All language subtitles for La traición 016.mp4-es-CC1

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Original subtitles

- ¿Cómo nos descubrió, Dr. Max?

- Sabía que don Hugo iba a necesitar de medicinas,

así que, seguí a Guillermo cuando salió de la farmacia.

!Traidores!

¿Por qué lo dejaron escapar?

- Lo que pasa es que...

él nos obligó.

El nos dijo que si no lo ayudábamos,

él nos mataba. - !No mientas!

Don Hugo apenas podía moverse.

!No me crean tan estúpido!

- Doctor Max, Dr. Max, yo necesito mis medicinas.

Usted no puede hacer esto, necesito salir de aquí.

- Eso no se va a poder, señor Medina.

!Todos lo creen muerto, y va a seguir así! !Muerto!

[Quejido]

[Música tensa]

Guillermo: !Hugo!

- !Vayan por él! !Qué no escape!

!No, señor, nosotros ya cumplimos con nuestra parte!

!Defiéndase como pueda!

- Además, si pagara bien, !ja!

- !Que vayan por él, les digo!

!Si alguien llega a verlo estamos perdidos!

!Vamos!

El va a ser mi mejor investigación, así sea muerto.

- ¿Qué locura es esta?

!No te vas a casar vestida de negro!

- Hace dos días enterré a Hugo, mamá.

Para nadie es un secreto que estoy de luto.

Es más, el mismo Alcides lo sabía

e insistió que me casara con él hoy.

Esther: !No!

No vas a ir así a la iglesia. !Ve a cambiarte!

- !No me voy a cambiar, mamá!

Te he complacido en todo lo que has querido,

y lo último que no pienso perder es mi dignidad.

- Soledad tiene razón,

dejemos que ella decida cómo quiere verse hoy, Esther.

Esther: ¿Y qué va a decir Alcides cuando la vea?

- No le va a gustar, pero ya no tendrá tiempo para evitarlo.

Vamos, hija.

[Música tensa]

Hércules: !Rebeca!

- Ay, Hércules, no grites, no seas vulgar.

A Rebeca le gusta tomarse su tiempo para arreglarse.

Ay, cómo son estos hombres.

- Yo lo espero en el coche.

- Ay, yo te acompaño.

!Estás divina!

[Risas]

Marina: Señora Rebeca.

Qué pena, necesito hablar con usted.

- Sí, dime, ¿qué pasa?

- Es que anoche, le escuché decir

que Boris se había comprado una de sus propiedades,

¿eso es verdad?

- Sí, pero, ¿por qué lo preguntas?

- Lo que pasa es que don Alcides

lo acusa de haberle robado una gran suma de dinero.

Señora Rebeca,

¿no será que con eso fue que él le pagó su casa?

- El estuvo en mi casa,

y compró la hacienda que era de mi difunto esposo.

Es más, pagó mucho dinero por ella.

- Señora Rebeca, por favor,

usted es la única que puede hablar con don Alcides

y desenredar todo esto y sacar a Boris de la cárcel.

- Marina, ¿por qué molestas a mis invitados?

- Alcides, ¿cómo es eso que Boris está en la cárcel

por un dinero que robó de tu hermano?

Anoche te contamos que él compró la hacienda.

- Sí, eso ya quedó claro.

Te acompaño afuera, ya los demás salieron.

[Música tensa]

- Ese Hugo de Medina...

¿hasta cuándo dejará de molestarnos, ah?

¿Hasta cuándo?

- Hmm, ya deja de quejarte, gatita.

No queremos que el doctor se enoje

más de lo que ya está, ¿no?

Max: !Cállense de una maldita vez!

De esta forma no vamos a encontrarlo nunca.

Mejor ustedes se van por ese camino, al norte,

y yo me voy por este, al sur.

- Hmm, no, no, no.

- ¿No? - Lo que deberíamos hacer es

irnos para la iglesia,

porque estoy segura que Hugo de Medina

va a ir a buscar a su prometida.

[Jadeo]

♪ Mi sufrimiento ♪

♪ es estar solo como el viento. ♪

♪ Es saber que así grite, nadie me va a escuchar. ♪

♪ Pero mi sufrimiento... ♪

- ¿Quién demonios te crees que eres

para hacerme quedar mal ante a los huéspedes?

