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- ¿Quién es usted y qué está diciendo, señor?
- Me opongo a que se le haga entrega de esa herencia,
al señor Alcides de Medina.
Juez: Espero que tenga pruebas suficientes
para demostrar lo que está diciendo.
- ¿Te das cuenta?
¿Te das cuenta de cómo nos mira?
Parece que hubiera visto un fantasma.
[Risas]
Guillermo: Y ni se imagina
lo que realmente pasó.
- Tranquilos, tranquilos.
[♪♪♪]
[Disparos]
Bueno, pero ¿qué hacen ahí?
Salgan que esto va a explotar.
Vamos. Helena: ¡Don Hugo!,
¡don Hugo!
Hugo: Vamos, vamos, rápido.
Vamos, vamos, vamos.
[Bullicio]
- Salvados por un pelo
y ya sabes gracias a quién, ¿no?
[Martillo de juez]
Juez: ¡Silencio!
¿Quién es usted y cómo se atreve
a hacer semejante afirmación?
- Soy Boris Monsalve,
empleado de confianza del señor Hugo de Medina.
- Su señoría, usted no puede creerle
a un vulgar ladrón.
Hace unos días entró a mi casa
y robó las pertenencias de mi difunto hermano.
- ¿Es eso cierto?
- El inspector Duarte, aquí presente
le puede dar fe de lo que digo.
- El señor Alcides tiene razón.
Existe una acusación contra el señor Monsalve
y los esposos Burke,
han estado huyendo por robo, aprésenlos.
Mujer 1: Que se los lleven, que se los lleven.
Guillermo: ¡Quieto!
[Bullicio]
¡Suéltela!
Rebeca: ¿Esto es un circo?
Lástima que Eloísa no esté aquí.
[♪♪♪]
- No sé cómo me atreví hacer esto.
- Entiendo el riesgo que estás corriendo,
pero gracias por ayudarme.
- Paquito me convenció,
no sé qué le dijiste, pero él confía en ti.
- Es por una buena causa.
Yo no estoy loca
y quiero poder demostrarles a todos que Hugo está vivo.
[♪♪♪]
Gracias.
- Vinimos a ayudar,
y terminamos en la cárcel, ¿no?, Boris.
Inspector: A la estación.
- ¡Esto es una injusticia, señor juez!
¡Usted tiene que escucharme!
- ¡Deténgase, inspector!
[♪♪♪]
No se atreva a llevárselos,
necesito escuchar el testimonio del señor Monsalve.
- Pero, señor juez,
estas personas son prófugos de la justicia.
Usted no puede creerles.
Juez: Quién da las órdenes en esta sala soy yo, inspector.
Ya decidiremos qué hacer con ellos
una vez que presenten su testimonio.
Ahora dígale a sus hombres que los suelten.
[Bullicio]
[Martillo de juez]
Juez: ¡Silencio!
Señor Monsalve,
tiene 5 minutos para exponer sus argumentos.
[♪♪♪]
- ¿Qué crees que haces?
- Practico lo que tú me enseñaste.
"En este negocio para sobrevivir
hay que hacer lo que sea".
Ahora más les valen que caminen
si no quieren que los mate.
[♪♪♪]
- Eres un maldito traidor,
vas a pagar por esto.
- Fabio, no te lo tomes personal.
Estos son solo negocios,
puedo sacar mucho dinero de ustedes,
y ahora sí andando
que ya estoy perdiendo la paciencia.
- Raimundo,
yo te puedo dar dinero,
mucho dinero,
pero nos tienes que dejar ir.
- ¿De veras?
- Dale lo que tenemos. - Olvídalo.
No pienso premiar a una rata como esta.
Dime...
¿dónde está don Alcides?
Seguramente tiene que estar por aquí escondido
esperando para matarnos.
Raimundo: Cállate, Fabio.
Ahora sí caminen,
tenemos que irnos de aquí ahora mismo.
¡Vamos, caminen!
[♪♪♪]
- Ay, por fin,
ahí está la salida.
Si logramos atravesar esa puerta estamos salvadas,
Paquito nos está esperando afuera con un coche.
- Nadie se va a dar cuenta que no eres enfermera.
- Eso espero.
Porque a la hora que me robe el uniforme
no habían zapatos de mi talla
y tuve que dejarme los míos. Bueno, ¿no hay nadie?
- ¿Para dónde cree que lleva a esa paciente, señorita?
[♪♪♪]
- Buenas, señor,
es parte de su terapia,
sacarla a la calle,
que vea gente y cosas nuevas.
- Usted está muy bonita,
qué raro, nunca la había visto antes.
- Soy nueva.
- Con razón.
- ¿Con razón, qué?
- Que no conoce las reglas,
necesita una orden del médico
para poder sacar a una paciente del sanatorio.
Eloísa: Ay, la orden,
sí, es verdad.
El médico me la dio,
lo que pasa es que la deje en la sala de recuperación.
Perdón.
Ay, señora Soledad, qué pena,
pero tenemos que regresar, no traje la orden.
