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Cuando te conviertes en adolescente,
crees que eres genial solo por ser adolescente.
Luego te enteras que no importa lo genial que actúes,
si no te ves genial, podrás ser un niño de 5 años.
Y lo más genial que podrías tener a los 13 es una chaqueta de piel.
Pueda que él no tenga papá, pero tiene una chaqueta de piel.
- ¿También tienes una chaqueta? - Mamá acaba de conseguírmela.
Pensaba conseguir una.
¿Sí? ¿Por qué?
Mírame. Soy flaco y bajito.
- No seré genial de un día a otro. - No te ves tan mal.
Sí, pero necesito algo.
- ¿Crees que un chaqueta ayude? - Supongo.
Lo único que pensaba es que la chaqueta de piel correcta
me convertiría de este chico a este otro.
Chris, esa chaqueta de piel es genial. Salgamos.
Tan pronto termine de posar.
Sabía dónde conseguir una chaqueta. Lo que necesitaba era dinero.
¿Una chaqueta de piel? ¿Para qué necesitas una chaqueta de piel?
Keisha dijo que era genial.
¿Crees que una chaqueta de piel te hará genial?
Volvió millonarios a estos tipos.
Podría ser. Lo único es que no tengo 50 dólares.
- Ahorra de tu mesada. - ¿Mi qué?
¿Una mesada? Es dinero que tus padres te dan cada semana.
Había escuchado de las mesadas, pero no sabía que existían.
Pensaba que era algo que solo ocurría en TV.
Aquí tienes, hijo.
¿Mil dólares? Gracias, padre.
Ya que mi padre siempre trabajaba, siempre parecía de mal genio.
Parecía como si nunca fuera un buen momento para pedirle dinero.
Papi, ¿puedes darme 15 dólares para ir a la Estatua de la Libertad?
- De acuerdo. - Papá, puedes darme cinco dólares
- para ir al show? - De acuerdo.
- ¿Puedes darme 25 para compras? - De acuerdo.
Parece que este puede ser un buen momento después de todo.
Oye, papá, ¿puedo comprar una chaqueta de piel?
¿Una chaqueta de piel? ¿Tienes dinero para chaquetas de piel?
¿Por qué necesitas una chaqueta de piel? ¿Qué pasa con la de Drew?
En vez que Drew se pusiera mi ropa vieja, yo me ponía la de él.
Creo que fui el primer niño en heredar la ropa de su hermanito.
Es muy pequeña, está pasada de moda, y no es genial.
No se supone que sea genial. Se supone que te caliente.
- Estar caliente es genial. - No te pido que me la compres.
- Ahorraré. - ¿Ahorrarás qué?
Esperaba que pudieras darme una mesada.
Sé que sonaba como una pregunta inocente, pero él escuchó esto:
Ya que trabajas como un esclavo y no tienes tiempo
para disfrutar tu propio dinero, ¿me lo puedo quedar?
No te daré dinero para que camines por ahí haciendo nada.
¿Una mesada? Yo te dejo dormir aquí en la noche.
Yo te dejo comer papas.
Yo te dejo usar mis luces. Yo te dejo tomar mi Kool-Aid.
Yo te dejo picar las judías verdes.
Te dejo ver esa TV.
Te dejo que aumentes mi recibo del gas.
Te dejo subir mis escaleras.
Te dejo que me hagas estas preguntas ridículas.
¿Por qué te daría una mesada
cuando ya pago por todo lo que haces?
¿A quién conoces que reciba una mesada?
Terminé.
Estuve hablando con Greg, y dijo que le dan cinco dólares semanales.
Suena como que a Greg le va mejor que a mí. Pídele una mesada.
Quieres una chaqueta de piel, tienes que conseguir un trabajo.
Mientras las cosas estaban apretadas con mi papá, mi mamá se soltaba.
Siempre estaba feliz cuando tenía la casa para ella sola.
Se ponía al día con su lectura.
Hablaba por teléfono.
Comía dulces caros que escondía de nosotros.
Pero había una cosa con la que nunca contó que arruinaría su día.
Ya voy.
- ¿Qué hacen aquí? - Algo malo pasó en la escuela.
