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Alcides: ¡Abran!
¡Sáquenme de aquí!
¡Mi hermano Hugo escapó!
¡Sáquenme de aquí!
Mi hermano Hugo escapó.
Abra la puerta inmediatamente.
- Deje el escándalo, don Hugo.
Si lo que pretende es llamar la atención,
con eso no va a conseguir nada.
- No soy Hugo, imbécil, soy Alcides.
Hugo me golpeó y se puso mi ropa.
Se está haciendo pasar por mí.
¡Abra esta puerta inmediatamente!
- Já, debo reconocer
que usted es un hombre muy astuto, señor de Medina.
Pero no me crea tan idiota como para creerle esa historia.
- Que no estoy mintiendo.
Le ordeno que abra esta puerta inmediata...
- Usted aquí no da órdenes, señor.
Y, si no quiere que lo llevemos a la celda de castigos,
es mejor que se calle de una vez por...
- ¡Abra la puerta! ¡Abra la puerta!
♪ Estoy cansado de suplicar. ♪
Hugo: Tenemos que rescatar a Soledad
antes que la policía se dé cuenta que escapé
y comiencen a buscarme.
- Con su escape van a creer aún todavía más, señor,
que usted es culpable
de lo que le sucedió a la señorita de Linares.
- Pero no vamos a quedarnos de brazos cruzados,
sabiendo que Linares tiene secuestrada a Soledad.
- ¿Usted insiste en que él tiene algo que ver, señor?
- No, no insisto, Boris, estoy convencido.
¿Hiciste lo que te pedí?
- Úrsula y Marina
están cuidando la casa de don Arturo, señor.
- Bueno.
Date prisa, que no tenemos mucho tiempo.
Guillermo: ¡Camine, camine, camine!
No tengo todo el tiempo del mundo, señor Linares.
Regréseme a mi Helena Burke.
No me obligue a hacer algo de lo que me pueda arrepentir.
- Burke, no seas idiota.
Si se te perdió tu mujer, búscala en otra parte.
Guillermo: No.
Ella me dijo que venía a hablar con usted.
¿Dónde está? ¿Qué le hizo?
- Por tu bien, Guillermo Burke,
baja ese revólver, que no te tengo miedo.
- Yo tampoco le tengo miedo, señor Linares.
O me regresa a mi mujer, o no respondo.
- Arturo, dale a este hombre lo que pide.
- A ver, cobarde, dispara.
Vamos, dispara.
[Música cómica]
- Eh, permiso.
- No, Fabio, no dispares.
Ve por él y tráelo acá.
[Música de suspenso]
Lucas: Señor inspector, usted tiene que hacer algo.
Nuestra hija ha desaparecido desde esta mañana
y creemos que algo grave le ha tenido que suceder.
Alcides: ¡Abran! ¡Abran!
¡Abran! ¿Que no me escuchan?
¡Abran! - ¡Agente!
¿Qué pasa? ¿Por qué el escándalo?
- Eh, se trata de don Hugo de Medina, inspector.
Quiere pasarse de listo diciendo que él es don Alcides.
- Pero ¿qué absurdo es ese?
- Según él, cuando estuvieron en la celda, se pelearon,
y don Hugo se cambió por él.
- Ese hombre está loco
si cree que somos tan torpes como para creerle.
Retírese, agente.
- Inspector, ¿podemos ver a ese hombre?
- ¿Para qué, Esther?
Ahora lo único que nos interesa es salvar a Soledad.
- Recuerda que fue muy extraño
que Alcides no se detuviera a hablarnos en la entrada.
Inspector, ¿podemos ir a ver a Hugo de Medina?
Tal vez él sabe algo de mi hija.
- ¡Permiso!
[Música cómica]
¡Margotita! ¡Margot bendita! Ayúdame, escóndeme.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- ¡Me están persiguiendo para matarme!
Me estoy jugando el pellejo.
Margot: ¡Uy! ¿En qué lío me vas a meter, Guillermo?
Hola, guapo.
- Estoy buscando a Burke. ¿Lo has visto?
Margot: ¿Burke? No.
Yo estoy sola.
Sola y de verdad necesito compañía.
¿No quieres quedarte conmigo un rato?
[Chasca la lengua]
- Tal vez después, ahora tengo cosas que hacer.
- ¡Ay! Es una lástima.
[Música de suspenso]
Ya se fue.
- Te debo una, mi Margotita. Te debo una.
Ton, ton, ton, ton, ton, te salvaste, matón.
Soledad: Para poder salir de aquí tenemos que unirnos.
Helena: ¿Unirnos?
Si no fuera por usted, yo no estaría aquí.
Ah... Ay, lo logré.
- ¿Qué? ¿Qué pasó?
