All language subtitles for La traición 023.mp4-es-CC1

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Original subtitles

[Soledad sollozando]

Déjenme salir.

¡Yo, yo, yo no estoy loca!

¡Tienen que creerme!

¡Hugo está vivo!

Hugo...

tengo que encontrarlo,

tengo que encontrarlo.

- Esther.

no soporto el sufrimiento de mi hija.

- Parece un caso extremo, pero créame, don Lucas,

que en la forma en que se comportó su hija,

el doctor Jiménez tomó la mejor decisión

al remitirla con nosotros.

- A mí me duele tanto como a ti, Lucas.

Pero Soledad está embarazada

y no podemos dejarla seguir haciendo locuras.

- Mientras insista que Hugo está vivo,

ella y el bebé corren peligro.

- No sé dónde corre más peligro mi hija,

si lejos o al lado suyo, Alcides de Medina.

- Don Lucas... Lucas: Es usted un cobarde.

Esther: Lucas, por favor.

Estoy segura que Soledad inventó todo eso sobre Alcides.

- Don Lucas, yo no niego que esa insistencia,

esa manía de Soledad de repetir a cada instante

que mi hermano está vivo,

ha logrado sacarme de mis casillas,

¿A qué esposo no?

Pero jamás, señor, jamás hemos pasado de una sana discusión.

- Doctor, cuide bien a mi hija,

voy a estar muy pendiente de ella.

- Sí, señor.

- Doña Esther, usted tiene que entender

que don Lucas está equivocado.

Yo no sé cómo Soledad se lastimó.

No lo sé, habrá tenido por ahí un pequeño accidente.

Todos sabemos lo voluntariosa que es.

- Estoy segura que así fue, Alcides.

- Doctor, es imperativo que disponga

del personal que necesite para vigilar a mi esposa 24 horas.

No podemos permitir que nada malo le pase.

- Así será, don Alcides, con permiso.

Esther: Siga, doctor.

[Caballo relincha]

- Don Hugo, pero el Doctor Max es muy extraño,

él seguro guarda algo raro en ese armario.

Burke: Sí, claro, todo el dinero que se gana

con los experimentos con cadáveres señor.

- Y negarnos una camita para dormir, eso es el colmo.

Lo que deberíamos hacer, es buscar que es lo que tiene

en ese armario, eso es lo que...

- Si el doctor Max no quiere que entren a su casa,

ustedes no pondrán un solo pie adentro, ¿de acuerdo?

- Pero, señor, ¿por qué?

- Él estaba dispuesto a matarlos,

si no lo hizo fue gracias a mi presencia,

la próxima vez, no correrán con tanta suerte.

- Pero señor, yo me estaba defendiendo.

Y ya lo tenía dominado.

- Totalmente, sí. ¡Totalmente dominado!

Y es que, además, él tiene mucha fuerza.

Hugo: ¡Burkes!

No quiero que vuelvan a cometer una estupidez como esa.

¿De acuerdo?

Date prisa, Boris.

Boris: ¡Arre!

- Tenemos que llegar a la cabaña

antes de que Alcides lo haga.

- ¿Por qué piensa que su hermano irá allá, señor?

- Porque seguramente, Soledad habló de mí anoche

y él empezará a atar cabos.

Tenemos que sacar todas mis cosas de ahí.

¡Rápido!

- ¡Arre!

[Caballo relincha]

- Doña Esther, ¿qué explicación dio Soledad

de cómo llegó anoche a su casa?

- Ella aseguraba que Hugo la trajo,

pero en realidad fue Úrsula, ella nos contó después.

- Cuando Soledad salió de la casa,

Úrsula se quedó ahí.

Yo mismo hablé con ella.

Alguien está mintiendo.

- Me estás preocupando, Alcides.

- Además, anoche sucedió algo muy extraño.

Mientras yo buscaba a Soledad fui atacado en el camino.

- No nos habías contado.

¿Y eso que tiene que ver con mi hija?

- Tiene que ver,

porque la carreta de los atacantes

tomó rumbo a su casa.

Seguramente, ahí llevaban a Soledad.

- ¿Una carreta? Pero ¿quién pudo ser?

- Boris Monsalve.

El empleado de mi hermano.

- ¿Por qué él haría algo así?

- Porque él me odia, Doña Esther.

Él me odia.

Esther: Ah.

- Él entró a mi casa a robar,

de él se puede esperar cualquier cosa.

