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Original subtitles

- Pero ¿qué hace? ¿Qué hace?

[Jadeos]

¿Por qué se metió en la mina?

[Jadeos]

Regresar a esa mina es como...

como regresar al ataúd.

¡Ah! ¡Sáquenme de aquí!

¡Sáquenme de aquí!

¿Y ahora qué hago?

¿Y ahora qué hago?

[♪♪♪]

Alcides: Beatriz.

- Hugo. Hugo, mi amor.

- Aléjate, aléjate.

- Yo sabía. - No me toques.

- Yo sabía que no te ibas a casar

con la tonta de Soledad.

Yo sabía. - Suéltame, suéltame.

- ¡Viniste por mí!

¿Creíste que no me iba a acordar?

¡Fuiste tú quien me violó!

¡Tú y no Hugo! Ya lo recordé todo.

- Beatriz.

Beatriz, por el amor de Dios, estás equivocada.

- No, claro que no.

¡Tú abusaste de mí! Y me lo vas a pagar.

Voy a matarte.

Miserable, ¡voy a matarte!

[Jadeos de Beatriz]

Hércules: Debiste insistir.

No entiendo por qué te rendiste de esa manera antes esa bruja.

- Ya cállate. Todo esto es por tu culpa.

Si no hubieras abierto la boca, la vieja Esther jamás

hubiera sospechado de nosotros.

- No hice nada malo.

En todo caso, no podía quedarme con los brazos cruzados.

- ¿Y qué conseguiste con eso?

¡Eres un torpe, Hércules!

Por tu culpa, mi tía no pudo recuperar sus cosas.

- ¡Tú no te metas! - Ya cállense los dos.

Peleando no vamos a solucionar nada.

Ahora tenemos que pensar en cosas más importantes.

- Sí, claro.

Como por ejemplo:

¿de dónde vas a sacar el dinero para pagar la deuda

que adquirí con Manrique en el juego de cartas?

- ¡Cínico descarado!

- Ese dinero lo tendrás que pagar tú,

mi querido Hércules.

Yo tengo que encontrar la manera

de recuperar las cosas de Jeremías.

Lo tengo que hacer...

[Música tensa]

[Sollozos]

- Estás confundida, Beatriz,

tienes, tienes que creerme,

el que te atacó fue Hugo, no fui yo.

- ¡No!

¡Fuiste tú, Alcides!

- ¡No!

Beatriz...

es tu palabra contra la mía, nadie te va a creer.

Date cuenta, estás loca.

Saliste de un manicomio, te escapaste.

- Me escapé porque ya lo recordé todo.

¡Y eso es lo que le voy a decir a todo el mundo!

- ¡Ay! - ¡Ah!

- Tengo que acabar contigo,

tienes que dejar de ser un problema para mí.

- ¡Si me matas, todos sabrán que tú lo hiciste!

- Nadie se va a dar cuenta.

Tú me atacaste, yo simplemente me defendí.

[Martilleo de arma]

Arturo: ¿Alcides?

¿Beatriz?

¿Qué está pasando aquí?

[Música tensa]

[Crujidos]

[Relincho de caballo]

Duarte: ¡Apúrense!

¡No deben de estar lejos!

Policía: ¡Ya veo la mina, inspector!

¡Estamos cerca!

- ¿Señor?

¡Hola!

¡Señor!

¡Solamente quiero hablar con usted!

Ay, Dios mío.

Ay, yo creo que no es una buena idea estar acá.

[Jadeos de Soledad]

Hugo: ¿Por qué me sigue?

Contésteme, ¿por qué me sigue?

- Usted...

Necesito saber quién es usted.

[Crujidos]

Hugo: Ese no es asunto suyo, señora.

Venga, salgamos de aquí. Soledad: No.

Yo no me voy de aquí hasta no saber quién es usted.

¿Por qué me conoce?

¿Por qué me mira de esa manera? ¿Por qué sabe tanto de mí?

- Señora, esta es una mina muy antigua,

estos túneles son inestables.

En cualquier momento, puede ocurrir un derrumbe.

¡Venga, salgamos de aquí! Soledad: ¡No! ¡Suélteme!

¡No se atreva a tocarme! No se atreva.

Yo no me voy hasta no saber cuál es su verdadera identidad.

Dígame, ¿quién es usted?

[♪♪♪]

- Qué bueno que llegaste, Arturo, qué bueno.