- Ay, eh...no...
no, más tarde no,
porque estoy muy agotada
y más tarde ya no voy a querer salir.
- Ay...
ay, señor, déjeme salir así, ¿si?
Mire que si no saco a la paciente,
el médico se va a molestar con usted.
Yo le prometo que...
más tarde se la traigo, ¿sí?
¿Qué dice?
[♪♪♪]
- En estos documentos podrá comprobar
que don Hugo me dio autoridad sobre sus cosas,
por eso entré a casa de don Alcides a tomarlas.
- ¿Por qué son tan importantes esos objetos
como para entrar sin autorización
a apoderarse de ellos?
- Eran artículos
de gran valor sentimental para mí,
y quise rescatarlos
antes de que don Alcides los destruyera.
- Su señoría, usted no puede dar crédito a esta provocación.
Ese vulgar ladrón,
ese facineroso,
está hablando de mi propia sangre,
de mi difunto hermano.
[♪♪♪]
- Yo jamás hubiera dañado nada que fuera de él,
jamás.
Al contrario, lo hubiera cuidado
como su más fiel recuerdo.
Juez: Don Alcides, según estos documentos,
esos objetos le pertenecen
a su criado Boris Monsalve,
y no solo eso,
señor Monsalve, usted...
debe quedarse con el 50% de toda la herencia
de Hugo de Medina.
[Bullicio]
- Usted no le puede dar crédito a un ladrón.
- ¡Silencio!
[Martillo de juez]
¡Silencio!
- Alcides va a terminar por perder
gran parte de su herencia.
[♪♪♪]
[Martillo de juez]
Juez: ¡Silencio!
Eloísa: Con cuidado, por favor.
Gracias. - De nada.
Esther: Ay, discúlpeme.
Señorita.
Enfermera: Señora.
- Vengo a visitar a Soledad Obregón.
Soy su mamá,
con mucho gusto, ya se la llamó.
Enfermera: Con permiso.
- Perdón, ¿está buscando a la señora Soledad?
- Acaba de salir con una enfermera.
- ¿Con una enfermera? ¿Y a dónde?
¡Soledad, hija, espera!
- Mi mamá.
Esther: Ay, algo le pasa a mi hija, ayúdele.
¡Guardias!
¡Guardias, se llevan a mi hija!
¡Ayúdenme!
¡Guardias, se llevan a mi hija!
[Quejidos]
Esther: ¡Ayúdenme, guardias!
Francisco: Después.
Esther: ¡Guardias!
¡Ayúdenme, se llevan a mi hija!
Eloísa: Vámonos, vamos, vamos.
- ¿Puedes explicarme qué está pasando aquí?
Alcides, me aseguraste que eras el único heredero
de la fortuna de tu hermano,
y ahora resulta que este criado
también alega tener derecho a ella.
- Estoy tan sorprendido como tú.
- Su señoría,
mi hermano, nunca dejó hecho un testamento.
Yo le puede asegurar
que ese documento que está leyendo es falso.
- Jamás me atrevería a sacar provecho
de esta situación.
Trabajé toda mi vida para don Hugo,
fui de su entera confianza,
él quiso dejarme algo de su fortuna
por agradecimiento.
- ¡Ha! ¿algo?
Su señoría,
yo exijo que se compruebe la veracidad de ese documento.
No permita que irrespeten su intelecto,
este hombre es un mentiroso.
- Cállese de una vez.
Don Alcides, no soporto sus impertinencias.
Yo sé hacer mi trabajo.
Inspector,
necesitamos comprobar la veracidad
de estos documentos.
Boris: Estos documentos llevan la firma
del señor Hugo de Medina,
y pueden comprobarlo.
Inspector: El señor Gustavo Hoyos
es especialista en firmas,
él podrá decirnos con toda seguridad
si es un documento autentico
o si se trata de una vulgar imitación.
- Tráigalo de inmediato, inspector.
[♪♪♪]
Eloísa: Si la mamá de Soledad nos vio,
vamos a estar en serios problemas.
Francisco: Cállate, Eloísa.
Soledad: No debí pedirles que me acompañaran.
Tranquila, Soledad.
¿Ya ves lo que estás haciendo?
La estás angustiando.
Eloísa: No...no fue mi intención.
Soledad, perdón, tranquila, tranquila.
- Sube, con cuidado.
- Ya.
- Sube.
Eloísa: Ya voy.
Francisco: Soledad, ¿sabes exactamente
dónde queda la cabaña?
- Sí,
debemos tomar el camino que va para el norte,
justo hacia el bosque.
Francisco: Muy bien.
- ¿Estás segura de lo que vamos a encontrar ahí?
- Sí,
yo sé que Hugo está ahí.
- Veremos si tu historia es verdadera, ya lo veremos.
Querubín, vamos.
Vamos, Querubín.
[♪♪♪]
Inspector: Aquí encontrará
la auténtica firma de Hugo de Medina
compárela con el documento traído por el señor Monsalve.
[♪♪♪]
- Inspector,
ocurrió algo en la parte norte del bosque,
una cabaña explotó en mil pedazos.
- Pero ¿cómo va a explotar una cabaña?
