All language subtitles for Il magnifico avventuriero (Riccardo Freda, 1963)

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Original subtitles

�Eh!

- Mira t� por all�. - S�.

�Qu� cosas!

Vamos.

�Qu� sucede? �Qu� le ha pasado al hermano?

-Nada. - �Qu� hab�is hecho?

Nada. Hemos tomado prestado un poco de oro, unas cositas.

- �A estas horas? - Para los pr�stamos y para el amor, cualquier hora es buena.

- �Y si se despierta la t�a? - Por favor, ser�a una noche de brujas.

�Pero qu� haces?

-�Qu� quieres hacer, si se puede saber? - Silencio. Se est� trabajando para el arte.

Y todo esto,

�d�nde lo hab�is cogido?

Benvenutto. D�jame trabajar.

Hab�is ido a robar, �verdad?

�Qu� robado? Luego te lo explico.

�Eh!

�Qu� hac�is? �Hab�is tomado mi casa por un arsenal?

No, se buena, Angela. No nos hagas perder tiempo. Venga.

Y t�, �por qu� les has dejado entrar?

No me han pedido permiso.

Angela, por favor. Se trata de algo importante.

�No quiero l�os!

Si me dejas trabajar, el premio ser� m�o.

Y t� ser�s mi musa.

�Y qui�n es? �Otra mujerzuela?

No, tesoro. Quiere decir que t� ser�s mi inspiraci�n

y yo ganar� el premio que el Gran Duque ha puesto en el palio.

Ser�s mi esposa.

�Tu esposa?

�Oh, Benvenutto,

por fin!

�Ad�nde vas?

Voy a decirle a la t�a que ha perdido la apuesta.

�Qu� apuesta?

Hab�a apostado con mi hermano que nunca te casar�as conmigo.

Porque tu hermano...

Oh, s�. Siempre ha estado seguro.

Es un optimista

�Te comes tus palabras?

Oh, nunca.

A prop�sito de comer,

�no te queda algo? Francesco tiene hambre. El pobre se averg�enza

de decirlo.

Ir� enseguida a prepararos algo.

Ya ver�s.

qu� buena fundici�n, qu� buen taller te pondr� la t�a,

despu�s de la boda.

Ah, s�, vaya si lo ver�.

Es una locura, Seren�sima. Una insensatez.

El Eminente Arzobispo tiene raz�n, Seren�sima.

Como vuestro m�dico y, si me es permitido,

como amigo personal,

me uno a su protesta.

Pero los antiguos romanos, seg�n T�cito...

Los antiguos romanos destacaban por su vigor f�sico.

�Ad�nde vamos a llegar a este paso?

Florencia se convertir� en un grupo de paganos,

de incr�dulos.

Al menos no os quit�is los pantalones.

Es m�s prudente.

Y, sobre todo, menos pecaminoso.

Eso puedo conced�roslo.

En cualquier caso, he decidido llevar este experimento hasta el final.

Messeres,

voy a

ba�arme.

No es nada desagradable.

No, no, no, no.

Siento

como una ligera y difusa tibieza

y una sensaci�n de humedad

por todos los miembros.

S�, s�, s�, dir�a que decididamente es placentero.

Rasca, rasca.

�Qu� cosa m�s buena!

Con el progreso social,

estoy seguro de que la gente se dar� un ba�o

incluso una vez al a�o en el futuro.

Perd�nalo, porque no sabe lo que hace.

Y ahora, veamos esas obras.

Ingenioso cuenco de plata,

obra de Baccio Bandinelli.

�La cabeza, no! �No exageremos!

"Neptuno y Tetis". Obra de Benvenutto Cellini.

Composici�n hecha en oro.

- �D�nde habr� encontrado ese oro? - No lo s�.

�Mi amatista!

�Mi oro!

�Ladr�n!

�Eres un delincuente!

- �Bellaco! - Cuidado con lo que dices, Baccio.

No consentir� que me insultes.

�C�llate!

Prendedlo.

Te arrepentir�s.

�Vos qu� dec�s, Michelangelo?

Digo

que Benvenutto Cellini es un joven deshonesto.

Mientras que los otros participantes

son hombres muy honestos.

Pero

Benvenutto Cellini tiene...

tiene m�s talento que todos los dem�s juntos.

Benvenutto Cellini,

te condeno

a devolver a los damnificados todo lo que se les ha cogido.

Lo que te resultar� f�cil,

dado que el premio que has ganado

asciende a mil florines de oro.