Rebeca: Ve a darte un baño y alístate.

tenemos muchas cosas por hacer.

Hércules: No iré a ningún lado contigo.

Estoy cansado y quiero dormir.

Rebeca: Más te vale que moderes tu tono y obedezcas.

Agradece que sigues viviendo en esta casa,

porque después de lo que hiciste, ya te hubiera corrido.

- Estoy a tu lado porque te guste o no,

conozco tus secretos.

Y, no eres tan tonta como para exponerte a que te delate.

- Pude llegar hasta aquí sin ti,

eso significa que nada ni nadie me va a detener.

Y no voy a soportar tus insolencias.

- No iré contigo.

Rebeca: Imbécil.

Eloísa.

Rebeca: ¡Eloísa, necesito que despiertes de inmediato!

- ¡Francisco! ¡Francisco!

- ¡Despiértate! Francisco: ¿Qué?

- Mi tía, mi tía viene, escóndete.

- Mi ropa, mi ropa.

- ¿Por qué no te has levantado todavía?

Eloísa: ¿Me buscabas, tía?

- ¿Qué haces todavía metida en la cama?

[Eloísa suspira]

- No sé porque está mañana se me pegaron las sábanas.

[♪♪♪]

Arturo: Alcides, tenemos que hablar.

- Tal vez más tarde, ahora llevo prisa.

- Es importante.

Te busca el asistente del juez Fernández.

Parece que hoy mismo se pronunciará el juez

sobre la herencia de tu hermano.

- ¿Estás seguro?

- Debes ir al juzgado.

¿Qué pasa?

Pensé que estarías feliz.

¿Acaso no era esto lo que estábamos esperando?

- Sí, estoy feliz, pero, justo ahora,

estoy teniendo problemas. [Caballo resopla]

Arturo: Alcides.

- Y tengo...

tengo cosas que hacer.

- Lo que tienes que hacer es ir al juzgado

y cerciorarte de que todo esté en orden.

Quiero que me pagues de una vez lo que me estás debiendo.

- Ya te dije, cuando reciba la herencia

lo primero que haré será pagarte lo que te debo.

[♪♪♪]

- Si no llego en ese momento, no sé lo que hubiera pasado.

El imbécil de Hércules por poco y mata a Esther.

- ¡Ah! ¡Ese tipo es un idiota!

No sé cómo lo aguantas, tía.

Te pasas todo el tiempo enmendando sus errores.

- Pero ya se lo dejé bien claro.

si quiere seguir viviendo en esta casa

tiene que hacer las cosas a mi manera.

Eloísa: ¿Y a qué hora llegaste anoche? No te sentí.

- Hace un rato.

Mi visita a casa de los Obregón

resultó más provechosa de lo que me imaginaba.

¡Por fin! por fin, Esther empieza a estar de mi lado.

- Eres muy astuta, tía.

Siempre consigues lo que te propones.

- ¡Ah! Y ni te imaginas de lo que me enteré.

la tal Soledad anda más loca que una cabra,

se la pasa diciendo que Hugo de Medina está vivo.

¿Puedes creerlo?

Para colmo de males, está embarazada.

[Rebecca suspira]

Parece que ella y Alcides, se entendían

desde mucho antes que ellos dos se comprometieran,

¿puedes creerlo?

- Esa mosca muerta,

resultó mucho peor de lo que me imaginaba.

Rebeca: Pobre Hugo, se murió sin saber

que su prometida lo engañaba con su propio hermano.

¡Ay! En fin, me voy a arreglar.

Quiero salir antes de encontrarme con Paquito.

- ¿Y, y qué tiene que ver Paquito en todo esto?

Rebeca: Nada, absolutamente nada.

Simplemente que no estoy de humor

como para responder a sus preguntas impertinentes.

Permiso.

[♪♪♪]

- ¿Ya se fue?

Eloísa: Sí.

[Jadeos]

- Mi señor, hay una carreta accidentada en el camino.

- ¿Podrás ver de quién se trata?

Boris: No, señor.

- Deben ser unos ladrones que nos van a robar.

- Ah, gatita, no me hagas reír.

¿Qué, qué nos van a quitar? Si no tenemos nada que perder.

- Escóndanse, escóndanse.

Acelera el paso, Boris, no te detengas.

- ¡Rápido! Boris: Sí, señor. ¡Arre!

[Caballo relincha]

¡Arre! ¡Arre!

¡Arre!

Úrsula: ¡Ayúdeme! ¡Deténgase!