- Patrón, perdóneme, esa no fue mi intención.

Yo simplemente

quería ayudar a Boris. - Todo fue un malentendido.

Yo voy a retirar los cargos en su contra.

- ¿De verdad? ¿Lo va a sacar de la cárcel don Alcides?

- Así es. - ¿Cuándo?

- Lo haré después, no sé cuándo.

Ahora tengo cosas más importantes que hacer.

- !Patrón!

Perdón, lo que pasa es que

el encierro está empezando a enloquecer a Boris

y está diciendo cosas muy raras.

- ¿Ah, sí? ¿Qué dice?

- Como que a don Hugo lo enterraron vivo y cosas así.

- Pobre tipo. ¿Eso dice?

Si es así, hoy mismo lo sacaré de la cárcel.

[Música tensa]

[Música de suspenso]

[Puerta se abre]

- ¿Dónde estabas?

Hace media hora que inició tu turno.

¿Qué pasó?

- Imagínate,

que doña Soledad de Obregón

va a casarse con don Alcides de Medina.

Enfermera 1: ¿Doña Soledad de Obregón?

Pero ella era la novia de don Hugo.

- Por eso es el escándalo.

Apenas acaba de enterrar a su prometido

y ya va a casarse con su hermano.

- Igual,

tú no tienes por qué quedarte en la calle pescando chismes.

Vamos, vamos, que hay mucho trabajo.

[Suspiro]

- Así que te vas a casar, Alcides de Medina,

eres un desgraciado.

Pero voy a dañar tus planes. Tengo que salir de aquí.

- Se ve muy elegante, Alcides,

estoy muy segura que su novia quedará impresionada.

- Gracias. Ustedes también están muy bellas.

Mi futura esposa no tarda en llegar.

Con su permiso, la esperaré en el altar.

Francisco: [Susurrando] Vino mucha gente. !Ay, ya se fue!

- ¿Se fijaron qué hermosa está la iglesia?

Ay, veo...

pero ahí viene.

¿Qué forma de vestir es esa? Ay, ¿ya la vieron?

[Murmurando] Ay, qué verguenza.

[Murmullos]

[Música de suspenso]

- Parece que se lo hubiera tragado la tierra.

- Ay, no digas eso ni en broma, Burke,

que lo tenemos que encontrar.

- Se debe haber ido a la iglesia,

porque a esta hora, su hermano don Alcides

se debe estar casando con la señorita Soledad.

[Música de intriga]

- Soledad nunca estuvo enamorada de Hugo de Medina.

- ¿Ah, no? Esther: No.

Simplemente es una buena hija,

y conociendo nuestra situación económica,

aceptó casarse con él, por interés.

Y se va a casar con Alcides, se lo puedo asegurar.

[Música de intriga]

- Soledad me tiene que aclarar todo esto...

[Música tensa]

- ¿Qué significa esto?

- Tú sabes que estoy de luto.

- Pero es nuestra boda, Soledad.

Estamos haciendo el ridículo frente a todos los invitados.

- Alcides, lo importante no es el vestido,

Soledad por fin será tu esposa.

- Yo no pienso casarme contigo vestida así.

- Alcides, tú fuiste quien decidió que la boda fuera hoy,

así que asume las consecuencias.

Si sales por esa puerta, el ridículo va a ser mayor.

Igual, tú decides.

- Disculpen...

me gustaría saber

qué es lo que está sucediendo aquí.

[Música tensa]

- Déjame, déjame, !tengo que salir!

Enfermera 1: !Tranquilícese, por favor!

!Ha estado muy alterada! Voy a aplicarle este sedante.

- !No, no, no!

Enfermera 1: Señorita, ¿qué hace?

- !Suéltame!

[Quejido]

Alcides de Medina, voy por ti.

- Si hay desacuerdo entre ustedes,

yo les aconsejo que lo piensen mejor.

- Hija, el padre tiene razón.

Quizás... Alcides: Padre,

será mejor que prosigamos

Que comience la ceremonia.