Me corresponde a m�.

Soltadlo.

Gracias, Seren�sima.

Pido perd�n.

Dedicar� mi pr�xima obra a vos y a nuestra ciudad.

Ser� "Perseo con la cabeza de Medusa".

Cuida de que est� siempre cubierta.

De otro modo, se raja.

Y si se raja, te rajo la cabeza.

Llaman. Voy a abrir.

- �Qu� est�s diciendo? - Lo s�.

Has entendido lo que te he dicho.

S�, maestro, que tiene que estar siempre cubierta, como si fuese una criatura.

Recuerda que es una criatura de Cellini.

Benvenutto, �es que quieres matarte? Hace tres d�as que no comes.

�Por qu� le has dejado entrar?

No necesito comer y no necesito de tu amor fraterno.

�Fuera!

�Puedo?

�Maravilloso!

Es lo m�s hermoso que has hecho nunca.

Espera a verlo en su tama�o exacto.

Y en bronce.

Entonces podr�s decirlo.

Apuesto a que me lo manda Angela.

Sabe que me gusta el pollo.

Especialmente el muslo.

No, ese pollo es m�o. Lo he cocinado con mis propias manos.

Angela est� en la cama.

Entonces, me est� esperando.

Te equivocas, porque se ha envenenado.

�Por qu�?

�C�mo que por qu�? La has dejado, no te has vuelto a dejar ver

y entre unas cosas y otras, ya se sabe.

La he dejado por eso.

S�, bien, pero ha escrito una carta en la que dice que se mata por culpa tuya

Y si encuentra esa carta, tendremos a toda Florencia detr�s.

Hazme caso.

Ve con ella. Dile lo que te parezca. Que te casar�s con ella, lo que te venga a la cabeza.

Pero hazte con la maldita carta.

�Has entendido?

Dime, �has entendido o no?

�Oh, Virgen santa!

�Monstruo! �Asesino!

Me voy.

Benvenutto.

A...

Agua.

Agua.

Angela,

�por qu�?

No.

No.

Te he esperado tanto,

delante de nuestra capilla.

Cuando por fin comprend�

que nunca vendr�as,

he sentido un dolor muy grande.

Un gran vac�o.

Y entonces

he pensado

que era mejor morir.

Tres libras de bombones se ha tomado. �Tres libras!

Entonces se trata de indigesti�n.

�Calla!

�Doctor, doctor, la pobrecilla!

�No, no me dejes, Angela!

- Permiso. - �Maestro!

Maestro.

�Qu� pasa? �Qu� quieres?

Han pegado fuego al taller y est� dentro vuestro hermano, Messer Francesco.

Benvenutto.

�Benvenutto!

Te espero ma�ana a las ocho, en la iglesia

Y si no vienes,

�te mato!

�Messer Francesco est� arriba!

�Trae la llave!

�Francesco!

�Francesco!

�Francesco!

Francesco.

�Qu� ha pasado?

Apenas he entrado en el taller

y alguien me ha dado un golpe en la cabeza.

Estaba... estaba tambi�n

Bandinelli.

Ll�vales esto tambi�n.

Un momento, amigos.

Un momento.

Bebamos por el fin de cualquier competencia desleal.

Bebamos, Messer Tobia.

No s� lo que dar�a por estar cerca en estos momentos de nuestro amigo

Messer Benvenutto Cellini.

Para poderlo consolar en este triste momento,

en que todas sus ambiciones de gloria se han convertido en humo.

�Os matar� del primero al �ltimo, gusanos asquerosos!

�Prendedlo, guardia!

No es a �l al que ten�is que prender.

Es a los otros.

�Basta!

�Est�s loco?

�Benvenutto, vamos!

Deprisa.

Ven.

Mira, Benvenutto.

Tal y como lo estaba so�ando.

Piensa lo bien que oler� cuando est� asado.

Toca, toca, mira lo gordo que est�.

Abajo.

Benvenutto,

�nos buscan a nosotros?

No, s�lo son cazadores.

Tranquil�zate.

Y ahora,

tr�talo con los honores que le corresponden.

Trae aqu� ese fais�n. Lo he cazado yo.

�De veras?

Pero ha muerto entre mis brazos.

P�lalo.

Te he dicho "p�lalo"

- �No ser� el caso de que...? - No, no es el caso.

- P�lalo. - Excelencia.

