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- Buena, buena, don Hugo, muy buena su idea,
pues la de ponerle su ropa con la que lo enterraron
al finado Miguel,
excelente idea.
Porque don Alcides va a pensar que él sigue muertísimo,
¿mm?
- Yo sabía que tarde o temprano
iba él vendría a visitar la tumba.
- Lo que se me hace muy extraño
es ese periodista que anda merodeando por ahí.
- Seguramente vino siguiendo a Alcides.
Tenemos que tener cuidado con él.
Dense prisa.
Estaré pendiente que nadie nos sorprenda.
Helena: Mjm. - Sí, señor.
[Resuello]
Bueno, vamos...
- Espere, espere, espere... ¡Espéreme un momentico!
Guillermo: ¿Qué pasó?
- Ven acá.
[Helena ríe]
- ¿Qué es eso?
Helena: Ven con mami.
[Helena ríe]
- ¡Ay!
El anillo del juez Roldán, gatita.
Como caído del cielo y nos cae en el momento justo.
[Risa]
- ¿Tú sabes lo que esto significa, Guillermo?
Significa que no tenemos que seguir trabajando
para don Hugo,
porque por lo que vendamos este anillo...
- Sí.
- ...podemos deshacernos de ese señor.
[Caballo relincha]
- Mataste a tu hermano, Alcides.
Tu propia sangre.
[Relinchos]
- Vete al infierno, maldito fantasma.
¡Vete al infierno!
- Oh.
- ¿Por qué te detienes, no lo vas a seguir?
- Ya sabemos a dónde va.
Va a la hacienda.
Así que te voy a dejar allá.
Esta noche...
esta noche te puedes quedar con él.
- ¿Qué?
¿Después de cómo me trató a la salida de la comisaria?
No.
Alcides está loco.
- Tranquilízate, Eloísa.
Utiliza tus encantos.
Y eso sí,
averigua lo que queremos saber.
- Francisco,
¿no te parece que estás llegando demasiado lejos?
- No, de ninguna manera. Entiéndelo.
Soledad está mal de la cabeza.
Hugo de Medina sí está muerto.
Lo único que nos falta
es que Alcides confíense que él lo mató.
- No sabemos a ciencia cierta que eso fue lo que sucedió.
- Pero si él salió corriendo despavorido
de la tumba de su hermano.
¡Alcides lo hizo!
Solo necesitamos una pequeña prueba
para chantajearlo.
- ¿Cómo que chantajearlo, Francisco?
Alcides no tiene dinero.
- Es un hombre astuto.
Te aseguro que él planeó todo el robo del banco
para no pagar su deuda.
Pero eso no importa.
Vamos, haz tu trabajo.
- ¿Y tú qué?
- ¿Yo?
Yo voy a buscar a Soledad.
- Ah.
- Eso que tiene la mente enferma
diciendo que Hugo de Medina está vivo,
es mejor que la regresemos al manicomio.
No quiero que nos involucren en su desaparición.
Vámonos.
Vamos.
- No estás jugando conmigo, Enrico,
¿verdad?
Enrico: Mh, mh.
- ¿Eso que me dices sobre mi hija...
es verdad?
- Va a ser una niña muy especial.
- Especial.
- Ajá.
- No lo dudo.
Así es él.
Hugo es el hombre más especial del mundo.
- Es evidente que lo amas.
- Sí,
yo nunca pensé que se pudiera amar así.
Pero...
Él me odia,
él piensa que yo lo traicioné
y yo me voy a encargar de demostrarle que no es así.
- Buen trabajo, Burkes.
Buen trabajo. Guillermo: Gracias, señor.
- Ahora vayan a descansar, que mañana hay mucho por hacer.
- Vámonos.
- Un momento, don Hugo,
¿y, y nuestra paga?
- Cuando terminen todo el trabajo, les pagaré.
Buenas noches.
Helena: Buenas noches.
- Vámonos. ¿Sí ves? Él nos va a pagar.
- ¡Ay, sí ves, sí ves!
¡Este señor nos va a salir con nada a la hora de pagarnos!
