All language subtitles for La traición 011.mp4-es-CC1

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Original subtitles

[Rechinido]

[Relincho de caballo]

- No está en lo que quedó del carruaje,

pero hay rastros de sangre.

Alcides: Eso es imposible,

no puede haber sobrevivido a esa caída.

- Bueno, si está herido, no puede estar muy lejos.

¡Encuéntrenlo!

[Rechinido]

Si Hugo sobrevivió, y abre la boca,

nos puede denunciar, Alcides.

- Si no lo encontramos esta noche,

mañana lo mataremos.

- Habrá que camuflar a mis hombres en la iglesia,

ahí acabaremos con él.

- "¿En la iglesia?".

[Rechinidos de rueda]

Soledad correría peligro.

- Bueno, tendremos cuidado de no herirla,

pero no voy a aceptar un error más.

Mañana Hugo de Medina debe morir.

[Rechinidos de rueda]

[Rechinidos]

[♪♪♪]

[♪♪♪]

Marina: ¿Patrón?

¡Patrón! ¿Qué le sucedió?

- Vete a descansar, Marina.

- Señor, pero usted necesita que alguien lo examine.

- No quiero que nadie me moleste.

[Jadeo]

Que nadie me moleste.

[♪♪♪]

Guillermo: ¿Ah?

- Ay, uy, uy, uy.

- Espero que esto sirva para pagar

todos los tragos que nos vamos a beber esta noche.

[Risa]

- Sí, claro, hasta que llegue tu mujercita

y te saque corriendo.

- No, eso no es verdad, mi reina Margot,

porque esta noche solo somos tú y yo, y este anillo.

- Déjame ver bien ese anillo.

A mí se me hace conocido.

¿De dónde lo sacaste?

- ¿Y eso a ti qué te importa, ah?

[Margot suspira]

- Vámonos.

¡Vámonos, Guillermo! ¡Vámonos de aquí ya!

- "Nole". Margot: ¡Ah, eso, eso!

¡Corre, corre!

Corre detrás de tu mujercita

como si fueras un perro faldero.

Guillermo: Ah. Helena: ¡Vámonos, Guillermo!

¡Vámonos ya!

- ¡No!

Esta vez no voy a ir donde tú quieras.

Helena: ¡Ya! ¡Deja de decir bobadas

y vámonos para la casa!

- No, señora.

Helena, me cansé de que me trates como a un perro.

Quiero estar al lado de alguien que me dé cariño...

- Eso. - ...amor, ternura.

- Muy bien, así se habla.

- Vamos a ver si el amor le dura a ella

cuando esté en sus cinco sentidos.

O si el cariño le dura cuando se dé cuenta

que tú no tienes un solo peso en el bolsillo.

Yo sí te he dado amor verdadero y desinteresado.

- Ay.

- Burke.

- Ya, ya.

[Chasquidos con la boca]

Ya.

[♪♪♪]

- Ah.

Ah...

Ah.

[♪♪♪] [Agua fluye]

No me vencerás.

[Rechinidos metálico]

No vas a llevarme.

[Válvula rechina]

¡Ah!

¡Ah!

[Quejidos]

¿Que no lo entiendes de una vez?

¡Que no me voy a morir!

¡Uh!

¿Que no lo entiendes?

♪ Mi sufrimiento... ♪

Ni tú ni mis enemigos van a poder contra mí.

Entiéndelo de una vez.

[Quejidos] ♪ Nadie me va a escuchar. ♪

Ah, entiéndelo de una vez,

yo soy dueño de mi destino.

Yo soy dueño de mi destino.

♪ Y mi sufrimiento será por toda ♪

♪ La eternidad. ♪

[♪♪♪]

[Recuerda] - Su esposa dijo

que cuando Hugo de Medina se casara con Soledad,

yo podría recuperar el dinero que me deben.

¿Cuál es el problema?

Si Soledad está enterada de todo, ¿o no?

Esa es la razón por la que decidió casarse

con Hugo de Medina.

¡Esa es la verdadera razón!

¿O me equivoco?

- Eso no es verdad.

No es verdad.

Y no voy a permitir que esos malos pensamientos

se apoderen de mi mente.

[Suspiro]

No lo voy a permitir.

Mañana será otro día.

Mañana será el comienzo de mi nueva vida.

♪ De saber que así grite ♪

♪ Nadie me va a quitar... ♪

Mañana será el día más feliz...

de toda mi existencia.

♪ Será solo un momento, ♪

[Jadeos]

De toda mi existencia. ♪ Un instante fugaz. ♪

- Dios.

Qué hermosa estás, hija.

[Risa]

- Ay, papá, estoy feliz, me voy a casa

con el hombre que amo.

¿Qué más puedo pedir?