¿Acaso fue un atentado?
- Ya dispuse de un grupo de hombres
para que investiguen a profundidad,
lo único que sé es que se trata
de una propiedad de don Hugo de Medina.
- Hay que investigar a fondo este asunto.
Manténgame informado de la situación.
- Sí, señor.
Gustavo: No hay ninguna duda,
estas letras y estas firmas,
pertenecen a don Hugo de Medina.
[♪♪♪]
- Eso es imposible,
Hugo no pudo firmar ese documento.
[♪♪♪]
Soledad: ¡Ay, ay! ¡Ay, no, no puede ser!
Francisco: ¡Soledad ven para acá!
¿A dónde vas, niña?
Soledad: Hay que entrar.
Hugo puede estar adentro.
- No puedes ser irresponsable, ¿no ves que es peligroso?
Eloísa: Que tenemos que entrar, viene alguien,
Vienen, puede ser la policía.
Francisco: Vamos, muévete.
No te preocupes por Hugo.
[♪♪♪]
- Su señoría.
Su señoría, yo soy...
el único familiar vivo de Hugo,
por ley me corresponde ser heredero universal
de todos sus bienes,
yo no estoy dispuesto a dividir
lo que por ley me corresponde con un criado ladrón.
- Creo que usted no entiende, señor De Medina,
la existencia de este documento lo cambia todo.
- Su señoría, usted sabe perfectamente
que ese documento no es válido.
Ni siquiera está registrado en la notaría.
- Aunque no tiene los sellos de ley,
la firma de su hermano le da validez.
Usted es abogado, señor, debería saberlo.
[♪♪♪]
- Y usted es juez,
y sabrá que voy a objetar su decisión
a un tribunal superior.
- No creo que sirva de nada.
Dicto sentencia,
[♪♪♪]
la fortuna de don Hugo de Medina
deberá ser dividida en partes iguales
entre su hermano Alcides y el señor Boris Monsalve.
Comuníquese por edicto público y cúmplase.
Se levanta la sesión.
[Aplausos]
[♪♪♪]
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor, ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame,
despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No,
No,
No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- ¿Por qué nos trajiste a este lugar tan alejado?
¿Nos vas a matar?
- No, no por ahora.
Ustedes me sirven mucho más vivos que muertos.
Les puedo sacar mucho dinero si muevo bien mis fichas.
- Y ¿piensas dejarnos aquí encerrados, idiota?
Te aseguro que este imbécil
no tiene ni idea de qué hacer con nosotros.
- Te equivocas, Fabio,
voy a ganar por partida doble.
Mandaré dos telegramas,
tu hermano me pagará muy bien si sabe que te encontré,
y don Alcides me pagará mucho más si los mato.
- ¿En serio crees que puedes lidiar
con ese par de fieras?
Te van a devorar vivo, estúpido.
- Mi hermano te matará
antes de hacer un trato contigo.
- Y ¿crees que no he pensando en eso, princesa?
Conozco a Arturo porque trabajé para él mucho tiempo.
Mira, realmente es muy simple,
le haré creer que Fabio fue el que te raptó,
y entonces te aseguro que el muerto no seré yo.
[♪♪♪]
Policía: Ya revisamos la zona
y no encontramos víctimas, señor.
- Tenemos que encontrar alguna pista
que nos conduzca al responsable de todo esto.
Policía: Ya oyeron,
Ruiz y Jiménez hacia el norte,
Gordon va a ir girando conmigo,
los demás hacia el sur.
- Bien, ya escucharon,
vámonos de aquí.
Soledad: No, no, hay que buscar a Hugo,
Paquito, por favor. Eloísa: Ay, por favor, Soledad,
ya escuchaste al policía,
no hubo ninguna víctima.
Si Hugo realmente está vivo,
no estaba en la cabaña.
- Tiene razón Eloísa,
además, el incendio debió ser hace varias horas,
y tú dijiste que Hugo
lo habías visto en el Sanatorio.
Así que, ¿por qué no nos movemos?
- Paquito, pero espera.
Y entonces, ¿quién pudo haber incendiado la cabaña?
- No tengo la mejor idea,
pero yo lo voy a investigar.
Muévete. Eloísa: Vamos.
Francisco: Vamos.
Vamos, Soledad.
Marina: Si no hubiera sido por ti,
don Alcides me mata.
- Y por poco lo logra,
mira como te dejó.
[Quejidos]
- Sí...
te arriesgaste mucho por mí, Úrsula, gracias.
- Eso no importa,
lo que importa es que estamos
en un grave problema, Marina.
[♪♪♪]
Lo que no entiendo es porque Boris
te puso a esculcar en las cosas de los patrones,
¿qué le pasa?
Está muy extraño últimamente.
- Yo no sé, a mí también me tiene muy confundida,
pero...
me pidió que confiara en él.
- ¿Cómo podemos confiar en alguien
que se la pasa con bandidos como los Burke?
Hoy los vi en el camino, iba con ellos.
- ¿Otra vez?
- Sí, y llevaban prisa, quién sabe para donde iban.