- Deja tu desconfianza, estoy agotado.
Vámonos.
- ¡No, no vamos a descansar!
Vamos a ir ya mismo a la taberna
a vender este anillo.
¡Ah! Guillermo: ¡Eh!
Helena: ¿Qué estás, qué estás haciendo, Guillermo?
- Lo estuve pensando mejor, gatita,
y creo que no debemos hacer eso
y no debemos dejar solo a don Hugo.
- Deja de decir estupideces y dame ese anillo.
Guillermo: ¿Cuál anillo?
Helena: ¡Dame el anillo! - ¿En qué mano está?
¿En la izquie...? ¿En la derecha? ¿En la izquierda?
¿Dónde está el anillo del juez Roldán?
- Guillermo.
- ¿Está por aquí el anillo del juez Roldán?
Helena: Guillermo,
¡dame ese anillo!
¡Ven acá!
- ¿Pero cómo se va a desaparecer
en sus propias narices?
- Yo tenía esa muchacha bajo control,
pero alguien me agarró hacia abajo
y me golpeó en la cabeza.
- Esa es una forma muy peculiar de atacar,
¿no le parece?
- Es que todo fue muy rápido.
Creo que fue alguien de baja estatura.
- De baja estatura.
[♪♪♪]
Yo sé quién fue.
Cuando trataba de salir de la hacienda Montenegro,
vi a un pequeño hombrecito.
- Es Enrico,
el empleado de don Jeremías.
- Él debe saber dónde está Soledad.
- Pero nadie sabe de él.
Desapareció con la muerte de su patrón.
- Probablemente vive cerca de la hacienda Montenegro.
Iremos allá.
- Pero usted no puede exponerse,
alguien puede descubrirlo.
Hugo: Mientras siga vestido como Alcides,
nadie sospechará de mí.
- Aquí te traje algo de comer.
- ¡Ah! Enrico.
Enrico: ¿Mh?
- Ay, eres muy buena persona.
Gracias.
- Oye, ¿por qué dices que Hugo te odia?
Si tanto se amaron,
¿él por qué dice que tú lo traicionaste?
- Hugo cree que...
que yo lo quería por su dinero.
Cree que me casé con su hermano Alcides
para poder quedarme con su fortuna.
Nadie sabe realmente qué fue lo que pasó.
Si me casé con Alcides, fue por las circunstancias,
pero mi corazón únicamente ha sido de Hugo.
Por eso es que necesito hablar con él,
yo lo tengo que encontrar.
Yo tengo que explicarle que no lo traicioné.
Él tiene que saber la verdad,
él tiene que saber
que estoy esperando un hijo suyo.
- Cuánto dolor hay en tu corazón.
Por eso el afán de hablar con él.
Tienes mucho que explicarle.
- Yo lo único que espero es que, cuando hable con Hugo,
él confíe en mí
y me pueda creer.
Francisco: Soledad.
Soledad.
¿Soledad?
[♪♪♪]
Sangre.
¿Qué está sucediendo?
- Hasta que por fin apareció.
- Señora,
¿me quiere explicar dónde está la señora
que estaba aquí conmigo, por favor?
- Eso me pregunto yo.
¿Quién me dañó la puerta?
Cuando yo llegué, estaba así y aquí no había nadie.
¿Ahora quién me va a responder?
En primer lugar, no me grite.
Le estoy haciendo una pregunta.
Algo sucedió en esta habitación.
Mire, sangre.
Aquí hay sangre, en ese piso hay sangre.
Alguien se llevó a esa señora.
Así que explíqueme,
¿dónde está?
¡Explíqueme!
- ¡Ya le dije que no sé nada!
Es que yo también acabo de llegar.
- Maldición.
Esto se está saliendo de control.
- ¡Desalójeme inmediatamente!
Me huele que usted tiene problemas con la ley
y yo si no los quiero tener.
Rebeca: Estoy segura
que la policía va a encontrar a Soledad.
- Eso espero,
o de lo contrario, voy a enloquecer.
Gracias por acompañarme a la estación.