Boris: ¡Oh!¡Oh!¡Oh!

- Úrsula.

[Caballo relincha]

Úrsula: ¿Boris?

- Úrsula, Úrsula, ¿qué haces aquí?

- ¿Por qué me hacen esto, doctor?

Sé que parece una locura lo que estoy diciendo,

pero es verdad.

Hugo está vivo, doctor, yo lo vi.

Créame.

Doctor: Voy a aplicarle un calmante para que pueda dormir.

Soledad: ¡No! ¡No! ¡No!

¡No! No, por favor, le puede hacer daño a mi hijo, no.

- No, no se preocupe.

Es un medicamento inofensivo,

es solo para que se relaje.

[Sollozos]

Soledad: Doctor, doctor, escúcheme.

Escúcheme.

Yo no estoy loca.

Sé que parece lo contrario, pero,

doctor, yo puedo explicar, tiene que haber alguna forma

en que yo pueda explicar lo que está pasando.

Créame y mire, si usted me suelta,

yo le prometo que,

- le prometo que no me voy... Doctor: Tranquilícese.

Soledad: No, ay.

- Tiene que descansar.

Usted y su bebé lo necesitan.

[Sollozos] - Hugo.

Mi amor.

Te prometo que voy a salir de aquí

y, te voy a encontrar

y te voy a demostrar que yo no te traicioné

y voy a recuperarte.

[♪♪♪]

- ¿Puedes explicarme qué haces a mitad del camino?

- ¿Y tú puedes explicarme por qué no querías detenerte?

Casi me matas.

[Caballo relincha]

¿Pensaste qué era la policía? - Úrsula, por favor.

- Entonces, es cierto, ahora eres un ladrón.

- Te confundes, Úrsula, las cosas no son cómo piensas.

- Ah, ¿no? Boris: No.

- Y, entonces...

si no es robado puedo ver lo que llevas aquí.

Boris: Úrsula.

- Entonces, es verdad,

ahora trabajas con estos delincuentes.

- ¡Ah!

Delincuentes no.

No, señora.

Nosotros somos gente de bien,

con muchas necesidades sí, pero gente de bien.

- Somos respetables comerciantes independientes,

- IN-DE-PEN-DI-EN-TES.

[Caballo relincha]

- Jamás pensé esto de ti, Boris.

yo pensé que tú eras un buen hombre.

- Mira, Úrsula, las cosas no son como piensas.

Todo esto tiene una explicación.

Mejor dime, por tercera vez,

¿qué haces aquí a mitad del camino?

- Iba para la hacienda Montenegro

y se me rompió una rueda.

Ay, es que vengo muy distraída,

todo lo que ha pasado con la señora Soledad

me tiene muy mal.

Y sus padres no me dejaron quedarme con ella.

- Y, ¿le pasó algo a la señora Soledad?

- Sus padres la internaron en un sanatorio, Boris.

Ella sigue diciendo que don Hugo está vivo.

La señora Soledad perdió la razón.

- Por favor, discúlpame con todos que no me presente

a desayunar, pero tengo cosas más importantes que hacer.

- Ay, ¿por qué tanta prisa?

- Ay, ¡espérate!

¿Tienes algo de maquillaje?

Tengo que ver a Soledad, ella asegura

que ve a Hugo de Medina y eso me parece muy extraño.

Alcides dice lo mismo.

- No sé qué es lo que te parece tan extraño,

pero, de todas formas, voy contigo.

- ¡No! ¡No! ¡No! De ninguna manera.

Lo mejor que puedes hacer, cariño,

es quedarte aquí.

Averigua todo lo que sepas sobre el tesoro de Jeremías.

Eso sí, mi amor...

no le pierdas la vista a tu tía Rebeca ni a Hércules,

que no nos vayan a dejar fuera de todo esto.

¿Hmm?

- Ese asunto va a tomar mucho tiempo todavía.

Mi tía ni siquiera ha podido recuperar las cosas

de la casa de los Obregón.

Anda, déjame ir contigo.

- ¿Y desde cuándo te importa Soledad?

¿Hmm? Tú no la soportas.

- No la soporto.

Pero si me voy a meter con Alcides

tengo que saber ante quién me estoy enfrentando.

además, como mujer...

le puedo sacar mucha información a Soledad.

Me cambió y salgo.

[♪♪♪]

[Caballo relincha] - Listo.

Le quedó arreglada su rueda, señora.