- Bueno, eso ahora no importa, ¿sabes?
Estamos metidas en un gran problema, Úrsula.
don Alcides es una persona muy mala,
y la va a volver a emprender contra de nosotras
cuando regrese.
- Tendremos que irnos.
- Pero ¿a dónde?
Yo en esa ciudad no tengo a nadie, Úrsula.
- Yo creo saber a dónde podemos ir.
Tú encárgate de hacer tu maleta y...
yo me encargo del resto.
- ¿Estás segura?
- ¿Tenemos otra opción?
[♪♪♪]
[Aves trinan]
[♪♪♪]
- Necesito hacer algo que siempre quise hacer.
[♪♪♪]
- ¿Qué estoy pensando?
Soy un hombre casado,
tengo a una mujer que amo,
y a propósito de Esther,
ya debería estar aquí.
¿Será que Soledad tuvo una recaída?
[♪♪♪]
Voy a buscarla.
Lucas: Y ustedes,
¿qué hacen aquí?
Marina...
¿qué te pasó?
Úrsula: Estamos metidas en un gran problema, don Lucas.
Necesitamos su ayuda.
[♪♪♪]
- Necesito hablar con el inspector Duarte,
es urgente.
Policía: Está asistiendo a la audiencia
para la entrega de la herencia de don Hugo
a don Alcides de Medina.
- Hoy Alcides recibe la herencia de su hermano,
no lo sabía.
- Así es, señora.
Esther: Lo que yo tengo que decirle es muy importante,
se trata de mi hija.
- Pero cuénteme,
¿qué pasa con su hija?
- No, gracias,
voy a buscar a Alcides,
él tiene que hacerse cargo de esta situación.
- Pobre Alcides,
tener que compartir su fortuna
con un empleado de su hermano.
Claro que si nos descuidamos
nos puede pasar lo mismo a nosotros.
- ¿Por qué lo dices?
- Lucas me contó que Enrico
estuvo esculcando en su casa.
- Pero ¿cómo hizo para saber
que las cosas de Jeremías estaban ahí?
- No lo sé,
pero no voy a dejar que ese maldito
se nos adelante.
Pronto Lucas nos entregará las cosas de Jeremías
y cuando eso suceda vamos a encontrar la fortuna.
Ahí viene Alcides.
Alcides, te estábamos esperando,
lamentamos muchísimo lo que sucedió aquí adentro...
- Me vas a disculpar, pero no estoy de ánimos.
Con permiso.
[♪♪♪]
- Qué tipo tan grosero.
- Alcides es un cobarde,
él golpeó a Soledad,
si lo hizo con ella no me extraña
que lo haya hecho con ustedes.
Ese miserable va a tener que responderme.
- Entonces, ¿va a ayudarnos, don Lucas?
- Eso es lo que yo quisiera, Marina,
pero no es tan sencillo.
Nuestra situación económica
no alcanza para pagar dos empleadas.
- Será solo por unos días, don Lucas.
Bastará con que nos dé de techo y comida.
- Bien, bien, veré que puedo hacer, Úrsula,
pero antes tengo que hablar con Esther.
No llega del sanatorio,
tendré que ir a buscarla.
Úrsula: ¿Quiere que vayamos a buscarla nosotras?
Lucas: No, no, iré yo.
Ustedes espérenme aquí.
Dios, nos está llegando todas las tragedias juntas.
[♪♪♪]
- Todo nos salió perfecto,
ahora nos pondremos de acuerdo
para que cobres tu dinero.
[♪♪♪]
- Boris.
Guillermo: Señor, por aquí.
[♪♪♪]
- No creas que vas a salirte con la tuya, imbécil.
Sé perfectamente que ese documento
que le presentaste al juez es falso.
- Piense lo que quiera, señor Alcides,
pero nada cambiará el fallo del juez.
[♪♪♪]
- ¿Cómo lo lograron?
No tuvieron tiempo de escapar a esa cabaña
y falsificar el documento.
- El grafólogo dijo que era auténtico.
Es la palabra de un experto contra la suya.
- Tú falsificaste ese documento.
Tú le diste el dinero al juez
para que dijera que esa firma era de Hugo, confiésalo.
- Piense lo que quiera, Alcides,
pero nada cambiará el fallo del juez,
ni nada permitirá
que yo no reclame lo que es mío,
[♪♪♪]
pero si intenta matarme de nuevo
le juro que no me voy a quedar con los brazos cruzados.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Apártate. Helena: ¡No!
[♪♪♪]
Francisco: Pasen, pasen, muévase.
[♪♪♪]
Vamos Eloísa, muévete.
[♪♪♪]
- Este lugar es terrible.
Debimos llevado a Soledad a otro lado,
no se puede quedar aquí.
- No te quejes,
es el único lugar que pude conseguir.
Sé que es una pocilga,
pero al menos no la van a encontrar aquí.
- Este lugar está bien.
Lo único que me interesa en este momento
es encontrar a Hugo.
- Y lo haremos,
pero con calma, querida.
