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- ¿Una enfermedad del corazón?
Nunca me imaginé que se tratara de eso.
- Pues, no le puedo asegurar nada.
Pero le repito que esa fue la razón que me dio Alcides
para evitar que yo hiciera la autopsia.
Tendrá que conformarse con esa explicación.
- Gracias, doctor.
Usted era mi última esperanza.
Bueno, ahora
que ya nunca podré saber de qué murió Hugo,
tendré que conformarme pensando que fue un designio del cielo.
- Mejor vámonos, señorita Soledad.
Tenemos que ir al velorio,
sus padres deben estar esperándola.
- No me siento bien.
- Entonces, lo mejor será que regresemos a la casa.
Usted tiene que descansar.
- No, no, no. Descansar no. Yo tengo que ir al velorio.
Yo necesito estar con Hugo en todo esto.
- Por favor, hágame caso.
Descanse, por lo menos, esta noche. Hágalo por su hijo.
- Sí, tengo mareo, me siento mal.
Permiso.
- Usted no es la única que está desconcertada, Soledad.
Yo también lo estoy,
por eso quiero conseguir el cuerpo de don Hugo
y averiguar cuál fue la causa de su muerte.
- Ya verás, Helena Burke.
Ya verás.
Cuando yo saque todo ese dinero,
te vas a dar cuenta de que yo también puedo hacer mis cosas.
[Música cómica]
Sí, señora.
Así se hacen realidad los sueños.
Sí, señora.
[Murmullos]
Alcides: ¿Ya ve va? - Sí.
- Pero no se ha acercado al ataúd.
- Prefiero no hacerlo.
- Esther, le recomiendo que lo haga.
La gente la ha estado observando.
Si no lo hace, va a ser objeto de feos comentarios.
- Tienes razón.
Es mejor no dar de qué hablar.
- Hugo se iba a casar con su hija.
[Murmullos] [Música de tensión]
- ¡Ah!
¡Ah!
¿Qué haces aquí, gata ruidosa? ¡Casi me matas del susto!
- Pensabas hacer esto sin mí, ¿no?
Gato malagradecido.
Y a propósito...
[Risa]
Ese vestido de mujer no te sienta nada bien.
- Ve a burlarte de tu abuela.
Tú no vienes a ayudar,
vienes es a sacar provecho de la situación.
- Pues sí.
Lo que hay dentro de esa bóveda es de los dos,
porque la descubrimos cuando estábamos juntos.
Y ni creas que voy a permitir que la gastes
con la vagabunda esa de la Margot.
A propósito, ¿dónde está?
- No pudo venir.
Pero tú sí viniste y te lo agradezco, gatita.
Estaba muy solo
y muy asustado en esta casa tan grande, gatita.
Pero ya estoy tranquilo, porque estás tú.
Somos un equipo, mi amor.
Me asustaba que el fantasma de don Hugo de Medina
se apareciera y me asustara.
Esther: Aunque no le deseo mal a nadie,
me alivia saber que estás en otro mundo, Hugo de Medina.
[Música de terror]
- Qué tragedia, Esther.
¿Ahora qué vamos a hacer? Se nos fue la mina de oro.
- Este no es ni el momento
ni el lugar para hablar de ese tema.
- Claro que lo es.
Hugo de Medina está muerto,
¿ahora de dónde van a sacar el dinero para pagarme?
- Por eso no se preocupe.
Soledad se casará con Alcides.
Él heredará toda la fortuna de su hermano,
y usted tendrá su dinero.
- Eso sí me parecería extraño.
Me cuesta creer que de un momento a otro
tu hija acepte casarse con el hermano del que iba...
- ¿Por qué no?
Soledad nunca estuvo enamorada de Hugo de Medina.
Manrique: Ah, ¿no? Esther: No.
Simplemente es una buena hija.
Y, conociendo nuestra situación económica,
aceptó casarse con él por interés.
Así que no se preocupe,
ella está al tanto de todo y se va a casar con Alcides.
Se lo puedo asegurar.
Manrique: Su esposa me dijo que cuando Hugo de Medina
se casara con Soledad,
yo podía recuperar el dinero que me deben.
¿Cuál es el problema?
Si Soledad está enterada de todo, ¿o no?
- En un rato el notario nos enviará los documentos.