Y tú también te ves muy bien, papá.

Te falta un pequeño detalle.

A ver.

Déjame.

[Lucas carraspea]

¡Ay!

Esther: Ten cuidado, hija, mira lo que hiciste.

Soledad: Ay, no.

- Ya. Soledad: Ah.

- Ya pasó.

- Venga, señorita, yo le curo ese dedo.

- Esther, quiero que me aclares algo.

Anoche en la despedida de solteros Manrique dijo,

que el matrimonio de Soledad iba a permitir

que yo pagara la deuda.

- ¿Hugo escuchó eso?

- No, no del todo.

Explícame, ¿a qué arreglo llegaste con Manrique?

- ¿Ves?

No tuve otra alternativa para ganar tiempo

y le dije eso.

Ese hombre te iba a matar.

- Eso que hiciste es horrible, Esther,

a Soledad no debes involucrarla en esto.

- En algún momento tendrá que enterarse.

Ella es la única que puede salvar mi casa.

Y por ahí, de paso, salvar tu vida.

[♪♪♪]

♪ Amor, ♪

♪ Perdona si alguna vez te di. ♪

- La iglesia está llena y Hugo no aparece

por ninguna parte.

- Soledad, estás hermosa.

Hugo es tan voluntarioso que no me extrañaría

que hubiese cambiado de parecer.

Esther: ¡Ay, por Dios! ¡No digas eso!

¿Te imaginas lo que pasaría?

- Eh, no debe tardar en llegar.

Seguramente se le presentó algún imprevisto.

- Buenos días a todos.

Me temo que traigo malas noticias.

- ¡Ah! No, soportaría todo, menos que venga a decirnos

que Hugo Medina dejó plantada a Soledad en el altar.

Duarte: Se trata de algo mucho peor, señora Esther .

Encontramos el carruaje de Hugo de Medina

despedazado en la carretera que sale del club.

- No, no, inspector, es imposible.

Alcides, tú saliste con él anoche,

ibas a llevarla a su casa.

- Lo intenté, pero fue inútil,

me sacó en cara todos los problemas

que hemos tenido en el pasado

y desistí de acompañarle.

Varias personas vimos cómo se alejaba del lugar

todo exaltado.

Esther: No digas eso, por Dios.

¿Y ahora qué vamos a hacer?

- ¡Ya!

Esther: ¡Soledad! ¡Soledad!

- ¡Soledad!

[♪♪♪]

[Jadeos]

- ¡Hugo!

[Jadeos]

¡Hugo!

¡Mi amor!

[Jadeos]

- ¡Don Hugo! ¡Abra! ¡Por Dios!

Soledad: ¿Hugo?

Hugo.

¿Está aquí?

[Toca la puerta]

¿Mi amor?

¡Hugo! ¡Mi amor!

¿Estás bien?

- Señora Soledad, yo lo vi llegar anoche del club,

estaba muy malherido,

pero no quiero que yo lo ayudara.

- ¡Hugo!

¡Ábreme!

¡Ah, ah!

[Quebrazón de jarrón]

¡Hugo!

¡Ay!

¡Hugo!

¡Mi amor!

¡Mi amor!

¡Hugo!

¡Háblame! ¡Mi amor!

¿Qué te pasó?

Estás herido, estás herido.

Ay, ¿por qué estás tan frío?

Mi amor...

No está respirando.

¡Marina! ¡Llama un médico, rápido!

¡Urgente! Marina: ¡Sí, señora!

- ¡Hugo!

¡Mi amor! ¡Por favor!

¡Mírame!

[Sollozando] Por favor, no te vayas a morir.

Mi amor...

[sollozando] ¡Háblame, por favor!

¡Háblame!

¡Hugo! ¡Háblame, por favor!

♪ Quisiera acercarme a ti, ♪

♪ Pero me frena una razón ♪

♪ Oculta en lo más profunda de mi ser. ♪

♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪

♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Sálvame! ♪

♪ ¡Despiértame otra vez! ♪

♪ ¡Otra vez! ♪

♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪

♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪

♪ No, ♪

♪ No, ♪

♪ No... ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ ¡Bésame! ♪

♪ Hasta enloquecer ♪

♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪

♪ Para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪

♪ Otra vez, despiértame. ♪

♪ No te puedo perder. ♪

[Sollozando] - Mi amor,

por favor, despierta.

Mírame a los ojos.

Mi amor, por favor.

Mi amor, tú no te puedes morir.

¡Háblame, por favor!

Marina: Siga, doctor.

- ¡Hugo!

¡Explícame qué pasó!

¡Háblame, mi amor!

- Señorita, permiso.

Soledad: Por favor...

- Hija, deja que el doctor lo examine.