- Sí,
fuiste muy amable.
- Para eso estamos los amigos.
Bueno, me tengo que ir.
- ¿Te vas ir con esa tormenta?
Puede ser peligroso, es mejor que te quedes.
- Me da vergüenza con ustedes.
Lucas: No, Esther.
No creo que sea conveniente.
Rebeca tiene que llegar a su casa
o si no, su sobrina se va a preocupar.
- Al menos espera a que pase la tormenta.
Le diré a Úrsula que te organice una habitación.
- Ah, no, no, no es necesario.
Me podría quedar en el sofá del estudio.
Al fin y al cabo, ya va a amanecer.
- De acuerdo.
¿Por qué no le traes una manta para el frío?
- Eh.
- ¿De verdad no los incomodo?
- No, por nosotros no hay problema.
¿Verdad, Lucas?
- No, claro que no.
Ninguno.
[♪♪♪]
- ¿Y no me vas a contar nunca
cuáles son tus negocios con Alcides?
- No me gusta hablar de mis negocios
hasta que no sean una realidad.
Usted sabe.
- Lo entiendo.
Me caes bien, muchacho.
Por eso te voy a dar un consejo.
Cuídate de Alcides,
es un hombre muy astuto.
Supe que hoy estuvo en el banco,
tratando de hacerles creer
que le habían robado toda la herencia.
Seguramente no quiere pagar sus deudas.
- ¿Qué me quiere decir?
- Alcides es un ser muy ambicioso
y no tienen ningún problema en jugar sucio.
Ten cuidado que no seas tú el próximo al que engañe.
[Exhala]
[♪♪♪]
- ¿Hugo?
Tú no estás aquí.
Estás muerto, yo vi cuando te enterraron.
Está boca abajo.
Eso quiere decir que si despertó.
Se murió asfixiado.
[♪♪♪]
Puedes regresarte al infierno, desgraciado.
Puedes regresarte al infierno.
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti,
pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. No. No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Max: ¿Por qué venimos a buscar a ese hombrecito a este lugar?
Hugo: Ahora vamos a saber.
Él salió por esta puerta la noche que yo estuve aquí
y lo vi tomar rumbo al sur.
- Pero eso no nos dice nada.
El bosque es muy amplio, jamás lo encontraremos.
Hugo: Vamos a caminar en esa dirección.
Estoy seguro que encontraremos a Soledad.
Max, el sur es por aquí.
[Puerta se abre]
[Eloísa resuella]
- Cuidado, Alcides.
Soy yo.
Perdóname por entrar así, pero...
la puerta estaba abierta.
¿Qué te pasa?
¿Te sientes bien?
Estás pálido.
- Eloísa, quisiera estar solo.
- No intentes pelearte conmigo, que no lo vas a conseguir.
Alcides,
yo solo quiero ayudarte.
- Quiero estar solo, Eloísa.
- Me preocupa mucho lo que te está pasando.
Anda,
déjame estar un ratito contigo.
No me rechaces.
- Este no es un buen momento.
- Te aseguro que puedo ayudarte a sentirte mucho mejor.
Solo déjate llevar.
[♪♪♪]
Esther: Lucas,
¿qué haces aquí?
- Ah.
No hago otra cosa,
sino pensar en nuestra hija, Esther.
- Mm.
¿Por qué no vas a ayudar a Rebeca?
Para que se pueda ir.
- Ya debió salir.
No, no, no te preocupes por ella.
- No seas desatento, Lucas.
Rebeca se ha portado muy bien con nosotros.
Lo mínimo que podemos hacer
es ayudarla para que salga bien de esta casa.
Ve ayudarla.
- Está bien, ya regreso.
[♪♪♪]
- No entiendo dónde puede estar
la clave para descubrir el tesoro de Jeremías.
Ay.
Todos estos libros se ven normales.
Ay.
Lucas: Rebeca.
Rebeca.
Rebe...
Rebeca: Ay.
Lucas.
No sabía que estuvieras aquí.
- Disculpa, no quería asustarte.