- ¿Están seguros?

[Música de suspenso]

[Murmullos]

[Música tensa]

Padre: En nombre del padre, del hijo...

Enfermera 1: !Deténganla!

!Deténganla, por favor!

!Detén a esa mujer, se encuentra muy mal!

!Llame a los enfermeros!

!Cierren las salidas!

Doctor: !Ay! !No la dejen escapar!

!Cierren esa puerta!

Marina: Boris.

- Marina, ¿trajiste los papeles?

- No.

El caballo sí estaba, pero...

estaba sin la silla y sin las alforjas.

Yo creo que don Alcides las encontró primero.

- Dios mío. No puede ser. No puede ser.

!Ahora es imposible que salga de este lugar!

- No, Boris.

El mismo don Alcides

me prometió que él venía a sacarte.

- ¿Qué?

- Sí. Después de la boda.

- ¿De, de qué está hablando? ¿De qué boda?

¿Don Alcides se va a casar?

- Sí, se va a casar con la señorita Soledad.

- ¿Qué?

¿La señorita Soledad y don Alcides

se van a casar, Marina?

¿Estás segura de lo que me estás diciendo?

- Sí, a todos nos aterró, pero...

pero es verdad,

se deben estar casando en este momento, Boris.

- ¿Cómo es posible que la señorita Soledad

haya hecho algo así?

No lo puedo creer.

Si don Hugo estuviera vivo,

esto sería demasiado duro para él.

!Eres una basura, Alcides de Medina!

!No mereces vivir

después del daño que me has hecho!

!No voy a tener misericordia de ti!

!Te voy a matar!

[Música tensa]

- !Qué torpes!

¿Cómo no se dieron cuenta

que Beatriz no estaba tomando sus pastillas?

¿Qué clase de enfermeros son?

- ¿Cómo íbamos a suponer que esto estaba pasando?

- Ve con los guardias y asegúrate

que no paren su búsqueda, hasta que la encuentren.

Necesito ver aquí lo antes posible a Beatriz.

- Sí, doctor. !Vamos, vamos!

- Doctor, afuera está doña Gladys,

la madre de Beatriz de Linares.

Doctor: ¿Dónde te metiste, Beatriz? ¿Dónde estás?

- !Voy a acabar contigo!

- Soy Hugo.

Beatriz, yo no soy Alcides... - !No mientas!

!Hugo está muerto! !Tú eres Alcides y vas a morir!

- Yo te lo puedo probar, escúchame, escúchame.

- ¿Qué pensaste? ¿Que nunca me iba a acordar?

[Jadeos]

!Yo sé que fuiste tú quien... Max: !Suéltale!

¿Qué pensó? ¿Que podía huir de mí tan fácilmente?

Lo tengo, Hugo de Medina.

[Música tensa]

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ Sálvame. ♪ ♪ !Sálvame! ♪

♪ Despiértame otra vez. ♪ ♪ !Otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo, al amanecer. ♪

♪ No, no. ♪

♪ No... ♪

♪ Bésame, ♪ ♪ !Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer. ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

- Beatriz ha estado muy alterada

y hoy no es el mejor día para verla.

- Doctor, cada vez que vengo, encuentro a mi hija peor.

!Me estoy cansando

de no ver buenos resultados en su tratamiento!

- Doña Gladys, no se ofusque, por favor.

Estos tratamientos suelen ser lentos y a veces hay reveses.

- No, doctor, le exijo ver a mi hija ahora mismo.

- Beatriz se ha puesto violenta

y no puedo saber cuál sea su reacción al verla.

Eso puede ser peligroso.

Por favor, déjeme hacer mi trabajo.

Tenga paciencia, que ella en un par de días

va nuevamente a recuperar la calma y podrá visitarla.

Con permiso.

- ¿No fue posible?

- No sé por qué estoy sintiendo que ese doctor

no me está diciendo toda la verdad.

- Estamos aquí, para celebrar una vez más

el sagrado vínculo del matrimonio.

Instituido por Dios, entre un hombre y una mujer.

El plan de Dios fue perfecto,

al crear a Adán y Eva. Sin embargo...