Doy orden de dar bastonazos enseguida a este desgraciado y as� aprender�.

- �Venid vosotros! - No, no os molest�is.

Le ense�ar� personalmente al insolente qui�n es el Condestable de Borb�n.

Le har� probar mi golpe secreto.

No est� mal el estilo.

Lo que falta es la pr�ctica.

Majestad, me llamo Benvenutto Cellini.

Escultor y orfebre.

Si manejas el cincel como la espada,

debes valer tu peso en oro.

Estar�a encantado de pod�roslo demostrar, sire.

En estos momentos es la guerra la que nos tiene con el alma en vilo.

Pero...

Espera...

Conde,

este hombre es una magn�fica espada. Podr�a reforzar vuestra escolta.

�Ad�nde te diriges?

Estamos buscando un protector

y un poco de fortuna, sire.

En lo que se refiere al protector, lo has encontrado.

Y la fortuna,

est� esperando a ser conquistada.

El conde Frangipani, embajador de Su Santidad,

necesita una escolta para volver a Roma.

- T� ir�s con �l. - �A Roma?

A Roma, Messer Benvenutto.

Si quiere servirme...

Vamos.

Luciano.

�Te has asegurado de que todos los manuscritos est�n en el ba�l?

- S�, Monse�or, s�. - Est� bien.

Este Frangipani es un pozo de ciencia en cuanto a historia.

Y pensar que estuve a punto de rechazar hacer este viaje.

�Desde cu�ndo te interesa la historia?

Desde este momento, hermano.

�Vamos!

Monse�or.

Perdonad, Monse�or.

S� que est�is escribiendo una gran obra hist�rica.

�Y c�mo lo hab�is sabido?

En Florencia s�lo se habla de eso, Monse�or.

La historia de Italia siempre ha sido la gran pasi�n de nosotros los florentinos.

La verdad es que se trata de la historia de mi linaje, cuyos or�genes son mucho m�s antiguos

que la historia de Italia.

Habr�a que remontarse a Eneas, Pr�amo, los troyanos.

- Yo tengo algo que podr�a interesaros, Monse�or. - �Qu�?

Un antiguo pergamino que tengo en Florencia, referido

a un Frangipani, de alg�n modo ligado a Minos,

rey de Creta, el del Minotauro.

�Es eso cierto?

S�, Monse�or.

Bien, bien.

De esta historia del minotauro volveremos a hablar en Roma.

Mientras, os ense�ar� algunas cartas muy interesantes

en cuanto lleguemos a la posada.

Y gracias. Gracias.

Este, querido Cellini, es el �ndice bibliogr�fico

sobre el que he basado mi investigaci�n.

El texto fundamental naturalmente es

Stratone. Pero querr�a ense�aros el valios�simo

"Antiquarum urrerum italicarum"

del cardenal Giotti

Una obra muy rara.

S�lo he conseguido tener una copia en pr�stamo.

Pero no he conseguido que me la vendan

a ning�n precio.

De otro modo, es posible que el Arzobispo de R�vena

que me la ha prestado,

no la habr�a cedido.

Cuando se tienen tales tesoros, es necesario tenerlos cerca.

�Qu� hay m�s hermoso en la vida que los libros?

Pero...

�D�nde se habr� metido ese bendito Stratone?

Ahora leer� unos fragmentos del epitalamio compuesto por el poeta Bertolli

con motivo de la boda del excelent�simo Cencino Frangipani

con... con Ana de Brandeburgo,

de la boda de Francio Frangipani

con Elisabetta de Braganza

y de varios otros Frangipani

o Frangipanini del siglo pasado.

Yo me retiro.

Piera, acompa�a a la se�ora condesa.

El poeta Bertolli investig� en los archivos de todas las casas m�s antiguas de Roma.

De Massimo

a los Orsini,

los Savelli, los Colonna

y he de decir que encontr� en un castillo en la costa Pontina

un documento de excepcional importancia.

Dios, qu� sue�o. No comprendo como

una conversaci�n tan interesante

puede hacerme...

Condesa.

�Qui�n es?

El m�s afortunado de los mortales.

Porque os he visto surgir de la espuma.

Pero, nos conocemos.

S� y no soy ninguna condesa ni venus.

Soy Piera.

La sirvienta de la posada.

Pero, eres hermosa

y orgullosa como una amazona.

La funci�n ha terminado.

�Fuera! La que buscas est� al final del pasillo.

En la habitaci�n de los nobles.