Escúchame bien, Soledad,
Eloísa y yo estamos arriesgando todo por ti,
por haberte sacado del sanatorio
nos podrían meter a la cárcel.
- Y ¿ahora que voy a hacer?
Perdí un zapato.
- No te quejes por eso, es una tontería.
después te compro otro par de zapatos.
Lo que sí necesitamos con urgencia es....
ropa para las dos, mh.
- He estado pensando...
y decidí que voy a llevar esto
hasta las últimas consecuencias.
Eloísa: ¿Las últimas consecuencias?
Soledad: Sí,
yo nunca vi el cadáver de Hugo,
y si es necesario voy a hacer que lo desentierren
para demostrarle a todo el mundo
que Hugo no está muerto.
[♪♪♪]
- ¿Por qué están tan misteriosos?
¿Qué esconden?
[Hablan al mismo tiempo] Nada.
- Sáquese. Helena: ¡Ah!
[♪♪♪]
- ¿Quién estaba aquí?
Es su jefe.
¿Por qué no me dicen de una buena vez
para quién trabajan?
- Ya se lo dijimos, señor,
trabajamos para Miguel.
- ¿Para quién trabajan?
Boris: Déjelos en paz, Alcides.
De lo contrario se las verá conmigo.
[♪♪♪]
- Alcides de Medina,
será qué podemos hablar.
Tenemos un asunto pendiente.
[♪♪♪]
- Me lleva el demonio.
[♪♪♪]
Tú y yo no hemos terminado.
[♪♪♪]
Helena: Pobrecito,
parece que don Arturo está muy de mal humor.
Guillermo: Gracias, don Boris.
Muchas gracias.
- ¿Y don Hugo?
[♪♪♪]
- ¡Oh!
No puede ser.
¡Señor, espere!
[♪♪♪]
Esther: Señor,
¿me escucha?
Dese vuelta, por favor.
Lucas: Esther.
Esther, ¿dónde estabas?
Me tenías preocupado porque no llegabas.
- Lucas,
no me vas a creer, pero acabo de ver a...
[♪♪♪]
- ¿A quién?
Dime ¿a quién?
- Ya no está.
Nada, no me hagas caso.
Lucas, pasó algo terrible.
Fui al sanatorio,
Soledad no está.
Alguien se la llevó.
[♪♪♪]
- ¿Cómo?
- Soledad tiene razón.
La forma más sencilla y segura de saber
si que dices es cierto,
es abriendo la tumba de Hugo.
- ¿Qué?
Por Dios, ¿de qué estás hablando, Eloísa?
Ni que fuera tan fácil hacerlo,
al menos no lo puedo conseguir yo,
legalmente.
Con todo respeto, Soledad.
Mira...
la gente piensa que estás mal de la cabeza,
así que no creo que ningún juez acceda
a abrir la tumba solo porque tú lo dices.
- Entonces, ¿qué se puede hacer?
- ¿Cómo que qué, cariño?
Piensa, piensa.
Lo que necesitamos son pruebas,
muchas pruebas para respaldar
lo que tú dices,
y ahí si el juez va a acceder.
Bueno, no hay que desesperarnos, ¿bien?
Todo va a salir bien, cariño, tranquila.
Eloísa, cuídala.
Ya regreso.
[♪♪♪]
- ¿Me puedes explicar cómo está eso de que Boris
se va a quedar con la mitad de tu dinero?
- No, Arturo,
eso es lo que pretende ese infeliz.
Por un demonio, no se lo voy a permitir.
- ¿Y No será que tú estás detrás de esto?
- Yo no estoy dispuesto
a compartir mi fortuna con nadie.
- Alcides, yo quiero mi dinero ahora.
Tú y yo hicimos un trato
cuando nos libramos de tu hermano.
Alcides: Hicimos un trato,
pero las cosas han cambiado.
Yo te pagaré cuando me asegure
de haber recuperado
todo lo que me pertenece de la herencia,
solo entonces.
Arturo: A mí no me interesa
si vas a recibir toda una herencia o solo una parte,
vamos a ir al banco en este momento
y me vas a dar mi dinero de una vez.
- Alcides, ¿pasa algo?
Alcides: Quítame las manos... - ¿Está todo bien, Alcides?
- Hace lo que te digo,
quiero que desaparezcas de mi vida.
No quiero saber de ti nunca más,
imbécil.
Rebeca...
Rebeca: [Ininteligible]
ah, claro, sí, sí.
No, estábamos hablando y...
[♪♪♪]
Lucas: ¿Segura que esas personas
detuvieron a Soledad?
Esther: Pues yo vi cuando se la llevaron.
- Por Dios, ¿qué es lo que nos está pasando?
- Iba a buscar a Alcides, él tiene que saberlo.
él nos puede ayudar.
- No, no, no.
No contemos con él, Esther, no.
Él hoy golpeó a sus empleadas.
Están en nuestra casa.
- Seguro son inventos de ellas para no trabajar
con él en su casa.
Conozco a Alcides, confió en él.
Así que te guste o no,
vamos a contarle lo que sucedió,
él es su esposo y tiene que saberlo.
Alcides: Sí, claro, pero eso se resolverá a futuro.