Acabo de encontrar a Beatriz.

Iba en rumbo a avisarte. - Beatriz, ¿tú estás bien?

Estaba seguro de que iba a encontrarte.

¿Qué hacías con esa arma, Alcides?

- Acababa de encontrar a tu hermana.

Cuando me vio, se puso mal y trató de atacarme.

Y yo te advertí, Arturo,

te advertí que esto podía pasar.

- Beatriz, ¿por qué huiste del sanatorio?

- Yo no estoy loca.

Aunque a muchos no le convenga, no estoy loca, Arturo.

- Tu hermana está muy mal, Arturo,

necesita atención médica urgente,

no sabe ni lo que dice.

¿No la, no la oyes?

- No le hagas caso.

Yo no voy a volver a ese lugar, Arturo.

- Beatriz... - Por favor.

- ...Beatriz, tranquila.

Tú no vas a volver, tú vienes conmigo a casa.

Mamá se va a poner feliz

de saber que estás sana y salva.

- Arturo, yo insisto...

- Alcides, mejor preocúpate de tu esposa.

- ¿Qué sucedió con Soledad?

Escuché unos disparos.

- Encontramos el carruaje y a las criadas,

pero no a Soledad.

Parece que está con el asaltante

y que fueron en dirección a la mina.

- Que se mejore tu hermana. Ocúpate de ella, por favor.

Que te mejores, Beatriz.

- Me voy a ocupar de ella. Y gracias por tu ayuda.

[Música tensa]

Lucas: Fuiste muy grosera con Rebeca y su sobrina.

¡Qué vergüenza me hiciste pasar!

- Me interesa muy poco lo que puedan pensar.

Se nota que esa mujer es una descarada, una oportunista.

¿Viste el atuendo que traía?

Le falta mucha clase.

- No, no digas esas cosas, Rebeca es la viuda de Jeremías.

- No por eso es una mujer decente.

¿Y a ti de cuándo acá te dio por regalar

las cosas que te pertenecen?

¿Se te olvida la situación económica que estamos viviendo?

- Míralas bien, mujer,

¡estas cosas solo tienen un valor sentimental!

- Si eso fuera cierto, Rebeca y sus acompañantes

no estarían tan interesados en recuperarlas.

- ¿Qué estás insinuando?

- Que estas cosas deben valer mucho más

de lo que nos imaginamos.

Y yo misma me voy a encargar de averiguar por qué

a Rebeca de Montenegro le interesan tanto,

ya lo verás.

Y colócalas en su sitio nuevamente, ahora mismo.

- ¡Que me suelte ya!

Hugo: ¡No deja de hacer preguntas, señora!

Soledad: ¡Ay, me está lastimando! ¡Suélteme!

- Tenemos que salir de aquí cuanto antes.

¡Vamos!

- ¡Ah!

[Jadeos de Soledad]

- ¿Y ahora por dónde vamos a salir?

- Tenemos que cruzar hacia el otro lado.

- ¿Qué? Ay, no.

Hugo: Hacia el otro lado.

- No, yo no voy.

- Confíe en mí.

Tenemos que salir de aquí,

sino nos vamos a quedar atrapados.

- Tengo miedo.

- No se preocupe, señora, confíe en mí.

Vamos.

Vamos.

¡Ahora!

[Música dramática]

¿Está bien, señora?

- Gracias.

- ¿Se encuentra bien, señora? - Sí.

No puede ser.

Hugo: Vamos, tenemos que salir de aquí.

Vamos.

Hay que saltar, señora. Soledad: ¿Qué?

Hugo: Vamos.

¡Ah!

[♪♪♪]

Soledad: ¡Allá hay una luz!

¡Ya estamos llegando a la entrada de la mina!

Duarte: Sé que está allí adentro, lo tenemos rodeado.

¡Salga con las manos en alto!

- Es la policía. Vienen por usted.

[♪♪♪]

Hércules: Te dije que había que pedir las cosas.

Rebeca: Está bien, está...

¡Ah!

¿Qué pasó aquí? - ¡Dios mío!

¡Seguramente entraron a robar!

Tía, tenemos que llamar a la policía.

- ¡Esto es el colmo!

¿No solo tuvimos que regalar la casa,

sino que ahora nos quitan lo poco que nos queda?

[Golpes de objetos]

[Martilleo de arma]

- Rebeca y Eloísa, entren a la cocina y no salgan.