- Ya te puedes ir, Úrsula.

- ¿Y, y quién nos va a pagar?

Nosotros no trabajamos gratis.

- Puedes irte, Úrsula.

- Boris.

Boris, ¿por qué no me acompañas?

[Caballo resopla]

- Tengo cosas que hacer en este momento,

pues la policía me persigue.

No es bueno que te vean conmigo, Úrsula.

- No entiendo qué haces metido con esta gente.

- Por favor, Úrsula.

Es una larga historia que ahorita no te puedo contar.

Vete.

- Como has cambiado.

Si don Hugo pudiera verte, estaría muy decepcionado de ti.

[Caballo relincha]

Muchas gracias, por su ayuda.

Burke: Sí, señora, con mucho gusto, señora.

- Espero que puedas entender

el error que estás cometiendo, Boris,

Y entonces, espero que podamos volver a vernos.

¡Arre! [Caballo relincha]

Helena: Mal agradecida.

- Regresa a la cabaña, Boris.

Y, saca todas mis cosas de ahí.

- Señor, ¿y usted no nos va a ayudar?

- U-U-Usted como es de fortachón,

¿no nos va a ayudar con el trasteo?

Boris: Helena.

¿Señor, va a ir al sanatorio?

- Yo soy el único responsable que Soledad esté ahí.

[♪♪♪]

♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena la razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo ♪

♪ Sálvame... Despiértame otra vez ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer ♪

♪ No, no, no, no ♪

♪ Bésame hasta enloquecer ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser ♪

♪ Otra vez, despiértame ♪

♪ No te puedo perder ♪

[Aves trinan]

- Ay. - ¿Qué haces afuera? ¿Hmm?

- Alguien te puede ver.

- No exageres.

Estamos a kilómetros de distancia de la ciudad.

Aquí nadie nos conoce.

- Conozco muy bien a tu hermano,

seguramente, ya movilizó mucho de

sus hombres con tal de dar con tu paradero.

Lo mejor es no arriesgarse.

Regresemos al hotel.

- No, no, Fabio.

Ya tengo suficiente con tener que soportarte

todo el tiempo a mi lado.

Y, no quiero continuar encerrada en ese lugar,

quiero regresar cuánto antes y acabar con Alcides.

- Tenemos que esperar a que dejen de buscarnos.

[Beatriz suspira]

- Maldita sea.

- Ay. - Mira, ¿te das cuenta?

Es Raimundo.

- ¿Y cómo logró encontrarnos?

- No sé.

Ahora, lo único que importa es que no nos descubra.

Vamos. Agáchate. - Mmm.

- ¡Vamos!

- ¿Eso es todo?

- Por ahora.

Esta tarde lo espero para la lectura del fallo

sobre la herencia de Hugo de Medina.

- Aquí estaré.

- Tiene que traer los documentos

que lo acrediten como hermano legítimo del finado.

- ¿Qué ridiculez es esta?.

Hugo y yo somos gemelos, ¿qué otra prueba necesita?

- Modere su lenguaje, señor de Medina.

Le repito que necesito esos documentos,

y si no los trae no haré lectura del fallo,

así que, usted decide.

- Esto es una arbitrariedad,

me está tratando como si fuera un delincuente.

- No pretenderá que lo traté como a un caballero

después del recibimiento que usted me dio

cuando llegué a la ciudad.

- Le aseguro que no sé de qué me habla.

- De nada le sirve fingir.

Ahora, váyase y regrese con los documentos.

Y le sugiero que sea puntual.

- Ir a buscar a la señora Soledad al hospital

es muy arriesgado, señor.

- Sí, señor, yo también creo lo mismo,

Don Boris tiene toda la razón.

usted no tiene nada que ir a buscar allá.

- No seas imprudente, Guillermo, ¿no te das cuenta

que el patrón sigue enamorado de la señora Soledad?

- ¿Sí? - Sí.

cállese. - Escúchenme.

ustedes no están aquí para cuestionar mis decisiones,

sino para obedecerlas,

¿Está claro?

- Sí, señor. - Está claro.

- ¿Está claro?

- Sí, señor. ¿Qué debo hacer?

- Ve a la cabaña, recoge todas mis cosas

y ten especial cuidado con mi cámara hiperbárica,

luego vas dónde Max y ahí nos vemos en la tarde.

- ¿Va a rescatar a la señora Soledad?

[Caballo relincha]

- No voy a dejar sola a mi hija.

¡Ah! ¡Lucas!