Helena: ¿Usted cree que yo me iba
a venir a hablar con esta gente sin nada entre mis manos? No.
Tengo un cuchillo, lo traía entre mis medias.
- Estamos salvadas.
- Doña Esther, don Lucas, yo soy Alcides.
Soy Alcides, doña Esther.
Hugo me golpeó y se hizo pasar por mí para escapar de aquí.
- A otro con ese cuento, Hugo.
No vamos a caer en la trampa.
- Don Lucas...
El bebedizo.
Le entregué una medicina para dormir a Soledad,
¿lo recuerda?
Anoche se la di con mis propias manos.
- Es verdad. ¡Dios santo!
Alcides: Claro que es verdad.
- Alcides... - Soy yo, doña Esther.
- ¡Guardia, guardia!
- Don Lucas...
- Dejen salir a este hombre, él es Alcides de Medina.
Inspector, yo puedo dar fe de lo que estoy diciendo.
Abra la puerta y déjelo salir.
- Lo siento, señora Esther.
Este hombre solo puede salir cuando el juez así lo decida.
Agente, ábrales a los señores y acompáñelos a la puerta.
- Por Dios, inspector, escúchelos.
- Están cometiendo
un grave error. - Escúchelos.
- Lucas, haz algo, por favor. Alcides: Don Lucas.
Lucas: Tranquilízate. Tranquilízate, Esther.
No es la forma de convencer a esta gente. No es la forma.
- Por Dios, don Lucas. - Vamos.
- Doña Esther, no me puede dejar aquí,
por favor. - Tranquilo.
- Por favor, haga lo posible por sacarme de aquí.
Doña Esther...
- Puede gritar todo lo que quiera,
pero su truco no le va a funcionar.
- Duarte, por Dios, espere un momento.
Está bien, soy Hugo de Medina.
Pero, por favor, traiga al juez Roldán.
- No veo para qué quiere hablar con él.
- Para confesar, pero tráigalo ahora mismo.
[Música tensa]
- Se desapareció, señor.
Le juro que estábamos a punto de atraparlo y...
no sé, de un momento a otro se nos esfumó.
Por Burke no se preocupe,
que yo mismo me voy a encargar de encontrarlo.
- No, tengo a su mujer en mis manos,
eso me va a servir para darle un escarmiento.
Mátala.
Que le quede muy claro que con mi familia
nadie se mete.
- Sí, señor.
- Ahora vuelve al campamento, vigila que todo esté en orden.
No sea que Soledad también nos dé una sorpresa.
Gladys: ¿En qué andas metido, Arturo?
Quiero que me cuentes todo ahora mismo.
- No podemos irnos, Lucas, Hugo de Medina huyó
y la policía ni siquiera se ha enterado.
- En vez de ponerte a discutir, Esther,
debiste hablar con el inspector y convencerlo.
- No va a ser necesario, señor Obregón.
Don Hugo ya recapacitó y aceptó
que solo estaba haciendo teatro para poder salir.
- ¿Qué dice, inspector?
- Lo que oye, señora.
Hugo de Medina decidió confesar,
así que voy a avisarle al juez.
Ah, y no se preocupen, voy a organizar
un grupo de agentes para que busquen a su hija.
Permiso.
- No entiendo, estoy segura que él es Alcides.
- Yo tampoco entiendo, Esther. Ahora ya no hay nada que hacer.
Lo más importante es regresar a casa
para saber si ya llegó Soledad.
- ¿Ya?
[Ríe]
Helena: Libre, libre. Soledad: ¿Sí?
¡Qué bien! ¡Bien! Bien hecho, bien hecho.
Ya, OK , gracias, sí.
[Ríe]
- Nos vemos, chula.
- ¿Qué?
¿No pensarás dejarme aquí?
- ¿Tú crees que yo te voy a liberar?
No, eso sería como...
soltar la gallina de los huevos de oro.
Tú me sirves más encerrada que libre.
Chao. - Pero yo te salvé la vida.
No, tú misma dijiste que estabas en deuda conmigo,
así que este es el momento para pagármela.
¡Suéltame!
- Hugo de Medina me dará una buena cantidad del dinero
por saber que estás aquí.
Sh, sh.
- Ya. Sí, sí.
[Música tensa]
Helena...
¡Helena, no me dejes aquí!
[Música tensa]
- Soledad de Obregón es el punto más débil
que tiene Hugo de Medina, por eso la encerré.
Y si no llegan a condenarlo a la horca,
haré justicia a mi manera.
Gladys: Hiciste muy bien, hijo, muy bien.
- Pensé que te molestaría.
- Lo que hizo Hugo de Medina con mi hija tiene que pagarlo.
- Madre.
[Música de suspenso]
Yo sé que lo que estoy haciendo es peligroso.