- ¿Tú crees que, que, que todavía está aquí?

- Sh, sh, sh.

- ¡Los ladrones deben estar acá!

[Quebrazón de ventana]

- ¡Debió salir por una ventana! ¡Vamos!

- No nos vamos a quedar aquí, ¡vamos!

- ¿Qué le pasa, señor? ¿Está bien?

- ¡Ah!

- Señor, diga algo. Diga algo, por Dios. ¿Le pasa algo?

Hugo: Salga de aquí, señora.

Soledad: ¿Qué? Hugo: Salga de aquí.

- Ay, Dios mío. Señor...

Señor. Ay.

Duarte: ¿Qué espera?

¡No tiene caso que se refugie en la mina!

¡Esta es la única salida!

¡Salga!

¡Le doy diez segundos o iremos por usted!

- ¡Ah, señor!

¡Señor!

Ay. Ay, Dios mío.

Ay, Dios mío. ¿Qué voy a hacer?

Me salvó la vida...

¡Eh! ¡Inspector!

¡Soy Soledad de Obregón! ¡Estoy bien, ya voy a salir!

- ¡Les dije que se quedaran en la casa!

Rebeca: ¿Y si hay más ladrones allá adentro?

¡No, ni locas!

[Gritos]

Rebeca: ¿Qué fue eso?

- ¡Vamos, Alberto, que se escapa!

- Señor.

Señor, por favor, despierte, por favor.

Ah. Dios mío. Entonces, ¿qué, qué hago?

Ay, si por lo menos supiera qué le pasa, señor.

Ah, yo creo que lo mejor es que la policía se encargue.

Sí.

[Música tensa]

No...

Tengo que saber quién eres.

[Música dramática]

♪ Quisiera acercarme a ti ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo ♪

♪ Sálvame. ♪ ♪ ¡Sálvame! ♪

♪ Despiértame otra vez ♪ ♪ ¡Otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer ♪

♪ No ♪

♪ No, no... ♪

♪ Bésame ♪ ♪ ¡Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser ♪

♪ Otra vez, despiértame ♪

♪ No te puedo perder ♪

Soledad: ¿Quién eres?

¡Hmm, hmm!

Boris: La voy a soltar,

pero asegúreme que no va a gritar, ¿eh?

Soledad: Hmm.

Boris: Yo ya cumplí mi parte, ahora usted cumpla la suya.

¡Sálgase de aquí!

- Espere, espere.

¿Quiénes son ustedes?

¿Eh?

¿Por qué se cubren el rostro?

Boris: Señora, usted tiene que salir de aquí,

este lugar es muy peligroso.

[Música dramática]

- Ese sonido fue horrible.

Tal vez es un animal salvaje que anda merodeando la casa.

- ¿Qué "animal" ni qué "animal"?

Fue ese engendro, el sirviente de Jeremías.

- ¿Enrico?

Pensé que había desaparecido

luego de la muerte de tu esposo.

- Pues, ya ves, regresó.

Seguramente se dio cuenta que habíamos salido

y aprovechó para venir a robarnos.

Siempre supe que era una rata.

- ¡Bueno, pero no te quedes ahí parada!

Vamos a ver si robó algo para avisarle a la policía.

- Encuéntralo.

Encuéntralo, Hércules, y acaba con él de una vez por todas.

[♪♪♪]

[Disparos]

- ¿Boris?

¿Me puedes explicar qué es lo que quiere decir todo esto?

¿Acaso estás involucrado...? - ¡No piense mal, señora!

¡Por favor, no piense mal!

Que las cosas no son como parecen..

- Y entonces, ¿por qué te estás tapando el rostro?

- No hay tiempo para contestar sus preguntas.

¡Este lugar es muy peligroso

y usted tiene que salir de aquí!

- ¡Dime primero quién es tu cómplice, Boris!

Boris: ¡Señora! ¡Por favor!

Lamento tener que hacer esto, señora,

pero usted tiene que salir de aquí.

Boris: ¡Por favor, hágame caso! ¡Este lugar es peligroso!

¡Su vida corre peligro, entiéndalo, por favor!

¡Ahora váyase!

Soledad: ¡Déjeme!

Boris: Señora, por favor.

La policía va a entrar disparando

en cualquier momento, usted puede salir herida,

¡así que salga de aquí, por favor!

- ¡Yo puedo hacerlo por mis propios medios!

Gracias.