- Pensé que iban a estar listos muy temprano.
Me urge mucho regresar a la ciudad.
- Pero ¿cuál es la prisa?
Este es un negocio muy importante.
- Para mí, estar al pendiente de mi patrón
también es muy importante.
- ¿Por qué mejor no nos cuenta más sobre
el famoso Hugo de Medina?
¿Realmente es así de enigmático como todos dicen?
- Si me disculpan, tengo que ir a buscar
una oficina de telégrafos al pueblo.
Me urge mucho colocar un mensaje a mi patrón.
Permiso.
[Música de tensión]
- Burkesita, no se me duerma.
Burkesita, Burkesita.
Despierte.
Mi amor, ya voy a terminar, no te me duermas.
- Si eso me estás diciendo hace rato, y no pasa nada.
Yo me voy a buscar algo de comer, porque tengo hambre.
- Eh, sí. Busca para los dos, Burkesita, ¿sí? Por favor.
Tengo yo también hambre.
- Cómo no. - ¡Ay!
Voy a terminar esto cuanto antes,
cuésteme lo que me cueste.
¡Ah!
¡Ah!
[Música triste]
- Ya cierra esa caja.
Nos están esperando para el funeral.
- Don Alcides, es que me da mucho miedo.
¿Qué tal que don Hugo se levante
como la vez pasada que peleó con ese señor?
- Es cierto. Lo había olvidado.
Me contaste que Hugo peleó con el ladrón
y cayó en el suelo sin sentido.
- Sí, señor. Estaba muy frío y muy pálido.
Yo le juro que pensé que había muerto.
Pero unas después, se fue para el cumpleaños
de la señorita Soledad como si nada le hubiera pasado.
- Marina, y anoche, ¿qué hizo?
¿Qué hizo anoche cuando regresó?
- Cuando llegó del club,
él se veía muy alterado y muy herido,
pero no quiso que yo lo ayudara,
y, después, se fue para el sótano.
- ¿Qué fue a hacer al sótano?
- No lo sé, señor.
¿Puedo retirarme?
Con su permiso.
- ¿Qué fuiste a hacer al sótano, Hugo?
[Música de suspenso]
- Gatita, ya.
Helena...
Alcides: ¿Qué haces aquí, Burke?
- Eh, yo no soy...
¡Eso!
¡Bien, gatita! ¡Muy bien!
Helena: ¡Vamos! ¿Qué estás esperando?
[Alcides tose] - Pero, ¿y mi bóveda?
No pue... Helena: Tu bóveda o la vida.
Vamos.
Guillermo: Cuánto tiempo que me demoré ahí abriendo eso,
y ahora me toca...
[Alcides se queja]
[Música de suspenso]
- ¿Qué demonios es esto?
Alcides: Otra vez tú.
[Música de suspenso]
[Lee] "Tratado de Catalepsia.
Daniel Von Sirak".
"La catalepsia y su origen.
Catalepsia es un estado biológico,
el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte,
y sin signos vitales,
cuando, en realidad, se halla en un estado consciente,
el cual...".
"Diario de Armando de Me...".
[Música de suspenso]
"Catalepsia es un estado biológico,
el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte,
y sin signos vitales,
cuando, en realidad, se halla en un estado consciente".
- ¿Qué le pasa a mi hermano, mamá?
¿Está muerto? ¿Está muerto?
¿Por qué no me lo dice? ¿Qué tiene?
Yo no lo maté, no le hice nada,
solo tuvimos una pelea.
- ¿Me quieres matar a mí también?
Por tu culpa, a tu padre le dio ese ataque de catalepsia.
Por tu culpa lo enterraron vivo.
- No digas eso, mamá. No lo vuelvas a decir.
- Se los dije.
Se los dije, ¡y no me creyeron!
[Llanto]
- Hugo padece la misma enfermedad que tú, papá.
Él no está muerto.
Él padece de catalepsia.
♪ El mundo me ha enseñado ♪ ♪ El dolor de vivir. ♪
Hugo: Ayúdame. Soledad, ayúdame.
Soledad: ¡Hugo! ¡Hugo!
Hugo, mi amor. Ya.
Sal, mi amor. Yo te voy a ayudar.
Yo te voy a... No.
¡No!
¡Ayúdenme!