Puedo terminar en la cárcel, madre, puedo...
morir.
Pero quiero que sepas que estoy dispuesto
a llegar hasta las últimas consecuencias.
- Don Alcides.
- Boris, ¿qué haces?
- Tranquilas, es don Hugo, luego les explico.
- ¿Están seguras que Arturo está en su casa?
- Sí, patrón.
Entró hace un momento con una señora mayor.
- Muy bien.
Ustedes ya hicieron suficiente, ahora Boris las llevará a casa.
- Don Hugo, por favor, déjeme quedarme con usted.
Yo puedo serle útil y no me voy a quedar tranquila
hasta que la señorita Soledad esté bien.
- De eso me encargo yo, Úrsula.
Boris.
- Ya oyeron, es una orden. Suban al carruaje.
- Con su permiso.
- Don Hugo, ¿está seguro que quiere
hacer usted esto solo?
Hugo: Sí.
- Permiso.
[Música tensa]
- Usted dijo que iba a confesar
en cuanto el juez estuviera aquí.
Así que, puede empezar a hablar ahora mismo.
- ¡Duarte!
Le exijo que me deje hablar a solas con el juez.
Solo voy a hablar en privado.
- Usted no está en condiciones de exigir nada.
Y mucho menos después de lo que acaba de hacer.
Sacó a golpes a su hermano de aquí.
No pretenda que lo deje a solas con el juez Roldán.
- Solo voy a abrir la boca si me deja a solas con el juez.
Solo así voy a hablar.
Y le aseguro que lo que tengo que decirle
le va a interesar mucho.
- Haga lo que le pide, Duarte.
Y que un guardia permanezca alerta, en el pasillo.
Alcides: ¡Váyase!
Juez: Duarte.
[Música tensa]
Ya me contaron todo el escándalo que armaste, Hugo.
Y déjame advertirte que, aunque eres mi amigo,
no te servirá de nada que juegues conmigo.
No te voy a dejar salir de aquí
porque me digas que eres Alcides.
- Imagino que le dio buen uso
al dinero que di en el callejón.
- ¡Ay, por Dios!
Si usted está aquí, ¿dónde diablos está su hermano?
- Yo creo saber dónde está y puedo ayudarle a encontrarlo.
- Tenemos que hablar.
- No me digas que no pudiste comprar al juez
para condenar a tu hermano.
- ¿Al juez?
Claro que sí, es un hecho.
- Entonces, ¿qué quieres?
- Necesito hablar con Soledad cuanto antes.
♪ Quisiera acercarme a ti, pero me frena una razón ♪
♪ oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame, despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos ♪
♪ sin saber si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. No. ♪
♪ No... ♪
♪ Bésame hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- Lamento mucho
que se haya presentado esta equivocación, don Alcides.
- Son unos perfectos inútiles.
- Duarte, llame a todos sus hombres.
Tenemos que concentrar nuestros refuerzos
para recapturar a Hugo de Medina.
Inspector: Eso no será posible, señor juez.
Los esposos de Obregón estuvieron hace un rato aquí
denunciando la desaparición de su hija Soledad.
Tuve que disponer un grupo de mis hombres
para que la buscaran.
- ¿Soledad está desaparecida? ¿Y qué pasó?
- Yo no le prestaría atención a eso.
Seguramente anda por ahí deprimida
por ver a Hugo acusado de abusar de Beatriz.
- Tal vez fue raptada.
- En ese caso, tenemos que dividirnos.
Duarte, encárguese usted de Soledad de Obregón.
Yo dirijo la búsqueda de Hugo de Medina.
- Pero, señor juez, eso no le corresponde a usted.
- Maldita sea, Duarte. Hágame caso.
- Sí, señor.
- Alcides, ¿qué es lo que hay detrás de todo esto?
- Confórmese con saber que le voy a entregar a Hugo
para que en el juicio
se encargue de mandarlo a la horca.
- Sabes perfectamente dónde está Soledad,
¿por qué vienes a buscarla aquí?
- Porque no quiero pasar por encima de ti.
Somos socios, ¿no?
- ¿Socios?
Parece que no soy un socio en el que confíes mucho.
Alcides, hicimos un trato.
Te dije que no le voy a hacer daño.
Claro, siempre y cuando tú cumplas tu parte
y el juez condene a tu hermano.
- Por eso no te preocupes.
A Hugo le esperan muchos años de cárcel.
- A mí no me interesa la cárcel.
Dijiste que el juez lo iba a colgar.
- Y así será.
Hugo se va a retorcer en la horca.
Ahora acompáñame donde esta Soledad,
que quiero asegurarme que está bien.
¿O hay algún problema?
[Música tensa]
Lucas: No, Soledad no llega todavía.