[Música romántica]

Hugo: ¿Cuánto me amas?

- Jamás en mi vida,

pensé amar a alguien como te amo a ti.

Ya no doy...

Yo no sé,

ya estoy desesperada porque sea el día de nuestra boda.

- Es lo que yo más deseo.

Si la vida hubiese sido justa conmigo...

- No...

no quiero que digas nada

que dañe este momento de felicidad.

¿Sabes una cosa?

Tú eres lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida.

Y quiero que estemos juntos para siempre, prométemelo.

Sí, prométemelo.

- No hace falta prometerlo, así será.

- Quiero, quiero que hagamos un pacto,

un pacto así, como el que hacen los niños.

Quiero que hagamos un pacto de, de amor.

La promesa de que vamos a estar juntos siempre.

[Música romántica]

- Te lo prometo.

Estaremos juntos siempre, y seremos el uno para el otro.

♪ Perdona si alguna vez te herí, ♪

♪ Preferiría morir a no estar junto a ti. ♪

♪ Y la vida se encargará de unirnos. ♪

♪ Resiste un poco más. ♪

♪ Pero nunca olvides que siempre seré para ti ♪

♪ Una mágica flor de vida. ♪

♪ Siempre estaré para ti, ♪

♪ Siempre, mi amor. ♪

Max: Usted me obligó a llegar a esto.

Tengo que asegurarme de que no me va a denunciar.

- No pensaba hacerlo, doctor.

Pero tampoco estoy muerto,

no puedo permitir que me use como conejillo de indias.

- Todos lo creen muerto.

Y va a regresar a ese cementerio.

Hugo: Max. Max: Pero eso será después

de que yo estudie su cuerpo.

- Escúcheme, Max.

Usted y yo podemos llegar a un acuerdo

beneficioso para los dos.

- Le voy a quitar la vida... Guillermo: !Quieto! Quieto.

!Quieto Dr. Max, no se lo voy a permitir!

- Guillermo, Guillermo, tranquilo, ¿qué haces?

Guillermo: Evitar una injusticia, gatita.

No somos asesinos, mi amor.

!No como otros! Entrégueme esa arma.

- !Esto te va a pesar, Burke!

- No me importa, no me importa.

Don Hugo. Váyase, don Hugo, váyase,

que yo me encargo del doctor Max.

- Bien hecho, Burke.

- !Eres un imbécil, Burke!

!No sabes lo que haces! - !Cállese!

- Mi amor, mi amor, gatito,

¿tú estás seguro de lo que estás haciendo?

- Claro que sí, mi amor.

Encárgate de la señorita Beatriz

que yo me encargo de este. !Vamos!

!Andando, andando para su consultorio!

!Vamos, vamos!

- !Gatito! !La loca se fue!

- De acuerdo a los preceptos de la iglesia

y ante de darle bendición,

debo preguntar si existe algún impedimento

para que esta pareja se una

en el sagrado vínculo del matrimonio.

- Es demasiado injusto.

- Un momento, Lucas, no vayas a hacer una tontería.

Eloísa: Qué desperdicio.

Y pensar que seré yo quien se encargue

de aliviar tanto desamor.

[Música de intriga]

[Música de suspenso]

Padre: Señorita Soledad de Obregón,

señor Alcides de Medina,

por la envestidura que me confiere la iglesia,

en el santo nombre del padre,

del hijo, del espíritu santo,

los declaro marido y mujer.

Puede besar a la novia.

[Murmullos]

[Música de intriga]

[Aplausos]

[Música de intriga]

[Música de suspenso]

♪ Mi sufrimiento ♪

♪ Es estar solo como el viento. ♪

♪ Es saber que así grite, ♪

♪ Nadie me va a escuchar. ♪

♪ Es saber que si un día te tengo, ♪

♪ Será un solo momento, un instante fugaz. ♪

- Para mí la loca se perdió en el bosque.

- Aún estás a tiempo de arrepentirte.

!Estás cometiendo un grave error, Burke!

- Deberías ir a buscar a esa señora al bosque.

- ¿No estás exagerando, Guillermo?

