, mucha gente nos conoce.

Usted me comprende, ¿verdad?

[Pasos] [Estruendo]

Guillermo: ¿Estás segura que el viejo Jeremías

no nos está siguiendo?

- No, claro que no.

- ¿No?

- Ay, ay, que no. ¿Por qué no sales y miras?

- Ay, ¿por qué yo?

No, el viejo Jeremías vivía en esta casa.

¿Qué tal que al viejo se le olvide que está muerto

y entonces se venga y se meta aquí en su casa

pensando que todavía está vivo?

- Ay, ¿cómo se te ocurre? ¿Cómo se te ocurre?

Si a la viuda le dieron un montón de dinero

por esta propiedad.

Él sabe, el fantasma o el ánima o lo que sea de Jeremías

sabe que no puede entrar a propiedad privada.

¿Por qué no sales y miras?

- No, no, no, no, no.

Tú siempre has sido la valiente,

la primera en todo. Sal tú, yo te sigo.

- Pero si tú eres el hombre de esta familia,

el hombre de la casa.

- No, primero las damas, Burkecita.

Tú siempre te has quejado que yo no soy cortés contigo.

Hoy quiero cambiar, sigue tú, por favor.

- Guillermo, Guillermo, no seas gallina.

[Imita cacareo]

Guillermo.

- Entonces, ¿qué? ¿Acepta mi propuesta?

- Mmm...

Me gustaría, pero...

Pero no puedo.

El montaje requiere mucho dinero,

y yo no tengo para tanto.

- ¿Y si yo consigo un socio?

Solo dígame si le interesa o no.

- Por supuesto que me interesa, mi reina.

Yo me encargaría de conseguir los músicos

y hacer la publicidad.

- Entonces, que sea un trato.

Le aseguro que va ser un gran, gran negocio para los dos.

- ¿Me quiere explicar cómo sucedió esto?

Yo mismo vi que usted no tenía signos vitales.

Traté de revivirlo varias veces y no funcionó.

- Luego tendremos tiempo de hablar de eso.

Ahora dígame dónde está Rita.

- El teniente Márquez la anda buscando.

Sebastián, discúlpeme.

Al leer la nota que llegó a la clínica,

me tomé la libertad de llamar a la policía.

- Le agradezco su preocupación, doctor.

Cuénteme, ¿hacia qué rumbo tomaron?

- No, usted no se puede mover de acá.

Todavía está débil.

- Yo me siento bien.

Me preocupa que ese desgraciado le vaya hacer daño.

Antonia: Te veías tan angustiada, Soledad.

No sabía cómo despertarte.

Lo siento.

- Tía, no te preocupes.

Era un sueño, una pesadilla, pero yo estoy bien.

Lamento mucho haberte despertado.

Ya te puedes ir a descansar.

- ¿De verdad vas a estar bien?

- No se preocupe, señorita Antonia,

yo me encargo de cuidar a la niña Soledad.

- Está bien.

Soledad,

tienes que dominar tus pensamientos.

Tienes que sacar a Hugo de Medina de tu mente.

Eso es lo que debes entender.

Buenas noches.

- Úrsula, era una pesadilla,

pero al final, tuve un sueño hermoso con Hugo.

Y en mi mente escuchaba que me llamaba,

que me pedía que lo ayudara, que lo salvara.

Y, de pronto, con un beso lo salvé.

Con un beso le salvé la vida.

Ay, fue un sueño tan hermoso.

Yo desearía que nunca hubiera despertado,

que hubiera sido verdad.

Que hubiera podido salvar a Hugo.

- Ay, mi niña.

En medio de todo,

la señorita Antonia tiene razón.

Doctor: ¿Qué va hacer?

Ya escuchó al teniente, es mejor que nos quedemos aquí.

- Doctor, no me puedo quedar de brazos cruzados.

- Usted está muy débil.

- No se preocupe, yo conozco mi cuerpo.

[♪♪♪]

- ¡Lo tenemos rodeado, sal¿Cómo nos encontraron?

Ni se te ocurra hacer una estupidez.

- ¡Le doy tres minutos para salir

o entramos por usted!

