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- ¿Qué hizo con mi dinero? - Alcides, cálmate.
¡Alcides!
- ¿Es que no te das cuenta que aquí todo está muy claro?
- Suéltalo.
- Este señor, este señor es un ladrón.
Aquí hubo una estafa.
- Cálmese, señor. Cálmese, señor.
O voy a tener que llamar a las autoridades.
- ¡Llame a las autoridades! - Seguridad, seguridad.
- Para que sepan la clase de ladrón que es usted.
- La verdad que yo no entiendo a este señor.
Hace un rato estuvo aquí y era otro.
Fue muy formal.
Hasta le dio propina a todos los empleados.
- Pero, ¿qué ridiculez está diciendo?
Yo no le doy propinas a nadie.
[Todos hablan]
[Música de tensión]
Dígales que me suelten.
- Si me promete que se va a comportar bien.
- Dígales que me suelten.
- Suéltenlo.
- Alcides.
¡Alcides!
[Música de tensión]
- Por favor.
Por favor, yo lo que quiero es saber dónde está Hugo.
Se los ruego.
- Mire, señora Soledad, usted no debería estar acá.
Usted debería estar por allá en el sanatorio.
- Ah, ¿sí?
¿Y ustedes cómo saben que yo debería estar en el sanatorio?
¿Se dan cuenta?
Ustedes saben, porque Hugo se los dijo.
Yo sé.
- Pues, bueno, ya, ya. Nosotros no tenemos
por qué seguir escuchando sus locuras y sus...
Vámonos, Guillermo...
- Bien, está bien, está bien.
Si no quieren, no me digan nada,
porque, ¿saben qué?
De todas maneras, yo lo voy a encontrar.
- Señora...
¿Ves, "gatita"? Te lo dije.
Hay que contarle a don Hugo.
Él debe saber que esta señora se escapó del sanatorio.
Alcides: Maldito.
¿Maldito, qué te hiciste?
¡Sal de tu escondite!
¿A quién le hablas, Alcides?
Lo acabo de ver.
Estaba por aquí.
- Ya me cansé de esto.
Nos vamos a tener que ir de aquí.
- No vamos a ir a ninguna parte.
Él está por aquí. Lo voy a encontrar.
¡Sal de tu escondite!
¿Qué haces, infeliz? Diles que me suelten ya.
- Ya me cansé de tus trucos.
No creas que te me vas a escapar.
- ¿No entiendes ahora entiendo lo que pasó en el banco?
Arturo: Yo ya entendí lo que pasó en el banco.
- Diles que me suelten. Arturo: Al coche con él.
- Suéltenme. - ¿A dónde vamos, don Arturo?
Arturo: Donde no haya curiosos.
Boris: Señor, perdón que me meta.
¿No cree que es muy arriesgado presentarse ante su hermano?
Hugo: No.
¿Escondiste el dinero como te pedí?
- En un lugar seguro, señor.
- Muy bien, Boris.
Ahora vamos a seguir a Alcides y a Arturo.
- Sí, señor. Hércules: Don Alcides.
Necesito hablar con usted algo muy importante.
A solas.
[Música de tensión]
- Piensa lo que quieras, tía,
pero te juro que ese zapato no es mío.
¿Es que no te das cuenta?
Sería absurdo que yo podría estar involucrada
en una locura como retener a Soledad de Obregón.
¿Para qué?
- Porque te conozco y sé de lo que eres capaz.
Por eso tengo mis sospechas.
- Estoy cansada. Con tu permiso.
Me voy a dar un baño.
- Más te vale que me estés diciendo la verdad,
porque no voy a permitir que te burles de mí.
- No tengo nada más que decir.
Lo siento.
- Últimamente, te he visto muy cercana con Paquito.
Claro, él puede ser el que está detrás de todo esto.
- Por favor, deja de imaginarte cosas.
- No me estoy imaginando nada.
Supe que estuvieron en casa de los Obregón.
Y te lo dije, te lo advertí.
Nadie puede saber sobre el tesoro,
mucho menos él.
- Paquito quería ir a visitar a Soledad,
y ahí nos encontramos con Enrico.
Fue pura casualidad. Pero no te preocupes.