Esther: Tenía la esperanza de que hubiera regresado.
¿Qué vamos a hacer, Lucas?
- Lo que teníamos que hacer ya lo hicimos.
Ahora, esperar a que la policía la encuentre.
- Me voy a recostar un rato.
- Ve, ve. Tranquila.
[Tocan la puerta]
¿Soledad?
Es Soledad.
[Música tensa]
- Don Lucas de Obregón.
Tenemos que hablar.
- Por favor, Manrique, hablemos afuera.
- Don Hugo y don Arturo juntos.
Boris, tenemos que seguirlos.
No podemos dejar al patrón solo con ese señor.
- Qué terca eres, Úrsula.
¿No escuchaste que don Hugo nos ordenó
que nos regresáramos a la casa?
- Pero don Arturo de Linares tiene fama de ser peligroso.
No sabemos lo que le puede hacer a don Hugo.
- Ya te dijeron que no, Úrsula. Boris: ¡Silencio!
Aquí hacemos lo que yo diga.
¡Arre!
[Música tensa]
Lucas: Manrique, le dije que no se apareciera por mi casa.
No acostumbro a tratar mis negocios aquí.
- Vine por mi dinero, Lucas.
Tú quedaste de pasar por mi oficina
a cancelarme los intereses de la deuda y eso no ha pasado.
- He tenido algunos inconvenientes.
Mi hija desapareció.
Pero te aseguro que tan pronto lo solucione iré a verlos.
Ahora váyanse.
- ¿Te crees que puedes jugar conmigo?
Llevas tres meses sin cancelarme nada de la deuda.
- ¿Ese no es Aníbal Manrique?
¿Qué hace Lucas hablando con ese hombre?
- No me presione, Manrique.
Usted me está cobrando intereses muy altos.
No ha sido fácil conseguir el dinero.
[Ríe]
- Ese no es mi problema, Lucas.
Tú aceptaste las condiciones, ahora tienes que cumplirlas.
- Lo haré, pero necesito tiempo.
[Ríe]
- ¿Más? Tú me estás viendo la cara de idiota, ¿o qué?
Suéltame.
- Claro que no, Manrique.
Las cosas no me han salido como yo esperaba.
Usted es un hombre de negocios y sabe que eso pasa a veces.
- Estás al borde de la quiebra, Lucas.
Y si no me pagas,
voy a tener que tomar medidas más...
drásticas.
[Golpes y quejidos]
[Música tensa]
- No había necesidad de esto, Manrique.
- Es solo una pequeña muestra de lo que te puede pasar
si no me pagas la totalidad de la deuda, Lucas.
Ah, y mírame, mírame.
No quiero más excusas. Vamos.
[Música tensa]
Esther: ¡Lucas!
Dios mío.
Lucas, ¿estás bien?
- Ay, lo logré.
Ay, ya estoy aquí. No lo puedo creer.
No lo puedo creer.
Ay, bueno, y será mejor que me tome algo porque...
tengo que tomar valor
para enfrentar a Hugo de Medina.
[Música de intriga]
- Duro y muy triste, Margotita, todo lo que te ha pasado.
Recibe mi respaldo,
mi solidaridad, mi reina Margot.
- ¡No lo puedo creer!
Tú aquí divirtiéndote con esta golfa
y yo en peligro de muerte.
No lo puedo creer. - Gatita, no es lo que crees.
Por favor, cálmate. ¡Ay, no!
- ¡Es el colmo!
[Golpes y gritos]
Guillermo: ¡Ya, ya, ya! Ya, ya, paz, paren. ¡Paz!
¡Que haya paz, respeto para los parroquianos, señoras!
Por favor.
Por favor, todo el mundo tranquilo,
siga en lo que estaba.
Eh, los tragos a cuenta de Fulgencio,
aquí el tabernero.
[Clientes vitorean]
- ¿Cómo que la mujer de Burke escapó?
- No sé, al parecer...
Raimundo se descuidó y se voló.
No fue mi culpa, señor.
- No me importa culpa de quién fue.
Esa mujer nos puede delatar.
Tenemos que irnos de aquí.
Levanten todo y traigan a Soledad de una vez.
- Primero tengo que verla,
no vine aquí para perder el tiempo.
- Acompáñalo, Fabio,
que se cerciore de que la muchacha está bien
y, cuando estén adentro, a ella le quitas la venda.
- Don Arturo, pero lo va a reconocer.
- Precisamente.
Tengo una sospecha y quiero saber qué pasa.
Fabio: Sí, señor. Vamos.
[Música de suspenso]
Tienes visita, mujer.
[Música tensa]
[♪♪♪]
Esther: Estás loco.
¿Cómo pudiste hacer negocios con ese hombre?
Es un salvaje. Mira cómo te golpeó.