- Mire, no se preocupe, yo me encargo de él.

Por favor, salga. Señora, por favor.

Tiene que salir.

[♪♪♪]

Señor, por favor. Reaccione, señor.

Seguramente se trata de un ataque de catalepsia.

Tengo que sacarlo de aquí cuánto antes.

[♪♪♪]

Policía: Estamos listos, inspector.

- Vamos a esperar unos minutos más.

Hagámosle sentir nuestra presión.

Alcides: ¡Duarte!

[Relincho de caballo]

¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde está mi esposa?

- ¡Alcides! ¡Qué bueno que llegaste!

Déjame decirte: la policía lo tiene rodeado,

nada más estamos esperando

que se entregue ese delincuente.

- ¿Qué está esperando actuar?

Se trata de la vida de mi esposa.

- Tenemos que actuar con cautela.

Su esposa es rehén de ese sujeto

y no podemos correr riesgos.

- ¡Duarte!

No sea cobarde, se trata de la vida de mi esposa.

Si no entra usted, lo haré yo.

[Disparo]

Duarte: No dé ni un paso más.

Este operativo está a mi cargo

y usted lo único que hace es complicar las cosas más.

Alcides: Ah, Soledad. Úrsula: Ah, señora.

Alcides: Mi amor.

¡Mi amor! ¿Estás bien?

- Sí. - ¿Estás bien?

- Sí.

Úrsula: Gracias al cielo. Gracias al cielo está bien.

- Todo esto está más complicado que lo que imaginé.

- ¡Ese tipo no se robó nada!

Mis cosas están todas por el piso,

pero no falta nada.

- Sí, las mías también están.

Incluso todas mis joyas, no falta ni una.

- ¿Y entonces?

¿Qué era lo que buscaba con tanta desesperación?

¿Por qué revolvió la casa de esa forma?

- Maldito Enrico.

¡Claro! Claro, ya sé lo que está buscando.

Lo que está buscando es el tesoro de Jeremías,

por eso vino y destrozó toda la casa,

eso es lo que está buscando.

- ¿Él también está tras eso?

- ¿No te das cuenta?

Volvió buscando las pistas para encontrarlo.

Solo espero que Hércules lo encuentre

y nos diga todo lo que sabe.

Hércules: ¡Ah!

Enrico: ¡El tesoro es mío!

¡Y voy a encontrarlo!

¡Ustedes no tienen derecho, ustedes lo mataron!

¡Yo sé que Rebeca y tú mataron a don Jeremías!

[Quejidos]

[Disparo]

- ¿Se encuentra bien, joven Hércules?

Le di.

¡Está herido!

- Vamos. ¡No puede estar lejos!

Helena: La mina está completamente rodeada,

no creo que vayamos a encontrar a don Hugo.

- ¡No tenemos tiempo que perder!

¡Tenemos que sacar a don Hugo de ese lugar!

Guillermo: Pero, doctor,

¿no estás escuchando lo que dice la señora Burke?

La policía tiene rodeada la entrada a la mina, señor.

- Mmm, son muchos policías, están todos armados,

y nosotros solos no vamos a arriesgar nuestra vida,

ni que nos hubiera dado tanto dinero.

[Risa]

- ¡Los ductos!

¡Claro! Ya sé cómo vamos a rescatarlo.

Andando.

- Ah, ah. Doctor, ¿qué va a hacer?

- Hace algunos años, cuando la mina funcionaba,

hubo un derrumbe, y algunos mineros

quedaron atrapados en su interior.

La única manera de sacarlos

fue a través de los ductos de ventilación.

- Y usted no pretenderá que nosotros entremos allá

para que se nos venga todo encima.

No. - No, nos va a pasar nada.

Vamos, no tenemos tiempo que perder.

- No, yo estoy con, con esta herida que tengo aquí.

- ¡Vamos! - Sí, está bien.

Parece una falta de consideración.

- Don Hugo, ¿cómo vamos a salir?

¿Dónde están los ductos de ventilación, señor?

- Boris...

- No, no.

Pensé que se trataba de un ataque de catalepsia.

¿Cómo se siente?

- Cuando estaba a punto de desmayarme,

Soledad estaba conmigo.

¿Acaso ella se dio cuenta de quién soy?

- No, señor.

A mí sí logró verme.

Quería saber quién era usted, pero...

tuve que presionarla para que saliera.

Duarte: ¡Salga!