La puerta de la casa está abierta.

- ¿Será otro ladrón?

- Seguramente es el mismo que vino a llevarse

lo que no pudo llevarse anoche.

¿Qué vamos a hacer?

- Espérame, espérame aquí. Voy a entrar.

- No, Lucas, puede ser peligroso.

Mejor vamos a pedir ayuda.

- No, no hay tiempo.

No hagas ruido.

[♪♪♪]

¿Qué es eso, Lucas?

Cuidado, ten cuidado.

- ¡Largo! ¡Largo!

¡Largo de aquí!

¡Usted no podrá robarse nada de mi casa! ¡Fuera!

- ¡Sácalo de aquí, Lucas! ¡Sácalo!

- ¡Yo no estoy robando nada!

¡Las colas que dejó don Jeremías son mías!

¡Mías! ¿Me oyen?

- ¡Auxilio! ¡Socorro!

¡Qué alguien nos ayude! - ¡Fuera!

Francisco: ¿Qué sucede? ¿Qué sucede aquí?

Lucas: ¡Pa' fuera!

Esther: Dios mío, ¿qué fue eso, Lucas?

¿Qué fue eso tan horrible?

Lucas: Tranquilízate, ya pasó.

Hombre: Cálmese.

[Sollozando]

Soledad: Ay no.

- ¿Qué fue eso? Téngala.

[Sollozando] Soledad: Ay no, no.

[Llanto]

[♪♪♪]

Lucas: Toma.

Ese hombre era empleado de Jeremías,

alguna vez yo lo vi en la hacienda.

Lo que no entiendo, es ¿a qué vino a mi casa?

- Parecía muy interesado en las cosas que te dejó tu amigo.

- Es obvio, Esther.

Enrico siempre consideró a Jeremías como un papá,

quizá como no le dejó nada al morir,

quiso recuperar algunas de sus cosas.

- Pero ¿cómo hizo para saber qué estaban aquí?

- Pudo estar cerca cuando discutiste con Rebeca.

Qué pena con ustedes dos,

lo que pasa es que entre anoche y hoy

han pasado tantas cosas.

- Precisamente por eso estamos aquí, don Lucas.

- Queríamos pasar a saludar a Soledad.

.- Soledad no está en la casa,

estaba muy mal de sus nervios

y tuvimos que internarla en el sanatorio.

Hugo: Despierte, señora.

- Estoy cansada.

Hugo.

¿Eres tú?

Regresaste por mí.

[♪♪♪]

- ¿Por dónde estarán?

¿Dónde estarán esos benditos planos?

Esto no es.

Dios mío.

¡Estos son!

Estos son.

Pero, el arma...

el arma no está acá.

El cuarto la señora Soledad.

[♪♪♪]

- Mi amor.

Yo sabía que estabas vivo.

Ahora tenemos que hablar con todos

para qué sepan que estás aquí.

Para que te vean, así me van a creer

y me van a dejar ir, suéltame.

Suéltame y vamos a hablar.

Soledad: No me vas a ayudar, ¿verdad?

Piensas que te traicioné.

- Confié ciegamente en ti.

Me hiciste mucho daño.

- Estoy dispuesta a pagar

por lo que hice,

pero hay algo...

que puede cambiar todo que tienes que saber.

[♪♪♪]

- H-D-M.

No hay duda, esta arma era del patrón.

- ¿Qué haces aquí?

¿Estás robando?

[♪♪♪]

Estos son los planos de la hacienda, Marina.

Esta es la pistola de Hugo,

¿qué hace aquí la pistola de Hugo?

- Señor, no me lastime, por favor.

- Nunca debí confiar en ti,

pero esta vez sí te voy a mandar a la cárcel.

- Yo solamente le estoy haciendo

un favor a Boris, señor.

- ¿Qué favor?

¿Robar?

¿Dónde está ese criminal?

- No lo sé.

¡Ah!

- ¿Dónde está ese criminal?

- No lo sé, señor.

- Suéltela, suéltela o no respondo.

[♪♪♪]

- Te estoy esperando.

¿Qué mentira inventarás esta vez?

- Hugo...

- Yo quería decirte...

- Le dimos un medicamento para que descanse,

estaba muy alterada, no estoy seguro que esté despierta.

Eloísa: Hola, Soledad.

- Ay, qué extraño lugar.

Qué volver a verte, cariño

Pero, ¿qué te hicieron? Por Dios.