Supe disimular muy bien la situación
y él no sospecha nada.
- Más te vale.
Mi hermana me pidió que cuidara muy bien de ti,
y te he cuidado como a una hija,
así que no voy a permitir que me juegues sucio,
¿entendido?
[Música de suspenso]
Hércules: Estoy enterado de todo, Alcides.
Si don Arturo supiera que usted está haciendo tratos
con matones para perjudicar a Beatriz de Linares,
le iría muy mal.
- Créame que no entiendo de qué me habla.
- Usted lo sabe muy bien.
Raymundo, el hombre que usted contrató,
tiene a Beatriz de Linares en su poder
en un pueblo del sur, en Canaima.
- Lo que dices es muy delicado.
¿Tiene pruebas para atreverse a amenazarme?
- Leí un telegrama dirigido a usted
y que puedo mostrarle a don Arturo.
Alcides, negociemos mi silencio.
- Está bien.
Traiga el telegrama mañana aquí a la misma hora.
[Música de suspenso]
Hércules: Eres muy astuto, Hércules.
Qué extraño, Alcides con Boris.
[Música de tensión]
[Quejidos]
Arturo: Dime dónde tienes escondido el maldito dinero.
- No lo tengo.
[Golpe] [Quejido]
- Si crees que de esta forma te escaparás de pagar mi deuda,
estás muy equivocado.
No tengo ningún problema en torturarte
si es necesario para que me des lo que es mío.
- Eres un idiota.
Si no me hubieras traído hasta acá,
hubiera podido averiguar dónde está el maldito, el
maldito dinero.
¡Ah!
- Estoy en una situación muy difícil, Alcides.
La vida de mi hermana está en juego.
Ha sido raptada y debo pagar por su rescate.
- No te puedo ayudar.
No te puedo ayudar si no me dejas ir.
Para mañana te consigo tu dinero.
Arturo: Muchachos,
parece que es necesario refrescarle la memoria,
así que sigan trabajando con él.
[Quejidos]
[Música de tensión]
- Soledad, te tengo un chisme buenísimo.
Adivina qué se está comentando en la ciudad.
que Alcides fue a reclamar al banco su herencia,
y adivina qué le dijo el gerente.
- ¿Qué?
- Que él ya había ido a cobrar.
- ¿Viste?
Hugo tuvo que reclamar ese dinero.
Claro. - Sí.
Ahora no me cabe la menor duda.
El problema ahora es encontrarlo.
Ay, no puedo localizar a Boris.
Él sería la única persona en este mundo
que nos llevaría a Hugo.
Soledad: No.
Te equivocas. No sería la única.
Hoy vi a los Burke,
y están en una habitación al fondo del corredor.
- ¿Los Burke?
¿Esos bandidos aliados de Boris?
- Exactamente.
Lo único que tenemos que hacer es seguirlos.
Estoy completamente segura que ellos
nos van a llevar al lugar en donde se encuentra Hugo.
- Nada, señor.
Está duro de convencer.
- Maldita sea.
- ¿Qué hacemos con él, señor?
- Si este tramposo no me va a dar mi dinero,
pues entonces tampoco lo va a disfrutar.
Encárgate de él.
- ¿Está seguro?
- ¿Cuándo te he dado la misma orden dos veces, imbécil?
Y cuando acabes con él,
vas para la casa, que tenemos que buscar a mi hermana.
Raúl, ven conmigo.
- Señor de Medina,
me temo que le llegó su hora.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪ ♪ Pero me frena una razón. ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, ♪
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, no, no... ♪
♪ Bésame ♪ ♪ Hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪.
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, ♪ ♪ Despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Ester: No podemos tener dos empleadas en esta casa,
y tú lo sabes muy bien.
- Pero solamente se van a quedar por techo y comida
mientras consiguen trabajo.
- Está bien.
Úrsula se puede quedar. Ella creció con mi hija
y sé que la quiere, pero tú no.
- No se preocupe, señora. Yo entiendo.
Con su permiso.
- Marina, no, espera.
Si tú te vas, yo voy contigo.
- No seas tonta. Seríamos dos buscando techo.
Tú has vivido aquí toda la vida,
y aquí te tienes que quedar.