Fabio: No pienso entregarme,

así que puede hacer lo que le plazca.

[Disparos]

¡Que te quedaras quieta!

[Disparos]

Teniente: ¡Apunten a la ventana!

- Déjame ir, déjame ir, Fabio, por favor.

Podemos buscar la manera para que...

para que salgas bien librado de esto.

- Ya sé qué es lo que vamos hacer.

[Disparos]

Párate.

[Quejidos]

Vas a ser mi rehén.

Te juro que vamos a salir de esto.

Vamos a salir de esto con vida los dos.

[♪♪♪♪]

- ¿Cómo pudo sobrevivir? Yo mismo vi cuando cayó al río.

Nadie puede sobrevivir

a unas aguas tan frías como esas.

[Quejidos]

- ¡Fuego!

[Disparos]

¡Vamos tras él, vamos!

[Disparo]

- Beatriz, Beatriz. Despierta, Beatriz.

Guillermo: Sí, sí, sí, sí, sí. [Risa]

Ay, buenos días, tigresa.

- ¿Tigresa?

[Risa]

- ¿Y desde cuándo dejé de ser tu...

[imitando gruñido] gatita?

- Ay.

Desde anoche, que te portaste tan cariñosa como una fiera.

[Risas]

[Imitando gruñidos] ¡Ay, sí! ¡Ay, no!

[Risas]

- Ay, Burke. - ¿Sí?

- Ay. ¿Hace cuánto que no dormíamos

en una cama tan blandita como esta?

- Sí, gatita. Y lo mejor de todo

es que no hubo ningún fantasma que viniera a molestarnos.

Hasta podríamos dormir otro ratico. ¿No te parece?

[Gritos] [Risas]

- Guillermo, Guillermo, creo que no se va poder.

Guillermo: Ay. No me digas que estás cansada.

- No. Guillermo, mira, mira, por favor, quién está aquí.

Guillermo: No quiero. No quiero.

Boris: ¿Qué hacen aquí?

Los contraté para que cuidaran la casa.

No para que se tomaran estos atrevimientos.

Esther: Adelante, doctor.

- ¿Cómo se siente, señora?

- Mucho mejor, doctor.

Estoy tratando de seguir sus instrucciones

y permanecer muy tranquila.

- Estuve hablando con el doctor Max, hija.

Él se va hacer cargo del seguimiento de tu embarazo

porque el doctor Jiménez

tiene mucho trabajo fuera de la ciudad.

- Ah, qué bueno.

- Necesito examinar a la paciente.

¿Podrían dejarnos solos?

- Claro que sí, doctor. Vamos, Úrsula.

- Úrsula, quiero que vayas a la mansión Montenegro

y les lleves algo de comida a los Burke.

No han de haber comido nada.

- Sí, señora. Permiso.

Soledad: Gracias.

[♪♪♪]

- ¿Y se puede saber qué hacen esos bribones

en la mansión Montenegro?

- Le entregué a Boris la mansión Montenegro

por un negocio,

y él los dejó ahí para que la cuidaran.

- Los Burke cuidando la hacienda.

Grave error, señora.

Esos son apenas un par de ladrones.

No se debe confiar para nada en ellos.

Veamos.

Guillermo: No, no, no, don Boris, no piense mal.

Lo que pasa es que anoche nos asustaron.

Entonces, no pudimos ir a la casa por ropita.

Nos tocó meternos aquí en este cuarto

que es el más seguro de la casa y ponernos estas pijamitas.

- Ah, ¿sí?

¿Y los que los asustaron les dijeron que podían quedarse

en esta alcoba y en esta cama?

- Don Boris, es que lo que a mí me pasó ayer fue terrible.

Fue horrible. Yo me desmayé.

Fue la cosa más terrible que he vivido en mi vida.

- Horrible.

- Entonces, al pobre gatito lo único que se le ocurrió

fue acostarme en esta humilde camita.

- Descarados.

Échalos de esta casa.

- Se los advertí.

Se los advertí. - ¡No!

- Les dije que tenían que cuidar esta casa.

Que tenían que protegerla con sus vidas.

Y miren con lo que me encuentro.