Algo con la pintura.
Primaria Pintura con plomo
Antes que colocaran dispensadoras en las escuelas,
los niños con hambre a veces se comían la pintura.
Qué rico.
Si tuviéramos escaleras, nos comeríamos el asbesto.
- Quiero una. - Yo también, yo también.
- Vamos, hagan espacio para mí. - Oye, dame un poco.
Podemos regresar después que pinten los salones.
Bueno, se me hacen a un lado porque estoy limpiando.
- ¿Qué haremos todo el día? - No lo sé. Vayan a jugar.
Más les vale no desordenen la casa hasta después de las 4:30.
Digo, el asbesto mata. Un poco de pintura no lastimará a nadie.
Después de un día sin escuela, mi madre no se divertía para nada.
Y tampoco Tonya y Drew.
- ¿Qué haces? - Nada.
Cuando los niños sin dinero se aburren,
juegan a uno de los juegos más baratos: "Te reto".
Te reto a que te pongas estos cubos de hielo debajo del brazo.
- ¿Por cuánto tiempo? - Un minuto.
Muy bien.
- Uno, dos, - Cuenta bien, Tonya.
- tres, cuatro... - ¿Qué pasa contigo?
Lo reté a que se pusiera cubos de hielo debajo de sus brazos.
Quítate el cubo de hielo debajo del brazo.
No en el vaso. Niño, la gente bebe de ese vaso.
Bien, te reto a que te lo tomes.
- Más vale que no. Es asqueroso. - No me importa.
¿Saben qué? Ya que quieren hacer eso,
¿por qué no se retan a actuar con algo de cordura?
¿Qué tal eso? Me alegraré cuando regresen a la escuela.
Me están volviendo loca. El doble.
- Tienes algo que hacer. - Qué asco.
Mientras, me siento como el único sin una chaqueta de piel.
- ¿Tienes una chaqueta de piel? - ¿Genial, no?
Mi papá me la compró en la tienda militar.
¿No fuiste tú el que dijo que una chaqueta no te hacía genial?
Sí, pero estaba equivocado.
¿Qué dijo tu papá de la mesada?
Dijo que no, por dos horas.
Hola, Greg. Linda chaqueta.
Espera. ¿Ella te habló a ti?
Genial, ¿no?
Tengo que conseguirme una chaqueta de piel.
Encontrar un trabajo a los 13 no es lo más fácil de hacer.
Apliqué para trabajos fáciles.
¿Por qué te pagaría para empacar víveres
cuando yo mismo puedo hacerlo?
TALLER DE CALZADO
- Apliqué para trabajos difíciles. - Guardia de seguridad, ¿eh?
¿Alguna vez te han disparado?
BARBERÍA
Apliqué a unos que no sabía para qué eran.
¿Eres bueno con cerillos?
Hay un nuevo barbero. Necesita aprender una lección.
Te reto a deslizarte de espalda por las escaleras.
Dame una toalla.
El único lugar más peligroso que las calles de Brooklyn
eran los pasillos de Brooklyn.
Después de quedarme sin opciones, solo podía pensar en una persona
- que podía ayudarme. - Oye.
- Papá, ¿puedes darme trabajo? - ¿Qué?
Quiero comprar una chaqueta de piel.
Y he tratado de conseguir un trabajo, pero no está resultando.
- ¿Tanto así la quieres? - Sí.
- ¿Quieres ir a trabajar conmigo? - ¿En serio?
Sí, mañana es sábado. Puedes venir a hacer envíos conmigo.
Regresaré en unas horas. Te espero abajo a las 3:30.
- No a las 3:31. - No te preocupes. Estaré temprano.
No existe tal cosa. O llegas a tiempo o llegas tarde.
Estaba dispuesto a conseguir esa chaqueta. Nada me detendría.
Nada excepto una siesta.
Pensé que mi padre estaría enojado por no ir a trabajar.
En vez de una chaqueta de piel,
pensé que me darían un cinturón de piel.
- ¿Qué pasó esta mañana? - Me quedé dormido.
- ¿Por qué no me buscaste? - Tú eres el que quiere trabajar.