- Marina, Marina.
En verdad, quisiera ayudarte,
Pero tengo un problema muy serio que resolver.
- No se preocupe, señor. Con su permiso.
- Lucas, tienes que calmarte.
- Es que Mari...
- Úrsula, por favor, quédate con mi esposo.
Yo tengo que ir a la comisaría a poner el denuncio.
Dios quiera que no le haya pasado nada a nuestra hija.
- ¿Qué sucede, doña Esther?
¿Le pasó algo a la señora Soledad?
- Dos extraños la raptaron del sanatorio.
No sabemos nada de ella.
[Música de tensión]
- Dile a tu patrón
que esta me la voy a cobrar.
- ¡Ah!
[Golpe]
[Música de tensión]
- ¿A qué te refieres con eso de que no hay dinero?
Tú me prometiste que lo ibas a conseguir
como fuera necesario.
- Alcides de Medina no pudo pagar una deuda que tiene.
- Mi hija ha sido raptada,
¿y tú me pides que estés tranquila?
Llévate mis joyas.
Empéñalas, véndelas, haz lo que sea necesario.
Pero consigue el dinero.
- Nada de eso es necesario, madre.
Mis hombres y yo vamos a encontrar a Beatriz.
Vamos a traerla de vuelta.
[Pisadas acercándose]
- Don Alcides me hirió.
Lo siento, señor.
[Música de terror]
[Música de suspenso]
- Sé que me estás buscando para cobrarme
por lo que te hice,
pero no lo vas a lograr.
¿Me escuchas, Hugo?
¡No lo vas a lograr!
Te voy a encontrar.
Ahí estás, maldito .
Ahí estás.
No sé cómo lograste sobrevivir, pero esta vez no voy a fallar.
[Disparos]
[Música de suspenso]
¡No seas cobarde y sal de tu escondite!
¡Enfréntame!
¡Enfréntame, Hugo!
Voy a acabar contigo de una buena vez.
[Disparos]
Muere de una vez, maldito, muérete de una vez.
[Disparos].
¡Muérete! Policía: Suelte el arma.
Suéltela.
[Música de tensión]
- Fabio ha raptado a mi hermana y tenemos que encontrarla.
- Fabio tiene una hermana, señor.
Tal vez si la encontramos a ella,
Fabio devuelve a la señorita Beatriz.
- Para eso necesitaríamos más tiempo
del que disponemos ahora.
Aquí Fabio exige que le dejemos el dinero
en la oficina de telégrafos de Canaima,
así es que lo más probable es que los encontremos ahí.
Vigilaremos cada esquina de ese pueblo
hasta que lo encontremos, señor.
- Necesito que actúen con mucho cuidado.
Cuando lo encuentren,
asegúrense de que les diga dónde está mi hermana.
Y, después,
lo quiero muerto.
Policía: ¡Suelte el arma!
- Cazar no es un delito. - Usted no está de cacería.
No tiene ni la ropa ni el equipo adecuado.
Suéltela.
- ¡Que la suelte, que la suelte le decimos!
¡Suelte el arma o le disparamos!
[Sonido de esposas]
- Andando. - Vamos.
- Vamos, vamos. - Andando.
- Su hermano se ve muy mal, señor.
- Alcides tiene que pensar que está perdiendo la razón.
- Con todo respeto, don Hugo,
pienso que está pisando los límites.
Por mucho que su hermano crea que está perdiendo la razón,
piensa que usted está vivo, lo escuchó.
Y va encontrar la forma de comprobarlo.
- Quiero que vayas por los Burke
y les digas que van a trabajar para mí esta noche.
- ¿En qué está pensando, señor?
- Lo sabrás en su debido momento.
- Esther, qué bueno que te vemos.
¿Qué ha pasado con Soledad? ¿Ya la encontraron?
- No. Sigue desaparecida.
En este momento voy a la comisaría
a poner una denuncia.
- No creo que eso sea lo más prudente, señora.
No se sabe qué intenciones tienen las personas
que se llevaron a sus hijas. Puede ser peligroso.
- ¿Y qué otra cosa puedo hacer?
Estamos muy angustiados y Alcides no quiso ayudar.