- ¡Ay, doctor, está muy mal!

¡Yo no siento su respiración!

¡Está muy frío!

Lucas: Ven, ven, Déjalo, déjalo.

- No.

¡Doctor! ¡Por favor, ayúdelo!

Max: ¡Sáquenla! ¡Déjenme a solas con él, por favor!

Soledad: ¡No permita que algo le pase, por favor!

- Mi amor, ven.

Cálmate, cálmate, mi amor, ven.

- Esperemos afuera. Ven. - Ya, mi vida, ya.

Cálmate, mi amor, cálmate.

Lucas: Ven.

[Llanto de Soledad] Ven, ven, ven.

[♪♪♪]

- Con tantos enemigos,

¿quién iba a pensar que iba usted a morir así, don Hugo?

[♪♪♪]

- Pero ¿cómo que está muerto?

- La señorita Soledad lo encontró

y dice que está muy frío, que no respiraba.

- Bueno, ¿dónde está? Quisiera verlo.

- No se puede, don Alcides.

El doctor Max está con él en el cuarto

y quiere estar solo.

Es mejor que lo espere acá.

Pero ¿cómo sucedió?

Necesito que me cuentes todo lo que sabes.

- Inspector, todo es muy confuso.

Anoche don Hugo llegó del club y estaba muy herido

y no quiso que yo lo ayudara.

Después se fue para el sótano y...

Hizo unos ruidos muy extraños,

yo creo que estaba haciendo algo.

Y ya al final de la madrugada,

oí que se fue a acostar.

- Don Alcides, usted lo vio salir del club,

¿cómo se encontraba?

- Estaba, estaba de mal humor, y...

Y sí, había tomado de más.

- Yo lo fui a llamar esta mañana

y él no me contestó.

Luego, llegó la señorita Soledad

y lo encontró ahí tirado, muerto.

Duarte: Lo siento.

En todo caso, creo que es mejor esperar

que el doctor lo revise

y así poder conocer la causa de la muerte de su hermano.

Permiso .

[Sollozos de Marina]

[♪♪♪]

- Marina, ¿qué sucede?

¿Acaso don Hugo...?

- Sí, Úrsula, el patrón murió.

[Sollozando] - Eso no puede ser, Marina,

no puede ser.

¿Y, y la señorita Soledad ya lo sabe?

- Ella fue la que lo encontró.

Si Boris estuviera aquí...

[Relincho de caballo] Campesino: ¿Escuchó, señor?

[Resoplido de caballo]

- Perdón.

Señor, me distraje.

¿Me decía?

- Que la única hacienda que hay en venta por aquí

es la hacienda Montenegro.

- Gracias, señor, por su ayuda.

- Sí, señor. [Relincho]

Boris: Muy amable.

[Galope suave de caballo]

[Suspiro]

A esta hora don Hugo se debe estar casando.

Ojalá y todo esté bien.

- Doctor, ¿qué pasó?

Max: Lo primero es que evidentemente

Hugo de Medina está muerto.

- Ah.

[Sollozos]

Max: Creí por un momento que su deceso

había sido provocado por alguna de sus heridas,

pero lo miré bien y ninguna es tan grave

como para haberle causado la muerte.

- Entonces, ¿qué pudo suceder, doctor?

- No sé con exactitud.

Pudo ser un paro cardiaco, pero tengo mis dudas.

[Llanto de Soledad]

De todas maneras, eso lo sabremos

cuando le practiquemos la autopsia.

- Si necesita la autorización para la autopsia,

debe hablar con su hermano Alcides.

- No será necesario.

El doctor no necesita autorización

para practicar la autopsia cuando la muerte es sospechosa.

[Llanto de Soledad]

- Perdóname.

- De todas maneras,

les prometo que voy a dejar el cuerpo

lo más presentable posible para el velorio.

[Llanto]

[Murmullo de la gente]

Octavio: Tal como lo oye, don Arturo,

el señor Hugo de Medina no se presentó en la iglesia.

Cancelaron la boda.

- ¿Y se supo lo del accidente?

- Sí, señor.

El inspector Duarte dice que encontraron

su carruaje despedazado, pero no su cuerpo.

¿Usted cree que el señor Hugo de Medina

sospechaba que lo íbamos a volver a atacar,

y por eso no se presentó?

- No.

No. De Hugo de Medina se podrán decir muchas cosas,

pero no es un cobarde.

Guillermo: ¡Atención, atención!

¡Escúcheme todo el mundo!

¡Prudencio! ¡Mi vaso!

[Guillermo jadea]

Hugo de Medina,

¡Hugo de Medina está muerto, bien muerto!

[Murmullos de la gente]

- Octavio, tráelo aquí.

Guillermo: Sí, señor.

