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[Golpes en la puerta]
[Susurrando] - Soledad.
Soledad, despiértate.
Soledad, soy...
...Alcides, despiértate.
Soledad.
Eloísa: ¿Qué pasa, Alcides?
¿Te tratan mal en tu noche de bodas?
Creo que ese matrimonio tan apresurado
no fue tan buena idea.
[♪♪♪]
[Eloísa ríe]
Ay.
Alcides: ¿Por qué no celebramos mi matrimonio tú y yo,
mientras mi mujercita duerme?
- Quieto, quieto, quieto.
Quieto, Alcides.
Si estás tan necesitado de cariño,
¿por qué mejor no buscas a tu esposita en la calle?
- Porque mi esposita está durmiendo.
- No, no hace mucho que salió, y dijo algo de una cabaña.
- La cabaña de papá.
- Ay, Alcides,
yo creo que tu esposita anda mal de la cabeza.
Dijo algo de reencontrarse con el alma de tu hermano.
[♪♪♪]
Gladys: Arturo.
- Madre, ¿qué haces despierta a esta hora?
- Hoy fui a visitar a Beatriz y no pude verla.
No me dejaron entrar.
- Lo más probable es que no haya ningún problema.
Quizás estaba dormida.
- Por el amor de Dios, Arturo, mírate.
¿Es que no te interesa la salud de tu hermana?
- Madre, ¿podríamos hablar de esto mañana?
Yo... Gladys: Un momento,
¿es que no me estás escuchando?
Algo muy grave está pasando con Beatriz.
Hoy cuando fui, el doctor no me dejó verla,
lo noté demasiado nervioso.
Las enfermeras cuchicheaban a mis espaldas.
¿Y tú? Quién sabe en dónde y con quién estabas.
- Está bien, está bien, madre.
Te prometo que mañana a primera...
- ¡No, mañana no!
Quiero que vayas hoy mismo a buscarla.
Quiero estar tranquila sabiendo que Beatriz está muy bien.
- ¿Qué está pasando aquí?
- Beatriz se despertó, se puso violenta
y tuve que aplicarle un sedante
mientras usted llegaba y decide qué hacer con ella.
- No me gustan sus métodos, Max.
Además, le dije que yo me ocuparía de ella,
no había necesidad de drogarla.
Burke, ayude a Boris con Beatriz.
- Sí, señor.
- Nos vamos ahora mismo.
Helena: Momento, Guillermo.
Señor, nosotros no pensamos seguir trabajando gratis,
tenemos muchas deudas, le estamos debiendo a...
- Esta noche, cuando entre a mi casa,
les daré lo que necesiten.
Ahora, vamos. Deprisa.
- Te das cuenta, que sí nos iba a...
- Sí, sí, pero... - Es que tú te pones.
- Ay, ya, ya, ya. Vamos, vamos, ya.
- Entiéndame, señor de Linares, no lo puedo dejar pasar.
Los pacientes deben descansar y...
- No, no pienso despertar a Beatriz,
simplemente, necesito verla, saber que ella está bien.
Mi madre está muy preocupada.
- Le expliqué a su mamá las razones por las cuales...
- Doctor, yo voy a ver a Beatriz
y la voy a ver inmediatamente. Sí nos entendemos, ¿no?
- Se lo dije. Su hermana está dormida.
- ¿Qué significa esto? ¿Dónde está mi hermana?
- No sé, no sé cómo se pudo escapar, ella...
- Por su bien,
más le vale que usted no tenga nada que ver en esto, doctor.
- Señor, permítame ayudarle.
- Ya me siento mucho mejor, Boris.
Ya estamos cerca.
- Cuidado, alguien viene, escóndanse.
[Relincho] [Rebuznido]
[♪♪♪]
- ¿Y Alcides qué hace aquí?
- ¿No estará pensando en enfrentarse a su hermano?
- Me pregunto qué cara pondría si supiera que estoy vivo.
- Señor, eso sería una locura de la cual podría arrepentirse.
- Alguien se acerca, Boris.
[♪♪♪♪]
¿Y Soledad qué hace aquí?
[♪♪♪]
- ¿Hugo?