�Sabes?

Me quedo aqu�.

Est�is todas armadas.

Esto, de d�a, sirve para golpear los bistecs,

pero por la noche

sirve para los descarados como t�.

Vale, vale, me voy, me voy. Estaba bromeando.

- �Fuera! - �Vale!

�Vos?

Marchaos.

Salid, salid inmediatamente.

�Est�is loco! Marchaos o pido ayuda.

S�, hacedlo. As� me matar�n.

Mejor morir que sufrir

como sufro.

Os lo suplico.

No soy digno de tocar ni el dobladillo de vuestro vestido

pero no puedo impedir a mi coraz�n que repita vuestro nombre

con cada latido.

Lucrecia. Lucrecia.

Lucrecia.

No osar�a ni siquiera miraros,

si supiera que sois feliz.

Pero vos, Lucrecia, no lo sois.

S�, no soy feliz.

Es cierto.

Una mujer no puede ser feliz

sin amor.

Entonces no ten�is derecho a rechazarme.

Demasiado tarde.

�Por qu� demasiado tarde?

Nunca es demasiado tarde para ser feliz.

�No!

No os acerqu�is o me mato.

Tambi�n esta.

Ya estamos.

Por favor.

No lo hag�is.

�Socorro!

�Socorro!

�Calla!

�Deprisa! �Moveos!

�Dejadme!

�Despertad! �Despertad!

�Despierta!

- Francesco. - Es in�til, no se despierta.

-Ya lo he intentado. - �Holgaz�n!

Est�s herido.

Si�ntate.

�Qu� es esto? �Fuego l�quido?

Oh, estate callado o te lo echo en la cara.

Despiadada como

como una Furia,

una Gorgona, pero me gusta.

Venus, Furia, Amazona,

Gorgona,

�por qu� nunca me llamas por mi nombre?

Hagamos las paces, Piera.

Est� bien.

Eso es.

Si quieres, te llevo a Roma.

�A Roma? �Contigo?

Claro. Donde vivir�a.

Est� bien.

Acepto.

Pero, te advierto que me llevar� mi martillo.

Oh, �no te f�as?

Me f�o m�s con el martillo.

Bien.

Los hemos machacado a todos.

�C�mo est�n con este sue�o tan profundo?

Este vino est� drogado.

S�lo nosotros no lo hemos bebido.

Para suerte nuestra.

Gracias a Dios.

Por suerte, est� a salvo.

El tributo que el rey de Francia env�a al Papa

como prueba de su devoci�n

y sumisi�n.

Os estamos muy reconocidos, Benvenutto Cellini,

y queremos hacer algo por vos.

Mi deseo m�s ardiente es serviros, Santidad.

Entonces, os ofreceremos una posici�n digna de vuestra val�a

y de vuestra habilidad

en el manejo de las armas.

Os nombramos capit�n de la guardia.

No parec�is satisfecho.

Es un gran honor, Santidad,

pero creo poder serviros mejor en otro campo.

Soy escultor y orfebre, antes que nada.

Muy hermoso.

Queremos que todas nuestras monedas, de hoy en adelante, lleven esta efigie.

�Pero qu� pondremos en la parte posterior?

�Por qu� no esta venus, Santidad?

Podr�a ser el s�mbolo de vuestra pasi�n por el arte cl�sico.

�Y la cabeza?

Encontraremos una que sea digna de la estatua.

�Qu� tal la de la condesa Frangipani?

Si su esposo consiente.

Sin duda.

Est� bien, pero vist�mosla un poco.

Convirt�mosla en una Minerva.

Es muy seria como diosa.

Esta es la cantidad de oro para acu�ar veinte mil florines.

Antes de fundirlo, los escribanos controlan escrupulosamente el peso.

Aqu� est� la llave. S�lo existe otra, que tengo yo.

�Cu�ndo cre�is que se podr� empezar a imprimir las monedas nuevas?

En cuanto haga la cabeza de Minerva.

Bien.

Los personajes m�s importantes que aparecen en las cr�nicas de casa Frangipani en el siglo XII

son: despu�s del famoso Cencino Belobbio Frangipani,

Venanzio Frangipani,

Frangipano Frangipani,

Frangipanino Frangipani,

el gran Frangipano II

hijo de Frangipanino Frangipani,

ambos obispos ilustres de la ciudad.

de Rieti.

Este �ltimo, coadjutor de Narni

y ac�rrimo enemigo de Cencio Savelli

por la posesi�n de la ciudad de Ripatransone.