- No tuve otra opción, Esther.
Los negocios cada vez van peor,
y el único que me prestó fue Manrique.
- Pero ¿de qué estás hablando?
Nosotros tenemos el mismo estilo de vida.
Tus negocios no pueden ir mal.
- Lo siento, Esther.
He tratado de mantener esta mentira
para que tú no sufras, pero... - ¡No lo digas!
- Esther, perdóname.
Estamos al borde de la quiebra.
- ¡Dios! ¿Qué pesadilla es esta?
Nuestra hija está desaparecida,
somos el hazmerreír de toda la ciudad
y ahora resulta que estamos en la quiebra.
- Esther, no es momento de lamentarnos, por favor.
Ahora lo único que tenemos que hacer es
conseguir el dinero de Manrique como sea,
o de lo contrario...
- ¿De lo contrario qué?
- Ese miserable no se anda por las ramas.
Si no le consigo el dinero,
vamos a estar en problemas muy serios.
Muy serios.
- Eres un desgraciado, Alcides.
Así que tú estás detrás de todo esto. ¿Cómo pudiste?
Hugo: ¿Quién te dijo que le quitaras la venda?
Fabio: Yo solo cumplo órdenes.
- Déjanos solos.
- Pero no se pueden demorar, porque nos tenemos que ir.
[Música de suspenso]
- Soledad yo soy...
- No tienes que decir nada.
Sé quién eres.
[Música romántica]
Hugo, mi amor.
Mi amor, ¿cómo hiciste para llegar hasta acá?
¿Qué hiciste? Hugo: Eso no importa ahora.
Tenemos que salir de aquí.
[Música romántica]
Helena: No quiero verte ni un minuto más en esta casa.
Te largas ya, Guillermo. Te largas ya.
- Ya, Helena, por favor, cálmate.
Me estás arrugando la ropa.
Yo no estaba allá en esa taberna por gusto,
por supervivencia.
Me estaba escondiendo de Fabio que me quería matar.
- No te creo una sola palabra de lo que estás diciendo.
Eres un cínico, descarado.
- No, señora. Yo fui a rescatarte.
Tú no parecías y fui a buscarte.
Y me tuve que enfrentar solo con don Arturo de Linares
con ese viejo revólver que encontré allá en el baúl.
[Ríe]
- No te creo una sola sílaba de lo que estás diciendo.
Te me largas, te me largas de acá.
Tú, tú que siempre te gastas todo el dinero con,
con mujerzuelas de la vida alegre.
No, no, señor.
- Te equivocas, Helena Burke.
Te equivocas, porque esta vez
no tuve que pagarle nada a Margot.
- ¡Te largas de mi casa si no quieres que te saque a patadas!
- Gatita, por favor, cálmate, cálmate.
Te lo suplico. Te suplico.
Por lo menos déjame quedarme hasta mañana
mientras consigo un lugar decente donde quedarme,
por favor.
- Los hombres de Arturo deben de estar afuera.
¿Y cómo vamos a salir?
- Deben estar entretenidos recogiendo el campamento.
- Ya.
- Es el momento perfecto para escapar, Soledad.
- Sí.
Hugo: Tú vas primero.
- No, no, no. Yo sin ti no me voy a ir.
- Soledad, ¿confías en mí?
[Música romántica]
Arturo: Fabio.
Fabio: Don Arturo.
Arturo: ¿Qué estás haciendo aquí?
¿No te pedí que vigilaras a Alcides?
- Pero él me pidió que lo dejáramos
a solas con la prisionera.
- ¿A solas?
- Sí.
[Música tensa]
[Música de suspenso]
Arturo: ¿Qué es lo que crees que estás haciendo?
- No lo intentes.
- Ya sospechaba que no eras Alcides.
¿Cómo hiciste para escapar de la cárcel?
- Date la vuelta.
- Ni creas que podrás escapar de mis hombres.
[Música tensa]
- La muy distinguida señora, doña Esther de Obregón.
Qué gusto tenerte por acá.
- No me tutee, señor, que no nos conocemos.
Vine a pagarle la deuda de mi esposo.
Y a advertirle que si le vuelve a colocar una mano encima,
seré yo misma quien lo denuncie.
- No trates de amedrentarme, vieja estúpida.
No lo harías jamás.
te morirías de la vergüenza si todo el mundo se enterara
de que le he prestado dinero a una familia tan distinguida.
- No vine a discutir con usted.
Vine a traerle estas joyas.
Esto será suficiente para cancelar la deuda.
- Lo siento, señora,
pero con esto ni siquiera alcanza a cubrir los intereses
de la deuda que tiene su marido conmigo.
- ¿De qué está hablando?
Esas joyas cuestan mucho dinero.