[♪♪♪]
Hugo.
Hugo, mi amor.
Mi amor.
Perdóname.
Perdóname.
Yo sé,
yo sé lo que te ha dolido que me haya casado con Alcides,
por favor, perdóname.
No tuve otra opción, mi amor,
yo te amo.
- ¿Qué está pasando allá adentro?
¿Por qué tardan tanto?
- ¿Quiere que me acerque e investigue, señor?
Podría hacerlo sin ser visto.
- No, Boris, iré yo.
- No. ¡Señor!
[♪♪♪]
- No sabes cuánto te he pensado, mi amor.
Me has hecho mucha falta.
Extraño cada segundo que pasamos en este lugar.
Mi amor, por favor, no te vayas.
Quédate conmigo. Quédate a mi lado.
Te amo.
[♪♪♪]
- No sabes cómo,
no sabes cuánto anhelaba este momento Soledad.
No sabes cuánto.
- ¿Alcides?
- He esperado por ti toda mi vida,
toda mi vida, pero valió la pena.
Boris: Señor, señor.
¿Qué va a hacer, señor? No vale la pena. Piénselo.
No vale la pena, don Hugo. Vamos.
- ¿Qué haces? ¿Qué haces?
- Alcides, tú y yo llegamos a un acuerdo.
Alcides: No, no, olvídate de... - No.
- No, no hay ningún acuerdo, Soledad.
Tú eres mi esposa y...
y debes responderme como tal.
- No, no, no. Alcides: Mi amor.
- Eso nunca, no.
- Mi amor, tienes que ser mía.
Esta noche tienes que ser mía, me lo merezco.
- No, eso nunca va a pasar.
- Vas a ser mía, quieras o no.
Por las buenas o por las malas, pero estamos solos, tú escoges.
Creo que me lo merezco.
[♪♪♪]
Voy a ser un buen padre para este hijo
que estás esperando, te lo prometo.
Te lo prometo.
[Jadeos]
Yo te amo.
[Quejidos] [Sollozos]
[♪♪♪]
- Soledad vino hasta aquí,
aquí donde yo la hice mía, a acostarse con mi hermano.
[♪♪♪]
A acostarse con mi hermano.
[♪♪♪♪]
Le voy a hacer pagar caro esta traición.
Le voy a convertir la vida en un infierno.
En un infierno.
♪ Quisiera acercarme a ti, ♪
♪ Pero me frena una razón. ♪
♪ Oculta en lo más profundo de mi ser. ♪
♪ Quisiera devolver el tiempo a mi favor ♪
♪ Y no dejar que nada se interponga entre tú y yo. ♪
♪ Sálvame. ♪
♪ Despiértame otra vez. ♪
♪ Temo cerrar los ojos sin saber ♪
♪ Si vas a estar conmigo al amanecer. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ No. ♪
♪ Bésame ♪
♪ Hasta enloquecer. ♪
♪ Quiero perderme en tus sentidos ♪
♪ Para no saber quien soy y lo que temo ser. ♪
♪ Otra vez, despiértame. ♪
♪ No te puedo perder. ♪
- Cálmese, señora. Se puede hacer daño.
- Es que tú no entiendes.
Yo quería hablar con Hugo porque yo quería,
quería pedirle perdón y yo quería encontrarme con él,
y de pronto estaba Alcides besándome.
- Pero no se culpe.
Usted no tenía forma de saber que don Alcides
iba a aparecerse por allá.
- Qué tonta.
Hugo está muerto, yo sé.
Estoy destinada a una vida miserable al lado de Alcides.
Ya, yo no quiero que te preocupes por mí.
Ve a descansar. Ya estoy bien, estoy bien.
- No, no pienso dejarla sola.
¿Qué tal que don Alcides se le dé por propasarse
otra vez con usted esta noche?
- No, él no lo va a hacer porque...
tenemos invitados en la casa.
Pero quiero que descanses, de verdad, yo,
yo, yo voy a cerrar las puertas.
- Está bien, pero voy a estar pendiente de usted.
Que descanse. - Sí.
[Suspiro]
Mi amor, si estuvieras aquí...
¿Qué va a hacer de mi vida sin ti, mi amor?