[Guillermo ríe]

- ¡Burke!

Guillermo: Ah, Teto.

¡Teto!

¡Suélteme, suélteme!

Ah.

Ah.

- Burke... [Jadeos]

...dime lo que sabes.

- Don Arturo, por favor, no me vaya a hacer nada.

- Burke, hablé con mi madre para que no te denunciara

a la policía y así mantuvieras la boca cerrada

respecto de lo del rapto de Soledad,

así que deja de temblar

y dime lo que sabes de Hugo de Medina.

- Eh, sí, señor.

Al señor de Medina

lo encontraron muerto anoche en su casa.

Parece que se murió mientras dormía.

[♪♪♪]

- Señores...

Hugo de Medina,

el malnacido que abusó de mi hermana,

es historia.

Y eso...

lo vamos a celebrar.

Así que, desde este momento,

todos los tragos corren por mi cuenta.

¡Y Salud!

[Ovación]

- Gracias, don Arturo, gracias.

Muchas gracias.

[Risa]

[Ovación y aplausos]

Soledad: ¿Por qué?

¿Por qué?

No entiendo, Hugo, ¿por qué me tenías que dejar?

♪ Amor. ♪

Por primera vez en la vida

había encontrado a un hombre que amaba,

tan maravilloso y éramos tan felices,

¿por qué te tenías que morir?

¿Por qué? No entiendo.

- Tranquila, mi niña, ¿sí?

Hay cosas en la vida que no podemos evitar.

- Tal vez sí, tal vez sí,

porque yo tuve ese presentimiento,

tuve ese sueño.

Dime, ¿por qué no fui a verlo?

A lo mejor pude evitar ese accidente y no fui.

- Eso no lo sabe nadie.

Usted misma me dijo que el doctor Max piensa

que don Hugo no murió a causa de las heridas del accidente.

Yo creo que eso es verdad.

- Sí, pero ¿por qué? Úrsula: Yo...

¿Sabes algo?

- ...sospecho que don Hugo estaba enfermo

hace varios días.

- ¿Enfermo?

- El día de su cumpleaños, antes de su fiesta,

él estuvo muy mal.

- No, eso no puede ser, él estaba bien esa noche.

Él estaba bien.

- Pero en la tarde no lo estaba,

tanto que don Boris mandó a Marina

a buscar las medicinas a casa del doctor Max.

- ¿Qué? Pero ¿por qué no me dijiste nada?

¿Por qué?

- Yo pensaba decírselo, pero yo la vi tan feliz

que no quise preocuparla.

- Yo tengo, tengo que ir a buscar al doctor Max,

él está investigando la muerte de Hugo,

yo tengo que hablar con él.

[Burbujeos]

Max: Gracias.

Gracias.

Por fin voy a descubrir el misterio

que hubo alrededor de tu salud.

¿Por qué esas medicinas tan extrañas,

que te llegaban de Alemania?

Finalmente, ¿cuál era tu enfermedad?

Muy bien, empecemos.

[♪♪♪]

Boris: ¡Buenas!

¡Buenas!

Hércules: A la orden, ¿qué se le ofrece?

- Señor, supe que están vendiendo esta hacienda

y estoy interesado en comprarla.

- Mucho gusto, Rebeca Montenegro,

soy la viuda de Jeremías Montenegro

y la dueña de esta propiedad.

- Mucho gusto, señora.

Boris Monsalve, para servirle.

- Decía usted que está interesado

en comprar la hacienda.

- Así es, señora, he estado recorriéndola

y no cabe duda que es muy muy hermosa.

- Así es.

Tiene una casa muy grande y cómoda,

pesebreras, caballos finos y un terreno muy amplio

y productivo.

- Eso es exactamente lo que estoy buscando.

Estoy seguro que esta hacienda

cumple las expectativas de mi patrón.

- ¿Ah, sí? Y ¿quién es su patrón?

- El señor Hugo de Medina.

- Yo sí he escuchado hablar de él,

pero para su desgracia no en muy buenos términos.

- Le aseguro, señora, que han sido inventos

de gente envidiosa.

- Esta propiedad fue una de las más queridas

de mi difunto esposo

y no puedo dejar que quede en malas manos,

así que lo siento, señor, no se la puedo vender.

[♪♪♪]

- Yo fui muy clara con ustedes y les advertí que,

si no me pagaban,

tendrían que desocupar la habitación.

- Y la vamos a pagar, Astrid,

de eso no le quepa la menor duda,

pero debe tener un poquitito de paciencia.

Un poquitito nada más... - No estoy dispuesta

a tener paciencia.

Mucha gente está llegando a la ciudad

para el funeral de don Hugo

y los hoteles van a estar a reventar, muchacha,

y yo tengo que aprovechar,

por favor, para sacarle tajada a eso.