- Y lo que le di a tu esposo también es mucho dinero.
Pero está bien, las recibo como parte de pago.
Pero dile a Lucas que lo espero con el saldo total de la deuda.
O de lo contrario voy a... - ¡No se atreva a amenazarme!
No le voy a permitir... - ¿Qué, señora?
¿Qué?
En este momento,
soy el propietario de todos tus bienes.
Entonces, dime,
¿qué es lo que no me vas a permitir?
¿Ah?
- ¿Don Arturo?
[Gemido]
¡Don Arturo!
- Desátame. Escaparon, hay que alcanzarlos, rápido.
¡Rápido!
[Música tensa]
- Espera. Espérate. Espera. No tengo aire. Espera.
- Haz un esfuerzo, amor mío.
Anda, haz un esfuerzo, tenemos que salir de aquí.
- Mi amor, yo sabía que Arturo
algo tenía que ver en todo esto.
Pero, pero Alcides, ¿por qué le está ayudando?
No entiendo.
- Luego te explico.
Ahora tenemos que salir de aquí, anda, vamos, vamos.
Soledad: Ay, mira. Ay, mira.
Unos policías y el juez Roldán, vamos...
- No, no, no, no, no. No pueden vernos.
Soledad: Mi amor, vinieron a buscarnos.
- La policía no puede vernos, Soledad.
- ¿Por qué?
- Porque me andan buscando a mí.
Yo me escapé de la cárcel para rescatarte a ti.
Y me acusaron formalmente de haber abusado de Beatriz.
- Bueno, no importa, mi amor. No importa.
Con más razón yo tengo que hablar con ellos.
Yo tengo que aclarar todo esto. Tengo que decirles
que pasé la noche contigo. Hugo: No, no, no.
No lo hagas. Soledad: Hugo.
- No lo hagas.
Alcides: Yo opino lo mismo, Soledad.
Eso sería un grave error.
♪ Estoy cansado de suplicar. ♪
♪Y ahora que encontré el amor de una mujer... ♪
- Suelta el arma, con cuidado.
No vayas a intentar nada.
[Música tensa]
- Te tenía en una idea errada, Alcides.
Yo nunca me imaginé que tu obsesión hacia mí
te llevara a ser cómplice de Arturo.
- Estás equivocada, Soledad.
Las cosas no son como te imaginas.
- Ah, ¿no son como me las imagino?
¿Entonces, cómo son?
Porque para mí están muy claras.
¡Tú le ayudaste a Arturo para que me secuestrara!
- Arturo planeó todo esto él solo,
yo no tengo nada que ver.
Yo lo enfrenté. ¿Y sabes lo que me confesó?
Que él te capturó para vengarse de Hugo,
por lo que él le hizo a Beatriz.
- Pero eso no es así, Alcides. Tú sabes que eso no es verdad.
- No tiene ningún sentido
que le des explicaciones, amor mío.
Alcides.
Alcides, dejemos a Soledad fuera de todo esto.
Arreglemos las cosas entre tú y yo a solas.
- Arreglemos las cosas, hermano.
¿Sabes lo que deberías de hacer?
Entregarte a las autoridades si quieres salvar a Soledad.
Entregarte y declararte culpable.
De lo contrario, Arturo la va a matar
por lo que le hiciste a Beatriz.
Soledad, créeme que lo siento mucho.
Tengo que entregar a mi hermano para salvar tu vida.
Policía: ¡Vamos, deben estar por aquí!
- Alcides, Alcides, piénsalo. Todavía estás a tiempo.
- Aquí está, ya lo encontré.
- Huye, Soledad.
Soledad: ¿Qué? - Huye.
Huye, mi amor, yo te alcanzo luego. ¡Huye!
- Eres un traidor, Alcides.
- Quieto, Hugo de Medina. Suelte ese revólver.
¡Suéltelo!
Las manos arriba.
Soledad: ¡Hugo! - Llévenselo.
- ¡No, suéltenlo! ¡Suelten! ¿Qué están haciendo?
¡Déjenlo! Juez: ¡Llévenselo!
Policía: Vamos, vamos.
- Lo siento, Soledad, pero en este momento
Hugo de Medina es un fugitivo de la justicia.
- No, no. Señor juez, usted tiene que escucharme.
- Nosotros nos vamos, señor juez.
Soledad está muy alterada, necesita descansar.
- No, déjame. ¡Ay!
- Ella necesita descansar.
- Un momento.
Yo escuché que te daban por desaparecida.
- No lo estaba, señor juez. No estaba desaparecida.
Vino aquí a encontrarse con Hugo
para escapar de la ciudad.
- ¡Eso no es cierto!
Eso no es verdad... - Amor, ya vas a tener
tiempo de hablar con el señor juez.