Rebeca: Mh-hmm.
Se nota que Arturo tiene muy mal carácter, ¿verdad?
Pero cuéntame,
¿por qué está tan molesto contigo?
- Bueno...
es que Arturo...
Rebeca, por cábala, no acostumbro a dar noticias
sobre mis negocios
cuando están en una etapa inicial.
- Felicitaciones por su herencia.
Y lo espero la próxima semana
a ver si ahora me paga
los trajes que me está debiendo, ¿no?
- No se preocupe, don Anacleto, gracias.
Gracias por la paciencia.
Rebeca.
- Ni imagino por lo que estás pasando.
Vas a recibir mucho menos de lo que esperabas,
pero estoy segura que con eso
vas a poder pagar tus deudas.
Alcides: Rebeca, Rebeca,
yo preferiría...
conservar mis negocios...
para mí, en privado, con permiso.
[♪♪♪]
Hércules: ¿Quién se cree ese imbécil?
Ya mismo lo voy a poner en su lugar.
- No, no, no, no, ven.
Déjalo.
Déjalo.
Lo necesitamos de nuestro lado.
No te preocupes.
[♪♪♪]
- Respira.
Eso.
- Los zapatos están muy ajustados.
Consiguiendo esto te tardaste tanto.
- Deja de quejarse, Eloísa,
fue lo único que pude conseguir.
Además, me tuve que quedar un poco más de tiempo
en la plaza, escuchando chismes.
- ¿Se dice algo sobre la explosión
de la cabaña de Hugo?
- No, nada, en realidad.
Lo único que se está comentando en la plaza
fue la resolución que dio el señor juez
acerca de la herencia del señor Hugo de Medina.
Al parecer
la mitad se va a quedar con Alcides.
- ¿Cómo?
¿Y la otra mitad?
- A su fiel mayordomo, Boris.
- ¿Boris? - Sí.
¿Boris está aliado con Hugo?
Boris: No te voy a dar explicaciones sobre esto,
simplemente búscalo.
Mañana en la mañana regreso
y me entregas todo.
- Boris...
[♪♪♪]
- Boris me puede llevar con Hugo.
Claro...
es Boris.
Boris está ayudando a Hugo.
- Las piezas empiezan a encajar.
- Un momento.
Todavía hay algo
que no tiene mucho sentido para mí.
¿Qué razón tendría Hugo de Medina
para hacerse pasar por muerto ante todo el mundo?
- Tienes razón,
para mí tampoco tiene mucho sentido,
pero a lo mejor es
¿por qué tiene muchos enemigos?
- Y entre ellos...
¿Por qué no...
su hermano?
- ¿Tú crees que Alcides...?
- No lo digas,
pero en mi opinión, creo que Alcides
está involucrado en la muerte de Hugo de Medina.
[♪♪♪]
- Marina, tráeme algo de tomar.
[♪♪♪]
Marina.
Marina, tráeme algo de tomar.
¡Marina!
¿Dónde te metiste, criada del demonio?
¡Marina!
[♪♪♪]
Buenas.
Lucas: Buenas, Alcides.
Y no te preocupes por Úrsula y Marina,
se cansaron de tus malos tratos y se fueron.
[♪♪♪]
- ¿A qué debo el honor de su visita?
- Tú no puedes seguir tratando a la gente así.
Disculpen, ustedes.
Esther: Alcides.
Mira, nosotros no vinimos a juzgarte,
ni a decirte nada,
solo queremos contarte que algo pasó esta mañana,
se llevaron a Soledad del sanatorio.
- ¿Se llevaron a mi esposa?
- Sí.
- Pero ¿quién? ¿Por qué?
Esther: No lo sé,
pero mira, esto fue lo único que encontré.
Este zapato era de la mujer que se la llevó.
[♪♪♪]
- ¿Qué pasa?
- Ese zapato, ese zapato es de Eloísa.
[♪♪♪]
- Esa noche, Alcides llegó como loco,
gritando que había matado a su hermano Hugo,
luego de que lo había visto en su habitación.
- Qué sí, esa noche yo también lo vi.
[♪♪♪]
- Esto ya no me está gustando.
- Cálmate, querida.
Todo debe tener una explicación.
- Para mí la única explicación lógica,
es que Hugo se este vengando de todas las personas
que de alguna u otra manera
quisieron hacerle daño,
y entre esas estoy yo.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque Hugo...
Hugo me odia.
Él cree que yo lo traicione.
- Cariño, cálmate.
Si es verdad lo que estás diciendo
y si Hugo se está haciendo pasar por muerto
para destruirle la vida a los demás,
déjame decirte que...
lo está consiguiendo.
En especial está afectando la vida de su hermano Alcides,
y la tuya.
[♪♪♪]
- Los que se llevaron a Soledad
seguramente piensan que voy a recibir mucho dinero.
[♪♪♪♪]
Esther: Alcides, sea lo que sea,
tienes que ayudar a mi hija.
Está en peligro.
- Doña Esther, qué pena,
pero si lo que usted espera es que yo pague ese rescate,
va a estar bastante difícil.