El doctor Max no es un loco tan peligroso.

- ¿No te acuerdas la última vez?

Este tipo casi me mata, es mejor no correr riesgos.

Tú quédate con él y yo me voy a buscar a la vieja esa.

- No, ni se te ocurra irte, ni se te ocurra, Guillermo.

Y por la loca no te preocupes,

que ella o vuelve aquí o se va para el manicomio.

- Pues ojalá,

no vaya a ser que meta en más problemas a don Hugo

y de paso se nos dañe el negocito que tenemos ahí.

[Risas]

Helena: No puedo creer, ¿tú haces esto por dinero?

!Ay! Gatito, pensé que te estaba perdiendo,

pensé que estabas de parte de ese señor.

!Ay! !Me quitas un gran peso de encima!

- Piénsalo, gatita.

En este momento,

don Hugo a los únicos que tiene es a nosotros.

Y podríamos sacarle muy buen provecho a todo eso.

♪ Mi sufrimiento ♪

♪ Es estar solo como el viento. ♪

♪ Es saber que así grite, ♪

♪ Nadie me va a escuchar. ♪

♪ Pero mi sufrimiento... ♪

- Era cierto, mi amor, estás vivo.

!Estás vivo!

Le vamos a demostrar a todo el mundo que nos amamos.

Ay, mi amor.

Ahora mismo le voy a decir a todos la verdad,

y te juro, te juro que correrá sangre.

- Beatriz, Beatriz.

Creo que hay otra forma de hacerles pagar por esto.

- Alcides, que hermosa boda. Permíteme felicitarte.

Salud.

- Gracias.

Francisco: Felicidades. - Gracias.

- Disculpen, Soledad, qué pena molestarlas.

Te ves preciosa, me encantó el vestido.

Alcides: Soledad. ¿Soledad?

Ellos son Rebeca, Eloísa, Francisco y Hércules.

Rebeca le vendió una hacienda a Hugo en San Marino.

Tú y yo nos iremos a vivir allá.

Rebeca: Felicitaciones, Soledad.

Pese a las difíciles circunstancias

que les ha tocado vivir en estos días,

la boda les quedó muy bonita.

- Felicidades, Soledad, y espero que sean muy felices.

A ti también, Alcides. Felicidades.

- Gracias.

- Eh, gusto en conocerlo. Con permiso.

- Permiso. ¿A dónde vas?

- Alcides, ya cumplí

con lo que tenía que hacer contigo.

Mi papá sigue malo de salud, así que voy a ir a cuidarlo.

- Yo creo que vas a tener tiempo de ir a visitarlos.

Ahora ya eres mi esposa, tu deber es estar conmigo.

- Alcides tiene razón, hija.

Ya están casados, ahora deben estar juntos.

- Nadie ha dicho lo contrario.

Soledad va a ir por sus cosas y las de Ursula.

Quien, a propósito, a partir de este momento,

vivirá con ustedes. - No creo que sea necesario,

Marina se puede ocupar de nosotros perfectamente.

- Ursula va a vivir conmigo, ella siempre lo ha hecho.

Alcides, por favor, he cedido en todo lo que has querido,

por lo menos, dame el gusto en esto.

- ¿Estás segura? No en todo.

[Música tensa]

Alcides: ¿Me pueden dejar a solas, por favor?

[Música de suspenso]

Boris, hablé con el inspector y te van a dejar en libertad.

- Gracias, don Alcides.

- No, no, no. Por favor, no me des las gracias.

Las cosas se resolvieron por sí solas.

Además, siempre fuiste fiel a mi hermano.

Eso se tiene que pagar de alguna manera.

Explícame algo, Boris,

¿cómo es eso que dices que Hugo pudo ser enterrado vivo?

- Creo que ya no tiene caso seguir guardando el secreto.

Don Hugo, don Hugo sufría de catalepsia como su padre.

- ¿Qué?

¿Catalepsia?

Pero ¿qué estás diciendo? Eso no puede ser.

Eso no puede ser.

- Por favor, don Alcides, permítame ir al cementerio,

todavía cabe la posibilidad de que don Hugo esté vivo.