El trabajo no esperará por ti.
En el juego del "reto", no hay reglas,
no hay normas,
y el juego no termina hasta que alguien muere.
Te reto.
¿Qué me vas a dar?
Dos dólares.
Tómatelo. Rápido.
Rápido, Tonya.
Más. Tómatelo.
Genial.
¿Cómo estuvo?
Dame mis dos dólares.
Al día siguiente, me levanté más temprano que un infante de Marina.
¿Café?
Trabajar con mi padre era asombroso.
No podía creer lo grande que era.
Lo ruidoso que era. Lo rápido que era todo.
Me sentía como un niño menonita en Las Vegas.
Vamos.
- ¿Qué hay, George? - Oye, Herc.
- ¿Qué hay? - Hola.
- ¿Quién es él? - Mi hijo, Chris.
- ¿Quién es Herc? - Herc es como Hércules.
Es un hombre fuerte.
Los nombres con los que conocía a mi padre eran los de mi mamá.
Y no tenían nada que ver con ser fuerte.
Entonces, pequeñín, ¿eres tan gracioso como tu viejo?
- ¿Mi padre es gracioso? - No, no es tan gracioso.
Es más gracioso que dos...
Mi padre nunca decía groserías en casa.
Así que escucharlo me hacía sentir como estar en un club secreto.
Ve a trabajar antes de que traiga aquí a tu madre.
Bien, como digas. Te veo después, Pequeño Herc.
Y dile a tu mamá que venga, viejo.
- Oye, vayamos a trabajar. - No escuchaba tantas groserías
desde que mi padre le pisó el callo a mi madre.
En casa, el juego del reto terminó, pero los problemas comenzaban.
¿Qué sucede? Te escuché quejarte desde mi cuarto.
- Me duele mucho el estómago. - Déjame sentir.
Oh, no, estás ardiendo. Déjame sentir tu estómago.
Te llevaré a urgencias.
Espera aquí, iré por tu abrigo. Drew, levántate.
Ir al doctor era algo serio,
porque usualmente si algo salía mal con uno de nosotros,
mis padres creían que podían arreglarlo con jarabe para la tos.
- Me quemé el dedo. - Déjame ver. Déjame ver.
Toma un poco de jarabe para la tos.
Parece que se rompió un diente.
Iré por el jarabe para la tos.
- ¿Qué? - Mamá, atropellaron a Chris.
Oh, Dios mío. Iré por el jarabe para la tos.
Aquí.
No le diré. Tú fuiste la que te lo tomaste.
- Me retaste. - Cállate.
Bien, vamos, andando.
Hacía frío afuera.
Estaba cansado, y los periódicos eran pesados.
Me comenzaba a preguntar si la chaqueta valía la pena.
- Chris, ¿a qué horas sales? - Nunca.
Tengo que pagar esta chaqueta.
- Bien, es todo. - Bien. ¿Podemos descansar?
Descansaremos en tres horas. Vamos.
EMERGENCIAS ATENCIÓN URGENTE
Si ven TV, saben que la sala de emergencias
es uno de los lugares más emocionantes en que puedes estar.
Equivocado.
- Charlie y Karen terminaron. - No.
Sí, regresó a Nueva York.
Disculpe, enfermera, a mi hija le duele mucho el estómago.
El detalle de la gente que trabaja en la sala de urgencias es
que no son los de las emergencias. Ustedes sí.
¿En serio? ¿Pero viste a Tracy la semana pasada con su nuevo novio?
¿Pero no me ve aquí con una niña enferma?
¿Me ve aquí hablando con alguien? Deje de gritarle a la gente.
No necesito esto. Mi hombre tiene tres trabajos.
Trabajar con mi padre era una de las cosas más geniales que haya hecho.
Violábamos la ley.
- Podemos lograrlo, sujétate. - Papá, está en rojo.
Vamos, vamos.
- Sí. - Sí.
Insultábamos a la gente.
Rápido. Vamos. Sal del camino.
Bésame el trasero. Así es.
¡Así es!
Esa fue una de las noches más emocionantes de mi vida.
Entregábamos periódicos en Brooklyn.