¡Alguien, ayúdeme!
¡Ayúdenme!
¡Alguien, ayúdenme!
Ay, no.
¡Ayúdenme!
¡Ayúdenme!
- No lo dejes morir.
Tienes que salvarlo, Soledad. Ayúdalo.
- Hugo.
Hugo.
No te vayas.
♪ Nunca olvides que siempre ♪ ♪ Estaré para ti. ♪
No puedes estar muerto.
♪ Una mágica flor de vida. ♪
No me dejes.
[Música de suspenso]
Alcides: ¿Por qué no me lo dijeron?
¿Por qué no me dijiste que padecías de catalepsia?
¿Te das cuenta cuánto tiempo perdido?
¿Cuánto resentimiento acumulado hacia ti?
¿Envidiando tu suerte?
Y no eres más que un pobre infeliz, Hugo,
con una enfermedad espantosa.
[Campanadas]
Te debe haber llenado tu vida de sufrimiento.
¿Por qué no me lo dijeron?
¿Por qué no me lo dijiste, hermano?
[Campanadas]
Yo sé lo que estás pensando. ¿Escuchas eso?
Esas son las campanadas de la catedral
que están llamando a todos a tu entierro.
Y no los vamos a dejar esperando.
♪ Y la vida que llevaron ♪ ♪ De pena y oscuridad. ♪
♪ Los dos probarán. ♪ ♪ Los dos... ♪
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, ♪ ♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪.
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No, no, no... ♪
♪ Bésame ♪ ♪ Hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪.
♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, ♪ ♪ Despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
Guillermo: Qué mala suerte la nuestra, ¿no, gatita?
Si don Alcides no nos hubiera encontrado,
otra sería nuestra historia, estoy seguro.
Seríamos ricos
y no tendríamos que estar huyendo como ratas.
- ¡Ay, ya! ¡Deja de decir tonterías!
¡Y vámonos antes del entierro de Hugo de Medina!
- Adiós, hogar, dulce hogar.
[Grito ahogado]
Max: ¿Pensaban irse sin cumplir el trato conmigo,
esposos Burke?
- No.
Lo que queríamos era trasladarnos a una casa
más cerca del cementerio para, así,
cumplir mejor con nuestro trabajo.
- ¡No me creas idiota!
Y no me gusta que se burlen de mí.
- No. No es lo que usted piensa, doctor Max.
- Si cortara esa arteria, te morirías desangrado
en menos de cinco minutos, Burke.
¿Eso es lo que quieres? - No.
- ¡No, no, no! Por favor, doctor Max.
Por favor, no nos mate.
Le prometo, le prometo que nosotros le traeremos
los cadáveres que usted necesite, pero, por favor.
- Necesito que me traigan esta misma noche
el cadáver de Hugo de Medina.
Y si piensan escapar,
recuerden que en todas partes tengo muchos amigos.
- Sí, señor.
- Los espero antes del amanecer.
- ¡Sí, señor!
♪ Mi sufrimiento ♪
♪ Es estar solo como el viento, ♪
♪ Es saber que, así grite, ♪
♪ Nadie me va a escuchar. ♪
- ¡Maldito!
¡Que se pudra en el infierno!
Arturo: Madre, madre, vamos.
♪ Será solo un momento, ♪ ♪ Un instante fugaz. ♪
♪ Pero mi sufrimiento ♪
♪ Será por toda la eternidad.♪
- Señor.
- Permiso.
Rebeca: Qué extraño.
Esta no es época de vientos.
- Bueno, ustedes ya tienen el dinero,
y yo los documentos de la propiedad.
Debo irme. Permiso.
Hércules: Espere.
Tenemos preparado un brindis para celebrar el negocio.
- Lo siento, pero no puedo esperar.
Debo irme. Permiso.
- Qué hombre tan raro.
No entiendo por qué tanta prisa.
Pero bueno, eso no nos importa.
Lo importante es que cerramos el negocio,
pagamos las deudas y nos vamos a vivir
como merecemos, ahijado.
[Música dramática]
♪ Es así. ♪
♪ En la vida me ha obligado ♪ ♪ A decidir por mí. ♪
♪ Con sangre borraré mi dolor. ♪
♪ Y cuando había encontrado una ilusión, ♪
♪ Se la llevan de mi vida. ♪ ♪ Los dos pagarán. ♪
♪ Los dos sufrirán. ♪ ♪ La vida que he llevado ♪
♪ De penas y oscuridad. ♪ ♪ Los dos probarán. ♪
♪ Los dos por igual. ♪
- No fue mi imaginación.