- ¿A cuál funeral?

¿De cuál Hugo está usted hablando?

- Pues, de don Hugo de Medina.

¿No me digas que no sabías que se murió esta mañana?

- ¿Y usted está segura, Astrid?

¿Se murió Hugo de Medina?

- Pero completamente.

Bueno, ya estás advertida, o me entregan ese dinero

lo más pronto posible o se van.

- Ay.

Mi peor pesadilla se convirtió en realidad.

Ahora, el doctor Max

va a querer que lo desentierre para él.

No, no, no, yo no haría eso, ni por todo el oro del mundo.

Voy a tener que vender esto,

pero ¿a quién?

Guillermo me dijo que conocía a alguien

en San Marino.

¡Ay!

¡Me va a tocar ir a buscar a ese idiota

para preguntarle!

[♪♪♪]

- Imagino que Soledad está muy triste.

- Más que eso, Alcides, destruida.

- Tienes que estar muy pendiente de ella, Alcides.

Con el tiempo se va a recuperar

y va a olvidar a Hugo,

y, bueno, tendrás una oportunidad para conquistarla.

- Por favor, Esther,

no es el momento de hablar de estas cosas.

- Sí, don Lucas tiene razón.

Yo solo venía a avisarle que voy a recuperar el cuerpo

donde el doctor Max, y que celebraremos el velorio

en la casa de mi hermano, con permiso.

- Esperemos que el doctor Max haya terminado la autopsia.

- "¿La autopsia?"

Pero ¿no se lo llevó solo para prepararlo?

- El doctor dijo que su muerte había sido muy extraña

y que necesitaba averiguar qué la causó.

- Me disculpan.

- Sigue.

- Siga, Alcides.

[Puerta se abre]

[Puerta se cierra]

- Esther, ¿qué es esa tontería de decirle a Alcides

que pretenda a Soledad?

- ¿No te das cuenta?

Con la muerte de Hugo, Manrique va a volver a pedir su dinero.

Necesitamos conseguir que Alcides se case

con nuestra hija para salvar mi casa.

[Conversaciones lejanas]

Arturo: ¡Alcides!

[♪♪♪]

¡Alcides!

- Yo en su lugar lo pensaría, señora.

Es muy buena oferta la que le estoy haciendo.

- Como puedo ver, su patrón es un hombre muy adinerado,

pero como le dije anteriormente,

la cuestión aquí no es de dinero.

- Madrina, me permites un momento.

- Discúlpeme, don Boris.

- ¿Qué te pasa, ricura?

Ese comprador era lo que estábamos esperando.

- Hércules, sé muy bien lo que estoy haciendo.

Esta es mi hacienda y aquí se negocia a mi manera.

- "¿Mi hacienda?".

Que yo sepa desde la muerte de tu marido,

el finado Jeremías Montenegro, somos socios en todo,

y tú ya sabes por qué.

- No tienes por qué recordármelo,

pero que te quede claro,

las decisiones de dinero las tomo yo.

[♪♪♪]

Disculpe, señor, pero creo que no tenemos

nada más que hablar.

Boris: Está bien.

Un 20% más de lo que usted está pidiendo

por esta propiedad.

[♪♪♪]

- Es usted muy insistente,

y yo muy resuelta en mis decisiones.

- No hay nada que no se pueda arreglar.

¿Un 30% adicional le parece mucho mejor?

- Aceptamos.

Aceptamos su oferta.

- ¿Está usted de acuerdo?

- Como puede ver, mi ahijado es un poco emocional.

De acuerdo, le venderé la hacienda,

pero por un 35% más.

- Me parece muy bien.

Me interesa hacer los papeles cuanto antes.

- Por eso no se preocupe, don Boris.

Hoy mismo firmaremos las escrituras

y le llevamos los documentos al notario.

¿Les parece?

[♪♪♪]

[Lee] - Pequeñas heridas en la piel

causada por el accidente,

pero ninguna de naturaleza mortal.

Bueno, ¿por dónde empezar?

Por el corazón,

sí, por el corazón.

Alcides: No se atreva a tocarlo.

¡Deténgase!

[♪♪♪]

♪ Está la moza cantando ♪

♪ Al hombre de sus amores ♪

♪ Oh... ♪

- Guillermo, tenemos que hablar.

- A propósito de mujeres desagradecidas, Burkesita,

te invito a tomarte un trago, ven, ven.

[Aclara la garganta]

Deje ya.

- Aquí está tu trago, gordo precioso.

- Gracias, señora Margot, muchas gracias.

Ven, Burkesita, te invito a tomarte un trago.

Estamos celebrando a la memoria de don Hugo de Medina

que hace posible esta celebración, esta reunión.