- Con violencia no se arregla nada, señor Boris.

- Y, y usted lo único que es, es un materialista.

Porque ¿qué es esto? Una cama, una simple cama.

- ¡Silencio!

- ¡No, señor! ¿Nos hemos robado algo?

¿Nos ha visto que tenemos...? Boris: ¡Silencio!

¡Cállese, silencio!

Está bien, está bien.

Les voy a dar otra oportunidad solo porque los necesito.

Publiqué un aviso en el periódico

anunciando la venta de esta hacienda.

Tendrán que colocar esos letreros en la entrada

y recibir a los posibles compradores.

- Ah, está bien, está bien, señor Boris.

Eso es otra cosa.

Nosotros haremos lo que usted pide.

No se preocupe, tranquilo.

Eso sí, tiene que pagar.

- Está bien, les dejaré para comida y gastos.

Si la hacienda no se vende en un mes,

les enviaré más dinero para que sobrevivan.

Eso sí, no abusen de mi paciencia.

- Don Boris...

- Burke, Burke... - ¿Por qué es tan bueno?

- Ay, sí. Señorita, gracias. Usted también es tan buena.

- Su estado es muy delicado, señora.

si no guarda reposo, puede perder al bebé, se lo advierto.

- No, doctor, mi hijo es lo único que me importa.

Por favor, no permita que algo malo le pase.

Max: Eso depende de usted, si guarda absoluto reposo.

Si no lo hace, ustedes tienen que obligarla.

- No se preocupe, doctor.

Los padres de Soledad y yo misma

nos encargaremos de que así sea.

Haremos que Soledad cumpla al pie de la letra

sus instrucciones.

Soledad,

haremos que tu bebé nazca bien,

y crezca en las mejores condiciones.

Le acompaño a la puerta, doctor.

Max: Gracias.

[Puerta cerrando]

- No pensé encontrarte aquí, Rebeca.

Hacía mucho tiempo que no venías.

- Vine a visitar a los amigos de mi marido.

Ay, Lucas...

Lucas, ya no aguanto más.

- ¿Qué sucede, Rebeca?

¿Por qué, por qué vas a llorar?

- Ah, Lucas, estoy en la quiebra.

Jeremías me dejó muchas propiedades,

pero también me dejó muchas deudas.

Y ya se me acabó el poco dinero que tenía.

- Cuánto lo lamento.

Rebeca, es que,

la situación económica es difícil para todos.

Ay, cómo me gustaría ayudarte.

- Mire, la verdad es que yo no quiero ser una carga

para nadie.

Solo...

solo necesito un socio para mi espectáculo.

- ¿Un espectáculo? ¿Tú? - Sí.

Nunca te conté, pero alguna vez en mi vida

fui una cantante exitosa y...

y, bueno, lo dejé todo cuando conocí a Jeremías.

Tú, Lucas, ¿no...?

¿No tendrías a alguien

que se pudiera interesar en eso?

- Pues, bueno, podría ser, pero...

pero tendrías que darme uno o dos días.

A ver, voy a hablar con unos amigos.

- ¿De verdad, Lucas?

¿De verdad tú harías eso por mí?

- Pues, no te aseguro nada, Rebeca,

pero haría lo posible.

Me apena verte así.

Además, tú eres la viuda de quien fuera mi mejor amigo.

- Ay, Lucas, Lucas,

yo sabía que podía contar contigo.

Eres un hombre tan bueno.

[♪♪♪]

Beatriz: Mi amor. - No.

No digas nada, estás muy débil.

Necesitas descansar.

- ¿Dónde está el notario?

- Beatriz, por favor.

Beatriz: Dijiste que nos íbamos a casar.

- No hables.

Nos vamos a casar, yo te di mi palabra,

pero lo haremos cuando te mejores.

Ahora estás muy débil. - No.

Hugo: Beatriz... - No,

tiene que ser ahora mismo.

- Por favor... Beatriz: Mi amor,

yo sé que me queda poco tiempo. Hugo: Shhh, cálmate.

- Y cada vez me siento más débil.

- Cálmate. - Estoy muy débil.

- Señora, cálmese, por favor.