Ah, lo que pasa es que la,
la tormenta terminó y además amaneció.
Yo creo que es hora de que regreses a tu casa.
- Sí.
Sí, ya, ya mismo me voy.
Eh, Lucas,
siento que te pones nervioso
cada vez que estás al lado mío y,
y la verdad yo no quiero molestarte,
entonces lo mejor es que yo no vuelva por acá.
- No, no, no... No, Rebeca, no hay problema.
Te has ganado la confianza de mi mujer y,
además,
ella necesita una amiga
que le ayude a superar
esta situación tan difícil por la que pasamos.
- Ay.
De verdad que eres un buen hombre.
Yo creo que eso es lo que te hace tan encantador.
[♪♪♪]
- Si insistes en quedarte callado,
la única opción que me dejas Raimundo,
es acabar contigo.
Así que responde,
¿dónde está Beatriz?
- Como que se nos fue la mano, patrón.
Para mí que lo matamos.
- No,
este traidor todavía respira.
Que se recupere un poco y después seguimos con esto.
- ¿Usted sí cree que en realidad Raimundo sabe algo?
- Por supuesto que sí.
Ya verás cómo confiesa.
- Boris, hemos estado aquí toda la noche.
¿Ahora qué piensas hacer?
- Será mejor que te regreses a la carreta.
Voy a tratar de rescatar a Raimundo.
- Ellos son cinco hombres.
No vas a poder contra todos ellos.
- Algo tengo que hacer, Marina.
Si lo matan, jamás vamos a encontrar a Beatriz.
Regrésate a la carreta.
- Entonces, yo te ayudo.
- No, no, de ninguna manera. No te voy a arriesgar,
es muy peligroso.
- Yo no vine hasta aquí
solamente para estar de espectadora, Boris.
Dime cuál es el plan.
- Marina...
- Boris,
no te niego que me da un poco de miedo, pero
yo sé que al lado tuyo nada me va a pasar.
[♪♪♪]
- ¿Qué lugar es este?
¿En dónde estamos?
- Es mi refugio
y no estamos lejos de la hacienda Montenegro.
Nadie sabe de este lugar.
- ¿Por qué te escondes?
- Hm.
Soledad: ¿Ah?
¿Por qué estabas herido
ese día que te encontramos en el camino?
- Porque heredé la fortuna de don Jeremías Montenegro y,
y la gente anda detrás de lo que es mío.
- ¿Don Jeremías te heredó su fortuna?
- Sí, él me quería mucho.
- ¿Y por qué te la heredaría a ti y no a su esposa?
- Porque nunca confió en ella.
Solo que don Jeremías no me dijo
dónde estaba el baúl de sus tesoros,
pero espe...
- ¿Qué te pasa?
Enrico: Alguien viene,
puedo sentirlo.
[♪♪♪]
Son dos personas.
Sí, sí, sí.
- ¿Los puedes ver?
Enrico: Sí, sí.
Sí, sí, vienen a buscarte a ti.
- ¿A mí?
Enrico: Sí, sí.
Pe-Pe-Pero no salgamos de aquí.
Aquí estamos seguros.
[♪♪♪]
[Enrico ríe]
Nadie, nadie sabe de este lugar.
No tienen forma de encontrarlo.
[Enrico ríe]
[♪♪♪]
- Gatita,
gatita.
¿Burke?
¿Helena?
[♪♪♪]
¡Ah!
Gata ladrona,
se llevó el anillo.
[♪♪♪]
Hombre: Hortensio.
- No lo puedo creer, gata ladrona,
te robaste el anillo.
Aprovechando la noche como los ladrones,
ay, y te viniste a ofrecerlo aquí
a este sitio de mala muerte y de perdición.
- Estoy decidida a salir de pobre.
Y definitivamente andando con Hugo de Medina no vamos...
- ¡Sh!
¿No puedes hablar más bajito?
- Hugo de Medina solo trae la desgracia.
Y si andamos con ese señor, vamos a terminar muertos,
Guillermo.