Estábamos preocupados por ti.

- Qué bueno que están aquí, porque justo quería

que vieran a Hugo que vino a visitarme.

Francisco: ¿Hugo? ¿Dónde?

- Soledad... - Hugo.

- Soledad, aquí no hay nadie.

- No, Hugo estaba aquí.

estaba hablando conmigo, hace un segundo estaba aquí.

- ¿De verdad?

- No, les juro que no estoy loca, Hugo estaba aquí conmigo.

No entiendo.

Don Boris, hay gente ahí adelante.

¿Qué habrá pasado?

Helena: No seas estúpido, Guillermo.

¿No ves que es la policía? Hay un retén.

Por favor, Boris, sáquenos de esta,

nosotros no queremos volver a la cárcel, por favor...

- Sí, hombre, ya, ya, tranquilícese.

Si no se calla, nos van a encerrar a todos.

- Ay, don Boris, pero entonces, ¿qué vamos a hacer?

Díganos.

- Vamos a tomar por este lado.

- Pero, por ahí no sabemos a dónde va esto.

Guillermo: Ay, no.

Helena: Vamos, caballito, vamos.

Vamos caballito.

- Les juro que estaba aquí.

Hugo estaba aquí conmigo.

Tienen qué creerme, que estaba aquí.

- Tienes que calmarte, Soledad.

- Usted no sabe nada.

Yo sé muy bien lo que vi, Hugo estaba conmigo.

- Lo lamento mucho, pero si la señora sigue así,

no tengo otro remedio que...

aplicarle otra dosis para dormirla.

- No. Doctor: Tienen que retirarse.

- No, doctor, doctor, por favor.

Yo, yo no quiero dormir más.

- Cariño, no te preocupes déjamelo a mí.

- Doctor, un favor...

no la sede más, por favor, nosotros le haremos compañía

le seguro que con nosotros se va a tranquilizar.

¿No es así, Soledad?

- Sí, voy a estar muy tranquila, doctor.

Yo lo prometo.

- Está bien, pero tengan mucho cuidado.

No olviden que ella no se puede alterar demasiado.

- Nosotros nos haremos cargo de ella.

[♪♪♪]

Francisco: Cariño...

cálmate.

¿Por qué estás tan segura que Hugo está vivo?

Cuéntame.

- Porque Hugo está vivo.

yo lo vi,

es más, lo puedo comprobar.

- Ah, ¿sí? ¿Cómo?

- Hugo perdió un revólver en el bosque

y yo lo tengo escondido en mi casa.

Si me sueltas,

ayúdame para que pueda estar con él.

Francisco: Por supuesto.

Según tú, ¿Dónde está?

- Está es una cabaña que queda lejos de la ciudad.

Ayúdame y vamos juntos a buscarlo.

[♪♪♪]

Hugo: Lo siento Soledad.

Tal vez llegué demasiado lejos.

[♪♪♪]

- No seas estúpida criada.

Marina: Úrsula. - Te puedo matar

en un abrir y cerrar de ojos.

- Úrsula, ten cuidado.

[♪♪♪]

Alcides: Entrégamela.

[♪♪♪]

[Caballo resopla]

[♪♪♪]

- Jamás me imaginé que Soledad fuera a perder la razón.

- Señorita.

Más que loca...

creo que la pobre

está impresionada por lo que ha vivido.

- Ay, Francisco, ¿realmente crees

que Hugo de Medina está vivo?

- Es una posibilidad, ¿por qué no?

Doctor.

- A ese tipo lo enterraron, todo el mundo lo sabe.

- Sí, ¡lo sé! Pero, cariño...

Soledad habló tan segura que me parece muy lógico,

además mencionó una cabaña en medio del bosque,

inclusive encontró un arma

que le pertenecía a Hugo de Medina.

- Me parece que siempre eres muy perspicaz

para tus investigaciones, pero esta vez te pasaste.

- No, no lo creo.

¿Sabes una cosa?

Habló tan segura Soledad, que sí le creo.

- Francisco, solo tú eres capaz de creerle una loca,

pero en fin, ¿qué piensas hacer?

- No.

No es qué pienso hacer,

qué vamos a hacer los dos,

porque tú me vas a ayudar.

- Ay bueno, yo creo que aquí ya no hay nada.

¡Don Boris!

¡Don Boris, ya sacamos lo más pesado!

- ¿Tuvieron cuidado con la urna?

- Sí, señor.

- Qué bueno porque es muy importante.