- El pobre está tan afectado que no tiene cabeza para eso.
- Eso no es ninguna disculpa, Rebeca.
Mi hija es su esposa.
Él debería estar al frente de toda esta situación.
Esas personas que se llevaron a Soledad
seguro quieren sacar partido de la herencia de Alcides.
- Bueno, pero es posible que esa gente
se haya dado cuenta que Alcides no recibió toda la herencia
y decida dejarla libre.
- Sí, eso es cierto, doña Esther.
¿Por qué no espera un poco?
- No. Se trata de la vida de mi hija.
No puedo esperar más tiempo.
- Bueno, entonces, te acompañamos.
- Mi hija tiene que aparecer,
así tenga que mover cielo y tierra.
- Nada que salen, querida,
así que voy a tener que ir a hablar con ellos.
- Pero de nada te sirve interrogarlos.
Ellos no te van a decir nada.
- Ya veremos.
Soledad: ¿Qué pasó? Francisco: Alguien viene.
Soledad: ¿Alguien viene?
- Es Boris.
Viene a verlos.
- Te dije.
Boris le está ayudando a Hugo y ellos también.
- Ya entendí. Tienes razón.
Ahora sí creo que vale la pena investigar.
- ¿Y don Hugo no dijo para qué nos necesitaba?
- Lo único que deben saber es que es urgente,
así que apúrense.
- Ah, no, no, no, no. Yo estoy muy cansada.
Además, me duelen los brazos de tanto cargar.
- Y a mí me duelen las piernas de tanto correr.
Estoy muy cansado.
Creo que hasta voy a rebajar de peso.
[Risa]
- No tenemos mucho tiempo. Los espero afuera.
- Señor Boris,
creo que hay algo que don Hugo debería saber,
y usted también, señor Boris.
- Ah, ¿sí? ¿Qué es?
- Adivine quién está viviendo en esta pensión.
- No estoy para adivinanzas, Elena.
- Adivina, adivinador.
- Nada más ni nada menos que la señora Soledad.
- ¿Qué?
Eso es imposible.
- Es verdad. Yo lo vi con estos ojos
que se han de comer los gusanos.
La señora escapó del sanatorio, ¿ah? ¿Qué tal?
- Qué peligro.
- Nada. Siguen ahí adentro.
Esto no me está gustando nada.
- Sh, sh. - Se están demorando demasiado.
- A lo mejor saben que estamos aquí.
- No, no creo.
Será mejor ir a ver. Ven.
Maldición, no están. No están, Soledad.
- Bueno, no deben estar lejos.
Vamos a buscarlos. - No, no, no.
No te muevas. Tú no puedes salir de aquí.
- Déjame acompañarte. - ¿Cómo crees?
De ninguna manera.
La policía debe estarte buscando
y lo más seguro es que si te encuentra,
te van a meter a ese manicomio.
Mejor tú quédate aquí tranquila,
que yo iré a buscarlo.
Tranquila.
- Encuéntralos.
Es la única pista que tenemos para encontrar a Hugo.
- Por favor, inspector, haga lo que tenga que hacer,
pero encuentre a mi hija.
- Así será, señora Esther. Ya mismo empezamos la búsqueda.
Por favor, llene estos datos.
Si quiere, pase al cuarto de al lado,
que ahí encontrará una mesa.
- Muy bien, inspector. - Te acompaño.
- Inspector,
este hombre estaba en el bosque disparando como loco.
Tiene algunas heridas.
- ¿Qué le sucede, don Alcides?
Esta mañana armó un escándalo en el banco,
porque, según usted le robaron su dinero y ahora esto.
¿Por qué?
- Porque...
¿Por qué no le dice a sus hombres que me suelten?
- Inspector, por favor,
ha sido un día de mucha presión para él.
Tiene que haber alguna forma de que lo deje libre.
Además, usted conoce a don Alcides.
Es un hombre de bien.
- En este caso, podría hacer una excepción,
pero don Alcides tendría que pagar una fianza.
- Permítame hablar con la señorita a solas.
- Claro que sí.
Suéltenlo.
- Tienes que conseguirme esa fianza.
- Alcides, por Dios, ¿qué te pasó?
- Esto sonará absurdo.