Hugo: Ella finge que guarda luto por mí,
se casa de negro y luego a escondidas
se cita aquí con mi hermano.
- Pero esa mujer es una fiera, ¿no?
Quien la ve tan dulce.
- Esa mujer, esa mujer es una cortesana fina.
¿Cómo caí en la trampa, Hugo de Medina?
Como un tonto, como un principiante.
- Por favor, señor.
- No tuvo el escrúpulo de usar nuestro refugio
para acostarse con mi propio hermano.
- Tranquilícese, señor, exaltarse no le hace bien.
- Como un principiante.
Como un tonto creí en el amor por primera vez,
me entregué a él como nunca.
- Señor, será mejor que se recueste un rato.
- No, Boris, no hay tiempo para "reconzarnos".
Hay muchas cosas que hacer, síganme.
Helena: ¡Ah! ¿Qué es eso?
- Mi padre tenía una mina de oro no muy lejos de aquí.
En este lugar guardaban la producción
antes de llevarla a la ciudad. Trae a Beatriz.
- ¿Nos vamos a meter ahí? No.
Helena: Mina de oro.
Mina de oro. - Sí.
Después de ti, después de...
Sí.
Siga, señor.
[♪♪♪]
- ¿Cómo que Beatriz desapareció del sanatorio, Arturo?
¿No era allí donde la tenían que cuidar?
- Madre, tranquila.
Te prometo que la voy a encontrar.
- No me pidas tranquilidad.
Beatriz está muy enferma, está desaparecida.
¿Quién sabe en dónde está en este momento?
Expuesta a tantos peligros.
- Confía en mí, por favor,
te prometo que la voy a encontrar,
para eso he contratado a estos hombres.
- ¡Pues, entonces, que hagan algo y pronto!
¡Búsquenla en los hospitales, en las estaciones de policía,
pero pronto! ¡Hagan algo!
- Matilde, por favor, acompañe a mi madre a su habitación.
Matilde: Sí, claro.
- Ya oyeron, mi hermana tiene que aparecer.
Vamos a encontrar a Beatriz.
- Te advertí que no podrías conmigo.
Te lo advertí.
Siempre lo tuviste todo y de nada te sirvió, hermanito.
Toda tu vida te la pasaste atormentado
por esa espantosa enfermedad que te llevó a la muerte.
Mírate,
ahora estás ahí, te estás pudriendo en el Infierno,
y yo, yo me disfruto todo lo tuyo.
[♪♪♪]
Ay, Huguito.
Y Soledad, tu prometida, se casó conmigo.
Yo la llevé al altar como te prometí.
Te lo prometí.
Te lo prometí.
¿No me vas a dar tu bendición?
Amén.
Y voy a ser papá.
¿No me vas a dar tu bendición?
Amén.
[Risa]
[♪♪♪]
Y para que veas que yo sí soy generoso,
te regalo la Luna.
- Justo detrás del níspero.
Boris: ¿Qué pasa, señor? ¿Se siente bien?
- Sí, sí, sí. Creo que es mi hermano.
Boris: Señor, creo que lo mejor es que descanse un rato.
- No, no es momento de descansar,
sigamos con el plan.
Necesito que entren a la casa por la parte posterior.
Guillermo: Perdón.
Conozco el lugar exacto por donde podemos cruzar
el muro sin ser vistos.
- Señor, no me parece buena idea que entremos todos.
¡Puedo hacerlo yo solo!
- Entrarán todos.
- Ah. - Ah.
- Entrarán todos. Y cuando entren,
manipulen todas las cosas con mucho cuidado.
Nada de lo que van a...
- ¡Pero tendrán que obedecer a don Hugo
en todo lo que les diga
y prometerán que no tomarán nada de esa casa!
- Pero, ¿usted quién se cree?
¡Qué falta de respeto... - ¿Qué creen?
- Somos gente honorable. - Gente decente.
- ¿Qué cree que no conozco a este?
- ¡Basta ya!
Helena: Sí, señor.
- No es momento de discusiones, es momento de estar unidos.
Así que piénsenlo bien
y decidan de una vez si pueden hacerlo o no.