- Yo te traje el trago a ti, no a ella.

- Ay, ya.

- Mira, Guillermo, tenemos que hablar y yo...

- Espera, Burke, espera. - ...no estoy

para celebraciones.

- Dejemos los rencores, dejemos los rencores, Margot.

Tú te sientas en tu media mitad y tú en tu otra media.

Vengan acá, mujeres.

- Deja de decir bobadas y ven.

Ven, Guillermo, que tenemos que hablar.

- Corre, corre.

- Necesito hablar con mi marido.

- Pero ¿de qué? Ay, por Dios.

Helena: Vámonos. Guillermo: Burke, Burke,

no, para. Yo no voy para ninguna parte,

aquí me siento bien, me siento muy cómodo.

- Guillermo, Hugo de Medina murió

y ahora el doctor Max va a querer

que nosotros saquemos su cuerpo.

Vámonos de esta ciudad lo más pronto posible,

por favor. - Pero ¿qué?

¿Nos va a buscar o te va a buscar

para que saques el cuerpo?

Que yo sepa ese acuerdo lo hiciste tú.

Yo no tuve nada que ver con eso.

- Malagradecido, lo hice por ti,

para sacarte de la cárcel, y sí, estamos en deuda con él,

así que vámonos.

- No, no, no, gata salvaje.

Me da mucha pena contigo, pero en esta oportunidad

no puedes contar con este señor,

porque tengo mis propios planes.

- ¿Sí? ¿Qué piensas hacer?

- Voy a saquear la boda del hijo de Medina

y Margot me va a ayudar.

[Risa sarcástica] Helena: Sí, y ¿cómo lo va a hacer?

- Pues, con mis herramientas de trabajo.

Burke, que a propósito se me quedaron en tu casa.

¿Podrías hacerme el favor de traérmelas?

- Malagradecido descarado.

Max: Usted no puede impedir que yo le haga

la autopsia a su hermano.

La ley me permite investigar, ya que don Hugo murió

sin una razón aparente.

- Está equivocado, doctor, Hugo padecía del corazón.

[Risa sarcástica] - "¿Del corazón?".

Alcides: Sí.

- Qué extraño, recuerdo que usted no sabía

nada cuando le entregué las medicinas

que el doctor Von Sirak,

le enviaba a don Hugo desde Alemania.

- Porque esa misma tarde el mismo Hugo me lo confesó.

Él siempre quiso mantener su enfermedad en secreto.

Usted ya sabe, él era muy orgulloso.

Doctor.

[Suspiro]

Doctor, no haga más doloroso este duelo.

Permítame darle santa sepultura a mi hermano.

Max: Está bien.

¿Qué espera?

¡Llévese a su muerto!

[♪♪♪]

Esther: ¿De qué estás hablando?

¡Tú a nada tienes que ir a casa del doctor Max!

- Úrsula vio que Hugo estaba enfermo.

Y yo tengo que hablar con el doctor Max

porque quiero saber las verdaderas causas

de su muerte, mamá.

- No, no, no tiene caso que te tortures con eso, hija.

- Tú lo que tienes que hacer es irte

con nosotros al velorio a la casa de Hugo.

- No, mamá.

¡No te voy a hacer caso!

¡Porque voy a ir al velorio, pero primero,

tengo que ir a hablar con el doctor Max!

¡Ya, déjame tranquila!

[Gritando] - ¿Por qué siempre tienes que llevar la contraria?

¡Estoy harta de tu desobediencia!

[Gritando] - ¡Déjame en paz!

¿Por qué no puedes entender?

- ¿Qué, qué tienes, hija?

Estás pálida. - Espera.

Lucas: Hija, ¿qué tienes?

¡Hija! Esther: ¡Soledad!

Lucas: ¡Por favor! ¡Hija! Esther: ¡Soledad!

Úrsula, Úrsula, ve pronto, ve rápido,

ve a buscar un médico.

¡Rápido! Lucas: ¡Anda!

Ah, Soledad, hijita.

- Ven.

Soledad.

- Si tu exmujer se fue hace un rato,

entonces, ¿tú dónde estabas, ah?

- Trayendo esto, mira.

Y esto.

- ¿Se puede saber cómo vas a hacer sin entrar

sin que te vean?

- Ah...

Voy a entrar cuando todos estén velando al difunto.

Y ustedes me van a ayudar con el traje que les pedí.

¿Me lo consiguieron?

- Lo único que tengo es esto.

Me lo dejó el hombre bala que vino el año pasado

con el circo.

- Eh, bueno.

- Me lo dejó como garantía.

Y ya ves, nunca volvió.

- No, pero usted sí está loca.

Qué color tan feo.

Y ahí caben tres Burkes.