Él ahora se tiene que ocupar de Hugo.
Usted quédese tranquilo, que yo voy a cuidar a Soledad.
- No. No, déjame.
- Me tenías preocupado, Esther.
¿Dónde estabas?
- Estaba donde Manrique
llevándole las joyas de la familia
para pagar tu deuda.
Pero ese hombre es un delincuente.
- ¿Te hizo algo ese miserable?
- No, no me hizo nada, pero me amenazó.
Si no le pagamos, nos va a quitar todo.
- Y ahora...
- Ahora ese hombre nos va a matar.
Si no le pagamos, ese hombre es capaz de matarnos.
- Siempre pensé que eras un hombre honorable, Roldán.
¿Cómo terminaste metido en todo esto?
- No sé de qué estás hablando.
- Me hice pasar por Alcides, sé que él te compró.
- Lo lamento, Hugo.
Tengo la soga al cuello.
Tu hermano sabe cosas muy delicadas
de mi vida privada y me va a destruir
si no te condeno.
- Estamos listos, señor,
podemos irnos cuando usted diga.
[Música de intriga]
Listos, vamos.
- Ya, ¡suéltame!
Yo no te tengo miedo, Alcides.
Y así me cueste la vida,
no voy a permitir que encierren a Hugo
por un crimen que no hizo.
- ¿Hasta cuándo vas a defenderlo, Soledad?
¿Hasta cuándo?
¿No acabas de darte cuenta de la clase de hombre que es?
No te conviene.
Fabio: Quieto ahí, Hugo de Medina.
- No soy Hugo, imbécil, soy Alcides.
A Hugo lo está llevando la policía
en este momento a la ciudad.
- Tienes razón. Su ropa no es la misma.
Bueno, si usted es don Alcides,
no creo que tenga ningún inconveniente en que me lleve
a la señorita.
Vamos, vamos. Soledad: No, no.
- Mucho cuidado.
Ten mucho cuidado. La tratas con cuidado.
- Tranquilo, no se le olvide que estamos del mismo lado.
- Por favor, déjenme hablar con Arturo.
Yo sé que ustedes trabajan para él.
- No sé de qué me habla, señorita.
- ¡Ay! - Vamos.
- Haz que tus hombres la traten con cuidado, Arturo.
- Tenemos un trato,
si Hugo de Medina es condenado a la horca,
ella saldrá libre.
Si no, tendrá que pagar las consecuencias.
[Música tensa]
[♪♪♪]
Esther: ¿Arturo de Linares tiene retenida a mi hija?
Pero qué cosa tan horrible estás diciendo.
- Doña Esther, él...
él me pidió que les hiciera llegar ese mensaje.
No, no dejará ir a Soledad
hasta que Hugo acepte su culpa y sea condenado.
- Miserable. Hay que dar aviso a la policía.
- No, Lucas. Alcides: Don Lucas.
- Si lo hacemos, ese hombre puede lastimar a nuestra hija.
- Doña Esther tiene razón.
Arturo de Linares está enceguecido
por el daño que Hugo le hizo a su hermana.
Yo, en contra de mi voluntad,
les aconsejo que no lo provoquen.
- Y, entonces, ¿cuál es tu propuesta, Alcides?
Se trata de la vida de mi hija
y no pienso dejarla en manos de Arturo de Linares.
- Por supuesto que no, señor.
Por supuesto que no. Pero hay una manera de ayudar a Soledad.
Si doña Esther declara
en contra de Hugo durante el juicio.
- ¿Yo? - Sí.
Recuerde, usted conversó con Beatriz durante la fiesta.
Ella le contó sobre el romance que sostuvo con Hugo.
Ese testimonio
podría servir para declarar a Hugo culpable
y que se haga justicia.
- No. No, no, no, Alcides. Alcides: Don Lucas.
- A nosotros no nos consta que Hugo de Medina
haya abusado de esa muchacha.
- Cállate, Lucas. Alcides: Don Lucas.
- Soy capaz de hacer lo que sea necesario
para ayudar a mi hija.
Dile al fiscal que voy a declarar en el juicio.
[Murmullos]
Juez: Silencio.
¡Silencio!
- Señor juez, me permito presentarme.
Soy el fiscal asignado para acusar
al señor Hugo de Medina
de haber abusado sexualmente
de la señorita Beatriz de Linares.
[Música tensa]
- ¡Silencio!
Este juicio está por comenzar.
Que el acusado se ponga de pie.
Señor Hugo de Medina, ¿quién será su abogado?
- Señor juez, yo me encargaré de defenderme
de los cargos en mi contra.
[Música tensa]
Arturo: Ya sabes, Fabio, no le quites los ojos de encima.
El juicio está por comenzar y yo tengo que estar ahí.