Sebastián, necesito hablar con usted. ¿Me acompaña?

- Cálmate.

Yo regreso enseguida.

[♪♪♪]

Doctor: Lo que tengo que tengo que comentarle

es muy delicado.

- ¿Qué pasa, doctor?

- Ella está aprovechándose de la situación

para tratar de lograr sus propósitos.

- Explíquese mejor.

- Su estado de salud no es tan grave

como ella quiere hacernos creer.

Cuando la rescatamos de la cabaña,

su pulso era normal,

a pesar que estaba supuestamente inconsciente.

- ¿Está seguro?

- Me atrevo a decirle esto porque la enfermera

se prestó para su juego.

¿Conoce estos aretes?

- Sí, claro, son de ella.

Doctor: Bien.

Cuando noté que ella estaba simulando,

enfrenté a mi enfermera,

y ella me confesó que se los había regalado

para tratar de convencernos.

[♪♪♪]

- Ay, debí esperar algo así.

- Usted váyase a su hotel y descanse,

yo me quedaré cuidándola para que siga mejorando.

- Muchas gracias, doctor.

Marina: Al fin nos vamos a ver con el patrón Boris.

Boris: A mí me alegra mucho irme de aquí.

Quiero empezar una nueva vida contigo.

- Me alegra que pienses así.

[♪♪♪]

- Arre.

[Caballos relinchan]

- Ella lo dijo muy claramente, se van a ver con el patrón.

Qué diablos, los Burke pueden esperar.

Ese patrón tiene que ser Hugo de Medina.

Lo sabía, mis sospechas era ciertas.

Hugo de Medina está vivo y yo voy a encontrarlo.

[♪♪♪]

- Tía, tía Rebeca.

Ay, tía, qué bueno que por fin te veo.

No sé qué le sucede a Hércules,

llegó hace un rato furioso y se puso a beber.

- Ay, Hércules me tiene cansada con tantas tonterías.

Estamos pasando por la peor crisis económica

y él ni siquiera es capaz de encontrar a Enrico

para dar con el tesoro.

- ¿Tan mal estamos? ¿Y, y qué vamos a hacer?

- Escúchame bien,

pero prométeme que no le vas a decir

una sola palabra a Hércules.

- No, yo soy una tumba.

- Estoy consiguiendo un socio

para montar un espectáculo en la taberna de la ciudad.

- ¿Qué? ¿Enloqueciste, tía?

¿Vas a regresar a hacer lo mismo que en el burdel

del que te sacó Jeremías?

¿Qué pasa si algún cliente te reconoce

y todo el mundo conocería el pasado que tanto escondes?

- No, no, no, no.

No te preocupes.

Esta vez va ser diferente.

Voy a ser la Dama Misteriosa.

- No, a mí eso me parece muy riesgoso.

- Pero también puede ser beneficioso, ¿no?

¿Qué tal que nos caiga un millonario

que nos haga salir de pobres?

- Eso suena muy bien. - Sí.

- Bueno, te cuento que yo también he hecho mis avances.

- Ah, ¿sí?

- Arturo de Linares está por caer en mis manos.

- Ay, me encanta.

Cada vez te estás pareciendo más a mí.

- Necesito hablar contigo, Rebeca.

[♪♪♪]

- ¿Será que voy en la dirección correcta?

- No te detengas, vas por buen camino.

- Ay, pero es que esto es muy difícil.

¿Cómo quiere que encuentre esa flor?

- No es una flor cualquiera.

Es la orquis vivanti y sí, sí la encontrarás,

pero no puedes desfallecer ahora.

Adelante, a subir.

[Puerta cerrando]

Hércules: Te vi esta tarde

abrazada con el viejo decrépito de Lucas de Obregón.

- Me estabas espiando.

- Dime la verdad, Rebeca.

¿Quieres acostarte con ese viejo

para sacarle dinero?

Te recuerdo que yo no estoy pintado en la pared.

- ¡Suéltame, estúpido!

Por tu culpa estamos como estamos.

Tu maldito juego acabó con lo poco que nos quedaba.

Ahora no me vengas a hacer reclamos estúpidos.

- No me has contestado.