El hermano se distingui� en la V Cruzada

por haber combatido una noche entera descalzo

contra los guardias de Saladino.

Esperad, voy a buscar la historia de la vida

de Santa Cecilia.

�Eh, Santa Cecilia Frangipani!

S�, muy bien, Monse�or.

He buscado mucho, pero no he podido encontrar la biograf�a.

Es un placer, querido Cellini.

Enseguida la traigo.

Os lo suplico, no me tortur�is.

Sois vos quien me tortura.

Os lo ruego.

El lunes pr�ximo vuestro marido se va.

Desde ese momento os esperar� todas las noches.

�Oh, no, tened piedad, piedad de m�!

Os amo, Lucrecia.

Os amo. Decidme que vos tambi�n.

No prometo nada, pero

no cre�is que ya no siento nada por vos.

- El martes. - No.

- El martes. - No, el martes no.

�Cu�ndo?

�Cu�ndo?

El pr�ximo s�bado.

�Ah, la he encontrado!

�La he encontrado!

Me parec�a imposible que...

Pasen.

Es una casa principesca.

Y s�lo cuesta 12.000 florines.

S�, s�, pod�is iros.

�D�nde vamos a encontrar 12.000 florines?

No temas. Ya los encontraremos.

Lo que importa es que Lucrecia encuentre una casa digna de ella.

Y digna de su belleza.

Y nosotros en una c�rcel digna de nosotros.

Entonces, �os hab�is decidido, Messer Cellini?

S�, he decidido. Me la quedo.

Vaya ma�ana donde mi hermano y �l se encargar� de pagaros la fianza.

Bien.

Yo no me ocupo de cuestiones de... dinero.

Oh, s�, s�.

Aseguraos de que el espect�culo sea adaptado a las circunstancias.

Segur�simo, Messer Cellini.

Trata de la lucha implacable entre el vicio

y la castidad.

Y siempre vence esta �ltima.

Pero...

�no podr�amos hacer que ganara el vicio

por esta vez?

�Oh!

�Jam�s!

Os mostraremos como empieza, Messer Cellini.

Castidad.

Por favor.

Un d�a se va la doncellita por una senda dudosa

con gran prisa. Y tambi�n en esa ocasi�n, como se sabe,

la vencedora fue la castidad.

Este ensayo me ha abierto el apetito.

Tambi�n a m�. Siento un gran vac�o en el est�mago.

�Qu� pasa?

- Ha llegado. - Te la manda la condesa Frangipani.

�Maldita sea!

�Fuera!

�Fuera todos!

�Podemos comer algo antes de empezar?

- Vete. - �C�mo? �Qu� ofensa!

No merezco semejante tratamiento.

�Fuera de aqu�, vive Dios!

- Pero, Excelencia... - �No has o�do?

�Marchaos!

�Fuera!

�Esto es una afrenta!

�Fuera! �Fuera todos!

�Salid!

�Salid!

No nos quedaremos ni un momento m�s en esta casa. �Vamos!

�Fuera!

�Maldici�n!

Averg��nzate.

�Qu�?

Averg��nzate por tratar as� a los que trabajan para ti.

�Y a ti qu�? �Por qu� te lo tomas as�? �Se puede saber?

Ah, no lo entiendes.

No soy un trapo para tirar despu�s de haberte servido.

Tambi�n trabajo para ti.

Y si no te falta nada, el m�rito es s�lo m�o.

Piera, no me hagas perder la paciencia.

Tienes raz�n.

Esa idiota no merece que yo me enfade.

Fuera de aqu� o te mato.

Hazlo.

As� pasar�s a la historia como el escultor que mat� a la sirvienta.

Al menos tu preciosa condesa se molestar� en venir a verte

cuando te pongan el lazo al cuello.

�Fuera!

�Es que no lo entiendes?

Ven aqu�.

�Qu� es lo que no entiendo?

�Qu� es lo que tendr�a que entender?

�Piera!

�Piera!

- �Has le�do bien esta carta? - Iros todos al diablo.

L�ela entera.

L�ela.

�Qu� idiota que soy!

Ella me ama.

Ella me ama.

Ya te lo hab�a dicho.

Est� clar�simo que me ama.

Escucha.

Mi marido ha sido nombrado embajador en Florencia. Partimos en unos d�as.

Un destino cruel quiere separarnos.

Soy tan desgraciada.