Por favor.

- Catalepsia...

¿Quieres desenterrarlo, Boris? ¿Es eso?

- Sí, sí.

- No, no puedes desenterrarlo, eso ni lo pienses.

- Pero don Alcides, por favor, compréndame,

tengo que saber la verdadera causa

de la muerte de don Hugo, por favor.

- La verdadera causa fueron las heridas...

Las heridas del accidente que sufrió.

Esa, esa fue la verdadera causa, Boris.

- Don Alcides, don Alcides, por favor.

Cuando don Hugo se enfrentaba a una situación difícil,

a él le venían los ataques de su enfermedad,

sufría de catalepsia, entiéndalo, por favor.

- Si mi hermano fue enterrado vivo

y murió asfixiado como papá...

No, no, no, Boris, yo no me lo perdonaría nunca.

No voy a soportar con la culpa de haber dejado morir a...

a mi propio hermano.

Así que por tu bien y por la memoria de Hugo,

vas a guardar silencio sobre todo esto.

Y si no lo haces...

si no lo haces me voy a encargar de que te encierren,

y esta vez, va a ser para siempre.

[Música tensa]

Beatriz: ¿Quién dijo que estabas muerto?

¿Quién? ¿Fue Arturo, verdad?

Hugo: Cuidado. - El solo quiere separarnos,

pero no lo va a lograr, porque nuestro amor

- Ten cuidado. - es más fuerte, mi vida.

- Beatriz, esa es una historia muy larga de contar,

pero quiero que sepas que no,

que no fue Arturo, él no tuvo nada que ver.

- ¿Este es el consultorio del doctor Max?

- Sí.

- Mi amor, yo no estoy loca. - No.

- Vámonos, por favor, no quiero estar aquí.

- Nadie ha dicho eso. - Don Hugo. Casi no regresa.

Hugo: Nadie ha dicho eso.

- La encontró.

Menos mal, porque los locos sueltos por ahí son...

- !Yo no estoy loca!

- Nadie ha dicho eso... - !Díselo, por favor!

- Nadie ha dicho eso.

Nadie ha dicho eso.

Yo te propongo algo.

¿Por qué no pasas y te acomodas y tratas de descansar un poco?

Anda, ven. - Ven, ven, ven conmigo,

ven, ven, yo te entiendo.

A las mujeres nos suele suceder...

Beatriz: Yo no estoy loca.

- Yo sé, tú no estás loca, no. - !Ay!

- No te preocupes, está durmiendo,

está tomando una siesta.

Ven, ven, ven, te voy a mostrar unos vestidos.

Aquí hay joyas preciosas, ven, ven, te muestro la casa, ven.

- ¿Cómo le fue, don Hugo? ¿Pudo llegar al matrimonio?

- Sí...

pero llegué demasiado tarde.

Soledad se casó con Alcides.

- Así son las mujeres, don Hugo, eso, pagan muy mal.

Yo en la única que confío es en mi gatita y eso a veces.

Hugo: Mi hermano trató de matarme

con ayuda de mis enemigos.

y la mujer que amé, me estuvo engañando todo el tiempo.

Pero eso no se va a quedar así, no se va a quedar así.

♪ Amor, ♪

♪ Olvida lo que me tocó vivir. ♪

♪ En qué momento que dejé partir. ♪

♪ Amor, ♪

♪ Perdona si alguna vez te herí. ♪

♪ Preferiría morir que no estar junto a ti... ♪

- !Mi amor! !Por favor! !Mírame!

!Por favor, no te vayas a morir!

!Mi amor!

♪ Pero nunca olvides ♪

♪ Que siempre seré para ti, ♪

♪ Una mágica flor de vida. ♪

♪ Siempre estaré para ti, ♪

♪ Siempre, mi amor. ♪

[Música romántica]

Hugo: Lo compré la misma tarde

que me invitaste a tu fiesta de cumpleaños.

[Música romántica]

♪ Y la vida se encargará de unirnos, ♪

♪ Resiste un poco más. ♪

- Te estaba esperando, Alcides.

Creo que hoy ya no tienes excusa.

- Que maleducado eres, Manrique.