¿Piensas acostarte con ese viejo para que te dé dinero?

Rebeca: No me vuelvas a poner un dedo encima.

Tú no eres nadie, eres un estorbo,

un bueno para nada. ¡Déjame en paz!

- Solo estoy pensando en ti.

No quiero verte convertida de nuevo en una prostituta.

No tienes por qué vender tu cuerpo otra vez.

- Todo lo que me pasa es culpa tuya.

Tú me dejaste en la ruina.

Voy a hacer lo que tenga que hacer,

pero no voy a caer otra vez en la pobreza.

[♪♪♪]

- No tienes por qué preocuparte, tía.

Solamente voy a ir un momento a visitar la tumba de Hugo.

- Tú no tienes nada que hacer allá.

Te lo dije anoche y te lo repito, Soledad.

Debes desterrar a ese hombre de tu vida.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué discuten?

- Mamá, por favor dile a mi tía que me deje ir

a visitar la tumba de Hugo.

- Ah, tu tía tiene razón, hija.

- Lo digo por tu bien, es mi responsabilidad.

- El médico te recomendó que guardaras reposo.

- Pero, pero ¿cuál es el problema?

No me voy a tardar nada.

¿Por qué están armando una tormenta de esto?

Voy a estar bien.

No nos va a pasar nada, de verdad.

- Soledad, tú no sales de aquí.

- Mamá, mamá, por favor.

Durante el resto del embarazo, no voy a poder ir a visitar

la tumba de Hugo.

Mamá, deja que al menos me vaya a despedir.

Úrsula: Yo la voy acompañar,

así ustedes pueden estar más tranquilas.

- Está bien, hija,

pero que sea la última vez que vas al cementerio.

Eso no te hace bien y no quiero volverte a ver enferma.

- Gracias.

- Ahora entiendo muy bien

por qué pasan todas estas cosas, Esther.

Te falta mano dura con Soledad.

Las madres no pueden ser así sin disciplina,

porque mira lo que sucede.

Esa niña va directo a la perdición

y todo por tu bendita culpa.

[♪♪♪]

Hugo: Pasen, por favor.

- Con su permiso.

- Tardaste tanto.

Han pasado muchas cosas y tú sin venir.

Boris: Tuvimos algunos problemas

después de que sacamos a los Burke de la cárcel.

También hubo algunos inconvenientes

en la casa Obregón.

- ¿Le sucedió algo a Soledad?

- No se preocupe por ella, patrón.

Ella está muy bien, se le nota.

- ¿Cómo tomó la muerte de su esposo Alcides?

¿Ha sufrido?

Soledad: Anoche soñé contigo.

Fue tan maravilloso.

Pensar que regresabas

y que estábamos de nuevo juntos.

[♪♪♪]

Pero fue solamente un sueño.

Te traje flores blancas.

El blanco significa amor eterno,

por eso escogí estas para ti.

También quería...

quería venir a decirte que por un tiempo

no voy a poder visitar tu tumba.

Es por mi salud, mi amor,

por la salud de nuestra hija que no debo estar aquí,

pero, pero tú sabes,

tú sabes mejor que nadie que...

que tú eres el dueño de mi corazón

y que siempre te llevo en mi mente.

Eso nunca va cambiar, mi amor.

[♪♪♪]

Gracias.

Eh, señor.

Disculpe, ¿usted es una de las personas

que, que puso Boris Monsalve

a cuidar la tumba de Hugo de Medina?

- Sí, sí, señora. A la orden.

- Ay, señor,

es que yo creo que no voy a poder regresar por un tiempo,

pero, si usted pudiera,

en lo posible, traerle flores frescas

todos los días y, y quitarle la maleza,

se lo agradecería mucho. - Sí, claro. Sí, señora.

Como usted ordene, tranquila.

- Muchas gracias.

- No le haga caso a la orden de mi sobrina.

Esta tumba debe permanecer como está.

- Pero, señora, lo que pasa... - Pero nada.

Le pagaré cada mes por mantenerla abandonada.

Será un buen pago por no hacer nada.

- Sí, señora. Así será.