- Helena Burke,
¿no te has puesto a pensar que ofreciendo ese anillo aquí
nos vamos a poner la soga al cuello?
- No.
- El juez Roldán era muy conocido por todo el mundo.
Y ese anillo era más famoso
que el anillo del mismísimo Papa.
- El anillo se lo tenemos que ofrecer
a alguien que no sea de la ciudad
y que además tenga mucho dinero y pueda pagar bien por él.
- Eh.
¿Y dónde está ese alguien? Si se puede saber.
- Ay, mira, mira,
donde siempre está el dinero, mira dónde está Margot.
[Helena ríe]
Allá, ese señor no es de la ciudad.
Al menos yo no lo había visto antes.
Guillermo: Ah, ¿ese?
¿Ese sujeto que está con mi Mar...
con Margot?
[♪♪♪]
[Quejidos]
- Es inútil,
no voy a poder.
- No hay prisa.
¿No sabes que el amanecer es la hora de los amantes?
- Eloísa, creo que es mejor que vayas a tu casa.
Creo que hoy no pasará nada entre nosotros.
- Ah. Alcides, has estado bajo mucha presión.
¿Por qué mejor no me cuentas qué es lo que te sucede?
Desahogarte te vendría muy bien.
- Escúchame,
mejor dejémoslo así,
¿mh?
- ¿Cuándo vas a entender
que todo lo que te pase me importa?
¿Cuántas veces tengo que demostrártelo, Alcides?
Hoy te saqué de la cárcel.
- Ayer.
Y eso no te da derecho a nada.
Ya te lo dije,
a nada.
No te confundas.
[Exhalación]
- Todo lo que haga es inútil, ¿verdad?
Nunca vas a dejar de verme como un objeto.
- No te vayas.
Perdóname.
No te vayas.
Tengo un secreto muy grande, Eloísa.
Pero solo te lo diré si me juras
que lo guardarás con tu propia vida.
- Me puedes decir lo que sea.
- Júramelo.
- Te lo juro.
- Yo maté a mi hermano Hugo.
Lo maté.
[♪♪♪]
[Resuello]
- Es Alcides.
Me está buscando para llevarme de regreso al sanatorio.
- ¿Estás segura que es Alcides?
- Sí, esa es su ropa.
Además, está con Max.
Tú te diste cuenta que ese hombre
trató de atacarme en la pensión.
- Siento que Soledad está muy cerca.
- Pero aquí no hay nada.
[♪♪♪]
- Eloísa, acabo de decirte que yo maté a mi hermano.
- Sí,
también me lo dijiste la noche en la que te pusiste muy mal,
cuando parecías loco.
Solo que al día siguiente me lo negaste.
- Hugo padecía de una extraña enfermedad
llamada catalepsia.
Los que la sufren parecen muertos.
Su respiración se hace casi imperceptible
y sus músculos,
sus músculos se ponen rígidos.
- Dios mío.
Qué terrible enfermedad, es...
como morir en vida.
[♪♪♪]
- ¿Qué le pasa a mi hermano, mamá?
¿Está muerto?
¿Está muerto?
¿Por qué no me lo dicen?
¿Qué tiene?
Yo no lo maté, no le hice nada.
Solo tuvimos una pelea.
[♪♪♪]
Hugo la heredó de mi padre.
Siempre fue un...
secreto bien guardado en la familia,
hasta el día del entierro.
- ¿Qué pasó entonces?
Alcides: La noche antes de casarse con Soledad,
Hugo sufrió un ataque de catalepsia.
Salió intoxicado de su despedida de soltero,
tuvo un accidente en el camino.
Eloísa: Tengo entendido que todos piensan
que a causa de ese accidente murió.
Alcides: Pero no fue así.
Parecía muerto, pero no lo estaba.
Yo lo supe minutos antes del entierro.
- Alcides.
Alcides...
¿no me digas que tú...?
- Yo dejé que lo enterraran vivo.
Yo dejé que lo enterraran vivo.
[♪♪♪]
- Ya no oigo voces.
Se fueron.
- Jm,
no estoy seguro.
Esos van a regresar.