Estoy seguro que don Hugo está en peligro de muerte.
[Graznidos]
♪ Los dos pagarán. ♪ ♪ Los dos sufrirán. ♪
♪ La vida que he llevado ♪ ♪ De penas y... ♪
Soledad: Hoy sería nuestro segundo día de casados.
Estaríamos felices, disfrutando de nuestro amor,
de saber que vamos a ser papás.
[Llanto]
Tú serías el hombre más feliz del mundo.
Yo sé que sí.
Pero ya no estás aquí.
[Soledad llora]
- Lucas, ese hombre no hace más que mirarnos.
- Tranquila.
Yo creo que aquí no se atreverá a hacernos ningún escándalo.
Ninguno.
- Don Alcides, ¿me permite?
- Sí, claro.
- La muerte de su hermano me sigue pareciendo muy extraña.
Para empezar, el accidente.
- El accidente fue producto de la borrachera.
Además, Hugo sufría del corazón.
- Sí, eso es razonable.
Pero hay que tener en cuenta que él tenía muchos enemigos.
¿No cree usted que pudo haber sido un atentado?
- ¿Acaso usted sabe algo que yo no sé?
- No, son solo especulaciones. - Cuide sus palabras, Duarte.
Cuide sus palabras.
Ya suficiente dolor tengo con la muerte de mi hermano
como para atormentarme pensando que alguien
pudo atentar contra él.
[Música de suspenso]
Marina: Úrsula,
si Boris estuviera aquí,
tal vez, don Hugo no habría muerto.
Yo no pude hacer nada por él.
- Ay, no te culpes, mujer. No te culpes.
- Cuando Boris se entere, no me lo va a perdonar.
- No digas eso.
Boris tiene que entender que tú no pudiste hacer nada.
Él quería mucho a don Hugo,
pero también es un hombre muy justo.
No te atormentes más.
[Piano]
- Mis condolencias, señores de Obregón.
La muerte de Hugo de Medina me hace tanto daño,
o más que a ustedes.
- No es momento para ironías, Manrique.
Manrique: No son ironías, Lucas.
Me estoy preguntando de dónde van a sacar el dinero
para pagarme ahora que Hugo de Medina está muerto.
- Ya le dije que le vamos a pagar su dinero,
así que, por favor, respete nuestro dolor.
- Está bien.
Pero no sobra recordarles
el plazo que le di para el pago.
Está por vencerse.
Espero, honestamente, que puedan recuperarse
muy pronto de esta terrible pérdida.
Permiso.
- No me habías dicho que habías hablado con Manrique.
Mujer, ¿qué fue lo que le dijiste?
- Ahora no, Lucas.
Soledad está muy mal, nos necesita.
[Graznidos]
[Grito ahogado]
♪ El sufrimiento ♪
♪ Es estar solo como el viento. ♪
♪ Es saber que, así grite, ♪
♪ Nadie me va a escuchar. ♪
- Alcides. Alcides.
¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
- No, Lucas, estoy bien.
Estoy bien. Gracias, gracias.
- Hijita, vámonos ya.
- No, mamá.
Yo no quiero separarme de Hugo. No puedo.
[Llanto]
Helena: Ay, es solo un rasguño.
Eso no te hubiera pasado
si hubieras salido cuando yo te dije.
Bueno, ¿y qué vamos a hacer?
¿Nos vamos? ¿Nos quedamos?
¿Qué hacemos? - ¿Nos vamos para dónde?
¿No ves cómo se puso ese doctor Max?
Y yo no quiero morir tan joven. No, señora.
- No, yo me niego profundamente a desenterrar a Hugo de Medina,
No.
- Pues, no tenemos otra alternativa, gatita.
Yo conozco a ese doctor Max, y es malo, malo.
Y no amenaza en vano.
- ¿Tú sabes cuánto nos pueden dar por esto, grandísimo tonto?
Con esto nos podríamos ir y vivir de ello.
- ¿Esto? - Mh.