[♪♪♪]
[Crujido de madera]
Francisco: Qué vergüenza, Eloísa.
No pierdes el tiempo.
Ahora el imbécil de Alcides entra a tu habitación.
- Ay, suéltame, no seas necio.
¡Ah!
¿Qué haces aquí?
¿Por qué entraste en mi habitación? Retírate.
- Porque esta noche quiero estar contigo.
- ¿Qué pasa, Alcides? ¿No encontraste a tu mujer?
- No la menciones.
- Ah, fue eso, ella te rechazó.
[♪♪♪]
- Dije que no la menciones.
Me gustas... mucho.
- No te equivoques conmigo, no soy una cualquiera.
Así que sal ahora mismo de mi habitación.
[♪♪♪]
- No voy a salir hasta que no obtenga lo que quiero.
¿Me oyes? Lo que quiero.
[♪♪♪]
Rebeca: Paquito. - ¡Ay!
¿Qué? ¡Me asustaste, mujer!
- ¿Y tú qué haces por acá?
- Ay, ¿qué crees, cariño?
No puedo dormir, así que decidí ir a la cocina
a tomar un poco de leche caliente con miel,
¿me acompañas? - ¡Espera!
¿Mi ahijado llegó contigo?
- ¿Hércules?
No, mi cielo,
ese hombre tan hermoso se quedó en la taberna
jugando cartas de lo lindo.
- ¿Apostando?
- Ahora que lo mencionas,
sí, y estaba perdiendo mucho dinero. Ay, disculpa,
tu dinero.
Espero que ese hombre no te meta en problemas,
pero conociéndolo bien, no creo que pase.
[Risa de hombre]
- Has perdido mucho dinero esta noche, muchacho.
- Le dije que tengo quien me respalde.
- ¿Y quién es esta mujer que te va a respaldar?
¿Tú madrina, me dijiste?
- Doña Rebeca, viuda de Montenegro.
- La conozco.
Conocí al viejo Jeremías, a su esposo.
Cuando eran socios con Lucas de Obregón,
hicieron algunos negocios juntos.
- ¿El padre de Soledad, la recién casada?
- Sí. Extraño este viejo.
El viejo Jeremías era un hombre muy avaro,
muy amargado y, sin embargo, de pronto,
empezó a regalar los bienes.
Le dio a Lucas de Obregón, le dio libros, le dio muebles.
Yo siempre me he preguntado cuál es la razón
de un comportamiento así.
- ¿Y todas esas cosas están en casa de los Obregón?
- Sí, en la casa que hubiera podido ser mía,
con todo lo que tiene dentro,
si no fuera porque me pagaron la deuda,
por supuesto.
¿Y tú?
¿Sí tienes con qué pagarme la deuda?
Tal vez tuviste suerte esta vez.
[Risa de hombre]
- Ay.
¡Qué locura, Alcides! Esto no puede volver a suceder,
tú eres un hombre casado y,
y yo no quiero ilusionarme y que después...
- Mañana me voy a mudar a la casa que Hugo
le compró a tu tía en San Marino.
Eso quiere decir que estaremos muy cerca.
- ¿Insinúas que nos vamos a seguir viendo?
- Ajá.
- ¿No te da miedo que tu esposa Soledad se dé cuenta?
- Ella no tiene por qué enterarse.
Ese va a ser nuestro secreto.
[♪♪♪]
- ¡Ay! ¡Ya, ya, ya, perrito! ¡Ya, tranquilo!
- ¡El perro, el perro, el perro! Ya, ya.
- Acuérdate que la última vez no te gustó mi carne, perrito.
- Don Hugo, ¿qué hace aquí?
- Haciendo mi parte, Boris. Boris: Don Hugo.
Hugo: Dios mío, qué bella eres.
Pareces tan tierna, tan dulce, un ángel.
Solo que ahora sé qué tipo de ángel,
ahora sé quién eres.
Me engañaste, me usaste para acercarte a mi dinero
y cuando me diste por muerto,
no tuviste decencia de, al menos,
no parecer una mujer interesada,
y te casaste con mi hermano,
te le entregaste con tanta facilidad.
¡Qué falsa, Dios mío!