- Sí no, nosotros hicimos todo lo que usted nos ordenó.

Guillermo: Ah. - Muy bien.

- Ya estoy cansado de cargar tantas cosas.

Me duele la espalda.

Decídanse a ver qué van a hacer.

- Bueno, vámonos porque no tarda en venir Alcides.

- ¿Cuál es el afán?

[♪♪♪]

- ¿Soledad en el sanatorio?

Dios mío, pero jamás pensé que las cosas

fueran a llegar hasta ese punto.

- bueno, nosotros tampoco, pero...

el médico nos recomendó que la internáramos.

- Está muy nerviosa

y eso le puede afectar al bebé,

precisamente voy para allá a llevarle algunas cosas.

- Bueno, yo solo quería saber cómo estaba,

lamento ser tan inoportuna, lo mejor es que me vaya.

- No, no es necesario.

Voy a ir sola al sanatorio.

Lucas no soporta ver a nuestra hija en ese lugar.

Además, estamos muy nerviosos con lo que ocurrió esta mañana.

- ¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

- Un extrabajador de Jeremías,

lo encontramos aquí dentro de nuestra casa.

- Un tal Enrico estaba buscando

los libros y las cosas de Jeremías.

- Dios mío, pero ¿cómo es posible?

- Bueno, pero afortunadamente cuando estábamos en el problema

llegó tu sobrina y este periodista,

y evitaron una tragedia.

- ¿Ahora entiendes por qué te digo que estamos nerviosos?

Es mejor no dejar a Lucas solo.

- Sí. No te preocupes, Esther.

Si quieres yo me quedo acompañando a Lucas,

uno nunca sabe qué es lo que pueda pasar.

- ¡Ah!

- Yo sabía que estaba detrás de todo esto.

Este par de energúmenos no pueden hacer nada por sí solos.

¿Para qué sacaste todas esas cosas de mi casa?

¿Para qué la necesitas?

Contéstame, ¿para qué las necesitas?

¿Para qué las necesitas?

[Balbuceos]

Alcides: ¿Para quién trabajas?

¿Quién está detrás de todo esto?

¿Quién está detrás de todo esto?

[♪♪♪]

Boris, si en algo valoras tu vida...

vas a decir para quién trabajas.

¿Para quién trabajas?

Para quien trabajas.

[♪♪♪]

Tú si me vas a decir para quién trabajan.

Guillermo: No, no, por fa...

[Quejidos]

- Habla.

Helena: Por favor, no lo golpee, por favor.

- Habla.

- Por favor, por favor. Alcides: ¿No vas a hablar?

Helena: No, no, no, no, por favor,

no le haga daño, yo le digo para quién trabaja.

[Gritos]

- No tenías por qué ayudarme

a recoger este desorden, Rebeca.

- Es lo mínimo que puedo hacer por ti, Lucas.

Fue un trabajador de Jeremías el que hizo todo este daño.

Además, hemos tenido la oportunidad

de conversar de una manera, no sé, más personal.

- La última vez que lo hicimos fue en tu casa.

- Sí, sí, recuerdo.

Nos encanta que nos fueras a visitar,

nos divertíamos muchísimo.

Era la única manera de sentirme viva.

Los años con Jeremías...

no fueron nada fáciles.

- Pensé que tenías un buen matrimonio,

que eras feliz con Jeremías.

- Pero fueron años muy difíciles,

años de negarme a sentir,

de negarme a sentir a ser mujer.

Tú sabes a lo que me refiero, ¿verdad?

Por eso cuando tú ibas a la casa

y llegabas lleno de energía.

Esa energía...

esa alegría que no puede ver en mi esposo.

Lucas, con el paso del tiempo...

empecé a extrañarte.

La verdad es que...

ya no puedo callarlo más.

Necesito...

hacer algo que siempre quise hacer.

[♪♪♪]

-No digas nada, gatita.

de todas maneras, nos va a matar.

- Eso no es cierto

porque si me dicen quién está detrás de todo esto

les prometo que no les hago daño,

los dejó salir, les doy mi palabra.

- Yo se lo digo, pero primero suélteme.

- ¡Ah!

Helena: ¡No!

Nosotros trabajamos para Miguel,

el que trabaja en el cementerio, el enterrador.

- ¿Para el entrenador?

Helena: Sí. - Eso es un disparate.

- No, no es un disparate,

él trabaja con nosotros desde hace ya un tiempo.