Hugo está vivo.
- ¿Qué locura estás diciendo? - No, no es ninguna locura.
No sé cómo se las ingenió, pero está vivo,
y tengo cómo probarlo.
[Música de suspenso]
- ¿Cómo puedes estar tan seguro que tu hermano está vivo?
- Eloísa, date cuenta de mi situación.
Ahora no tengo tiempo para darte explicaciones.
Sácame de aquí. - Alcides, no sé cómo hacerlo.
No tengo el dinero para pagar la fianza.
- Entonces, pídele.
Busca a Manrique, el prestamista del pueblo,
él te puede dar dinero por alguna de tus joyas.
- Sí, no te preocupes.
Lo haré.
- Es momento de irnos, don Alcides.
- Eres mi única esperanza.
[Tambor]
- Ni se te ocurra ayudarle.
- Solo busco lo mejor para nosotros, tía.
Y te aseguro que de aquí puede salir algo muy importante.
- Ya tengo suficiente con las estupideces de Hércules
como para lidiar con las tuyas. - Pues, lo siento.
Pero igualmente lo haré. Además, no te confundas.
No soy Hércules. Sé muy bien lo que hago.
Confía en mí.
Hugo: Has logrado ponerle color a la vida gris que llevaba.
Soledad: A la vida gris. ¿Por qué lo dices?
- Porque ahora siento que soy un hombre distinto.
Soledad: Ah, ¿sí? - Ajá.
Soledad: Yo también me siento una mujer distinta.
Estos han sido los tres meses más maravillosos de mi vida.
[Música romántica]
- ¿Cómo pude ser tan idiota de caer en tu trampa?
Boris: ¿Señor?
Su resentimiento hacia la señora Soledad
se ha convertido en algo tan grande
que a ratos lo desconozco.
No me gusta verlo así tan lleno de odio.
Parece otro, señor.
- Boris,
la mujer que amo me traicionó con mi propio hermano.
Yo creo, don Hugo, que usted,
en su corazón, sigue siendo una persona buena.
Por algo mandó al doctor Max a que hipnotice a la señora,
para que ella olvide que a usted lo vio vivo.
- Con la culpa que está sintiendo ya es suficiente.
Doctor Max: Señor,
lamento informarle que la señora Soledad
escapó del sanatorio.
- ¿Escapó?
- No se preocupe, don Hugo. Yo sé dónde está.
[Música de suspenso]
Hugo: Soledad, Soledad. Ayúdame, ayúdame .
Soledad: Mi amor.
Ven.
Ah.
No, no, no...
¡No!
- Suéltame, suéltame.
Soledad: ¡No, no! - ¡Suéltame!
- No.
¡Auxilio!
¡Auxilio!
[Música dramática]
No.
No puede ser.
Mi amor.
Sabía que estabas vivo.
Ahora que te encontré no te voy a dejar nunca.
[Música romántica]
[Música de terror]
- ¿Soledad?
Soledad, despierta.
¿Estás bien?
- Sí.
Francisco: Voy por un vaso con agua .
- Ay, tuve una pesadilla.
Francisco: Aquí tienes.
- Ay, gracias.
¿Qué pasó?
¿Los encontraste? ¿Pudiste ver a Hugo?
- No, los perdí.
pero pienso ir a la comisaría
a averiguar si pusieron alguna denuncia por tu desaparición,
y a ver si me dan algún dato sobre lo que pasó en la cabaña.
Así que espérame aquí.
No tardo. - Bueno, no, yo voy contigo.
Vamos. - No, no.
Es muy peligroso.
Confía en mí.
No me demoro. - No, Paquito, por favor.
Si quieres, yo te espero en el carruaje.
Por favor, llévame.
Es que tuve otra vez ese mal sueño con Hugo,
y cuando eso pasa, es un mal augurio.
- Soledad.
Solo fue un sueño.
No me demoro. - No.
Espérame.
¡Espérame y yo te acompaño, Paquito!
Francisco: Lo siento, mi vida. Es por tu bien .
[Música de tensión]
- Pero, ¿ella los vio?
- Sí, señor, de frente.
No nos dio tiempo a escondernos.