- Esto es una baratija
al pie de lo que le vi a don Hugo de Medina en el cajón.
- ¿Qué me estás diciendo?
- Pues, que a don Hugo lo enterraron con muchas joyas,
gatita.
Sí.
Una cruz de esmeraldas, un anillo de diamantes
tan grande como una piña, gatita.
Con eso, podríamos vivir
el resto de nuestras cochinas vidas.
- Guillermo Burke, ¿tú me estás diciendo la verdad?
- Gatita, escúchame, mi amor.
Tú sabes lo que yo odio desenterrar cadáveres,
pero cuando vi a don Hugo,
con todas esas joyas.
El brillo de esas joyas era tanto
que me enceguecían, gatita, me enceguecían.
Y yo me puse a pensar:
"Esta es una oportunidad que no podemos dejar pasar".
- ¡Está bien! ¡Está bien!
Desenterraremos a ese desgraciado. ¡Eh!
Que conste, Guillermo Burke,
esto solo lo hago por las joyas.
[Resuello]
- Perdóname por mentirte, gatita mía,
pero prefiero eso, a, a que me maten.
- Ya muérete de una vez.
Acaba de morirte.
[Graznidos]
[Música de suspenso]
- ¿Atormentado porque asesinaste a tu gemelo?
- ¿Qué demonios haces aquí?
Arturo: Me sorprendes, Alcides.
No pensé que sufrirías así por la muerte de tu hermano.
- Lárgate de aquí y déjame solo.
- Mataste al juez Roldán a sangre fría,
pero te pones así por la muerte de Hugo.
- Lárgate. - Alcides.
Alcides, me preocupas.
Espero que no te arrepientas de lo que hicimos,
que mañana vayas a hundirme.
- Lárgate de aquí, o vamos a tener dos entierros.
[Graznidos]
- Mi más sentido pésame, señora Soledad.
- Tiene que ser fuerte, mi niña.
[Música triste]
- Hija.
es hora de que nos vayamos, ya se fueron todos.
Vamos.
[Música triste]
- Hay tantas cosas que quisiera decirte.
Yo nunca me imaginé
que se pudiera sentir tanto dolor.
Lo único que me consuela es esperar a nuestro hijo.
Cada vez que lo vea, te voy a ver a ti.
Él va a ser el recuerdo vivo de nuestro amor.
Y nunca te vamos a olvidar.
Siempre, siempre vas a estar en nuestro corazón.
Yo te voy a amar siempre.
Te amo, Hugo.
♪ Siempre estaré para ti. ♪
♪ Siempre, mi amor. ♪
[Sollozo]
[Música de suspenso]
- Bueno.
esta noche
conoceré el misterio que existe alrededor de tu muerte,
Hugo de Medina.
♪ Mi sufrimiento ♪
♪ Es estar solo como el viento. ♪
♪ Es saber que, así grite, ♪
♪ Nadie me va a escuchar. ♪
- Es mejor que corte camino para acá.
Estoy seguro que don Hugo me necesita.
♪ Un instante fugaz. ♪
Rebeca: ¡Sobrina!
Qué sorpresa verte. Pensé que te habías casado.
- Ay, tía, lamento llegar sin avisarte,
pero todo fue un desastre.
No me casé con Rogelio.
Ese idiota, finalmente, resultó ser un pobretón
con apariencia de rico.
- Me tienes que contar todos los detalles.
- Voy a decirle al criado que prepare un cuarto para ti.
- No solamente para mí, Hércules.
Como podrán apreciar, Paquito viene conmigo.
Rebeca: Ay, pero Paquito no se te despega, ¿verdad?
- Rebeca, tú tan querida.
- Afortunadamente, no se me despega, tía.
Gracias a Paquito, pude darme cuenta
del engaño de Rogelio
y salvarme de semejante pesadilla.
¿Te imaginas yo casada con un pobretón?
- No, no, no. Por favor.
Pero bueno, de todas maneras,
qué gusto me da verte de nuevo en mi casa.
- Ay, Rebeca. Tú tan linda, pero tan mentirosa.
Conmigo no tienes que disimular.
Sé que no soy una persona grata en este lugar.
- Qué cosas dices. - Solamente la verdad.
Pero por mí no te tienes que preocupar el día de hoy.
Tengo asuntos más importantes que atender en la capital.