Entregábamos periódicos en Queens, Little Italy,
el Barrio Chino, Harlem Español,
Harlem Puertorriqueño, el Bronx, Greenwich Village.
Entregábamos periódicos a gente que yo no sabía que leían.
Y después de entregar más de 15 toneladas de periódicos,
en lo único que podía pensar era: "¿Dónde diablos está el sol?"
Número 36, el doctor lo atenderá ahora.
Oh, no, no, no. Vamos, esto es ridículo.
- ¿Quién ayudará a mi hija? - A ese hombre le dispararon.
Solo porque no le dispararon no quiere decir que no le duela.
Si no fuera una urgencia,
no tendríamos que venir a la Sala de Urgencias.
Si no ve a un doctor, tendremos que conseguirle uno a usted.
Sí. Ahora.
Lamento mucho la tardanza.
Ya era hora que alguien amenazara a esa enfermera.
Tendremos que hacer algunos exámenes.
¿Qué clase de exámenes?
Primero necesitamos sacar sangre, jovencita.
- Ya regreso. - No, mamá.
Tienes que hacértelos para que te sientas mejor.
Mamá.
- Tengo que decirte algo. - ¿Qué?
Reté a Tonya a tomarse un batido de salsa picante.
¿Un batido de salsa picante?
¿Por qué rayos harías eso?
Él me retó.
Doctor, no creo que sea necesario.
Mi hijo la retó a que se tomara un batido de salsa picante.
- ¿Un batido de salsa picante? - Sí, ya sabe.
Vinagre, salsa picante, sirope, y leche.
No sabía que la enfermaría así.
Sé qué hacer.
Tenga.
- ¿Qué es? - Ipecac.
Es para inducirle el vómito.
Cuando termine, pueda que le de tos.
Dele jarabe para la tos.
Estará bien.
Que nadie se meta con el jarabe para la tos.
Julius.
Tienes que llevar ese camión de regreso a DeKalb.
- Lo haré mañana. - No, lo necesito ahora.
¿No puedes encontrar a alguien más?
¿Por qué debería buscar a alguien más? Te encontré a ti.
Quiero ese camión de regreso en DeKalb ahora.
A la única que vi decirle a mi padre lo que tenía que hacer era mi madre.
¿Vas a dejar que te diga qué hacer?
Eso o no tendré nada que hacer. Vamos.
Duele.
- Trabajaste duro. - Sí.
- ¿Se siente bien, no? - Sí.
Después de todo lo que pasé, entendí mucho mejor a mi padre.
Porque cuando trabajas así de duro,
piensas en cada centavo que gastas.
Y yo pensaba en cómo gastármelo.
- ¿Veinticinco dólares? - Así es.
Te ganaste cada centavo. No olvides ponerte hielo en los brazos.
- Pero necesito 50 para la chaqueta. - No. Tú quieres 50.
Esa es la diferencia.
Cuando te pedí la chaqueta, dijiste que buscara un trabajo.
- Y conseguí uno. - El trabajo no paga lo suficiente.
Recibiste 25.
Yo no gané mis primeros 25 hasta que cumplí 30 años.
Y todavía me quedan dos.
Mira, quieres la chaqueta, ahorra tu dinero.
Puedes trabajar conmigo la semana entrante.
De acuerdo.
- Adiós, mami. - Adiós.
Qué tengan un buen día en la escuela.
Unos días después, Drew y Tonya regresaron a la escuela,
y mi madre pudo regresar a su rutina.
- Sí. - Nunca he visto una mujer
tan feliz de limpiar.
Hola, hola.
Mientras, aun deseaba que mi trabajo hubiera funcionado mejor.
Después de todo lo que pasé con mi padre, lo apreciaba mucho más.
Oye, viejo.
- ¿Te gusta mi chaqueta? - ¿La compraste?
Era la última.
Pero no había salido a la mitad de la noche
a hacer todo ese trabajo para nada.
NODA MODA Venta a plazos disponible
SEIS MESES DESPUÉS
- ¿No tienes calor en esa cosa? - Por favor. Estoy bien.
¿Chris?
Traducción: Luis González
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