¡No tiene alternativa!

¡Ya no tienen la rehén!

¡Si no sale ahora mismo, vamos a entrar por usted!

- ¿Qué vamos a hacer, señor?

No encuentro los ductos. - Yo sé dónde están.

Ayúdame. Ayúdame. - Sí, señor.

Agárrese, agárrese de mí, señor.

- Qué imprudente fuiste, Soledad.

No debiste ir tras ese delincuente,

te arriesgaste demasiado.

- Yo creo que había que desenmascararlo,

yo tenía que saber de quién se trataba.

Francisco: Ay, por favor.

- Era un simple delincuente, señora.

- Marina, cállate.

Deja que sea la señora quien nos cuente.

- Sí, cuéntanos. ¿Valió la pena?

¿Descubriste quién era?

- No.

[Risa de Francisco]

No logré verle la cara.

pero si no fuera porque Hugo está muerto

hubiera jurado que se trataba de él.

Cuando intenté quitarle el pañuelo,

no pude hacerlo, porque en ese momento llegó Boris.

- "¿Boris?".

Soledad: ¡Boris!

¡Boris tenía un pañuelo igual que ese hombre!

Beatriz: ¿Adónde me llevas?

¡Este no es el camino hacia la casa!

- Vamos al sanatorio, Beatriz,

los médicos tienen que revisarte.

Beatriz: ¡No!

¡Al sanatorio, no!

- Beatriz...

- ¡Me engañaste!

¡Me dijiste que me ibas a llevar donde mamá!

¡Me mentiste, Arturo! - Mamá te va a visitar.

No hagas las cosas más difíciles, Beatriz.

Vamos al sanatorio. - ¡Eso nunca!

Si me quieres llevar ahí, te juro que me mato, Arturo.

¡Me mato!

[Música tensa]

- Beatriz, cuidado con lo que haces.

Beatriz, dame ese revolver.

Dámelo.

- Yo no estoy loca.

En ese sitio me mantienen drogada.

Me tratan mal.

¡Yo prefiero morirme antes de regresar ahí!

- Está bien...

está bien, vamos a hacer las cosas como tú quieres,

pero dame esa arma, dámela.

- Prométeme que no me vas a llevar al sanatorio.

Prométemelo.

- Está bien, te doy mi palabra.

Dame el arma. Dámela.

- ¡Ah!

- ¡Nunca más vuelvas a hacer una cosa así, Beatriz!

¡Nunca más!

- ¡Yo no estoy loca!

¡Yo me acordé de quién me hizo daño,

Arturo, no estoy loca!

- Beatriz tú me importas mucho.

Yo no podría perdonarme que algo malo te pasara.

Perdóname. Tranquila. Vamos donde mamá, ven.

[Llanto de Beatriz]

Alberto: Nada, señor, el rastro de la sangre se perdió.

- Desgraciado. Es como si se hubiera esfumado.

Sigamos buscando.

Tenemos que encontrarlo antes de que caiga la noche.

Vamos.

[♪♪♪]

Duarte: ¿Le pasa algo, señor de Medina?

¿Se siente mal? [Tos de Alcides]

[Jadeos]

- Me siento bien, Duarte, me siento bien.

Creo que con su autorización,

o sin ella, voy a entrar a la mina.

- Espere, don Alcides.

¡Espere! ¡Andando!

Soledad: ¡Inspector! Inspector. Por favor...

no vaya a permitir que le hagan daño,

ese hombre me salvó la vida.

Por favor.

Ay, yo no puedo permitir que lo lastimen.

Francisco: ¡Eh, eh, eh!

¿Qué piensas a hacer?

No piensas entrar a la mina, ¿verdad?

No seas imprudente.

Deja que la policía haga su trabajo.

- Te dije que lo encontraríamos.

Boris: Ya vi. El problema es cómo vamos a subir.

Guillermo: ¡Don Hugo! ¡Somos nosotros!

¡Suban rápido!

[♪♪♪]

- Usted primero, señor.

Un poco de fuerza, señor.

- ¡Muévete, Guillermo, que no me dejas ver!

Guillermo: Bueno, ¿y qué quieres ver

si aquí no se ve nada?

Max: ¡Jalen!

Guillermo: Solo se escuchan... Max: ¡Rápido!

- ¡Tenemos que subirlos!

- ¡Los policías entraron

y seguramente los van a descubrir!