Ella me ama.

Florencia.

Tenemos que ir a Florencia.

Antes tengo que conseguir permiso del Papa.

�Por qu� quieres irte a Florencia?

�No est�s bien en Roma?

Oh, m�s que bien, Santidad,

gracias a vuestra benevolencia.

Pero tengo una cosa pendiente en Florencia.

�Una cosa?

�Y por qu� no dices una mujer?

Sabemos tu secreto.

Vas a buscar a tu amor en Florencia. Di la verdad.

Estoy...

Estoy confuso, Santidad.

�Por qu� motivo? Es un sentimiento honrado.

Amas a una mujer y quieres ir con ella.

La quieres hacer feliz. Es m�s que justo.

Adelante, ve y con nuestra bendici�n.

No creo que su Santidad...

No es necesario que vayas a Florencia.

La que amas est� aqu� y se ha confiado a nosotros.

Nos lo ha contado todo y hemos acordado nuestra bendici�n.

Levanta.

Aqu� est� tu Benvenutto, Angela.

Casaos y sed felices.

Bueno, adi�s, Francesco.

�Pero ad�nde vas?

No lo s�. Lo m�s lejos posible de esta ciudad

y de esa arp�a.

�No tienes miedo de la c�lera del Papa?

Pi�nsalo, Benvenutto. Antes o despu�s tendr�s que casarte.

Antes o despu�s, tendr� que morir,

pero no por eso me apresuro.

Hay un caballero que quiere hablaros, Messer Cellini.

Hazlo entrar.

�Eres Benvenutto Cellini?

S�.

�Y qui�n es �l?

Es mi hermano.

Me manda el Santo Oficio.

Quiere una explicaci�n sobre ciertas monedas falsas que, desde hace un tiempo,

circulan por el Estado Pontificio.

Volcadlo.

Benvenutto.

Despierta, Benvenutto.

�Qu� quieres?

�Cu�l es el castigo para los falsificadores de monedas?

- La horca, �por qu�? - Lo sospechaba.

Ven.

M�rala.

Benvenutto Cellini,

Seguidme.

�Ad�nde?

�Todav�a no lo hab�is entendido?

Adi�s, Benvenutto.

Se fuerte, hermano.

Estoy listo, capit�n.

Vamos.

�Levantad!

Su Santidad me espera.

�Maldito embaucador! �Traidor! Todos los florentinos iguales.

Su Santidad es florentino.

- Yo no cuento. Y no contestes. - �Y qui�n contesta?

Deber�a hacerte ahorcar.

De acuerdo, Santidad, pero mi hermano es inocente.

�Silencio!

Ponte de rodillas.

Es verdad que las desgracias nunca vienen solas.

Te voy a conceder la forma de rehabilitarte.

Me dijiste una vez que eras experto en artes militares

Que sabes hacer algo m�s que falsificar monedas.

- �Es verdad? - S�, Santidad.

Te necesitamos. Roma est� a punto de ser atacada

por mercenarios a sueldo del Emperador.

�El Emperador no es vuestro fiel aliado?

Lo era.

Pero quer�a que excomulgara al rey de Francia y me he negado.

El Condestable que manda sus tropas

se est� acercando a Roma.

No mandaba con el rey de Francia.

S�, pero le ha traicionado y se ha pasado al lado del Emperador.

�Y no hagas tantas preguntas!

Est� claro que de pol�tica no entiendes nada.

Y me temo que yo tampoco.

Sin embargo, he de hablarte de mi artiller�a. Las piezas son viejas,

los artilleros idiotas y los mercenarios est�n a pocas horas de Roma.

Debes tomar el control de la situaci�n y organizarme una defensa.

Bueno, �qu� esperas?

�Levantad!

�Un poco m�s!

�Nos atacan! �Est�n abajo del muro!

�A los ca�ones!

�Alto!

�Apuntad al frente!

�Fuego!

�Fuego!

�Fuego!

�A qu� esper�is, holgazanes?

�Fuego!

�Fuego!

�Fuego! �Volved a cargar los ca�ones!

�Qu� esper�is? �Fuego!

�Vamos, muchachos!

�No par�is! �No par�is!

�Deprisa! �Llev�oslo! �Deprisa!

Vosotros dos, fuera de la tres.

Reemplazad la n�mero ocho.

Piera,

Deb� imaginarme que vendr�as

Nunca te echas para atr�s.

Has hecho mal en no irte de Roma cuando hab�a tiempo.