- No se preocupe, don Arturo, que yo mismo la voy a vigilar.
- Más te vale. Vamos, José. - Sí, señor.
- Este es el momento, voy a entrar.
Estén atentas a mi señal.
Úrsula: Sí, señor.
[Música de suspenso]
Marina: Listo.
[Música de suspenso]
[Disparo]
- ¿Qué fue eso, Fabio?
- No sé. Vayan a ver qué pasa.
Yo me quedo con la prisionera.
Hombre: Vamos.
[Música de suspenso]
Boris: Tranquilícese.
Tranquilícese, señorita Soledad.
- ¡No!, déjeme. - Tranquila, soy yo.
Soy yo, Boris.
- ¿Boris? Boris. Oí un disparo.
- Sí, sí, señorita. Vine a rescatarla.
- Suéltame, que tengo que llegar al juzgado
para ayudar a Hugo.
Antes de que lo condenen.
- Señorita, vine a rescatarla,
pero no creo que don Hugo esté de acuerdo en que usted
se presente a declarar a su favor.
- Necesito que me ayudes a encontrar unas personas.
¡Ya sé!
ya sé cómo podemos ayudar
a demostrar la inocencia de Hugo.
Vamos.
Arturo: ¿Fabio? ¡Fabio!
¿Qué pasó?
No puede ser, ¡escapó!
¡Idiotas!
- ¿Qué pasó, don Arturo?
Arturo: ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¡Soledad escapó!
¡Traigan sus caballos!
¿Dónde está esa mujer?
Esa mujer no debe llegar al juzgado.
¡Encuéntrenla, vamos, moviéndose!
- ¡Muévase!
Arturo: ¡Rápido!
no era una buena persona.
Que estaba utilizando a mi hija
para quitarse de encima su imagen de libertino.
- Imagen de libertino.
- Todo era un sucio plan.
Es más,
Beatriz me aseguró que ellos seguían siendo amantes.
[Murmullos]
Juez: Silencio.
¡Silencio!
Continúe, señor fiscal.
- Si todo lo que ha dicho es verdad,
¿por qué, entonces, permitió
que se comprometiera su hija con Hugo de Medina?
Esther: Yo no permití tal cosa.
Hugo de Medina tuvo el atrevimiento
de hacer ese anuncio del compromiso con mi hija
sin contar con nuestra aceptación.
- Este testimonio, señor juez,
corrobora la declaración que bajo hipnosis
rindió la señorita Beatriz de Linares.
El acusado...
quería evitar que se evidenciara
su relación clandestina,
por eso quiso castigar a Beatriz
cuando ella lo amenazó.
Por lo tanto, en nombre de la justicia,
le pido, señor juez,
que declare a Hugo de Medina
culpable.
Hombre: ¡Sí, culpable!
[Todos hablan]
[Música de suspenso]
Soledad: Vengan, escóndanse.
Llegaron antes que nosotros.
Seguramente acortaron camino por algún lado.
Úrsula: Pero ¿qué hacemos?
Esos matones tienen cara de estar dispuestos a todo.
- Yo también.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué te demoraste tanto?
- Tuve un pequeño problema, pero ya está bajo control.
- Hola, mi amor. Tiempo sin verte.
- ¿Estás hablando conmigo?
- ¿Con quién más, precioso?
No me digas que no te acuerdes de mí.
- La verdad es que tengo mala memoria,
pero si me ayudas, podemos estarlo pasando...
[Música tensa]
- Perfecto.
Tenemos que quitarle...
- Eh, eh, tranquila,
encontré a las personas que me dijo.
¿Qué está...? ¿Qué están pensando hacer?
- Los hombres de Arturo están rodeando el lugar,
pero yo creo que con la ayuda de este señor
vamos a poder entrar.
- Por lo que veo,
llegué a tiempo para ver a Hugo de Medina
camino a la horca.
Juez: Silencio, silencio.
Ahora es el turno para que hable la defensa.
Lo escuchamos, señor de Medina.
- ¿Sabes lo que deberías de hacer?
Entregarte a las autoridades si quieres salvar a Soledad.
De lo contrario, Arturo la va a matar
por lo que le hiciste a Beatriz.
Juez: Señor de Medina, estamos esperando.
- Su señoría,
he decidido que no voy a defenderme.
Soy culpable del cargo que se me acusa.
[Murmullos]
- Esta vez no tendrá escapatoria.
Juez: ¿Escuché bien, señor de Medina?
- Así es.
- Eso no es verdad, su señoría.
♪ Sálvame... ♪
Su señoría, Hugo de Medina es inocente.
♪ Temo cerrar los ojos sin saber si vas a estar ♪
♪ conmigo al amanecer. ♪
♪ Bésame, hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ para no saber quién... ♪
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