Tenemos que salir.
- No, no, es que, si salimos, nos van a encontrar.
- Hazme caso.
Mira, si algo pasa, ve a donde los Burke,
ellos te llevarán a donde Hugo.
- Ay, nada va a pasar, no me asustes.
- Hazme caso.
Haz lo que te digo.
[♪♪♪]
- ¿Qué pasa, don Hugo?
- Estamos yendo en la dirección equivocada.
Creo que lo mejor será regresar.
- Pero atrás no vimos nada.
- Max,
es difícil de explicar,
pero tengo un presentimiento.
- Bueno, entonces dividámonos
y así podemos abarcar más terreno.
- Sí,
dividámonos.
[♪♪♪]
- Soledad,
¡date prisa que nos vienen siguiendo!
- ¿Estás seguro que nos siguen? Yo no veo a nadie.
- Ven, rápido.
#- Ay, aquí. Con cuidado.
¡Ay!
Max: ¡Quietos!
Quitos o disparo.
[♪♪♪]
[Manrique ríe]
- 21.
[Risa]
Idiotas.
Volviste a ganar.
- Cuando quiera le doy la revancha,
señor Manrique.
- Pero será otro día.
Ya amaneció.
Margot.
Lo que sí te aseguro es que la próxima vez...
tu suerte cambiará.
Buen día.
- ¡Un trago para todos,
yo invito! - ¡Un trago!
[Público ovaciona]
- No te acerques, víbora.
- Bueno, ya, gatita, ya.
Es hora de dejar las rencillas y los rencores aparte.
Hola, Margot.
Margot: Hola, gordo.
- Estabas muy ocupada por allá, ¿no?
Estabas muy entre...
- ¡No te atrevas a saludarla!
¿No sabes que esta fue la que nos denunció
para terminar en la cárcel
después de tratar de vender el collar de Hugo de Medina?
- Eso a ti no te consta.
Helena: ¡Ah!
- ¡Y conmigo no te metas!
- ¡No, no, no! ¿Cómo se le ocurre?
Es que yo no me quiero meter con usted,
yo lo único que quiero es hablar aquí con el señor.
O sea, con la gente que tiene dinero.
Y mi marido y yo vamos a hablar con él.
- Si vas a hablar con Hércules,
primero tienes que hablar con estos pechos.
- Porque yo soy su amuleto de buena suerte.
- ¿Amuleto?
[Risa]
- Amuleto.
[Risa]
Será ave de mal agüero.
[Risa]
- ¡Respétame!
¡Gorda! ¡Fea!
Guillermo: ¡Ay, no, no, no...!
- Voluptuosa, que es diferente.
[Gritos]
- Ahora me explico por qué estás tan atormentado,
por qué tienes tanto sentimiento de culpa.
- Pero si Hugo no hubiera muerto,
no tendría nada de lo que ahora poseo.
- Sin embargo,
dices que lo ves por todas partes.
Eso quiere decir que algo te atormenta.
- Porque llegué a pensar
que había logrado salir de su tumba,
que había logrado sobrevivir,
por eso.
Anoche fui a buscarlo al cementerio,
quería cerciorarme que estaba vivo.
Pero ahí estaba,
boca abajo en su ataúd.
Murió asfixiado igual que mi padre.
- No te atormentes más.
- ¿Crees que estoy loco?
- Jamás pensaría eso de ti.
- Sal de aquí, Eloísa.
Retírate, déjame solo.
- Alcides.
- Sal, por favor.
- Por favor, no te molestes conmigo.
- Yo lo vi,
yo hablé con él.
No es mi imaginación.
Su espíritu me persigue.
- No más, gatita, no más.
- La culpa la tiene ella.
Yo lo único que quería era hablar con este señor.
Margot: No los escuches.
Ellos son... un par de ratas.
- No, Margot, somos comerciantes independientes,
que además, traemos un negocio
para proponerle al señor, que le conviene.
- ¿Qué negocio?
- Eh, eh, si nos permite.
- No, no, no...
Son unos picaros.