No sabes lo que nos espera si tenemos que rendirnos.

Lo s� y no me importa. No pod�a ponerme a salvo y dejar a los dem�s aqu� muriendo.

Eres as�.

En momentos as�, hombres y mujeres se sinceran entre s�.

Debes perdonarme, Piera, por c�mo te he tratado.

Eres t� quien debe perdonar a tu sirvienta.

- �Entonces? - Te he perdonado.

�Traici�n!

- �Traici�n!. - �Est�n matando a todos!

�La guarnici�n de Porta Salaria se ha pasado al enemigo!

�Dejad los ca�ones, deprisa! �Vamos al castillo de Sant'Angelo!

�Vamos!

Santo Padre,

ruegue por nosotros.

Denos su bendici�n.

Gracias, Santidad.

Lev�ntate.

S�.

Creo que puedo fiarme de ti.

Mandadme, Santidad.

Tienes que llevar este mensaje al emperador Carlos V.

Tengo que negociar la rendici�n, pero el condestable de Borb�n me odia.

Ha jurado destruir la ciudad antes de que pueda intervenir el Emperador

pero est� en T�voli y no sabe lo que pasa aqu�.

S�lo t� tienes una cierta autoridad sobre el condestable.

Hare lo que pueda, Santidad, pero �c�mo saldr� del castillo?

Hay un pasadizo secreto que te llevar� hasta Ponte Miglio.

Como ves, un Papa debe servirse incluso de diablos como t� para salvar su reba�o

Ya est� listo un oficial que te acompa�ar� hasta el final del pasillo.

Dios ser� entonces tu gu�a.

Vuestra bendici�n.

Lucrecia.

Marchaos.

No debemos vernos m�s.

Nunca m�s.

Os lo ruego,

olvidadme.

�bamos a cometer un gran pecado y por eso Dios nos castiga.

Mirad.

Me parece que exager�is un poco.

Si el Se�or quisiera castigarnos, podr�a hacerlo sin meter en l�os a los habitantes de Roma.

Encima ten�is el valor de bromear.

Marchaos.

Por eso estoy aqu�, Lucrecia,

porque me voy.

Se me ha confiado una misi�n peligrosa.

Y quiero despedirme.

No, no es verdad.

Lo dec�s para hacerme sufrir.

�C�mo vais a salir del castillo?

Existe un pasadizo secreto.

Pero a�n as�, hay pocas esperanzas de que consiga pasar.

Quer�a veros por �ltima vez.

Benvenutto.

�Benvenutto!

Esta es la salida.

Id con Dios.

Vamos, Francesco.

Estos romanos est�n llenos de oro.

S� que lo est�n.

Oro para m�.

Te mato.

Toma m�s.

Todo m�o.

- T�, esto. - �Ah, no!

�Todo m�o!

No lo cojas. Todo m�o.

A ver.

Los dos.

�Estate quieto!

�Dos ladrones!

Yo te mato.

�Dejadme!

�Dejadme, por amor de Dios!

Estas con nosotros. Unos guapos soldados.

Venga, esta puede entrar. Viene con nosotros.

As� tu marido no podr� decir que le has traicionado.

Mu�vete.

Tendr�s el placer de hacer el amor con cuatro soldados.

Ven, guapa italiana

No, piedad, matadme en todo caso.

Ven con nosotros.

Cuatro.

Cinco.

- Cuatro. - Cinco.

- Tres. - Todo.

Cerrad la puerta.

�Cerrad la puerta!

�Cerrad la puerta!

Nadie debe salir por ninguna raz�n.

Est� bien.

�Qu� es eso?

El carro de los muertos, Excelencia.

Dejad salir a este carro de despojos.

�Abrid la puerta!

�Un momento!

Francesco.

�Vete, vete!

Te lo ruego.

Vete. No te preocupes por m�.

Vete.

Es nuestra fuerza

la que garantizar� la paz a todos los hombres.

Por eso estamos aqu�, levantados en armas,

a pesar de nuestra filial devoci�n al Sumo Pont�fice.

Nos, Carlos V, no tenemos ambiciones sobre Roma.

De ning�n tipo. Veamos.

Majestad, aparte de los mercenarios que est�n en las dependencias del Condestable,

todas las otras tropas est�n acampadas en las orillas del Aniene.

�Su Excelencia, el Condestable!

Sr. Condestable,

han llegado rumores

alarmantes

de Roma.