¡Qué astuta eres!
[♪♪♪]
- Está cerrado, y ahora, ¿cómo abrimos?
Boris: Háganse a un lado, yo abro.
[Crujidos]
Para abajo.
[Crujidos]
- Boris, ¿qué haces aquí?
- Marina.
[♪♪♪]
- ¿Flores?
"Felicidades por tu boda, que seas muy feliz".
No puede ser.
Es la letra de Hugo.
[♪♪♪]
- ¿Qué haces aquí a esta hora? ¿Por dónde entraste?
- Mari... - ¿Qué es lo tenemos que sacar?
Ay. Es usted.
Lo espero abajo, don Boris.
- ¿Tú por qué entraste a esta casa con esa gente
si ellos son unos ladrones?
Boris: Mari... - Boris, ¿a qué viniste?
Boris: Marina, por favor... - ¿Por qué tarda tanto?
No nos vamos a quedar aquí toda la noche.
- Por favor, espérenme allá abajo, ¿sí?
- No lo puedo creer.
Yo te creía un hombre honesto y fiel a don Hugo,
y ahora resulta que estás aquí robándote sus cosas.
- Marina, estoy sacando las cosas de don Hugo
no para robármelas, sino para protegerlas
ahora que don Alcides es dueño de esta casa.
- Don Hugo ya está muerto,
¿a quién pueden interesarle sus pertenencias?
- Es una historia muy larga que no te puedo contar ahora.
Necesito que me ayudes.
Marina. - No me pidas eso, Boris,
yo sigo trabajando en esta casa
y tengo un patrón al que debo serle fiel.
- Marina, por favor, solo lo único
que te estoy pidiendo es que guardes silencio,
que hagas como que no has visto nada.
- Me puedo meter en problemas.
Lo voy a hacer por ti, date prisa.
- Gracias.
- No hay nadie.
Pero ¿quién pudo traer esto? Si yo misma cerré la puerta.
[♪♪♪]
Dios mío.
[Golpes en la puerta]
Úrsula, Úrsula, despierta.
- ¿Qué, qué pasa, mi niña?
- Úrsula, alguien, alguien entró en mi habitación.
Úrsula: ¿Qué? - Sí.
Mira lo que encontré, esta es la letra de Hugo.
Es Hugo. - Debió ser don Alcides,
una broma pesada que le quiso jugar
por lo que pasó en la cabaña.
¿Se da cuenta? Debí haberme quedado con usted.
- No. Mira, todo esto es muy extraño.
Mientras dormía, sentí que Hugo estaba en la habitación,
es más, yo podría jurar que estaba a mi lado,
pero cuando me desperté, no estaba.
Había unas flores, estaba la ventana abierta.
Era él.
- Mi niña, perdone que se lo diga,
pero usted tiene que sacarse esas ideas de la cabeza.
La muerte de don Hugo la está afectando demasiado, mi niña.
- Dios mío, yo, yo no sé qué pensar.
¿Tú crees que me estoy volviendo loca?
[♪♪♪]
- Supe que estabas jugando cartas en la taberna.
Me supongo que perdiste nuevamente.
- Estuve a punto de ganar,
pero tú ya sabes... - ¡Eres un inútil!
¡Nuestra situación económica
no está como para estar despilfarrando
el dinero en apuestas!
- Deja de quejarte.
Vendiste la hacienda de tu marido
a muy buen precio. - Sí, sí, sí.
Dinero con el cual tuve que pagar tus deudas.
No nos queda suficiente, tú muy bien lo sabes.
- Bueno, en todo caso, no toda la noche fue pérdida.
Hoy averigüé algo que puede interesarte mucho.
Tengo una pista para encontrar el tesoro de tu difunto marido.
- Otra vez con lo del tesoro. Para mí, ese tesoro no existe.
- Claro que existe.
Sabes que Jeremías era un tacaño sin medida,
que no le gustaba guardar su dinero en el banco.
Además, recuerdo lo que pasó
cuando nos deshicimos del viejo.
- Rebeca, mi cielo,
aquí vendremos los fines de semana
para estar lejos de los empleados de la hacienda.
Este será nuestro refugio de ahora en adelante.