Guillermo: Esto está muy oscuro.

- ¿No estás oyendo?

¡Ay! ¡Que te muevas, Guillermo!

- Sí, sí, sí, en eso estoy, en eso estoy.

Alcides: Boris. Boris, yo sé que está detrás de todo esto.

Sal de tu escondite.

[Cargando arma]

[Música tensa]

La policía tiene rodeada la entrada,

no te va a quedar más remedio que entregarte.

Tarde o temprano tendrás que entregarte.

- Boris, ¿ya se fue?

- Ya.

- ¡Jalen, jalen!

- Mis hombres revisaron todos los túneles,

pero no encontraron rastro de ellos.

- Eso es imposible,

la entrada de la mina está vigilada,

no pueden haber salido.

[Soplido de viento]

¿Lo siente? - ¿Qué?

- Aire. Hay una corriente de aire.

- Un ducto. Pudieron salir por ahí,

pero no pudieron escapar.

- Le deben haber lanzado una cuerda desde afuera,

alguien los ayudó.

Duarte: Si escaparon, no deben estar lejos.

Vamos. Alcides: Vamos.

Guillermo: ¡Corre, corre, corre!

Hugo: Llegaron justo a tiempo, por poco nos atrapan.

Helena: ¡Ah!

Boris: Señor. Señor, ¿cómo está? Señor.

Boris: ¿Cómo se siente usted? Hugo: ¿Dónde dejaron a Beatriz?

Helena: "¿Beatriz?".

- "¿Beatriz?".

- Sí, ¿dónde está Beatriz?

- Hay algo que usted debe saber, don Hugo.

Beatriz escapó esta mañana,

y cuando fuimos a detenerla, se nos perdió en el bosque.

- Les dije que tenían que cuidarla bien.

- Solo tenemos que encontrarla.

Beatriz ya descubrió que Alcides fue quien la violó

y no tardará en atacarlo.

- Si le parece, señor,

nosotros podemos encargarnos de buscarla.

Usted tiene que descansar,

acaba de sufrir un ataque de catalepsia.

- Eso es verdad.

[Relinchos de caballo]

- Alcides no se va a quedar de brazos cruzados

si descubre que Beatriz está libre.

A la cuenta de tres, salimos corriendo,

¿de acuerdo?

Uno, dos,

¡tres!

- Arturo, ¿por qué me traes a la casa de Hugo?

- Beatriz, tranquila. Esta es tu casa, nuestra casa.

Yo se la compré a Alcides tras la muerte de Hugo.

Aquí vas a estar bien, bien cuidada.

Bien atendida por Matilde y por nuestra madre.

Gladys: Beatriz, hija.

- ¡Mamá!

Gladys: Por fin estás aquí.

¿Dónde te habías metido?

Estaba enloqueciéndome sin saber nada de ti.

- No quiero volver a ese sitio.

Por favor, no dejes que me lleven

otra vez al sanatorio, mamá.

¡Me quieren mantener con calmantes

y con inyecciones!

No te imaginas lo horrible que es.

Gladys: Ya, ya. - Mamá, por favor.

- Tranquilízate. No te preocupes, ¿sí?

Ya hablaremos de eso después.

Ahora ven, entra, esta es tu casa.

Yo no voy a permitir que nadie te haga daño, nadie.

[♪♪♪]

Francisco: ¡Alcides! ¿Qué pasó?

¿Lo encontraron? ¡Dime!

- Escaparon.

Pero esta mujer sabe dónde están.

Habla, Marina.

Habla.

Tú eres compinche de Boris, tú eres uno de ellos.

Dime dónde se esconden.

- Le juro que no sé de qué me está hablando, don Alcides.

¡Se lo juro! ¡Yo no tengo nada que ver con ese robo!

- ¿En dónde se esconden, Marina?

- Alcides, ya, déjala tranquila.

- Déjela, señor de Medina, no tenemos pruebas contra ella.

Y le recuerdo que la autoridad aquí soy yo.

- Si llego a comprobar que tú y tus amigos están metidos

en todo esto, me voy a encargar de que se pudran en la cárcel.

¿Estás oyendo? Que se pudran en la cárcel.

- No te preocupes, tú te vas conmigo para la casa.

- Y a la hacienda no regresas a trabajar.

- Alcides, ¿qué está haciendo? Por favor.

¿Recuerda el artículo que le escribí?

¿Dónde alababa cada una de sus cualidades?