No voy a recibir toda la herencia de mi hermano,
y no sabremos cuánto pedirán por el rescate.
- No, esto no es posible.
Vamos, vamos, Esther.
Yo los visto a este señor, no le importa
lo que le suceda a nuestra hija.
- Claro que me importa, señor.
Y por si no lo sabía,
hoy cuando fui recibir la herencia de mi hermano
Boris apareció en el juzgado
reclamando la mitad de la herencia.
- Pues, Alcides, no lo sabía,
pero independiente
a lo que suceda con su herencia,
tenemos que buscar a Soledad,
no nos podemos quedar aquí cruzados de brazos.
- Usted lo ha dicho,
no podemos quedarnos de brazos cruzados.
En contra de mi voluntad,
creo que lo mejor es que hablen con la policía.
[♪♪♪]
- Auh.
Fabio: Ya,
ya casi lo logramos.
Eso, sh, silencio.
[♪♪♪♪]
¿Qué hacen?
- Nada.
¿Qué podríamos hacer? Estamos amarrados.
¿Lo ves?
- Pero que tontos son.
[Patada
- Ay, suéltanos.
Suéltanos, por favor.
Te aseguro que te puedo dar mucho dinero.
- Demasiado tarde, princesa,
ya envié los 2 telegramas.
Ahora solo falta esperar quien responde primero.
- Nada te va a salir como lo planeas.
Ni don Arturo, ni don Alcides
harán negocios con una basura como tú.
- Eso está por verse.
El caso, mi querido, Fabio,
es que gracias a ustedes
me voy a convertir en un tipo muy rico.
Lástima que para eso deban morir.
[♪♪♪]
Hércules: ¿Estás segura que ese zapato es de Eloísa?
Rebeca: Claro que estoy segura,
yo misma se lo regalé.
- Pero ¿por qué tu sobrina tenía que involucrarse
con el rapto de Soledad?
No tiene sentido.
Rebeca: Tenemos que hablar con ella.
Eloísa va a tener que explicarnos
porque se llevó a Soledad.
Vamos.
- Mi señora bonita está en peligro.
Tengo que rescatarla.
[♪♪♪]
Hércules: Buenas tardes.
Cartero: Buenas tardes, traigo un telegrama urgente
para el señor Alcides,
¿él se encuentra?
- Sí, claro.
Démelo, yo se lo entregó.
Cartero: Permiso.
[Lee]
"Tengo conmigo a la señorita Beatriz,
hágame llegar el dinero que me prometió
por encargarme de ella a la oficina de Telégrafos
de Canaima y cumpliré la orden".
"Cumpliré la orden".
Rebeca: Hércules, date prisa, por favor.
[♪♪♪]
¿De qué hablabas con ese señor?
Hércules: Quería ver si este telegrama
tenía algo que ver con la desaparición de Soledad,
pero no, me equivoqué,
es un mensaje tardío de condolencias.
- No, Dios mío.
Esto no puede ser.
No puede ser.
- Madre,
¿pasa algo?
Mira.
Mira este telegrama que acabo de recibir.
Lo envía Fabio, dice que tiene a Beatriz,
y pide dinero por su rescate.
- Desgraciado.
- Ubica a Raimundo,
él ha trabajado con Fabio,
sabe dónde localizarlo fácilmente.
- Nada de eso, madre,
iré yo mismo a encargarme de este malnacido.
Ni un paso más.
No se te ocurra,
la vida de Beatriz puede correr peligro.
Más bien consigue
todo el dinero que pide y dáselo.
Haz todo lo que sea necesario,
pero cuida de que a tu hermana
no le pase nada grave.
[♪♪♪]
- Una vez me dijo que podía usar la hipnosis
para borrar los momentos dolorosos de Beatriz.
- Claro que sí,
con la hipnosis se pueden olvidar traumas
y situaciones,
que en estado normal son difíciles de asumir.
Quiero que ayude a Soledad a olvidar
que me vio en la cabaña
Ella debe seguir pensando que yo estoy muerto.
- Lo haré cuando usted me diga.
- ¿Está seguro de eso, don Hugo?
Yo creí que su plan es que la señorita Soledad
sintiera culpa por lo que le hizo.
- No me gustó haberla visto tan mal en el hospital.
[♪♪♪]
- Lo ha dicho, don Hugo,
se nota que usted todavía la ama.
Yo sabía que sus sentimientos
hacia la señorita Soledad
eran buenos.
- ¿Cómo me queda?
Boris: Excelente, señor.
Usted y don Alcides son de la misma talla,
busque en el almacén
que el traje fuera el mismo que don Alcides ha llevado.
- Todos deben pensar que yo soy él.
A partir de hoy
Alcides empezará su camino hacia el abismo
del cual no saldrá jamás.
[♪♪♪]
¿Cómo lo ve?
[♪♪♪]
Creo que ya es tiempo
de que regresen a vivir a la pensión.
- ¿Acaso quiere que nos metan presos?
- La justicia ya no los está buscando.