- Esta casa es horrible,
está en pésimas condiciones, Jeremías.
- No te preocupes,
que de los arreglos se encargará Hércules.
[Quejidos]
Me asfixio, no puedo respirar.
Me envenenaron, malditos. ¡Me envenaron!
- No es un veneno,
es una droga para aflojarte la lengua.
- Dime dónde está tu dinero.
- No se podía esperar más de una mujerzuela como tú.
¡No!
Escondí mi tesoro en un lugar secreto
donde nunca, nunca lo hallarán, solo Enrico, mi fiel sirviente,
sabrá las pistas para encontrarlo.
[Crujidos]
- Lo matamos antes que lográramos que confesara.
- Revolvimos la hacienda Montenegro,
pero nunca encontramos nada.
- Y el maldito sirviente ese, el tal Enrico, desapareció.
Yo me inclino a pensar que encontró el tesoro y, mira,
voló.
- No, querida.
Jeremías dijo que había dejado unas pistas
y estoy seguro que Enrico tampoco las ha encontrado.
- ¿De qué hablas? ¡Ay, habla de una vez!
- No tan rápido, Rebeca,
primero me insultas y luego quieres que te cuente.
A mí no me gusta que me traten a las patadas,
así que pórtate bien y luego hablamos.
[♪♪♪]
Boris: Anoche acomodamos en el sótano
las cosas que sacamos de la casa,
los Burke me ayudaron.
Después de pagarles, los llevé a la ciudad.
- Muy bien, Boris.
- Me imagino que pudo ver a la señorita Soledad.
- Dormía plácidamente,
sin el mínimo asomo de arrepentimiento
por todo lo que hizo.
- Don Hugo, de regreso de la ciudad,
me encontré con esta noticia.
En esta reseña, se hablan sobre las virtudes
de su hermano Alcides,
y se inventan toda clase
de cosas desagradables en su contra.
- Seguramente tuvo que pagar
para que publicaran este artículo.
- El periodista se llama Francisco de Morales,
y es uno de los huéspedes de don Alcides.
- Eso lo explica todo.
Pero ¿qué hacías afuera?,
pensé que estabas durmiendo en el sótano.
- Fui al bosque a recoger unas frutas para el desayuno.
¿Pensaste que me iba a escapar?
En este momento,
necesitas a tu lado una mujer que te apoye,
y yo quiero ayudarte con tu venganza.
- Beatriz,
tú aún necesitas recuperarte.
- Tú eres mi mejor medicina.
Vas a ver que juntos vamos a acabar con todos
los que nos han hecho tanto daño.
Alcides: Buenos días.
Hoy nos vamos para la hacienda Montenegro,
te toca alistar la mudanza.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
¡Yo no te he dado ninguna autorización
de que entres a mi habitación!
Alcides: Soy tu marido. Estás aquí para obedecerme.
- Definitivamente, estás mal de la cabeza.
Primero, intentas abusar de mí y luego me mandas unas flores
con una nota que supuestamente es de Hugo.
- ¿Qué flores? ¿De qué hablas? - ¡Qué descaro!
- ¿Qué broma es esta, eh?
¿Qué broma es esa?
- Entraste anoche, yo sé que fuiste tú.
No me niegues que fuiste tú.
¡Entraste y pusiste eso únicamente para torturarme!
- Si quieres torturarme con el recuerdo de mi hermano,
te equivocas. No te lo voy a permitir.
Hugo está muerto. No existe, ni para ti ni para mí.
[♪♪♪]
Hugo: Boris.
Ensilla los caballos, tenemos que salir cuanto antes.
Boris: ¿Pasa algo, señor?
- El nuevo juez llega a la ciudad,
necesito hablar con él.
- Con todo respeto, don Hugo,
pienso que se está arriesgando demasiado.
- Si todo sale como estoy planeando,
Alcides se va a llevar una gran sorpresa.
Date prisa. - Sí, señor.
Beatriz: Yo voy con ustedes.
- Pero yo preferiría que te quedaras aquí.
- Déjame demostrarte que puedo ayudarte, por favor.
- ¿Y ustedes para dónde creen que van?