¿No tienes algo mejorcito?

[Risas]

- Tengo una idea.

[Chasquidos con la boca]

[Risas]

[Relincho de caballo]

[♪♪♪] [Murmullos a lo lejos]

- ¿Qué haces aquí?

Hueles a licor.

- Estuve celebrando nuestro éxito.

Y no pude resistir la tentación de ofrecerte mis condolencias

y ver a tu hermano muerto en ese ataúd.

- Recibidas.

- Con permiso.

Te dije que acabaría contigo,

aunque me hubiera gustado hacerlo

con mis propias manos

y verte suplicar cuando te repitiera

lo que le hiciste a mi hermana.

♪ Mi sufrimiento♪

♪ Es estar solo con el viento. ♪

Es una casa muy linda.

Quizás podrías dármela como parte de nuestro trato.

- Esta casa viviremos Soledad y yo cuando nos casemos.

- Qué optimismo.

¿Todavía crees que esa fiera va a terminar en tus brazos?

[Murmullos a lo lejos]

- En unos días el juez me declarará legítimo heredero

de la fortuna de Hugo,

seré muy rico.

Y convertiré mi sueño en realidad.

Soledad será mi esposa.

Ahora, retírate.

[♪♪♪]

♪ Es así, ♪

♪ Tu sombra no me deja respirar. ♪

♪ ¿Cuánto más tengo que esperar detrás de ti? ♪

Margot: ¡No hagas este espectáculo!

¡Es tímida!

[Mujer suspira]

[Susurrando] - Don Guillermo.

- Sí.

[Ambos murmuran]

Hombre: Hola, mi chula bella.

Cuéntame, ¿eres nueva por acá?

Guillermo: Respete, señor, no seas descarado.

Soy una mujer decente.

Margot: Ajá.

- Entonces, ven tú.

¿Me aceptas un traguito a la barra, por favor?

Guillermo: Eh, no, no.

Margot, por favor, no me vayas a dejar sola.

- Ven, ven,

¿me acepta un traguito a la barra, por favor?

Ven, preciosa.

La vamos a pasar bien. Ven, ven, ven.

Ven. Cantinero, por favor.

- ¡Mamacita!

Hombre: Ven, siéntate.

Esther: Esto ya no me está gustando.

Mi hija lleva demasiado tiempo con ese médico

y no ha dicho nada.

Úrsula, debiste llamar al doctor Max.

- Yo fui y lo llamé, doña Esther,

pero él no quiso venir.

- Tranquilízate, Esther, el doctor Jiménez

es un importante médico de la región.

Esperemos a ver qué nos dice.

Jiménez: Señores, ya pueden pasar.

- ¿Cómo encontró a mi hija, doctor?

¿Está bien?

- Sí, solo se trató de un desmayo.

Es normal en el estado en que se encuentra.

- Es cierto, doctor.

Con todo lo que ha pasado mi hija está muy afectada.

Jiménez: No me refiero solo a eso, señora.

Lo digo porque su hija...

está embarazada.

[♪♪♪]

Esther: ¿Cómo se atreve a decir eso?

¡Mi hija es una muchacha decente!

- ¿Estoy embarazada?

♪ Amor, ♪

Estoy esperando un hijo de Hugo.

♪ ...en lo que me tocó vivir. ♪

♪ Aquel momento te dejé partir. ♪

♪ Amor, perdóname... ♪

[Murmullos] [♪♪♪]

- Sorpresa.

Sí, don Hugo, soy yo, Guillermo Burke,

el que usted echó a balazos cuando fui a cobrarle

lo que me debía.

A ver, salga de ahí.

Sáqueme, sáqueme.

¿Ve esto?

Voy a abrir su bóveda.

Y le aseguro que no me voy a ir con las manos vacía,

no señor.

[Susurrando] Me le voy a llevar toda su fortuna.

Sí, señor, toda su fortuna.

[♪♪♪]

- Nunca dejarás de causarme vergüenza, Soledad.

Expusiste tu relación con ese hombre delante

de todos en el juicio,

y ahora, resulta que estás embarazada de él.

¡Esther! ¡Por favor! ¡No la mortifiques más!

- Hoy mismo voy a hablar con Alcides.

Estoy seguro que él aceptará casarse contigo

para librarte de esa vergüenza.

- Ni se te ocurra, mamá.

Acaba de morir el único hombre que he amado

en mi vida, ¡no pienso casarme con nadie!

- Soledad tiene razón, Esther.

Pensar en un matrimonio ahora es totalmente absurdo.

- ¡No, Lucas!

¡Ella tendrá que hacerlo!

¡Está embarazada,

y no voy a permitir que de nuevo mi hija

esté en boca de toda la ciudad!