[♪♪♪]

- Por tu bien, sobrina,

haré que olvides a Hugo de Medina.

[♪♪♪]

Boris: Y todos los afectados

se juntaron en la casa de la señora Soledad,

para cobrar las deudas de su hermano Alcides.

- Eso estaba lleno de gente, patrón.

Estaba el tabernero don Omar, el sastre,

el de los abarrotes, y todos estaban muy enojados.

- Entonces, ¿has sufrido por las deudas de Alcides?

- Así es, don Hugo.

Afortunadamente, nosotros pasábamos por ahí,

y pudimos ayudar a dispersar a la gente.

- Muy bien hecho, Boris.

Muy bien hecho.

¿Ella está bien?

¿Alguien la lastimó?

- No, señor.

Afortunadamente, la situación se pudo controlar a tiempo.

- Ya no tiene de qué preocuparse, patrón.

- No me preocupa.

Ella se buscó su suerte al casarse con mi hermano.

- Me dijeron en la recepción

que usted está hospedado aquí con una dama.

- Con Beatriz.

Me la encontré por casualidad y...

hemos pasado momentos difíciles.

Fabio le disparó en el estómago.

La pobrecita está en el hospital.

- ¿Y usted, señor?

- ¿Yo?

Yo estoy harto de esta situación, Boris.

Anoche estuve a punto de sufrir otro ataque de catalepsia.

- Lo siento mucho, señor.

- Creo que llegó el momento de visitar a Von Sirak.

- Marina, ¿me puedes hacer el favor

de traer un poco de agua caliente?

Eso ayudará a mantener

la temperatura del cuerpo de don Hugo.

Ve.

[♪♪♪]

¿Von Sirak, señor?

¿El científico que su padre contrató

para investigar sobre su enfermedad?

- No puedo seguir dependiendo del amor de Soledad

para estar bien.

- ¡Esther!

¡Amor!

¡Ya llegué!

Esther, ¿qué pasó?

Pero, Hércules, ¿usted qué hace aquí?

- Viejo decrépito,

está en serios problemas por meterse con mi mujer.

- Pero ¿de qué habla?

Usted está equivocado.

Esther: ¡Ah! ¿Qué hacen?

Suelte a mi esposo.

- Su esposo y yo tenemos cuentas pendientes.

¿No es así?

Cuéntele, cuéntele a su esposa.

[Puerta abriendo] - Soledad.

Soledad: ¿Qué está pasando aquí?

¿Papá?

- Dios Santo, pero ¿qué significa esto?

- Quiero saber a dónde fue el señor alto

que entró con una mujer de falda azul hace un rato.

- Subió a ver al señor Sebastián Montes,

que se encuentra hospedado con su señora,

doña Rita Balbuena.

Max: Ah, los esposos Montes,

grandes amigos míos, yo también voy a saludarlos.

- Gracias, bienvenido.

[♪♪♪]

- No entiendo a qué se refiere don Hugo.

¿Por qué dice que no puede depender

del amor de la señora Soledad?

¿Que acaso pasó algo con ella?

No me lo explico, ella está allá.

- Cuando fui a buscar a Beatriz,

Fabio me tendió una trampa.

En un descuido mío, caí al río,

Como pude, llegué a la orilla, y allí quedé tirado.

- Fue ahí donde sufrió el ataque de catalepsia.

- Entonces, pensé en Soledad.

Pensé en ella y fui a buscarla a su casa.

Estuve en su cuarto junto a ella.

Le pedí ayuda.

- Eso fue un sueño.

- Solo bastó que se acercara.

Se acercó y, con un dulce beso, me regresó a la vida.

El amor que siento por Soledad

una vez más me regresa a la vida.

- Gracias a ella usted pudo despertar.

- Gracias a Soledad, Boris.

Yo no puedo depender del amor de una mujer que me traicionó.

- Si no hubiera sido así,

bueno, tiene razón,

tenemos que buscar una cura para su enfermedad.

Hay que encontrar a Von Sirak.

[♪♪♪]

[♪♪♪]

- Aquí es.

Si Hugo de Medina se encuentra en esta habitación,

lo llevaré conmigo vivo o muerto.

[♪♪♪]

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