- ¡Tú cállate! Vete.
- ¡Ah! Con permiso, señor.
Guillermo.
- Eh, sí, sí, sí.
Sí, señor, gracias.
Hércules: Miremos de qué se trata.
- Eh, sí, señora.
- Por favor, no, no nos vaya a hacer daño.
[Max ríe]
- Eso depende de ustedes,
si se portan bien.
[Soledad resuella]
Señor, ¡aquí los tengo! ¡Por acá!
Soledad: ¡No, no! Enrico: ¡Huye, Soledad!
[Disparo]
- ¡Ah! ¡Ay! Enrico: ¡Vete! ¡Corre!
[Golpe]
[Quejidos]
[Quejidos]
- Es muy fino.
Supongo que se lo robaron a alguien.
- No, señor.
¿Qué está diciendo, don Hércules?
- No me crea tan idiota.
No creo que su bisabuelo tuviera tanto dinero
como para comprar algo tan fino.
Es muy buena joya,
sé reconocer el oro a simple vista.
- Ay, bueno, ¿lo va a comprar o no lo va a comprar?
♪ Porque... de mi vida ♪ ♪ A mejor vida pasó. ♪
- Creo que esto es más que suficiente.
♪ Ay... ♪
- No. ¿Pero está loco?
Esto es una miserablesa.
No, señor, ese anillo vale cinco veces más que esto.
- Es mi oferta, la toman o la dejan.
- No, claro que no la tomamos.
- Un momento, señor Hércules,
permítame yo hablo unas palabras aquí
con mi socio.
Eh, discúlpeme usted.
- No, socia, no tengo nada que hablar con usted.
- Guillermo, no seas bobo.
Él es la única persona en la ciudad
que no tiene ni idea quién es el juez Roldán.
- Aun así...
- No tengo tiempo para perder con ustedes.
Aquí está el anillo.
- ¡No, no, no...! Coja su anillo, señor.
Nosotros sí estamos dispuestos a hacer negocios con usted.
- Perfecto.
Me queda bien, ¿no?
Qué suerte he tenido últimamente.
Ahora solo me falta terminar ese negocio con Alcides,
y me daré por bien servido.
Max: ¡Ah!
¡Ese hombrecito me atacó!
- ¿Soledad estaba con él?
Max: ¡Claro!
Ella huyó y él la ayudó a escapar.
¡Salió corriendo y se perdió en el bosque!
Hugo: Venga, vamos a buscarlos.
- En esa dirección es muy peligroso,
hay desfiladeros.
En cualquier momento podemos caer en uno de ellos.
- Con más razón aún, vamos.
Deme esa pistola.
Vamos, Max.
¡Max!
- Ya voy.
[♪♪♪]
Boris: ¡Vamos, vamos!
[Relinchos]
¡Vamos, vamos, vamos!
[Relinchos]
- Despierta.
Ahora sí,
esta es tu última oportunidad de decir lo que sabes.
¿Dónde está Beatriz?
[Disparos]
Hombre: ¡Los caballos!
¡Se los están robando!
[♪♪♪]
Raimundo: ¿Tú quién eres?
Marina: Digamos que tu ángel guardián.
Ven conmigo.
- Ah.
- Ven conmigo.
[♪♪♪]
- Soledad es una jovencita muy inteligente.
Bajó por el río para que no podamos seguirla.
- Sí,
ella debe creer que somos sus enemigos.
- Claro, debió haberme confundido con Alcides
por la ropa que llevo puesta.
Alcides.
Ya se me hizo tarde para mi cita.
[♪♪♪]
- ¿Por qué tarda tanto este imbécil?
Alcides me dijo que aquí nos veríamos
para entregarme el dinero a cambio del telegrama.
- Cuídate del Alcides.
- ¿Qué me quiere decir?
- Alcides es un ser muy ambicioso
y no tienen ningún problema en jugar sucio.
Ten cuidado que no seas tú el próximo al que engañe.
[♪♪♪]
- Vamos,
por acá está la carreta.
¿Qué pasa?