- Pero no se preocupe. No le dijimos nada sobre usted.
- Pero seguramente los siguió.
- No, señor. No hay de qué preocuparse.
Nos aseguramos de no dejar rastro.
- Escuchen, esto se está complicando.
Max.
Quiero que vaya a la pensión e hipnotice a Soledad,
como habíamos acordado.
- Saldré para allá de inmediato.
- Tú ve a Canaima.
Y trata de rescatar a Beatriz a como dé lugar.
- Sí, señor.
- Señor, ¿le va a quitar la memoria a la señora Soledad?
- Solo desde el momento que me vio en la cabaña.
Elena: ¿Y nosotros, señor?
¿Qué vamos a hacer? ¿Para qué nos mandó a llamar?
- Ustedes vendrán conmigo al cementerio.
Guillermo: Ah, no, no, señor. Al cementerio no.
Yo pensé que ya no íbamos a volver nunca más a ese sitio.
Hugo: Pero les voy a pagar mucho dinero.
- Vamos, Guillermo.
Vamos, que nos van a pagar mucho dinero.
- Ay, yo preferiría morir en la ruina
que ir a volver a desenterrar cadáveres, Elena.
- Eloísa.
- ¿Qué haces? Me asustaste.
- Eso te pregunto yo.
¿Qué hacías en la comisaría? - Alcides está detenido.
- ¿Por qué?
- Porque lo encontraron disparando como un loco
en el bosque, pero eso no es lo más importante.
Me dijo que Hugo está vivo y que tiene como probarlo.
- Ah, ¿sí? Entonces, Soledad tenía razón.
Esto no es una locura.
- No estoy tan segura.
Pero si es cierto, Alcides nos puede llevar a Hugo.
Francisco, préstame el dinero para liberarlo.
- Momento, ¿dinero? ¿Por qué? ¿Para qué?
- Porque tengo que pagar la fianza y es muy elevada.
- Eh, cálmate. Tranquila, cariño.
Eso no va a ser necesario.
Déjame a mí.
Yo lo voy a liberar. Pero eso sí,
a mi manera.
[Tocan puerta]
[Tocan puerta]
- ¿Quién es?
Max: Soy el doctor Max.
Por favor, Soledad, necesito hablar contigo.
Abre la puerta.
- Doctor, estoy encerrada. No puedo abrir.
Max: Hazte a un lado.
Tenemos que hablar.
Mírame a los ojos.
No me gusta su voz
ni tampoco su mirada, doctor.
¡Paquito!
Ay, no. ¡Ah!
- Te necesito tranquila, muy tranquila.
[Golpe]
[Golpes] [Quejidos]
[Música de tensión]
- Según nos informaron,
el señor de Medina formó un gran escándalo en el banco
y atacó al gerente.
- ¿Al gerente? - Sí.
Luego, fue encontrado en el bosque
disparando a diestra y siniestra y fuera de control.
- ¿Disparando?
Pero, ¿a quién?
¿A caso lo estaban persiguiendo, señor inspector?
- El señor de Medina no pudo dar
ninguna explicación congruente a los policías.
- Ya veo.
- Ni siquiera pudo aclarar por qué estaba herido.
- Inspector.
Esto va a ser una estupenda historia, se lo aseguro.
Espectacular.
La voy a poder vender muy bien.
¿Cuánto tiempo va a estar detenido el prisionero?
- Creo que ya han sido suficientes preguntas por hoy.
- Entiendo, señor inspector, pero una pregunta más.
El señor Alcides de Medina,
¿cuánto tiempo va a estar detenido en la cárcel?
- Por ahora, lo tendremos confinado solo para prevenir
que el señor de Medina lastime a terceros o a sí mismo,
pero solo hasta que alguien presente una denuncia formal
en su contra,
podremos establecer el tiempo que permanecerá aquí.
Inspector, con todo respeto.
¿Me está diciendo
que el señor de Medina está detenido
sin tener una acusación previa?
Eso es ilegal.
Se va a ver muy bien en mi reportaje.
- Usted no puede publicar eso.
Eso es información confidencial.
- Usted no me va a decir lo que puedo escribir o no.
¿Acaso no ha escuchado a hablar
acerca de la libertad de expresión, señor?