- Él se dio cuenta que enterrar muertos era mal negocio,

entonces, simplemente cambió de bando.

- ¿Y con él entraron a robar a mi casa?

Helena: Sí. Guillermo: Sí.

Él también nos rescató de la cárcel

cuando Duarte nos encerró.

- Bueno, eso no importa ahora.

Total, no les creo nada.

Helena: ¿Nos va a dejar salir?

¿Nos va a dejar ir?

- Los voy a dejar salir,

los voy a dejar ir al infierno.

- No, ¿qué está diciendo?

- Que la cabaña está llena de dinamita

y dentro de muy poco volará en pedazos

con toda la basura adentro.

[♪♪♪]

- Rebeca.

Lo siento, discúlpeme.

Soy un hombre casado y amo a mi esposa.

- Por favor.

Por favor, por favor, discúlpame, perdóname.

No sé realmente por qué lo hice.

Tantos años con Jeremías...

ay, debe ser eso. Por favor, discúlpame.

- No, no, no, no, no, no, no, no te culpes ni te disculpes,

eres una mujer joven y te entiendo.

- De verdad.

Me siento tan avergonzada, discúlpame.

- No...

No te preocupes, Rebeca,

hagamos de cuenta que esto nunca pasó.

Y, y esto solamente quedará entre nosotros.

- Tú debes estás pensando lo peor de mí.

- No, no, no para nada.

Este será nuestro secreto.

- Siempre supe que tú eres un muy buen hombre.

Esther debe ser una mujer muy,

muy afortunada contigo.

- Rebeca, es mejor que te vayas.

- Sí, tienes razón.

Avísame cómo sigue Soledad

y, por favor, no te preocupes en,

en llevarme a la puerta.

Yo sé dónde está la salida.

Discúlpame de nuevo.

- Por favor.

Ya.

[♪♪♪]

- Pobre imbécil, se creyó todo lo que le dije.

Ya veremos cómo terminas por entregarme

todas las pertenencias de mi ma...

¿Y tú qué haces aquí?

Ya te dije que no ten... - Tengo que hablar contigo.

En la plaza se comenta que Alcides de Medina

le van a dar el fallo de la herencia.

- Ah, ¿sí?.

Qué bien.

Al fin haces algo inteligente

al venir a buscarme, Hércules.

Vamos, Alberto, debemos estar allá, vamos.

- Como usted ordene, señora.

Vamos, ey.

[♪♪♪]

¿Qué será lo que vamos a sentir cuando explotemos?

- Uy, eso ya qué va a importar, gatita.

Lo único que importa es que estamos los dos.

Solo te fui infiel una vez, pero no con Margot.

- Entonces con quién.

Dímelo, dime, por favor, dime con quién,

dime con quién, los infieles no llegan

al cielo, por favor dime con quién.

Boris, Boris, Boris, Boris.

- ¿Qué pasó? - Guillermo.

- ¿Qué pasó?

- Don Alcides, don Alcides.

- Don Alcides, ¿dónde está ese imbécil?

- Don Alcides le puso dinamita a esta cabaña

y vamos a explotar, Boris.

[♪♪♪]

- Acabemos esto de una buena vez.

- Pero, dime quién, Guillermo,

es importante, porque si no, no puedes ir al cielo conmigo,

por favor. - Ya, por favor, ya.

¿Qué ves, Guillermo?

Guillermo: Veo a don Alcides huyendo a caballo.

Helena: No, qué más.

Guillermo: Veo...

la mecha ya va a llegar a la casa.

Este es el final.

[♪♪♪]

[Explosión]

[Caballo relincha]

[♪♪♪]

- ¿Adónde iremos?

- Ya tendremos tiempo para pensar en eso.

Por ahora, lo más importante es salir de aquí.

- Quieto, quieto.

- Señorita Beatriz.

¿Qué creíste?

¿Qué no los iba a encontrar?

- Gracias por sacarme a tomar el sol,

lo estaba necesitando.

- De nada, señora, estoy para servirle.

[♪♪♪]

- Espero que esta vez todo está en orden, su señoría.

- Eso parece.

De pie, voy a leer el fallo.

Por la autoridad que me concede el estado

y después del estudio de los documentos correspondientes.

Declaro al señor Alcides de Medina

como heredero universal de los bienes de su hermano,

el fallecido Hugo de Medina.

- Me opongo a ese fallo, su señoría,

parte de esa herencia me pertenece.

[Bullicio]

[♪♪♪]

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