- Durante el juicio quedó claro
que ustedes ya no serán perseguidos,
así que mejor recojan sus cosas
y se vayan de aquí.
[♪♪♪]
Luego los buscaré para darles más dinero.
[♪♪♪]
- ¿Qué haces aquí?
- He venido a acompañarte al banco,
quiero que me des mi dinero de una vez.
- Yo no pienso ir contigo a ninguna parte.
- La verdad,
no creo que tengas opción.
Vamos a ir al banco, porque, además,
estoy necesitando ese dinero.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
Rebeca: ¿Dónde estabas, Eloísa?
- Qué modales, tía.
¿Es tu forma de saludar?
- No te hagas,
sé que tienes que ver con la desaparición de Soledad.
[♪♪♪]
- Soledad...
voy a salir a comprar algo de comer,
por favor, no le abras a nadie, es peligroso.
Ten mucho cuidado, ya vuelvo.
- Por lo... Dime en donde...
[♪♪♪]
Guillermo: El buen hijo vuelve a casa, dicen por ahí.
Helena: ¿A esto le llamas tu casa?
Guillermo: Sí. Helena: Esto es una ratonera,
que me pienso aguantar por ahora,
porque en el futuro no va a ser así, en el futuro...
Soledad: ¿Y Boris?
[♪♪♪]
Ya sé que ustedes son los que han estado con Boris,
así que ustedes deben saber dónde está Hugo,
y me van a decir en este mismo momento
en dónde está.
- Quiero que me haga entrega
de la mitad de la herencia de mi hermano
que me corresponde.
Tengo derecho a ella según el fallo del juez.
- ¿Qué broma es está, don Alcides?
- ¿Broma?
[♪♪♪]
Ninguna broma.
- Señor, usted estuvo aquí hace un rato
y reclamó toda la herencia.
[♪♪♪]
Don Alcides,
usted hace casi una hora,
reclamó todo el dinero de sus cuentas,
ahora no hay ni un solo centavo en ellas.
[♪♪♪]
- ¿Por qué no me responden, ah?
Les hice una pregunta, ¿en dónde está Hugo?
[♪♪♪♪]
- Ah, mi señora Soledad, pero y ¿quién lo puede saber?
Puede estar en el cielo o puede estar en el infierno.
- No, Guillermo, él debe estar en el cielo.
Sí, señor.
No seas cruel, en el cielo. - Yo sé perfectamente
lo que estoy diciendo.
Hugo vivo y está escondido en alguna parte,
y ustedes dos junto con Boris lo están ayudando, yo lo sé.
- Sí, sí, sí.
Nosotros si le ayudamos a don Boris
a sacar las cosas de don Hugo,
pero eso fue todo.
- ¿Ah sí?
No me mientan más.
Helena: No, no, no le estamos mintiendo,
es la verdad.
Lo que nosotros no queríamos
era que don Alcides se quedará con las cosas del fallecido,
y usted sabe que...
pues que don Hugo quería mucho a don Boris...
Guillermo: Sí.
y don Boris quería mucho a don Hugo.
Helena: Sí.
- Pues, le dejó una parte de su fortuna.
[Risas]
- ¿Ah sí?
Eso ya lo sé,
y por eso estoy completamente segura de que Hugo está vivo.
Así que me tienen que decir, ahora mismo.
¿En dónde está Hugo?
- Habla de una vez.
Dime que tienes que ver con la desaparición de Soledad.
- Ni siquiera sabía que estaba desaparecida,
recién me entero.
- ¿Ah no?
Entonces, ¿por qué Esther encontró tu zapatos
cerca de la clínica de reposo
en donde estaba internada?
Ella asegura que se le cayó a la persona
con la cual Soledad estaba huyendo.
- No tengo idea
de lo que me estás hablando, tía.
¿Qué te hace pensar que era mi zapato?
- Tú lo sabes muy bien,
yo misma te los regalé.
Eres tú la persona que llevaba a Soledad, ¿no es cierto?
[♪♪♪]
- Te aseguro que no tuve nada que ver en eso.
Seguramente te confundiste y era un zapato parecido.
- No me mientas más, Eloísa,
dime, ¿qué está pasando?
[♪♪♪]
- Mire, señor Restrepo,
yo ni he estado aquí ni he reclamado nada.
- Perdone que lo contradiga, señor,
pero usted estuvo aquí.
Lo atendí en esa misma silla,
hasta me extrañó que fuera a retirar
todo el efectivo de sus cuentas,
es más....
aquí está la firma
en estos documentos.
Su firma.
- Esta es tu firma, Alcides.
No lo puedes negar.
- Yo no firmé esto.
Restrepo: Perdone, señor.
- Aquí se está cometiendo una estafa.
Me están estafando.
¿Dónde está mi dinero?
Restrepo: ¿Usted por quién nos está tomando, señor?
Nosotros somos un banco serio.
- ¿Dónde está mi dinero?
- Alcides, mejor nos vamos a resolver
nuestros asuntos en otra parte.
- Usted es un maldito ladrón,
ahora me va a decir que hizo con mi dinero.
¿Qué hizo con mi dinero?
[♪♪♪]
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