Por favor, en la situación que está pasando

no creo que estás personas lo vean como un hombre justo.

- ¿Qué quiere decir?

- Déjela que siga trabajando

hasta que averigüemos quién fue.

Recuerde que lo importante aquí es su imagen, su nombre.

- Tiene razón, Francisco.

Vas a regresar a la hacienda.

Y si te enteras dónde está Boris, nos vas a avisar.

Francisco, por favor, lleve a mi esposa a la hacienda,

yo tengo cosas que hacer.

Francisco: Por supuesto. Niñas, vamos.

- Paquito, gracias.

No sé qué fue lo que le dijiste.

Gracias.

- No te preocupes, me encanta ayudar.

No me gusta que abusen de las mujeres.

Así que, por favor, vámonos, vámonos.

En la vida no hay nada gratis, Soledad, nada.

Alcides: Boris está detrás de la escapada de los Burke,

y se alió con ellos para robar mi casa.

- Lo que no puedo entender es cómo los dejaron escapar.

- Los vamos a conseguir.

Con el tiempo y un ganchito los vamos a conseguir.

Además, la policía también está detrás de ellos.

- Espero que recuperen esos bienes, Alcides,

si no, tendrás que pagarme en efectivo

una vez que el juez te otorgue la herencia.

- Imagino que internaste a tu hermana

en el sanatorio, ¿verdad?

- No, no lo hice, Alcides.

- ¿Y por qué no?

Beatriz necesita asistencia médica.

- Beatriz se quedará con nosotros en casa.

Su paso por ese hospital no le dejó sino angustias.

- Señora, su hija se encuentra verdaderamente mal.

Esta tarde me confundió con Hugo y trató de asesinarme.

- No hay mejor sitio que estar en casa, Alcides.

- Mi madre y yo decidimos que Beatriz se quedará en casa

y recibirá aquí

todas las atenciones médicas que necesite.

Pero no tienes de qué preocuparte,

ella no te volverá a confundirte, te lo aseguro.

- Bueno, eso espero.

[Tintineo de campanillas]

Ah, voy a pasar a mi antigua habitación,

necesito recoger algunas cosas personales.

Gladys: Ven, yo te acompaño.

- El doctor Max está en la puerta

y quiere hablar con ustedes.

- Madre, el doctor Max

es el especialista del que te hablé.

- Me adelanto.

[Música tensa]

[Gritos ahogados]

[Quejidos de Alcides]

[Jadeos]

[♪♪♪]

- La hipnosis es una opción efectiva,

varios médicos la han experimentado

y está dando muy buenos resultados.

- ¿Y qué beneficios podría obtener Beatriz con todo eso?

- Podríamos borrar de la memoria de su hija

todos esos recuerdos dolorosos y traumáticos.

En este caso, todo lo que tiene que ver

con el abuso de que ha sido objeto.

- Podría ser una forma de ayudar a Beatriz

a recuperar la cordura.

- Yo no estoy muy segura de eso.

Todo esto me parece brujería.

- Espera a que veas los resultados, madre,

quedarás convencida.

Doctor, creo que es importante

que vea a mi hermana ahora mismo.

- No. No creo que sea el momento adecuado.

Mejor comenzamos mañana.

- No hay tiempo que perder, doctor.

Mi hermana está cada vez más alterada.

En verdad pienso que es indispensable

que usted vea a mi hermana esta misma noche.

- ¡Ahora es imposible!

La hipnosis requiere de una preparación previa,

un ambiente especial.

- Doctor, si no vino a ver a mi hermana, ¿a qué vino?

¿Acaso hay algún otro motivo para su visita?

[Música tensa]

- ¡Ese miserable me iba a matar!

¡Iba a matarme!

Hugo: Ya pasó, ya pasó.

- Ay, gracias. - Sh.

- Gracias. - Ya pasó.

[Golpe] - ¿Qué fue eso?

- ¡Vino de la habitación de Beatriz!

Beatriz, ¿estás bien?

- Sí.

- ¿Qué te pasó, hija? Escuchamos un ruido muy fuerte.

- Ay, me caí de la cama,

pero no hay de qué preocuparse, estoy bien.

- ¿Estás segura? Beatriz: Sí, claro que sí.

Seguramente desconocí la cama, y por eso me caí.

- Don Arturo, ya que su hermana se despertó,

quisiera hablar con ella ahora mismo.