- Hércules, por favor, ayúdale con las maletas.
Bueno, ¿y por qué tanta prisa?
Eloísa: ¿No has oído, tía?
Están pasando cosas muy interesantes en la ciudad.
Paco: Por supuesto. Y un periodista tan importante,
tan afamado como yo,
tiene que estar detrás de la noticia.
- ¿Y qué es eso tan importante que está sucediendo?
- No te lo puedo creer. ¿No lo sabes?
Ay, déjame, yo te cuento. Déjame decirte.
Esta mañana...
murió alguien.
Un personaje muy importante.
Don Hugo de Medina.
[Música de suspenso]
- Ese puede sacarlo. Y este también.
- Con todo respeto, señor, pero ese piano es una reliquia.
Don Hugo lo cuidaba mucho, porque, al parecer,
era herencia de sus padres.
- Lo quiero fuera. Cuanto antes, mejor.
También saca este.
[Golpe metálico]
Y ese reloj. Fuera también.
- Señor, ¿y qué quiere que haga con todo eso?
- Quiero que lo quemes.
Y cuando lo hagas, recoge tus cosas y te vas.
Ya no trabajarás más aquí.
- Hugo de Medina
fue uno de los hombres más acaudalados de la región.
Fue tan inteligente ese hombre
que supo duplicar la herencia que le dejaron sus padres.
Hizo grandes negocios, inversiones.
O sea, un hombre rico. - ¿En serio?
¿Y por qué nunca escuché hablar de él?
- Porque tenías tus ojos puestos en Rogelio.
- Además, fue un sinvergüenza, un mujeriego empedernido.
Con la única que sí mostró interés
fue con Soledad de Obregón.
- Según Boris, su empleado de confianza,
esta hacienda sería su regalo de bodas.
¿Pueden creerlo? - Sí, la vida fue muy ingrata.
Se murió justo el día de su boda.
¿Saben qué creo?
Que tenía miedo al compromiso.
Se murió antes de dar el sí.
[Risas]
Eloísa: Paquito, espera.
Si era un hombre tan rico como dices,
¿quién va a heredar toda su fortuna?
Porque no tuvo hijos, ¿o sí? - Ay, por supuesto que no.
Bueno, tiene un hermano gemelo. Yo creo que va a heredar todo.
- Qué interesante. Háblame más sobre él.
- Se llama Alcides de Medina.
Aquí entre nos, es un perdedor.
Siempre vivió bajo la sombra de su hermano.
- Paquito, quiero que averigües todo sobre el tal Alcides.
Si es soltero, casado, comprometido
y, sobre todo, si realmente va a heredar a su hermano Hugo.
- Ay, Eloísa, tus deseos son órdenes.
- Y, bueno, ya que hicimos el negocio
con el finado Hugo de Medina,
mañana mismo iremos a la capital
para darle las condolencias a su hermano.
¿Qué les parece? - Perfecto. Nos vemos allá.
Parto esta misma noche.
Salud.
- Don Alcides, por favor, no me despida.
Yo no tengo a dónde ir.
Además,
usted necesita de alguien que sepa el manejo de esta casa.
- Sí, es cierto, yo necesito de alguien,
pero también es cierto que tú eras empleada de Hugo.
- Precisamente.
Yo le fui fiel a su hermano durante mucho tiempo.
- Podrías quedarte, Marina,
pero bajo ciertas condiciones.
- Las que usted me diga.
- El nombre de Hugo jamás será pronunciado en esta casa.
Jamás.
Y solo te quedarás tú, Boris no podrá hacerlo.
- Pero, don Alcides,
Boris cuidaba muy bien de don Hugo,
y así lo va a poder hacer de usted.
- Yo sé cuidarme solo.
Pero yo entiendo.
Si tanto lo estimas,
yo entiendo que quieras irte con él.
De veras lo entiendo. La puerta está abierta.
- Será como usted diga.
- Retírate.
- Con su permiso.
[Música de tensión]
- ¿Qué más?
Guillermo: Ven, gatita.
Por favor, no te separes de mí.
Helena: Que conste que la única razón por la que vengo aquí
a desenterrar a Hugo de Medina es por las joyas.
A mí ese señor no me gusta.
Y, también, lo hago para salvarte la vida, ¿no?