- Si eso es lo que te preocupa, yo pienso criar a mi hijo sola,

mamá, ni creas que voy a obligarlos

a que estén conmigo.

- No.

No hables así, hija.

No se trata de eso.

- ¡Claro que sí, papá!

¡Lo único que le importa es su prestigio, su imagen!

¡Lo que yo sienta, lo que yo piense no importa,

no le interesa! - ¡No te permito

que me hables de ese modo!

Lo que hiciste no es para sentirse orgullosa.

- Estás muy equivocada.

Este hijo es lo más hermoso que me quedó de Hugo, mamá.

Y voy a luchar por él contra quien sea,

incluso contra ti si es necesario.

- Pues, entonces, en ese caso,

tendrás que irte de nuestra casa.

Vas a criar a ese...

bastardo lejos de nosotros.

- ¡Basta, Esther, basta!

¡No te permito que te refieras

así al hijo de Soledad!

¡Ni tampoco que me la maltrates de esta forma!

[♪♪♪]

- Hija, entiéndela, por favor.

Tu mamá está pasando por un momento

bastante difícil.

- Qué ironía.

[Suspiro]

En cambio, a mí lo único que me mantiene de pie

es el hijo de Hugo que llevo dentro de mí.

♪ Amor, ♪

♪ Perdona si alguna vez te herí. ♪

Ah.

- Arturo, yo creo que ya nos podemos ir,

Beatriz está más tranquila.

- Madre...

Querida hermanita,

cumplí con mi promesa:

vengué la deshonra que te hicieron.

- ¿Qué quieres decir?

- Madre, los días de Hugo de Medina

llegaron a su fin.

En estos momentos, lo están vengando en su casa.

- Entonces, ¿lo mataste?

- ¡No!

Eso no es posible.

¡Hugo está vivo!

- Escúchame...

- ¡Él está vivo! - No, Beatriz...

- ¡Es mentira lo que dices! - ¡Cálmate!

- ¿Quién eres? - Escúchame...

- ¿Quién te crees que para decir esas cosas?

- ¡Escúchame, cálmate!

- ¿Por qué quieres hacerle daño?

- No, hermanita. - ¿Por qué te quieres

acercar a él? ¡Dime! Mamá de Beatriz: ¡Por favor!

- ...tranquila. Mamá de Beatriz: Alguien

que nos ayude! ¡Vengan, vengan pronto!

- ¡A él no lo vas a matar!

- Escúchame, Beatriz. - ¡Nadie lo va a tocar!

¿Me entiendes?

[Gritos inaudibles] - ¡Beatriz, Basta!

♪ Y te fuiste con ese niñito tonto ♪

♪ Que tú amor te merecía. ♪

♪ Ahora dedico mi vida a acabar con su alegría. ♪

- No sabía que tu hermano tuviera tantos amigos,

y de tantas clases sociales.

- La mayoría son curiosos,

gente morbosa que no cree que Hugo ha muerto

y viene a comprobarlo con sus propios ojos.

Pensé que vendría con Soledad y don Lucas.

- Soledad...

precisamente tengo que hablar con ella.

Es algo muy delicado.

¿Podemos hablar en privado?

- Venga por aquí, por favor.

[Murmullos]

[♪♪♪]

Soledad embarazada.

- Sí.

El doctor Jiménez lo conformó hace un rato.

¿Sabes lo que eso significa?

- Doña Esther, un hijo concebido

fuera del matrimonio

siempre será motivo de vergüenza,

y más aún, cuando se trata de una familia distinguida.

Una familia como, como la de ustedes.

- Es terrible.

Por eso quiero hablar contigo.

Tienes que ayudarnos.

- ¿Cómo?

Usted me acaba de decir que ella

no se quiere casar conmigo.

- Voy a serte muy sincera:

no se trata solamente del embarazo de Soledad,

hay algo peor.

[Suspiro]

- ¿Peor aún?

- Lucas está en la quiebra.

Le debe mucho dinero al prestamista ese,

al tal Manrique.

Solo por eso acepté

ese ridículo matrimonio con Hugo.

- Esther...

- Él era nuestra salvación.

Pero ahora, que él está muerto,

vamos a perderlo todo.

Necesitamos tu ayuda.

- Doña Esther, usted me conoce,

sabe que les puedo colaborar con el dinero

que sea necesario cuando yo reciba

la herencia de Hugo,

pero...

- No, eso no tienes ni que mencionarlo, Alcides.

Si tú nos ayudas,

yo me encargo de convencer a Soledad

para que se case contigo.

Eso te lo puedo asegurar.

[♪♪♪]

♪ Te la llevas de mi vida. ♪

♪ Los dos pagarán, ♪

♪ Los dos sufrirán. ♪

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