- ¿No acaba de decirme, doctor,

que no puede practicarle la hipnosis en este momento?

- Solo quiero hacerle algunas preguntas.

Es el procedimiento antes de la sesión de hipnosis.

Y si ustedes me lo permiten, quisiera hablar con ella,

con Beatriz, a solas.

- ¿Por qué tiene que ser en privado?

No me acaba de convencer nada de esto, Arturo.

Yo prefiero quedarme.

- Madre, te he dicho que el doctor Max

es un profesional, confiemos en él.

Vamos, madre.

Max: ¿Qué fue lo que pasó?

- Encontré a Alcides a punto de asfixiar a Beatriz.

Ahí está.

Hércules: Más bien, él me confrontó a mí.

Me sorprendió e intentó atacarme.

Rebeca: ¡Por Dios, Hércules!

¡Ese hombrecito es más pequeño que tú como para poder contigo!

- ¡Te dije que me sorprendió por la espalda!

- ¡Eres un inútil!

- ¡Escucha! Me habló del tesoro.

Dijo que iba a encontrar lo que pertenecía.

Y lo más grave: ese maldito

ya sabe que nosotros matamos a Jeremías.

¡Baja la voz!

¡Baja la voz!

Eloísa puede escucharnos.

No, eso no puede ser.

Si Enrico tuviera la certeza de lo que le hicimos al viejo,

ya nos hubiera enviado a la policía.

Seguramente no tiene pruebas,

y por eso ha estado callado todos estos meses.

- Pues, más te vale que lo encuentres

lo antes posible.

Ese hombrecito es un estorbo para nuestros planes.

- Le disparamos. Quizás está muerto.

[Crujidos]

[♪♪♪]

Francisco: Soledad.

Con todo respeto,

eso que dijiste que ese hombre se parecía a Hugo,

hay algo que no entiendo.

¿Qué fue lo que te causó tanta curiosidad

como para salir corriendo tras de él?

- Era su voz, su mirada, la forma en que me hablaba,

como si estuviera Hugo ahí, no sé.

Exactamente lo mismo que me pasó anoche.

- ¿De qué estás hablando, Soledad?

- Anoche estaba soñando con Hugo.

Y cuando desperté,

había unas flores en el escritorio.

- ¿Unas flores? - Sí.

Y hace un par de días

estuve en la cabaña donde solíamos encontrarnos,

y estoy segura que lo vi.

- Ay. Por favor, por favor, ya no sigas.

Esto suena tan fantasmal, horrible. Por favor, cállate.

- Lo que estoy diciendo es verdad,

porque desde que conocí a Hugo,

siento que tengo presentimientos con él.

Por ejemplo, la noche en que Hugo murió,

yo sabía que algo terrible estaba pasando.

Lo presentí.

Debí haber seguido mi instinto y no lo hice.

- Ya no te angusties.

¿Cómo ibas a adivinar que eso iba a suceder?

- Pero esta vez es diferente,

porque lo que está pasando ahorita es real.

Y yo por eso tengo que saber quién es ese hombre,

de dónde salió, por qué me lo encuentro.

Tengo que saber por qué tengo todos estos sentimientos.

- Sí. Yo he amado también.

Y ese gran amor que tú has sentido por Hugo...

Bueno, de alguna manera, tienen que suceder las cosas así, ¿no?

- ¿Sabes?

A veces pienso que me estoy volviendo loca, Paquito.

- No.

[Crujidos de ramas]

[♪♪♪]

- Con eso tiene para dormir un buen rato.

Después, cuando despierte,

pues, va a sentir todo eso que ya le expliqué.

- ¿Por qué me odia tanto?

Él nunca va a dejar de hacerme daño, nunca.

Lo importante es que no logró lo que buscaba, ¿no te parece?

[Golpes de puerta]

- ¿Y ese ruido?

- Es Boris. Él viene conmigo, no te preocupes.

- Señor, dejé a los Burke esperando en la carreta.

¿Qué hacemos con...?

- Bájenlo por la escalera que dejamos en el patio.

Rápido. Boris: Sí.

Beatriz: ¡No! Acaba con él, Hugo.

¡Yo no quiero seguir sufriendo

por culpa de ese desgraciado!

- Beatriz. Cálmate.

Alcides comenzará a pagar por todo lo que me hizo

a partir de hoy.

La culpa lo va a atormentar por el resto de sus días.

[♪♪♪]

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