Yo ya guardé las cosas suyas y no se las voy a devolver
hasta que no me paguen
lo que me están debiendo, descarados.
- Ay, nosotros le vamos a pagar.
Le vamos a pagar los dos meses que le debemos.
Tome.
No. Es más, le vamos a pagar un mes por adelantado.
- Un mes por adelantado.
- ¿Y este dinero de dónde lo sacaron?
- Mire, señora, eso no es asunto suyo, ¿sí?
Por favor, va y nos devuelve nuestras cosas.
Gatita, ve con ella, adelántate.
Helena: Ajá.
Guillermo: Voy a ir a tomar una cervecita a la taberna.
- Ay, no. A la taberna.
'Pérate, yo a la taberna tengo que ir porque allá,
mira, tengo que ofrecer esto. - ¡Ah!
Burke, ¿de dónde sacaste eso?
- Ah, pues, ¿cómo que de dónde lo saqué?
Pues, pues, pues, son las cosas de,
de, de Hugo de Medina.
Míralo tan lindo. - Burke, no puede ser.
Habíamos quedado que no íbamos a robar nada.
- Sí, pero es que esto estaba allá tan solito,
casi que me decía:
"Por favor, llévame contigo". - Dame.
- "Por favor, llévame contigo".
- Vamos a devolverle esto ya a don Hugo.
- No, porque es mío.
Además, imagínate todo el dinero
que podemos sacar cuando, cuando lo vendamos.
- Pues, ve a venderlo tú sola,
porque yo no pienso defraudar...
La confianza que don Hugo ha puesto en nosotros, Gatita.
- Bueno, está bien, voy yo sola.
- Vamos. Espérate, espérate. Está bien, voy a ir contigo.
No te voy a dejar sola allá en ese sitio.
Helena: Ajá.
- Prométeme que es la última vez
que vamos a robar a don Hugo de Medina.
- Sí, está bien, lo prometo.
Lo prometo. - Ay, sí, gata ladrona.
- Vamos.
- Gata ladrona.
[Relincho de caballo]
[♪♪♪]
[Relincho]
- Ayúdeme. Ah.
[Relincho]
- Para.
Beatriz: Ah.
- ¿Qué te pasa, mujer? ¿Qué te sucedió?
Beatriz: Unos ladrones. Ay.
Yo venía de la ciudad y, y me asaltaron,
me golpearon y me dejaron aquí.
- Tranquilízate, te llevaremos a la ciudad.
Cochero.
- Eso no será necesario, señor juez.
- ¿Qué significa esto?
- Permítame presentarme, mi nombre es Alcides de Medina.
Usted y yo tenemos que hablar.
[♪♪♪]
♪ Miren que solita estoy. ♪
♪ Ah. ♪
♪ Que a mi corazón le falta... ♪
- Así que tu hermana se escapó de la clínica.
- Mis hombres la han buscado por todas partes
y hasta ahora no consiguen una sola pista.
- Bueno, ojalá que la encuentren pronto.
Ella está muy mal de los nervios y es un peligro
por ahí suelta, corre peligro por ahí suelta.
- ¿Te vas?
- Luego arreglamos. El nuevo juez llega a la ciudad
y quiero que me defina
el asunto de mi herencia cuanto antes.
- ¿Te acompaño?
En este momento no puedo hacer mucho más por mi hermana
y me interesa saber cuándo voy a recibir ese dinero
que me estás debiendo.
- ¿Estás desconfiando de mí?
- No, Alcides, por favor, simplemente es que tengo
la costumbre de estar muy pendiente de los negocios
en los que estoy involucrado.
- Suba, póngase cómodo.
Cuando llegue a la ciudad, se va a encontrar
con un proceso para entregarme una fortuna,
la herencia de mi hermano Hugo.
- Si espera que haga algo indebido, se equivocó conmigo.
- No, se equivoca usted,
no quiero que haga nada indebido,
quiero que tramite esa herencia cuanto antes.
- Mi deber es meter a la cárcel a los delincuentes,
no ayudarlos. Hugo: No haga estupideces.
Estoy hablando en serio.
Tramite esa herencia cuanto antes
o usted y yo tendremos problemas.
[♪♪♪]
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