Parece que las tropas de mercenarios a su mando

han saqueado la ciudad.

Devastando incluso los lugares sagrados.

Se habla de atrocidades

sobre todos sus habitantes.

Sin importar la edad,

el sexo,

a la dignidad de los religiosos.

Nada es verdad, sire.

En Roma ya habr�a paz, de no ser por la obstinaci�n del Papa.

He decidido que no rodearemos Roma

como era nuestra intenci�n.

pero meditaremos sobre lo que debe hacerse

en un lugar que elegir�.

�Y bien?

El Papa ha dado a Cellini un mensaje para el Emperador. Por suerte,

he conseguido salir para avisaros.

Hay que detenerlo a toda costa.

He dado orden en todos los puestos de guardia de arrestarlo

o matarlo, si intentase huir.

Y registrarlo

y quitarle todo lo que lleve encima.

No hay motivo de preocupaci�n, Excelencia.

Estoy seguro de que Cellini no conseguir� llegar hasta el Emperador.

No lo subestim�is, Conde.

Ya os la ha jugado una vez.

Yo hab�a drogado el vino de la escolta. Cre� que pasar�a.

C�mo iba a imaginar que un escultorcillo,

por s� solo, consiguiera impedir a nuestros hombres

apoderarse del oro.

Nos compensaremos en abundancia con el saqueo de Roma.

Buenas noches, conde, y que vuestros hombres hagan bien la guardia.

Majestad.

Majestad.

�Qui�n sois? �Qui�n sois?

Yo no soy el Emperador. Soy s�lo su sirviente.

- �D�nde est� el Emperador? - Se ha ido a Subiaco.

- �Y el Condestable? - Tambi�n se ha ido Subiaco.

A encontrarse con el Emperador.

Se ha ido hace poco en un carruaje.

�Soy un padre de familia! �No me mat�is!

�No me mat�is!

�Abrid! �Abrid!

�Abrid!

- �Socorro! - �Abrid!

�Por aqu�!

�Cogedlo!

No pod�is matarme.

Maitines, hermanos.

Maitines.

Maitines, hermano.

Pero, �qui�n eres t�?

- Tengo que hablar con el Emperador. - �El Emperador?

�Socorro, socorro!

�Detenedle! �Detenedle!

�Detenedle!

Estoy preparado, hermano.

Le cre�a m�s mayor.

Pero el prior me ha asegurado que es el m�s santo de todos los hermanos.

Quiero que oiga mi confesi�n.

He querido ponerme la vestimenta

de purificarme de mis pecados.

Ay�deme

a obtener el perd�n del Se�or.

�Es el Emperador Carlos V quien se lo pide!

Y que se arrodilla humildemente delante suyo.

�No!

Soy yo quien debe arrodillarse, sire.

Tengo un mensaje del Papa.

Te debemos mucho, Benvenutto.

Cualquier deseo que tengas, ser� atendido.

Mi �nico deseo es poder volver a Florencia.

A cumplir aquello que dej� pendiente.

Si eso es lo que quieres, adelante.

Pero nos duele que te vayas.

As� como es un placer constatar que has cambiado.

Es un nuevo Cellini el que volver� a la querida Florencia.

Mucho m�s sabio,

tanto en la vida como en el arte.

Moveos, r�pido.

Os rompo la espalda

si me cort�is el metal.

�Venga!

�M�telo dentro!

Maestro, he buscado en toda Florencia. No hay le�a, no se encuentra.

No pasa nada. Seguiremos con esta.

�Tira fuerte!

�Deprisa!

- Ay�dame. - S�.

Maestro, me parece que no baja el metal.

Nos han dicho que deb�a estar casi lleno y estamos un palmo por debajo.

Serafino,

trae todas las cosas de metal que encuentres.

M�evete. Deprisa.

Tambi�n vosotros. Vamos.

Moveos.

Adelante. Levantadlo.

Para. Para. As� basta.

Despacio.

Despacio.

Ya est�. Nos hemos movido r�pido, �eh?

Serafino, ven aqu�.

- Sigue t�. - S�, Maestro.

- Maestro, no hay bastante oro. - �Y d�nde encuentro m�s oro?

�Te puede servir esto?

Lo he pensado mucho antes de venir.

Ten�a miedo.

Pero ten�a que volver a verte, aunque fuera por �ltima vez.

Puedes echarme, si quieres.

FIN ignacio gonzalez para cineforum-clasico.org

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