[Piano]
- Otra vez a visitar a la prima Clarisa, me imagino.
[Miguel ríe]
- Miguel, vamos a visitar a Hugo de Medina,
el antiguo patrón de Guillermo.
- Ah.
Pero don Hugo está enterrado al otro lado del cementerio.
Helena: Mmm. - Vamos, yo los acompaño.
No, no es bueno que anden por ahí a estas horas.
Hay un par de profanadores rondando,
y, de pronto, les pueden hacer algo.
- Gracias, gracias, Miguel. Eres un buen tipo.
Pero nosotros nos podemos cuidar solos.
- Sí, pero a mí sí me da como miedo.
- ¿Sí? - Sí.
Yo, yo me quedo aquí con Miguel.
Helena: Ve tú, mi amor. Ve, ve, ve.
Ve.
Yo, yo, yo me quedo aquí. Aquí te espero. Ve.
Miguel, tómese uno conmigo.
- Bueno, pero, pero,
¿tu marido no se molesta porque te quedas sola conmigo?
- No. Pues, no tiene por qué.
Yo esto lo hago por puro compromiso.
[Grito ahogado]
[Respiración dificultosa]
- Sáquenme de aquí.
Sáquenme de aquí.
Sáquenme.
Miguel: No.
No, no, no. No puedo, no puedo.
Es que yo, la verdad, prometí no volver a beber.
No quiero terminar como mi compadre.
[Risas]
- ¿Terminó con la botella pegada?
[Risas]
- No, no, Helenita.
Pero lo mató un coche por estar borracho.
No, sí, tienes toda la razón. Beber es muy malo.
Yo lo hago muy de vez en cuando, ¿no?
Solo, solo en ocasiones en las que tengo mucho frío,
así como, como, como en este momento.
Un traguito, para el frío. - Claro.
- Para el frío, Miguel.
- Para el frío.
Para el frío.
Alcides: Muchas gracias.
- Permiso.
[Lee] "En este momento de dolor profundo
no queda más que brindarte...".
"Lamentamos esta gran pérdida que afrontas hoy.
Esperamos que sigas adelante".
No.
"Boris.
Señor, después de una ardua búsqueda,
he logrado encontrar una propiedad
que será de su completo agrado.
Esta noche, en cuanto regrese...".
Esta noche.
Lucas: Pobre hija, Esther.
Está destrozada.
Creo que debemos llevarla pronto a casa de Antonia,
y alejarla de cualquier recuerdo de Hugo, ¿no crees?
- Eso no va a ser posible, Lucas.
Estuve hablando con Alcides,
le conté lo del embarazo de Soledad,
y él aceptó casarse con ella.
- ¿Que hiciste qué?
- No me mires así.
Ahora que murió Hugo, tenemos que buscar una solución
para pagarle a Manrique esa deuda.
Y tiene que ser pronto.
- Tratas a nuestra hija como si fuera una mercancía.
No lo voy a permitir,
y menos ahora que sufre tanto con la muerte de Hugo.
- Tú no tienes cara para decirme a mí
qué me permites o no.
Tú fuiste el que le pidió dinero prestado
a ese usurero de Manrique.
¿Qué quieres?
¿Que perdamos la casa y nos quedemos en la calle?
Lucas: No.
Pero tiene que haber otra solución.
Soledad no puede pagar por mis errores.
Esther: Eso debiste pensarlo antes.
Y a menos que se te ocurra otra cosa,
debemos convencer a Soledad para que se case con Alcides.
Y si es el caso, obligarla.
No tenemos otra alternativa.
- Soledad.
- Prométeme.
Prométeme que siempre va a ser así.
- Te lo prometo.
[Música romántica]
- Soledad nunca estuvo enamorada de Hugo de Medina.
- Ah, ¿no? Esther: No.
Simplemente, es una buena hija.
Y conociendo nuestra situación económica,
aceptó casarse con él por interés.
Así que no se preocupe.
Y se va a casar con Alcides, se lo puedo asegurar.
♪ Mi sufrimiento ♪
♪ Es estar solo como el viento. ♪
♪ Es saber que, así grite... ♪
- Ella no me mintió.
No.
♪ Es saber que, si un día te tengo, ♪
♪ Será solo un momento, ♪ ♪ Un instante fugaz. ♪
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