Deberías felicitarme,

me acabo de casar con Soledad de Obregón.

- Qué bien, eso quiere decir entonces

que puedes pagarme el dinero que me deben los Obregón.

- Soy un hombre de palabra, vamos a un lugar más privado.

- Me parece muy bien.

[Música de suspenso]

- ¿Escuchaste eso?

La boda de la señorita Soledad y de don Alcides...

fue un arreglo.

Esa mujer nunca quiso a mi patrón.

- Don Hugo está muerto y ya nada puede hacerle daño.

Dime qué vas a hacer,

porque don Alcides no te quiere trabajando en la casa conmigo.

- Por ahora, tengo algo muy importante que hacer.

No te preocupes por mí, voy a estar bien.

- Eso espero.

- Quiero que me ayude a sobrellevar mi enfermedad

mientras ejecuto mi plan de venganza.

- ¿Venganza? Si usted no le interesa a nadie.

Hasta su prometida se casó con su hermano

antes de acaba de velarlo a usted.

- No es necesario su comentario, doctor.

- No, no me interesa

unirme con alguien que en cualquier momento

puede salir a la luz pública a decir que yo estoy sacando

muertos del cementerio para mis estudios.

Nadie entendería que soy un científico

y no un vulgar ladrón de cadáveres.

- Eso no va a suceder, doctor.

Tan pronto yo termine

lo que vine a hacer, desapareceré.

Sin embargo, usted podría convertirse

en una eminencia de la medicina.

Claro, si logra encontrar la cura de la catalepsia.

- Está bien, lo ayudaré.

Pero solo porque su enfermedad es muy extraña y apasionante.

- Muy bien.

[Música de intriga]

Voy a destruir a todos y a cada uno

de los que me hicieron daño.

Quiero saber si están conmigo.

- Mientras haya dinero de por medio,

cuente con nosotros.

- ¿Qué vamos a hacer con la señorita Beatriz?

¿La dejamos dormir allá, en el consultorio?

- La van a dejar dormir, la van a dejar descansar.

Que se reponga, que descanse.

[Música de suspenso]

- Ay, lo siento, don Hugo, lo siento.

Pero tengo que verlo, tengo que verlo, don Hugo.

Tengo que saber cuál fue

la verdadera causa de su muerte.

Espero que su muerte no haya sido por la catalepsia.

Eso jamás me lo perdonaría.

Hugo: No te esfuerces buscando, Boris, no estoy ahí.

- [Jadeando] ¿Don Hugo? ¿Don Hugo?

[Música tensa]

Don Hugo. Don Hugo.

[Música tensa]

Alcides: Sirva otra ronda para todos.

Cantinero: Sí, señor . Alcides: Del económico.

- ¿Así que esta es

la celebración oficial de tu boda?

- Celebremos, Arturo, celebremos.

Es un día muy importante.

- No me quiero imaginar cómo va a ser la luna de miel.

Sospecho que te vamos a ver mucho por aquí, Alcides.

- Guárdate tus comentarios.

- Hércules, hay una mesa allá. Señores.

- Francisco, Francisco. - ¿Sí?

- Por favor, muéstrele su artículo a mi amigo Arturo.

- Ay, por supuesto.

Dice: "Lo que, lo que po, lo que pocos sabían era...

que Hu..." - A ver, permítame, permítame.

Escucha: "Lo que pocos sabían

era que Hugo de Medina tenía un hermano,

que a pesar de ser gemelo suyo, lo supera, y por mucho.

Las virtudes de Alcides solo pueden compararse

con su generosidad y buena fe".

Muy bien, Francisco.

"Es un hombre sensible, inteligente,

un honesto abogado, académico y fiel a sus principios".

- Caramba. Lo felicito, Francisco.

- Ay, gracias.

- Yo sabía que usted era periodista,

no sabía que también había incursionado en la ficción.

- ¿Cómo dice?

No sea grosero, don Arturo.

Soy un periodista serio.

No permito que nadie se burle de mis artículos.

¿Qué quieres?

- Dime cuál es el hombre del que me hablaste.

- Ah.

Está allá atrás. Se llama Manrique.