- Escúchame,
no sé quién eres ni me importa,
pero no pienso ir contigo a ningún lado.
- Estoy intentando salvarte, vamos.
- Ah, ¿sí?
Pues, puedo solo.
Esto es un truco,
es para que te diga dónde está Beatriz.
Tú estás con don Arturo.
- Deja de decir tonterías,
esta gente no demora en regresar.
Y cuando se den cuenta que no estás,
van a venir a buscarte, así que vamos.
Yo te salvé, ven conmigo.
¡Vamos!
Raimundo: ¡A un lado, estúpida!
[Quejidos]
- Qué malagradecido eres con quien te rescató.
A mí sí me vas a decir dónde está Beatriz.
¿Mm?
[♪♪♪]
- Lucas, vamos a...
[Exhalación]
Pobre.
Debe estar agotado con tantas cosas que han pasado.
Eres un buen padre.
Lucas.
Lucas, despierta.
Tenemos que ir a la policía
a averiguar por nuestra hija.
Despierta.
- Rebeca.
No, Rebeca, no, no, esto no puede ser.
- ¡Despierta!
- ¡Ah, ah!
¿Qué está pasando?
- Eso te pregunto yo a ti.
¿Qué te está pasando?
Estabas mencionando a Rebeca entre sueños.
¿Qué pasa con ella?
[♪♪♪]
- Buenos días.
Rebeca: ¿Qué son esas horas de llegar, Eloísa?
Estuviste toda la noche fuera de la casa.
- Estoy demasiado grande como para que me estés vigilando,
¿no te parece?
- Últimamente estás haciendo cosas que me preocupan mucho.
Y todavía no termino por creerme el cuento ese
que no tuviste nada que ver con la desaparición de Soledad.
Y ahora resulta que ayudaste a Alcides a salir de la cárcel.
- ¿Cómo te enteraste?
- Fue a visitarlo y me dijeron que ya había salido
sin siquiera pagar la fianza.
Dime una cosa,
estuviste con él, ¿verdad?
¿Pasaste la noche en su casa?
- No creo que esto te interese, tía.
- Claro que me interesa.
¡Me interesa porque tu madre me pidió que cuidara de ti
y eso es lo que he estado haciendo!
Te hice una pregunta.
¿Estuviste con Alcides?
- Sí.
- ¿Qué te está pasando, Eloísa?
Supuestamente tienes que conseguirte un marido,
no un amante.
- Alcides está solo.
A Soledad lo que menos le importa en la vida
es estar a su lado,
ese matrimonio es un fracaso
y yo voy a sacar provecho de eso.
- ¿En qué estás pensando?
- Está muy claro.
En muy poco tiempo
yo seré la nueva señora de la mansión Montenegro,
eso dalo por hecho.
- Sí, no dudo en que puedas conseguirlo,
pero ten cuidado.
Tú eres mi sobrina
y tienes que cuidar tu reputación.
- No te preocupes,
la cuidaré tanto como tú.
[♪♪♪]
- No puede ser.
Era una trampa.
- No deben estar lejos.
- ¡Búsquenlo!
- Ustedes por allá.
Hombre: Vamos.
- Este traidor no está solo,
tiene cómplices.
- Despierta, infeliz.
¿Dónde está Beatriz?
- ¡Nunca lo sabrás!
- Boris, apúrate que ahí vienen.
- Si hablas, te dejo vivo,
si no, te entrego a ellos para que te maten.
¿Dónde está Beatriz? Marina: Apúrate, Boris.
Se acercan.
- No tienes mucho tiempo.
¿Dónde?
- Está bien, está bien, te lo diré, pero...
tienes que sacarme de aquí.
- Primero habla.
¿Dónde está Beatriz?
- En una cabaña al norte,
a 20 minutos, yo mismo te llevaré.
- Vamos.
[Jadeos]
- Dios mío.
No me pueden encontrar.
Ay, Dios.
Hugo,
tengo que protegerte.
[Quejidos]
A-Ayu...
¡Ayúdenme!
¡Ay!
¡Auxilio!
[♪♪♪]
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