Usted no va a salir muy bien librado
de este reportaje, se lo aseguro.
- Retírese de mi oficina. - Con todo gusto.
- Ese periodista me va a meter en problemas.
¡Guardia, guardia!
Guardia: Señor.
Delegado: Libere al señor de Medina de inmediato.
Guarida: Como ordene, señor.
Max: Ay.
Ay, mi cabeza.
[Quejidos]
¿Qué pasó?
¡Soledad!
Ay. ¿Qué se hizo esta mujer?
- Doctor, ¿qué hace usted aquí y qué le pasó en la cabeza?
- Usted no ha visto nada.
- ¿Y la señorita dónde está?
- ¿Está claro? - Muy claro, señor.
[Música de suspenso]
Boris: Oh, oh.
¿Marina?
Marina.
¿Qué haces aquí a la mitad del camino?
- Don Alcides me descubrió buscando los planos,
y el arma, me echó de la casa.
- ¿Te golpeó?
Ese hombre te golpeó.
- Ese hombre es un animal, Boris.
Si no es por Úrsula que llega en ese momento,
por poco me mata.
- ¿Y Úrsula dónde está?
- En la casa de los Obregón, pero a mí no me recibieron.
Pero por tu culpa estoy en la calle.
No tengo ni idea qué voy a hacer.
- Marina, lamento mucho que esto fuera por mi culpa.
Pero no te preocupes, no te voy a dejar sola.
Mira.
Con esto puedes quedarte en un hotel
en lo que regreso a la ciudad.
- No, Boris, no me vas a seguir utilizando.
Yo voy contigo.
- Marina, Marina, no puedes ir conmigo.
Adonde voy es muy peligroso. Marina, por favor.
- ¿Por qué? - Entiéndelo.
- ¿Vas a seguir robando?
- No digas tonterías, que no sabes lo que dices.
- No puedes ir conmigo, porque es muy arriesgado.
Marina, entiéndelo.
- Pues, yo lo siento mucho, Boris, yo sí voy a ir contigo.
Te he apoyado en todo. Esto es incondicional para ti.
He confiado en ti.
Y lo único que has hecho es mantenerme al margen.
Boris...
[Música romántica]
Eloísa: Por fin libre.
¿Me vas a agradecer el haberte sacado de ese lugar?
- Claro.
¿Y cómo lograste que saliera sin siquiera firmar un papel?
¿Pagaste más que la fianza? - Hice algo mucho mejor.
Hablé con Paquito y él amenazó con armar un escándalo.
- Eloísa, pero ese tipo es muy chismoso.
- Sé muy bien cómo es Paquito, pero no te preocupes,
no le dije nada que pudiera perjudicarte.
Alcides, y ahora que ya estás libre,
¿por qué no me cuentas con detalle
lo que me dijiste esta tarde?
- Porque creo que no me siento preparado
para confiarte algo tan delicado.
- Alcides, estás libre gracias a mí.
Y, por si no te acuerdas,
hemos compartido la cama.
Creo que eso me da confianza suficiente
como para que me digas lo que está pasando.
- No te confundas.
No tienes derecho a reclamarme.
[Música de suspenso]
Francisco: Muy mal, Eloísa, muy mal.
Por lo visto,
tus habilidades no están funcionando con Alcides.
Qué vergüenza.
- No te metas en lo que no te importa, Francisco.
- Ya verás que mis métodos son más efectivos, Eloísa.
Ya le he dicho que no ha llegado ningún dinero hoy,
y por lo visto, ya no llegará.
- No, espere, espere, espere.
Al menos debió llegar algún mensaje.
- Mire, señor, lo siento mucho, no puedo ayudarlo más.
Regrese mañana.
- Maldita sea.
- ¿Dónde está mi hermana?
[Música de tensión]
- ¿Dónde estoy?
¿Qué estoy haciendo aquí?
¿Enrico?
No te asustes.
Estás en mi casa.
Aquí estás a salvo.
- Ay.
- Lo último que recuerdo es que
había llegado el doctor Max y...
- No, no, no. Tranquila, tranquila.
Hay mucha gente que te quiere hacer daño,
pero aquí estoy para impedirlo.