Es un prestamista y le gusta el juego.

- Dudo mucho que le guste más que a mí.

Voy a probar un poco de suerte. Vamos y me lo presenta.

- Pero...

- ¿Cómo que no sabes cuándo vas a recibir la herencia?

- Hm, el juez aún no ha llegado a la ciudad.

Así que tendremos que tener un poco de paciencia,

mi querido Arturo.

- En lo que no puedo tener mucha paciencia

es en el negocio de la casa.

Sabes que tengo que instalar a mi madre cuanto antes.

- Bueno, pues, lo harás.

Eh, yo pienso mudarme pronto a la hacienda Montenegro.

Y creo que te buscan.

- Don Arturo...

doña Gladys lo necesita y dice que es urgente.

- Me enteré que vuelves a trabajar a esta casa.

- Así es, como dama de compañía de la señori...

de la señora Soledad.

- Ya conoces perfectamente el manejo de toda la casa.

Pero debes saber que algunas cosas han cambiado.

Boris ya no va a trabajar más aquí.

- Debí suponerlo.

Boris era el hombre de confianza de don Hugo.

Imagino que lo extrañarás mucho.

- No me importa lo que pienses, Boris ya es mío.

Y creo que se hizo tarde.

Tu señora te debe estar necesitando.

[Música de suspenso]

Ay, Boris, ¿dónde estás metido?

Boris: Pensé que había muerto asfixiado, señor.

Me sentía tan culpable.

- El único culpable es mi hermano Alcides.

El supo de mi supuesta muerte y dejó que me enterraran vivo.

De no ser por los Burke, no estaría aquí.

- ¿Los Burke?

¿Ellos lo desenterraron, señor?

- Se robaron mi supuesto cadáver,

para vendérselo al Dr. Max, para sus experimentos.

Luego me ayudaron a escapar.

Por dinero, claro está.

- Los Burke no son gente de fiar, señor.

Acuérdese, Guillermo trató de robar

varias veces en su casa.

Y el doctor Max...

ese hombre no me da buena espina.

- Lo sé, pero ellos conocen mi secreto.

Tengo que tenerlos de mi lado.

- Señorita, no me diga que piensa salir.

Soledad: Tengo que ir a la cabaña.

!Por favor, no trates de detenerme!

- Pero ¿por qué quiere ir otra vez a ese lugar?

- Ursula...

no puedo dejar de pensar en lo que pasó anoche.

Yo sé que vi a Hugo, Ursula, necesito ir,

!tengo que ir a esa cabaña, por favor!

- Señorita, don Hugo está muerto, acéptelo.

- Yo no sé cómo funcionen las cosas en el más allá,

pero sé que si Hugo sabe que me casé con Alcides,

va a sufrir mucho.

A lo mejor por eso su alma se está apareciendo,

porque me quiere reclamar.

Ursula, tengo que ir.

Tengo que hablar con él, tengo que pedirle perdón.

Déjeme regresar a la cabaña, por favor.

Ursula: Está bien, está bien, pero yo la acompaño.

Ese lugar queda muy apartado

y no quiero que le pase nada ni a usted ni al bebé.

Eloísa: !Hola!

¿Para dónde vas con tanta prisa?

- Eh, tengo algo importante que hacer.

Permiso.

Eloísa: Soledad...

Ah, yo sé que estás muy triste por tu matrimonio con Alcides,

y solo quiero decirte que cuentas conmigo.

Quiero ser tu amiga.

- Te lo agradezco.

Bueno, si me disculpas... Eloísa: Mmm-hmm.

- ¿Así que embarazada?

¿De quién será ese hijo tuyo, Soledad?

¿Del difunto Hugo o de Alcides?

- Hay algo que usted tiene que saber,

pero va a ser muy doloroso.

La...

la señorita Soledad, hoy se casó.

- La vi salir de la iglesia casada con mi hermano Alcides.

- Todo fue un arreglo, don Hugo.

Yo mismo escuché al Sr. Alcides cuando lo decía.

- Soledad se casó con Alcides un día después de mi muerte.

Ella nunca me amó.

[Música tensa]

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