Tú me salvaste la vida y yo estoy en deuda contigo.
No puedo entender por qué está pasando todo esto.
Los únicos que sabemos que Hugo está vivo somos tú y yo,
y nadie me quiere creer.
No sé qué hacer.
- Es que la vida es muy difícil,
y, en estos momentos, hay que ser muy fuerte.
- Enrico.
¿Y por qué no me ayudas? Por favor.
Ayúdame a encontrar a Hugo.
- Yo sé dónde está tu amado, y te voy a llevar con él.
[Música romántica]
[Quejido]
[Paleo]
[Música de suspenso]
- Está bocabajo.
Eso quiere decir que sí despertó,
se murió asfixiado.
- No es posible. Entonces, Hugo sí está ahí.
Hombre: ¡Son saqueadores de tumbas!
- ¿Qué está pasando?
Tengo que verlo.
[Disparo]
Hombre 1: ¡Sí, son dos, son dos!
Sí, tras ellos, tras ellos!
¡Vamos, suelten los perros!
[Ladridos]
- Hugo está muerto.
Está muerto.
Pero, ¿y entonces?
Las veces que lo visto...
[Música de tensión]
¿Cómo así?
No, no, no...
[Disparo]
Con un demonio.
- ¡Ah!
Me asustaste, desgraciada remolacha.
- ¿Cómo que remolacha? ¿Qué te pasa? Cállate.
- ¿Por qué no me esperaste en el carruaje?
¿Qué haces aquí?
- Oí gritos y vi salir a Alcides muy mal.
¿Qué pasó?
- Alcides abrió la tumba de Hugo,
solo que todo se echó a perder,
porque aparecieron los vigilantes del cementerio
y empezaron a gritar y querían soltar a los perros.
- Bueno, pero, ¿y entonces, Hugo está muerto o no?
- No tengo la menor idea,
pero tenemos que seguir a Alcides.
- Se fue por allá.
- Ya sé.
Espérame.
- Bueno, Miguelito,
quién lo iba a creer.
Por lo menos nos serviste para hacerte pasar
por don Hugo.
[Risa]
- ¿Entonces, tú también lo has visto?
Ay, Enrico, Enrico. Por favor, dime en dónde está.
Dime dónde lo puedo encontrar.
- Mira, lo he estado buscando,
pero es que es un hombre muy astuto.
- Ay, Enrico, hay algo muy importante
que tengo que hablar con él, por favor.
Llévame, vámonos ahora. - No, no, no. Mira.
La tormenta está muy fuerte.
No podemos salir. - Eso no importa.
- No, no, no.
Te calmas, vamos mañana tempranito, lo buscamos,
te cuidas y cuidas también a tu bebé.
- ¿A mi bebé? - Ajá.
- ¿Y tú cómo sabes que estoy embarazada?
. Porque lo he visto en tus ojos,
y vas a tener una niña muy bonita.
Esa niña te va a hacer muy feliz.
[Canción alegre]
- Raimundo, sabes que no me gusta que me mientan,
así que dime dónde está mi hermana.
Raimundo: Aún no la he encontrado, don Arturo.
- ¿Crees que soy idiota?
Yo sé que estás involucrado en esto, así que habla.
- Se equivoca, señor.
Yo vine aquí siguiendo sus órdenes.
¡Ah!
- Escuché tu conversación con el empleado
de la oficina de telégrafos, así que dime.
Yo sé que fuiste tú el que mandó el telegrama
en nombre de Fabio, así que hablas o te mueres aquí mismo.
- Se nos adelantaron. - ¿Y ahora qué hacemos?
Hombre: Señor.
- ¿Por qué no hacemos esto en otro lugar, en uno más seguro?
- Te juro que, si no colaboras, te mato.
Vamos.
- Andando.
- ¿Están seguros que ese pobre hombre no tenía familia?
- Él era solito, solito en el mundo.
- Tenemos que salir de aquí cuanto antes.
Esto aún no termina.
- ¿No termina?
¿Acaso aquí no culmina ya su venganza, señor?
- Ahora que Alcides cree que realmente estoy muerto
mi fantasma lo perseguirá hasta llevarlo al límite.
[Música de tensión]
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